Crónica: S.O.C.S. + The Magus (Gijón 26/10/2024)

Dos maneras muy distintas de entender el rock and roll. La cara más hedonista y soulera de The Magus frente a la más introspectiva y alternativa de State Of Crime And Science (SOCS), se dieron cita en el Tizón como eficaz antídoto al dichoso clásico. Un par de formaciones más que interesantes dentro de nuestra escena y una cita que no nos queríamos perder.

Rock’s For Pussies” abrió así la fiesta ante una tímida entrada. Ouleia se desvivió al micro desde las primeras acometidas y la banda sonó tan bien como acostumbra. Se pueden decir muchas cosas del Tizón. Esa perpetua luz roja que ilumina el escenario. Pero en lo referente a sonido rara vez sale uno decepcionado de la coqueta sala gijonesa. Sin solución de continuidad, “Type 2” entrega la cara más vacilona de la banda y, pie al cry baby mediante, también un buen solo del Malverde Tamo. “Fester” sería la última de esta primera arremetida de la banda. Disfrutones y muy en forma. Asentándose concierto a concierto como punta de lanza del mejor hard rock de la región.

Ouleia no se olvidó de agradecer la presencia a los más pequeños. Y si el gusanillo pica, eso que habremos ganado. “Like A Hammer” sonó más desértica a ratos. Sin abandonar el nexo que la une al resto del set pero de pronto alzándose con una personalidad más afianzada. Y mientras que “Pills” descubre a (quizá) la mejor cara de su frontwoman, “Dead Eyes” calma los tempos para dar una muestra más de la propia versatilidad que atesoran. Se dejaron sentir los coros de Laria en una “Bother” en la que la gente acompañó con las palmas. Éramos pocos pero había ganas de romper con los rigores de la rutina y disfrutar de un poco de rock and roll.

The Magus responden entregando uno de los cortes más enérgicos del set, no otro que “Woman”, con la base rítmica de Bronco y el mencionado Laria aportando el debido empuje. Ouleia preguntó a Tamo si había traído el slide. Este respondió afirmativamente y procedió a dibujar el que sería, a la postre, uno de mis riffs favoritos del set, no otro que el de “Weirdo”. Y no me quisiera olvidar de Ernesto, el siempre aplicado guitarra rítmica del quinteto y, Ouleia al margen, el Magus más animado de la noche. Para el final quedaron la estupenda “Punished By God” y una “Shinin’” que daba título a su último álbum con la vocalista reconociendo que se trataba de su favorito del mencionado trabajo. De nuevo una buena versión de la banda. Uno de nuestros secretos mejor guardados. Esperemos que para cuando algunos se enteren no sea demasiado tarde.

State Of Crime And Science, o SOCS, son un animal bien diferente. También con voz femenina al frente. También en proyección de cotas mayores. Algo que demuestra ya lo enchufados que se les ve en el primero de los cortes, no otro que el homónimo estrenado hace unos días en su canal de Youtube. Mientras escribo esto, y perdonen que me vaya por las ramas, supera las quinientas visualizaciones. Muchas menos de las que merece, si me preguntan.

Divagaciones al margen, la banda se presentó sin novedad sobre el escenario del Tizón. Les teníamos relativamente recientes, aquél concierto en La Traviesa (Infiesto) allá por el mes de julio (crónica) pero el set del sábado poco tuvo que ver con aquél. Para “Lost” ya vemos a Osana desviviéndose por meterse a la gente en el bolsillo. Insisto a riesgo de parecer pesado, el escenario de la sala no da para muchas alegrías. Pero la vocalista de SOCS pareció en su mejor forma el pasado sábado. Aprovechó la banda para ir deslizando temas nuevos y que irán dando a conocer de manera periódica. Uno de ellos, ¿Puede ser que se llamara “Last Day”? es fácilmente uno de los más intensos que les recuerdo. Arrimándose al metal sin por ello abandonar su propia esencia. Estupenda.

Arrinconados en uno de los laterales, Víctor Pérez y Marc Segond pusieron de relieve una noche más lo bien que se complementan sobre las tablas. La clase de uno, el nervio del otro, conforman una dupla de lo más personal y reconocible. Volviendo al territorio conocido, no faltó “Through The Mirror”, una de las favoritas de quien escribe y donde la banda alcanza mejor sonido de toda la noche. Osana no se quiso olvidar de pedir un aplauso para The Magus, amén de mostrar su cara más desgarrada en una “Release” que ganó en aridez con respecto a ocasiones precedentes, y que contrastó con otro corte de nuevo cuño, que en una primer contacto me dejó un regustillo a post-grunge de lo más agradable. Estupendo riff aquí y muchas ganas de que estos temas se vayan dando a conocer en sus redes.

La propia vocalista nos contó cómo surgió “Hole”, dichosa pandemia, con un Iván Fernández siempre confiable tras los parches. La banda engancha entonces dos temas en castellano, siendo el primero el estupendo “Tanto Por Hacer” (que me recuerda a los más de cien discos que tengo pendientes ahora mismo) y otro que habrá de salir en próximas fechas. Este último, igualmente intenso, ya fue dando muestras de por dónde pueden ir los tiros del próximo Ep. Si la idea era crear expectativas, desde luego dieron en la diana. En “Should I?” no faltaron unas ¿improvisadas? presentaciones, mientras que el cierre llegó mediante un “Come As You Are” de Nirvana convenientemente adaptado al imaginario SOCS. Si una palabra les define esa es regularidad. State Of Crime And Science, nos los hemos cruzado unas cuantas veces, rara vez fallan. Si su nuevo trabajo trae aparejado un paso hacia delante para ellos tened por seguro que seremos los primeros en alegrarnos.

En resumen otro buen sábado de rock and roll. Saludar y agradecer a ambas bandas y a la buena gente del Tizón las facilidades dispuestas de cara a la realización de esta crónica y mandar sendos saludos a Noel Llamazares (Expropiazión, Metalversion), Javier De Coupaud (Mad Rovers, Last Days of Eden) y Jhonny Liver (Caballo Moldavo) y ya saben: nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: Totengott + Marthyrium (Oviedo 19/10/2024)

Presentación por todo lo alto en el Gong Galaxy Club del tercer largo de los asturianos Totengott. Acompañados para la ocasión por los ferrolanos Marthyrium, ambos tríos supieron reunir una más que aceptable entrada en la noche del sábado 19 de octubre.

Armados con la seguridad que da venir con el estupendo “Through The Spheres Of Darkness” bajo el brazo, los gallegos Marthyrium emergen de entre las sombras justo cuando los relojes marcan las 21:00 para pronto arremeter con esa “Sightless” del mencionado segundo trabajo. Tharngrist, voz y guitarra, ejerció de punto focal de la banda. Los largos desarrollos, las disonancias que implementan a su bien conocido black metal, pilló con el pie cambiado a más de uno.

Y es que la recepción que tuvieron fue algo fría. No así su desempeño sobre el escenario. Con Balc (Balmog) ayudando en coros y más aún desde las cuatro cuerdas, no se echó en falta una segunda guitarra salvo en momentos muy puntuales del set. Las modestas pero elegantes pistas pregrabadas acompañaban al trío. Nunca como baza principal pero ocupadas en aportar el grado justo de atmósfera. Inapelable labor de Cannibal en baterías. Después de todo, cortes como “Rebirth In Death” así lo exigen.

Desde luego no la banda más activa arriba de las tablas. Tampoco la que más tiempo pierde en interactuar con la gente, más allá de algún puño en alto en determinados momentos del set. Tampoco es que lo necesiten. El público asturiano terminó por entrar en su particular forma de entender el black metal y la banda dio lo mejor de sí en unos cuarenta minutos de puro nervio e intensidad. Un lujo.

Turno para que Totengott presentaran un “Beyond The Veil” del que dimos cumplida cuenta allá por el mes de julio (reseña). Armados con nueva escenografía, esos dos paneles que adornan sendos laterales del escenario, amén de las distintas osamentas que coronan la parte frontal del escenario, “Chou” Saavedra se enfundó una noche más su capa negra y todo cuajó para ver una estupenda versión de los asturianos.

Una potente luz roja nos da la bienvenida. Firme con el doble bombo, José Mora nos recibe en una “Inner Flame” que da testimonio de la cara más acelerada del trío. Es un arranque atronador. Al menos en las primeras filas, el grosor que deriva de su propuesta, aún en un tema descosido y vibrante como este, ya da visos de la que se nos viene encima. Con el bajo de Nacho ganando en poso y presencia, la banda parece de lo más enchufada. Después de todo, un buen disco como este no se presenta en casa todos los días. De ahí que los chicos no tuvieran un segundo que perder. “Sons Of The Serpent” apuntala así su cara más atmosférica mientras que los coros de José Mora se revelan ahora fundamentales.

Que para la igualmente intensa “Marrow Of The Soul” ya viéramos algún tímido circle pit, pogos y mucho movimiento cervical da un poco la medida de lo bien que estaban sonando. El trío no es ajeno a las pregrabaciones. Nos reciben en una “The Architect” donde Saavedra pondría la voz limpia, Nacho la más rota y juntos dibujarían la cara más alucinada de la banda. Cuatro cortes de su nuevo álbum que hablan a las claras de la propuesta cada vez más personal e identificable que manejan.

Porque se produce cierto contraste cuando la banda recupera la más pretérita “Delusion Of Negation” y surge el mejor Saavedra de toda la noche. Con una entrada más que aceptable, hacía ya cierto calor dentro del Gong, Nacho echa rodillas al suelo y la banda ataca con su vertiente más thrash para de nuevo desatar pogos, circle pits y continuo agitar de puños y cabezas. Las propias paredes de la sala vibran con la extensa “Doppelgänger II: The Abyss” que daba nombre a aquél segundo álbum de 2019. Esta es una banda que nunca le ha temido a los desarrollos largos. Y a riesgo de parecer pesado, reiterativo, lo cierto es que hay cierta penitencia en unos riffs de un grosor como pocas veces hemos contemplado en la curtida sala ovetense.

La vuelta al tercer disco entrega otro uno de los cortes más crujientes de la noche. No otro que “Beyond the Veil Part II: Necromancer”, donde el humo y la propia condensación de la sala envuelven en bruma al flamante fichaje de Hammerheart Records. La extensa “The Golden Crest” vendría finalmente a cerrar el set del trío, entregando otra buena dosis de gordor y conjugándolo con su versión más trotona para otro de esos cortes híbridos en los que tan bien se manejan. Pero sería sin embargo “Ceremony II: The Way Of Sin”, a modo de bis, la que marcaría el final del set. Y tendría que repasar mis muchas crónicas de ellos pero creo que puede ser la primera en que no recurrieron a alguna de sus habituales versiones de Celtic Frost.

La sensación que trasluce una vez editado “Beyond The Veil” es la de que ya no lo necesitan. El trío ha sido capaz de traducirse desde la banda de versiones que era antes de la salida de “Doppelgänger” en una entidad de pleno derecho. Algo que ratifica el buen show que nos dejaron el pasado sábado. Es la linea a seguir, qué duda cabe.

Por nuestra parte nada más. Mandar sendos agradecimientos a ambas bandas por todas las facilidades y la nutrida compañía por el cariño y el buen rollo dispensados. Así da gusto. Ya sabéis: nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: Susana Alberich / Aurora Menéndez

Crónica: Concierto Presentación 8 y Medio (Oviedo 18/10/2024)

El pasado viernes 18 de octubre tuve el honor de acudir invitado al concierto de 8 y Medio, flamantes ganadores de la XXXVIII edición del Concurso de Maquetas Pop-Rock organizado por LOS40 Asturias y la Dirección General de Juventud del Principado de Asturias, que, como parte del premio, ofrecían una presentación en la Sala Gong de Oviedo.

Tras una breve introducción por parte de los responsables de concurso Alberto Toyos de los 40 Asturias y Francisco de Asís Fernández del Instituto de la Juventud, en la que no faltaron los agradecimientos a las bandas participantes, que tras hacer un breve repaso por los problemas que acucian a la juventud asturiana, darían paso a la actuación de los ganadores.

Los recelos iniciales por mi parte, pues no practican, a priori, un estilo musical frecuente en este medio, se fueron disipando en cuanto salieron a escena con tres guitarras a cargo de los “alma mater” del grupo, Daniel Santos, Mario Suárez y Asur Camacho, que auguraban una velada de rock.

Se mueven combinando de forma impecable música rock con tintes pop, que los hacen más accesibles al público en general, y un cierto espíritu punk por el carácter reivindicativo de algunas de las composiciones. Los acompañan Andrés Fomchenko al bajo y un jovencísimo Mateo Eraña tras la batería.

Con la sala a oscuras y los músicos sobre el escenario comenzó a sonar la introducción que da el pistoletazo de salida a su actuación. Unos problemas técnicos con la guitarra de Asur obligaron a repetir la intro para, sin previo aviso, empezar con el tremendo riff de bajo del tema con el que se están dando a conocer, y del que tienen grabado un videoclip, “Viktoria Federika” y su ácida letra. Encomiable labor la realizada por Andrés en este tema que da magnífico soporte y empaque a todo el grupo.

El ambiente en la sala, a la que poco le falto para un lleno total, era espectacular ya desde esos primeros compases, con un público totalmente entregado a las composiciones de los jóvenes músicos, coreando cada tema, saltando y bailando sin parar a pesar del inmenso calor que hacía en el recinto.

Descargaron las pistas que componen su único EP hasta la fecha “¿Está El Enemigo?«, con cortes como la más tranquila “Páginas Blancas”, la también muy coreada, aunque quizás más alejada del rock musicalmente pero con una letra muy crítica, “Superindies”, la rockera “He Visto Un Fantasma” con cierto aire a Los Rodríguez, combinadas con otros temas que previsiblemente formarán parte de su primer larga duración como “Gemas De Cristal” o “Señor De La Noche”. Tampoco faltaron algunas versiones como “Nena” de Sexy Zebras.

Preciosos solos por parte de Mario, a veces eclipsados por el sonido general, adornaban cada uno de los temas, al igual que los oportunos teclados de Daniel, que compagina su labor de guitarra y voz con su trabajo a las teclas. Mención especial para la sección rítmica, muy compenetrada y potente, con Andrés moviéndose de un lado a otro del escenario sin parar. En cuanto al trabajo vocal, destacar la labor de Asur en parte del set aportando una mayor diversidad a las composiciones.

Tras “Fantasma” se retiraron del escenario dejando al público con ganas de más, y así se lo hicieron saber, con el mítico grito astur de “otres tres”. Unas voces que salían del backstage pusieron la nota de humor de la noche, simulando tener el micrófono abierto de forma involuntaria, se escuchaba a los miembros del grupo discutiendo emocionados si seguir o no seguir, tras lo cual, regresaron al escenario y terminaron su actuación, como no, interpretando tres temas más. Cerrarían la velada con el tema que da título a su EP “¿Esta El Enemigo?” con Daniel cantando entre un público que lo recibió con los brazos abiertos.

El sonido, aunque mejorable, estuvo a la altura durante toda la actuación. Los músicos demostraron una gran profesionalidad y saber hacer, además de transmitir su energía a la audiencia y mostrarse felices, aunque nerviosos, por el momento que estaban viviendo. En definitiva, creo que se puede calificar ésta, su primera actuación como cabezas de cartel, con un notable alto (8 y medio). Muchas gracias al grupo por la invitación y nos vemos en la siguiente, hasta entonces, salud y rock and roll.

Texto y Fotos: Miguel Rubio

Crónica: XVIII Festival Atalaya Rock (12/10/2024)

Décimo octava edición de uno de nuestros festivales más queridos, el Atalaya Rock en Pozal de Gallinas, lugar de encuentro de muchos de esos amigos que uno ha ido haciendo en el camino y una referencia en lo que a hacer las cosas bien se refiere. El evento, gratuito un año más, contó esta vez con la participación de las bandas Valkyria, Toxikull, Rage, Ankor & Iron What? e introdujo una novedad: el pequeño meet and greet por el que se irían dejando caer los distintos integrantes del cartel. Uno de esos pequeños detalles que siempre suman y que formó buenas colas dentro del polideportivo de la localidad vallisoletana.

Faltan dos para las ocho cuando Sonia Moraleja, jefa del festival, toma el escenario para darnos la bienvenida y presentar a la primera banda de la jornada. Unos Valkyria a quienes teníamos aún frescos tras su paso por la primera edición del Luarca Metal Days (crónica) y que, insisto, siguen en progresión ascendente. De primeras me llamó la atención lo de las tres baterías ya montadas sobre el escenario. Algo que entendimos como una forma de ahorrar tiempo y que, vistos los horarios sobre los que se desarrolló la jornada, acabaría dando la razón a la organización.

Volviendo a la banda vasca, bien es verdad que no fue mucho el tiempo del que dispusieron, pero desde luego que supieron aprovecharlo. Yeray Hernández es un frontman con carisma y la banda sabe cómo armar piezas de un power / heavy pegadizo y con gancho. “La Cuna Del Silencio” que abre su último disco de estudio sería la encargada de darnos las primeras alegrías de la jornada, con la banda sonando a buen nivel ya desde el comienzo y la confianza que otorga el saberse ante un público afín. Para “Ave Inmortal” ya vemos a una buena versión del cuarteto. Buenos temas y mejores interpretaciones para una letra con la violencia de género como trasfondo.

El Dünedain Carlos Sanz, que a última ahora afrontaría el reto de emular a un tal Bruce Dickinson, no quiso perder la oportunidad de subirse a escena junto a sus colegas de Valkyria y dejarnos su habitual derroche de voz y energía en una “Cenizas De Sangre” que en nada desmereció a su encarnación de estudio. Brilló de nuevo el duelo solista de Yeray y Borja en “Contracorriente” y, presentaciones mediante, la buena respuesta de la gente en “Abatido”. Su habitual final con “Código De Honor” volvió a demostrar que esta es una de esas bandas a seguir bien de cerca. A ve si con un poco de suerte la próxima vez que crucemos nuestros caminos es con un set completo.

Otros que andan en una onda parecida son los chicos de Toxikull. Los lisboetas, cada vez más habituales en nuestros escenarios, llegaban a Pozal De Gallinas con la intención de seguir confirmándose como uno de los secretos mejor guardados del heavy metal en el sur de la vieja Europa. En el seno del también cuarteto queda no obstante la sensación de que habitan dos almas. Una deriva hacia el speed metal. Ese inicio descosido con “Nightraiser”. La otra, la que entrega temas como “Around The World”, deriva a los del país vecino hacia las lindes del hard rock. Sea como fuere, “nosotros somos Toxikull y tocamos heavy metal” había dejado dicho Lex Thunder. Y tanto que sí.

La más vibrante “Killer Night” vuelve a destapar la marcada dualidad del set. Siempre a caballo entre la potencia del speed y la clase del hard / heavy. Pero la banda entrega buenas ejecuciones en ambos registros. Y aunque Lex Thunder llegara algo justo de voz a alguno de los temas, no creo que nadie pueda dudar hoy del desempeño de Toxikull en Pozal de Gallinas. En “Under The Southern Light” esgrimen de hecho su vertiente más épica En las cercanías del escenario al sonido le sobraban graves. Nada que no arreglasen unos pocos pasos hasta las proximidades de la mesa del sonido donde la mezcla mejoraba de forma considerable.

I Will Rock Again” de nuevo me recordó por momentos a los murcianos Hitten mientras que “Night Shadows” reveló hasta qué punto llegaron de engrasados los del país vecino. Pura zapatilla portuguesa se podría decir aquí. Y me hizo gracia que versionaran “Iron Fist” de Motörhead, de tanto en cuanto fueron Exciter quienes la tocaron a su paso por Oviedo en 2022, con los propios Toxikull como teloneros. Casualidad o consejo por parte de los canadienses, me temo que nunca lo sabremos. En cualquier caso, el final con “Metal Defender” y pese a que como digo Thunder llegase algo justo ya, entregó buena parte de la mucha clase que atesoran. Buenos riffs, mejores solos, una sólida base rítmica y la sensación de que van para arriba.

Con las huestes de Peavy Wagner sobran las presentaciones. Rage, que andan celebrando su cuarenta aniversario (se dice pronto) llegaron al Atalaya con la seguridad que da un setlist confeccionado a la medida de sus fans de toda la vida. No obstante la labor de reunir en un único set tan vasta discografía, treinta álbumes de estudio nada menos, se nos antoja un imposible.

A revientacalderas, “Cold Desire” sube la temperatura del polideportivo Samuel Rodríguez ya desde el primer momento. Tras Peavy (bajo y voz) y Jean Bormann (guitarra y coros) emerge un grandísimo Vassilios “Lucky” Maniatopoulos en baterías. La voz de Tri State Corner confirmó con su pegada estar a la altura de los no pocos ilustres que le han precedido en el puesto. Y mientras que el rubio guitarrista brillaba con luz propia en el solo de “Straight To Hell” (una de esas que no podían faltar), me asaltaba la pregunta de a cuánto cotiza la actual alineación de Rage entre las muchas de las que ha dispuesto a lo largo de cuatro décadas de existencia.

Porque lo cierto es que les vimos muy bien de forma y también de compenetración y ganas a lo largo de todo el set. Un set no exento de inconvenientes. Hubo que reemplazar uno de los pedales de la batería de Maniatopoulos. Peavy aprovechó para charlar con la gente. Para bromear incluso con que el siguiente tema lo compuso el mismo año en que Bormann vino al mundo. Un corte que resultó ser no otro que “Black In Mind”, a buen seguro uno de los más queridos de la camaleónica formación germana. La banda encadena entonces con otro clásico pretérito como es “Refuge” y Rage y Atalaya parecen casi un único ente indivisible. Especialmente cuando la intensidad desciende en la parte final y Rage apostillan un pequeño impasse que coqueta con el reggae. Pequeño guiño cómplice y la sensación de que la banda estaba disfrutando de lo lindo.

Porque vimos muy risueño a Wagner durante toda la noche y bastante bien de voz a pesar de los muchos años y el no poco desgaste que estos aparejan. Una banda que apenas ha parado de girar en todo este tiempo y un tipo carismático y querido donde los haya. El propio Bormann haría sus pinitos en nuestra lengua. Una pequeña muestra más del cariño que la actual alineación de Rage siente por el público de habla hispana. Hay algo en su manera de moverse sobre el escenario, en sus muchas poses y gestos, que me recuerda al bueno de Richie Faulkner (Judas Priest). En cualquier caso y al igual que sucede con el propio “Lucky”, un músico de sobradas garantías. El de Duisburg presentaría así otra de las grandes favoritas, “Back In Time” porque, aunque fuese a pequeños destellos, los Rage más sinfónicos no podían faltar en esta gran celebración de su amplio legado.

Uno vibraba ya con semejante setlist pero es que “Days Of December” sería aún más celebrada si cabe por el público del Atalaya. En lo personal disfruté en mayor medida de “Let Them Rest In Peace”, con Bormann tirando de guturales como si nada y destapando así a los Rage más sucios y abruptos de la jornada. También “Great Old Ones” de un disco, “Soundchaser”, por el que siento un cariño muy especial. Bormann se puso a hacer headbang en “End Of All Days” como si en el empeño le fuera la vida. Tan cómodo en el puesto que parece que llevara toda la vida. “Don’t Fear The Winter”, desde luego, no podía faltar en este amplio repaso. Atalaya la gritó con ganas y a servidor se le pusieron los pelos de punta en varios momentos, testimonio de la gran comunión entre público y banda que vivimos.

Para los bises Wagner tendría tiempo de recordar la génesis de Rage, no otros que Avenger, de los que vino a recuperar una “Prayers Of Steel” que pilló con el pie cambiado a más de uno. El final, como no podía ser de otra forma, entrega una “Higher Than The Sky” en la que Bormann adornaría su pie de micro con una bandera que le habían tirado desde el público serigrafiada con el logo de la banda. Wagner la enfrentó con púa, única de todo el set si mis ojos no me engañan, y quien más quien menos coreó con ellos hasta el último aliento. Un gran final para un gran derroche de cariño y nostalgia. A buen seguro una de las bandas foráneas más queridas por este medio.

Con Ankor llegaba el turno de la apuesta más diferente del cartel. Los tarraconenses llegaban al Atalaya con la intención de confirmar que siguen, como se dice ahora, con la flechita para arriba. La banda que comanda en voces Jessie Williams cuenta ahora con Eleni Nota (ex Nervosa) en baterías y prospera a base de entregar buenos directos tanto dentro como fuera de nuestras fronteras.

Apoyados por la puesta en escena más cuidada de la jornada, quedaba la duda de cuanta gente se quedaría a ver una propuesta tan contemporánea e híbrida como la suya. Después de todo, en el cartel primaba cuatro contra uno el metal de corte clásico. Pero resultó que la buena gente del Atalaya Rock aún tenía ganas de fiesta. Y precisamente fiesta es lo que ofrece el quinteto desde que Williams arremete con las cuidadas y a la vez atrevidas líneas de voz de “Darkbeat”. A un tiempo descosida, al otro bailable, la banda ya dio muestras aquí de lo diverso de su propuesta.

El buen sonido del que gozaron les a agiganta. Williams nos dijo que aquél era su último bolo del año, por lo que sin duda venían a dejarse la piel. Y desde luego que lo hicieron. La pareja que forman Fito Martínez y David Romeu en guitarras es tan híbrida como la propia propuesta de Ankor. Inquieto y sonriente el primero, más serio y concentrado el segundo, se compenetraron a la perfección a través de composiciones tan curiosas como “Walking Dead”, con esa pequeña estrofa en nuestro idioma. De “Stereo” emergió la mejor Eleni Nota. Tan impasible en el gesto como segura en su desempeño, la de Serres parece haber caído de pie en el seno de la banda catalana. Que haya pasado del thrash sucio de Nervosa al metal de nuevo cuño de los catalanes sin perder un ápice de eficacia habla y no precisamente mal de su desempeño.

Un poco a pachas entre Romeu y Martínez nos contaron la historia que sirve como trasfondo a “The Legend Of Charles The Giant”, que sería a la larga una de las más celebradas de todo el set. Buen circle pit el que se montó aquí. Se notaba mucha complicidad entre los miembros de la banda. Y, gustos al margen, quiero pensar que se contagió su manera a veces tan bruta, a otras tan incluso bailable de entender el metal moderno. Se puede argüir en su contra la tremenda profusión de pregrabaciones de las que echan mano. Pero cuando Williams pide los coros del público para “Hill Valley” desde luego que los encuentra. “A nosotros nos da igual tocar en Wacken para 80.000 personas que hacerlo aquí” había asegurado Romeu. A juzgar por las ganas que le echaron, no seré yo quien contradiga al de Tarragona.

Buena se montó cuando tiraron un buen saco de globos a la audiencia. Más aún cuando acompañan con alguno de los temas más rotos e intensos del set como es “Prisoner”. Tanto o más con el marcado acento electrónico que porta la final “Embers”. La imagen de tantas melenas al viento bailando al son de la correspondiente pista pregrabada fue algo digno de ver. Muy disfrutones. Por estilo uno entiende que se le puedan atragantar a los fans más clásicos (no quisiera decir puretas) pero están en un momento de forma tal que no cabe sino rendirse. Más de uno bailó con el “Played-A-Live” de Safri Duo que dispararon a modo de despedida. Que salieran victoriosos ante un público (a priori) tan diferente al suyo creo que habla bien a las claras del tinglado que montaron. No quisiera olvidarme del gallo final de Fito Martínez. Estábamos en Pozal de Gallinas después de todo. Para no perdérselos.

Para el final quedaban Iron What? para rendir tributo a Iron Maiden. Una banda ya de larga trayectoria, nada menos que 20 años y que cuenta con los Dünedain Carlos Sanz en voces y Alberto P. Velasco en guitarras. Con la escenografía más trabajada de todas cuantas bandas tributo hemos visto, quizá a excepción hecha de los asturianos Ritual, no fue poca la gente que se quedó a ver a los pucelanos.

El ya mítico speech de Winston Churchill haría arrancar un set que entregaría “Aces High” con Carlos Sanz cantando ya a un nivel altísimo. Y sin dejar de moverse. Enfundado en la clásica imagen de Dickinson durante la gira del “Final Frontier” y aunque fuera con temas ajenos y a favor de obra, volvió a confirmarse como uno de los grandes vocalistas de heavy metal de este país. La banda, tres guitarras en escena donde el propio Velasco no podría parecerse más a Dave Murray, atacó entonces una “2 Minutes To Midnight” que rara vez va a fallar en una cita como esta. “Dieciocho años de Atalaya y veinte de la banda…. aunque yo llegué después” exclamó irónico Sanz. Enfrentaron entonces la más facilona “Wasted Years” y su tan coreable estribillo fue cantado a voz en grito.

En “The Trooper” no faltó la Union Jack en manos de Sanz. Puede que el vocalista no sea tan ducho en el ondeo de enseñas como lo es en el manejo de tonos casi imposibles pero pocas pegas más les podremos poner a los chicos. Nosotros nos íbamos ya. No por gusto, más bien por el cansancio acumulado (el concierto de Leather Boys y Nashville Pussy de la víspera, los desplazamientos, acumulados, los que aún quedaban por delante) pero en estas que la banda acometió “Rime Of The Ancient Mariner” y ni a patadas nos habrían echado de allí. Es por ello que podemos decir que la banda salió más que airosa del temible envite. En especial de la efervescente y difícil sección solista que ocupa buena parte de la composición. Más allá de las reservas que nos puedan provocar los tributos, máxime cuando son a bandas aún en activo, lo cierto es que la gente vibró de lo lindo con ellos.

Heavy metal para luchar contra eso que han venido en llamar “España vaciada” mediante otra gran edición del Atalaya Rock. Sin traicionar a su espíritu, albergando a un buen número de fans que supieron disfrutar en armonía del atractivo cartel. El buen sonido que entregaron los shows, la exquisita puntualidad con la que se desarrolló la jornada y la seguridad de que el año que viene y salvo causa de fuerza mayor, nos volverán a ver por allí. Por nuestra parte nada más. Agradecer de nuevo a la organización la grata acogida que nos brindó así como dar las gracias por las facilidades dispuestas de cara a la confección de esta crónica. Ya saben: nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: Nashville Pussy + Leather Boys (Gijón 11/10/2024)

Casi veinte años para este par de servidores sin ver al matrimonio Cartwright eran muchos años. Por eso cuando se supo de una nueva venida del «Coño de Nashville» a nuestros dominios, la cita pasó de inmediato a contar como ineludible. Acompañados por la buena gente de Leather Boys, con la Sala Acapulco como marco y a pesar del desplazamiento que nos aguardaba para la jornada siguiente, allí que plantamos nuestras herramientas cara a confeccionar la crónica que hoy os brindamos.

Y que abren con puntualidad británica una de las bandas más activas de la región, Leather Boys, a quienes este año hemos cubierto ya en no pocas citas. Siempre es un gusto que diría aquél. Abren con “Rebirth” ya en buena forma. Haciendo buen uso de la ineludible tarima de Acapulco y dejando un muy buen sonido. Pocas comodidades sobre el escenario. Su backline colocado delante del correspondiente al cabeza de cartel restaba algo de movilidad a los chicos.

Que da igual porque enseguida enlazan tres temas y la audiencia, muy a favor de obra, les recibe con los brazos abiertos y muchas ganas de pasarlo bien. No es hasta “Fairy Tales From The Underground” que se permiten una pequeña pausa, cogen algo de aire y Leather Sex la emprende con su habitual ristra de comentarios jocosos. “Esta es la juventud del papa”, grita Acapulco. Fue un set de gran comunión con la gente. Un público al que han sabido macerar a fuerza de encadenar buenos shows y que ahora responde a su desempeño con el cada vez más habitual “Leather Boys, qué hijo puta sois”.

Crujen algunas rodillas cuando Leather Rose nos manda al suelo en “St Mary’s Dance”. Leather Latin Lover aprovechó entonces las virtudes del inalámbrico y se perdió entre la gente. Mientras tanto, Leather Sex confeccionaba uno de los solos más certeros del set. Es el propio bajista de la formación asturiana quien carga con alguna de las estrofas de “To The Curb”, uno de sus cortes más rotundos y potentes. Tras una pequeña ristra de agradecimientos llegaría el turno de “Born In the 70’s”, un corte que ya apunta a clásico para la banda y que recibimos de buen grado. Su despedida, furibunda interpretación del “Ace Of Spades” mediante, provoca su habitual catarsis final con Leather Latin Lover haciendo crowd surfing y Sex & Rose perdiéndose entre la gente. Siempre divertidos.

Con su propio backline emergiendo de la parte de atrás del escenario, unos amplis Marshall con pinta de haber conocido tiempos mejores, llegaba el turno de los indómitos Nashville Pussy. La banda radicada en Atlanta volvió a dar una lección de rock and roll efervescente, repleto de actitud y potencia, en una encarnación que de tan orgánica nos puso los pelos de punta a más de uno.

Ningún aditamento más allá del parche que recubre el bombo de la batería y el telón de fondo. Pero toneladas de energía. El año que viene se cumplirán veinte años de mi primer encuentro con ellos pero parece que por Blaine y Ruyter no haya pasado el tiempo. Sus caras pueden mostrar más arrugas a día de hoy. Su rock and roll sigue igual de sórdido y ardiente.

La inicial “Pussy’s Not A Dirty Word” ya nos pone sobre aviso de la que se nos viene encima. Blaine Cartwright, el sombrero y las gafas azules, enfrenta las estrofas con su actitud de toda la vida. La sala vibra casi con cada acorde y, haciendo memoria, puede ser que desde Sex Museum nadie sonara a semejante volumen en la sala gijonesa. No es hasta el tercer tema del set, “She’s Got The Drugs”, que el cuarteto se toma un respiro. Emerge aquí una siempre inquieta Ruyter Suys, que extrajo un estupendo solo de una de las SG más desvencijadas que hemos visto en bastante tiempo.

La facilona “Come On Come On” sería a la larga una de las más coreadas de esta parte inicial del set. “Rock in the old fashioned way” había dejado dicho Cartwright. Y tanto que sí. La bajista Bonnie Buitrago parece haber caído de pie en el seno de la banda. Sus buenos coros en “Speed Machine” en particular y a lo largo del set en general así lo atestiguan. El matrimonio es el lógico punto focal de Nashville Pussy pero, como es lógico y evidente, sin su aportación ni la del renombrado Dusty Watson a los parches la banda no funcionaría en la medida en que lo hace. El de “High As Hell” podría ser fácilmente mi riff favorito del set. Cuando se dan al rock sin medida, a la pura adrenalina, como es el caso en “Ain’t Your Business”, pocas bandas del género le podrán hacer sombra a los de Atlanta.

Que si sabemos qué son las drogas, pregunta Blaine, a lo que la audiencia responde con chascarrillos diversos y la banda con una “You Give Drugs A Bad Name” a la que Suys imprime un cierto aire a ZZ Top que no pasaría inadvertido. Menos el rock enfebrecido de “Going Down”, con Watson aporreando los parches con desmedida saña para uno de lo pildorazos más furibundos de la noche. Y fíjate que no fue un show sin inconvenientes. La guitarra de Suys había dado algún problema a la salida de la banda. Pero para cuando echa mano de su wah color rosa en “Testify”, el cuarteto da cumplido testimonio de su gran momento de forma. Blaine, que para este tema en particular abandonó su igualmente gastada Explorer, entregó aquí alguna de las mejores voces de la noche. De nuevo a dos guitarras la banda ofrecería entonces uno de los cortes más grasientos a través de “Everybody’s Fault But Mine”, con Cartwright extrayendo lo mejor de cuanto quedaba en su maltratada garganta. A “Strutting Cock” la precede un pequeño pero esforzado solo de batería. Suys agitaba la toalla en dirección a Watson y no era para menos.

Suys paseó la botella de Jack Daniels por el mástil de su SG en “Hate And Whiskey” y la banda se tomó un pequeño respiro. Más que merecido a estas alturas, desde luego. Y es que después “Philbilly Blues” sonó tan por encima de la versión de estudio que aquello parecía casi absurdo. Como toda buena banda de rock and roll son un animal de directo y “Till The Meat Falls Off The Bone”, de nuevo con Cartwright abandonando su Explorer y aprovechando para jugar con el pie de micro, no hace sino atestiguarlo. Volvería a calzarse su leal Gibson para apoyar el solo de Suys y cerrar un set que ya entonces cotizaba entre los mejores de cuantos hemos visto este año. Blaine lo culminó quitándose el sombrero, arrojando un par de cervezas sobre él y bebiendo de ellas después, rubricando así la fiesta que habíamos vivido.

Pero a la que aún le quedaban sus bises de rigor. A saber: la intensidad de la cachonda “Rub It To Death”, la tremenda efectividad de la más vacilona “Why Why Why” y el cierre con la cierta sordidez de “Go Motherfucker Go” pondrían el broche a otra gran noche de rock and roll. Ruyter la cerraría rompiendo las cuerdas de su vieja SG. No paró hasta que no le tiró las seis a la gente. Que nunca nos falten.

Qué gran noche. Disculpen que nos fuéramos con más premura que en ocasiones anteriores, aún teníamos una buena ruta por delante, por lo que me gustaría aprovechar para mandar un saludo a toda la buena gente con que nos cruzamos en la noche del viernes y también dar las gracias a la organización por todas las facilidades. Ya saben: nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: Reincidentes + Linaje (Gijón 4/10/2024)

La nueva visita de los sevillanos Reincidentes a tierras asturianas tuvo lugar el pasado viernes 4 de octubre en nuestra querida Sala Acapulco de Gijón y lo harían acompañados por los navarros Linaje, de Berriozar concretamente, lo que a la postre sería una gran combinación.

La cita estaba prevista para las 20:00 horas y desde minutos antes ya se apreciaba un nutrido número de personas en los aledaños de la sala. algunos haciendo cola esperando la apertura de puertas, otros conversando con amigos que, a buen seguro, cosas de la vida, se ven en poco más que estas ocasiones. El personal de sala se asomaba de vez en cuando a ver el ambiente y hasta en dos ocasiones nos invitó a entrar, Linaje estaban a punto de iniciar su descarga cumpliendo rigurosamente con la hora prevista.

Lo que me encontré al entrar fue una sala desangelada, supongo que, como comentaba, la peña se estaba poniendo al día y que Linaje es un grupo apenas conocido por estos lares, que supongo no llamaba mucho la atención. Esto no supuso que los jóvenes navarros se amedrentaran ni un ápice ni que a las 20:25 empezaran con la batería de temas que formarán su primer disco a punto de ver la luz.

La única referencia que un servidor tenía del grupo es que su cantante Aaron Romero, hijo del gran Kutxi Romero, formaba parte del mismo. Le acompañan Asier Cuiral y Aimar Goikoa a las guitarras, Alain García al bajo y Asier González a la batería. Con Aaron ya había coincidido en los conciertos que Marea dio en Gijón (crónica) y Madrid en 2023 donde les acompañaba en el tema “Corazón De Mimbre” causándome muy buenas sensaciones, por lo que, ver lo que hacía su banda era todo un aliciente.

Lo que descubrí fue un grupo muy joven, entre los 18 y 19 años, que hacen buen rock n’ roll con claras influencias de Extremoduro, Barricada, Platero y Tú o los mismos Marea pero dándoles a sus canciones un toque muy personal. Comenzaron con el tema que, previsiblemente, dará título a su primer disco “Desataron A Los Perros”, para continuar con “Ay Morena Mía” y “Una Lluvia Incomprendida” y dar los primeros agradecimientos a Reincidentes por la invitación a compartir gira.

Siguieron con “Canto A La Libertad” y “Cupido”, con un precioso solo por parte de Aimar. En ese momento la sala ya empezaba a estar más concurrida y la actitud de Aaron sobre el escenario, que no dejó de moverse de un lado a otro, animando aun a sabiendas de que pocos conocerían sus temas, consiguió que, poco a poco, nos fuéramos metiendo en el concierto y disfrutáramos de lo que veíamos y escuchábamos.

Unas estrofas recitadas por Aaron para presentar “Querida Libertad”, seguir con “A La Luna” y pasar a presentar a los colaboradores que les acompañarían en el siguiente tema, Mikel de Deklibe, con Asier dejándole su guitarra para coger él una acústica, y Manu Roz de Baja California a la voz. Según Aaron: “un placer tocar este tema de, posiblemente, la mejor banda de rock que ha dado este país, Los Suaves” y su “Malas Noticias”. Con todos ellos sobre el escenario, y el público ya totalmente entregado, hicieron una preciosa y personal versión del tema, en la que Aaron rasgó su camiseta, hecho que se está convirtiendo en marca de la casa.

A continuación, aunque, como el propio Aaron comentó, no es muy habitual en una banda que empieza haga una canción en acústico a mitad de un concierto, todos los músicos dejaron el escenario, dejando solo al vocalista con una guitarra acústica para, después de un problema técnico que casi le obliga a cantar a capela, interpretar la sentida “Vuelve” que dedicó a su abuela.

Con los músicos de vuelta encararon la parte final del concierto con “Capitán” y el precioso tema “A Remojo” que les sirve como carta de presentación, por ser su primer single. Animando a la audiencia a acompañarles, terminaron con “A Capela”.

Un buen concierto de Rock and Roll de este joven grupo, digno sucesor de su linaje (de su padre), como coreaba una parte del público, que quiso poner toda la carne en el asador e interpretar sus propios temas a pecho descubierto, todo un reto para una banda que empieza y que acertadamente ha optado por no abusar de versiones. Prometieron volver el próximo año, ya con su disco bajo el brazo. Si nada lo impide allí estaré.

Para cuando Reincidentes salieron a escena la sala presentaba un aspecto totalmente diferente al inicio de la velada, casi lleno, pues muchos de los asistentes retrasaron su entrada hasta que Linaje estaban finalizando su actuación. Había ganas de ver a los andaluces que, si la memoria no me falla, no visitaban tierras asturianas desde su participación en el FICAL allá por el 2018.

El rock con tintes punk que practican tiene muchos adeptos por estos lares y su descarga fue como el disparo de una ametralladora de repetición. Sin apenas pausas hicieron un repaso por su discografía dejando claro su compromiso social y su buen estado de forma.

Empezaron con “Yaveh Se Esconde” de su lejano primer disco enlazada con “Terrorismo” del más reciente “Vergüenza”, que en las que tocan un tema tan actual como lo que se está viviendo en oriente próximo. Continuaron con “La Republicana” donde los coros del respetable resultaban atronadores y tras la cual se oyeron varios “Puxa Asturies Dixebra”, grito al que Fernando Madina no pudo evitar unirse, mencionando el largo tiempo que había pasado desde que lo oyera por última vez.

La descarga siguió con “La Historia Se Repite”, “Odio” y “Una Noche”, temas en las que los pogos se sucedían uno tras otro. Se disfrutó de un sonido espectacular, tan solo algún pequeño contratiempo con el inalámbrico de la guitarra de Juan M. Rodríguez Barea, que rápidamente fue solventado por el técnico.

Continuaron con «Camela 3«, critica a la desinformación publicada en 1991 y con tanta vigencia a día de hoy. Sin respiro, continuaron con “No Paramos De Mover Las Manos”, single compartido con El Canijo De Jerez, “Escapa”, la divertida “Himno al Bar”, y siguieron enlazando temas hasta el emotivo “Explosivo” homenaje al fallecido Boni de Barricada.

Encadenaron “No Somos Nada”, “Carmen” y “Aprendiendo A Luchar” tras la que Fernando hizo pausa para dar las buenas noches y agradecer su asistencia a los presentes. Turno para uno de sus himnos más conocidos “Ay Dolores” que el respetable coreó a todo pulmón.

Nueva batería de temas en la que no faltaron “Lo Que Nos Queda” de Maniática, anterior banda del ahora reincidente Javi Chispes que se encargó de cantarla. “Huracán” con su heavy riff inicial, la rocanrolera “Los Hijos De La Calle”, la muy coreada “Nazis Nunca Más” o “Cucaracha” en la que desplegaron una bandera en apoyo a las 6 de la Suiza. Incluso hubo un espontáneo que quiso acompañarlos subiendo al escenario a corear junto a Javi.

Siguieron con la más punk “Rip-Rap” para continuar con “La Rabia” y su himno antitaurino “Grana y Oro”, otra de las más coreadas, para seguir incrementando la locura de la audiencia con su “Vicio”. Encararon la recta final de su descarga con la rockera “Andalucía Entera” para seguir con la también muy coreada “Jartos de Aguantá” y terminar con “Todo No Da Igual”.

Un total de veintinueve variados trallazos que dejaron al respetable empapado en sudor de bailar, saltar, pogueary cantar a todo pulmón. El grupo, por su parte, pareció estar divirtiéndose durante toda la actuación, intercambiando miradas cómplices y sonrisas en las incontables carreras y cambios de posición que realizaron, demostrando estar en plena forma y que su música sigue muy vigente.

Un saludo a la organización y a los habituales que allí nos encontramos. Nos vemos en el próximo. Hasta entonces salud y rocanrol.

Texto y Fotos: Miguel Rubio

Crónica: Michale Graves + House Of Dawn (Oviedo 8/10/2024)

Parada asturiana del tour que ha traído a la península a Michale Graves y en la que rinde tributo a la que fuera su banda, las luminarias del horror punk Misfits. Acompañado para la ocasión por la buena gente de House Of Dawn, no fueron muchos los tickets que quedaron por vender en taquilla pese a tratarse de un martes, lo que viene a hablar muy bien del cariño que aún despierta el legado de la banda americana.

En descargo de House Of Dawn cabe decir que no fue mucho el tiempo del que dispusieron, alrededor de treinta minutos, amén de que el propio estilo de la banda, esa amalgama de rock alternativo con trazas sureñas. O ese metal sureño con reminiscencias grunge, no casaba en gran medida con el cabeza de cartel. En cualquier caso una atractiva amalgama que le sirve a los murcianos para trazar temas interesantes, me gustó ese “Learn The Lesson” de su primer álbum, y en el que la gente fue conectando a cuentagotas.

El interesante juego entre registros de su frontman Jacob Cámara le sienta como un guante a la propuesta de la banda. Un Cámara que no quiso dejar de comentar las ocho fechas que habían llevado a cabo con Graves, mandar los debidos agradecimientos a público y promotores y dejarnos un “Grow” que le sirvió al batería de la banda para dar toda una lección de intensidad y pegada. Nos agradaron y esperamos verles pronto de nuevo por estas latitudes.

El de Michale Graves iba a ser un set arrebatado por la nostalgia y el cariño. Misfits, banda de culto donde las haya, pioneros del horror punk con permiso de The Cramps, es un nombre de gran peso en nuestro imaginario colectivo. De ahí que, pese a no ser del todo nuestro negociado, la ocasión de pasar un martes disfrutando de música en directo venció finalmente al último de los pecados capitales.

El propio Cámara, ahora al bajo, junto con el guitarrista de su propia banda, acompaña en escena a Graves. Éste, enfundado en gorro, guantes, rodilleras de hockey, llamativo chaleco y su particular e inconfundible corpse paint, haría las delicias de la audiencia. El inicio, descosido por parte de la banda pero con un Graves inamovible, casi hierático, provoca ya los primeros pogos en la Gong. Que el sonido fuera algo enmarañado durante los primeros temas pareció no importar. Que el de Dumont (Nueva Jersey, Estados Unidos) apenas abandonase su monolítica posición sobre el escenario, tampoco. La audiencia desfogó y disfrutó como si en el empeño les fuera la vida.

Graves aprovechó para frenar el buen ritmo del show y coger algo de aire mientras nos contaba la intrahistoria de “Dig Up Her Bones”, que aseguró haber compuesto cuando tenía quince años. Con el sonido mejorando a tímidos pasos, huelga decir que sería una de las mejor celebradas de esta parte del set. En “Last Caress”, que algunos conocimos gracias a unos tales Metallica, vimos al vástago de cierto caprino haciendo crowd surfing. No faltó “Mommy, Can I Go Out And Kill Tonight?” y al final las ganas de pasarlo bien se impusieron al estático desempeño de un Graves que aún así sudó hasta casi derretirse sobre el escenario.

Mientras que “Lost In Space” puede pasar algo inadvertida, es “Dust To Dust” la que pone a la sala en coro. Apuraba Graves su último hálito de voz ya a estas alturas. El de New Jersey, al parecer aquejado de un catarro desde hace días, peleó desde su mencionado hieratismo para sacar adelante un set con la nostalgia como principal argumento. En lo personal y sin que se me enfade nadie, he de decir que la parte final del show se me hace un poco cuesta arriba. Es una simple cuestión de hábitos y costumbres. Lo cierto es que Graves, mientras que su guitarrista se afanaba para reemplazar una cuerda rota de su Telecaster, aprovechó para tener un momento de cercanía, casi de intimidad, con el público asturiano. Incluso para hacerse una foto con un fan enmascarado o felicitar el 22 cumpleaños al bueno de Pelayo López.

Todo volvió a los cauces normales con “Die Monster Die” y un Graves esforzado y voluntarioso. “Descending Angel” sería a la postre una de las más celebradas y coreadas de la jornada. El speech que precedió a los bises, sin embargo, dejó cierto sabor a despedida, con el vocalista dejando caer que podría ser aquella su última gira por el viejo continente. Por temas de salud pero quizá también por su de sobras conocido posicionamiento político. “Helena”, si mis notas no me engañan, cerraría un set en el que la nostalgia terminaría triunfando por encima de cualquier otra circunstancia.

Por nuestra parte nada más que agradecer a la gente de Luarca Metal Days por las facilidades, mandar un saludo a los habituales de siempre, no fallan ni en martes y ya saben: nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Foto: José Ángel Muñiz

Crónica: Mojo Thunder (Avilés 4/10/2024)

Qué mejor que una buena ración de rock sureño para volver a asomar por la Factoría. Venían por segunda vez los chicos de Mojo Thunder y Heavy Metal Brigade no quiso perderse a la banda radicada en Kentucky. Cartel de todo vendido en la puerta y sensaciones inmejorables. Se presumía noche para el recuerdo.

Pero Mojo Thunder proponen un arranque de set algo atemperado. Chicos listos los estadounidenses, que fraguaron un show que, aún con altibajos, desde luego iría de menos a más. De primeras el sonido era algo embarullado. No al punto de dar al traste con sus evoluciones pero sí capaz de empañar sus primero compases. No es hasta que Sullivan y Willoughby empiezan a doblar solos que el sonido se equilibra y podemos al fin disfrutar de una gran versión de los americanos.

Quiso no obstante el infortunio que Sullivan rompiera una cuerda de su preciosa SG. Percance que solucionó prácticamente de inmediato, aprovechando para cambiar a Les Paul y dejar uno de los mejores solos de esta parte inicial del set. Mostró además una gran voz, que aguantaría toda la noche sin mayores problemas, aún cuando el esfuerzo que realiza a lo largo del mismo no es precisamente pequeño. Lo afronta además con la mayor de las sonrisas, uno de esos frontman que enganchan por ese talante tan risueño.

Para “Coming Back To You” ya estamos viendo una gran versión de los estadounidenses. Bien engrasados y muy precisos pero sin perder nunca ese feeling tan inconfundible de las bandas de rock sureño. Sin embargo a ratos surge una cara más blues, más pesada incluso, lo que confiere un marcado carácter heterogéneo a su directo. “Gettin’ On A Binge”, con el bajista Andrew Brockman sumando en coros, destapa sin embargo la cara más juguetona y rockera de Mojo Thunder. Uno de los temas mejor recibidos a estas alturas de la descarga y un testimonio claro de la propia versatilidad del cuarteto.

Caroline” nos embriaga de melancolía. En especial cuando la banda destensa en su parte más tranquila y, cual maestro de ceremonias, emerge un gran Bryson Willoughby. La banda abrazando el legado de Gov’t Mule y trasladándolo al siempre distinguido público de la Factoría. De la eficacia y el buen hacer del guitarrista da fe la gran sonrisa que mostraba Sullivan durante el fino desempeño de su compañero. Piel de gallina, francamente. Cargan con la etiqueta de sureño alternativo pero me dio la sensación de que, en su traslación al directo, la primera de estas dos facetas le come casi todo el terreno a la segunda. En cualquier caso una banda que disfruta de lo lindo con lo que hace y se nota.

En “Let It FallMojo Thunder pasarían momentáneamente a quinteto con la adición de una voz invitada. Era su primer sold out como banda, comentaría muy agradecido Sullivan. Visto lo visto, dudamos que vaya a ser el último. El público, además de agotando las entradas, respondió cantando con ellos esa “Holy Ghost” del estupendo “The Infinite Hope” y de nuevo se nos erizaría la piel con la pequeña jam que anticipa “Step By Step”, con un agigantado Zac Shoopman tras baterías. Un corte con un gancho que ríete tú de Mike Tyson. “Greetings From Western Art”, con Mojo Thunder abrazando orgullosos el legado de los mejores Lynyrd Skynyrd, daría la verdadera medida de Willoughby como guitarrista. Su Telecaster humeaba por momentos. El despliegue fue tal aquí que toda la Factoría vitoreó a la banda.

Que no tuvo más remedio que salir y entregar un bis verdaderamente flamígero con “Queen Of The Night (Papa Was A Rolling Stone)”. Total comunión con el público y ambos guitarristas disfrutando de lo lindo. Un final de altura y para el recuerdo, que dejó cierta sensación de que, si se dan ciertos condicionantes, lo tienen todo para subir un par de escalones. Feeling, carisma, buenos temas y un gran directo. Estupendos.

Por nuestra parte nada más que agradecer una vez más a la buena gente de Factoría Sound el trato recibido, a la compañía habitual por no fallar nunca en el recinto avilesino y a ti que estás leyendo esto. Nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: Karma Fest (Sábado 28/9/2024)

Tras el frío y los chaparrones de la jornada anterior, el sábado amanecía con un cielo soleado y un clima perfecto para el buen desarrollo de un evento como este. Otro cartel de grandes proporciones con una oferta de lo más variopinta y que prometía la venta de un buen número de entradas. El segundo día del Karma Fest arrancaba no obstante con una mala noticia: la cancelación de los set acústicos de Teksuo y Debler Eternia anunciados para la hora del vermú. Así pues aprovechamos para sumar un par de horas de descanso y llegar para dar cuenta de Chamako Wey!

Una banda que se engrasa a base de mantenerse siempre activa sobre los escenarios, no son pocas las veces que les hemos visto en fechas recientes, y que siempre da la impresión de disfrutar de lo que hace. Sobre el escenario pequeño del Karma Fest dejaron su habitual metal pendejo cuando el sol más apretaba en Pola de Laviana.

Jandro lucía camiseta de Brujeria, el patrón nos había dejado hace unas semanas, y la banda volvió a tirar de temas propios (“Debacle”, “Indomable”, gran solo de Mostro aquí) y versiones (“Edgecrusher” de Fear Factory, “Take My Scars” de Machine Head…) para que fuéramos entrando en calor. Estupenda línea de batería de Mike Jiménez en “Terror Sonámbulo” y recuerdo final a la figura de Juan Brujo con “La Migra”, de los propios Brujeria. Un buen arranque de sábado.

La espina que tenía clavada con los gallegos Barbarian Prophecies era ya del tamaño de un tenedor. Varias ya las veces que habían visitado Asturias del confinamiento para acá e imprevistos y solapes varios me habían impedido dar cuenta de sus descargas en suelo astur. Por ahí que la cita con el cuarteto estuviera marcada a fuego en mi calendario. Sobre “La Salve Stage”, el escenario grande, la banda de origen lucense se mostraría como una de las ofertas más técnicas de todo el cartel, donde sorprende no obstante el arranque tan tendido que proponen como prólogo del set.

“Somos pocos pero estamos locos”, proclama Alicia antes de presentar “Among Us” y la banda se enfrasca en otra de esas composiciones que tanto y tan bien conjugan intensidad y atmósfera. Tras los agradecimientos de rigor por parte de Óscar Besteiro llegaba el turno del tema que da nombre a su último trabajo, “Horizon” y esos leves pero sensibles dejes a los franceses Gojira. En primeras filas, el bajo de Alicia se llevaba por delante el buen hacer de sus compañeros. En descargo de los técnicos del festival, cabe decir que más lejos de la llamada valla antipánico el sonido ganaba en equilibrio y daba la verdadera medida de Barbarian Prophecies. “The Answer” me agradó por rotunda y “Supreme Vampire”, primer tema que compusieran como banda, dibujó el abroche perfecto al set. Sin duda de lo mejor de todo cuanto el metal extremo tiene para ofrecer dentro de nuestras fronteras.

Teníamos ganas de ver qué tal funcionaba la nueva formación de Monasthyr, que con la base rítmica que ahora forman Aurelio González (bajo) y Maxi Valdez (batería), tomaban por las armas el pequeño “Senderos Del Carbón Stage” prestos a repartir un poco de heavy metal. Me sorprendió que optaran por “Seis Infiernos” como arranque en lugar de la más habitual “Cómplice De Traición”. Como suele suceder en estas citas, como de hecho había ocurrido con Barbarian Prophecies, el sonido en primeras filas no era ni mucho menos óptimo, con una batería que atropellaba al resto de elementos. En cualquier caso la banda se mostró tan disfrutona como siempre y Jorge no se quiso olvidar de su habitual dedicatoria a este medio a cuenta de “Checking For Death”.

Tras los agradecimientos sí que le llegaría el turno a “Cómplice De Traición”, con buenos coros de los guitarras Javy y David. Precisamente mi tocayo sería el encargado de hacer las veces de Pacho Brea primero y de Pablo García después en “Eteno Linaje”, que vino a confirmarle como la elección perfecta para el puesto en el seno de la banda asturiana, pues salió más que airoso de ambos envites. Como quiera que el sonido no terminaba de convencerme, quise alejarme de las primeras filas y observar el show más cerca de la mesa, con tan mala suerte que casi atropello a Laura, vocalista de Aneuma, a quien pido de nuevo disculpas. Más atrás sí que el sonido ganaba en equilibrio, algo que vino a reforzar el solazo que Javy entregaría en “Solitario”. Jorge en voces estuvo a un rato voluntarioso y al otro divertido, como viene siendo habitual en él. Javy y David dejaron unos buenos solos doblados en “Ángel Vengador” y la nueva alineación pareció más que bien asentada.

Los valencianos Opera Magna irrumpían entonces en «La Salve Stage» prestos a dar una buena ración de power metal sinfónico. La banda que comanda en voces José Vicente Broseta se mostró pletórica a su paso por Pola de Laviana, satisfaciendo a todo buen fan del metal más recargado y ampuloso. Termina la intro y “Donde Latía Un Corazón”, de aquél Ep de 2015 “Del Amor y Otros Demonios – Acto II” y la banda no podría sonar mejor. Los solos de corte neoclásico que iba dejando Javier Nula fueron fácilmente los más dinámicos y veloces de todo el fin de semana. El propio Broseta la pediría en repetidas veces que tocara aún más rápido. El encaje de una banda como esta en un festival de espíritu tan acentuado como el Karma Fest puede sorprender a primera vista, pero lo cierto es que no poca gente se arrimó a seguir las evoluciones del combo sinfónico.

Y ellos respondieron como mejor saben, que es conjugando ese metal a lo Rhapsody (Of Fire) con brillo épico y mucha velocidad. Me gustó, además, que se presentaran a la cita con un teclista de carne y hueso. También que su labor no se limitase a ejercer de mero colchón para sus compañeros sino que, al alimón con Nula, dejara solos realmente vibrantes. “Es un placer haber venido desde tan lejos” comentaría Broseta, que introduciría entonces “Corazón Delator”, de aquél “Poe” de 2010 como una de sus favoritas del set.

La banda intercala un medio tiempo, “Volver”, donde anidaba su faceta más épica. Por contra, “Historia” destapa a unos Opera Magna en clave folk, que terminó por redondear un primer tramo del set agradable por diverso. En “Para Siempre” se agigantan de nuevo las figuras de Nula y Sánchez Soler, con sendos solos de gran nivel. Aún agradando, reconozco que el tramo final de su descarga, esa donde destaca la reciente “Que El Amor, La Vida y La Muerte Así Te Encuentren”, se me hizo algo más cuesta arriba. En cualquier caso una más que notable versión de los sinfónicos valencianos la que se dejó ver en el décimo Karma Fest.

Los barceloneses Astray Valley serían a la larga una de las más agradables sorpresas de la jornada del sábado. Ya desde su peculiar puesta en escena hasta su llamativo ejercer técnico y el buen sonido que desplegaron en el escenario pequeño del festival. Un escenario al que hicieron grande enfatizando la mejor cara de su metal de corte moderno. Me los había perdido en su anterior visita a Asturias, todavía no puede uno estar en dos sitios a la vez, por lo que no quise (no quisimos) perder ripio de sus evoluciones.

La frontwoman Clau Violette comentó que la de Laviana era su última cita antes de viajar a tierras chinas. Pese a ello y si en ellos cabía algún tipo de nerviosismo, desde luego no se apreció. Introdujo “Northlights” comentando lo apropiado del marco en el que estábamos para un tema que habla sobre “los gigantes del norte” y poco a poco fueron enganchando a la gente gracias a lo versátil y heterodoxo de su propuesta. Vimos algunos pogos y mucho movimiento durante su descarga, qué mejor manera de combatir el frío del septiembre tardío, y con un set que deja los temas más descosidos para el final como perfecta receta contra el aburrimiento, a buen seguro se fueron del Karma Fest con la satisfacción del deber cumplido. Mucha mierda en la gira junto a Infected Rain y Bloodhunter.

As Life Burns, banda local y otra de las grandes instituciones del festival, a buen seguro querían quitarse la espinita de su anterior paso por el Karma Fest en el que, por una desafortunada serie de infortunios, vieron drásticamente reducido su set. De ahí que la banda se tomara este nuevo paso como una merecida revancha contra el infortunio. Y podemos decir que salieron más que ganadores.

Anticipándose de hecho al horario oficial, para cuando descargan “The Prophecy”, Laviana es un mar de pogos y circle pits. “Again This Brightness” desató de hecho alguno de los tonos más hoscos que le hemos escuchado a Mikel en mucho tiempo. “Ayer fue duro ¿eh? llovió un pucuñín” exclamaría irónico el de la cuenca. La verdad es que sonando tan bien como lo estaban haciendo y con la suma en el bajo y también en las voces del Where The Waves Are Born Guille Rodríguez, son una banda de mucho nivel. En la más tranquila “Bring The Torch” encendimos las linternas de nuestros móviles y “Awaken The Madness”, precedida de cierto corte perteneciente a «The Shining«, de Stanley Kubrick, entregó de nuevo a los As Life Burns más rotundos. Deslizaron tema nuevo y contaron para la catarsis final con Felipe Alemán de Brothers Till We Die. Una gran versión de As Life Burns que se desquitaron del mal sabor de boca entregado en la anterior edición del festival y que, a tenor de lo visto, se encuentran con la flechita para arriba. Que siga así.

Sonaban Black Sabbath antes de que los onubenses Bolu2 Death irrumpieran en el escenario pequeño. Una propuesta distinta en forma pero con similitudes en fondo con los propios As Life Burns. Un metal que funde la modernidad del metalcore con influencias que van desde el flamenco a la electrónica o incluso del nu metal y que supuso una de las apuestas más curiosas de la jornada sabatina.

De hecho congregaron a un buen número de seguidores frente al «Senderos del Carbón Stage» y dejaron breakdowns realmente agrios y profundos. Tienen buenos cortes, “Somos El Fuego” puede ser un buen ejemplo, pero en lo personal y por curioso o incluso contradictorio que pueda resultar, me engancharon cuanto más melódica se tornaba su propuesta. Tuvieron tiempo de contar con un buen amigo como es Diego Teksuo arriba de las tablas y en general se las arreglaron para poner a bailar al Karma Fest dejando muy buenas sensaciones. Que me agradaran en la manera que lo hicieron, aun cuando se encuentran tan fuera de la que podría ser mi zona de confort habla mucho y bien de ellos. Cerrarían con “Dystopia”, si mis notas no me engañan, dejando en general muy buenas sensaciones.

Con la banda de Milton Keynes (Reino Unido) Heart Of A Coward llegaba el turno de la gran apuesta del Karma Fest para la edición de este año. Era un buen momento además para comprobar de buena mano qué tal ha encajado en la disciplina de los británicos un Kaan Tasan que viene a suceder en el puesto a Jamie Graham.

Y lo cierto es que la banda salió, como diría un clásico, a revientacalderas. Su forma de entender el metalcore se presta a ello. Y si bien no llegan a la oscuridad y la gravedad que entregarían más tarde los Brothers Till We Die, sí que vimos una nutrida representación de músicos y fans frente al «La Salve Stage» cuando “Drown In Ruin” puso la primera piedra del set. La banda sonó como una maldita apisonadora y fue bastante pronto ya que vimos algún que otro wall of death entre el animoso público del festival.

Desde el minuto uno y si bien Tasan no se reveló como un frontman de gran intensidad física sobre el escenario, pocas dudas caben en su desempeño vocal, tan ágil y diverso en registros como exigen las retorcidas pero elegantes composiciones de la banda. Algo que se hizo patente en la tremebunda “Hollow”, uno de los cortes más populares de la agrupación británica. En ciertos momentos rozan el djent, sus guitarras ganan en gravedad y cortes como “Mouth Of Madness” suenan realmente potentes. Ahí encajó como un guante la más tendida y atmosférica “Decay”, con la banda tomándose un pequeño (pequeñísimo) respiro. Cabeza de cartel, con el permiso de la buena gente de Hora Zulú, ejerciendo como tal.

En un momento dado nos quedamos sin sonido por PA. Algo de lo que la banda, in ears mediante, pareció no percatarse. Aquello y por suerte, quedó en mera anécdota. “Vamos Cabrones” grita Tasan, como si la gente no estuviese ya muy a favor de obra, como introducción a “Collapse”, aunque sería el tema que da nombre a su último álbum, “This Place Only Brings Death”, el que creo que daría la verdadera medida de la banda británica. En gran forma.

Llegaba el turno entonces para los madrileños Brothers Till We Die, a buen seguro una de las propuestas más brutas, también más divisorias, de esta décima edición del Karma Fest. Su salida a escena, desplegando un metalcore amargo y bruto, recordé a aquellos Bonecarver que pasaran por el festival en su edición de 2023. Pero si bien puede haber ciertas semejanzas entre ellos, son las suyas dos propuestas bien diferentes. Algo que queda patente a poco que atacan con “Hand To Hand” de aquél “The Thin Line Between Death And Immortality” de 2017.

Lo cierto es que con el frío haciendo mella y el cansancio acumulado tras dos días a pie de escenario, aquí nos tomamos un pequeño descanso cara a reponer fuerzas. Falta hacía. En lejanía intenté no perder ripio de su descarga y me llamó la atención la forma en que fusionan (o mejor dicho, colisionan) la electrónica y el deathcore más sucio y gorrino con total libertad. Tan profundamente eclécticos como inevitablemente divisores. Una de esas bandas incapaces de dejar indiferente a nadie.

Batería recargada y vuelta al escenario grande para recibir a los chicos de Hora Zulú, otra de esas cuentas pendientes que uno arrastraba casi desde el origen de los tiempos. El cuarteto granaíno funcionó a base de destellos y un uso y abuso del wah por parte de Paco Luque, guitarra de toda la vida de la banda. Las bromas del vocalista Aitor Velázquez para con su compañero serían una constante a lo largo de todo el set.

Con temas como “Tango” se nos iban los pies a más de uno, y fíjate que servidor los tiene casi de madera, mientras que otros como “Dice El Poniente”, particularmente con versos como:

“Es sorprendente lo que cuesta echar palante llevando un rollo decente. Y manteniéndose elegante”

… sonarían a pura reivindicación. “Toma y Obliga” conquista en su fusión de estilos y la banda, si bien no la más activa de todas cuantas pasaran por el escenario grande, a buen seguro agradó a más de un fan casual de todos cuantos aún quedaban por el recinto. Tuvo buena culpa de ello lo tan equilibrados que sonaron. También que su particular forma de entender el metal diera un respiro ante la avalancha de metalcore que el cartel había entregado desde la descarga de Opera Magna.

“En graná hace otro frío, otra humedad. Esto es precioso, pero…” exclamaría Velázquez en relación a lo idílico del entorno y los rigores que ya imponía el frío a aquellas horas. No faltaría el paseo por “Camarada”, uno de sus grandes emblemas, para un final en el que acometerían “Andaluz De Nacimiento” y “A Ver Si Me Entiendes”. ¿Nos gustaron? Sí. ¿Esperamos no pasar tanto frío en nuestro próximo encuentro? También.

Para el final quedaba el thrashcore de los vascos Frakture, un cierre lleno de nervio, mala baba y mucha reivindicación para poner un final atronador e intenso al décimo aniversario del festival. Al igual que saldé algunas cuentas pendientes con determinadas bandas a lo largo del fin de semana, espero poder ver a Frakture en circunstancias más propicias en un futuro no demasiado lejano.

A grandes rasgos estas serían nuestras impresiones acerca de la edición más ambiciosa del festival lavianés. Una décima edición que, comparando con la anterior, ni mucho menos satisfizo en lo tocante a venta de tickets. No me compete a mí buscar culpables, tampoco es mi intención, pero negar este punto sería de necios. Lo cierto es que ambos días se sucedieron sin mayores inconvenientes más allá de los que impusieron los rigores de la meteorología. La apuesta por los dos escenarios agiliza y reduce esperas entre bandas, pero nos sigue pareciendo un cartel al que le pesa el culo en determinados momentos, con jornadas que derivan en maratonianas. Si el cartel del año que viene vuelve a tener semejante amplitud habrá que hacer acopio de toda clase de bebidas energéticas (o de otro tipo de aditivos) así como dos buenos pares de calcetines bien gordos.

Porque sí, pese a que la venta de entradas estuviera por debajo de la idea que (al menos) nosotros teníamos en mente, nada nos haría más felices que estar de hoy en 365 días contándoos lo bien que se ha dado la décimo primera edición del Karma Fest. Palabra.

En todo caso gradecer a la organización el trato tan exquisito que nos dispensaron un año más, todas las facilidades que pusieron cara a la realización de esta crónica y el trabajo, imaginamos poco menos que titánico, que conlleva levantar una doble cita como esta. Mandar también un saludo a los numerosos músicos, compañeros de medios, técnicos de sonido y amigos con que nos cruzamos a lo largo de ambas jornadas. Siempre que estáis por ahí todo nuestro trabajo, si es que a esto se le puede llamar trabajo y no pura afición, resulta mucho más sencillo y llevadero.

Que el año que viene sea más y mejor. Ya sabéis: nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz