Reseña: Anthea «Tales Untold» (Rockshots Records 2022)

Metal sinfónico desde la costa oeste estadounidense de la mano de los angelinos Anthea. Ellos son Diego Valadez (teclado y voz), Juan Pina (guitarra y voz), Marcos Mejia (guitarra), Eric Guerrero (bajo) y Peter Vasquez (batería). La banda debutó con un Ep homónimo en 2017 para tres años más tarde entregar su primer larga duración, aquél “Illusion” de octubre de 2020. Ahora, casi dos años después, llega éste “Tales Untold”, producido por el propio Valadez, mezclado y masterizado por Jesse Billson y con arte del húngaro Dávid Busai (Mordiggian Art). Un trabajo que Rockshots Records puso en circulación el 26 de agosto del pasado año.

Tales Untold” inaugura el disco al que da nombre sin que su fuerte carga sinfónica ensombrezca su metal brioso a un tiempo y retorcido al otro. Ecos de los mejores Symphony X en las estrofas limpias de Valadez, que contrastarán con las más rotas de Pina después. El sonido, en líneas generales, si bien dista de ser espectacular, cumple su cometido sin empañar este arranque musculoso y bien armado. De igual manera siento que al recurrente duelo guitarra-teclado de su puente central no le habría venido mal algo más de espacio. Rigores del metal contemporáneo, supongo. Buena carta de presentación en cualquier caso.

Ascendence” ennegrece en parte la propuesta de los angelinos, al tiempo que efectúa un viraje hacia arreglos de corte retrofuturista, otorgándole un aire espacial que contrasta en buena medida con esa negrura más pronunciada. Buenas líneas de voz las que dibuja una segunda entrega no del todo redonda por lo rácano de su duración.

Desde un inicio a piano en rima con los Nightwish más gótico-sinfónicos, Anthea traman para “Song For Winter” una de las entregas más pomposas de todo el álbum. Valadez está sensacional aquí, susurrante en estrofas y desatado en esos estribillos de corte hímnico y poderoso. El solo que corona el epílogo resulta la guinda perfecta. Siento que nada le sobra ni le falta. De mis favoritas de este “Tales Untold”.

El breve prólogo de “The Deceiver” trae consigo un poso más cinemático que vendrá a contrastar con el tono más metálico que irrumpe a continuación. Hay un buen duelo entre las voces limpia de Valadez y rota de Pina en estrofas y toda la épica habitual en un estribillo no del todo redondo esta vez. Sí me engancha, por contra, su virguero puente central y la diversidad gramática que dibuja su tercio final, un constante ir y venir de riffs y estribillos del que la banda sale más que airosa. En suma ni redonda ni tampoco fallida.

Tambores y aires del medio oriente para recibir una “Sapiens” que ni mucho menos apacigua el metal brioso y muscular de Anthea. Pero la banda se muestra más hábil aquí a la hora de construir un corte agradable en su diversidad tanto rítmica como tonal. Hay arreglos que, en ese deje más oriental, pueden resultar un tanto manidos a estas alturas. Aún así, pienso que no logran opacar lo que es una pieza de metal bien construida y mejor ejecutada.

Memoriam” relaja al fin la intensidad de los angelinos para entregar una balada cuidadosamente arreglada y muy funcional. Valadez se maneja bien en estos tonos más cadenciosos al tiempo que la banda traza un corte de influjo clásico pero menos previsible de lo que aparenta en un principio.

Looking Glass” parte peras con esa parsimonia entregándose, desde un primer momento, a la cara más grave de los californianos. Aquí ganan protagonismo los tonos más rotos de Pina en clásico contraste con el Valadez más épico en estribillos. Y si bien los riffs en que se apoya me resultan algo planos, y el solo de guitarra algo desaprovechado y/o falto de espacio, bien es verdad que nunca le falta gancho. Otro de los cortes desiguales del álbum.

Empyrean” sí que mostrará una buena gama de riffs a lo largo de su desarrollo. Siendo como es un corte bien armado y diverso, con ciertos dejes a Amorphis aquí y a Enslaved o Kampfar allá, este octavo corte terminará por dar la razón a quien quiera que la eligiera como carta de presentación del segundo trabajo de los norteamericanos:

Sunder Heart” reconduce hacia una mayor formalidad, apoyada en los habituales tonos rasgados de Pina en estrofas y limpios de Valadez en estribillos. Nada sorprendente en su primer tercio, pero sí en un tronco central donde el influjo de los Epica del estupendo “Consign To Oblivion” parece más que palpable. No me desagrada pero qué duda cabe de que dentro del álbum conviven ofertas mucho mejores.

El cierre es para “In Time”, versión de Robbi Rob que acentúa aún más si cabe aquél tono optimista que portaba la original de 1980, rematada por un Valadez fantástico al micro. Grandilocuente broche final.

Algo de metal sinfónico a la contra del canon imperante siempre es de agradecer. Si además tiene la diversidad en cuanto a influencias de este, más aún. Claro que tampoco es un disco perfecto. De hecho acusa cierta repetición de patrones conforme transita por lo que vendría a ser su cara B. Por no hablar de lo constreñida que está en ocasiones la faceta solista del quinteto. Pero un álbum que alcanza cotas interesantes, que sin llegar a los extremos de bandas como Septicflesh o Fleshgod Apocalypse sabe moverse entre el brío y la gravedad con más aciertos que errores. Buen trabajo.

Texto: David Naves

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