Reseña: Marco Garau’s Magic Opera «Battle Of Ice» (Autoproducción 2023)

Segunda venida de la Marco Garau’s Magic Opera a Heavy Metal Brigade. La banda transalpina, que debutara en los márgenes de la pandemia de Covid-19 con el aplaudido largo “The Golden Pentacle”, sigue en la senda del power metal a la italiana con un “Battle Of Ice” mezclado por el Masterplan y ex-Helloween Roland Grapow (Amadeüs, Avalanch, Serious Black, Kilmara…). Aparecen en este nuevo trabajo Salvatore Giordano en baterías, Ollie Bernstein al bajo, Luca Sellitto y Enrico Pistolese en guitarras, Anton Darusso en voces y Garau en teclas. Con arte de Ivan Zanchetta, se encuentra en la calle desde el veintisiete de enero.

Tras su preciosista y calmado prólogo, “The Black Sorcery” explora un power metal de grandes melodías y mejores arreglos, lastrado en parte por unas guitarras rítmicas donde denoto cierta falta de picante. Y da igual porque tanto el trazo como la ejecución son exquisitos. En lo que de primeras no deja de parecer power de un clasicismo casi embrionario, se suceden no obstante toda una suerte de guiños en cuanto a estructura que hacen de este principio uno de los cortes más interesantes de todo este segundo disco. Y que Garau remata enfrascándose en un generoso duelo solista durante el puente.

The Cursed Crown” afianza aún más si cabe el tono neoclásico del combo italiano. Nombrar a Rhapsody (Of Fire) resulta casi inevitable, si bien por aquí hay tics que bien podrían haber firmado los Helloween más vivarachos. La base rítmica queda un tanto escondida entre tanta sinfonía, tanto coro, tanto ornamento, pero bien están estas líneas de voz en todo caso. Clásicas, sencillas, pero con un gancho de mil demonios. La calma del puente, con las teclas desnudas de Garau, contrastarán y no poco con las voces más graves que después irrumpirán. Al final un corte de power más afilado, trotón, vibrante y orgulloso. Fue uno de los anticipos, pienso que con acierto.

Con ese power más afilado parece engarzar una “The Legend Of The Demon’s Cry” que a cambio de unos riffs tirando a simplones, ofrece una suerte de melodías, en gran parte en cuanto a voces, que pasan por ser de las más y mejor engarzadas de todo “Battle Of Ice”. Cierto que hay algunos arreglos que resultan un tanto naif. También alguna línea de batería, en particular a través de las partes más desnudas, de sonido algo distraído y plastiquero. No es un puente con el que disfrute en exceso, si bien aprecio el buen solo de teclas que inserta Garau previo al (casi) obligado solo de Sellitto y la mayor gravedad del epílogo.

Assault On The Castle” vendrá a oxigenar esta primera parte del álbum con ese marcado paso más a medio tiempo y sus llamativos contrapuntos. Donde quizá no destaque tanto en cuanto a solos pero sí en lo referente a líneas de voz, en buena medida responsables de esos tonos más épicos. Sutiles en todo caso y nunca fuera de las lindes del género. Corte en definitiva de mejor funcionamiento dentro del contexto del álbum y no tanto por sí mismo.

Se dice que tras la calma llega la tormenta (¿o era al revés?) y por ahí que “Ride Into The Sun” retorna hacia territorios más comunes con su clásico y ornamentado trote a la italiana. Un buen estribillo dará paso a un puente tranquilo, de buenos detalles al piano, y que uno no esperaría encontrar en un corte adelanto. No a menos a priori. Y aunque diste de ser mi favorita del álbum, sigo encontrando detalles de interés. Con acento en la buena labor de Sellitto. Y sí, el epílogo no podría recordar más a la banda de Alex Staropoli:

White Dragon” vuelve a rebajar las pulsaciones de este “Battle Of Ice” con un prólogo que circulará no lejos de terrenos baladeros para después romper una lanza en favor del power metal más directo y trotón. Que se adhiere fiel a los grandes tropos del álbum y, mientras factura otra buena serie de melodías, vendrá a beneficiarse de una base rítmica algo más presente en la mezcla. Y aunque sigo echando en falta guitarras un tanto más crujientes, lo cierto es que Garau entrega otra pieza de power de rigurosidad casi beatífica. De nuevo generosa en cuanto a solos, auténtico paraíso de todo buen solista.

The Shadow Man” es un medio tiempo de trazo sencillo y resolución clásica. Nada relevante en cuanto a trazo, cierto es, salvado en gran medida por el buen hacer de Darusso. Nada convencional en una banda como ésta el particular timbre del vocalista nacido en Moscú. Algo que en mi opinión sale a relucir más que nunca en un corte como este. Y pienso suma más que resta, aunque estoy abierto a debate.

Con “The Book Of Evil” regresan a su habitual power metal sinfónico para trazar un corte que viene a buscar una mayor gravedad dentro del trackist. En especial en lo referente a voces, transmutando éstas hacia terrenos más extremos. Siempre, y al igual que todo el álbum, dentro de las lindes del género. Un estupendo duelo solista, ahora sí, ocupara su tronco central. Un corte al que se puede achacar lo predecible de su trazo y no tanto las buenas ejecuciones que alberga.

Under Siege”, nunca mejor dicho, no descabalga de esa senda trotona y directa. Recupera en parte aquél tono más épico de “Assault On The Castle”, apoyado esta vez en una línea de batería rica en detalles y firme en su despliegue de dobles bombos. Sorprende en todo caso ese tono casi apesadumbrado que desprenden algunos solos de Sellitto así como el gran espacio que Garau dispone para su esparcimiento al también guitarra de Stamina.

Lejos de buscar una épica más acendrada, lo cierto es que el largo cierre “Battle Of Ice” hace todo por caminar por el power más acelerado y poderoso. Y a lomos de una construcción menos lineal de lo habitual, armado con grandes estribillos y beneficiándose del juego entre registros de sus líneas vocales, pergeña once minutos del mejor metal transalpino. Como no podía ser menos vista su duración, resulta una vez más generosa en cuanto a desempeños solistas. Al punto de que pueden llegar a atragantar a más de uno. Sea como fuere Garau compone un corte final ágil en el uso de contrapuntos, a ratos puede que algo reiterativo, pero orgullosamente fiel al legado al que pertenece.

Porque este no es un disco que venga ni mucho menos a discrepar del canon. Al contrario: forma parte de él de un modo casi religioso. Sesenta y cuatro minutos que deberían enardecer a los fans más recalcitrantes del género, muy prolífico en cuanto a solos y donde la mayor discrepancia viene dada, una vez más, por el curioso registro de Darusso. También porque el sonido entrega unas guitarras rítmicas algo perdidas entre tanto arreglo y tanta melodía. No deja éste de ser un disco autoproducido al fin y al cabo. El proyecto sigue creciendo con Heavy Metal Brigade como testigo.

Texto: David Naves

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