Por si fuera poca la marabunta de nuevos trabajos que nos asola, la riada de conciertos y eventos que os traemos a estas líneas, amén incluso de las entrevistas de mi compañero Eduardo Meier, bienvenido a la brigada amigo, en Heavy Metal Brigade nos hemos liado la manta a la cabeza y os traemos desde hoy una nueva sección. Una sección donde os traeremos, con la regularidad que la actualidad nos permita, discos del pasado que, creemos, merecían mayor grado de reconocimiento por eso que llaman “el gran público”.
Evidentemente y como podréis intuir, no se tratará de los “Painkiller”, “Number Of The Beast” o “Keeper Of The Seven Keys” de turno, sino como digo de trabajos hasta cierto punto ignorados, como es el caso de este “Angélique”, hasta la fecha único trabajo de los sinfónicos asturianos Angeldark. Un álbum que nos da la impresión pasó algo inadvertido en su día y de cuya edición se cumplen ahora nada menos que quince años.

Editado por Montsacrum Media el 26 de septiembre de 2008, formaban el núcleo de la banda José Ornia en baterías, Marcos Cuadrado en guitarra y bajo, Anita Jones a los teclados y Santiago Fano en voces, guitarras, bajos y programación. Un debut para el que la banda contaría con la Orquesta Sinfónica de Bratislava, amén del coro de la citada ciudad eslovaca, con Berenice Musa (Tears Of Martyr) a la voz soprano y David Hernando como conductor.
Grabado a caballo entre el ahora desaparecido Bunker en Posada de Llanera y el estudio 2 de la Radio Nacional Eslovaca, sito en la mentada capital centroeuropea. Con producción, grabación y mezcla del propio Fano, asistido entonces por Alberto Rionda, master del tristemente desaparecido George Marino (Atrocity, Type O Negative, Dream Theater, Scorpions, Iron Maiden, Helloween…) y arte del finés Jarno Lahti (Before The Dawn, Insomnium, Noumena…).

CHAPTER I
Un trabajo conceptual que abría con “Libera Me – Overture For Choir And Orchestra In E Minor”, intro de corte sinfónico capaz de aguantar el tipo con producciones de nuestros días, algo que viene a dar fe del buen trabajo que tanto Fano como Marino ejecutaran en su día. Coros poderosos y las mejores cuerdas de Eslovaquia al servicio de una introducción que conduce hasta la muy metálica “Wolf”, donde sonido de batería al margen, algo plastiquero para lo que estamos acostumbrados hoy día, lo cierto es que el resto de elementos parecen haber envejecido la mar de bien. Sorprende incluso encontrarse con ciertos sintes de aire retrofuturista, tan habituales en producciones de nuestros días. Un corte para sacar a relucir la cara más agreste del combo asturiano. También la profunda voz de Fano, aquella que adornaba “Niño”, uno de los grandes clásicos de Avalanch, así como su facilidad para variar entre registros. Igual que divaga entre tonos, ahora más metal, ahora más sinfónico, un primer corte trufado de cambios de ritmo, buenas ambientaciones y solos entre el clasicismo y cierto toque shred. Fantástica dupla inicial si me preguntan.
“The Night Song”, arrancada desde el tímido piano de su prólogo, muestra una faceta algo más alegre tanto en sus melodías y riffs como en sus arreglos. Un metal sinfónico más a la Nightwish, que por aquél entonces venían de editar “Dark Passion Play” con Anette Olzon tras partir peras con Tarja, disculpen que me vaya por las ramas. Pero lo cierto es que ayuda un poco a contextualizar el momento que vivía la escena sinfónica europea cuando este “Angélique” vio la luz. Sorprende aquí el amplio rango vocal de Fano, capaz de escapar de tonos oscuros a lo Peter Steele hasta moverse por elegantes tesituras altas para una de las líneas de voz más redondas de todo el debut. Su largo recorrido, superando los siete minutos, permitía a Angeldark entregar un corte in crescendo, salpicado no obstante por cuidados y elegantes cambios de ritmo. Todo rematado por un sensacional solo de guitarra previo al epílogo. Elegante, bien construida y mejor ejecutada.
El disco entregaba entonces “Saint-Germain (The Man Who Killed Death) Part I”, donde ritmos casi marciales y cierta vibración próxima al metal industrial se adueñaban del tono general. Por poner un referente cercano y sin necesidad de salir del Principado, ese deje más machacón bien podría recordar a “To Hell & Back” del último álbum de los también sinfónicos Last Days Of Eden, obviando claro el marcado toque folk de estos últimos. Otro corte bien elaborado, destacado por los buenos riffs que anticipan las estrofas y un estribillo que irrumpe apenas llegado el minuto y medio. Algo que bien podría haberla convertido en potencial single. No obstante el corte entregaba mucho más que un coro memorable y un par o tres de riffs de interés. De nuevo Angeldark pintaban un trazo abierto, diverso, trufado de arreglos preciosistas y una producción, perdón por insistir, que ha aguantado el paso del tiempo sin mayores problemas. Escucha la formidable línea de piano que acompaña a Fano durante el epílogo y atrévete a decirme que este disco no mereció más atención de la recibida allá por 2008.
El largo prólogo de “Saint-Germain (The Man Who Killed Death) Part II” dejaba volar el alto nivel técnico del cuarteto, particularmente en lo que a guitarras se refiere, para después reconducir hacia un metal más convencional, que apaciguaba los altos vuelos que “Angélique” desarrollaba en temas previos. Y aún así, no son pocos los asideros que encuentro en esta quinta entrega. Esa escritura y la forma en que se ennegrece con el paso de los acordes, de nuevo las cuidadas líneas de piano y el aura más teatral que Berenice Musa imprimía camino del epílogo.
Piano en cantidades industriales el que ofrecía “Rain”, otro de los cortes con más gancho de todo el tracklist. De nuevo con aquellos sintes que ya se dejaban sentir en “Wolf”, conjuntados con el deje más marcial de la primera “Saint-Germain…” para, en comandita con el habitual juego entre registros, entregar otra de las composiciones con alma de single. Unos Angeldark en gramáticas más sencillas, que no por ello obviaban buenos detalles como atestigua ese buen solo del puente. Tal vez la producción sufría en equilibrio a la hora de alternar la marabunta de líneas que confluían en el epílogo. En cualquier caso un corte que dejaba la sensación de haberles granjeado unos cuantos buenos réditos en directo.
CHAPTER II
Arrancamos la segunda parte de este “Angélique” con “Wanderer”, precisa a la hora de entregar a los Angeldark más vibrantes y metálicos. Que no por ello obviaban el doble juego entre los distintos registros vocales. Riffs que sorprendían por su acercamiento a un viking algo casual. Piensa uno en bandas como Ensiferum, Finntroll o incluso Wintersun. Con mucho, uno de los cortes más transversales de todo el trabajo. Con Ornia firme en las partes más vibrantes y melodías de guitarra de esas que, reescuchadas estos días con motivo de esta “retroreseña”, se pegan al subconsciente y de qué forma. Elaborado pese a lo escueto de su desarrollo, poco más de tres minutos, y otro testamento más de la versatilidad de la banda.
“In My Dreams” recuperaba una vena más clásica, también más oscura, con alguno de los tonos más agrios de Fano contraponiéndose a la Berenice más límpida. Un juego entre registros heredado directamente del mejor metal gótico y que daba vida a un corte si bien algo convencional en forma, de lo más cuidado en fondo. Aquí se permitían no obstante un puente central crudo, casi monolítico, algo fragmentado y desigual en lo que a arreglos se refiere, pero capaz de llegar a término envuelto en voces melodiosas primero y bajo un estupendo duelo guitarra/teclado después.
Así las cosas, en “Venom X” parecían confluir los Angeldark más contemporáneos. Sea por su trazo ambivalente y la clase de riffs en que se apoyaba. Sea por su constante juego con las texturas, así como por una línea de voz que por momentos parece lindar con el metalcore más elemental, el que a la sazón constituía el corte más extenso de “Angélique” se nos revelaba como una auténtica montaña rusa de emociones. Una panoplia de generos capaz de vagar desde el metalcore más leve, abrazar de nuevo dejes casi industriales y transitar por unos riffs de corte oriental que tranquilamente podrían haber firmado Orphaned Land en un momento dado. Todo reunido sin que el resultado final suene forzado ni deslavazado, testimonio otra vez del cuidado puesto en la confección de no pocos temas del álbum.
El prólogo de “The Mastery Of Pain” apaciguaba toda algarabía para entregar un corte que se revelaba en un primer término como balada, para después virar hacia un metal igualmente donde los arreglos parecían ganarle la partida a los elementos más puramente metálicos. Con Berenice Musa acariciando con su registro operístico unos estribillos entre la distinción y la elegancia. De tonos propios del gótico durante su largo primer término, introduce no obstante un puente central orquestal y casi cinemático, paso previo a un solo que arranca con la acústica y reconduce hacia la eléctrica para alzarse finalmente como uno de los más originales y a la vez eficaces del debut.
“Follow The Chain” siempre me pareció un corte engañoso. Arrancaba en pura clave sinfónica, transigía después hacia un power metal por momentos convencional y finalmente abrazaba una escritura de mucha mayor rima con los grandes tropos del álbum. Por ahí trazaba Ornia una línea de batería mucho más lúcida y cuidada de lo que aparenta, mientras Fano proseguía con el desarrollo de la historia en base a su habitual juego entre registros. Unos registros que encontraban de nuevo réplica en la cadenciosa voz de una Berenice sensacional durante el puente. Puede que el álbum acusase cierta repetición de esquemas a estas alturas del tracklist. Al fin y al cabo no dejan de ser cincuenta y tantos minutos los que llevamos discurridos cuando arranca este decimoprimer corte del disco…
En lo que a duración se refiere, “Seven Candle Circle” era el último corte con verdadera enjundia de este debut. Asido a un piano que terminará por erigirse en auténtica espina dorsal del prólogo, volvía a echar mano de una construcción nada obvia, moviéndose por delicadas estrofas hasta confluir en un estribillo de corte melancólico. Una tristeza que parece permear a unas guitarras cuya afinación, a priori, no asociarías a un álbum como este. Tanto el puente, por la forma en que abraza esa mayor gravedad, como el epílogo por lo que tiene de épica melancólica, me resultan excelentes todavía hoy.
Para el cierre quedaban un par de piezas. La primera, la pequeña instrumental “Under The Cathedral”, apenas minuto y medio con el piano como principio y fin, y la segunda, esta “In Darkness (rmx)”, que cerraba este “Angélique” en una clave que partía desde electrónica al metal industrial más convencional. Un broche final nada obvio, desde luego.
Siento que es un álbum al que el tiempo ha tratado bastante bien. Algo que sorprende si pienso cómo por algún que otro contemporáneo suyo parecen haber pasado treinta años, que no quince. Para bien o para mal, la historia de Angeldark concluyó aquí, algo que ha contribuido a aumentar ese aura de álbum maldito que posee “Angélique”. Sea porque quedó como anécdota más que como el primer paso de una banda importante, que creemos podría haber llegado a ser, o simplemente por lo ¿triste? de la historia que se desarrollaba en sus textos, lo cierto es que pocos son los discos que pueden gritar a los cuatro vientos su condición de álbumes de verdadero culto con el orgullo con que lo hace este primer y único trabajo del combo asturiano. Al menos nosotros lo vemos así.
Ahora la patata caliente está en vuestras manos. ¿Aprobáis esta nueva sección? ¿Qué otros trabajos creéis dignos de ella? ¿Qué recuerdos guardáis de “Angélique”? ¿Coincide vuestra visión del mismo con la nuestra? Os leemos.
Texto: David Naves