Reseña: Avalanch «El Dilema De los Dioses» (Maldito Records 2023)

Abstraigámonos de polémicas extramusicales por un momento, si tal cosa fuera o fuese posible: “El Dilema De Los Dioses” marca el regreso de los asturianos Avalanch, la banda de Alberto Rionda y al que tras el enésimo cambio de cromos acompañan Manuel Ramil (teclados), Mike Terrana (batería), Nando Campos (bajo) y José Pardial (voz). Trabajo que llega en un cuidadísimo digipack de tres cuerpos, adornado por el elegante y detallista diseño de Vicente Santiago y que alberga una decena de cortes grabados en Sanctuarium Studios por el propio Rionda y posteriormente mezclados y masterizados por Manuel Ramil en los Tercera Planta Studios de Ares (Galicia). En la calle vía Maldito Records desde el pasado veintiuno de abril.

Con mucha pompa en teclas arranca una “Expulsando A Mis Demonios” que parece pretender seguir donde la banda lo dejase en su inmediato predecesor. El mayor cambio vendrá dado, es evidente, por el registro de un Pardial que muestra aquí todas sus virtudes. La mezcla vendrá a ahogar en parte el carácter más melódico de la composición. Correcta, bien planteada, con el justo brillo técnico (dados los precedentes) y un final grandilocuente y algo impostado. El heavy metal del nuevo siglo y sus tics inevitables.

Ceniza”, con un viejo conocido de la formación asturiana como Jorge Salán a bordo, aporta algo más de brío, al tiempo que parece guiñar el ojo, aunque sea en la distancia, a un álbum como “El Ladrón De Sueños”, al que se asemeja a la hora de conjugar su tono cambiante, pero también en ciertos detalles de producción y arreglos. Una producción, por cierto, que muestra aquí un mejor equilibrio entre sus diferentes líneas. En especial a la hora de conjugar las guitarras, tendiendo a graves, y también los altos tonos de Pardial. Racional y bien estructurada. Con gancho y un solo, de Salán, en la mejor tradición del guitar hero madrileño.

Cuatro Elementos”, por su parte, redirige hacia un hard rock leve y elegante. Hard al que en parte descuadran esas afinaciones tan graves pero donde emerge un tímido Hammond en una onda descarada y gozosamente clásica. Poco sorprendente, claro, en lo que a escritura se refiere pero coronada por un interesante estribillo y un solo en la más y mejor tradición Riondiana. Con eso y con todo, junto a “Sentido” uno de los cortes con los que más me ha costado conectar de todo el trabajo.

Un corte que por contra sí llama mi atención desde una perspectiva puramente gramatical es este “Sonrisa De Un Ángel”. Con un Ramil, ahora sí, destapando el tarro de las esencias, Pardial dando cumplida muestra de su amplio registro y que si bien desarrolla una lírica con la que no alcanzo a empatizar, lo cierto es que culmina la que, en lo musical, fácilmente es mi favorita de la decena. Cierto es que el riff cabalgante que engarza las distintas estrofas no podría resultar más recurrente. También que la forma en que la escritura amalgama los diferentes tonos tiene la precisión del mejor reloj suizo. Con galones de sobra para convertirse en hipotético videoclip en un futuro cercano.

Sentido”, a la sazón balada del álbum, se adhiere a todos los tics habituales de este tipo de composiciones. Deja la sensación de que Alberto ha tejido mejores ofertas en el pasado. Todo resulta correcto hasta el exceso. Ejecutado eso sí con todo el gusto y mimo esperables. En especial de parte de un Pardial que ofrece la obligada carga de sentimiento. Correcta y sin sorpresas.

Confianza Ciega” que trae de vuelta al anterior vocalista de la banda Israel Ramos, se adhiere a ese metal con trazas de power aquí y allá pero que no abandona en ningún momento el fuerte influjo del mejor hard/heavy contemporáneo. El resultado es un corte agradable, brioso, con gancho. Algo imperfecto pero que agarra fuerte en el subconsciente. Rionda dibuja además aquí un solo sugerente, quizá el más redondo de todo el trabajo. Y como la cabra tira al monte: el duelo vocal que alberga el epílogo bien merecía algo más de espacio. ¿Quizá en una hipotética y futura encarnación en vivo? Quién sabe.

Horizonte Eterno”, a la sazón carta de presentación del álbum, abraza sin reparos al hard / heavy más contemporáneo en el que Pardial encarnado en un Ronnie Romero de tapadillo cara a desarrollar una poderosa línea de voz. Centrada, a veces pienso que demasiado, ofrece tan pocas sorpresas como dobleces.

Tumbas y Reyes”, con todas las reservas posibles, bien podría satisfacer las ansias de los fans de la cada vez más lejana etapa power de la banda. Si es que queda alguno o alguna. Dicho lo cual el corte es un trasunto de Alquimia, Kamelot y Symphony X del que Avalanch salen más que airosos. Interesante desde el plano gramático, con Pardial dejando pequeños detalles de una mayor gravedad en determinados momentos y que Rionda remata con otro gran solo marca de la casa.

Se suceden las escuchas de “El Dilema De Los Dioses” y por algún motivo a mi subconsciente siempre acude “El Hijo Pródigo”. En especial un corte tan divisor como fue “Papel Roto”, con toda seguridad uno de los que mayor diversidad de opiniones generó (genera) en toda la trayectoria de la banda asturiana. Pero volviendo a la actualidad, es éste un medio tiempo elegante y no solo en lo formal. También en lo que a producción y arreglos se refiere. Desde luego alejada del fuerte influjo pop de aquella y que se adhiere a la gama de cortes medios del álbum. No me atrevo a decir que pasa sin pena ni gloria pero desde luego que habitan aquí dentro ofertas con las que empatizo en mayor medida.

La final “Más Allá De Las Tinieblas” por su parte redunda en una pequeña outro acústica que bien podría tener en “El Príncipe Feliz” la mejor de las rimas.

Cambios de formación al margen, trabajo que viene a continuar por la senda que la banda abriera en las dos distintas versiones de su anterior obra “El Secreto” / “The Secret”, facturado con el buen tino y gusto habituales de la casa Rionda y con el gancho más que suficiente para contentar a los suyos. En el debe lo mucho que cuesta distinguir a este Ramil del que aporta teclas en Delalma o Adventus y aquél cierto vértigo que la banda poseía en los tiempos de Lage al micro. Y ya en un plano más puramente subjetivo, un aspecto lírico con el que me cuesta un mundo conectar. Con eso y con todo pienso que otro buen disco de Rionda y los suyos, que mira al futuro con renovados bríos y, polémicas extramusicales al margen, vuelve a mostrar mucho de lo mejor del guitarra asturiano.

Texto: David Naves

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