Dagäz nace en Barcelona allá por 2022 de la mano del músico de origen salvadoreño Daved Galdamez. Corre 2024 cuando ve la luz “De La Tierra”, obra de hard rock que supone la primera referencia de la banda. Un trabajo compuesto de doce cortes compuestos y arreglados por el propio Galdamez y que serían mezclados y masterizados por el productor Dax J Sosa. En enero de este mismo año ve la luz este “Ad Libitum”, segunda referencia del joven proyecto, y que fue producida por Xavi Jorge. Éste último ejerce además como batería. Lluis Ibáñez ejerce de bajista, Arnau Biret de guitarra solista y el propio Galdamez pone guitarra y voz. Son canciones que ahondan en culturas mayas, leyendas místicas e incluso una cierta crítica social…

Todo abre con una introducción difusa entre lo tribal y lo cinemático. Bien podría funcionar como prólogo a tu nueva pelí de aventuras favorita. Aquí lo hace para ampliar el impacto de una “Vence” con Dagäz apostando por un heavy melódico de vibras altas y latido clásico. Representa el corte más extenso del álbum, con un cierto aire a Iron Maiden, ayuda en ello el bajo de Lluis Ibáñez, pero con unos versos (a veces) un tanto atropellados. Me gustan esas guitarras dobladas que preceden al primer puente. La calma bien traída que desarrollan en él. Me agrada de igual manera el solo que dispone Biret. El cambio de ritmo y cómo la banda no malgasta nervio en el tramo final. Aún con sus cosas, considero una más que digna dupla inicial.
“Salvaje” recrudece a estos Dagäz con la pesadez de un riff inicial muy Accept. Con Marcos Cruz colaborando en voces, es un tercer corte sucio, directo, soportado por el buen equilibrio entre ambas voces. Me gusta no obstante el pulso más melódico que irrumpe tras estribillos. También el buen solo que sucede a continuación. Un corte que, siento, bien merecía algo más de esos apenas tres minutos que marca en el reloj, y que fácilmente podría recordar a mis paisanos de Bestia Negra.
“Amalurra”, diosa de la mitología vasca, personificación de la Tierra (wikipedia), puede ser fácilmente el otro gran corte de este segundo álbum. Arranca con aire tenue para, llegadas las primeras estrofas, vibrar cerca del hard melódico. Ahí el nombre de Rata Blanca acude a mi subconsciente casi en cada escucha. También el de Deep Purple o incluso el de Rainbow. Tiende un riff sencillo pero con gancho, buenos apoyos de teclado y alguna de las mejores voces de Galdamez en todo el disco. En su tramo final, sorprende con ese puente acústico primero, con la pequeña narración en euskera después. Quizá habría otorgado más peso al escueto solo de guitarra. Con eso y con todo una de las entregas más interesantes y personales de este “Ad Libitum”.
Dados los orígenes salvadoreños del propio Galdamez, uno entiende enseguida un aspecto lírico como el de “Homosapiens”. Todo un canto anti racista envuelto en hard / heavy disfrutón y donde Gilen Bengoa acompaña en voces al alma mater de estos Dagäz. Xavi Jorge pone el doble bombo, Bengoa las voces más agrias y todo se conduce sobre unos buenos colchones de teclado. De igual forma me agrada el solo de ese tramo final. Fácilmente uno de los más redondos de todo el álbum, en particular cuando adopta ese tono más neoclásico en su tramo final.
Si eres pobre o heredero nos espera el mismo agujero.
“¿Dónde?” viene entonces a poner la calma y el sosiego. A medio camino entre la balada y el medio tiempo, Galdamez va dejando sus registros más amables para un corte que se conduce por aquello que dicta el libro de estilo del género. A saber: la levedad de los primeros versos, esa construcción en crescendo durante las estrofas, los amables engarces entre estas y los estribillos. Un corte aunque amable en lo musical, no obvia una marcada crítica social en su lírica. Remata Biret con otra más que correcta labor solista.
La pequeña “Ad Libitum” que da nombre al disco consiste en una pequeña narración a la que pondrá voz Martín Núñez. Todo para que “Soy” recupere la cara más heavy y vibrante de Dagäz. De buenas estrofas y mejores apoyos de teclado en estribillos, puede ser el corte con más gancho de los once. Sin complicaciones ni pasos en falso. Funcional, con Galdamez haciendo una buena labor al micro, muy disfrutona y coronada por otro buen solo de guitarra. Puede que no me entusiasme pero ni mucho menos me aburre.
“Octubre 23” es otra entrega a caballo entre la balada y el medio tiempo, si acaso con Galdamez algo más exigido ahora en voces. Aquí y allá hay buenos aportes melódicos. Y si bien tampoco es que opere en contra de todo el conjunto, sí puede ser éste el tema que más sufre en todo lo relativo a producción y sonido. Sí me agrada, de todas formas, la fina sección solista de su puente. Dicho todo esto, cierto que “¿Dónde?” me resulta mucho más redonda.
“Xibalbä” representa la cara más heavy de Dagäz. Pero un heavy de fuerte poso melódico. Un cuidado prólogo da paso a unas estrofas que, por construcción, no me podría recordar más a los primeros (primerísimos) Mägo De Oz. Galdamez parece muy cómodo aquí. Ha compuesto otro corte ameno y sencillo. Trotón (buena labor de la base rítmica aquí) y bien ejecutado, que sería una buena despedida a este segundo largo… de no aparecer la outro final “Cuscatlän”.
Un álbum que merodea entre el hard y el heavy de factura clásica. Valga la redundancia. No sorprende por una gran producción pero, cuando brilla, ofrece cortes más que competentes. “Amalurra” incluso se atreve a buscarle las cosquillas al género, mientras que la balada “¿Dónde?”, la andanada más metálica del canto anti racista “Homosapiens” o el deje más Accept de “Salvaje” me parece que cumplen más que de sobra. Ni tan mal.
Texto: David Naves