
“Proceed” es el octavo disco ya para los doomies sevillanos Orthodox. Una trayectoria a la que suman igualmente Ep’s, splits e incluso un disco en directo editado en 2013. Operando recientemente como dúo, el formado por Marco Serrato (bajo y voz) y Borja Díaz (batería), este nuevo álbum marca el regreso a la banda de su guitarrista de siempre, el Pylar Ricardo Jiménez.
El trío contó con la presencia ni más ni menos que de Billy Anderson (Agalloch, Amenra, Eyehategod, Steve Von Till, High on Fire…), quien voló hasta Sevilla para grabar el álbum junto a los técnicos Raúl Pérez y Nacho García en los estudios de La Mina. Anderson mezclaría las pistas resultantes de esas grabaciones en sus Everything Hz (Portland), que serían finalmente enviadas a los Trakworx (San Francisco, California) de Justin Weiss para la masterización. Completan el disco el artwork de Fernando Rivas y el diseño de José Postigo. Alone Records lo puso en circulación en junio del pasado 2022.
Una oscuridad casi tangible y el imput más sludge de Orthodox dan la bienvenida en el prólogo de una “Past Seers” que da el pistoletazo de salida evocando a obras primigenias de la banda y dejando en el camino una cuidadísima línea de batería. Ese fuerte influjo sludge se afianza toda vez irrumpe una línea vocal entre lo alucinógeno y lo desesperado. Serrato irá encadenando estrofas hasta alcanzar un puente central que, solidario al epílogo, destapa la cara más técnica y a la vez atmosférica del impredecible trío sureño. Un primer corte sólido, si bien menos arriesgado de lo que nos tenían acostumbrados.
“Abendrot” arranca con Borja Diaz marcando ritmos casi procesionales. Aquí irrumpen riffs que parecen huidos de algún oscuro álbum de post-rock, un desarrollo a trompicones, clásico de la banda, junto a voces agónicas, llenas de efectos, y melodías que bordean lo desquiciante. Los Orthodox que amas u odias y ante los que no cabe gris alguno.
“Rabid Dog”, que ejerciera funciones como adelanto del álbum, representa en cierta forma la cara más accesible del trío sureño. Lo cual tampoco quiere decir que estemos ante un corte fácil, si bien es cierto que maneja un riesgo menor que buena parte de sus compañeras. Entrega algo más briosa, atada a riffs menos complicados pero igualmente serviciales gracias a esas tímidas disonancias que dibujan:
En “Starve”, aquellas guitarras un tanto disonantes de su predecesora dejan paso a tonos mucho más chirriantes, solidarios al gran tronco común del álbum. Esta cuarta entrega arrastra parte del brío de aquella, si bien se irá perdiendo por toda una suerte de desarrollos alternativos en un corte empecinado en dialogar consigo mismo casi a cada paso. Hay cierta grandilocuencia en una parte central tan poderosa como abrasiva, que dará pie a un epílogo donde irrumpirán los Orthodox más monolíticos. Muy significativa la forma en que Borja Díaz teje todos estos cambios desde otra estupenda línea de batería. De alguna forma todo termina cuadrando cara a entregar el que seguramente sea mi corte favorito de este “Proceed”.
Para el final quedan el par de temas más extensos de este “Proceed”. El primero de ellos es este “The Son, The Sword, The Bread”, que arrancará en forma casi parece que improvisada, desde el bajo de Serrato, trayendo al frente la cara más experimental, atrevida y arriesgada del trío sevillano. Su desarrollo posterior, no obstante, parece calculado al milímetro. Las intranquilas melodías de guitarra, la compleja línea de batería y ese Serrato en su clave más huidiza van tejiendo un corte marcado por una oscuridad in crescendo muy particular. Superados los tres minutos largos sufrirá un viraje tan brusco como dramático hacia territorios más graves pero también más convencionales, surgiendo ahí, por puro contraste, otro de los grandes momentos del álbum.
Así las cosas, “The Long Defeat” tiene un impulso menos avanzado, más convencional. Tradicional incluso por momentos. Ese tono más primario se deja notar en la serie de riffs ejecutados, siendo estos un tanto menos imaginativos, puestos al servicio no obstante de un corte que, en lo estructural, sigue dando alas a los Orthodox más impredecibles. Pero como digo, todo mejor atado a un tono imperante, cohesionado y empastado con extraordinario cuidado. El contraste vendrá dado finalmente por la pesadez de su puente primero y la calma, ahora sí sosegada, que entrega su epílogo. Estupendo final.
Riesgo, tensión, oscuridad, desasosiego… pura esencia Orthodox que no pierde de vista ni a su tradición más primaria ni la experimentación más reciente cara a tejer seis temas que, puedo dar fe, ganan una barbaridad con las escuchas, por tópico que ésto pueda resultar. A los sevillanos parece haberles sentado bien, además, la vuelta de Ricardo Jiménez, cuya estupenda labor, con especial acento en cuanto a riffs se refiere, termina por poner la guinda. Qué bueno que volvisteis.
Texto: David Naves