Crónica: IX Karma Fest (Laviana 23/9/2023) 1ª Parte

Nueva y multitudinaria edición del Karma Fest, con nada menos que once bandas, y que vino a reunir en tierras lavianesas a una más que amplia representación de las actuales escenas tanto asturianas como estatales. Acribillados por el sol durante el día, ateridos de frío durante la noche, lo cierto es que salvo errores puntuales, inherentes a este tipo de eventos, organización y demás entidades responsables del evento pueden estar hoy más que contentos. Si además sumamos la buena entrada registrada, particularmente y como siempre ocurre, toda vez las bandas grandes hicieron acto de presencia, a día de hoy se podría decir que el Karma Fest parece en la recta de salida de cara a logros aún mayores. Pero vayamos por partes.

Como siempre que no hay inconveniente y los idus nos son propicios, acudimos más bien pronto al recinto. Toda vez recogidas las obligadas acreditaciones e inspeccionada el área, sito en la edición de este año en el emblemático Prau de La Chalana, “marco incomparable” que diría luego Carlos Escobedo, desterrando así la maldita grava de hace ahora un año, con nuestros pies descansando sobre un “true asturian prao”, la verdad es que el cambio de ubicación supone un plus enorme. También las mesas donde sentarse a la sombra, junto a las infaltable zona de merch, los ya tan comunes food trucks y el detalle de las recargas en la pulsera, que ahorra líos con monedas de festival y demás. Dado mi cada vez más incipiente síndrome de Diógenes, juraría que aún conservo las que se quedaron sin gastar del año pasado.

Lo difícil es acertar a la hora de confeccionar un cartel. El de la última edición del evento apostó de manera muy fuerte por el eclecticisimo. Bandas de todo signo y condición desfilaron por Pola de Laviana, lo que creemos de alguna forma contribuyó a hacer más interesante la jornada. Llevadera incluso. Dicho todo esto, entremos de una maldita vez en materia.

Si ya de por sí es complicada la tarea de abrir un evento, te vas a comer todos y cada uno de los errores con los que nadie contaba, no digamos ya la de una jornada como la del sábado, con nada menos que diez bandas detrás. Nuevecondiez, ahora con el ya ex-Edén Eneko Ramos plenamente integrado en el seno de la banda, salieron con la garra callejera que les caracteriza dispuestos a ser el mejor de los arranques para una cita que se preveía poco menos que maratoniana.

Con el siempre carismático Fran Rubio al frente, los vencedores del FestiAmas de 2020 nos dejaron su rock callejero, a ratos limítrofe con el metal, revelándose como una primera buena piedra de toque cara a lo que se nos venía encima. Porque “Todo Se Pudre” menos su amor por el rock and roll. Y aunque fueran una de las propuestas más perpendiculares al espíritu del certamen, si es que existió tal cosa, lo cierto es que si el sol apretaba o el público aún era escaso, pareció no importarles.

Era su media hora larga de set y se la iban a beber a tragos. Porque el caso es que tienen buenos temas. De hecho su último disco, aquél “Tú, Yo y El Fin Del Mundo” no nos causó mala impresión en su día. De él extrajeron la más metálica “00:00 y Piko”, arrimándose por ahí a los gustos de una audiencia que, ya decimos, entraba todavía muy a cuentagotas en el recinto.

Para nada “Insignificantes”, pertrechados tras una segura base rítmica en la que ahora encontramos nada menos que a todo un Marco Álvarez (ex-Avalanch) y revestidos por los siempre lúcidos solos del guitarra Fran Jiménez, desde aquí honestamente pensamos que cumplieron con una tarea ardua y desagradecida como pocas. A buen seguro nos volveremos a encontrar en condiciones más propicias.

Los siguientes en salir a escena serían los black metaleros de tierras getafenses Murmur, de cuyo álbum debut dimos cumplida cuenta allá por marzo de este año, y que en ahora en formato quinteto y parapetados tras unos curiosos ropajes blancos, vinieron a defender, a pleno sol y como gato panza arriba ante una audiencia algo distraída.

Porque una cosa es lo que servidor piensa del set de los madrileños. Concisos y precisos como se les exigía, derrochando un black peculiar, que destierra en gran medida el socorrido blast beat en pos de una esencia más tendente incluso al doom, haciéndose fuertes en la creación de toda una serie de atmósferas que, a las cuatro de la tarde, a poco estuvieron de caer en saco roto.

Ya digo que en lo personal los disfruté, si bien entiendo que por horario su propuesta se le hiciera cuesta arriba a los menos iniciados en el género. Tampoco hizo mucho por ayudar la ya bien conocida frialdad del público astur. Tan pasional en la entrega como gélido en la incertidumbre.

En cualquier caso y pese a los negacionistas que pudiera haber, Beatriz Benett cumplió sobradamente tras el micro, desplegando con clase todo el desgarro y furia que uno puede encontrar en el más que interesante “Pvtrefactio” del pasado año. Mucha clase y diversidad en los riffs de Teterycz y a término de su actuación, al menos en mi caso, la necesidad acuciante de verles pronto en circunstancias más propicias al tipo de black metal que desarrollan.

La tarde parecía más de cara para unos Sylvania cuyo heavy / power metal no parecía, a priori, mermado en igual medida por el astro rey. Ya con la figura de Alberto Sÿmon (ex-Nocturnia) integrada de pleno derecho en el seno de la banda valenciana, salieron a hacer suya una plaza que empezaba a registrar ya mejor color.

Sangre, Sudor y Lágrimas” parecía una buena piedra de toque, si bien las guitarras sonaban algo bajas al paso por las primeras estrofas. En lo personal no soy la persona que más conecte con el tipo de metal que desarrollan, pero mentiría si dijera que no tenía ante mí a público de lo más diverso pasándolo en grande con melodías pegadizas y la técnica desarrollada por los valencianos.

Es innegable que cortes como “Luna Quebrada” les funcionan. Sÿmon dio la impresión de llevar toda una vida a los mandos del quinteto y sus seguidores, de haberlos, dudamos salieran decepcionados de un set que la banda hubo de acortar por la tiranía que imponen los horarios. Les honra el detalle, “que prime el compañerismo” dijeron, pues no son pocos los kilómetros que separan Valencia de Pola de Laviana.

Lucharé Por Lo Que Junto A Ti Soñé” reza parte de la letra de esa “Vivo En Tu Memoria” con la que se despidieron. A tenor de lo visto, no nos queda la menor duda.

Enésimo cambio de rumbo en el discurrir del cartel, esta vez el que supuso una nueva descarga de una del par de bandas locales, los ya clásicos metalcore asturianos Teksuo, siempre con Diego al frente y que vinieron a poner la nota más contemporánea a una tarde en la que el sol todavía era de justicia que diría un clásico.

Pequeños problemas durante la prueba de sonido estuvieron a centésimas de arruinar el buen comienzo del set. Sea como fuere, cuando los de la cuenca del Nalón salen a escena a eso de las 17:20 horas, todo parece en perfecto estado de revista. Su metalcore melódico es bien conocido por los habituales del festival. Auténticos pioneros del género en la región y banda capital para cualquier fan del metal de nuevo cuño. Que a tenor de lo visto, no eran pocos.

El tiempo pasa y aquí sigue Diego Teksuo al frente de su banda madre. En Laviana vino a demostrar toda su gama de registros habitual, yendo de la crudeza de las estrofas a los tonos altos de los estribillos con la seguridad de siempre. No es que sea alguien a quien llamar ya veterano pero lo cierto es que por él parece no pasar el tiempo. Un vocalista de no pocos quilates, cabe decirlo, más allá de que el tipo de metal que desarrollan pueda gustar más o menos.

Tanto o más podría decirse de las habituales pistas pregrabadas sin las que su música no sería la que es. Se dejan notar ya desde la inicial “Forever Endless”. Siempre secundado por el dúo David & Rafa en guitarras y con la ayuda para la ocasión de Luis Vázquez a la batería, Teksuo acabarían por sacar adelante un show que se llegó a intuir gafado al inicio para acabar siendo finalmente uno de las que mejor sonido dispuso a lo largo de la jornada, apenas por debajo del par de bandas grandes del cartel.

Una grandeza, hablamos de reconocimiento claro, hacia donde parecen apuntar los chicos de Dünedain, que ya en nuestro anterior encuentro con ellos, mayo del pasado año, nos habían dejado un gran sabor de boca en el marco del tercer Desván Fest. Sin inventar la pólvora, ni pretenderlo tampoco, los de Madrigal de las Altas Torres fueron una de las experiencias más entretenidas de la jornada. A menos a juicio del aquí firmante.

Porque en la figura de Carlos Sanz parecen haber encontrado la pieza que les faltaba y se nota. Compartiendo tareas vocales con Tony, acompañados del inquieto Alberto P. Velasco al bajo y si el sonido acompaña como fue el caso, todo sale a pedir de boca para ellos.

Y es que no era poco el público reunido frente al escenario cuando irrumpen con “A Un Paso Del Cielo”, que parece es a donde se dirigía parte de la audiencia a tenor del recibimiento brindado a los de la meseta. Con el sol apretando de lo lindo, insistimos en esto, hacía verdadero calor para una tarde asturiana de finales de septiembre, la banda liderada por Tony Dünedain siguió inmersa en su ya conocida mezcla de heavy metal vigoroso y/o power metal dulzón, encandilando a todo aquél que se dejase arrastrar.

Aunque si hay un corte que logra llevarse el gato al agua en este sentido es “Vuela”, agigantado y de qué manera con respecto a su versión de estudio. Porque esa es la cosa con Dünedain: por el tipo de metal que practican podrán enganchar o repeler, pero nadie puede negar el verdadero animal de directo que son a día de hoy. Dicho de otro modo: te podrán gustar o no las matemáticas, pero dos y dos siempre van a ser cuatro. Podrán darles “1000 Golpes” que ellos seguirán adelante. Eso sí, esperemos que ya sin la tan recurrente como odiosa rima “camino/destino”.

Tony Dünedain puede haber delegado tareas vocales tras la llegada de Sanz como decía. Pero cuando afronta su cometido tras el micro lo hace con seguridad. Fuerza incluso. Lo dicho, atraviesan un momento dulce y deberían de ser un fijo en las agendas de todo buen fan del metal melódico que se precie. Por puesta en escena, ganas y conexión con el público. Una banda en clara línea ascendente.

Desde luego que no era poca la expectación previa a la salida de Carlos y Jorge Escobedo, Antonio Bernardini y Manu Reyes, qué pegada la tuya amigo, al escenario del Karma Fest. Una banda a la que hemos visto a menudo por Asturias en los últimos tiempos pero que siempre responde. Empezando por el gran sonido que despliegan, la mezcla fue una vez más rayana en lo impecable, siguiendo por un Carlos Escobedo que roza el medio siglo pleno de facultades y energía, y terminando por la bien conocida elegancia del dúo guitarrero de toda la vida.

Siento mucho insistir en la frase tópica pero es que más allá de que gusten o no, esa salida con “Sombras” borra todo atisbo de dudas. Ya con el sol dando tregua, ocultándose poco a poco tras las preciosas montañas a nuestras espaldas, éramos bienvenidos a un infierno del que no querríamos huir. Para servidor, que en su día escuchó “Morfología” hasta casi la extenuación, encontrarse tantos años después con “Cubos”, situada además tan pronto en el setlist, generó toda una riada de sensaciones que bien iban desde la nostalgia por el tiempo pasado hasta el gozo por el gran show que teníamos por delante.

Público entregado a una banda ejerciendo de cabeza de cartel con todos los galones. Pero hay que hablar de Manu Reyes y el impulso que les brinda a estos Sôber. Y es que pocas bandas del género, al menos dentro de nuestras fronteras, podrán decir que cuentan con un batería de pegada semejante. Reyes es de esa cada vez más rara estirpe de percusionistas que ejecutan cada golpe con temor de que pudiera ser el último. Mejor forma de honrar la memoria del tristemente fallecido Alberto Madrid, no se nos ocurre.

Pero nostalgia al margen, ahí está “Tic Tac” para traernos de nuevo al presente. Al término del show de los madrileños, hubo comentarios al respecto del set elegido por Escobedo y los suyos. Al final y vuelta a tirar de tópicos, siempre va a haber debate al respecto a poco que tengas una discografía tirando a amplia, como es el caso, para más inri llena de clásicos. Entre las más coreadas de la parte central del show cabría destacar “El Día de la Liberación”, con el Carlos más poderoso de la jornada en tareas vocales. Ya iba todo sobre ruedas para entonces, pero de pronto encadenan “El Hombre De Hielo” con “Arrepentido” y Pola de Laviana poco menos que se viene abajo.

A modo de anécdota podemos dar fe de que Pablo y Víctor García (Warcry) se encontraban en el recinto, si bien esta vez no hubo la esperada colaboración, como sucediera en aquella fría noche de noviembre de 2022 en Oviedo. En cualquier caso, en una “Nube” estábamos ya algunos, acercándonos a pasos agigantados a un final en el que no pudo faltar, huelga decirlo, la canónica “10 Años”. A término se sucederían las presentaciones y los solos, con especial relevancia para el protagonizado por Manu Reyes. Por pegada pero también por la forma en que se alejó de los desempeños más populistas y/o tribuneros que realizan algunos de sus homólogos en el cargo. Clase hasta para eso.

El cierre se le otorgó esta vez a “Loco” aquella lejana pieza que nos hizo a muchos fijarnos en la banda madrileña hace ahora la friolera de veinticinco años, que se dice pronto. Bolazo si nos preguntan, como por otro lado viene siendo habitual en ellos cada vez que pisan estas tierras. A por otro cuarto de siglo, señores.

Continúa aquí

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Deja un comentario