Crónica: Secta arrasa a su paso con el Panzer (Avilés 27/9/2024)

El viernes 27 de septiembre era una fecha marcada en rojo en mi calendario por varios motivos. Por un lado, Secta se acercaba de nuevo a la Factoría Cultural de Avilés en lo que sería la puesta de largo de su último trabajo, “Panzer”, reseña aquí, que si bien ya habían realizado una premier hace unos meses en el Palacio de Santa Cecilia (crónica), representaban en esta ocasión anunciando que tocarían todos sus temas, además de gran parte de su primer trabajo, el fantástico “Nada Nos Va A Parar” y prometían alguna sorpresa. Motivos no faltaban para asistir a la cita.

Por otra parte, tenía el honor de asistir como representante de esta web, aprovecho estas líneas para agradecer a José Ángel Muñiz la confianza depositada, que si bien suponía una mayor responsabilidad a la hora de captar lo que estaba por llegar, también me llenaba de ilusión, y más tratándose de Secta, a los que sigo desde aquella ya lejana semifinal del FestiAmas celebrada en Luarca allá por 2021, donde salieron victoriosos.

La Factoría Cultural estuvo a la altura, como siempre, del acontecimiento que se celebraba. El apartado técnico se cumplió a la perfección, con un sonido magistral de principio a fin y unos juegos de luces que, aunque suponen todo un reto para los fotógrafos, dotaron junto al humo de un ambiente extraordinario a cada tema. Alabanzas también para ese escenario, con el logo de la banda proyectado sobre el fondo, donde los músicos campan a sus anchas con comodidad.

Juan Pablo Cotera, guitarra rítmica, a la izquierda del escenario proclama “Somos Secta y hacemos rock and roll” y los primeros acordes de la picante “El Herrero” comienzan a sonar. Pelayo Vázquez al bajo y Ger Gilsanz con su Gibson SG situados a la derecha junto a Pablo Pravia marcando los ritmos desde el fondo dan paso tras el riff inicial a la entrada de Michael Arthur Long, que no deja de moverse ni un momento.

Siguen con la adictiva “C’mon” y tras ella Michael se interesa por cuántos de los presentes les estaban viendo por primera vez y al ver que había menores en la sala (una de ellas la pequeña hija de Juan Pablo como él mismo le hizo saber) aseguró que controlaría su vocabulario… No lo cumplió, tarea imposible. ¡Quién se podía controlar ante la fiesta que empezábamos a vivir!

Visita a su primer disco con la dupla “La Sueca” y “Harto De Ti” con Michael haciendo su primera excursión a la torre de PA y, tras amagar en un principio, dar un auténtico salto mortal. !Madre mía, cualquier día se mata!. Vaya entrega, pura actitud.

Regresan al disco que presentaban con la vacilona “Caliente”, en este momento lo que se vivía entre el público era una autentica locura. Tras ello un pequeño respiro para los presentes, que no para la banda, ni mucho menos para Michael, bromeando sobre si queríamos verle caer en uno de sus saltos, con la más ácida de sus composiciones “El Sueño Americano” enlazada con “Todo o Nada” en la que el grito inicial de Michael pone los pelos de punta. A mi parecer la voz en directo suena más rasgada que en el disco lo que aporta una mayor crudeza a los temas y, junto a los coros de Juan Pablo, Pablo y Pelayo, les sienta de maravilla.

Turno el que fuera single de su primer disco “Dame Tu Miel” con Gilsanz desatado y un Michael al que el cable de su micro se le quedaba corto, provocando la caída de unos vasos. “Esto no pasaría si usase un inalámbrico” exclamó.

Siguen las rocanroleras “Fuera De Control” y “La Oveja Negra”, se veían a unos músicos disfrutando, sin parar de moverse, contagiando su energía al respetable que parecía enloquecer con cada acorde. Michael aprovechó el momento de euforia para hacer un guiño al epitafio de “Sea Of Madness”, tema de su otra banda, Drunken Buddha, afirmando “estáis todos locos”.

Pasan a su tema más diferente en cuanto a ritmo se refiere “La Casa Del Blues”, que Ger finaliza, al igual que en el disco, con un solo de puro blues enlazando con el medio tiempo bluesy de “No Quiero Llorar”, que encaja a la perfección con la precedente. Aumentan de nuevo las revoluciones con “Plan B”, en la que Michael hizo otra visita a la torre de PA con salto incluido. Alguien del público comenzó a cantar “Casi Me Mato” de Barón Rojo, a lo que Michael replicó: “¿queréis una de Obús? ¡Pues va a ser Panzer!”. Un guiño a esas míticas bandas, muy bien traído, que sirvió para presentar el tema que da título al disco que allí nos convocaba, sonando en directo mucho más arrollador.

Terminan el repaso a “Panzer” con el que fuera su primer single “Dulce Dinamita” tema de potente riff y pegadizo estribillo, que buena parte del público coreó a todo pulmón de principio a fin. Continuó la fiesta con Michael tirado por el suelo en la electrizante “Electroshock” y una audiencia totalmente desatada.

Tras esto, realizaron una invitación a quienes aún no tuvieran sus discos a pasar por el puesto de merch y bromearon sobre el disco al que pertenecía la siguiente canción, compuesta por Juan Pablo y Pelayo hace unos cuantos años, pero no editada en disco todavía, la divertida “Vaya Güevos”, con la sorpresa de una especial dedicatoria a un servidor.

Llegaron al final del show con “Nada Nos Va A Parar”, y vaya si lo cumplieron. Michael se subió hasta el lugar más alto que la Factoría y el cable de su micro le permitieron (miedo me dio que se le ocurriera saltar desde allí), y después se dio un baño de “multitudes” interpretando parte del tema entre el público para acabar en lo alto de la escalera que llevaba a la zona de proyección, interactuado, al más puro estilo de Freddy Mercury. Primero con el público y repitiendo el juego de espejos con la guitarra de Ger que se adelantaba continuamente al borde del escenario contestando en diálogo cómplice a Michael. Juan Pablo y Pelayo se acercaban el uno al otro corriendo de nuevo a su posición para los coros y la batería de Pablo acababa por los suelos. ¡Menudo fin de fiesta!

Dejaron claro que este “Panzer” arrollador está perfectamente engrasado y que saben ofrecer una gran velada de rock & roll sin aditamentos. Con su actitud y buen hacer son capaces de conseguir que tanto viejos conocidos como neófitos nos uniéramos sin dudar a la “Secta”.

Muchas gracias al grupo por la invitación a esta fiesta, por las facilidades, amabilidad y cercanía mostrada y un saludo a todos los amigos que allí nos reunimos. Espero que podamos disfrutar de muchas más noches así. Larga vida a Secta.

Texto y Fotos: Miguel Rubio

Crónica: Karma Fest (Viernes 27/9/2024)

Diez años no se cumplen todos los días y en el Karma Fest lo sabían. El festival lavianés ampliaba su oferta a 2 días, acogía por primera vez dos escenarios y contaba con cabezas de cartel de renombre internacional en las figuras de Venues (Stuttgart, Alemania) y Heart Of A Coward (Milton Keynes, Reino Unido). Junto a ellos, una oferta de lo más diversa pero centrada en gran medida en un género, el metalcore, que sigue al alza.

Al evento no le falta de nada. Los habituales casetas de merchan, una buena barra, puestos de comida, etcétera. Y nos gusta que apuesten por el método de la pulsera “cashless” en lugar de los siempre engorrosos papelitos, fichas a veces, de otros festivales. Con una climatología que vino a cebarse con especial énfasis en la jornada del viernes y un denominador común, el frío, a buen seguro que muchos indecisos se lo pensaron hasta muy última hora.

Porque lo cierto es que el panorama era algo desolador cuando los gallegos Her Anxiety pusieron en marcha la más internacional del Karma Fest. No fue mucho el tiempo del que dispusieron pero sí las ganas que le echaron. Con una propuesta muy afín al espíritu del Karma Fest, en honor a la verdad hay que decir que son mucho más que la llamativa apariencia de su frontwoman Aida. Conectaron bien con la gente y nos hicieron entrar en calor. Falta hacía.

Sin solución de continuidad, ventajas de los dos escenarios, llegaba el turno de Where The Waves Are Born, parece que expertos en estas lides de afrontar el horario tempranero. La amplia formación vino a comportarse en Pola de Laviana con todo su arsenal intacto, conjugando melodía con contundencia y poniendo a bailar a más de uno. A puro pico y pala siguen labrándose su particular leyenda. Lo cierto es que suenan cada vez más solidos. Guille Rodríguez incluso aprovechó para bajar a la hierba y cerrar un set donde, a buen seguro, más de uno se quedó con la copla.

Desde Valladolid vinieron los metalcore Blaze The Trail, que armaron una salida de set a jierro para goce de los fans del metalcore más elegante. Lo cierto es que arrimaron a un buen número de curiosos al “Senderos Del Carbón Stage”, el escenario pequeño de esta décima edición. Serían a la sazón responsables del primer wall of death del fin de semana y con “Mayhem” supieron poner a la gente voz en grito. El set funcionó a base de contrapuntos entre sus cortes más potentes y ciertos pasajes más atmosféricos en la más pura tradición del género. El set culmina con su bajista bajando al verde del Karma Fest y la sensación de que todo el set se movió por los cauces esperados. Muy cumplidores.

La de Headon suponía una elección bastante bien tirada por parte de la organización del festival. Su heavy metal bebe en cierto grado de lo alternativo y, por ahí, su buen encaje en el propio espíritu del evento. Me esperaba “Libérate” como arranque del set pero quiso la banda abrir con “Máscara” ese ataque a quienes se esconden “tras un teclado”. No fue la banda con mejor sonido de todas cuantas pasaron por el “La Salve Stage”, el escenario grande, pero lo cierto es que le echaron ganas.

Y Andy Martínez puso todo su carisma a favor de las buenas canciones que atesoran. En la más tranquila “Canto De Sirena” echamos de menos a Jessie Williams pero el propio Andy tiró de su amplia variedad de registros para darle todo el calor posible a la composición. La banda hubo de lidiar con pequeños problemas de sonido primero, el apagado de las luces después. Tras los inconvenientes, “Revolución” vino a dar la verdadera medida de los murcianos, con una cierta porción del público, coreando con ellos. Víctor García, presente entre el público, recibió un cariñoso saludo por parte del frontman murciano. Y mientras que “Asfixia” mostró esa cara más alternativa, “Constantine” puso el gancho y la versión del “Desátame” de Mónica Naranjo nos sorprendería a más de uno. Si bien es cierto que eché en falta un corte como “Sigo En Pie”, de su anterior “Génesis”, una buena versión de la banda.

Llegaba el turno entonces a los valencianos Dawn Of Extinction, que desde el escenario pequeño vendrían a afianzar esta fase más heavy del set con su incendiario thrash metal de corte moderno. Era una de esas bandas que se encontraban fuera de mi radar hasta la tarde del viernes y os puedo asegurar que me sorprendieron.

“Se parecen mucho a Trivium” me confesó cierto fotógrafo antes del comienzo del set y lo cierto es que me gustó esa salida tan nerviosa y furibunda que propusieron. Cristian Juárez, a quien después veríamos junto a Leo Jiménez, comanda un cuarteto sólido y potente, que en efecto recoge cierto legado de la banda de Matt Heafy y desde luego sabe cómo empastar buenos temas. También cómo mostrar un más que notable nivel técnico. “This World Remains” vino después de los obligados agradecimientos y “Motherfucker”, con Laviana a coro, exacerbó la cara más visceral de la banda. Incluso vimos un tímido wall of death en “Apocalypse”. Nos agradaron.

Teksuo son una de las grandes instituciones tanto del metalcore estatal como del propio festival en sí, donde juegan en casa y nunca fallan. Reconozco que el tipo de música que hacen me engancha solo a ratos pero la del viernes puede ser fácilmente la mejor de sus descargas de todas cuantas les hemos visto. Por lo contundentes que sonaron y por un Diego en voces que sigue acrecentando su gama de registros conforme pasan los años.

Laviana vibraba con el quinteto. Con una puesta en escena beneficiada ya de la marcha del sol, siempre se podrá argüir en su contra el uso (que no abuso) de bases pregrabadas. Con eso y con todo lo cierto es que “Lost In A Dream” mediante, pocas veces habrán sonado tan redondos. Desencadenó un nutrido wall of death y no es para menos.

Sería el propio Diego quien pediría que nos abrazáramos para aquella “Let It Rain” de su “Endless” de 2020. El final, de lo más agrio y descarnado, terminó por dar fe del buen momento que atraviesan. A tenor de lo visto en una nueva edición del Karma, queda Teksuo para rato.

Turno entonces para los madrileños de Coslada Debler Eternia, la banda que comanda desde el micro Rubén Kelsen y que vendría a poner la nota power metalera en la jornada del viernes. Los chicos salieron decididos a mostrar su mejor cara. Desde el escenario pequeño pero con ímpetu de banda grande. En primeras filas puede que el sonido no fuera del todo nítido. Más cerca de la mesa de sonido, titánica la labor técnica a lo largo de todo el fin de semana, lo cierto es que su propuesta sonaba mucho más equilibrada.

Catrina” puso el gancho y “Levántate” nos anticipó parte de lo que será el nuevo trabajo de la banda. Los chicos disfrutaron además de buenos invitados sobre las tablas. Juw, también ilustradora de su próximo disco, acompaña a Debler Eternia sobre las tablas para “Mar De Lágrimas” y Leo Jiménez hace lo propio en “Recto Hasta El Amanecer”, que pondría el acento en un power zapatillero, despreocupado y de lo más entretenido. Bajo la lluvia aguantamos la más festiva “La Procesión De Los Borrachos”. El Lépoka Dani Fuentes tampoco quiso perderse la fiesta y al final nos pareció que habíamos visto una buena encarnación de la banda madrileña. Esperando ya su quinto trabajo.

Vuelta a “La Salve Stage” para disfrutar de la gira donde el fuenlabreño Leo Jiménez viene celebrando sus treinta años en esto de la música. Y qué mejor para hacerlo que verse rodeado de una base rítmica, Patricio Babasasa al bajo y Carlos Expósito en baterías, que nos trae no pocos recuerdos a muchos. La formación arriba de las tablas la completaban el Dulcamara Rufo J. Cantero y el propio Cristian Juárez de Dawn Of Extinction en guitarras, amén de los ex Mägo de Oz Patricia Tapia y Zeta en tareas vocales.

Se preveía fiesta y lo que aconteció fue un repaso casi quirúrgico a la carrera del ex Saratoga, con especial acento en su carrera en solitario tras separar sus caminos de la banda de la iguana. Termina la intro, el tema central de Basil Poledouris para “Conan” si mis oídos no me engañan, y se notaba a la gente muy adentro ya para “Desde Niño«, de aquél “Animal Solitario” de 2013. El de Fuenlabrada tuvo además la suerte de la pequeña tregua que la lluvia dio a la sufrida audiencia, por lo que no quedaba otra que divertirse. Tras “Con Razón o Sin Razón” llega una petición de aplauso para Zeta y Patricia, que respaldan a Leo en voces derrochando no poco carisma en el proceso.

Soy Libertad”, también de aquél disco de 2016, fue una de las más coreadas de la parte inicial del set. Y si bien la de Leo Jiménez en solitario es una carrera que he seguido con cierta distancia, cortes como “Condenado”, con Andy Martínez sobre las tablas, destaparon una cara más agria con la que disfruté. A buen seguro las atenciones recayeron entonces en ambos vocalistas, pero Patricio y Carlos brillaron con auténtica luz propia aquí.

Regresó Patricia para repasar la más hard rockera “Volar”, de Zero3iete y me gustó que el también integrante de Stravaganzza pusiera el énfasis en los más pequeños antes de proceder con “Cielo e Infierno”. Aquí nos las vimos con la lluvia, que arreciaba ya sobre Pola de Laviana, pero todo un Pablo García se aupó al escenario grande y quien es este modesto plumilla para perderse tan especial ocasión. Allí que deslizaron “El Fin Del Camino”, también de Zero3iete, con el asturiano brillando como acostumbra. Uno de esos guitarristas capaces de convertir el solo más imposible en pura rutina sin perder la sonrisa. Zeta y Patricia volverían para la balada “Llévame” mientras que “Tu Destino” reuniría de nuevo a ambos hachas de Dawn of Extinction.

El show fue un continuo ir y venir de invitados. Leo, que lleva años batallando contra una parálisis parcial de la cuerda vocal derecha, fue todo ímpetu y carisma en Laviana. Sea como fuere aquí llegó el turno de recordar su paso por Saratoga, que acometió primero con “Vientos De Guerra” primero y “Perro Traidor” después para dar la verdadera medida de lo que serían unos Saratoga con dos guitarras sobre el escenario. “Parte De Mí”, mi favorita de entre las baladas que “La Bestia” llegara a grabar para la banda de Niko del Hierro, con Juárez enseñando una preciosa ¿Dean V-Coustic? Puso fin al repaso.

Con “Grande” recordó su paso por Stravaganzza. En lo personal habría preferido algo como “Impotencia”, que la banda había tocado semanas atrás en La Riviera, pero lo apretado de los festivales impone sus propios rigores. Volverían Pablo García y Patricia Tapia para el curioso mashup entre “The Trooper” de Iron Maiden y “Beat It” del llamado rey del pop Michael Jackson, pero sería “Hijo De La Luna” (Mecano) en clave Stravaganzza la que cerraría el show. Mucha nostalgia y una voz, la de Leo Jiménez, que se niega a dar la batalla por perdida.

Para cuando los valencianos Retrace The Lines toman el Senderos del Carbón, el frío azota ya Pola de Laviana. De ellos me gustó la salida tan descosida e intensa que propusieron. Su propia concepción del post-hardcore, siempre tan bronca e intensa. Pero también que se trajeran a su propio DJ y teclista con ellos en lugar de disparar sus líneas pregrabadas desde un ordenador portátil.

Nosotros aquí aprovechamos para tomar un tentempié, era larga la jornada ya para entonces y aún quedaban los cabezas de cartel, así que no puedo ofreceros un detalle más pormenorizado de sus evoluciones. Tampoco es el suyo un género que controle como debiera. Pero en la lejanía que daba la zona de “avituallamiento” sí que pude ver al público del Karma Fest pasárselo en grande con los de la ciudad del Turia.

Desde Stuttgart llegaban los chicos de Venues con su elegante metalcore a dos voces y uno de los baterías más vistosos de todo el fin de semana en la figura de Denis Vanhöfen. Con la dupla Daniela “Lela” Gruber y Robin Baumann en voces, los germanos se ganaron a un público que se las veía y de qué forma contra el frío. Rigores de un festival al pie de la montaña y del mes de octubre.

Lo cierto es que dejaron una buena gama de riffs, también de breakdowns, pero siempre de una manera, en cierto modo, controlada. Sin perderse en tonos excesivamente oscuros y sacando un gran partido de la mentada dupla entre Gruber y Baumann. Comentaron que este era su primer concierto dentro de nuestras fronteras, lo que otorga gran mérito a los pequeños pinitos en nuestra idioma con los que introdujeron alguno de los temas. La gente saltó cuando se les pidió y en general hubo mucho movimiento en las primeras filas.

Gruber introdujo con un atisbo de ironía “Bad Karma”, de su último álbum “Transience” y la sensación que fue quedando es la de estar ante una banda de nivel dentro de las lindes del género. El pequeño speech conque la alemana introduce “Reflections” llamando a desobedecer a la voz interior que tanto nos atenaza, pondría el apunte cada vez más necesario sobre la necesidad de hablar sobre la salud mental. La lluvia volvería a arreciar entonces sobre la localidad asturiana, pero nos quedó la sensación de haber visto a una banda que parece llamada a cotas aún mayores.

Había interés por ver a los locales Selfaware tras el cambio de formación que la banda ha acometido en su base rítmica. Ello junto con los buenos temas que atesora aquél “Entropy” con el que debutaron allá por 2021 terminaron pesando más que la lluvia, el frío y los retrasos. Porque quiso un problema técnico cebarse con la guitarra de Luis Miranda, que refunfuñando, se negaba a obedecer a las órdenes de su dueño.

Para cuando los técnicos reconducen la situación, la banda acomete una “Chaos Theory” cuyos versos “you can’t stop the rain with your hands” (“no puedes parar la lluvia con tus manos”) no podrían haber resultado más elocuentes. “Damage Is Done”, una de las piezas más graves de aquél disco debut, sonó realmente iracunda en Laviana.

La banda aprovechó además la ocasión para presentar algún tema nuevo, que a ratos me sonaba muy Megadeth. También para recordar “Ébola” de la anterior banda de Miranda, Innerself. Con otro tema nuevo y la pegadiza “Demonized” cerrarían el viernes cuando, quien más quien menos, tiritaba ya de frío. Para lo que menos quedado.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: Festival La Carriona Rock (Avilés 13/9/2024)

El pasado viernes 13 de septiembre tuvo lugar en el Barrio de La Carriona (Avilés) el festival gratuito La Carriona Rock que, como quien no quiere la cosa, ya va por su decimotercera edición. Todo un logro teniendo en cuenta que la organización corre a cargo de la asociación de vecinos la “Xunta De la Carriona” y que su apuesta por el “rap punk rock” (si se me permite la denominación) local y nacional no es, lo que se podría decir a priori, una apuesta ganadora. Todo lo contrario, pues un año más, el festival contó desde el inicio con una gran afluencia de público y con una organización totalmente entregada a la causa. Este año el festival rendía homenaje a Sera JB, vecino del barrio y ex-bajista de Sartenazo Cerebral fallecido hace casi un año lo que lo hacía aún más especial.

El cartel de esta edición lo conformaron los locales Zona Oscura y Sartenazo Cerebral, acompañados por los leoneses Catalina Grande, Piñón Pequeño y como cabezas de cartel los madrileños Def Con Dos. Toda una amalgama de propuestas y sonidos que a la vista del resultado no defraudó al nutrido público que llenó la pista del Parque de la Carriona.

El Ayuntamiento de Avilés apadrina el evento que marca el comienzo de las fiestas del barrio. Es de justicia mencionar la gran labor que realiza este ayuntamiento en la promoción de festivales y actuaciones de grupos y músicos dirigidos a un público más minoritario. Sin ir más lejos, al día siguiente, también colaboraba en la tercera edición del festival Valliniello Sound, del que publicamos la correspondiente crónica.

El festival cuenta con todo lo necesario para que todo se desarrolle al agrado de los presentes, con una amplia barra, un puesto de bocadillos, un punto violeta, el necesario puesto de merchan, en el que poder charlar con las bandas antes y después de sus correspondientes actuaciones y una zona de parrilla en la que preparaban costillas y criollos. Aunque lo más destacable, a mi parecer, en este aspecto organizativo es que el centro municipal anexo al recinto estaba a disposición de músicos y asistentes por lo que las bandas contaban con un backstage amplio y confortable y los asistentes con unos aseos de calidad a años luz de las casetas prefabricadas que se colocan en otros eventos.

Entrando ya en el apartado musical, los primeros en salir a escena fueron los avilesinos Zona Oscura, inmersos en la presentación de su último disco hasta la fecha ”Hacia El Lado Contrario” y la gira denominada “Y Mientras Tanto…” que los ha llevado por gran parte de la geografía nacional. No los había visto en directo desde la entrada de Chris a las guitarras y he de decir que la labor de este joven músico me dejó muy impresionado. Comienzan al igual que el CD que presentan con “Ellos y Nosotros” para seguir, sin apenas respiro, con las también pertenecientes a su último trabajo “Temporal” y “El Día De Mañana” cerrando este primer bloque con la combativa “Contra Un Cristal”. El sonido no pudo ser mejor en estos primeros compases, y así se mantuvo durante todo el festival.

Momento para los primeros agradecimientos, con mención para «Las 6 de la Suiza« y su lucha, para continuar con “Acuto” y “La Xente Necio” cantadas n’ asturianu. Un pequeño respiro para presentar “Silencio En La Cárcel” compuesta a partir de unos versos escritos por el bisabuelo de Uga meses antes de ser fusilado. Precioso tema donde el sentimiento puesto por Uga en las voces y el bajo merecen una mención especial.

Tonay a la guitarra y voz principal no para de moverse por el escenario al igual que Chris mostrándose muy activos sobre las tablas en todo momento. Recuerdo para Sera JB y para Carlos y Maribel del Cafetón fallecidos recientemente, introduciendo la canción “¡Calla, Ho!” con unos acordes de la imprescindible canción de Los SuavesMi Casa” adecuadamente adaptados a “Mi Casa Es El Cafetón” acompañados en esta ocasión por Món de Los Berrones.

Siguieron con “No Te Metas”, con recuerdo para Chiri de Madera Rock que participó en su grabación para el disco, finalizando su actuación con “Atascos” dejando un gran sabor de boca por la gran labor realizada en la siempre difícil tarea de abrir un festival.

Llegó el turno para los leoneses de Catalina Grande Piñón Pequeño (CGPP) y su, como ellos mismos denominan, punk fandango, con guitarras a cargo de Richard Majo, tras los parches Adrián Cavero y a la voz el carismático David Verderón dieron un espectáculo cargado de ironía y buen hacer.

Tan importantes como sus rapidísimos temas, algunos no llegan a los 30 segundos, son los «speaches» de su frontman que no dejan títere con cabeza. Comienzan con “Calzoncillo Azucarado”, para seguir con “Menestra Con Ginebra”, ¿os acordáis de cuando se podía conducir con tasas de alcoholemia de 0,8?, preguntaba David. Continúan con “Canción De Odio”, toda una declaración de intenciones y primera de las múltiples intervenciones de David para reivindicar sus orígenes en un pueblo de León, concretamente de Benavides De Órbigo, como se encargó de señalar.

Los golpes de la batería de Adrián son constantes, muy precisos, y junto a la velocidad de sus temas dan ese toque punk que los caracteriza. Comentarios jocosos se suceden uno tras otro, dirigidos a la guardia civil, a las orquestas que suelen inundar las fiestas de nuestros pueblos y ciudades, a Rafa Nadal y su Kia… todo perfectamente encajado para dar un espectáculo difícil de olvidar. Con un brindis bebiendo del que, según sus palabras, era el orinal de su abuelo, finalizan el primer acto de su actuación.

Nuevo «speach» para decir, entre otras cosas, que el show tiene 25 temas y que son los que hay, así que no se pidan más. El “Cartel De Los Helados” y su frenético ritmo, “Perros Con Jersey”, la didáctica “Opel Kadett” y “Yo Soy Rock N’ Roll” dan paso a “Comulgar Condones De Cecina” en la que David se mezcla entre el público ofreciendo ostias de cecina en una muestra más de su irreverencia. Siguen descargando temas como la inicialmente rockera “Ropa De Mercao” para acelerar al límite en su parte final, o el medio tiempo de “Pudrirme En La ITV” intercalando comentarios ácidos para un nuevo brindis, esta vez bebiendo de un elemento de lo más inesperado, tras el que encaran la parte final del concierto con la muy graciosa “Riñones De Leche” y sus enseñanzas que parten de las creencias populares, la más popera en su ejecución y crítica en sus letras de “No soy AmanciOrtega”, “Jabón De Lagarto” o “Los De La Capi” cargando contra la gente de ciudad que recelan de los pueblos y en la que se pudieron ver muchas camisetas que rezaban “Lo mejor de Madrid es cuando vuelvo pa León” dejando constancia de que una gran parte de la audiencia se había desplazado para vez su concierto. Y así llegamos al tema 25, que como habían anunciado sería el último, con la gastronómica “Arroz Con Costilla” dejando tras de sí un gran espectáculo.

Un sonido excelente de principio a fin, una comunión completa con su público, que no dejó de corear y bailar en cada uno de los temas, unas intervenciones bien medidas y derrochando simpatía, hicieron de su actuación una auténtica fiesta.

Tiempo para el punk rock reivindicativo y pegadizo de los locales Sartenazo Cerebral, curiosamente el primer concierto de la formación tuvo lugar en este mismo escenario doce años atrás y se podría decir que son unos habituales a la sazón de las veces, seis ya, que han participado, la última hace cinco años. Presentaban su último EP «10 Años» publicado en 2022 para conmemorar del décimo aniversario del grupo.

Nada que ver su actuación con sus predecesores, poco tiempo aquí para comentarios, ofrecieron una descarga directa y sin concesiones en la que repasaron los temas de toda su discografía. Comenzaron con la ironía de “Tal Vez Asista”, para seguir con la potente batería que da paso a “Viaje Con Nosotros” y “Tecnológicamente Muy Superior” perteneciente a su primer disco, la especialmente combativa y acelerada “Los Punkis Tenían Razón”, y su adictivo riff, “Las Barras De Tolosa”, “Legítima Defensa”, «¿Es esto el Futuro?” … fueron cayendo sin respiro uno tras otro sus temas más emblemáticos. Los pogos y bailes se sucedían en el público, animado por un hiperactivo Nieto. No faltó el recuerdo a su bajista fallecido Sera JB y los agradecimientos a la organización y resto de bandas, en especial para Zona Oscura con los que compartían equipo.

Continuaron con “El Rockanroll Del Señor”, “Barrigas Felices” y así uno tras otro llegamos a la versión que hacen de “Rata De Dos Patas” para terminar con “Seguirán Jodiéndonos Igual” y “De Bar En Bar”.

Una descarga directa, de puro punk rock sin aditamentos, con una actitud sobre las tablas muy activa en todo momento y un sonido contundente, especialmente la batería de Rata, hicieron de su actuación una auténtica celebración.

Llegaba el turno para Def Con Dos, que dentro de su gira “Mutantes Pal Pueblo” vienen celebrando el XXX aniversario del álbum que los consagró en del panorama nacional “Armas Pal Pueblo” por ser la banda sonora del debut en la dirección del gran Alex De La Iglesia con su película “Acción Mutante”. Y, aunque en esta gira acostumbran a tocar el disco en su totalidad y en el orden en el que fuera grabado, lo visto en La Carriona fue una versión reducida en la que no faltaron “Condición De Defensa”, la muy coreada “Acción Mutante”, “Juguemos Con Objetos Punzantes”, “Sigo Siendo Heterosexual”, “Ciudadano Terrorista”, un mix en el que unieron “Duro y A La Encía” y “Magnicidio” para seguir con “Tuno Bueno El Tuno Muerto”.

A estas alturas el púbico estaba desatado y así recibiría a la que cierra el disco “Mineros Locos (Armas Pal pueblo)”. Todos estos temas grabados hacen ya más de treinta años sonaron en La Carriona incluso más contundentes que los originales, dándoles un estupendo lavado de cara para esta ocasión tan especial.

Después de este amplio repaso del “Armas Pal Pueblo”, siguieron descargando grandes himnos del resto de su discografía entre los que no faltaron la divertida “La Culpa De Todo La Tiene Yoko Ono”, “Pánico A Una Muerte Ridícula”, “Agrupación De Mujeres Violentas”, “Ultramemia” o “El Día De La Bestia” perteneciente a la banda sonora de la película homónima de Alex De La Iglesia.

Las voces de Strawberry, Samuel Barranco y Sagan Ummo, que no dejan de moverse por todo el escenario ni un momento, la frenética guitarra de Alberto Marín, con sus afilados solos y el bajo de J Al Andalus que junto a la batería de Kiki Tornado dotan a los temas de una potencia impresionante pusieron a prueba la resistencia del respetable, al que no dieron ni un respiro.

Def Con Dos llegaron a La Carriona combativos en todo momento y vencieron en sus continuos envites; sonaron muy compactos y, a mi entender, dejando a un lado su parte más hip hop para adentrase en ritmos más punks y heavies, especialmente gracias a la guitarra de Alberto y al bajo de Al Andalus. La conexión con el público es total, acercándose continuamente al borde del escenario y con gestos que invitan a no estarse parado ni un instante, todo ello hace de su actuación una experiencia única, que espero poder repetir en la gira de presentación del disco “Gilipollas No Tiene Traducción” que, tal como anunciaron están a punto de sacar al mercado.

Agradecer a la organización del festival la iniciativa y deseando que continúe en la misma línea ascendente durante muchos años más.

Texto y Fotos: Miguel Rubio

Crónica: Avalanch (Oviedo Rock 20/9/2024)

Volvían Avalanch a la capital asturiana y lo hacían como invitados en la XXVII edición del Concurso de Rock Ciudad de Oviedo Alejandro Blanco “Espina”. Una banda que llevaba sin pisar la ciudad asturiana desde su paso en acústico en 2019. Junto a Alberto Rionda y sus chicos competían dentro del certamen los hard / heavies Undertaker y los punks Mayday.

Sería la propia Ruth Suárez (Darna, Kirlo), miembro del jurado, la encargada de presentar a los distintos participantes. Siendo apenas veinte los minutos de los que disponen las bandas aspirantes, no gran cosa podemos decir. Undertaker, quinteto de heavy clásico con voz femenina, (descendiente de un tal Fer Espina) mostraron buenas hechuras en lo compositivo pero quizá una cierta lozanía en el directo. Nada que el tiempo no cure. Ejemplos desde el nacimiento de esta hemos visto unos cuantos. Estaremos atentos.

Mayday por su parte parecían tener la lección bien aprendida. El suyo es un punk contemporáneo, que me recordaba por momentos a aquellos Servet que vimos en Valliniello, pero por donde se colaban algunos riffs más rotundos, casi en las proximidades del metal. Con un tema n’asturianu y detalles que llegaron a bordear el post rock, no creo que dejaran indiferente a nadie. Desde aquí solo cabe desearles la mejor de las suertes a Undertaker, Mayday y al resto de participantes.

Teníamos muy reciente al combo de Alberto Rionda, aquél paso por el Luarca Metal Days del pasado julio, pero había ganas de ver qué tal funcionaba la enésima iteración de la banda en territorio ovetense y en el marco de las fiestas patronales de la ciudad. Marco donde, sin ir más lejos, la banda grabara su primer DVD “Cien Veces” hace ahora ya más de dos décadas.

Lo sabido de antemano es que esta no iba a ser una fecha fácil para ellos. Nunca lo es cuando uno pierde a una pieza fundamental del engranaje como es el teclista Manuel Ramil, a quien deseamos pronta recuperación. Su falta, sumada a la ya habitual de un segundo guitarra, daba un aspecto algo desolado cuando el (momentáneo) cuarteto la emprende con “El Oráculo”. La puesta en escena, con el logo proyectado en el video wall y un par de telones a cada lado, ofrecía una estampa de lo más cuidada.

Habíamos visto al Death&Legacy y Delalma Jesús Cámara afanarse con el bajo de Nando Campos, por lo que quizá no teníamos ninguna certeza de cómo de bien iban a sonar esta versión downsize de la emblemática banda asturiana. Pero lo cierto es que para cuando llega “Horizonte Eterno” no pueden estar sonando mejor. Ello pese a lo siempre engorroso de las pistas pregrabadas. Atrás del escenario, entre los mencionados telones, el bueno de Bjørn Mendizábal (Quaoar, ex-Azken Garrasia) se afanaba en propulsar a la banda. Su desempeño, la forma en que dispone el propio kit de batería, no podría recordar más al tal Mike Terrana a quien sucede en el puesto.

Muy bien recibida “El Dilema De Los Dioses” entre el público que se arrimó a la plaza de Feijoo. Pardial había reconocido que era una de las canciones especiales para ellos y lo cierto es que, de entre el material más reciente, fue de las que mejor funcionó. Los chicos arremeten entonces con la más pop “Alas De Cristal” y toneladas de recuerdos vuelven a agolparse en mi subconsciente. Una de esas que rara vez fallan. Pardial le dedicó “Pies De Barro” a quienes estuvieran “pasando un pequeño bache”. Brilló Rionda aquí. También el cudillerense, que junto con el bajista Nando Campos se las apañó para darle un aire más hard al epílogo. El circunstancial cuarteto enlazó con “Mil Motivos” y quedó patente el buen estado de forma que atraviesan. Aún con los inconvenientes.

Rionda cambiaría de guitarra y el set sufriría entonces la gran inflexión que supone siempre “Niño”. Ineludible y, al menos para quien escribe, uno de los tres, cuatro mejores cortes de su ya dilatada trayectoria. Me gusta que José Pardial no intente parecerse a ninguno de sus predecesores. Tiene su propia personalidad y sobre el escenario se desarrolla conforme a sus muchas virtudes. Si es la pieza adecuada solo el tiempo lo dirá. Rionda, por su parte, adornó como siempre ese puente tranquilo y contribuyó a anticipar ese build up que tanto y tan bien acostumbra a funcionar. Quien más quien menos anticipó entonces una deriva hacia temas de su primera etapa…

… y acertó, si bien la escogida fue “Antojo De Un Dios”, no sin que antes Pardial le pidiese a la gente que le iluminásemos con las linternas de nuestros móviles. Brilló Rionda en el solo aquí, como no podía ser de otra forma. La estupenda “El Peregrino” nos retrotrajo a “El Secreto”, con el vocalista de Cudillero en su salsa. Aquí el pixueto anunciaría un último tema, no otro que “Lucero”, para dar por finiquitado el set. El rechazo que generó en su día, la banda venía de donde venía, y el calor que recibe esta canción hoy día. Pocas cosas más sabias que el paso del tiempo.

Rionda inauguró los bises en solitario. Primero con el solo de “Alborada”. Después con “Santa Bárbara”, con la Feijoo a coro. Y ya con toda la banda sobre el escenario, “La Flor En El Hielo”, que a estas alturas del set puso de relieve cuánto creen estos Avalanch en su (hasta la fecha) penúltimo álbum de estudio. Es sin embargo la nostalgia de “Pelayo” (que Pardial dedica a su “primín” del mismo nombre) la que pone San Mateo patas arriba, con Bjørn y el propio vocalista buscando la interacción con la gente al final. Y aún a riesgo de repetirme, fantástico Rionda en el solo aquí.

La labor de Nando Campos puede ser algo más oscura. Lo cierto es que sin una segunda guitarra en escena uno echa en falta un bajo con algo más de pegada. Lo que no fallan son sus coros en apoyo de su vocalista en “Xana”, donde Avalanch procuran un arranque a capela que enganche con la audiencia. Fue aquí donde más eché en falta esa segunda guitarra. También donde Pardial ofreció el agudo más rasgado de la velada. El de Cudillero se vació de lo lindo sobre el escenario en este tramo final y, poco a poco, va labrando su particular leyenda.

Agradecimientos al equipo técnico mediante, a la organización y al equipo de Duque Producciones, el vocalista quiso tener un pequeño detalle para con Manuel Ramil en la introducción de, cómo no, “Torquemada”, que Feijoo acompañó voz en grito para poner el punto el final. Una buena versión de la banda a pesar de las circunstancias y cierta sensación con respecto a nuestro anterior encuentro de que se encuentran cada vez más a gusto. Por nuestra parte solo queda desearle lo mejor al coruñés y contarlo aquí, en Heavy Metal Brigade.

Un buen jueves a caballo entre la incertidumbre del futuro y el siempre fiable valor de la nostalgia. Sigue sin agradarme el actual emplazamiento del Oviedo Rock. Mira que no habrá plazas en Oviedo sin una estatua en medio. A veces da la impresión de que ciertas decisiones consistoriales se basan en criterios cuanto menos aleatorios. En cualquier caso felices de haber visto una pequeña migaja del Oviedo Rock y una buena versión de Avalanch.

Nada más ya que dar las gracias a la organización por las facilidades dispuestas de cara a la realización de esta crónica, mandar un saludo a los habituales de siempre y ya saben: nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: Valliniello Sound Fest III (Avilés 14/9/2024)

Tercera edición del Valliniello Sound Fest desde el C.E.I.P. Fernández Carbayeda con la participación de las bandas Fer Espina & The Riders, Sacavera, Kinkis Gruñones, Materia Muerta, Servet, Leather Boys, Betty & Barney Hill y Communal Connection. A ellas hay que sumar la sesión vermú con Rock & Rockets y la celebración de la IV Ruta Motera Nocturna “Estrellas Avilés”. En una jornada bajo un sol inclemente pero con un viento que azotó el recinto durante la jornada, Una cita que nos perdimos en su segunda edición, dichosos solapes, y que busca hacerse su hueco dentro de la nutrida oferta festivalera de la región.

Abrieron Fer Espina & The Riders, una banda que se ha hartado a rodar por escenarios de todo pelaje y que vino a dar el pistoletazo de salida a la larga sesión vespertina. Carisma y muchas tablas de las que se rodea Espina, con Dany León en guitarras y Alejandro Blanco en baterías. Gente curtida en mil batallas.

“Vamos a hacer un poquito de rock and roll” proclama la voz del trío y en ello que se enfrascaron pasados escasos minutos de las siete de la tarde. Con Gus Bocanegra y Nefta Vázquez a los mandos del sonido, nos prometíamos una jornada de lo más apacible en este sentido. Inconveniente del viento al margen.

Espina entrega lo mejor de su particular registro en “Todo Está Bien”. León entregó riffs con gancho y la banda fue metiendo en calor al público con toneladas de clase y saber hacer. Salta a la vista cuando León echa mano del slide para “Gong”, renombrada para la ocasión con el nombre del festival y en donde la banda acierta a la hora de buscar la conexión con la gente. No faltó el aplauso para la organización. Tampoco esa “El Ojo Que Todo Lo Ve” que abría y nombraba a su álbum de 2023. Supieron cumplir con la siempre ardua tarea de abrir un festival y la gente se lo pasó bien con ellos. El tercer Valliniello Sound Fest no podía empezar con mejor pie.

Llegaba el turno de Sacavera, una de las grandes incertezas de esta edición del Valliniello, de tanto en cuanto este iba a ser su primer contacto con un escenario. Cuando llenéis el Wizink, recordad quienes estuvimos apoyando desde el primer día. Bromas aparte, había ganas por ver de qué era capaz el trío formado por los ex Automatic Kafka Michell Ardura (guitarra y voz) y Arturo «Will» (batería) junto al bajista Javier González.

Lo cierto es que no era mucha la idea que teníamos de la banda cuando salen a escena. Apenas un pequeño videoclip colgado en su perfil de Youtube. Pero mentiríamos si dijéramos que nos disgustaron. Porque la banda acertó a amalgamar rock urbano y punk con pinceladas de metal y demostró tener las cosas bien claras. Tuve la suerte de contemplar en compañía de cierto teclista las evoluciones de la banda y ambos coincidíamos en que la encarnación en vivo de la banda superaba a lo poco que habíamos escuchado de ellos.

“Esta se la vamos a dedicar a Netanyahu, a ver si se muere de una puta vez”, exclamó Michell como introducción a esa “Que Viene El Lobo” con unos Sacavera perfectamente conjuntados. Que su encarnación en directo mejora con creces al pequeño destello en Youtube es algo que salta al oído cuando la banda enfrenta “Extinción” y uno puede comparar ambas versiones. Y mientras que “Guajes” desliza la cara más árida del trío, éste sorprende con una más que curiosa revisión del “Helter Skelter” de los Beatles. “Que tito McCartney nos perdone” pedía después Michell. Agradecimientos, “La Pieza Del Puzzle” y final de un buen primer bolo para ellos. Son músicos experimentados y se notó. Engancharon con la audiencia pese a lo recentísimo de su nacimiento y, desde aquí, prometemos hacer todo lo posible por estar al quite de sus siguientes pasos.

Llegaba entonces el turno del grupo más Kinki de la región. Sobre la banda de Pablo Zapico (voz), Quilo Zapico (guitarra), Gus Suárez (bajo) y Rodrigo Moy (batería) recaería buena parte del infortunio de esta edición del Valliniello Sound Fest. Y es que parece que no hay concierto, y mucho menos festival, que esté libre de inconvenientes e imprevistos.

De primeras vinieron a cebarse con el bajo de Gus. El instrumento en cuestión se negaba a despertar de la siesta. “Faltaron dos minutos pa’ cancelar”, ironizaba luego Pablo. Puede ser por la propia idiosincrasia de la banda o por el pequeño retraso que se acumuló, pero lo cierto es que su salida con “Solfeo” no pudo ser más rotunda. Unos Kinkis muy gruñones que congregaron a un buen número de correligionarios frente al pequeño escenario móvil del festival.

El propio Pablo Zapico se las prometía muy felices con su inalámbrico. Sucedió entonces que éste vino también a fallar, por lo que tendría que echar mano finalmente del que Gus estaba usando para sus coros. Al final va a ser verdad aquello el “nadie regala nada” que proclama la letra de “Proletarios”. “Pa’ nosotros a veces tocar ye un sacrificio” comentó el vocalista en referencia a ese corte de su primer Ep. Problemas al margen, lo cierto es que la gente se enganchó al cuarteto. Y supo tomarse a broma su versión del “Soy Rebelde” de Jeanette, con la letra adecuadamente morfoseada al imaginario Kinki.

Me agradó sobremanera “Guantazos”, con la banda transitando desde su cara más festiva y socarrona a la más árida para un corte en el que, dio la sensación, pusieron no poco empeño. “Qué vos parez si bailamos un poco”, pregunta Zapico antes de entregarse a la en efecto bailable “Lonely Boy” de The Black Keys. Que me agradó en cierta medida, aunque no tanto como el curioso groove que le insuflaron a “Nordeste”. Muy firme Moy a los parches. Ágil en los momentos más festivos, certero en los más rápidos, propulsó a una banda que dio en todo momento la sensación de estar disfrutando de lo lindo.

El propio Moy arremete con fuerza en una “Frecuencia” que ha ido escalando poco a poco como una de mis favoritas del cuarteto. Zapico bajó aquí a darse su particular baño de masas en la medida en que se lo permitía el cable de su micrófono. O del micrófono de Gus. Su rock punk metalizado arraigó en Valliniello. Ya digo que fue la banda que más público acertó a congregar y, quien más quien menos, disfrutó de buenos cortes finales como “Bipolar” o “Intemperie”. Pero como aseguró Zapico, “dentro de cada alma heavy, de cada alma rockeru, hay un alma festiva”, que precedió al “Ritmo De La Noche” con el que se despedirían. Son una propuesta de lo más peculiar dentro de nuestro ecosistema de bandas y, quizá por ahí lo mucho que enganchan aún a pesar de los problemas. Será por tablas.

Turno entonces para una de las dos propuestas extremas de esta tercera edición, la que trajeron consigo los ribadenses de Materia Muerta. Una furiosa amalgama de hardcore y death metal por donde se imbrican pequeñas trazas punk, ritmos d-beat e incluso algo de crust.

Venían presentando “La Bestia”, largo estrenado allá por el mes de enero (y al que convendría echar una oreja) y ya desde la inicial “Destripador” salta a la vista que los gallegos no vinieron a Valliniello a cumplir el expediente. Ni mucho menos. Nacho, vocalista, tuvo de hecho a bien pasar todo el set entre la gente. Lo digo siempre: virtudes del inalámbrico. Lo cierto es que su death metal de trazas hardcore, o viceversa, cayó de pie entre el público avilesino, que recibió de muy buena gana lo agrio de su propuesta.

Sumó que el propio Nacho no solo pasase todo el show mezclado con la gente sino que se implicara en los distintos circle pits que se sucedieron. “Venimos de Ribadeo y estamos presentado nuestro segundo trabajo”, aseguró sin que su voz denotase en ningún caso el esfuerzo. El de batallar con ese registro tan osco y el de las muchas carreras que se pegó.

Arriba del escenario la banda arremetía segura su nada amable propuesta. En “Muros De Papel” casi parecían un cuarteto de d-beat. Mientras tanto, Nacho le dedicaba “Sueño Eterno” a las víctimas del COVID. Fue la nota melancólica y amarga que marcó un pequeño (y merecido) descanso de la mucha violencia que estaban entregando. Deiviz, de los asturianos Infección, no quiso perderse la fiesta, sumando voces para “Sociedad Programada” como ya hiciera en el último disco de la banda y extrayendo por ahí la vena más punk del momentáneo quinteto. El propio Queipo, guitarra de los gallegos, lucía una camiseta de la banda asturiana. Al final qué no es el punk sino hermandad.

Lo cierto es que fue aquí que hicimos un pequeño alto en la crónica para tomar un tentempié, que ya eran muchas las horas que llevábamos allí y casi otras tantas las que nos quedaban. Para cuando regresamos, Nacho recorría todo el Valliniello Sound Fest como alma que lleva el diablo. Como si le persiguiese un perro con hambre de hueso.

Pero la banda no son solo las correrías de su vocalista. Porque sonaron intensos, a ratos violentos, dando cera casi sin pausa y enganchando con el público en todo momento. Se despidieron, si mis castigados oídos no me engañan, deslizando el breakdown de “Roots Bloody Roots” (Sepultura) y a buen seguro más de un vallinieller se quedó con su copla. Tremendos.

Faltaban veinte para las doce cuando el vocalista Aitor nos recibía con un lacónico “Servet al aparato”. El quinteto venía a inundar Valliniello de buen punk rock y, aunque su música esté fuera de las lindes de lo que solemos tratar en esta casa, lo cierto es que hicieron pasar un buen rato a quienes resistíamos el viento gélido que seguía azotando el recinto.

La banda, con David de Black Panthys Party a cargo de una de las guitarras, entregó un punk cargado de melodía y reivindicación casi en idéntica proporción. Algo que ya deja claro la inicial “La Herida” y que “La Mitad Del Mundo” no hace sino ratificar. Aitor acertaba aquí al buscar al público. Una audiencia algo menguada a aquellas horas pero que supo abrirse de orejas para disfrutar de las bien diferenciadas propuestas que entregaba el cartel.

No faltó un pequeño recordatorio a Nefta Vázquez, que andaba al pie del cañón procurando el mejor de los sonidos para ellos, y en cuyo estudio grabaron un Ep que han ido desgranando en su perfil de bandcamp. Tras los agradecimientos de rigor me agradó el tono social de “Rivière”, con los trastornos del espectro autista como telón de fondo. También “Arquitectura Hostil”. Porque quién no ha visto cómo eso que llaman “sociedad del bienestar” construye sus ciudades antagónicas a las necesidades de los más vulnerables.

En ciertos momentos y dado lo poco panfletario de sus líricas, pensé en aquellos En Diskordia que acompañaron a Chabacanos una semana atrás (crónica). El punk, o al menos el modo en que uno lo entiende, siempre ha de ser ante todo compromiso. Y aunque pueda disfrutar de propuestas más festivas, este verano os hemos traído alguna que otra, lo cierto es que en mayor medida disfruto de propuestas más serias, como era el caso.

Notas En Un Bloc” alude a la falta de relevo en el punk en particular y en el rock en general. Qué os vamos a contar que no sepáis. Estupendos coros del bajista Juan aquí. “Un Final Que No Empezó” puso la última pica del set y se fueron con la satisfacción del deber cumplido.

Al grito de “Leather Boys, qué hijo putas sois” recibió el Valliniello Sound Fest a la banda avilesina. Algo se palpaba en el ambiente que prometía una más de las inclasificables descargas del quinteto. Toda vez han recuperado su formación más habitual, aquí siguen presentando una biografía, “Fairy Tales From The Underground”, de la que seguimos esperando una segunda edición…

Mientras llega, qué mejor que disfrutar del rock despreocupado, desprejuiciado, deslenguado (y podría seguir) de la banda. “Rebirth” marcó el inicio del set. Auténtico emblema «Leather» ya y que apunta a tema apertura de aquí a los restos. La banda, como muy pocas de las muchas veces que les hemos visto, había salido a revientacalderas. Quién sabe si por saberse en casa y con la obligación de agradar o porque, para aquellas horas, ya era mucho el frío que azotaba Valliniello. Enlazando un tema tras otro, pocas veces “Don’t Cheat On Me” ha sonado tan vacilona.

Hedonistas como de costumbre, rockeros de pura cepa, me agradó el toque sucio, casi aguardentoso que le imprimieron al propio “Fairy Tales From The Underground”. Vimos bastante bien de voz a Leather Rose y fíjate que no serían pocas las horas que llevaría en pie para levantar un festival como este. A modo de pequeña confesión podemos contar que nos encontramos con él mediada la tarde y, trozo de empanada en mano, nos confesó que aquél era el primer bocado que daba en todo el día.

Leather Sex presenta “Aphrodisiac Grape” como el único tema metalero que tienen. “Un cruce entre Kreator y The Cult” y que en efecto destapa la cara más potente del quinteto. Leather Boys con Heavy Metal Brigade ya difícilmente se benefician del factor sorpresa. Ese momento en que Leather Sex cuenta cómo su mujer lo sacó de la heroína y aprovecha para dedicarle “St. Mary´s Dance” a ella en particular y a los buenos caldos en general. Aquí no queda otra que subirse al carro y disfrutar de su propuesta.

En lo personal puede que echara en falta la visceralidad de un corte como “The Curb”. Pero la banda la había tocado en aquella sesión vermú junto a Drunken Buddha del pasado mes de junio (crónica), así que tampoco cabe tanta queja. Menos cuando “Leather Gunner” entrega a los Leather Boys más frenéticos que hayamos disfrutado en bastante tiempo. Tras “Born In The 70’s”, con el público a coro, no faltó el pequeño agradecimiento por parte de Rose a la buena gente de Rock & Rockets. Leather Latin Lover, inalámbrico mediante, baja del escenario para la final “R’N’R Blowjob” y su hueco en las tablas lo ocupa Leather Fucker, al tiempo que aprovecha para hacer coros primero y contribuir a la catarsis final después. Quienes no estuvieran allí, a buen seguro las fotos darán cumplida fe de mis palabras. Son pura diversión y como tal hay que entenderlos.

Betty & Barney Hill venían desde Arriondas suponiendo la oferta más diferencial, rotunda y atrevida de todo el certamen. A caballo entre el metal extremo, la electrónica y el rap metal, uno acusaba ya el frío y el cansancio. Qué mejor pues que la nada almibarada propuesta de Milja (voz), Dani (batería), Sergio (guitarra) y Aram (Dj).

La larga y tendida introducción electrónica que proponen al inicio del set ya deja visos de por dónde pueden ir los tiros. Una banda que coge el metalcore incipiente de Killswitch Engage, la electrónica alternativa de Die Antwoord y el rap metal más cafre y los conjugan en composiciones mucho más cuidadas de lo que parece a simple vista.

Porque lo único que supera a su propia visceralidad, tremendo Milja en muchas fases del set, son esos temas largos, llenos de demenciales cambios de ritmo y por donde colaron alguno de los breakdowns más brutos que hayamos escuchado en todo el verano. Desde la parte de atrás del escenario Aram ponía voces de apoyo y bases electrónicas para apuntalar la curiosa propuesta de los parragueses.

En los momentos más frenéticos me recordaban a cierto tema de Strapping Young Lad. Conjugando esa faceta más visceral con arranques más atmosféricos, lo cierto es que resultó difícil aburrirse ante la cascada de influencias que desarrollaron a lo largo del set. Fue ya en la parte final, y que la banda me perdone por no conocer los nombres de los temas, que Milja entregó algunas voces realmente gorrinas. En definitiva una propuesta tan atrevida como disruptiva y ante la que no cabe indiferencia alguna.

Cerraban los chicos de Communal Connection y desde luego la del Valliniello Sound Fest III no iba a ser una noche memorable para la banda. A buen seguro esta será una espina que se querrán quitar en un futuro lo más cercano posible. Que su guitarra y voz, el Mournival Alberto Menéndez se fuera pidiendo disculpas a quienes aún andábamos por allí creo que viene un poco a resumir sus evoluciones sobre el escenario avilesino.

Y estas son, a grandes rasgos, nuestras impresiones del tercer Valliniello Sound Fest. Desde esta casa siempre serán de agradecer propuestas como esta que se atreven a dar oportunidades a bandas nacientes. Y aunque el viento nos azotara de manera inclemente durante toda la jornada y pequeños percances a lo largo de la jornada mandaran al cuerno el horario establecido, no podemos más que ponerle buena nota a la organización y desear que nos veamos las caras en 2025.

Gracias a la Asociación Cultural Valliniello Sound City por todas las facilidades dispuestas de cara a la ilustración y la redacción de esta crónica. Un cariñoso saludo a los muchos amigos y músicos que nos encontramos a lo largo de la jornada y ya saben: nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: El Drogas + Ciclonautas (Gijón 8/9/2024)

Enésima visita de El Drogas a tierras asturianas y sigue sin menguar el cariño que el público de la región dispensa siempre al navarro. Acompañado esta vez del trío de rock Ciclonautas, el ciclo de conciertos del Patioh echó el cerrojo con una buena entrada y dos más que interesantes y atractivas descargas.

Son las nueve y media cuando el trío Ciclonautas, es decir, Alén Ayerdi (batería), Javier “Txo” (bajo) y Mai Medina (guitarra y voz) hace suyo el coqueto escenario del Patioh. Y lo hace procurando un arranque tendido, nada apresurado, que nos introdujo con cuidada elegancia en su curiosa forma de entender el rock and roll.

Una banda que navega en gran medida por desarrollos muy cuidados. Ese solo con slide que Medina dibuja en la inicial “Abrazado A Un Misil” me sirve como pincelada. El sonido fue claro, nítido, por momentos cristalino. Con la Telecaster sonando como sólo una Telecaster puede sonar, entregaron la más vibrante “Matando Al Suicida” donde ya fuimos testigos del no poco carisma que atesora el vocalista rosarino.

Medina cambiaría sin embargo a Gibson para una “Tristes Corazones” en la que dibujaría uno de mis riffs favoritos de todo el show. Sencillo, sí, pero con un gancho terrible. En “Bombo Sicario” vuelve la Telecaster y, aunque fuera a pequeños destellos, mi mente se desplazó hacia otro trío al que pudimos ver este verano, Corazones Eléctricos, sabe Dios por qué motivo. Sea como fuere y mientras encaraban el tronco central del set, algunos incómodos acoples vinieron a empañar la que estaba siendo una más que notable descarga del trío en tierras asturianas. Lleno de buenos detalles, como ese estupendo solo de Medina con el pie al wah en “Agua Va”, una de las más coreadas por la gente.

Porque el caso es que en las primeras filas no fueron pocos quienes vinieron con los deberes bien hechos, arropando al trío de tal forma que, no dudo, se sintiera como en casa. “Estamos bien, estamos a gusto” proclamó Medina. No quisiera yo terminar esta crónica sin mentar la base rítmica que propulsa al trío. Las elegantes y cuidadas líneas de bajo de “Txo”, la pegada firme y segura de Ayerdi, batería de Marea para más señas, inundaron el Patioh de sensualidad y rock and roll.

El propio Ayerdi se las vio con el hi hat de su batería durante “Kamikaze”, aprovechando más tarde para meterlo en vereda mientras Medina anunciaba que le iba a dedicar una canción a su hermano, que se encontraba “del otro lado”, que resultó ser, claro, “Los Hermanos”, con la gente a palmas y llevando en volandas al trío. Una línea de bajo de lo más insinuante recorrió “Souvenir”. “Si tienen palmas, tírenlas” urgía Medina. Lo que sucedió fue que más que palmas, la gente demostró tener gargantas. También saberse la letra al dedillo. Y obraron en consecuencia.

“¿Quien dijo carnaval?” preguntó el vocalista en referencia a alguien del público. “Pues para ti que va”. Aquí “Txo” tendría un detalle para con una guaja de las primeras filas. No nos cansaremos de insistir en lo mismo: hay que cuidar siempre a los más pequeños. Lo cierto es que el público gijonés despidió con una gran ovación al trío. A buen seguro no fuimos pocos los que acudimos al Patioh a dejarnos sorprender y la insinuante y rockera propuesta de Ciclonautas colmó nuestras expectativas de manera más que sobrada.

Faltan cinco para las once cuando Eugenio Aristu “Flako” (bajo y coros), Txus Maraví (guitarra y coros), Nahia Ojeta (batería) y Enrique Villarreal “El Drogas” (voz) hacen suyo el Patioh de la Laboral, dispuestos a poner un broche dorado a un ciclo que llenó de música en vivo el verano gijonés. Y desde que la banda, en loor de multitudes que diría un clásico, arremete con “En La Silla Eléctrica”, me llama la atención el sonido “gordo” y contundente del bajo de Aristu. Benditos Rickenbacker. El cuarteto sale a revientacalderas. El Drogas, sesenta y cinco años le contemplan, no perdió ocasión de bajar al foso de fotógrafos y buscar la máxima conexión posible con su gente ya desde el comienzo.

El público, era de esperar, respondió casi a cada gesto del navarro. Se puede argüir en su contra esa búsqueda constante de la nostalgia que procura esta gira cuarenta aniversario. Lo cierto es que la banda, del primero al último, se vació en el empeño. Ritmo endiablado el de un concierto que apenas da descanso durante su largo primer trecho. Porque además “Barrio Conflictivo” sonó realmente fulgurante el pasado domingo. El Drogas dedicaría “Mañana Será Igual” a Las seis de la Suiza, paseándose con su bandera por el escenario de la Laboral. Un gesto que, por pequeño que sea, desde luego le honra, y que sería muy aplaudido por el público gijonés.

A Toda Velocidad” suena casi a leitmotiv de la propia descarga, con la banda descerrajando un corte tras otro sin apenas pausa, sudando de lo lindo para satisfacción de los más exigentes. “Nada, hemos venido a joder la marrana y la vamos a seguir jodiendo”. El Drogas mandaría una dedicatoria a la figura de David González, poeta gijonés fallecido en 2023.

Gran solo el que deja Maraví en “Problemas” con un Ojeta dejándose la piel a cada golpe. El Nahiak Nahi percutió la batería con firmeza, casi que con furia, durante toda la velada. Sucede en el puesto a todo un animal escénico como Brigi Duque y a fe mía que no cejó en su empeño. La banda, que venía de tocar la noche anterior en Palma de Mallorca, pareció no notar el esfuerzo y derrochó todo el carisma y entrega que de ella se esperaba.

El sol, desde luego, no calienta por igual en todas las cabezas. Qué duda cabe que “Víctima” sería otra de las mejor recibidas. Fue aquí donde El Drogas quiso hacer un pequeño alto en el camino, descender las revoluciones y tomarse un pequeño respiro tras el fulgurante inicio de set. Acústica en mano deslizó una más tranquila “Sin Lámpara” y cogió algo de aire cara a lo que estaba por venir. Que era nada menos que otra de las más coreadas, no otra que “Sean Bienvenidos” de aquél “Hombre Mate Hombre” que en estos días cumple la veintena.

Agradecí el tono áspero que la banda le imprimó a “Bahía De Pasaia”, con un Drogas paseándose a escasos centímetros de su gente. Ya fuera inalámbrico en mano o apoyado en su larguísimo pie de micro, desbordó carisma a cada momento. Con su llamativa vestimenta, el pañuelo y sus ojos ocultos tras las habituales gafas de sol, atacaría maracas en mano una “No Sé Qué Hacer Contigo” que pondría uno de los contrapuntos a sus habituales líricas reivindicativas. El pamplonica tuvo tiempo incluso de bromear con el resultado del derby de la jornada anterior. “Flako” y Maraví se darían su particular baño de masas durante el solo de “Okupación”.

No faltó el habitual juego con los bastones durante “Tentando A La Suerte” para más tarde volver a entregar otra de esas líricas socarronas, marca de la casa, en la siempre divertida “Todos Mirando”. La banda al completo busca la complicidad con la gente a través de uno de los grandes himnos no ya de Barricada sino del rock en lengua de Cervantes, no otro que “Oveja Negra”, con el Patioh de la laboral rugiendo de lo lindo. Hablaba antes de la pegada de Ojeta y fue precisamente aquí que la caja de su batería dijo basta. El cambio de la misma por los técnicos de la banda fue tan rápido que quien más, quien menos, apenas se percató del incidente. Qué gusto da cuando se hacen las cosas bien. El final llega con otra de las ineludibles como es “No Hay Tregua” y eso de las doce y cuarto la banda se toma un respiro…

… de casi tres minutos, y vuelve para “Esta Es Una Noche De Rock & Roll” donde la comunión entre banda y público fue total. A término aún se afanaba Ojeta en afinar la caja suplente. Las paradiñas en “Animal Caliente” para que el público se dejara la voz y el inevitable cierre con “En Blanco y Negro” pondrían finalmente de relieve la vigencia de un legado, el de Barricada, que resiste indemne al paso del tiempo, honrado por cuatro músicos que parecen en auténtico estado de gracia. “A Gusto”, exclamó Villarreal qué sé yo cuantas veces a lo largo de la jornada. Sentimiento mutuo este, qué duda cabe.

Hora y tres cuartos a toda velocidad. El Drogas tiró de carisma y apoyado en el legado de una banda inmortal como lo es Barricada, encandiló a un público que no falló a la enésima llamada. Sigue muy en forma el pamplonés ya mediada la sesentena y parece tener cuerda para rato. Siempre es un gusto verle y a buen seguro que, cuando regrese por estas calles, el cariño que le dispensará el público asturiano será tanto o mayor que el derrochado en el pasado Día de Asturias.

Por nuestra parte nada más. Agradecer a la organización del ciclo de conciertos del Patioh todas las facilidades dispuestas de cara a la realización de esta crónica, mandar un saludo a los habituales que nunca fallan y, ya saben, nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: En Diskordia + Chabacanos (Gijón 7/9/2024)

La temporada de salas sigue abriéndose paso a dentelladas y este pasado fin de semana vino a hacerlo a través de las descargas de los punks catalanes En Diskordia y los rockeros urbanos astures Chabacanos. Citados en Tizón tras el dichoso derby, no fue mucha la gente que se arrimó a la descarga. Pero cada cosa a su tiempo.

Faltan veinte para las diez cuando los barceloneses En Diskordia hacen suyo el coqueto escenario del Tizón. Poco público, ya digo, pero muchas ganas de agradar. No me vale la excusa del derby esta vez. El partido ya había terminado para cuando los chicos arrancan con una muy apropiada “Rabia e Ira”, por lo que habrá que buscar otros motivos a la escasa venta de tickets.

En lo referente al cuarteto catalán y sin ser el suyo un estilo que acostumbre a escuchar, lo cierto es que me agradó que resultaran tan poco panfletarios a la hora de construir sus letras, en un espíritu que me recordaba más a unos Mala Reputación de su última etapa que a La Polla, por decir algo.

Alguno de sus temas incluso desarrolla ciertos guiños alternativos. Lo cierto que se mostraron como una banda que parte del punk para abrazar otras influencias y por ahí su actuación gana enteros cara al público más casual del género, como puede ser mi caso. Curioso y muy efectivo de hecho el riff que dibujan en “Road Trip” y agradable ese punto más melódico que le insufla al set.

Puede que para ser una banda punk uno eche en falta algo más de nervio, de pegada, que es justo lo que ofrecen en “A Tu Lado”, encargada de abrir su álbum del año pasado “Raíces”. Turno para los agradecimientos y una “La Niebla” gracias a la cual abordan la nota melancólica del set, antes de un final descosido e incluso vibrante. Una de las mejor recibidas por parte del escaso público.

La Chica De La Foto” fue presentada como un tema “especial” para ellos. Su primera balada, con todo lo que ello tiene de llamativo para una banda punk como esta. Hablaba antes de Mala Reputación y fue un nombre que regresó a mi subconsciente durante este impasse dentro del set. Tiene mérito lo de estos chicos. Pegarse la paliza de viaje desde Barcelona hasta el Tizón llenos de incertezas. Por ahí que a buen seguro agradecieron la lluvia de espontáneos que inundó el escenario justo después de haber procedido con las presentaciones. ¿El motivo de la invasión? La versión del “Otra Noche” de Kaotiko que deslizaron.

Le llegaría el turno entonces a otro de los temas que mejor funcionaron, “Mi Infierno”, en cuya versión grabada colabora nada menos que Peib de Free City. Puede que el sonido a lo largo de su descarga no fuera el mejor de cuantos hemos disfrutado en la mencionada sala. Puede que les pesara el cansancio del largo viaje. En lo personal agradecí un corte como “Estigma”, quizá el que deja el mayor poso compositivo de todo el set, mientras que el final recoge un espíritu muy Me Fritos And The Gimme Cheetos para echar el cierre con una sonrisa.

Chabacanos son un animal muy diferente, aunque la propia diversidad de En Diskordia ofreció a término algún que otro punto en común. El rock de los asturianos bebe de las fuentes del mejor Robe Iniesta y sus diferentes hijos putativos, Kutxi Romero a la cabeza.

Mucho de ese rock que algunos vinieron a llamar “transgresivo” el que inunda el Tizón cuando, a eso de las once menos diez, arrancan con “Piel De Humo”. Álex Mallada y esa forma de encarar los distintos versos que tanto recuerda al líder de Marea, puso el carisma, mientras Jorge Tello y Edu dibujaban riffs puede que algo convencionales pero con gancho. Cierto que al comienzo del set la voz predominaba sobre el resto de instrumentos. También que todo iría reconduciendo hacia cauces normales con el correr de los temas.

Unos temas que los presentes, aunque fueran pocos en número, eran solidarios en ánimo y entrega, gritando “A Pleno Pulmón” con los asturianos. “Venimos del barrio, cada uno del suyo” exclama irónico Mallada, y la banda entrega un “Rozando Solera” que deja alguno de los solos más llamativos de la noche, con el propio vocalista de rodillas en el suelo del escenario.

Me gustó el detalle que tuvieron para con los chicos de En Diskordia, a quienes preguntaron cuántos kilómetros habían hecho. Y es que ya sabéis lo que dicen, a veces parece que el rock todo lo puede. Agradó el regusto más vacilón de “La Ruinera”. También el recuerdo al Boni, el tristemente desaparecido miembro fundador de Barricada. O la nota más poética, desgarrada también, de “Les Rexes”, con el Mallada menos prosaico y más visceral emergiendo en la noche gijonesa.

Ahora Es El Momento” sin embargo recuerda a ciertos momentos de Barricada, mientras que “La Maraña” pone una nota más relajada y tendida que viene a contrastar con lo agrio y malencarado de sus versos. “Siempre me gusta invitar a gente que está empezando” comentó no sin cierta sorna Mallada previo a que Sandra (Dr. Nekro) irrumpiera en escena para “Ramas De Papel”. La colaboración parecía cosa de un único tema hasta que Jorge Tello dijo aquello de “puños arriba se queda, puños abajo se va”. Huelga decir que ganó la primera opción.

Sucede a veces que en los conciertos de verdad, en los que hay que afinar instrumentos o simplemente no dependen exclusivamente de un maldito lápiz USB, a ciertos duendes les gusta hacer de las suyas. El concierto del sábado no vino a ser la excepción. Lo cuento porque me gustó la forma en que Mallada supo salir del trance. No esperaba escuchar, aunque apenas fuesen unas pocas estrofas, el “Asturias” de Víctor Manuel en un bolo de rock and roll. Otra anécdota más para un hipotético libro. Enciclopedia a este paso.

Berti, bajista de la banda, bajó a mezclarse con la gente ya muy al final del set. Un set que, echando luego un ojo, vimos que tuvieron que recortar. La tiranía de los horarios. Lástima. Puede que fuéramos pocos pero a buen seguro estábamos disfrutando de su rock poético y callejero. Quede pues ese cierre con “Animal Peligroso” como resumen perfecto de la propia idiosincrasia de la banda. “No hay quien me ate” insiste la letra una y otra vez. Damos fe.

Unas veces se gana, otras se pierde. Algunas incluso se empata. No fue la noche con mejor entrada del verano pero si dos ratos bien agradables. Hubo hasta una celebración, la del cumpleaños (atrasado) de Edu, guitarra de Chabacanos. Por nuestra parte nada más. Mandar un gran saludo a ambas bandas, a Rheme, porque no se entiende el concierto sin ella y a la buena gente con quien departimos a lo largo de la jornada. Ya saben: nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: SonicBlast Fest (Sábado 10/8/2024)

Abrazando el último día de festival como quien llega a la cama después de un largo día, el sábado ya se me hizo un poco cuesta arriba, quizás porque a nivel de bandas era la jornada que menos interés me despertaba. Aún así, sorpresa grata la que me llevé con Gaye Su Akyol, cantante turca algo difícil de describir si aunamos su música, su puesta en escena y que eran las 16:30 horas con un sol de castigo. Partiendo de una base psicodélica y ataviando a su banda como acostumbra (en esta ocasión unas gafas al más puro estilo Daft Punk pero sin casco), Gaye Su Akyol se hizo con el escenario tiñéndolo de vanguardia y música tradicional turca. Entre Björk y Nick Cave se mueve esta polifacética artista que logró despertarnos de la siesta para no perdernos ni un momento de su show.

Acto seguido, The Obsessed tomó posesión de las tablas para dar una lección de cómo llevar más de 40 años de carrera y no sonar como Metallica. Venían de sacar “Gilded Sorrow” en febrero después de siete años de espera. El disco dejó muy buenas sensaciones y todo lo que esperábamos era que lo llevasen a cabo en escena. Es indudable que solamente la presencia de Wino ya llena un escenario. El histórico líder de St. Vitus y Spirit Caravan camina por el fango del stoner como si hubiera nacido para ello. Riffs a una cuerda como en “Stoned Back To The Bomb Age” que ponen la pesadez por encima de cualquier cosa. Un concierto muy pero que muy digno de los de Maryland demostrando que el doom vino para quedarse…

Viajamos a Palm Desert para encontrarnos con otro de los míticos de la escena stoner. Brant Bjork volvió al SonicBlast bajo otro nombre este año. Brant Bjork Trio como eufemismo de haber sido una estrella, ya con una edad y no querer dejar de girar. Acompañado de Ryan Gut (también integrante de Stöner) y Mario Lalli al bajo, dio un concierto alejándose de la solera que suele acompañarle y proponiendo cosas algo más novedosas. Llevo varios días escuchando el adelanto de lo que será su nuevo disco y la verdad que me convence mucho. El concierto tuvo destellos de riffs más técnicos en la onda QOTSA que me llamaron bastante la atención. Un acierto haberse juntado con Ryan a la batería, que siempre me sorprende y otro acierto venir con Mario Lalli, que parece tener un historial muchísimo más limpio que Oliveri.

En la previa del anochecer tocaba ver a Night Beats, banda de Seattle con un gusto finísimo por el garage, el psych rock y el soul. Y es complejo imaginarse todo esto junto, pero entre baile y baile, el crunch de la guitarra dejaba aparecer una voz al más puro estilo Leon Bridges que se convirtió en la delicia de mi tarde. Sorpresón el que me llevé con el directo de esta banda que empezó bien y terminó mucho mejor.

Llegamos a uno de los mejores momentos del festival. Era lo esperado, sabíamos que nos enfrentábamos a una pelea con nuestra mente para pedirle que no abandonase nuestro cuerpo durante la hora y poco que iba a tocar SLIFT. Fue la primera vez que escuchamos hablar francés entre el público. Recuerdos de Vietnam que pensamos que no íbamos a vivir en la tranquila villa de Âncora. Detrás de los numerosos gritos y faltas de decoro mientras va a tocar la banda a la que has ido a ver a tercera fila, por lo menos, empezaron a sonar las primeras notas de un huracán. Los hermanos Fossat volvieron a dejarse la piel en el escenario del SonicBlast soportados por las excelsas baterías de Canek Flores y las maravillosas proyecciones que les acompañan siempre, detalle alto importante para disfrutar de la full experience que nos propone el trío francés. Tras lanzar “ILION”, tenía muchísimas ganas de volver a verlos desplegar todo su desbordante talento y sentir en el pecho las cabalgadas entre síncopas y redobles. Un trabajo apabullante tanto en estudio como en directo que se coronó como la mejor actuación del sábado de lejos. Una psicodelia difícil de esquivar, embriagadora y adictiva que deja cosquilleos y temblores por todo el cuerpo una vez se instaura el silencio y se apagan los estrobos.

Tras SLIFT, y sin abandonar el Main 1, tenía que montar HIGH ON FIRE, que ya nos despertó por la mañana con una prueba de sonido que se tuvo que escuchar en Vigo por lo menos. Esta señal de que iba a ser el concierto con mayor carga de decibelios de la edición no fue ni de cerca comparable a lo que finalmente nos encontramos. Por todo el mundo es sabido lo que le gusta a Matt Pike el volumen y fuimos testigos de tal abrasión a nuestros tímpanos incluso alejándonos de las primeras líneas de escenario. Esto fue uno de los problemas por los que la actuación no fue disfrutable. Y habrá mucho fandom que hable del “concierto de su vida”, de “experiencia para valientes”, “apisonadora sónica” y muchas otras épicas descripciones de lo que para mí fue el mayor despropósito de la edición. Partimos de la base de que contábamos con Jeff Matz, uno de los mejores bajistas del panorama, capaz de llegar a la excelencia en directo con Mutoid Man, también un trío, pero mucho más equilibrado. Contamos además con Coady Willis, un batería excelente que le dio a HOF un punto más de nivel y de garra, placement y de imagen renovadora que tanto necesitaba la banda. No puede ser que la mesa de sonido se acuerde del bajo en “Cometh The Storm” que fue la quinta o la sexta canción. Hasta el momento solo había sonado la guitarra de Pike, altísima y muchísimo más fallona que de costumbre. La batería se quedaba escondida detrás de la bola de ruido que llenaba el recinto. Un concierto que pudo ser mucho mejor de lo que fue, se quedó eclipsado por un terrible control del sonido. Sabemos que la guitarra de Pike va a estar llena de rasgadas y armónicos que se van a colar, pero esperamos escuchar algo más que eso. Aún así, nos quedamos sin aire después de terminar ”Rumors Of War” y empezar con “Fury Whip” sin descanso. Un set bien escogido con una ejecución cuestionable por parte de Pike y un sonido de suspenso.

Menos mal que el mal sabor de boca nos duró poco gracias a Fugitive, banda que cuenta con el guitarra Blake Ibanez de Power Trip, y Lincoln Mullins de Creeping Death a la batería. Teníamos esos datos antes del concierto y habíamos escuchado el EP que sacaron allá por 2022. Lo vinimos quemando durante el viaje desde Galicia, de hecho, y era una de las bandas que más me apetecía ver en este SonicBlast. Siempre que vas a ver un concierto de thrash y el cantante sale con una camiseta de Motörhead sin mangas, sabes que es posible que salgas con secuelas. Un concierto sin concesiones, bien entrada la noche y con versión de Celtic Frost incluida. Pensábamos que el concierto no iba a dar para mucho teniendo en cuenta la discografía de la banda, pero sacaron canciones de no sé dónde para completar un slot bastante decente y pugnar por ser una de las mejores performance del sábado.

Terminamos nuestra noche con Wine Lips, casi sin energía para aguantar el concierto completo. Pero por suerte, la banda de Toronto supo animar a quienes aún permanecíamos casi a modo de holograma entre el público más nocturno. Un surf-punk rock muy desenfadado y rápido con regusto a California, fue la cura para nuestros males. La copa de vino que necesitábamos después de cuatro días a sidra y cerveza.

No sé si podemos pedirle mucho más a un festival de las características de SonicBlast. Gente maravillosa, respeto, buena onda y gran variedad de estilos que cada año parece ir en aumento. Quizás el recinto ya se esté quedando pequeño, los tres días deberían ser cuatro y el escenario tres carece de sentido visto lo visto año tras año. Quizás podría haber más opciones veganas o sin gluten en los food-trucks o mayor número de puestos para no perderte más de medio concierto si te entra el hambre, o alguna zona más de baños no tan alejada de los escenarios… Pero por el resto de cosas, sigue siendo uno de nuestros festivales favoritos, donde cada año apetece ir toque quien toque y sea cuando sea. Emplazado en un pueblo maravilloso, con un clima perfecto, zonas de relax, para hacer deporte y parajes para desconectar al máximo. Un festival que te acoge con los brazos abiertos, con el viento en la cara y el mar mojándote los pies. Gracias por todo, nos vemos el año que viene.

Texto: Hugo Calleja
Fotos: Jaime PhotoLive

Crónica: SonicBlast Fest (Viernes 9/8/2024)

El viernes no parecía que fuese a darnos tregua y llegamos para volver a ver por tercera o cuarta vez a Deathchant, una banda que se ha instalado en el festival y en el meme. Deberían de poner el típico contador en la entrada del recinto o cederles una parcela del pueblo. Bromas a parte, banda muy divertida que cada vez huele más a gasolina y whiskey. Riffs afilados a lo Valient Thorr o The Sword con una característica voz ensoñada detrás de kilos de reverb. Si nunca los has visto te diría que fueses el año que viene porque seguro que van a estar.

Tras nuestra segunda banda favorita, llegó el turno de Sacri Monti. Veníamos con aviso después de su paso por Madrid y no podíamos perdérnoslos. Bajo, batería, dos guitarras y un teclista con mucha sed. Me sorprendieron especialmente porque las canciones eran catálogos de riffs sin descanso. No se repetían partes y todo era derroche de composición. Puede ser que me recordasen un poco a Corrosion Of Conformity en algún pasaje. Los californianos dieron un concierto muy correcto y capaz de atraer a bastante gente para ser las seis y media de la tarde.

Una tarde que empezaba a pedir a gritos que anocheciera, y qué mejor manera que a lomos de una banda de stoner instrumental… Causa Sui, desde Dinamarca, serían los encargados de bajar el telón y apagar el sol poco a poco. Estuvieron bien pero se me hicieron algo largos, un sonido cuidado pero a veces repetitivo, y ojo, que no critico la fórmula, igual no estaba yo muy para esto ni para lo que venía más tarde.

Con una puntualidad clavada como un clavo a un ataúd, C.O.F.F.I.N salieron a reventar el escenario con una sola mano, pues en la otra no soltaron la pandereta. Música de road trip entre Zeke y Hellacopters que dio de sobra para echarse unos bailes y calmar la sed. Se abrió la veda del crowdsurfing y las pulsaciones subieron lo justo para pedir un poco de calma, aunque no sé si tanta como la que vino.

Seguramente se me tire medio festival encima, pero no soporté a Colour Haze. Se me hicieron tediosos al nivel de pensar que repitieron canciones. Totalmente descoloridos. Iba con ganas de verlos y solo tenía ganas de que terminasen. Es innegable su técnica, su calidad, su discografía… pero no supe disfrutarlos en directo. Los noté monótonos, sin aristas y sin muchas ganas.

Todo lo contrario a lo que me pasó con Truckfighters, creo que merecedores de llevarse la medalla del viernes, aunque solo sea por vaciar el tanque sobre el escenario. Tras pasarse probando casi todo el concierto de Colour Haze, subieron con un impulso desorbitado y empezaron con “Mind Control” desatando la locura hasta que Dango pronunció las palabras “Do you like long songs?” Y supimos que se venía “Mastodont”. Casi trece minutos de hit que pensé que nunca escucharía en directo. El público más entregado del viernes se amontonó para el final que venían cocinando desde que sonó el riff de “Desert Cruiser” en la prueba de sonido. Terminaron con su canción estrella, empapados, sonrientes, y como acostumbran, agradecidos.

El slot que venía no era fácil. Gente agotada por la hora y por el show de los suecos, pero desde Grecia, volvían 1000Mods dos años después para hacer las cosas como se debe. Nunca les pongo ni un punto ni una coma. Es la típica banda que siempre cumple pase lo que pase y su sonido es estable. A su favor, de hecho, he de decir que demostraron muchas más ganas y energía que en el Hellfest, donde les vi un poco más apagados. Aquí se les vio totalmente entregados, ruidosos y con un toque de rabia que me gustó especialmente. Quizás, como a quienes ya rozamos edades complicadas, les gustan más los festivales pequeños.

Cerramos la noche con las dos últimas bandas del día y con más cansancio del que me gustaría, pues no pude disfrutar como se merecía a Skemer. Una banda que llevaba meses quemando en disco, concretamente su último “Toasts & Sentiments” de 2023, con una propuesta que no me puede gustar más. Dark synth post punk para cerrar los ojos y sujetar la copa con fuerza. Kim Peers y Mathieu Vandekerckhove, guitarrista de Amenra, conforman este dúo entre humo, cuero y smokey eyes. Toques de Molchat Doma y Boy Harsher con una pátina más discotequera y urbana. No tuvo pinta de que gustase mucho la propuesta entre fieles y devotos, pero creo que este tipo de estilos le dan un ingrediente más al cartel para no ser continuista ni repetitivo.

Por último, Idle Hand fue la banda local elegida para cerrar el penúltimo día de festival en el Stage 3. La banda de doom/sludge supo hacerse fuerte a pesar de ser casi las tres de la mañana. Un sonido muy rocoso y con una voz capaz de tapar a los instrumentos casi en su totalidad. A estas alturas no sabíamos si las piernas y los oídos iban a aguantar mucho más.

Texto: Hugo Calleja
Fotos: Jaime PhotoLive