Ep kinki el que hoy nos llega de la mano del bajista Gus Suárez, el guitarra Quilo Zapico, el batería Rodrigo «Moy» Jiménez y la voz Pablo Zapico. Cuatro temas grabados en Turiellos, locales de la Asociación de Músicos del Nalón en abril de 2022 y posteriormente masterizados por el propio vocalista de la banda. Diseñado y dibujado por Quilo Zapico, todo queda en casa, el trabajo suena más o menos como sigue.
Es el bajo de Gus quien inaugura en “Frecuencia” este pequeño paso para los Kinkis. Arranque de sonido sucio, que economiza en riffs mientras desarrolla estrofas vivas y ágiles. Puede que no sea el estribillo que más me enganche de los cuatro. Cierto es también que el primer encontronazo con estos temas fue el directo y por ahí que su traslación al estudio llegue a perderse algo en lo que a energía se refiere.
Sea como fuere, “Sacrificios” se agazapa tras su extraño prólogo para derivar hacia unas tensiones más punk, si bien el corte acostumbra a fluctuar entre géneros casi a cada paso. Por ahí me agrada la gama de riffs que ha tramado Quilo, así como los bien disimulados cambios de ritmo. Cierto que la línea de voz avanza un tanto a trompicones. Y sin embargo, no son pocas las veces que me he sorprendido a mí mismo repitiendo ese “y quitarse de los vi-vi-vi-cios” cuando estrenaron el videoclip correspondiente meses atrás. Qué cosas.
Es “Nordeste” sin embargo la que más llama mi atención de las cuatro. Algo que no sorprende pues, en la mayor pesadez que despliega, pasa por ser la más cercana al metal de todo el Ep. La cabra, para no variar, vuelve a tirar al monte. Pablo está convenientemente más agrio y el resultado global, a ratos, me recuerda a sus casi vecinos de Dr. Nekro. Esa mayor aspereza alcanzará incluso al propio aspecto lírico, más oscuro, retorcido incluso, en esta tercera entrega.
Quizá como compensación tras ese pulso más pesado, oscuro incluso, “Puzzles” abraza sin medida un nervio decididamente más punk. Siempre sin perder el nexo de unión con el resto de cortes, pero a su vez descubriendo a unos Kinkis más vivarachos y también directos. Composición a ratos bipolar, que me agrada por la construcción de sus estrofas y cierra el Ep dejando al oyente más gruñón con ganas de más.
Es necesario vibrar en la misma frecuencia que la banda y quizá hacer algún sacrificio que otro para encontrarte en el punto cardinal exacto donde todas las piezas del puzzle terminan por encajar. Entre el punk, el rock y el metal, con una idiosincrasia muy asturiana, que bien puede recordar en fondo, que no en forma, a otro disco que pasara recientemente por estas líneas, “Perdón X El Retraso” de Ofensivos, lo cierto es que los Kinkis parecen proseguir aquella estela de los Destilería, Paco Jones y demás bandas de rock anclado entre la irreverencia y un punto de mala leche que nunca sobra. Ya contaban con nuestra curiosidad. Ahora tienen nuestra atención.
Repaso gráfico a la actuación de Angelus Apatrida en la pasada edición del Karma Fest celebrada en Pola de Laviana (Asturias) el sábado 23 de septiembre.
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Toda una faena salir entre los dos hipotéticos cabezas de cartel, Sôber y Angelus Apatrida, máxime cuando es la hora de la cena y mucha gente ha aprovechado para arrimarse a los distintos food trucks y reponer fuerzas de cara a la recta final de la noche. Así las cosas, cuando los ciudarealenses Celtibeerian se suben a escena, se topan de bruces con la ya consabiida frialdad del público asturiano en su máximo esplendor.
¿Hizo la banda algún esfuerzo por sacar al mencionado público del letargo? Pensamos que sí. Lo que no tenemos tan claro es que lo lograran. Que si bien por momentos hubo bailes y puños en alto, no fueron pocas las veces que el frontman Gus llamó al orden a la audiencia vista la pasividad de ésta.
Mientas deslizaban temas como la inicial “Spread The Fire” o la más apropiada, a tenor del entorno, “The Harvest Song”, lo cierto es que entre zanfoña, gaitas, flautas y elementos puramente metálicos, los manchegos rara vez alcanzaron a sonar todo lo nítidos que su propuesta requiere. Una pena porque ya digo que el empeño de la banda sobre las tablas a buen seguro merecía algo más de calor por parte del respetable. Pero por más que sonasen “Praise To The Vineyard” o “Fear My Beard” no hubo manera de levantar el vuelo. O la birra.
No fue hasta la dupla final, “The Booze Song” y, sobre todo “Looking For Beer” que la gente pareció salir del letargo, arrimada a un sonido que terminó por ser redondo al final del set y acompañó en volandas, por fin, a los folkies manchegos. Desde luego que no fue la noche más fácil para ellos y que los cambios en su alineación necesiten un mayor rodaje, pero desde luego les honra las ganas que le pusieron al asunto.
Con el público de vuelta y con el buche lleno, los albaceteños Angelus Apatrida salieron a insuflarle nueva vida a un festival que, durante el show de Celtibeerian, parecía abandonado al letargo. José J. Izquierdo al bajo, Víctor Valera en baterías, David G. Álvarez en guitarras y Guillermo Izquierdo en guitarra y voces vinieron a añadir una victoria más en su ya larga lista de visitas a la región para sorpresa de nadie.
Y es que mientras que el tiempo no demuestre lo contrario, Angelus Apatrida llevan tiempo instalados en una balsa de aceite desde la que ofrecen shows incomensurables como si la cosa resultase sencilla. Como si no costasen trabajo toda ese energía. La precisión con que ejecutan ese thrash vigoroso e incendiario. En un mundillo donde nadie regala nada, los manchegos se han labrado con honores un nombre en la escena thrash estatal y a cada verano que pasa, también en la internacional.
No ha lugar al parpadeo. Desde “Bleed The Crown” y con el que seguramente fuera el sonido más redondo de toda la jornada, casi increíble cómo se distinguían todos los elementos presentes en la mezcla en lo que pareció poco menos que un ejercicio de funambulismo sonoro. Todo apoyado por un Víctor Valera que vendría a dar poco menos que una lección magistral sobre como aporrear una batería con clase pero también con contundencia.
Así fueron cayendo temas. Entre ellos un “Indoctrinate”, favorito absoluto de los manchegos, entre otros como “Vomitive” o “Childhood’s End”. El setlist, en realidad, da un poco igual. La gente se lo pasó en grande y montó circle pits y pogos casi a cada tema que sonó por los altavoces. Entregados en cuerpo y alma a la que, hoy por hoy, es de largo una de nuestras bandas de metal más relevantes tanto aquí como fuera. Algo que se han ganado a base de trabajo y que desde luego nadie salvo ellos mismos les podrá arrebatar.
Mediado el show, “We Stand Alone” tiene mucho de declaración de intenciones:
“We Stand/ All Alone/ We Stand/ Forevermore”
… porque ese parece ser el leitmotiv que impulsa al cuarteto desde siempre, por más que el corte pertenezca a su último trabajo de estudio. Penúltimo cuando vea la luz “Aftermath” dentro de poco menos de un mes. Algo que el propio Guillermo se encargó de recordarnos varias veces durante la noche, así como la próxima cita en suelo asturiano, la que habrá de tener lugar en la Sala Acapulco el dos de diciembre. La máquina no se detiene más que para coger impulso.
“Give ‘Em War”, “Sharpen The Guillotine” van finiquitando un show que, prácticamente, no ha tenido dobleces. Apenas un guiño de David al próximo álbum de la banda y las inevitables pausas para afinar guitarras. Más allá de eso, la imparable apisonadora a la que nos tienen acostumbrados. “You Are Next” supondría el inevitable final de otra gran noche para ellos. A día de hoy una apuesta segura, un rodillo que te pasa por encima con una fuerza apabullante. Se nos agotan los calificativos. Desde aquí desearles lo mejor cara al gigantesco tour por suelo europeo que tienen por delante.
Si ya de por sí no era empresa fácil salir a escena tras el bolazo de la apisonadora albaceteña, menos cuando la tecnología te da la espalda y no permite llevar a cabo tu descarga con normalidad. Vino a ser el caso, precisamente, con la banda que lidera el propio organizador del evento. El destino, a veces cabrón y desagradecido, quiso de esta manera recompensar las incontables horas de trabajo de Mikel al frente de una nueva edición del Karma Fest.
Casi la una cuando la banda de metalcore irrumpe al fin sobre las tablas. Tales eran los problemas que lo harían inicialmente sin bajista, más tarde haría irrupción en el escenario un infatigable Willy Rodríguez (Where The Waves Are Born, Ariadne) para sorpresa de gran parte de la audiencia. Y es que cuando las cosas se tuercen no hay nada que hacer. Podría deducirse de mis palabras que el bolo resultó decepcionante. Si acaso en duración, apenas veinte minutos, pero desde luego no en fuerza y ganas.
Porque As Life Burns supieron impregnar del debido mal café una “We Are Animals” que, tras la larga espera, nos supo a gloria. Además la banda jugaba en casa y se notó en cuanto a reacción de un público, no vamos a mentir, mermado en número tras la descarga de Angelus Apatrida.
Mikel y los suyos terminarían por reducir el set que tenían previsto como deferencia al par de bandas que restaban por salir. Algo que tratándose de, como decimos, la banda del organizador del sarao, no deja de parecernos un detallazo. En amistosa charla con el bueno de Fran Rubio, ambos vinimos a coincidir en que pocos organizadores habrían tenido el detalle. Vaya por tanto desde aquí nuestro aprecio por el gesto y la mejor de las suerte en futuras citas. Desde luego la merecen.
Así las cosas, había cierto runrún previo a la salida de Bonecarver a escena. Los madrileños, anteriormente conocidos como Cannibal Grandpa, vendrían a poner la nota más extrema de la jornada con su deathcore de guiños sinfónicos. Con dos discos en el mercado, aquél “Evil” de 2021 y el más reciente “Carnage Funeral”, ambos editados por el macrosello estadounidense Unique Leader Records, algo tendrá el agua cuando la bendicen, nadie esperaba ningún tipo de sutilezas por su parte.
Fernando Del Villar, a la sazón voz de un cuarteto que a día de hoy opera sin bajista, y que si nuestros datos son correctos completan Rubén Contreras en baterías junto a Alex Tena y Alberto Bravo en guitarras, vino a mostrar en Pola de Laviana una gama interminable de guturales, chirridos y pig squeals que a buen seguro hicieron las delicias de más de un vecino de la localidad asturiana a las altas horas en que se desarrolló su descarga.
Pero gustos del público al margen, no todo el mundo tiene por qué gustar de las andanadas extremas de los madrileños, lo cierto es que fueron una incesante trituradora de cuellos desde que la inicial “Revolver” se hizo carne y habitó en nuestros ya fatigados cuerpos. Eran más de doce horas las que algunos llevábamos al pie del cañón y desde luego se notó. Si la edición de 2024 sigue por estos derroteros habrá que considerar seriamente la ingesta de bebida energética por vía intravenosa.
Pero hablamos por nosotros, claro. Lo cierto y verdad es que mientras descargaban blast beats incesante y riffs capaces de derribar edificios enteros cual aeroplano en septiembre, no fue poca la gente que se quedó a altas horas decidida a hacer frente al cansancio y disfrutar de los habituales pogos y circle pits. “Overtorture” reza uno de sus cortes. Y tanto que sí.
Como reza el dicho: “no habrán inventado el pan, pero desde luego saben como hacer buenas tostadas”. En lo personal fueron otro de los grandes aciertos de esta edición, si bien entiendo que su propuesta le resultase intragable a más de uno.
Si nada agradable fue doce horas atrás (se dice pronto) la tarea de abrir, menos lo es la de echar el cierre. Papeleta que, por pura agenda, vino a recaer en la banda de Puerto de Vega Aneuma, a quienes habíamos visto apenas cinco días antes dentro del marco del Oviedo Rock.
Como ya sabréis, al quinteto que lidera Laura Alfonso le tenemos declarado aprecio. Su primer álbum pasó por estas líneas e incluso estuvimos presentes en aquella primera descarga en la gijonesa Ángeles y Demonios. Desde entonces que hemos venido siguiendo y relatando cada paso dado por la agrupación melodeath asturiana, su paulatino ascenso y esa sensación de promesa con visos de realidad dentro de la escena regional.
Borja, Abel, Jorge y Pau acompañaron a Laura desde un arranque, ya clásico en ellos como es “Fall Apart”, en el que las guitarras no llegarían a sonar con la claridad que muchos esperábamos. Con la claridad con la que, sin ir más lejos, habían sonado el pasado lunes en la capital. Y dio lo mismo porque a pesar de un día de lo más ajetreado para ellos, de las altas horas que eran (pasadas las 2:30) supieron suplir con ganas cualquier deficiencia en cuanto a mezcla o ecualización.
Con el sonido ganando ciertos enteros y aunque nunca llegase a ser todo lo óptimo que nos hubiera gustado, “Creatures” pondría la nota más oscura mientras Laura se desvivía por animar a una audiencia que bien parecía inasequible al desaliento y al cansancio. Bien es sabido, porque lo conté en la mencionada reseña del álbum, que la segunda mitad del mismo se me hace un tanto cuesta arriba. Y sin embargo, no niego que disfruté de la encarnación en vivo de una “Stand Tall” con Abel acompañando a Laura en tareas vocales.
“Creatures” sí que pienso funciona tanto en su versión del álbum como en una traslación al directo que sabe sacar no poco jugo de su ágil cambio de ritmo, con Jorge haciéndose grande tras su batería y Angelus Apatrida sin perder detalle de la descarga de la banda. “Ashes Of Your Fears” y ese pulso más melódico es otra que nunca falla.
Pero el Karma había que despedirlo a lo grande y qué mejor que dos rendiciones de un par de bandas seminales para el metal extremo: Carcass y Death, un “Evil Dead” con el que pondrían fin a la, hasta ahora, edición más ambiciosa del evento. En manos de los organizadores está el mejorar lo de este año. Tarea harto difícil si nos preguntan.
Sarna con gusto no pica, dicen. Lo cierto es que fueron muchas las horas que demandó la más reciente edición del festival lavianés. Más de trece desde que entramos por la puerta hasta que salimos por ella rumbo al merecido descanso. Con un montón de nuevas experiencias bajo el brazo, amén del habitual repaso fotográfico y esta crónica por capítulos que, esperamos hayáis leído, compartido y disfrutado.
Igualmente, no nos gustaría cerrar sin agradecer a la organización del evento todas las facilidades, ni tampoco mandar un saludo a los muchos músicos, amigos y fotógrafos con los que departimos en algún momento a lo largo de la jornada. Sois muchos para mencionaros a todos y ya sabéis lo que opinamos de las listas interminables. Nuestros mejores deseos para la edición del año próximo y el deseo, como siempre, de que nos volvamos a ver pronto.
Repaso gráfico a la actuación de Chabacanos el viernes 27 de septiembre en la Sala Ángeles y Demonios de Gijón con motivo de la presentación en vivo de su álbum debut «Gruñidos«.
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La formación hard rockera Budasam se convierte en la primera banda confirmada para la próxima edición del festival Rock In Ria, que tendrá lugar el sábado 10 de febrero en la Sala Malecón de Avilés.
Los de Bilbao presentarán su nuevo disco de estudio «Nada Es Para Siempre» autoeditado el pasado mes de abril.
Nueva y multitudinaria edición del Karma Fest, con nada menos que once bandas, y que vino a reunir en tierras lavianesas a una más que amplia representación de las actuales escenas tanto asturianas como estatales. Acribillados por el sol durante el día, ateridos de frío durante la noche, lo cierto es que salvo errores puntuales, inherentes a este tipo de eventos, organización y demás entidades responsables del evento pueden estar hoy más que contentos. Si además sumamos la buena entrada registrada, particularmente y como siempre ocurre, toda vez las bandas grandes hicieron acto de presencia, a día de hoy se podría decir que el Karma Fest parece en la recta de salida de cara a logros aún mayores. Pero vayamos por partes.
Como siempre que no hay inconveniente y los idus nos son propicios, acudimos más bien pronto al recinto. Toda vez recogidas las obligadas acreditaciones e inspeccionada el área, sito en la edición de este año en el emblemático Prau de La Chalana, “marco incomparable” que diría luego Carlos Escobedo, desterrando así la maldita grava de hace ahora un año, con nuestros pies descansando sobre un “true asturian prao”, la verdad es que el cambio de ubicación supone un plus enorme. También las mesas donde sentarse a la sombra, junto a las infaltable zona de merch, los ya tan comunes food trucks y el detalle de las recargas en la pulsera, que ahorra líos con monedas de festival y demás. Dado mi cada vez más incipiente síndrome de Diógenes, juraría que aún conservo las que se quedaron sin gastar del año pasado.
Lo difícil es acertar a la hora de confeccionar un cartel. El de la última edición del evento apostó de manera muy fuerte por el eclecticisimo. Bandas de todo signo y condición desfilaron por Pola de Laviana, lo que creemos de alguna forma contribuyó a hacer más interesante la jornada. Llevadera incluso. Dicho todo esto, entremos de una maldita vez en materia.
Si ya de por sí es complicada la tarea de abrir un evento, te vas a comer todos y cada uno de los errores con los que nadie contaba, no digamos ya la de una jornada como la del sábado, con nada menos que diez bandas detrás. Nuevecondiez, ahora con el ya ex-EdénEneko Ramos plenamente integrado en el seno de la banda, salieron con la garra callejera que les caracteriza dispuestos a ser el mejor de los arranques para una cita que se preveía poco menos que maratoniana.
Con el siempre carismático Fran Rubio al frente, los vencedores del FestiAmas de 2020 nos dejaron su rock callejero, a ratos limítrofe con el metal, revelándose como una primera buena piedra de toque cara a lo que se nos venía encima. Porque “Todo Se Pudre” menos su amor por el rock and roll. Y aunque fueran una de las propuestas más perpendiculares al espíritu del certamen, si es que existió tal cosa, lo cierto es que si el sol apretaba o el público aún era escaso, pareció no importarles.
Era su media hora larga de set y se la iban a beber a tragos. Porque el caso es que tienen buenos temas. De hecho su último disco, aquél “Tú, Yo y El Fin Del Mundo” no nos causó mala impresión en su día. De él extrajeron la más metálica “00:00 y Piko”, arrimándose por ahí a los gustos de una audiencia que, ya decimos, entraba todavía muy a cuentagotas en el recinto.
Para nada “Insignificantes”, pertrechados tras una segura base rítmica en la que ahora encontramos nada menos que a todo un Marco Álvarez (ex-Avalanch) y revestidos por los siempre lúcidos solos del guitarra Fran Jiménez, desde aquí honestamente pensamos que cumplieron con una tarea ardua y desagradecida como pocas. A buen seguro nos volveremos a encontrar en condiciones más propicias.
Los siguientes en salir a escena serían los black metaleros de tierras getafenses Murmur, de cuyo álbum debut dimos cumplida cuenta allá por marzo de este año, y que en ahora en formato quinteto y parapetados tras unos curiosos ropajes blancos, vinieron a defender, a pleno sol y como gato panza arriba ante una audiencia algo distraída.
Porque una cosa es lo que servidor piensa del set de los madrileños. Concisos y precisos como se les exigía, derrochando un black peculiar, que destierra en gran medida el socorrido blast beat en pos de una esencia más tendente incluso al doom, haciéndose fuertes en la creación de toda una serie de atmósferas que, a las cuatro de la tarde, a poco estuvieron de caer en saco roto.
Ya digo que en lo personal los disfruté, si bien entiendo que por horario su propuesta se le hiciera cuesta arriba a los menos iniciados en el género. Tampoco hizo mucho por ayudar la ya bien conocida frialdad del público astur. Tan pasional en la entrega como gélido en la incertidumbre.
En cualquier caso y pese a los negacionistas que pudiera haber, Beatriz Benett cumplió sobradamente tras el micro, desplegando con clase todo el desgarro y furia que uno puede encontrar en el más que interesante “Pvtrefactio” del pasado año. Mucha clase y diversidad en los riffs de Teterycz y a término de su actuación, al menos en mi caso, la necesidad acuciante de verles pronto en circunstancias más propicias al tipo de black metal que desarrollan.
La tarde parecía más de cara para unos Sylvania cuyo heavy / power metal no parecía, a priori, mermado en igual medida por el astro rey. Ya con la figura de Alberto Sÿmon (ex-Nocturnia) integrada de pleno derecho en el seno de la banda valenciana, salieron a hacer suya una plaza que empezaba a registrar ya mejor color.
“Sangre, Sudor y Lágrimas” parecía una buena piedra de toque, si bien las guitarras sonaban algo bajas al paso por las primeras estrofas. En lo personal no soy la persona que más conecte con el tipo de metal que desarrollan, pero mentiría si dijera que no tenía ante mí a público de lo más diverso pasándolo en grande con melodías pegadizas y la técnica desarrollada por los valencianos.
Es innegable que cortes como “Luna Quebrada” les funcionan. Sÿmon dio la impresión de llevar toda una vida a los mandos del quinteto y sus seguidores, de haberlos, dudamos salieran decepcionados de un set que la banda hubo de acortar por la tiranía que imponen los horarios. Les honra el detalle, “que prime el compañerismo” dijeron, pues no son pocos los kilómetros que separan Valencia de Pola de Laviana.
“Lucharé Por Lo Que Junto A Ti Soñé” reza parte de la letra de esa “Vivo En Tu Memoria” con la que se despidieron. A tenor de lo visto, no nos queda la menor duda.
Enésimo cambio de rumbo en el discurrir del cartel, esta vez el que supuso una nueva descarga de una del par de bandas locales, los ya clásicos metalcore asturianos Teksuo, siempre con Diego al frente y que vinieron a poner la nota más contemporánea a una tarde en la que el sol todavía era de justicia que diría un clásico.
Pequeños problemas durante la prueba de sonido estuvieron a centésimas de arruinar el buen comienzo del set. Sea como fuere, cuando los de la cuenca del Nalón salen a escena a eso de las 17:20 horas, todo parece en perfecto estado de revista. Su metalcore melódico es bien conocido por los habituales del festival. Auténticos pioneros del género en la región y banda capital para cualquier fan del metal de nuevo cuño. Que a tenor de lo visto, no eran pocos.
El tiempo pasa y aquí sigue Diego Teksuo al frente de su banda madre. En Laviana vino a demostrar toda su gama de registros habitual, yendo de la crudeza de las estrofas a los tonos altos de los estribillos con la seguridad de siempre. No es que sea alguien a quien llamar ya veterano pero lo cierto es que por él parece no pasar el tiempo. Un vocalista de no pocos quilates, cabe decirlo, más allá de que el tipo de metal que desarrollan pueda gustar más o menos.
Tanto o más podría decirse de las habituales pistas pregrabadas sin las que su música no sería la que es. Se dejan notar ya desde la inicial “Forever Endless”. Siempre secundado por el dúo David & Rafa en guitarras y con la ayuda para la ocasión de Luis Vázquez a la batería, Teksuo acabarían por sacar adelante un show que se llegó a intuir gafado al inicio para acabar siendo finalmente uno de las que mejor sonido dispuso a lo largo de la jornada, apenas por debajo del par de bandas grandes del cartel.
Una grandeza, hablamos de reconocimiento claro, hacia donde parecen apuntar los chicos de Dünedain, que ya en nuestro anterior encuentro con ellos, mayo del pasado año, nos habían dejado un gran sabor de boca en el marco del tercer Desván Fest. Sin inventar la pólvora, ni pretenderlo tampoco, los de Madrigal de las Altas Torres fueron una de las experiencias más entretenidas de la jornada. A menos a juicio del aquí firmante.
Porque en la figura de Carlos Sanz parecen haber encontrado la pieza que les faltaba y se nota. Compartiendo tareas vocales con Tony, acompañados del inquieto Alberto P. Velasco al bajo y si el sonido acompaña como fue el caso, todo sale a pedir de boca para ellos.
Y es que no era poco el público reunido frente al escenario cuando irrumpen con “A Un Paso Del Cielo”, que parece es a donde se dirigía parte de la audiencia a tenor del recibimiento brindado a los de la meseta. Con el sol apretando de lo lindo, insistimos en esto, hacía verdadero calor para una tarde asturiana de finales de septiembre, la banda liderada por Tony Dünedain siguió inmersa en su ya conocida mezcla de heavy metal vigoroso y/o power metal dulzón, encandilando a todo aquél que se dejase arrastrar.
Aunque si hay un corte que logra llevarse el gato al agua en este sentido es “Vuela”, agigantado y de qué manera con respecto a su versión de estudio. Porque esa es la cosa con Dünedain: por el tipo de metal que practican podrán enganchar o repeler, pero nadie puede negar el verdadero animal de directo que son a día de hoy. Dicho de otro modo: te podrán gustar o no las matemáticas, pero dos y dos siempre van a ser cuatro. Podrán darles “1000 Golpes” que ellos seguirán adelante. Eso sí, esperemos que ya sin la tan recurrente como odiosa rima “camino/destino”.
Tony Dünedain puede haber delegado tareas vocales tras la llegada de Sanz como decía. Pero cuando afronta su cometido tras el micro lo hace con seguridad. Fuerza incluso. Lo dicho, atraviesan un momento dulce y deberían de ser un fijo en las agendas de todo buen fan del metal melódico que se precie. Por puesta en escena, ganas y conexión con el público. Una banda en clara línea ascendente.
Desde luego que no era poca la expectación previa a la salida de Carlos y Jorge Escobedo, Antonio Bernardini y Manu Reyes, qué pegada la tuya amigo, al escenario del Karma Fest. Una banda a la que hemos visto a menudo por Asturias en los últimos tiempos pero que siempre responde. Empezando por el gran sonido que despliegan, la mezcla fue una vez más rayana en lo impecable, siguiendo por un Carlos Escobedo que roza el medio siglo pleno de facultades y energía, y terminando por la bien conocida elegancia del dúo guitarrero de toda la vida.
Siento mucho insistir en la frase tópica pero es que más allá de que gusten o no, esa salida con “Sombras” borra todo atisbo de dudas. Ya con el sol dando tregua, ocultándose poco a poco tras las preciosas montañas a nuestras espaldas, éramos bienvenidos a un infierno del que no querríamos huir. Para servidor, que en su día escuchó “Morfología” hasta casi la extenuación, encontrarse tantos años después con “Cubos”, situada además tan pronto en el setlist, generó toda una riada de sensaciones que bien iban desde la nostalgia por el tiempo pasado hasta el gozo por el gran show que teníamos por delante.
Público entregado a una banda ejerciendo de cabeza de cartel con todos los galones. Pero hay que hablar de Manu Reyes y el impulso que les brinda a estos Sôber. Y es que pocas bandas del género, al menos dentro de nuestras fronteras, podrán decir que cuentan con un batería de pegada semejante. Reyes es de esa cada vez más rara estirpe de percusionistas que ejecutan cada golpe con temor de que pudiera ser el último. Mejor forma de honrar la memoria del tristemente fallecido Alberto Madrid, no se nos ocurre.
Pero nostalgia al margen, ahí está “Tic Tac” para traernos de nuevo al presente. Al término del show de los madrileños, hubo comentarios al respecto del set elegido por Escobedo y los suyos. Al final y vuelta a tirar de tópicos, siempre va a haber debate al respecto a poco que tengas una discografía tirando a amplia, como es el caso, para más inri llena de clásicos. Entre las más coreadas de la parte central del show cabría destacar “El Día de la Liberación”, con el Carlos más poderoso de la jornada en tareas vocales. Ya iba todo sobre ruedas para entonces, pero de pronto encadenan “El Hombre De Hielo” con “Arrepentido” y Pola de Laviana poco menos que se viene abajo.
A modo de anécdota podemos dar fe de que Pablo y Víctor García (Warcry) se encontraban en el recinto, si bien esta vez no hubo la esperada colaboración, como sucediera en aquella fría noche de noviembre de 2022 en Oviedo. En cualquier caso, en una “Nube” estábamos ya algunos, acercándonos a pasos agigantados a un final en el que no pudo faltar, huelga decirlo, la canónica “10 Años”. A término se sucederían las presentaciones y los solos, con especial relevancia para el protagonizado por Manu Reyes. Por pegada pero también por la forma en que se alejó de los desempeños más populistas y/o tribuneros que realizan algunos de sus homólogos en el cargo. Clase hasta para eso.
El cierre se le otorgó esta vez a “Loco” aquella lejana pieza que nos hizo a muchos fijarnos en la banda madrileña hace ahora la friolera de veinticinco años, que se dice pronto. Bolazo si nos preguntan, como por otro lado viene siendo habitual en ellos cada vez que pisan estas tierras. A por otro cuarto de siglo, señores.
El festival portugués Milagre Metaleiro Open Air anuncia las primeras bandas que formarán parte de su 15ª edición que tendrá lugar del 23 al 25 de agosto de nuevo en Pindalo Dos Milagres.
Las primeras cinco bandas confirmadas son KORPIKLAANI, uno de los mayores exponentes del folk metal internacional estará en el festival el 24 de agosto. El death metal sinfónico de FLESHGOD APOCALYPSE tendrá su hueco en cartel el 23 de agosto. La banda italiana regresará a Portugal veintitrés años después de su única visita. Por su parte los riojanos TIERRA SANTA estarán en el MMOA el 25 de agosto. La cuarta confirmación supone el debut en el país vecino de los italianos STORMLORDque actuarán el 24 de agosto. Con más de treinta años de carrera, los italianos ofrecerán su particular fusión de black metal sinfónico y power metal. La última confirmación por el momento son SERRABULHO!, banda portuguesa de party grind que cerrará el MMOA el 25 de agosto. Abonos de 3 días a la venta por 40€ hasta el 30 de noviembre a través del siguiente enlace: miraculometaleiro.eu.
Apenas unas horas para la tercera parada en los escenarios asturianos de la banda hardcore brasileña Worst. La cita con la formación capitaneada por el batería Fernando Schaefer (Korzus, Rodox) será el martes 3 de octubre en la ovetense Lata de Zinc con los locales Mantra como invitados.