A Dios pongo por testigo, que diría Scarlett O’Hara, este era un escenario que quedó pendiente por desbloquear cuando las inclemencias tumbaron el show de Sôber, Savia y Skizoo. De la mano de Tsunami Xixón y el Patioh de La Laboral acontecía en sesión vermú Drunken Buddha y Leather Boys, lo que finalmente daría con nuestros aún somnolientos cuerpos en la gijonesa Universidad Laboral de Gijón.

Y ni siquiera hacía tanto que habíamos visto a los Buddha. Aquél viaje relámpago a Lanio, pero con Leather Boys sí que llevábamos una temporada sin coincidir por lo que un día más hubo que echarse a la carretera. Una jornada pensada para calentar motores con respecto a la nueva venida de los escorpiones a tierras asturianas, acompañados esta vez de Rafa Kas y Phil Campbell and the Bastard Sons. Pero vayamos por partes.
Faltan veinte para la una cuando Drunken Buddha hacen suyo el coqueto “Patioh” de la Laboral prestos a desgranar su bien conocida mezcla de hard rock clásico y atemporal. Una maquinaria perfectamente engrasada que parece funcionar siempre y bajo cualquier circunstancia. El domingo y tras la habitual “March to Dementia” volvieron a establecerse como una fuerza a la que hay que seguir muy de cerca.

Porque sonaron tan bien como se esperaba. Porque pese al sol de justicia que ya apretaba de lo lindo a aquellas horas, supieron enganchar con una audiencia mezcla de curiosos y habituales. A nosotros no nos pilla por sorpresa el nivel que despliegan a estas alturas. Pero quien más quien menos, a buen seguro se quedó con sus coplas. Algunas de ellas, véase “Devil’s Breath”, ya apuntan a clásicos para ellos. Casi tanto como los juegos de Michael Arthur Long con el micro. Reconoció el vocalista que esta era su primera sesión vermú. Fuera de las lindes de mi Tudela Veguín, también la primera para servidor. Lo que son las cosas.

Presentaron un tema nuevo, ese tercer disco cada vez más inminente, al tiempo que desgranaban sus cañonazos de siempre. Brilla, y de forma literal además, la guitarra de Diego Riesgo durante “Hang ‘Em High” y baja por los suelos el mencionado vocalista durante la siempre rocosa e indómita “Monster”. Fueron unos Buddha en formato más reducido, pero tan intensos y disfrutones como siempre. Por las circunstancias del propio escenario, costaba ver a Kay Fernández tras su batería, pero desde luego que su pegada no pasa inadvertida en cortes como la siempre pegadiza “Dance Of The Serpent Queen”. O una “Medicine Man” con Riesgo tostándose bajo el inclemente sol gijonés durante el solo.

“Soy buen chaval, ¿eh mama?” pregunta el vocalista a su progenitora, espectadora de lujo de las evoluciones de su vástago en la Laboral. Para el final y en una clave de lo más fulgurante quedarían “Strangers & Fools” y su habitual revisión del “Highway Star” de Deep Purple, con un Mario Herrero estelar y Riesgo dándose su particular baño de masas durante el solo. A ratos pensaba que son ellos quienes deberían estar cobrando sesenta pavazos por una entrada pero supongo que no es lo mismo autoproducirse un álbum en pleno siglo XXI que tener detrás la todopoderosa EMI de 1984.
Leather Boys, no se le escapa a nadie, son un animal muy diferente. Que no menos divertido. Venían además con el aliciente de presentar un ocasional line up de seis miembros de tanto en cuanto juntaron la vuelta tras su paternidad de DeeDee Allin con la despedida de un Chema Bretón que les ha venido echando un cable en los últimos tiempos. Otro tanto que un Leather Salvation del que volvieron a echar mano para los parches. Así pues un set especial para ellos y no solo por lo temprano de las horas.

… que rozaban casi las dos cuando Leather Sex y compañía emergían para otra buena ración de hard rock mañanero. Y suciedad. Y mucha actitud. El arranque, con el sonido algo por debajo de lo esperado, correspondió a unas “Rebirth” y “Don’t Cheat On Me” que la banda encadena sin mayor esfuerzo. Aunque si hubo un corte que me agradó sobremanera en estos primeros compases, ese fue “Underground”, con Leather Salvation marcando el paso de esos ritmos vivos y alegres.

Leather Rose tuvo tiempo de dar la debida bienvenida a DeeDee, también de despedir a Chema, para quien pidió un sonoro abucheo. Pura idiosincrasia «Leather«, como lo son los pequeños speechs del líder de Estramonio, el tan irredento a la par que irreemplazable Leather Sex, a quien la guitarra jugaría una mala pasada en un momento del set. “Esto pasa por reivindicar a Carvajal”, ironizó. No obstante nos encontrábamos en todo un monumento a mayor gloria del dictador, “el edificio civil mayor de Europa”. ¿Qué creen que trataba de sobrecompensar aquél pitufín ferrolano?

Leather Rose tuvo tiempo de recordarnos que habían aparecido veinte copias de la primera edición de su biografía (de la que ya dimos buena cuenta aquí). También los libros de nuestro compañero y sin embargo amigo Jorge López Novales. Pero volviendo a lo estrictamente musical, muy sentida esa “Fly Free” que Leather Sex compuso en memoria de su progenitor y que, una vez más, dedicó a todos quienes hubieran perdido a alguien en tiempos recientes.
La siempre árida “To The Curb” me agradó en esta parte final del set. Ese cariz más pesado y rocoso. Extrajo además al Leather Rose más gritón de toda la mañana y condujo hasta una “Leather Gunner” que la también voz de Nicotine Bubblegum dedica a su profesor de inglés, presente el domingo en el Patioh. Y versiones finales al margen, da la impresión de que “Born In The 70’s” es ya un himno para ellos. Motörhead mediante, el público supo responder en la catarsis final y, quien más quien menos, se marchó con una sonrisa al término del set, guardando fuerzas para lo que estaba por venir en el entorno del Tsunami…
Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz