
Sounds Of Broken Souls o cómo el grunge subsiste gracias al empeño de este trío nacido en 2021 y que viene a presentarnos este “Unwavering Voices” editado el pasado año a través de Maldito Records. Ellos son Trama (percusión), Sarga (voz) y Urdimbre (guitarras) y a decir verdad, reducir su ideario a una sola etiqueta sería algo injusto. Pero no entremos en materia todavía. John Down, Sven Fernsby, Isolda Weber y Ewa Tomczak también forman parte del entretejido de estos doce cortes. Grabado en el estudio “A Hole In This Shit” de Mikel Barodjia para que después José Fernando Tercero de “JFT Producciones” corriera con mezcla y master de las pistas resultantes durante el pasado verano. Diseñado y adornado por Leiza González Sánchez e ilustrado y diseñado por Carlos Tenajas.
“Bowels” arranca en penumbra lo que será un disco llevado en gran parte por un sentimiento de desazón, también de desasosiego, muy marcado, que remite inmediatamente a aquella gran ola de rock alternativo que sacudió los cimientos de este negocio hasta dejarlos casi irreconocibles. Es un primer corte desgarrado, de idas y venidas, que en sus cambios tonales guarda una serie de detalles que bien podrían pasar inadvertidos al oyente distraído. Las líricas algo más optimistas del epílogo traslucen algo más de luz, si bien ésta no dejar de ser poco más que negra y este un primer corte llevado por una suerte de tristeza que impregna incluso al tímido solo de guitarra. Un muy buen primer corte y con razón una del par de cartas de presentación:
“Hole” no abandonará esa senda, si bien ahora Sounds Of Broken Souls suenan más pesados y arenosos, con Sarga en tonos que remiten, de forma casi diría que inevitable, al desaparecido Kurt Cobain. En especial durante las estrofas más livianas. Durante las partes más crudas, la pesadez del riff es tal que por momentos parece remitir al doom más embrionario. Es ahí donde vuelve a surgir la calma y el trío enseñorea sus habilidades a la hora de amalgamar un corte tan marcadamente bicéfalo como irresistible.
A poco que pestañees te perderás la pequeña “Restore”. Balada tensa, algo intranquila, que teje una escritura en un crescendo, casi imperceptible, construida a mayor gloria de su explosión final. Explosión que resultará controlada en todo caso y más liviana de lo que todo el corte deja intuir. Con un Sarga que no abandonará sus tonos más prístinos y a la que lastra una batería con demasiado peso en la mezcla final.
El prólogo “Crosses” ahonda en el empeño de mostrar al oyente a los Sounds Of Broken Souls más ligeros, si bien los madrileños pronto recuperan aquella escritura alterna y fluctuante que dominó a las primeras entregas del álbum. Estrofas casi desnudas contra estribillos cargados de desazón y desgarro. Desde luego que el trío no inventa la pólvora ni lo pretende. Por ahí aprecio el mayor acento melódico del puente o el desfogue de Trama durante el epílogo. Sencilla pero muy funcional.
“Constance” vuelve a calmar los biorritmos de “Unwavering Voices” a través de un epílogo que me recuerda casi de inmediato a los mejores Alice In Chains. Algo que nunca es mala señal. Trasluce aquí de todos modos un deje entre sureño y abotargado para un corte que no deja de moverse entre la neblina y la resaca. Con un gran Sarga al micro y un Trama desaparecido, el trío (o mejor dicho, el dúo) construye el que sin embargo es uno de los cortes más intensos y a la vez llamativos de todo el álbum. Apreciable en su llamativa densidad y dueño de una fricción entre realidad y ensueño realmente poderosa.
Una senda que parece querer seguir una “Gears” que, sin embargo, se conduce por sendas más sencillas y prosaicas. Que aunque aprecio la sequedad de su riff y al Sarga quizá menos convencional de todo el CD, no deja de perseguirme la sensación de estar ante el corte con menos gancho de los doce conforme transcurren las escuchas. Por su propia ineficacia o por la onda expansiva de la tremenda “Constance”. Aún no lo sé.
Igualmente alterna, asida a los grandes tropos del álbum resulta una “Lockdown” que, pienso, recupera el buen tono pese moverse en gran medida por aguas remansadas, tranquilas, rotas apenas por la brusquedad de algún que otro estribillo. Urdimbre construye una serie de tímidos rasgueos, con el rock alternativo de los 90 en el punto de mira. Por ahí muy clásicos, claro, colchón ineludible de un Sarga en su salsa.
“Aim” es otra que se subirá al carro de las sorpresas. Desde un breve prólogo que casi parece remitir a “Enter Sandman” de Metallica, hasta la inyección de fuerza que producen unos estribillos que podrían contarse entre los más gancheros de todo “Unwavering Voices”. Y aunque la receta siga siendo la misma, en el corazón de este octavo corte bulle una extrañeza que el breve fraseo rapeado de su puente central y el pequeño acento casi groove del epílogo terminan de confirmar. Curiosa pero eficaz.
Los tonos un tanto desérticos que han ido yendo y viniendo dentro del álbum traslucen a través del prólogo de esta “Shadows” donde puede que la banda peque de sobreexplotar una fórmula bien de sobras conocida. Si al final funciona pienso es por dos grandes razones: ese poso más melancólico que desprende y el apañado solo de guitarra de su tercio final.
“Oceans” vendrá a rimar con la anterior “Constance” en la forma en que omite base rítmica cara a producir, en este caso, una balada en toda regla. Preciosos acentos melódicos de Urdimbre adornan un corte calmo, sosegado y tranquilo como el disco no había entregado hasta ahora. Que rompe la tónica del mismo y amplía el discurso de un trabajo que bien corría el riesgo de resultar redundante. Lo mejor es que bien podría funcionar por sí mismo, en especial por un cuidado apartado lírico fácilmente mi favorito de los doce aquí presentes.
“Shreds”, introducida por la tímida batería de Trama, regresa a patrones esenciales. Calma contra rabia (y viceversa) como patrón irrenunciable y la sensación de abatimiento que tan bien domina el trío. Las escuchas se suceden y no puedo evitar pensar que es el corte que pasa más inadvertido de todo “Unwavering Voices”.
Sensación que no se produce con la final “Void”. Quizá porque la cabra tira al monte y aprecie la rotundidad que tiene ese prólogo de guitarras sucias y desgastadas. También la tensión palpitante que conduce hacia los estribillos y, finalmente, los buenos contrapuntos que se producen entre las distintas líneas de voz. Un gran cierre.
Una de las reseñas más perpendiculares a los sonidos que solemos traeros a la página y, sin embargo, qué disco más interesante el del trío madrileño. En especial cuando éste se atreve a jugar con las texturas y, sobre todo, la composición, e irrumpen cosas tan llamativas como la inicial y canónica “Bowels” o la inmensa “Constance”. Entre medias hay cortes que me llaman la atención en su deriva influencial, que quizá las separe del ideario común pero que a mi oído un tanto profano le sientan como anillo al dedo. Pienso en “Aim” y también en ese curiosísimo cierre que es “Void”. Amantes de los sonidos noventeros, aquí tenéis una cita más que ineludible.
Texto: David Naves