Crónica: Dream Theater + Arion (Avilés 19/1/2023)

Tras más de dos décadas de espera, Asturias se reencontró con Dream Theater. Los de Nueva York, que pisaran por primera vez el Principado en el ya lejano año 2000 en el marco del Doctor Music Festival, acudían ésta vez a tierras avilesinas para presentarnos su último trabajo “A View From The Top Of The World”. Lo harían acompañados de los power fineses Arion y bajo un temporal que mermó, intuimos, buena parte del aforo. Con eso y con todo se hablaba de unos 2.500 asistentes, que nos parece una cifra nada desdeñable para un gélido y lluvioso jueves de enero.

Un frío que los nórdicos Arion trataron de cambiar por calor a base de power metal genérico pero resultón. Con un buen frontman en la figura de Lassi Vääränen y hechuras de buenos músicos. Demostrando estar en buen estado de forma y sonando de manera más que aceptable. Fallaron sin embargo a la hora de conectar con el público. Bien por lo distinto de la propuesta, bien por el escaso margen del que dispusieron, treinta minutos no dan para nada, lo cierto es que se fueron dejando en el ambiente un fuerte sabor a elección fallida.

Toda vez termina el habitual trasiego de instrumentos y Dream Theater salen a escena, el reloj marca las 20:00 y ya no hay marcha atrás. Se percibe cierto nerviosismo en el recinto. El estado de forma de LaBrie, tan cambiante en los últimos tiempos, y si ésta vez tocará cara y disfrutaremos de su mejor nivel, o si por el contrario, repetirá el desaguisado de Tel Aviv apenas cuatro días antes. La suerte estaba echada.

Y lo cierto es que de inicio parece que al canadiense le costó entrar en calor, lo que deslució en buena medida la nueva “The Alien” y también la clásica “6:00”. Junto a él, lo cierto es que no se aprecian grandes cambios. Petrucci sigue siendo el guitarrista fulgurante pero de precisión microscópica que siempre ha sido. Cambio de instrumento mediante, lo mismo se podría decir de Jordan Rudess. Y mientras Myung sigue representando la calma más absoluta sobre el escenario, a Mangini no le pesan los aspectos técnicos de un setlist exigente pero sí que uno echa a faltar el engarce que su predecesor tenía con el público. Mike Portnoy, auténtico corazón de esta banda y al que quien escribe, permítanme, sigue echando de menos.

Caught In A Web” y un breve escarceo con “Six Degrees Of Inner Turbulence” ponen la nota nostálgica. Ya con LaBrie en un estado no óptimo pero sí aceptable mientras sus compañeros siguen, como si nada, en su habitual altísimo nivel. Al menos en lo que a interpretación se refiere. Porque, gustos al margen, pasan los años y aún así uno no puede evitar sorprenderse de la forma en que hacen parecer fácil lo que, desde luego, no lo es.

Sea como fuere, muy celebrada la inevitable “Pull Me Under”, defendida por James como mejor pudo, y que conduciría hacia la dupla final de cortes: “A View From The Top Of The World” y “The Count Of Tuscany”. Con el inmersivo puente central de la primera agigantado por las proyecciones y el epílogo en forma de himno de la segunda a modo de gran broche final.

Y se fueron pensamos que sin defraudar pero tampoco sin sorprender. Sin que el sonido fuese el mejor, no sabemos si por las particularidades del recinto o dejadez de los técnicos de la banda, pero en definitiva dejando cierta sensación de otro día más en la oficina para ellos.

Opiniones para todos los gustos al final del show y mucha cara conocida. Compañeros de medios afines y bastantes músicos de nuestra escena. Desde gente de Narwhale a Mad Rovers pasando por Monasthyr, Last Days Of Eden o Caballo Moldavo entre muchas otros. Buenos amigos y mejor compañía. Incluso nos pareció ver al flamante nuevo entrenador del Sporting De Gijón por allí. Vaya un saludo para todos ellos.

Texto: David Naves

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