Reseña: Noah Histeria «OႱƎꟼꙄƎ» (Autoproducción 2022)

Cinco años ha habido que esperar por un nuevo trabajo de los progresivos valencianos de Xátiva Noah Histeria. Editado el pasado diciembre, fue compuesto por Quique Villalba, Manuel Harari y Juan Giner y posteriormente grabado en el estudio de Genís Ibáñez. En él colaboran viejos integrantes de la banda como Alex Alonso, Salva Párraga, Javier Badía o Daniel Torregrosa. Cuenta con masterización de Raúl Nácher en Soniart Producciones y portada de Mónica Cuadrado.

Todo abre con la instrumental “EVA”, profunda y espacial, por momentos casi onírica, redirige más adelante hacia unas tenues guitarras que bien pueden recordar al post-rock más liviano. En cualquier caso, una calma profunda que amplifica el impacto del primer corte, un “Ville Neuve” donde nada es lo que parece. Su prog resulta nada lineal aquí y esa dispersión tan marcada puede llegar a incomodar a los oídos menos acostumbrados. Composición ésta en definitiva repleta de cambios en lo rítmico y también lo tonal. De ahí que pienso habrá quien agradezca la gravedad que exhibe en su tronco central. Otros, la cualidad espacial de sus sintes y la forma en que éstos riman con la introducción del álbum. Sea como fuere, un primer corte vibrante y audaz.

El buen prólogo de “Origami” tiene algo del Devin Townsend más reciente, a lo que contribuyen esas voces rotas primero y los arreglos que acompañan a las guitarras después. Corte que se irá más allá de los trece minutos y donde los de Xátiva vendrán a sacar no poco músculo en el terreno puramente técnico. Desde su sólida base rítmica a los muchos detalles con que inundan cada recodo de un trazo en constante diálogo consigo mismo. Nada resulta predecible aquí y lo que pueda restar en gancho, habrá de ganarlo en frescura. Bien traída en todo caso esa mayor gravedad que anticipa su hábil tronco central o la cuidada línea de batería que surge a raíz del enorme despliegue técnico mostrado. Que no alcanza a sonar desafiante pero, desde luego, tampoco descuidado o conformista. Una profunda carga atmosférica recubre su tercio final, grandilocuente primero y más oscura después. Hay en este epílogo alguna estrofa un tanto torpe, así como un sonido algo descompensado durante los tonos más graves. Aún con eso, toda una experiencia.

Un tímido piano da la bienvenida a “El Hombre Duplicado”. Un prólogo tranquilo que vendrá a alimentar el amplio rango de texturas que son capaces de manejar Noah Histeria. Hay, en este transitar reposado, algo de los Haken más leves. Sensación que no hace sino ampliar un estribillo que porta por igual clase y gancho. Me agrada de igual forma cómo su puente central anticipa primero y materializa más adelante unos desarrollos técnicos siempre contenidos, nunca ególatras o desligados del tono imperante. Corte finalmente más convencional, dentro de lo que cabe, eso sí, tratándose de un proyecto tan poco conformista como este.

Como queriendo desquitarse de ese giro hacia posiciones menos ambiciosas, surge de pronto una “Oro y Miel” donde de nuevo el énfasis está puesto en la creación de distintas atmósferas y tejidos, así como en la forma en que estos se conjugan y colisionan entre sí. En la matizada locura de este quinto corte surgen ambientes que me recuerdan de inmediato a los Kayo Dot más exigentes, lo cual siempre es buena señal. La explosión técnica de su tronco central esta vez no alcanza a ser tal. Al punto de que sorprende la mesura que destila. Apenas una isla de tranquilidad en otro corte valiente, atrevido, singular y poderoso.

Bienaventurado el que castigaba a todo aquél que ose quebrantar la Ley del Pez: por la boca muere quien sopla y sorbe.

La banda sonora que Hans Zimmer tramara para el fantástico Dune de Denis Villeneuve acude a mi mente siempre que reproduzco el prólogo de esta “Vallée Vieille”. Sólo que no es Timothée Chalamet quien hace acto de aparición aquí sino, claro, el tema más decididamente espacial, y también enigmático, de todo “Ojepse”. Con los sintetizadores al mando de las operaciones y desligado de cualquier impulso que tenga que ver con el rock, a excepción hecha de ese ending bronco y poderoso. Enfurruñará a los más intransigentes, no le quepa a nadie la duda.

La Pirámide”, claro, reconduce hacia territorios mucho más mundanos. Incluso su apartado lírico resulta aquí mucho más convencional. Fue adelanto del álbum y por ahí tal vez el que resulte menos arriesgada, no quisiera decir pretenciosa, que otras ofertas dentro de “Ojepse”. Sigue siendo un corte que se va hasta los ocho minutos largos, donde caben sus habituales cambios de ritmo, alternancias tonales y esa comprobada pericia a la hora de enfrentar sus ejecuciones. Pero no logro quitarme la sensación de que la banda ha echado el freno de mano aquí.

La final “Ríen” traerá de vuelta a los Noah Histeria más atmosféricos para después sumergirse de nuevo en su habitual subibaja compositivo. Y aunque no es un cierre sorprendente en lo que a composición respecta, tarea ardua ésta tras el amplísimo muestrario que ha ofrecido el álbum, hay que reconocer el buen efecto que produce ese epílogo entre melancólico y enigmático.

Caben tantísimos matices en sus composiciones que difícilmente apreciarás éste álbum tras una primera escucha distraída. Algo que en estos tiempos de fugaz inmediatez puede resultar un muro infranqueable para muchos. Un hándicap del todo insalvable. Pero si decides saltar este muro y mirar qué hay del otro lado, “Ojepse” recompensará tu curiosidad con altísimas dosis de progresivo retorcido, audaz y nada predecible. Interpretado con un gusto tan solo equiparable a la buena producción que exhiben estos ocho cortes. Con el correr de las escuchas aprecio ciertas estrofas algo atropelladas o, quien lo diría, solos que bien podrían haber tenido algo más de presencia y/o desarrollo. Nimiedades que en ningún caso mermarán la nota final de un disco que difícilmente bajará del notable. Avisados estáis.

Texto: David Naves

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