
Pues ya tenemos en nuestras orejas el nuevo trabajo de los post-doomies Ikarie. La banda, que ya pasara por estas líneas con aquél “Cuerpos En Sombra” de 2021 y que forman a día de hoy Luis Albadalejo, Daniel Gil y Paco Porcel (guitarras), María V. Riaño (bajo), Dom Santoro (batería) y Pablo Egido (voces), regresa ahora con un nuevo largo, de título “Arde”, grabado y mezclado por el propio Daniel Gil en el 7Barbas Studio. Las pistas resultantes serían posteriormente masterizadas por Brad Boatright (Altarage, Yob, Bell Witch, Ulcerate, Incantation…) en los Audiosiege Studios de Portland (Estados Unidos). Producido por Gil y Riaño, vio la luz el 17 de marzo vía Avantgarde Music.
“Sacrificio”, donde se deja oír un pequeño extracto del clásico de la ciencia ficción checoslovaca “Ikarie XB-1”, arremete ya desde un primer momento con ese sonido oscuro, a ratos angustioso, que conforma buena parte de las líneas maestras de este segundo trabajo. Mientras inunda su segunda mitad de tonos a medio camino entre el terror y el sci-fi más atmosférico, introducirá una “Santa Sangre” que fuera encargada a su vez de presentar “Arde” en sociedad allá por el mes de febrero. Un corte vibrante y tenso, rodeado de pequeñas islas de tranquilidad donde, de todos modos, la calma nunca deja de poseer cierta extrañeza. Todo el corte arrastra una pulsión oscura, algo extraña. Ecos que reverberan y música que pide a gritos ser degustada auriculares mediante. El crescendo final, doble bombo mediante, es pura agonía y desgarro. El viaje ha comenzado y no parece haber escapatoria posible.
“La Sed” y ese inicio más clásico, afianzan no obstante el tono grandilocuente pero apesadumbrado en el que Ikarie se mueven cual pez en el agua. No desarrolla los riffs más preclaros del disco, ni mucho menos, pero se las arregla, estructuras mediante, para conformar un corte en constante diálogo consigo mismo. Ahí donde ganan los contrapuntos derivados de las diversas líneas melódicas que integran buena parte de su recorrido. La producción, y perdón si sueno tópico, no tiene qué envidiarle a nadie. Casi diría que al contrario. La forma en que se distinguen de forma clara y en todo momento las muchas líneas que integran la mezcla, está a la altura de cualquiera. Así pues, Ikarie nunca pierden el foco. De hecho todo esto resulta aún más evidente toda vez el corte transita hacia su epílogo al tiempo que deja notar la cara más atmosférica de su ideario. Un corte en muchos aspectos fascinante…
… pero uno casi agradece la calma que se apodera del álbum toda vez le llega el turno a la mucho más tranquila y reposada “40 Días”. Pequeño bálsamo en forma de teclas tímidas y guitarras cristalinas, adherido no obstante al obligado tono en penumbra que acostumbran a manejar los ex-Nahemah.
Santoro se apodera del prólogo de una “Surcos (Ciutat Morta)” que vendrá a mostrar a los Ikarie más ennegrecidos y nerviosos primero, los más melancólicos después. Hay melodías de guitarra aquí que, afinaciones al margen, tranquilamente podrían formar parte de algún corte de los Warning de Patrick Walker. Egido vendrá a dejarse la piel al tiempo que su voz transita por el más puro desgarro con toda naturalidad. Angustia febril que te agarra y no te suelta, ni siquiera cuando irrumpen de nuevo esos tonos más atmosféricos que la banda maneja como nadie. El largo epilogo, no obstante, se adueña de sonoridades más extrañas. Divergentes incluso. Y uno vuelve a aquél corte inicial, al sci-fi clásico (cinematográficamente hablando) y a la más pura tensión. Todo para desembocar en ese muy apaciguado epílogo. Epílogo que, en mitad de la tormenta, casi tiene la forma, también la función, de un bote salvavidas.
Kanno Sugako, de la que doña wikipedia nos cuenta que fue “una anarco-feminista japonesa, de profesión periodista” y que “escribió una serie de artículos acerca de opresión de género y fue una defensora de la igualdad de derechos entre hombres y mujeres”, viene a dar nombre a un corte en gran medida instrumental, huidizo, construido casi a modo de vaivén, y entregado sin reservas a su propia extrañeza. Situado, pienso que con acierto, a medio camino tanto de los Ikarie más leves como de los más graves. Calma tensa, poderosa, de nuevo reverberante y donde la producción vuelve a brillar con mano firme.
“Tomie” amenaza en su prólogo con transigir hacia posiciones más acomodadas. Ikarie, por supuesto, no toman el camino fácil. El corte camina inmediatamente por un largo páramo huérfano de toda rabia para, cual ave fénix, resurgir más adelante a tiempo que destapa la cara más monolítica, pesada y rocosa del combo. Que se olvida aquí de trazos más retorcidos precisamente en busca de facilitar el impacto que, por contraste, ejerce para con la calma que lo precede. No es que la técnica resulte original a estas alturas pero bien es cierto que disfruto con la forma en que está ejecutada.
Da nombre al disco ésta “Arde” donde, efectos mediante, se dejará oír la voz de Andrea Dworking, activista feminista y escritora estadounidense, durante una manifestación acontecida el 19 de abril de 1980. Envuelta en tonos que afianzan a los Ikarie más atmosféricos, casi espaciales, desprovistos de toda base rítmica e incluso guitarras.
“Titane II” viene un poco a desconectar al álbum de sus pretensiones más disruptoras, regresando hacia un doom/death más académico, donde se dejan notar de manera más que notoria muchos de los grandes tics que han identificado al género durante décadas. El gran peso melódico que emerge de las guitarras, el tono melancólico que dibujan. La desgarrada línea de voz de Egido y esa base rítmica acompasada pero poderosa. A grandes rasgos me resulta la menos sorprendente de las diez, lo que no quita para que disfrute con la firmeza y, sobre todo, la convicción con que está ejecutada. Cierran al piano con la curiosa instrumental “Flores En El Asfalto”.
La banda lo define como una llamada a la revolución. El disco no deja nunca de arrimarse a los confines del género. Transgrede formalismos y se caracteriza, a grandes rasgos, por mirar siempre hacia delante, sin preocuparse lo que pueda quedar atrás, quedando “Titane II” como única pica en el terreno del doom/death más fundacional. Firme, disruptor, atrevido. También oscuro, desasosegante y tremendamente diverso. En un panorama donde el riesgo resulta un bien cada vez más preciado, representa todo un lujo toparse con álbumes como éste. Usando un símil literario, podríamos decir que en una escena donde todos quieren ser Juan Gómez-Jurado, Ikarie a quien persiguen es a David Foster Wallace. Benditos sean pues.
Texto: David Naves