
Devastados y compungidos aquél fatídico 21 de febrero de 2016 cuando un infarto segó la vida de Piotr Grudziński, guitarra de siempre de la banda, Riverside decidieron hacer de tripas corazón y continuar una trayectoria que muchos llegamos entonces a dar por finiquitada. En “ID.Entity”, segundo álbum ya sin Grudziński, encontramos a Maciej Meller en guitarras, Michał Łapaj en teclas, Piotr Kozieradzki tras la batería y, claro, Mariusz Duda al bajo, voz, guitarras acústicas, composición, etcétera.
Un álbum que produjo el propio Duda y que el trío Paweł Marciniak, Robert Strzędnicki, Magda Srzednicka se encargaría de grabar entre el Boogie Town Studio de Otwock y el Serakos Studio de Varsovia. De nuevo masterizado por Robert Szydło y con arte de Jarosław Kubicki (Vesania, Delight, Thy Disease) se encuentra en la calle desde el pasado 20 de enero vía InsideOut Music.
Con un arranque, el de “Friend Or Foe?”, que viene a certificar el amor de Duda por sonoridades, en principio, ajenas a todo aquello que tenga que ver con el metal. Nada que pille por sorpresa a estas alturas a quienes también siguen (seguimos) sus andanzas en solitario. Acentuados sintes aquí y allá, Riverside no parecen ajenos al revival de estos viejos trastos, conformando en todo caso uno de los cortes mejor construidos de este octavo disco ya del combo polaco. Hay cierta levedad en estrofas, amén de un bajo prominente. Marca de la casa por otro lado. Pero si por algo me convence este primer corte es por el punch otorgado a sus estribillos. También por la sólida y adecuada faceta solista que desarrolla. Siempre dentro del rictus del género pero sin perderse en devaneos indescifrables. Encargada de dar a conocer al álbum y no me extraña:
Puede ser “Landmine Blast” la que más recuerde a los Riverside que me engancharan allá por 2009 con el fantástico “Anno Domini High Definition”. En especial por ese poso más cercano al metal, también por el marcado reverb que entrega la producción. Y acabando por los acentos melódicos que se suceden durante estrofas. Buena cuota de protagonismo aquí se irá hacia ese puente calmo y atmosférico. Marca de la casa y donde la banda parece desenvolverse mejor que nunca. Al igual que en el comedido desempeño solista que le sucede. Que lejos de perderse en un solo laberíntico, y al igual que ya hiciera el corte previo, viene a reafirmar el tono general de la composición y no a discrepar de este. Una homogeneidad que erradica cualquier tipo de sorpresa. Un quehacer que obvia el ego individual en pos del resultado común.
“Big Tech Brother”, o el ataque de Łapaj a redes sociales, posverdad y demás males inevitables del mundo que nos ha tocado vivir, inunda este tercer corte de un aura extraña. En parte dado por el curioso y llamativo uso de arreglos de viento. También por unas guitarras más graves y acentuadas. Y, finalmente, una escritura que deriva firme hacia territorios decididamente más metálicos. Tanto, que nombres como Threshold, Fates Warning o incluso Dream Theater sobrevuelan aquí y allá. En todo caso, llamativa, por diversa, la línea de voz que traza Duda aquí. También la carga atmosférica que inunda el epílogo. Aunque qué engorroso ese fade out final.
“Post-Truth”, sobre otro de los grandes males del mundo civilizado, es demasiado burdo pero van con ello, puede ser fácilmente el corte menos llamativo del álbum. Falta algo de audacia en una composición que, en su más que evidente clasicismo, viene a obviar el cuidado y, por qué no decirlo, la magia, que hicieron grande al cuarteto del país de Kapuściński. Con eso y con todo le encuentro detalles de interés. Especialmente en cuanto a ejecución. Pero corren las escuchas del disco y sigue pareciéndome el corte menos memorable de los siete.
“The Place Where I Belong”, corte más extenso del álbum, consiste en un interesante viaje que transita desde el marcado aire al Steven Wilson de “The Raven That Refused to Sing” que emana del prólogo (y en especial del epílogo) hasta sonoridades posteriores (en la composición) pero anteriores en el tiempo como bien puedan ser Pink Floyd o cualquier banda de rock progresivo setentero que se os pueda venir ahora a la cabeza. Estupendos contrapuntos los que trama Duda conforme se encamina hacia el tronco central de un corte del que, si bien entiendo sus intenciones en cuanto a letras, no deja de resultarme algo difusa en este aspecto. Coincido con lo que me cuenta el varsoviano aquí pero no tanto con la forma un tanto infantil en que lo hace. Hay algún flirteo con la psicodelia que otro durante la apaciguada calma del puente central. Llamativo por contraste e integrado con toda naturalidad. Aun con sus peros, un corte estupendo para quien escribe.
No resulta extraño, por tanto que “I’m Done With You” regrese a propuestas más troncales dentro del ideario Riverside. En particular con la aparición de ese Hammond un poco marca de la casa pero, sobre todo, por esa habitual escritura entorno a contrapuntos. Un corte que satisfará a los más viejos fans de la banda, con Duda perpetrando otra riquísima línea vocal, por momentos casi la más visceral de toda su trayectoria, pero que sobre el papel viene a echar en falta algo más de riesgo aquí y allá:
Y lo que son las cosas, para el final queda el corte con más gancho del álbum, esta “Self-Aware” que se adosó a mi subconsciente en las primeras escuchas (por no decir ya en la primera) y no ha habido quien la saque de ahí en semanas. Tiene su mérito la cosa pues no deja de ser una construcción nada obvia la de este final. Sí correspondiente con muchos de los rasgos maestros de al agrupación polaca que nos ocupa, pero lo suficientemente inteligente como para elevarse por encima de propuestas afines. Todo un triunfo.
PD: si aceptáis un consejo: hacedle caso a Duda cuando dice aquello de let’s unsubscribe the ones who make us hostile.
No sé hasta qué punto estos son los Riverside que nos merecemos pero, desde luego, sí los que necesitamos. Al menos en mi caso. Y es que no han sido pocas las vueltas que le he dado al último largo de los polacos. Que al principio me pareció poco menos que un disco más de Duda y los suyos mientras que, a día de hoy, se ha erigido como uno de los álbumes imprescindibles de lo que llevamos de 2023. Que quizá le falte algo de riesgo aquí, alguna letra mejor trabajada allá, pero en resumidas cuentas pienso que cumple con los pronósticos. Aunque, como ya he dicho otras veces, estoy abierto a debates.
Texto: David Naves