
A tierras toledanas que se acerca hoy Heavy Metal Brigade para encontrarse con el debut del cuarteto Padre Cuervo, que componen los Nocturnia José Roldán (batería) y César Arroyo (voz, guitarra, composición) junto a Fernando Rodríguez “Ferdy” (guitarra) y el We All Fall o Redención Zero David Peña (bajo). El álbum fue grabado, mezclado y masterizado en los Estudios 51 de la propia ciudad castellanomanchega con Iván Ibañez a los controles, cuenta con arte de Héctor Gómez (Hartwork Studios) y maquetación de House of the Keys Studio. La banda lo define como “un auténtico relicario de canciones para perderse en el desierto y dejarse llevar por los cuervos, las leyendas y los cultos antiguos”. Ya en la calle vía Maldito Records.
“La Soga” desencadena inmisericorde muchos de los rasgos que habrán de precipitarse a lo largo y ancho del disco. A saber: afinaciones sureñas, voces aguardentosas, temas concisos y breves, así como toda una maraña de riffs. Arroyo muestra un registro que en sus encarnaciones más viscerales me recuerda a Brigi Duque (Koma, Txarrena, El Drogas), le sienta como un guante a trazos pedregosos como estos. La soga aprieta pero no ahoga.
“Chacal” resultará más vivaracha, más rockera. Más chulesca incluso. Menos llamativa en cuanto a riffs pero ágil a la hora de ampliar el registro rítmico de la banda y con visos de funcionarles como un tiro sobre las tablas. En el puente ha lugar a un amplio y bien planteado despliegue solista, de esos que uno agradece en estos tiempos de solos timoratos y fugaces.
El prólogo de “The Cookbook for the Destruction” apaciguará el mayor nervio de su predecesora con ese poso calmo y reposado. Que abraza más adelante un stoner tan gritón como pesado. Pensar en bandas como Down o Crowbar llega a parecer casi recurrente. Lo cierto es que la banda se las arregla para trazar un corte poseedor de una innegociable lealtad al género, adornado por una cuidada labor melódica pero lastrado en parte por lo rácano de su duración.
Aún más escueta resulta una “You Can’t Escape From Hell” que parece querer seguir donde lo dejase el corte precedente, si bien muestra a un Arroyo en una clave aún más becerra y oscura si cabe. De construcción embrionaria y aunque dueña de algún que otro riff de interés, rara vez me deja poso tras las distintas escuchas del álbum.
Todo lo contrario que esta “Encrucijada”. Más y mejor pensada, más diversa tanto en lo tonal como en lo rítmico, y que da la razón a quien pensó en ella como uno de los adelantos del debut. El inicio arenoso y melódico, roto más adelante por el giro, angosto, que provoca la línea vocal de Arroyo, da pie a un corte bien planteado y mejor arreglado.
La delicada aridez de la que harán gala los primeros acordes de “November Bones” y su cuidada construcción en crescendo vendrá a dar paso en estrofas a una de las composiciones más ágiles e interesantes de este tracklist. Tanto por lo acertado de sus riffs como lo diverso de su línea vocal y lo llamativos de sus diferentes contrapuntos. Entre mis favoritas de este primer trabajo.
Vuelta al idioma de Cervantes para una “Corona de Astas” que persiste en esa interesante confrontación tonal, con detalles aquí y allá que sonarán cercanos al grunge más leve, si bien desaparecen toda vez irrumpen los nada delicados estribillos. Los adornos del puente resultarán más llamativos que brillantes. La banda busca más la extrañeza que el brillo aquí y yo al menos agradezco esa cierta lejanía del canon.
“Don’t Steal” es otro corte sencillo en su marcada bicefalia, de estribillos concisos y trazo menos lineal de lo que aprecié en primeras escuchas. Lastrada finalmente por lo rácano de su duración, que nunca por la buena labor técnica que la banda lleva a cabo aquí.
“El Ídolo”, quiero pensar que inspirada bien por la novela “Ritual” de David Pinner, bien por el film “The Wicker Man” que Robin Hardy rodaría más tarde, resulta interesante en cualquier caso por su construcción. Dueña de una poco menos que febril línea de voz, de riffs juguetones y más que decente en cuanto a la disposición de los diferentes colores que la integran.
“Cheer With Your Guts” enlazará con “Chacal” a la hora de mostrar a unos Padre Cuervo más enardecidos, que revisten ahora su stoner rock de tonalidades más cercanas al punk, y que sin obviar no obstante un buen nivel técnico, pergeñan uno de los cortes más redondos y con más gancho de todo “Padre Cuervo”.
“What I Owe You” propicia ahora un viraje brusco hacia territorios más doomies, que la banda trasmutará más adelante en pos de acoger un acento mucho más groove. Buenos riffs en cualquier caso para el que quizá sea, de todo el álbum, el tema que más a gritos está pidiendo una duración mayor que termine por dibujar las buenas ideas que deja intuir.
Sea como fuere, “La Voz del Fuego” se revelerá como otro de los cortes más interesantes del debut. Desde el aspecto lírico incluso. Primero un medio tiempo desesperado, de cuidados arreglos. Flirteos con el hard rock incluso durante su puente más encendido y vibrante. Y a falta de un mayor brillo técnico durante el puente, bien está esa estructura en forma de uróboros donde principio y final no dejan de ser la misma cosa.
Sí brilla desde la paleta solista una “Cuervos de Polvo” que viene a cerrar este debut ampliando, aunque sea de forma tímida, la angosta paleta de colores que el cuarteto ha dispuesto a lo largo y ancho de los doce más un temas de stoner desértico y malencarado.
En un tiempo donde las canciones, por ende también los discos, tienden a ser cada vez más y más extensos, sorprende encontrarse con una oferta tan a contracorriente en ese sentido como la del debut de Padre Cuervo. Que si bien agradezco en su rareza, del mismo modo siento a veces que lo angosto de las composiciones deja en el aire desarrollos que bien podrían haber integrado cortes de mayor calado. Resulta muy llamativo en la más doom “What I Owe You”. Que de todos modos disfruto muchas veces por los riffs que se han dado cita aquí, el rico abanico tonal y el amplio registro de Arroyo. Buena caza.
Texto: David Naves