As Life Burns cumple 15 años de trayectoria y lo celebra por todo lo alto el sábado 24 de febrero en el ovetense Gong Galaxy Club, estrenando nuevos temas. La fiesta contará con los langreanos Chamako Wey en el que será el primer concierto de su nueva formación.
El exterminador está de vuelta. La banda de black thrash, que ya pasara por estas líneas con el convenientemente afilado “Sharpen Your Spikes”, regresa ahora con un largo que hace el sexto ya para ellos. Tras varios cambios en el seno del grupo, Körgull The Exterminator lo forman a la hora de escribirse estas líneas Javi Bastard (bajo), Joe Bastard (batería), Mark Wild & Ghorth (guitarras) y Lilith Necrobitch (voces). “Built To Kill” ha visto la luz en formatos físico (CD) y digital a través de Xtreem Music.
“The Devil’s Sea” emerge desde profundidades abisales tras el pequeño guiño náutico de su discreta intro para conformar un primer corte pesado en su arranque y trepidante en su desarrollo. Que me agrada por el cuidado crescendo que habrá de conducir hacia las primeras (y fulgurantes) estrofas. Con Lilith a voz en grito sobre una base rítmica tan bastarda como siempre. El riff que adorna éstas, ese clásico subibaja, funciona a pesar de cierta sensación de déjà vu. Buen duelo solista en su tronco central, apoyado (ahora sí) en una serie de riffs que terminan por poner la guinda de una primera oferta en la más pura línea de la banda. Tan sucia y malencarada como cabría esperar.
Sin perder un ápice de fiereza, hay un deje en ciertos riffs de “Existential Risk” que me lleva a pensar, de manera casi inmediata, en los seminales thrashers canadienses Voivod. No es que la banda descabalgue hacia el metal enrevesado tan peculiar de los quebequeses, pero sí resulta lo suficientemente pronunciado como para disociar a este segundo corte del resto. Oferta esta más centrada, más directa, menos discursiva que su predecesora, con un Joe Bastard inasequible al desaliento. El solo sorprende aportando unos aires muy rockeros, resultando casi diría que perpendicular al tema que lo alberga. K.T.E. no parecen temer al juego entre géneros, algo que en mi opinión y siempre que se lleve adelante con pericia, es el caso, suma más que resta.
De “The Nine Circles Of Hell”, aporte más rácano de todo el álbum en lo que a duración se refiere, quizá podría esperarse una andanada de baterías desbocadas y voces agónicas. El quinteto opta sin embargo por introducir aquí su ya bien conocida querencia por las huestes del tristemente desaparecido Lemmy Kilmister, convenientemente aderezadas con una pulsión más cercana al punk que le viene como anillo al dedo. Lilith aprovecha además para deslizar una línea de voz que tiene mucho de aquél thrash primigenio que surgió a raíz del boom de cierta banda con un danés tras los parches. “The Nine Circles Of Hell”, no será el corte más avezado del álbum en lo que a composición y/o estructuras se refiere, por contra sí que resulta uno de los más memorables. Por la comentada labor de Lilith al micro pero también por una serie de riffs sobradísimos de gancho.
El tema título “Built To Kill” reconduce hacia territorios más marcadamente metálicos. Y sorprende con una estructura más ágil, no tan anquilosada, por donde se cuelan riffs que me llevan a pensar en unos Darkthrone post ”Panzerfaust”. El de Toxic Holocaust será otro nombre recurrente aquí. Especialmente en aquellas partes donde la batería de Joe Bastard alcanza velocidades más altas. Un corte hábil a la hora de descubrir las muchas facetas que caben dentro de una banda como esta. Mucho más poliédrica y diversa de lo que sugiere una escucha no lo suficientemente atenta. Por poner un pero, bien merecía algún solo más y mejor desarrollado. No obstante el trabajo melódico que la dupla Wild & Ghorth dibuja aquí y allá bien merece ser tenido en cuenta.
“In The Darkest Of Times” sorprende con ese prólogo por momentos casi épico. Pero lo hará aún más al despreciar ese arranque en pos de una andanada ardiente y furibunda. Körgull The Exterminator no se andan con zarandajas ni tonterías. Y aún así, qué interesante resulta el solo que adorna su tronco central, si bien siento que la mezcla opta, erróneamente, por colocarlo demasiado alto en relación al resto de líneas. En cualquier caso tema muy funcional a la hora de enseñar la cara más extrema y firme de los catalanes.
Me resulta casi inevitable pensar en los Sodom de Tom Angelripper siempre que alcanzo una “Exterminator” donde, de nuevo, la labor de Ghorth & Wild me resulta del todo encomiable. Situada en un lugar indeterminado entre la primera ola del thrash y el proto black más incipiente, con unos riffs que lo mismo recuerdan a Kreator que a Motörhead y una serie de solos de lo más llamativo, termina por resultar junto con “The Nine Circles Of Hell” el tema con más gancho de todo el largo.
“Night Of The Devil” traerá consigo un pulso más heavy. Pero es un heavy, claro, nada edulcorado. Sucio y rasposo. Aura Noir, primeros Celtic Frost, Venom, Midnight… Joe Bastard percute con cadencia casi marcial mientras el corte se desarrolla en base a un riff pétreo, casi anquilosado, al que adorna una faceta melódica de cariz lisérgico y alucinado. Igualmente alucinado, casi caótico el solo que precede al epílogo, y que bien podría haber firmado un ilustre en estas lides como el añorado Jeff Hanneman.
“Death To Human Race” recupera aquellas pulsiones más punkeras y proto-thrash de “Exterminator” para otra andanada sin grandes complicaciones ni tampoco mayores dobleces. Un canto a la desaparición de la raza humana destilado en infatigables dobles bombos y quizá la LilithNecrobitch más descarnada de todo el tracklist. Aprecio cómo la mezcla sitúa el solo en un canal permitiendo que por otro la base rítmica cabalgue a placer. Un solo que ocupará ambos canales más adelante con pequeños detalles de producción que contribuyen a mejorar el envoltorio final de un corte tan escueto como redondo.
“Ritual Suicide” acusa ya cierta repetición de patrones e ideas, lo que no quita para que la banda parezca echar el resto en lo que a ejecución se refiere. Extrema y decidida, sienta sus reales sobre una línea de batería si bien no original, sí ágil y diversa. Pero ya sea por lo escaso de su desarrollo, muy poco más de tres minutos, o por cierta reiteración en cuanto a construcción, lo cierto es que sobrevuela la idea de que otros cortes dentro de este “Built To Kill” rallan a mayor altura.
Sea como fuere, la final “Count Estruch” complementa al sexto de los catalanes albergando muchas de las buenas ideas que han ido yendo y viniendo a lo largo y ancho de los nueve cortes previos. Se yergue, eso sí, sobre una de las baterías más rápidas y violentas de todo el álbum, descerrajando blast beats y doble bombo como si los regalasen. Apenas toma aire en un llamativo puente que traerá la cara más atmosférica del quinteto. Pero es una atmósfera sin adornos. Nada de sintes ni trucos de salón. Solo guitarras, bajo y batería. Y sin embargo, qué diferente suena al resto del disco. Fantástico cierre.
Y es que desde que desaparece aquél pequeño guiño marítimo de su prólogo, el disco jamás se deshace del carácter orgánico de lo real. Todo resuena sincero y fiel a unas influencias que la banda y sus seguidores conocen bien. Thrash, algo de black, gotas de speed, pequeñas andanadas rockeras y los devaneos justos por otros territorios para que la escucha de estos apenas cuarenta minutos de metal agresivo y punzante jamás resulte aburrida. Cierto es que aquí y allá hay trazos o ideas con las que me cuesta más conectar. Pero en cualquier caso un álbum del que estar más que orgulloso y satisfecho. Los catalanes lo han vuelto a hacer. Ojalá tenerles por estas tierras más pronto que tarde.
Nuevo episodio de la serie de entrevistas por Edu Meier a rostros reconocibles de nuestra escena. En esta ocasión y continuando con la saga de fotógrafos asturianos el protagonista es Jorge López Novales, escritor, redactor para Diario De Un Metalhead y responsable del material gráfico en las últimas ediciones del concurso musical FestiAmas.
Edu: Así, para empezar. ¿Cómo empezaste a hacer fotografía de conciertos y qué te inspiró a especializarte en este género?
Jorge: Los heavys son muy dados a la militancia activa: fotógrafos, redactores, promotores… Hay algo que engancha y te va metiendo en el mundillo poco a poco. En mi caso, me gusta tanto retratar a alguien disfrutando en un escenario, como al público haciendo lo propio. Teniendo un carácter tímido (en serio), mi forma de relacionarme era hacer fotos. Aparte de que empecé a conocer gente normal con mis mismos gustos. No intentéis hablarme de futbol. A veces, se echa de menos ser un soldado raso en esto del metal. Disfrutar sin más de lo que suena, pero no creo que pudiera ya hacerlo.
No me considero fotógrafo. No me gusta considerarlo como un segundo trabajo; me daría una excesiva pereza. En su momento, no tuve más remedio que poner una marca de agua a mis fotos, y lo hice a regañadientes, cuando se empezaron a compartir fotos mías sin acreditar. También soy redactor, y en ocasiones combino las dos cosas. Al hacer fotos me resta cierta eficacia a la hora de escribir crónicas, al concentrarme sólo en lo que acontece en el escenario.
Pero vamos con la pregunta. A finales del año 2000 tenía cierto hábito de ir a conciertos. No de una manera muy regular, tampoco es que hubiera tantos conciertos en lo estrictamente heavy (o no era consciente de ello). En los años siguientes me decepcioné un poco con todo el asunto y dejé de moverme tanto. Digamos que he tenido algunos escarceos con la fotografía. Las primeras fotos que hice de un concierto, fueron en el concierto que hizo Avalanch en la Tizón en abril de 1999 (Gijón) en la presentación de su disco “Llanto De Un Héroe”. No fueron unas fotos al uso: apuntar y tirar de flash. Al revelarlas no quedaron tan mal. Supongo que esa cámara tuvo un mal final, porque no volví a utilizarla.
Mi primera cámara digital la compré en 2004 con mi primer sueldo. No era ninguna maravilla, pero algún concierto registré. Tendría que esperar a 2017, cuando fue la primera edición del Morgana Fest cuando compré una Canon 1300D de lo más básico animado por el bueno de Fredy Torres. Ahí empezó todo. Con perspectiva, lo podría llamar mi crisis de los cuarenta. Empecé a ir regularmente a conciertos. Tirando en automático era muy feliz, pero me procuraron unos años sin avances. De aquella, no tenía ni Facebook. Es más, la cuenta que utilizo ahora, es heredada de cuando mi mujer sacó su libro Olimpo del Metal. Origen, evolución y discografía del heavy metal en Asturias. 1980-2012, y que empezó a mover en 2014. Llegado el momento la renombre.
Empecé a trastear con las opciones manuales, consiguiendo alguna mejora. Trabajar con raw (con poca pérdida de calidad) era el paso lógico siguiente, y hacerlo con un mejor equipo también. Empecé a trastear con el brillo de las fotos, un poco con el color del propio visualizador de fotos. Y no sería hasta 2020 que empecé a trabajar seriamente con el Photoshop (todos tuvimos mucho tiempo). Nunca fui ordenado y soy incapaz de optimizar el uso de Lightroom. Es el momento en que empiezas a ver las costuras a la cámara y sabe qué puedes hacer con la luz que te ofrecen las salas. Recorrer salas a oscuras luego te ayuda a conseguir fotos más agradecidas en festivales y espacios más luminosos.
En 2019 empecé a trabajar en Diario de un Metalhead (Larry me hizo una oferta que no podía rechazar). Al principio quería salvar el metal, y las cosas me afectaban más. Era mucho más ingenuo que ahora. Ahora es evidente que no se puede salvar a todo el mundo; así que llega un momento en que uno debe escoger sus batallas; aparte de la agenda de cada uno. Ningún concierto es una pérdida de tiempo, es una excusa para avanzar. Y donde no llegue mi agenda estáis vosotros.
Ahora soy muy pesado con las redes sociales. Subo fotos sin parar, pero me obliga a trabajar editando fotos, la única manera de ver los defectos a gran tamaño. El feedback en las redes me ayuda a saber qué fotos tienen un poco más de repercusión. No ayuda mucho a mi “imagen” las famosas foto baños. Lo reconozco. Me divierte hacer ese tipo de fotos. Cuando deje de divertirme, en general, me quedaré en casa. Además, para mí forman parte del contexto, y tienen tanto valor como las que podría hacer de un escenario.
Edu: ¿Cuáles son los mayores desafíos que enfrentas al fotografiar conciertos, quitando los guardias de seguridad, y cómo los superas?
Jorge: Los fotógrafos buscan luz (el mayor desafío junto con el humo) y momentos únicos. ¿Otros desafíos? No llevarte a nadie por delante. Procuro ser educado en un foso, y mirar a los lados antes de moverme. Si todos se agrupan en el mismo extremo de un escenario, además de incómodo, es que están haciendo la misma foto. El público nunca es un desafío, por muy animado que esté un concierto. Nosotros somos el obstáculo que está en primera línea. ¿Guardias de seguridad? Si un concierto tiene alguna particularidad, se acuerda antes de un concierto. Son reglas sencillas.
Edu: ¿Hay algún concierto o artista en particular que haya dejado una marca en vuestro trabajo?
Jorge: Entre mis grandes influencias (suena demasiado pomposo) está Txen Yang y Maya C. Cañestro, unos todoterrenos de la fotografía. Saben exprimir la luz de cualquier sala sin perder un detalle. Ellos me dieron muy buenos consejos para avanzar. Incluso me han tenido que corregir sobre la marcha en algún concierto alguna barbaridad (agarrar un flash tapándolo mientras enfocaba o verme trastear con el visor de la cámara hasta quedarme con él en la mano). Luego está Iñigo Malvido, que sabe retratar como nadie las inclemencias de una sala o el devenir de un festival buscando el cuerpo a cuerpo con el público para conseguir la mejor foto. Y, por supuesto, Sergio Blanco, que apenas retoca sus fotos y sabe deificar cuando inmortaliza a los artistas. Puedes apreciar la grandeza en un gesto. También me gusta mirar perfiles de otros fotógrafos en redes sociales que han compartido noche conmigo en primera línea. Me gusta ver cómo afrontan lo mismos problemas que yo en salas oscuras o estudiar los planos por los que han optado. Si, hago espionaje industrial a José Ángel.
Edu: Finalmente. ¿Qué consejo daríais a aquellos que quisieran empezar a llevarse recuerdos en foto de los conciertos?
Jorge: No sé hasta qué punto son permisivas las salas, ahora, con las cámaras de gente no acreditada. Yo en su momento, nunca tuve un problema. No habría podido ni empezar. En cualquier marca un objetivo fijo de 50mm es lo más económico e interesante para empezar. Tirar siempre fotos en formato raw. Aunque no sepas trabajar correctamente con ellas, llegará un momento en que puedas hacerlo. Siempre es divertido editar fotos antiguas con un mínimo de calidad y que en aquel momento no había sabido ni por dónde empezar. Evitar flash en lo posible.
Edu: Gracias por compartir tu experiencia y conocimiento.
Si el festival lucense Valadouro Rock ya contaba con participación asturiana en su cartel, la fiesta de presentación que tendrá lugar el próximo sábado 17 de febrero no iba a ser menos, ya que tendrá a los avilesinos In-Sanityy Rock & Rockets, que acompañarán a los gallegos Chris Masuak& The Viveiro Wave Riders.
La cita de carácter gratuita tendrá lugar en el Pub Atalaya en Ferreira do Valadouro a partir de las 22:30 horas.
La ambiciosa 10ª edición del Karma Fest que se celebrará de nuevo en Pola de Laviana (Asturias) los días 27 y 28 de septiembre, desvela de una tacada 8 de las bandas participantes.