Reseña: Graham Bonnet Band «Day Out In Nowhere» (Frontiers Records 2022)

Tercer disco para la Graham Bonnet Band, donde el ilustre vocalista de Lincolnshire se acompaña de Beth-Ami Heavenstone al bajo y Conrado Pesinato a la guitarra. Para esta nueva obra, el ex-Rainbow cuenta además con las colaboraciones de músicos de renombre tales que Jeff Loomis, Roy Z o Don Airey entre otros. “Day Out In Nowhere”, que puso en circulación allá por el mes de mayo el macrosello italiano Frontiers Records, contó con arreglos orquestales de Antonio Teoli y Shota Nakama, para posteriormente ser objeto de mezcla y masterización por Brendan Duffey en The Fuel Music Studio (Fullerton, California, Estados Unidos).

Imposter” es un opener directo, sincero, sin grandes aspavientos, donde Bonnet, que cumplirá 75 años el próximo 23 de diciembre, se muestra aún como una fuerza capaz de impulsar un hard / heavy poderoso y lúcido, con cierto aire autoreivindicativo. Envuelta de buenos riffs, aquí me llaman la atención esas escalas orientales previas al solo, en pura clave guitar hero, de Pesinato. Las buenas teclas de Alessandro Bertoni vendrán a rematar un gran arranque:

12 Steps To Heaven” le cambia el paso a este “Day Out In Nowhere”. La banda dibuja un medio tiempo alterno, milimétricamente construido, que le sienta como un guante al registro de este auténtico perro viejo inglés. El acelerón de estribillos, a la vejez viruelas, se apoya firme en la firme base rítmica y la estupenda producción del álbum. Todo suena donde bebe en la calma y también en el nervio. Que éste es un trabajo de una banda y no el proyecto ególatra de un sólo músico nos lo confirma el gran solo que Pesinato dispone de nuevo durante el puente. Vibrante y decidido, sin cortapisas de ningún tipo. Por ahí que “Brave New World” no impresione en la misma medida. No es que sea un corte fallido, desde luego no lo creo, pero sí que exuda una sencillez, un toque clásico, que pienso no funciona en la misma medida en que lo hace la estupenda dupla inicial. Sea como fuere, bien está ese solo que dibuja el bueno de Roy Z aquí. Y es que nadie va a descubrir a estas alturas al guitarra de todo un Bruce Dickinson, mucho menos servidor.


La fuerte presencia de teclas alimenta el aire Purple de una “Uncle John” que redirige hacia una mayor tensión. Se evidencia ésta en unas cuidadas estrofas y en cómo la producción del álbum juega aquí y allá con la voz de Bonnet. Todo el corte desprende una cierta melancolía, evidenciada en esa fuerte carga arreglística manifestada en el puente central. No tanto en el solo sucesivo, de nuevo Pesinato con la carta de libertad en la mano, pero qué duda cabe que sí a lo largo y ancho de esta interesante, curiosa y llamativa pieza del mejor hard rock contemporáneo.

El tema título “Day Out In Nowhere” arrastra consigo una levedad que, al igual que su predecesora, hará no pocos esfuerzos por ampliar el rango sónico de este tercer trabajo. Riffs más sencillos, afinaciones más leves, ritmos más apaciguados. No un medio tiempo, pero qué duda cabe que sí un tema con un ADN más tenue y liviano, que desde luego no termina de entroncar del todo con el espíritu del álbum y sin embargo le da nombre. Misterios de este fascinante negocio.


De ahí tal vez que la banda coloque aquí “The Sky Is Alive”, corte más extenso de este tracklist y una muestra de las inquietudes que aún mueven al vocalista de Lincolnshire. Vuelve aquella pulsión oriental que irrumpiera, aunque de forma breve, en “Imposter”, para después construir un corte vibrante, febril, directo y sin compromisos, fundiendo hard y heavy con ejecuciones de gran nivel y un Graham Bonnet cantando como nunca. Todo ese nervio más marcado contrasta con un tercio final no del todo apaciguado pero sí más tendente al medio tiempo calmo y sosegado, con otro estupendo solo de Pesinato cerrando una de mis favoritas del álbum.


Menos ambiciosa y más juguetona, “David’s Mom” viene a poner la nota de color a este “Day Out In Nowhere”. Una mayor sencillez que alcanza por igual a líneas de voz, riffs e incluso producción. Un pequeño oasis que, tengo la impresión, funciona dentro del contexto del disco y no tanto por sí misma. Y que en cualquier caso incorpora una poderosa demostración solista por parte de un inspiradísimo Bertoni.

When We’re Asleep”, cuenta con dos Tempesta. A saber: John en baterías y Mike en guitarras. Alimentan entre ambos un corte curioso en sus (leves) escarceos con el rock alternativo, bien aprovechados por Bonnet parta sacar a relucir la versatilidad de la que aún hace gala su cuidada garganta. Por su tono algo divergente resulta llamativa, si bien en términos puramente gramáticos no pasa por el corte más atractivo que digamos.


It’s Just A Frickin’ Song”, con todo un Don Airey a bordo, recupera, en cierto modo aquél tono más juguetón de “David’s Mom”. Alejada de cualquier otra pretensión que no sea la diversión por la diversión, Airey da cumplida cuenta de su leyenda. Todo adquiere un tono despreocupado que alcanza de manera obligada un aspecto lírico tan deslenguado como algo intrascendente.


Jester”, con Jeff Loomis a cargo de las guitarras y Kyle Hughes de la batería, redunda en un corte cuyo prólogo bordea el metal más anquilosado, para después traernos la voz filtrada de Bonnet en estrofas y unos luminosos estribillos. Entre medias el actual integrante de Arch Enemy sentando cátedra, buenos cambios de ritmo y un corte en cierto modo oscuro que no viene sino a ampliar el registro tonal del álbum…

… como hace igualmente la final “Suzy”, balada orquestal sin rastro alguno de guitarras, donde el inglés oposita al primer gran musical que se os pase por la cabeza. Irreprochable en términos de producción, todo brilla y atruena como y cuando debe, no dudo se le pueda atragantar a más de uno.

Qué duda cabe que, con sus idas y venidas, la vuelta de la Graham Bonnet Band representa un trabajo más que digno. Todos los resortes de la enorme Frontiers Records están al servicio de la banda. La producción del álbum es sobresaliente. Y sus temas, o la mayoría de ellos, cumplen con las expectativas. El ex-Rainbow muestra un impecable estado de forma pese a sus 74 años. También cierta inquietud a la hora de crear. La banda que le acompaña entrega ejecuciones de mérito y los invitados, ilustres cuanto menos, brillan como se esperaba de ellos. En consecuencia de todo ello, pienso que el disco funciona pese a sus pequeños errores puntuales. Muy recomendable.

Texto: David Naves

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