Como comenté en el texto introductorio, la jornada del sábado sería a la postre la mas multitudinaria del festival, viéndose también empañada (literalmente) por la lluvia que acechó al recinto a primera hora del festival y en toda la recta final del día. No obstante, la meteorología no fue excusa para quedarnos a medias y era obvio que la gente había venido a disfrutar de la música, ya sea con sol, truenos o con lo que pudiera venir.
Uno de los sets más emotivos del día fue el del trío belga Brutus. Con su batería / cantante Stefanie notablemente conmovida por la ascensión imparable del combo tras sólo tres discos, reflejada en el llenazo absoluto que presentaba el Valley, la banda desgranó un emocionante set a base de su personal mezcla de post hardcore y rock alternativo. La consagración de una banda llamada a seguir congregando masas en un futuro. A continuación, nos dejó un gran sabor de boca el directo que Mammoth WVH, la banda de Wolfgang Van Halen, descargaron en el mainstage. Si bien tienen la suerte de tener ciertas puertas abiertas por ser hijo de quien es, el bueno de Wolfgang no quiere apropiarse del éxito de su padre y parece decidido a hacer de Mammoth algo cien por cien suyo, con una banda que sonaba de miedo y una propuesta muy molona en forma de un rock contemporáneo de muchos kilates. No sólo estuvo intachable a las seis cuerdas, si no también impecable a las voces. Es obvio que Wolfgang ha heredado buena parte del talento de su progenitor. Seguiremos su evolución en el futuro.
El hard rock con sentimiento funk de los americanos Extreme era también uno de los platos fuertes del main stage para esta jornada. Tal vez habría sido buena idea prescindir del solo de Nuno Bettencourt o del miniset acústico que la banda hizo durante su concierto teniendo en cuenta la limitación de minutaje y las circunstancias del show, pero compensaron con los clásicos demoledores como “It’s A Monster”, “Get The Funk Out” o la inevitable “More Than Words”. Siguen en buena forma. Tras ellos, y como si fuera premonitorio, fue salir ChelseaWolfe al escenario del Valley y la lluvia empezar a caer sobre nuestras cabezas. Su oscura propuesta generó un estado hipnótico generalizado del cual era difícil escapar, con o sin lluvia. Fue desgranando un set tremendamente bello, alternando momentos mas densos o metálicos con otros de puro espíritu gótico-electrónico para tenernos a todos embelesados durante la hora de set de la que disfrutó. Se notó que hay verdadera devoción por ella en estos lares.
El concierto por excelencia de esta edición del festival para el que escribe estas líneas era, sin lugar a duda, el de MrBungle. Una oportunidad única para presenciar el último concierto de la era “Raging Wrath Of The Easter Bunny” de la banda (¿o puede que el último en general?), para el que ni la incesante y potente lluvia impidieron que la bizarra celebración thrash que suponía su show decayera por un minuto. Los miembros originales Mike Patton, Trevor Dunn y Trey Spruance cerraron su formación con las leyendas Scott Ian (Anthrax) y Dave Lombardo (Slayer) para dar forma a un line-up de ensueño y demostrar al planeta metal que 38 años después de la grabación de su primera demo, siguen siendo capaces de pasarse por la piedra a cualquier banda de metal que se les ponga por delante. Un torbellino de enrevesado y acelerado thrash, una inclasificable demostración de locos riffs en base a temas propios, varios troleos en forma de inesperadas versiones “pop” reconvertidas desde el prisma Bungle, y un montón de guiños a artistas como S.O.D. (“Speak FRENCH or die”), el “Territory” de Sepultura con el propio Andreas Kisser como invitado, la intro de “Hell Awaits” de Slayer, o el “Loss Of Control” de Van Halen con su hijo Wolfgang clavando el solo del tema. Épico a todas luces, y ya sólo esta hora de set justificó el viaje a tierras galas.
Era ahora uno de los momentos estelares del festival. ¿Ver a la banda de metal más grande del mundo en probablemente el festival de metal más grande del mundo? Contad conmigo. Ellos son Metallica y su impacto cultural va más allá del rock o el metal, son historia viva de la música, muchos empezamos escuchando los estilos más duros con ellos y al menos servidor tenía claro que había que presenciar su actuación esa noche. El comienzo del concierto, demoledor y tirando de clásicos infalibles: “Creeping Death”, “For Whom The Bell Tolls”, “Hit The Lights” y “Enter Sandman” formaron el póker de arranque con el que Metallica quisieron marcar territorio en un enclave tan especial como es Hellfest. El sonido, producción y puesta en escena, imponentes y al alcance de sólo super producciones como la de los californianos. El eterno James Hetfield sigue en plena forma y lleva el peso del show con sus riffs, su carisma y su comunión con la audiencia. Robert Trujillo da a la banda la solidez rítmica de la que en muchos momentos Lars Ulrich adolece.
Kirk Hammett ejerce de escudero a las seis cuerdas, alternando momentos de brillantez en los solos con algunos errores sorprendentemente infantiles en los mismos, tal vez por la falta de “tensión” en escena. La sensación al ver al cuarteto es, en cierto modo, de que dos de ellos sostienen musicalmente al grupo mientras que los otros dos sólo buscan “cumplir”. Aunque hubo un tramo de concierto un poco más irregular entre material extraído de su último redondo “72 Seasons”, el habitual “doodle” de Kirk y Robert, y algún interludio e intro innecesarias, no tardó la cosa en alzar el vuelo con temas históricos como “Orion”, “Sad But True”, “One”, “Master Of Puppets”… la inevitable retahíla de clásicos imperecederos que, si bien hoy en día no tienen toda la garra y actitud de sus versiones originales, siguen siendo himnos que funcionan a la perfección en directo. Probablemente no fue el mejor concierto de Metallica, ni el mejor de esta edición de Hellfest, pero recordaremos con cariño la noche que “the four hoursemen” tomaron Clisson a base de canciones que son historia de nuestro rollo.
El pasado 24 de junio fue el día elegido para la 1ª edición del festival Valadouro Rock desarrollado en la población del mismo nombre situada en la mariña central lucense. Con un cartel variado compuesto por grandes nombres de la escena nacional y con el añadido de contar con alguna banda amiga de la casa, no quise dejar pasar la ocasión de conocer de primera mano lo que allí aconteció.
Las actividades darían comienzo por la mañana con la actuación de los asturianos Sküld en una sesión vermú que empezaría a las 13:30 horas con entrada gratuita para ir preparando el ambiente. Lamentablemente no llegué para ver la actuación de estos amigos pero estoy seguro que dieron un gran espectáculo como es habitual. A las 17:30 horas ya había una buena cantidad de gente tanto en la entrada del festival como en los locales cercanos. Mencionar y agradecer en este punto la buena organización, con personal indicando las zonas de aparcamiento, de acampada, resolviendo cualquier duda que pudiera surgir a los asistentes, además de ordenar la circulación de vehículos y personas para que todo fuese lo mas fluido posible.
La apertura de puertas estaba fijada para las 18:00 horas y pocos minutos antes abrirían las taquillas para acreditar, como era mi caso, a los que no pudieron asistir a la sesión vermú, haciendo entrega de la pulsera, que también serviría, previa recarga, para hacer los pagos en la barra, y de una camiseta conmemorativa de esta primera edición del festival. El interior del recinto estaba totalmente equipado con varios puestos de artesanía, zona de merchan, aseos, foodtrucks, barra, un stand de “festivales amigos”, en el que eventos y asociaciones de la zona pueden promocionar sus actividades además de un mostrador para realizar la recarga de las pulseras atendido por Laura, cantante de Aneuma, y la infatigable Rheme Peláez. Algo muy de agradecer, es que habían colocado una carpa que cubría gran parte del recinto, pues para ese día estaba pronosticada lluvia. Al final sirvió para cobijarnos del sol de justicia que reinó durante toda la jornada.
A las 18:15 horas, tal y como estaba previsto, salieron a escena Materia Muerta, banda de hardcore punk afincada en Ribadeo que venían a presentar su último lanzamiento “La Bestia” que tocarían en su totalidad. Abriendo el concierto con “Destripador”, la gran actitud mostrada por Xoel, Nacho, Queipo y Sáez consiguió que todos nos contagiásemos y empezaran los primeros «circle pit» de la jornada con Nacho, su cantante, corriendo y disfrutando con el público.
A destacar el tema «Sociedad Programada» en el que estuvieron acompañados por Deiviz, cantante de los asturianos Infección, al igual que en la versión plasmada en el disco. Cerraron con “Queman Galicia” de su disco “Tierra y Ceniza” en el que muestran su indignación y repulsa ante los bárbaros que cada verano queman nuestros montes. Un broche perfecto para una actuación impecable.
Con el tiempo justo para el cambio de escenario a las 19:20 horas salieron a escena los también asturianos Drunken Buddha. Empezaron, como es habitual, con la intro “March To Dementia” tema en el que los músicos aprovechan para ir saliendo al escenario y comenzar la descarga con la potente «Sea Of Madness«, pese al calor que tenían que estar pasando, subidos al escenario con el sol dando de pleno, no se amilanaron ni un momento con Michael, Diego y Fran corriendo de un lado al otro del escenario.
Momento especial el vivido con la interpretación de “Monster”, pasando el micro a algún miembro de la Drunken Army allí presente que la coreo a todo pulmón. La potencia de Kay a la batería, la elegancia de Mario en los teclados, así como las carreras de Fran y Diego o los saltos de Michael desde la batería o desde el puesto de merch, son una muestra de la energía que tiene esta banda en directo. Para “Medicine Man” el frontman se mezcló entre el público animando a los más pequeños a acompañarle en el estribillo, oportunidad que alguno aprovecho dejando patente que hay cantera.
El tiempo se echaba encima y tuvieron que recortar uno de los temas previstos en el set list, aun así, una vez más demostraron ser una gran banda de hard and heavy con una química increíble entre ellos y que merecen estar mejor posicionados dentro del rock y metal nacional. Espero que más pronto que tarde lo consigan y poder contarlo.
A las 20:15 horas era el turno de los thrashers gallegos Strikeback inmersos en la gira de presentación de su EP “World In Decay” que interpretaron en su totalidad. El carisma de toda la banda y en especial de su aguerrido cantante Liber consiguió que todos los presentes nos viéramos inmersos en continuos «circle pit» e incluso un potente «wall of death«, a petición del publico, que desato la locura.
Los temas marca de la casa “Over Again”, “B.H.S. (Boundless Human Stupidity)”, “Secrets And Lies” o la potentísima y muy coreada “Kill Or Be Killed” dieron buena muestra del gran nivel de está banda que no deja de crecer actuación tras actuación.
A las 21:15 horas llegaría el turno de una de las leyendas que pasarían por esta primera edición del Valadouro Rock, el “Aerolíneas Federales” y voz en “Siniestro Total” Miguel Costas que descargaría algunos de los grandes clásicos de su discografía. Sonaron “Assumpta”, “Quienes Somos, De Donde Venimos, A Donde Vamos” “Todo Por La Napia”, “Camino De La Cama”, “Ponte En Mi Lugar”, “No Me Beses En Los Labios” temas que forman parte del ideario colectivo de una generación y que fueron muy coreados por todo el respetable.
Pese a que gran parte del público pedía que tocara la famosa “Cuenca Minera”, Miguel cumplió con el setlist previsto terminando con “Miña Terra Galega” invitando a los presentes a bailar una muñeira. Su actuación fue una fiesta y una muestra del buen hacer tanto de Miguel Costas como de la banda que le acompaña.
Los madrileños Vita Imana saldrían al escenario con algo de retraso sobre la hora marcada. Con seis discos a sus espaldas, su repertorio incluyó temas como “Caos”, “No En Mi Nombre”, “Seis Almas”, “Virtual” o “Licántropo” que dieron muestra de la potencia de su groove metal aderezado con una percusión por parte de Miriam Baz que da una elegancia que no deja a nadie indiferente.
El sonido fue de lo mejor del festival, distinguiéndose a la perfección las guitarras de Diego López y David Ramos, el bajo de Pepe Blanco, la batería de Daniel García, las desgarradas voces de Mero Mero y sobre todo la percusión y los coros de la mencionada Miriam.
Llegó el turno de los míticos Obús, inmersos en su gira de 40 aniversario. Que decir de Fortu, Paco y compañía a estas alturas cuando su nombre esta grabado a fuego en la historia de heavy rock nacional. Su repertorio estuvo plagado de clásicos, comenzando con “Necesito Más”, “La Raya” y “El Que Más”. Fortu, como siempre, muy interactivo con el público, nos presento a la banda y a su querida Yoli que se encontraba a cargo del merch de la banda.
La anécdota de su actuación tuvo lugar mientras interpretaban la preciosa “Complaciente o Cruel” y es que la instalación eléctrica del escenario pareció no estar preparada para la potencia de los madrileños y quiso jugarles una mala pasada apagándose hasta en tres ocasiones (en realidad a causa de un cortocircuito debido al derrame de una bebida en el lugar equivocado). Lo que para otras bandas sería razón para finalizar su actuación, para Fortu, aclamado por el respetable, fue la oportunidad de continuar cantando a oscuras y a capela, sentado al borde del escenario y acompañado por todo el público hasta que los problemas técnicos fueron resueltos. Increíble la profesionalidad y el buen hacer de este grande del heavy nacional.
Continuaron con el original solo de batería en la escalera mientras Fortu se ponía tras los parches, dando paso a la recta final de su actuación con “Prepárate” y “Vamos Muy Bien” dejándonos con ganas de más. Por suerte, estarán en Avilés el próximo 16 de Agosto dentro del 20º aniversario del festival “La Mar De Ruido”.
Con un retraso que ya acumulaba unos 40 minutos, sobre las 2:15 horas llegaba el turno a los auto proclamados “Dioses del Metal”, Gigatron, con su heavy tan potente como el enorme Mazinger Zque adornaba el escenario. Por la respuesta que se vivió, parece que era una de las bandas más esperadas. En su actuación fueron descargado trallazos cargados de humor y mala leche. Sonaron “El Barco De Colegas”, “La Tierra Del Rock”, “Macho Cabrío”, en la que el propio Satán se subió al escenario, en el cuerpo del poseído Toni Alfaro, que también colaboró en los coros y tomaría el papel de Odín en la vikinga “Queridodín«.
Continuaron con “Mi Hacha Hizo Tu Culo” o “Heavy Hasta La Muerte”. Para los últimos temas estuvieron acompañados por Diego López, guitarrista de Vita Imana, que no dudo en ataviarse como un Gigatron más. No cabe duda que es una banda que sabe como hacer que el público disfrute, con una puesta en escena impecable y representando un papel que les viene como anillo al dedo. La cercanía que mostró Charly Glamour fuera del escenario haciéndose fotos con compañeros de otras bandas y aficionados son detalles a agradecer.
Con la batería de mi móvil completamente exhausta llegaba el turno de los asturianos Leather Boys inmersos en la gira de presentación de su “Fairy Tales From The Underground” que les está llevando por gran parte de la geografía española. El grupo lleva ya unos cuantos años en los escenarios y, comandados por el irreverente Leather Sex y el infatigable Leather Rose, suenan cada vez mas compactos y cohesionados.
Solamente dispusieron de 30 minutos para descargar temas de su último disco de estudio “Born In The 70´s”, aunque me quede con ganas de escuchar la preciosa “Fly Free(Blacksmith)”. Pese a la hora y al cansancio acumulado, no fuimos pocos los que disfrutamos de su actuación. Sin duda un buen cierre de esta primera edición del Valadouro Rock… esperando ya la segunda.
Pero la fiesta no acabaría todavía pues fuimos convocados a una sala frente al recinto del festival, el Pub Atalaia, donde componentes de Aneuma y Legacy Of Brutality ofrecieron una actuación con temas de Replica, primera formación de los hermanos Borja y Abel Suárez. Unos 45 minutos de thrash y death metal con la calidad a la que nos tienen acostumbrados que fueron el cierre perfecto del festival.
No quisiera finalizar esta crónica sin saludar a toda la gente conocida que se acercó hasta Valadouro para disfrutar de la fiesta. Felicidades a toda la organización y colaboradores que hicieron que esta primera edición fuera un autentico éxito. Espero que tras la experiencia, el festival siga creciendo y que pronto anuncien la segunda edición, si es así, allí estaremos para contarlo.
La jornada sabatina del Luarca Metal Days prometía emociones fuertes a través de un cartel tan ecléctico o más que el del viernes, una temperatura más veraniega y el buen sabor de boca que nos había dejado la víspera.
Son las cinco de la tarde cuando suena su introducción y salen a escena los chicos de A Dark Reborn prestos a dejarnos una buena ración de metal potente y multi-influencial. La banda había estado repartiendo flyers entre el público el día anterior y tal y como les prometimos entonces, allí estábamos para dar buena cuenta de sus evoluciones. Lo cierto es que nos gustaron. Entroncan en cierto modo con Death&Legacy el día anterior. El hecho de tener a una chica al frente, la ex MorphiumLur, alma mater del proyecto, ayuda en la rima.
Porque lo cierto es que su metal bebe de muy diversas fuentes y por ahí nos agradó. Fui con la intención de dejarme sorprender y los muchos registros de la propia Lur, tan hábil con la voz limpia como con los gritos más oscuros, supieron conectar con la audiencia, aún cuando el sol apretaba fuerte a aquellas horas. Disponían de poco tiempo y aún así no quisieron olvidarse de agradecer al festival, también a su crew, todo el esfuerzo. Presentaron su segundo disco, aquél “Last Echo” de 2023 y nos hicieron el suficiente tilín como para apuntarles en nuestra agenda de nombres a seguir. Era su primer festival según contó la propia Lur. A tenor de lo visto y si todo transcurre como debe, a buen seguro no será el último.
Quienes pese a su reciente formación llevan ya una buena serie de festivales entre pecho y espalda son los chicos de Aneuma, a quienes habíamos visto poner la nota metálica en el Maizu Rock apenas una semana antes. Qué duda cabe, en este Luarca Metal Days la banda estaba mucho más en en su elemento que en Intriago.
“Your Doom”, del estupendo “Venom” editado meses atrás, da la verdadera medida de una banda como esta. O no, porque de nuevo cuesta oír los fundamentales coros de Abel. Laura es un torbellino desde el minuto uno. Ni la vamos a descubrir a estas alturas, después de tantas veces como les hemos visto, ni deja de llamarnos la atención lo mucho que ha crecido en presencia escénica desde los primeros shows en defensa del debut “Climax”.
Así las cosas y con un sonido más y mejor equilibrado, “Fall Apart” permite a Aneuma entregar su mejor versión. El público, más nutrido a estas horas que en la previa, gozó de lo lindo “Castaway Of Chance” mientras seguía con atención las evoluciones del quinteto. Finísimo Borja en el solo, otro al que no vamos a descubrir a estas alturas y que repetirá con Legacy Of Brutality en el cartel del año que viene. Pero volviendo al pasado sábado, estupendo ese cambio de ritmo en “Guide Them To The Light” y tremenda fiesta la que proporciona “Never Again”.
“Creatures” nos recordó al debut al tiempo que puso Luarca a saltar con ese clásico acelerón que domina su parte central. Aquí vimos el primer circle pit de la jornada y empezamos a ser conscientes de la tremenda fiesta que se avecinaba. “Break Out From Hell” y la siempre pegadiza “Chain Reaction” desembocaron en un cierre con “Ashes Of Your Fears” en el que Laura baja del escenario para mezclarse con la gente y provoca un nuevo circle pit en el Metal Days. Pura algarabía. Uno de los grandes momentos del sábado, aún cuando eché en falta un corte como “Circles Of Fire” y la forma en que su estribillo invita a poner voz en grito. Con eso y con todo y aunque esto no sea una competición de ningún tipo, uno de los grandes triunfadores del festival.
Turno para dar un giro de timón al cartel con el heavy / power metal de los bilbaínos Valkyria, con el siempre carismático Yeray Hernández al frente, que venían presentando su tercer trabajo de estudio, un “Indómito” del que ya diéramos buena cuenta aquí allá por el mes de junio.
Y una banda que pareció en mejor forma que nunca ya desde la inicial “La Cuna Del Silencio”, con ese gancho innegable y un Yeray a la voz que, da la impresión, es más que consciente de sus debilidades y también de sus fortalezas. Al fin y al cabo no inventa nada el combo vasco pero saben crear composiciones certeras y líneas de voz con mucho gancho. Empiezan además a ser unos habituales de nuestra tierra y estamos más que felices de haberles vuelto a ver por nuestros dominios.
Máxime cuando despliegan buenos cortes de metal perfectamente construido como ese estupendo “Ave Inmortal”. Composiciones que crecen en su traslación al directo y que vienen a hablar de lo bien que los chicos se prepararon la visita a tierras asturianas. El propio Yeray deja unas pequeñas presentaciones y al alimón la banda arremete un “Contracorriente” que dejaría uno de los mejores duelos solistas de todo el sábado. Aquí les beneficiaría el giro hacia terrenos más pesados, esas estrofas de “Abatido”, a las que sigue otro de sus estribillos más redondos.
Había mucho público afín al tipo de metal que practican o esa impresión daba desde cerca de la mesa de controles. Al punto de que el líder de Valkyria aprovechó para echar mano de su teléfono móvil e inmortalizar el momento. Tras los obligados agradecimientos turno para otro gran estribillo, el de “Código De Honor”, así como para algo de pirotecnia y un estupendo duelo solista entre Borja Aguirre y el propio Yeray. Les hemos visto ya varias veces y siempre cumplen. Una formación destinada a crecer.
El cuento con Vita Imana iba a ser bien distinto. Un poco como me sucedió con Hamlet en la previa, es la madrileña una formación con la que nunca he llegado a conectar del todo, pero también por unos pequeños problemas de sonido al comienzo del set que vinieron a dar al traste con los horarios tan a rajatabla que arrastraba el evento.
Así las cosas y mientras que banda y técnicos trabajaban de forma denodada para reconducir la situación, servidor aprovechó para descansar y dar buena cuenta de la pequeña terraza tras los puestos de comida. Vita Imana, a quienes no veía en vivo desde el Rock Nalón de 2019, parecieron querer transformar en puro vigor la frustración que derivaba de los inconvenientes.
Porque su salida a las tablas es todo lo intensa y fulgurante que se les presupone, con un Mero Mero al frente que no cejó en animar a los suyos en todo momento. Eran la propuesta más diferente del sábado, algo que (me dio la impresión) generó cierta división entre la concurrencia. Al final y aunque, ya digo, no sean enteramente mi rollo, no puedo negar que disfruté con cortes ya postreros en el set como “Un Nuevo Sol” o “Adversario”, con la banda sonando ya a gran nivel.
Poco a poco la gente se fue enganchando, algo de lo que da fe el «wall of death» que pudimos contemplar en las postrimerías del set. Vinieron y se hicieron fuertes frente a los inconvenientes. Supone uno entonces tienen bien ganada su fama.
Había ganas de ver cómo respondían los heavy / power metaleros Avalanch tras el enésimo cambio de formación, el que ha llevado al QuaoarBjørn Mendizabal a ocupar el puesto dejado por Mike Terrana tras baterías. La banda, que venía presentando un “El Dilema De Los Dioses” del que os ofrecimos correspondiente reseña en abril del año pasado, lleva desde el confinamiento para acá instalada en la polémica. Ello no quita que cuando irrumpen por el Luarca Metal Days a eso de las 21:35 haya una nutrida presencia de fans aguardando sus evoluciones.
Unas evoluciones a las que la banda da inicio con aquella “El Oráculo” de su “El Secreto” de 2019, cuando Israel Ramos era el encargado de poner voz a la formación asturiana. José Pardial, de Cudillero él, aporta su propio color a los temas. Algo que se deja notar y de qué forma en la aún más clásica “Aún Respiro”, de lejos uno de mis temas favoritos del siempre interesante “El Hijo Pródigo”. La banda, eso sí, adolece de una segunda guitarra que termine de dar el debido empaque a los temas. Alberto Rionda, desde luego, llena con su seis cuerdas y a Manuel Ramil no le vamos a descubrir a estas alturas, pero me sigue faltando algo.
Anuncia Pardial que el próximo es un tema importante para él, de tanto en cuanto fue su primer single con Avalanch, no otro que “Horizonte Eterno”, donde vemos al vocalista asturiano más cómodo que nunca. Su desempeño al frente de la banda me agradó sin alcanzar al entusiasmo. No quisiera yo ser tan necio de verter sobre él las mismas críticas que muchos dispararon contra Ramón Lage en su día, quien después emergió de ellas hasta confirmarse como uno de los grandes frontman de nuestro país. La actual voz de Avalanch habrá de labrar su propio camino y no creo que sea este el momento de la inquina.
En esas estaba cuando la banda presenta el tema título de su último álbum y de pronto Pardial ofrece una interpretación más llamativa por lo agrio de alguno de los versos. Una mayor aspereza, siempre dentro de los márgenes del género, que el set contrarresta con la mucho más amable, radiable incluso, “Alas De Cristal”, con la gente dando saltos y servidor preguntándose en qué año estamos. Toneladas de recuerdos se agolpan en la sencillez de una canción tan descaradamente pop como pegadiza.
Y es que Rionda y los suyos, sabedores de la plaza que estaban pisando, optaron por tirar de nostalgia. Qué si no morriña destila “Pies De Barro” por más que Pardial la redirija, quizá más que ninguna otra dentro del set, hacia su propio terreno. Tanto o más que “Mil Motivos” o la fenomenal “Niño” donde, eso sí, costaba oír las voces pregrabadas que en su día inmortalizara el bueno de Fano “The Dark”. “Soy de Cudillero, estoy jugando en casa” exclama Pardial. Y tanto que sí.
“Otra Vida” extrae de Alberto Rionda uno de los mejores solos de la jornada. El ovetense, perseguido más que ninguno por la polémica desde que la pandemia hiciera estragos a lo largo y ancho del globo, apareció por el Luarca Metal Days con un semblante algo más risueño de lo habitual. El público esgrimió las linternas de sus móviles para “Antojo De Un Dios” y se enganchó con la más reciente “El Peregrino” dentro de un set que iba dando sus últimos coletazos. Aquí Pardial anunciaría otro tema importante para él, tratándose de hecho del primero que recordaba haber escuchado de Avalanch, y que era no otro que “Lucero”, aquél single adelanto del fenomenal “Los Poetas Han Muerto” que tanto nos descolocó allá por 2003. Buenos coros de Ramil y el bajista Nando Campos aquí.
El pequeño solo de Alberto, con ese “Santa Bárbara” a modo de inserto, nos retrotrajo a tiempos realmente pretéritos, amén de introducirnos en unos bises que iban a pisar terreno igualmente clásico, empezando con una “Pelayo” donde vuelvo a echar en falta esa segunda guitarra pero que produce una gran conexión entre la banda y buena parte del público congregado frente al quinteto. El cierre con “Xana” y “Torquemada” desató la cara más power de la banda para rubricar un buen final en el que muchos echaron de menos un tema con el significado para Luarca de «Cambaral«, basado en la leyenda medieval que toma su nombre del barrio de pescadores de la villa costera asturiana.
De los madrileños Nurcry me habían contado muchas cosas y la mayor parte eran buenas. Arribaban a Luarca con un “Destino, Yo Te Busco” estrenado en septiembre del pasado año y la intención de ganar un puñado de nuevos fans para la causa de su peculiar heavy / power metal…
… pero lo cierto es que su descarga nos dejó un mar de dudas. Y de humo, confeti y pirotecnia, al punto de que a ratos esta llegaba a opacar alguno de los temas. Esforzados y certeros al comienzo del set, la sensación que me quedó sin embargo fue la de que se irían diluyendo con el correr de los temas. Y es que para el segundo corte del setlist, la voz de Kike Fuentes parece fuera de tono, intuyo y elucubro que por problemas con los dichosos “in ear”, desviando el corte de unos cauces más normales.
Y es una pena porque la formación con la que la banda apareció por Luarca posee garantías suficientes. Ahí estaba el bueno de Juanjo Alcaraz, guitarra de también de Döxa y a quien ya vimos con la buena gente de Lethargus. Me agradó el riff facilón pero pegadizo de “Destino, Yo Te Busco”. También esos tonos más vivos que desplegaron. Agradecimientos mediante, recondujeron hacia la más apaciguada “Contra Viento y Sol”, donde por alguna razón, me recordaban a ratos a los castellanoleoneses Dünedain.
Tuvieron tiempo igualmente de anticipar un corte, “Galileo”, que integrará su próximo álbum de estudio, estrenado apenas un día antes, y que destapa una cara algo más rockera de la metamórfica formación leganense. “Vamos a ponernos un poquito tiernecines” anuncia Fuentes y la banda procede con una “Del Mismo Infierno” donde el público, menguado porque muchos aprovecharon para irse a llenar el buche, siguió el juego del vocalista.
Cuando las distintas explosiones de humo y confeti lo permitían disfruté del tono más chulesco que dibuja “Alma Libre” y a ratos también del cuerpo más próximo al power de “Sangre Eterna”. Con “Corre Tú Más” y “Latidos De Pasión” finiquitaron un set irregular, empañado por ciertos desequilibrios en cuanto a sonido y una pirotecnia que, en muchos casos, empañó en lugar de lustrar su descarga. Quedamos pues a expensas de una futura visita que dé la verdadera medida de la banda.
El “aquí mi fusil, aquí mi pistola…” de la inmortal “La Chaqueta Metálica” del genio y tirano Stanley Kubrick marca el paso a los siempre cachondos Lujuria para un fin de fiesta en toda regla. Al menos es lo que se deriva del buen puñado de gente que retornó frente al escenario para disfrutar de las evoluciones de los segovianos.
“Escuadrón 69”, de aquél “República Popular Del Coito” de 1998, niño cómo pasa el tiempo, pone la primera piedra de un set clásico por parte de la banda. “Nos pueden señalar, pero nunca, nunca seremos carne de cañón”. Óscar y sus soflamas habituales. Buen sonido el que desarrollaron, máxime tras lo visto con Nurcry, y que sacó adelante un repertorio tan predecible como disfrutón.
Aunque Sancho estuvo más parlanchín que en nuestro anterior encuentro con la banda, aquél junto con Bestia Negra a finales de 2022. “Estamos haciendo historia, hacen falta más festivales que apuesten por la gente de casa”, exclamó. “Jekill & Mrs. Hyde” sonó tan vacilona como siempre. Imprescindibles los teclados de Ricardo Mínguez aquí. “El heavy metal es un compromiso por un mundo mejor” dice Sancho a modo de presentación de “Dejad Que Los Niños Se Acerquen A Mí” y uno empieza a pensar que algunas de las soflamas del curtido vocalista se alargan más de la cuenta. Al final y aunque no esté del todo de acuerdo en el modo de expresarlo, que nadie dude de que su trinchera es la misma que la nuestra.
Pero “Viejo Rockero” le cambia un poco el paso al set con ese tono más leve y melancólico, algo que viene a confirmar la más seria “Traidores y Criminales (contra nosotros batallan)” de aquél “…Y La Yesca Arderá” de 2006. De los muchos chascarrillos que deslizó el frontman, el de “venga coño, tenéis menos batería que un concierto de Mägo De Oz” que dejó aquí fue fácilmente el que más carcajadas propició de toda la velada.
Aquí quiso detenerse Óscar y contarnos que el próximo tema iría dedicado a Santi Hernández, bajista de la formación y cuyo padre había sufrido un ictus en el transcurso de la semana. “Afortunadamente está bien”, de lo cual nos alegramos. Quizá no me esperaba “Destrucción”, de los argentinos V8, a estas alturas del set. Lo cierto es que la banda le puso más ganas y pasión que nunca. No era para menos. Para la inevitable “Joda A Quien Joda” contaron con un invitado muy especial, Txanti Hernández, natural de Luarca, fan irredento de esta música que tanto amamos y que brindó un curioso fin de fiesta a esta primera edición del Luarca Metal Days.
Una primera edición que, y no es peloteo, dejó más luces que sombras. Lo comentaba al comienzo de la crónica del viernes: el trato dispensado por la organización, el ambiente, el buen sonido (más allá de momentos muy puntuales) del que gozó todo el fin de semana. Tremendo el curro de Gus Bocanegra aquí y del resto de técnicos. Parece instalada la idea de que todos los festivales sufren en lo que a sonido se refiere y este no fue el caso. Mucho mérito tratándose, como digo, de una primera edición. Nosotros nos marchamos cansados pero satisfechos, aún quedaba cierto trecho hasta casa, mientras deseábamos que les hubieran salido los números, que parece ser que sí a tenor de que ya tenemos fechas confirmadas para la segunda edición y una banda, los death metaleros Legacy Of Brutality, que promete emociones fuertes.
Por nuestra parte no queda más que dar las gracias una vez más a la organización. Que salvo caso de fuerza mayor nos tendrán allí el año que viene huelga decirlo. Que trataremos de hacer todo cuanto esté en nuestra mano en ayuda del crecimiento del festival, también. Que el público sabrá responder a las muchas cosas que se hicieron bien en esta primera edición, nadie lo duda. Para cerrar y como siempre, un saludo enorme a los muchos amigos, músicos y fans con los que departimos a lo largo y ancho de ambas jornadas. Pasamos lista el año que viene.
El evento estaba, como siempre, marcado a fuego en el calendario. Un año más, el Disneylandia del metal europeo, el abusón de los festivales del viejo continente, el Hellfest Open Air, suponía una cita ineludible para servidor, así como para los miles de “festivaliers” que de nuevo agotaron todos los abonos en solo unos minutos, meses antes de su celebración y sin conocer ni una banda de las que actuarían en el festival. Ni el cambio de fechas de esta edición (una semana más tarde de lo habitual, entendemos que para asegurar la disponibilidad de los cabezas de cartel) nos hicieron dudar ni un minuto acerca de nuestra asistencia. La confianza y fe depositadas en la organización tras su sobresaliente desempeño edición tras edición, hace que no necesitemos ya razones para planteárnoslo: si Hellfest ocurre, allí intentaremos estar para vivirlo en primera persona.
Para muchos, Hellfest es la experiencia de una vida, y no cabe duda de que desde la organización se preocupan de que así sea: un line-up espectacular (de nuevo a nivel top europeo), una logística cuidada para asegurar que un evento de semejante tamaño transcurre sin grandes incidencias, una estética preciosista, sobrecogedora y sorprendente, y sobre todo un innegable interés y voluntad de mejorar y crecer año tras año por parte de la organización. Los que llevamos desde hace más de una década asistiendo a Hellfest, hemos sido testigos de la evolución: cómo se ha transformado de un festival notable, instalado en la zona alta de la oferta europea, a la referencia absoluta a nivel mundial en cuanto a calidad, cantidad y medios.
Como siempre, contamos con un cartel para todos los gustos, un mosaico sonoro que cubre todo el espectro rock – metal – punk y sus derivados en seis escenarios temáticos, cuatro días de música y un total de más de 160 bandas de todos los tamaños y filosofías. Desde el mainstream absoluto de Foo Fighters o Metallica hasta el oscuro culto de bandas como Wormrot o Nakkeknaekker. Desde las melodías irish punk de Dropkick Murphys hasta el ruidismo jazz de los noruegos Shining. Desde la pesadez de High On Fire hasta las virguerías neoclásicas de Yngwie Malmsteen. Muchos géneros encontraron su hueco este año en el line-up: Industrial, black metal, psychobilly, hardcore, heavy metal, pop rock, hip hop, hard rock, grindcore… Echar un vistazo al cartel es inevitablemente encontrar un buen puñado de grupos que todo oyente medianamente abierto de miras pueda disfrutar en mayor o menor medida.
Aparte de la sobresaliente oferta musical, Hellfest ofrece todo la necesario para que la experiencia sea inmejorable: el mayor “metal market” de merchandising del mundo, una extensa y variada oferta gastronómica, bares y hostelería diversa para asegurarse que no falten refrigerios para su público, tiendas de instrumentos musicales, comercios de ropa, stands promocionales de diverso tipo… ¡hasta una barbería o un salón de tatuajes! El concepto “feria rock” en su más amplio sentido cobra vida en Hellfest. Divertimento y felicidad durante cuatro días para todo hijo de vecino que guste mínimamente de la cultura rock y sus derivados.
En la parte menos luminosa de esta edición, hay que comentar que, especialmente en la jornada de sábado (encabezada por Metallica) la sensación de sobreaforo y de “petazo” en ciertas zonas del recinto era más que evidente. Algunas partes de este, como el pequeño acceso al escenario Valley desde la zona “forestal” del festival y que a la postre supondría varios atascos durante el mismo, la acumulación de gente en la zona de catering en el escenario Valley, así como las enormes colas formadas en los “meaderos” y para acceder al merchandising oficial, hacen ver que de cara a 2025 las cabezas pensantes tienen que replantearse la distribución y dimensiones del mapeado en ciertos puntos del mismo. Esperemos que tomen nota.
Sin más dilación, entramos a analizar lo que buenamente dio de sí para servidor la parte musical de Hellfest, que al fin y al cabo es a lo que vinimos. Como imagináis, los solapes de bandas son una constante en este festival y la necesidad de tomar decisiones dolorosas y el posterior “picoteo” de escenarios en función del momento e inspiración es inevitable, por lo que en este texto hemos cubierto lo que buenamente pudimos ver más que lo que realmente hubiéramos querido. Sea como sea… ¡Se abren las puertas del infierno!
Desde los primeros compases del festival, el ambiente era de celebración. El respetable no tenía miedo a las altas temperaturas ya que pocos minutos después de la apertura de puertas el recinto estival ya lucía un aspecto estupendo. Comenzamos la jornada con Asinhell, una gran oportunidad para ver como Michael Poulsen de Volbeat se desenvuelve en su “vuelta a las raíces” con este proyecto de death metal old school junto a Marc Grewe de Morgoth. Un inicio sólido, con un sonido más que aceptable, tal vez con más actitud y ganas que pulcritud, pero que supuso un buen primer mordisco al pastel musical que nos esperaba para los próximos días. Nada mal para empezar.
No quisimos tampoco perder la oportunidad de ver un buen rato a los singapurenses Wormrot, banda de culto del grindcore que dieron buena cuenta de su slot con un set visceral, caótico y salvaje que no dejó indiferente a nadie. Seguimos la jornada con el death metal clásico de los legendarios Immolation, que no decepcionaron a los que teníamos hambre de metal extremo desde el comienzo del festival. A estas alturas ya habíamos pisado tres escenarios distintos y era hora de visitar el Valley para presenciar el show que los británicos Green Lung tenían preparados. Había mucha anticipación y curiosidad por ver como se desenvolvían sobre las tablas, y su show fue una masterclass de heavy metal clásico con espíritu stoner doom (¿o stoner doom con espíritu heavy metal clásico?), con mucho material de su último disco “This Heathen Land” y en el cual pudimos disfrutar una banda en estado de gracia. De lo mejor del festival. Habrá que seguirles de cerca en el futuro.
Mientras que Babymetalponían el main stage a bailar con su fusión de metal con melodías de carácter y color J-Pop, la noruega Sylvaine nos ofrecía en el Temple Stage un delicado show a medio camino entre el shoegaze y el black metal que hizo las delicias de los seguidores de bandas como Alcest. Muchos no sabían qué esperar del concierto y quedaron francamente sorprendidos con lo onírico de su propuesta. Seguidamente, Dave Mustaine y sus Megadeth ofrecieron lo que ya viene a ser un set “estándar” del cuarteto: intachable a nivel musical, pero muy limitado por las capacidades vocales de MegaDave. Buen set, con casi todos los clásicos esperados para un concierto de festival (aunque esta vez no hubo sitio para “Hangar 18”), buena actitud y sonido notable, mermados por un Mustaine que cada día sufre más defendiendo su propio repertorio.
A continuación, uno de los shows imprescindibles de la jornada para un servidor: los noruegos Shining interpretaban su seminal álbum “Blackjazz” al completo en el que suponía probablemente el concierto más avantgarde y experimental de todo el festival. Mientras que los que somos entusiastas de su propuesta disfrutamos cada minuto del repertorio, su cruce de industrial, jazz, noise y metal extremo también agotó mentalmente a unos cuantos curiosos que tuvieron a bien probar suerte con otras propuestas. Su loca versión del “21st Century Schizoid Man” de King Crimson para cerrar su set, probablemente uno de los momentos mas extremos de todo Hellfest 2024.
De vuelta al Valley, All Them Witches tuvieron que capear algunos problemas técnicos en un show en el que empezamos a notar los primeros síntomas de congestión en dicho escenario, que a la larga se quedaría pequeño (especialmente sus accesos) varias veces durante el festival. Centraron su set en su cara más psicodélica y bluesie, y tal vez les faltó algo más de ritmo para lo que requería el escenario y el momento. Ojalá los pillemos en el futuro en otras condiciones. A su vez, los germanos Sodom ponían patas arriba el Altar Stage con su thrash metal cien por cien europeo. Los de Tom AngelRipper hicieron lo suyo: llegar, echar un vistazo, patear culos en base a trallazos metaleros a la cabeza e irse con la satisfacción del trabajo bien hecho. No los veía en directo desde 2016, y no cabe duda de que la maniobra de reconvertirse de trío a cuarteto en 2019 les ayudó a potenciar sus virtudes y minimizar sus carencias. Rejuvenecidos. También a su vez, Avenged Sevenfold ejercían de cabeza de cartel de la jornada presentando el que probablemente sea el álbum más interesante y arriesgado de la banda en muchos años. Otra vez será. Como comentábamos, las benditas e inevitables coincidencias del Hellfest.
Mientras que los himnos de Dropkick Murphys hacían correr la cerveza en cantidades industriales para cerrar el escenario principal, las últimas fuerzas que nos quedaban las dedicamos a ver unos cuantos compases de Cradle of Filth, que estaban sonando francamente bien. Seguro que sus simpatizantes quedaron más que satisfechos. Para nosotros era tiempo de descanso ya que aún nos esperaban tres jornadas más de música en Clisson.
No hay gran viaje que no comience con un pequeño primer paso y el del Luarca Metal Days, inmune a ciertas críticas malintencionadas vertidas con auténtico veneno en los últimos meses, desde luego ha sido firme y decidido. Dos días, un cartel que picoteó dentro de las lindes del metal con la intención de ofrecer un plantel de lo más heterogéneo, sumado a lo idílico del entorno y la sensación, a lo largo de ambas fechas, de que se hicieron muchas cosas bien. Para nosotros era una cita ineludible, máxime después de que el deceso del Rock Nalón dejase al occidente huérfano de buen metal en vivo.
Una fecha, la del viernes, que finalmente tornó en problemática. Tiempo algo desapacible, que tampoco sería mayor excusa en esta Asturias nuestra, pero desafortunadas coincidencias con eventos grandes en la región (Robe Iniesta) o mayúsculos fuera de ella (la enésima visita de los cuatro jinetes a la capital del reino). La oferta es inasible mientras tiene uno la sensación de que la demanda mengua con cada latido de nuestros esforzados corazones.
H.M.B., como viene siendo costumbre, llegamos pronto a las puertas del Luarca Metal Days. Nos gusta hacer nuestra composición de lugar sin prisas ni apreturas. Recoger nuestras acreditaciones, inspeccionar el recinto, echarle un ojo al foso… todo ese tipo de acciones que poco a poco han tornando casi en ritual. Más allá de lo habitual (+1 en carisma para quien entienda la referencia) esto es, los puestos de merch, las barras o la pequeña terraza, nos gustó la idea del stand para las firmas. A servidor, sea por la timidez o la introversión inherentes a mi carácter, cierto es que me dan un poco igual. Pero ver a críos con una sonrisa de oreja a oreja junto a Laura de Aneuma (por poner un ejemplo) no tiene precio. Al final, todo cuanto se haga para que el rock arraigue en el corazón de los más pequeños será siempre bienvenido en esta casa.
Pero habrá que entrar en harina, digo yo. BudaSam, a la sazón ganadores de la batalla de bandas del festival, serían los encargados de dar inicio a la fiesta. Y lo hicieron en toda la acepción de la palabra. Y lo hicieron gracias a “Aquella Canción” demostrando aquello tan viejo de que algo tendrá el agua cuando la bendicen. Poca gente, al fin y al cabo eran las cinco de la tarde de un día laborable, pero quienes nos animamos disfrutamos de una sonora y entretenida ración de hard rock.
Breve, no ha tiempo a muchos alardes en algo más de media hora, pero los bilbaínos parecen dueños de toneladas de clase. Un hard que lo mismo picotea de la cara más melódica del género que de pequeños influjos de raíz más urbana como en “Perdidos En Septiembre”. Dejaron además buenos detalles en lo técnico, ese duelo de guitarras que precedió a “Gritando En Silencio”. Nos agradaron. Nunca es plato de buen gusto abrir un evento de estas características con el mar de inconvenientes que se derivan pero los chicos supieron agradar al público más tempranero. Deseando ya poder ver un set completo por su parte.
No hace falta ser un experto en la materia para entender que los asturianos Where The Waves Are Born son un animal muy diferente. Su metalcore a dos voces volvió a resultar tan orgánico como siempre, sin tanto apoyo en lo tecnológico como otras bandas afines. Cierto es también que para cuando deja de sonar la intro y el sexteto acomete “Evenchanger”, el sonido es algo desequilibrado y cuesta seguir sus evoluciones.
Con eso y con todo lo cierto es que teníamos ganas de verles en un escenario como este, lejos de las apreturas que imponen las salas a una formación tan nutrida. Y por ahí que cuando los técnicos hacen su trabajo y el sonido reconduce y mejora sus balances, lo que tenemos ante nosotros es la mejor versión de W.T.W.A.B.. Que aunque sea verdad que a los más talludos nos cueste conectar con su forma de entender el metalcore, lo cierto es que son una de esas bandas que están poniendo de su parte para inyectarle el veneno del rock a la gente más joven.
En esas estaba cuando atacan “Colourless” y de pronto esos aires más atmosféricos me resultan de lo más atractivos. La banda no quiso en ningún caso olvidarse de mandar un agradecimiento a la organización del evento. Que aunque la asistencia fuese escasa aún a aquellas horas tan tempranas, a buen seguro el hecho de pisar el escenario de un festival como este sirve como acicate de cara a su futuro como banda.
Brilló una jornada más Victor Barrero, encargado de acentuar la cara más melódica, también la más técnica, mientras Guille Rodríguez con el registro grave y Luigi López con el limpio jugaron a encontrarse durante prácticamente todo el set. Más allá de los gustos de cada cual, una banda que sigue progresando y creciendo. Si estás leyendo esto y andas buscando buen metalcore, quizá Where The Waves Are Born sean tu próxima banda favorita.
Un gran telón de fondo con el logo de la banda da la bienvenida a los zamoranos Death&Legacy. Banda a la que seguimos de cerca desde hace tiempo, sus últimos dos discos ya pasaron por el apartado de reseñas, y una espinita que tenía ganas de quitarme. Porque lo cierto es que es casi tan grande la oferta de bandas con chica al frente como el rechazo que éstas producen en un muy determinado tipo de aficionados al metal. El público es soberano, dicen que reza el viejo dicho, pero hay cosas que nunca terminaré muy bien de entender.
Porque lo cierto es que arrancan y, aun a pleno sol, su metal elegante y diverso confronta a una voz, la de Hynphernia, que apenas dejó de moverse y retar a la audiencia. Mérito tiene de igual manera el desempeño de un Jesús Cámara a la guitarra quien tendría que hacer doblete en la jornada del viernes. Pese a ello, el también bajista de Delalma, y al alimón con el resto del combo, no duda en enlazar un tema detrás de otro y ofrecer, por ahí, una versión más que aceptable de estos Death&Legacy.
Me resultaron agradables, además, por la forma en que montaron un setlist que dio muestras de la propia idiosincrasia de la banda, alternando cortes más ágiles con otros más rotundos y pesados. Y aunque en “Damned” uno echase en falta al bueno de Björn “Speed” Strid (Soilwork, The Night Flight Orchestra), lo cierto es que Hynphernia y los suyos sacaron el set adelante sin mayores inconvenientes, aprovechando además para presentar un tema que formará parte de su próximo álbum de estudio. Contando los días hasta escucharlo.
Qué duda cabe, la de Argion no era una cita cualquiera. Pany, vocalista de toda la vida de la banda, anunciaba en el transcurso de la semana su abandono del barco que él mismo había ayudado a construir. Así las cosas, no fueron pocas las camisetas de ellos que vimos el viernes. Decenas de las distintas remeras de la banda asturiana tiñeron Luarca de un color muy especial. Desde luego Pany no iba a estar solo en este adiós.
Más por contextualizar que por echarnos flores, quiso la curiosidad que este medio haya estado presente en la primera cita del vocalista y también en la última. Lo que son las cosas. Es lo que tiene estar siempre por ahí. Desde luego se dejaba palpar el ambiente no enrarecido pero sí especial de la cita. Ellos arrancan con “El Juicio Final” con el confeti a modo de pistoletazo de salida y de pronto los versos:
“Redoblan campanas, las tañen con furia. El tiempo ha dictado que llega el final. Aguarda con fe, nada has de temer”
… adquieren un mayor significado. Sin que ello redundase en interpretaciones distraídas o poco sólidas, lo cierto es que algunas de las caras de los chicos sí que eran más largas y serias de lo habitual. En inversa proporción, su público pareció disfrutar de cortes ya ineludibles para la idiosincrasia Argion como “La Ciudad Eterna”, siempre con ese particular toque épico-histórico soldado a sus acordes. Pany quiso acordarse de la organización del L.M.D., para la que pidió un sonoro aplauso, y anticipó que era el momento de hablar de tiempos oscuros. Tiempo, claro, para “El Hijo Del Diablo” de ese “Lux Umbra” del que ya diéramos buena cuenta por aquí. Buenos solos doblados de Pablo y Sergio aquí, mucho humo y la sensación de estar viendo una muy buena versión del quinteto asturiano.
Pero como no todo iba a ser un lecho de rosas, “La Orden” desencadena un infortunio que quiso cebarse, precisamente, con el gran protagonista de la jornada. Y es que el micro inalámbrico de Pany comenzaría a dar problemas al punto de terminar por echar mano del que Pablo empleaba en sus coros. Pero en cierta rima con el propio espíritu de la formación, nada pareció arredrar a los chicos, que, por otro lado, estaban sonando como se esperaba de una banda con su proyección.
Tras el casi obligado recuerdo al resto de bandas que integraban el cartel, turno para la primera de las sorpresas. Mer, actual voz de los resucitados Santa, acudía a escena para hacer las veces de Patricia Tapia en la animosa “Anne Bonny”. El dúo vocal se las vio y deseó de nuevo con los micrófonos, los duendes del directo son así de puñeteros, pero aún por ahí supieron navegar las adversidades hasta llegar a buen puerto. Disfrutando pese a los inconvenientes y ya no tan tensos como a comienzos del set. O al menos esa fue nuestra sensación frente al escenario.
Con “Corazón De León” la cosa pareció reconducir hacia cauces más adecuados. Aquí se produciría un hecho realmente inédito. El baile de miembros en las bandas es algo bastante habitual en estos tiempos que corren. Al fin y al cabo, el rock está sujeto a una incontable serie de inconvenientes al punto de que Pany se ve obligado, como decimos, a abandonar el barco. Pero que fuera él mismo quien anunciara su relevo al frente de Argion, amén de compartir con él los últimos trazos del set, nos pareció un detalle de inmensa clase. Porque qué mejor lugar que el Metal Days para presentar a un luarqués de pura cepa como Richard De La Uz como nuevo frontman de la banda.
La banda encadena “Águila De Sangre” con “Sobre El Mar” y uno no puede sino elucubrar qué les deparará el destino tras el cambio en voces. El propio De La Uz manda los debidos agradecimientos y los ya remozados Argion se despiden, claro, con “Fuerza y Honor”. También con confeti. Como entre mis pocas virtudes no entra la de futurólogo, no sé qué depara el futuro para la joven banda asturiana. Si tengo en cambio la certeza de que os lo contaremos con todo detalle desde Heavy Metal Brigade.
Novedades traían también los chicos de Sound Of Silence, que venían con nuevos bajista y guitarra en las figuras de Viti Redondo y Nague González. Cambios que han venido a apuntalar a una de las bandas más en forma de la región. No mentimos cuando afirmamos que S.O.S. pasaron por Luarca con la intención de seguir agrandando su particular leyenda…
… aunque me engañaran de primeras. Las viejas costumbres, me esperaba “Tensa Calma” tras la intro y, sin embargo, el quinteto sorprende al afrontar la más vetusta “Viendo Al Cielo Llorar” para poner el recinto patas arriba. O no. Lo cierto es que Sound Of Silence se toparon de bruces con un público poco receptivo, al punto de que Nefta dejó uno de sus habituales chascarrillos en forma de “venga, todos para delante, que es la última, nos vamos” cuando el corte iba tocando a su fin. Más tablas que el almacén de Ikea.
Sí que llegó entonces el turno para “Primvs Capite” en forma de todo un “Océano De Traición” que confirmó a esta nueva versión de la banda como una auténtica bola de demolición. Con un tremendo Jorge Rodríguez en baterías, no se cansa de crecer este chico semana tras semana, lo cierto es que poco a poco, desgarro a desgarro, la gente fue alcanzando las coordenadas de la banda. Enorme solo de Rubo aquí, por cierto.
El festival lo inauguraron BudaSam pero el primer «wall of death» tuvo sabor asturiano. Después de la salvajada atroz del Resurrection (no me tiren de la lengua con respecto a cierto vocalista) el del Luarca Metal Days fue mucho más modesto. Qué duda cabe. Aquí al menos conocías a la persona con la que te estabas chocando. Quieras que no. “Más Allá De Mí” y muy especialmente “Felices Bajo Tierra”, con Nefta comentando que el videoclip estaba rodado “aquí al lao, en la finca del que organiza esto”, entregaron un nivel altísimo del combo.
“Hostia vaya delay más guapo que me metiste Gus”. Porque hay que hablar de Gus Bocanegra, técnico al mando del sonido durante todo el fin de semana y que, salvo pequeños detalles muy puntuales, le brindó a las bandas presentes un sonido a la altura de las circunstancias. Aprovechamos para mandarle un saludo tanto a a él como al resto de técnicos del Luarca Metal Days.
“Densa Niebla” desata una petición por parte de Nefta: “quiero veros mataros a hosties ahora mismo” y, quien más quien menos, le tomó la palabra. Están en un momento de forma envidiable y, hoy por hoy, son una auténtica apisonadora. Si usted tiene algún problema y se los encuentra bien haría en dejarse llevar por el sonido del silencio.
Despedimos a Sound Of Silence y mientras los técnicos realizan sus esforzadas labores sobre el escenario, vuelve a sonar el “Tierra y Fe” de Mart, detalle que viene repitiendo Hamlet en sus últimas visitas a la región. Que nos encanta y que siempre me pone “gallina de piel” que diría el astro neerlandés Johan Cruyff.
Toda vez el escenario está debidamente acondicionado, llega el turno del “Misirlou” de Dick Dale, clásico anticipo a su descarga y que ha terminado en convertirse en lo que el “The Ecstasy Of Gold” de Ennio Morricone para Metallica. Durante el set de la banda hay dos certezas ineludibles, siendo la primera que estoy lejos de ser el mayor fan de la banda y que los chicos se vacían a conciencia en cada bolo, que no sería noticia de no ser por las edades que cuentan ya Molly (59) o el propio Tárraga (56) si Google no miente. Ya digo que más allá de gustos individuales, cuesta creer estas cifras cuando uno ve sobre el escenario la intensidad que son capaces de desplegar…
… y que salta a la vista ya desde la inicial “El Mejor Amigo De Nadie”. Y como todo suma, que la noche fuera cayendo sobre Luarca amplificó la vistosidad del set, que aunque dificulte la esforzada tarea de los distintos fotógrafos, de cara a quienes estamos más allá del foso siempre va a ser un plus. La eterna disputa. El caso es que en “Denuncio A Dios” suenan rocosos y áridos, con alguno de los riffs mejor cortados de todo el viernes.
En lo que a fotos refiere, nos gusta que despejen de monitores el escenario. También el podio sobre el que Tárraga y Molly brincan, bailan o se apoyan. Aunque no es menos verdad que le daría un buen susto al infatigable frontman de la capital. Al final nada que no solucionase un poco de cinta americana. El set siguió entre los habituales rugidos del vocalista en cortes como “Tortura-Visión” o “Dementes Cobardes”, con Tárraga haciéndole la réplica a su compañero de toda la vida.
Más discreta es la labor de Álvaro Tenorio al bajo. A bordo de la banda desde 2005, el tiempo se nos escurre entre los dedos, conforma junto con Paco Sánchez una base rítmica tan sólida como discreta, con pocos alardes y muchos menos errores. El pegamento necesario junto a la fiable labor de Ken HC a la otra guitarra para que esta banda funcione del modo en que lo hace.
Sobra decir que la gente, que acudió en buena cifra al recinto, recibió de muy buena gana la descarga de los madrileños. La banda le tiene cogida la medida al público asturiano a juzgar por cómo se recibieron (diría que) todos y cada uno de los temas. Coreando, alzando puños, bailando y divirtiéndose en definitiva. Ya en el tramo final destaca el hábil crescendo de “El Color De Los Pañuelos”, perfectamente situada en el set, también una por momentos enfebrecida rendición de “Habitación 106”, que nos conduciría hasta la habitual “Egoísmo” con unos Hamlet realmente desatados.
Bises y turno para “Antes y Después”, “Tu Medicina” y muy especialmente, claro, “J.F.”, o “Jodido Facha”, eso ya a gusto del lector. El calendario sigue corriendo y esta banda sigue en plena forma. Contentando a sus fieles y, muy probablemente, sumando a algún que otro nuevo correligionario antes de que disparen el “While My Guitar Gently Weeps” de los Beatles a modo de despedida. Siguen a un nivel tal que muchas formaciones de su misma quinta no son capaces ni siquiera de intuir.
La responsabilidad de cerrar la jornada del viernes del primer Luarca Metal Days de la historia iba a recaer en los pujantes Delalma. Iba a ser nuestro tercer encuentro con ellos en su gira de presentación, Atalaya Rock en octubre de 2023 y Gijón en enero de este mismo año, por lo que el factor sorpresa se había esfumado. Lo cierto es que el escenario del festival dio para que la banda dispusiera la acogedora puesta en escena que arrastran a lo largo del tour. El telón de fondo, también los pequeños faroles, los leds del bombo…
A lo largo del día no terminaba de tenerlas todas conmigo con respecto de la gente que se quedaría para verles. El tirón que siguen teniendo Hamlet y el trecho que separa Luarca de los grandes núcleos de población asturianos. Al final, nada más lejos. Porque pasan veinticinco de las doce y el recinto, nutrido y expectante, aguarda por su particular “Acto De Fe”. A juzgar por lo bien que sonaron ya desde el primer momento, con un Lage de vuelta en su tierra, nos prometíamos un final por todo lo alto.
Ayudó y de qué forma Jesús Cámara a lustrar una “Renegar De Ti” con su habitual registro roto y oscuro. Si iba ya con las fuerzas justas, después de todo era su segundo concierto de la jornada, desde luego no se notó. Seoane dibujó un solazo lleno de clase y Ramón cerró tirando de asturianía: “Buenas noches, guajes, cómo se nota que estamos en casa”. Desde luego que sí. Como es obvio, no sabe uno qué aguarda el futuro para una banda como esta. Lo que sí tengo es la sensación, quizá también la certeza, de que “Mañana Vuelve A Oscurecer” se va a quedar en sus setlists durante bastante tiempo. Un corte con pegada, gancho y clase, que extrae al Lage más Lage de toda la jornada. Un lujo. Jamás agradeceremos lo suficiente a Manuel Seoane el haber sacado del retiro al de la cuenca.
El que fuera voz de Human se auto-dedicó la más calmada “Y Aún Siento Estar Allí”, que apacigua los ánimos y nos conduce por un set que, ya digo, nos reservaba tan pocas sorpresas como dobleces. Me agradó sobremanera “Ritual”, de nuevo con un Seoane estelar, siempre apoyado por las teclas de su tocayo Manuel Ramil. El del gallego es desempeño tan callado como fundamental para una banda como esta. Siempre elegante, alejado de florituras innecesarias o trucos de salón, el de Ares tiene bien ganada su fama.
Pero qué duda cabe, son Lage y Seoane quienes atraen gran parte de las miradas. Y es que al desempeño de ambos a través de “¿Y Ahora Qué?” desde luego no le faltan quilates. Extraordinario el primero al micro, finísimo el segundo en el solo de guitarra. Una gran versión de unos Delalma a los que se le puede achacar una parte central del set demasiado reposada. Sensación que se ve acrecentada cuando la banda introduce una “La Última Noche”, de nuevo dedicada a Julia. El crescendo que la banda dibuja aquí volvió a ser uno de mis momentos favoritos del show.
No faltó su habitual revisión del “Wicked Game” de Chris Isaak. Tampoco una “El Mirlo” con un Lage que bailó entre registros al punto que me recordó sus años en Avalanch, especialmente la gira del fenomenal “El Hijo Pródigo”. Espero sepan disculpar el arranque de nostalgia. Prometo que en la crónica del sábado volverá a ocurrir.
Pero volviendo al pasado viernes, de nuevo me gustó que “Luz Ni tiempo” permaneciera en el set. Y es que hay bandas que trazan temas largos para después obviarlos en vivo u ofrecer una versión mutilada de los mismos. No es el caso con Delalma. De hecho diría que el quinteto brilla más que nunca aquí. Perfectamente armados y cohesionados. “A pesar del miedo. A pesar de la incertidumbre”, este proyecto parece haber venido para quedarse. Como se va a quedar durante mucho tiempo en mis retinas una “Cárcel De Cristal” con el público, ávido aún de fiesta, coreando su ya inolvidable estribillo para un buen final.
Fue el cierre a un gran viernes de metal en muy diversas formas. Con un gran sonido en líneas generales y un cumplimiento a rajatabla de los horarios. Nada mal en definitiva el bautismo de fuego del Luarca Metal Days. Si lo que bien empieza, bien acaba, al festival le queda mucha guerra por dar en años venideros. Pero antes de que todo eso llegue, queda dar cumplida cuenta de la jornada sabatina…
No era nuestro plan. Heavy Metal Brigade teníamos acreditaciones para cubrir el bolo de Sôber, Savia y Skizoo pero el mal tiempo, tan puñetero como impropio de estas fechas, mandó el equipo técnico al desguace, dando al traste con la cita. Así las cosas, y ante la inesperada tesitura de pasar un sábado de julio vegetando en nuestros respectivos hogares, se miraron alternativas, surgió la opción de acercarse hasta Intriago y aprovechamos para conocer de primera mano qué ofrece un evento como el Maizu Rock.
De primeras, un entorno idílico pese al clima desapacible. Un pequeño pueblo próximo a Cangues d’ Onís ubicado entre nubladas montañas. De hecho el mal tiempo amenazaría durante toda la jornada, quedándose al final en apenas un tímido orbayu típicamente astur. Por lo demás, un escenario algo parco en luces pero un equipo humano solvente y aplicado en lo técnico así como amabilísimo en el trato. Y un cartel, Aneuma al margen, que queda lejos de las lindes de la música que acostumbramos a tratar por aquí.
Lo repentino de nuestra visita, como imaginaréis, redunda en que servidor no tuvo tiempo material de preparar nada, como hubiera sido deseable. Llegamos eso sí con tiempo, es costumbre como sabrán, pero ya vimos a alguna que otra cara conocida. El bajista de Karank, sin ir más lejos, a quien habíamos conocido semanas atrás en aquél show de S.O.C.S. y MalaTesta en La Traviesa (L’Infiestu). Y es que serían precisamente Karank los encargados de dar el pistoletazo de salida a la jornada. Poca gente aún. La noche del viernes, nos contaron algunos de los supervivientes, había sido larga.
Karank a fin de cuentas resultaron en una agrupación de un hardcore quasi demencial que nos recordó al auge que el género tuvo en Asturies allá por la década de 1990. Primeros Escuela de Odio, primeros Soziedad Alkoholika podrían ser rimas a tener en cuenta si bien, como bien sabréis, disto en gran medida de ser un entendido en la materia.
Y no es que los vallisoletanos Debakle o punkzelanos, como rezaba el telón de fondo) nos cogieran por sorpresa. Quizá tiraban más hacia el punk que sus predecesores, pero desde luego tampoco quisieron dejarse nada dentro. El género combativo por excelencia inundó Intriago y, quien más quien menos, no quiso perder ripio de sus evoluciones. La preciosa Jackson negra que llevaba uno de los chicos, su pantalón corto con el logo de los infalibles Kreator, lo cierto es que alguno de los riffs que dejaron otorgaba un peso a las composiciones que elevaba la propuesta de estos punkzelanos. Por ahí que sin que hagan el tipo de música que acostumbro a escuchar cuando estoy en casa, me gustaran.
Los cántabrosKarne Cruda resultan divertidos por alguna razón. Y enérgicos como verdaderos demonios. Además y dentro de las bandas afines al espíritu del evento, dejaron alguno de los solos más llamativos de la tarde-noche. Cómo son las Les Paul y lo bien que funcionan bajo cualquier circunstancia. Lo cierto es que durante el set se vaciaron de lo lindo, al tiempo que dio la sensación de que estaban como en casa. Después de todo, su localidad natal tampoco dista demasiado de la propia Intriago. De lo más recomendables para cualquier fan del género que aún no les conozca.
No negaré que para estas alturas de la tarde ya estaba uno algo saturado de punk vibrante y tenaz. De la misma forma, tampoco que la gente se lo pasó en grande con ellos. Público de un amplio rango de edad pero mucha gente joven, algo que habla bien de la buena salud del género por estas latitudes.
Con La Inquisición sí que me llevé alguna sorpresa. No es que su música viniera a diferir en gran medida de las bandas que fueron descargado antes que ellos, pero lo cierto es que la forma en que afrontan sus composiciones llamó mi atención por algún motivo. Quizá porque sus letras resultaran algo menos panfletarias, dicho sea sin la más mínima acritud, en un espíritu que me recordó en cierto modo a nuestros paisanos de Mala Reputación, si bien entre una banda y otra median océanos en cuanto a estilo.
O quizá fue el tentempié que nos tomamos mientras descargaban su particular manera de entender el punk rock. O incluso la cegadora bengala de un rojo intenso que alguien del público encendió en un momento dado del set. El caso es que todo fraguó de cara a que se llevaran por delante todos mis prejuicios. Un pajarillo llamado Instagram me ha chivado que estarán presentando en Oviedo su nuevo disco allá por febrero del próximo 2025. Voy avisando por si acaso.
Las veces que hemos visto a Aneuma sobre las tablas tienden ya a incontables. De hecho y si nada lo impide, la próxima semana caerá una más, esta vez dentro del marco de la primera edición de un Luarca Metal Days al que deseamos la mayor de las suertes. Pero qué duda cabe que dentro del marco del Maizu resultaron todo un rara avis.
La única banda, además, con presencia femenina dentro del nutrido cartel del sábado. Aneuma, que venían de dar uno de sus shows más especiales en todo un Resurrection Fest, arribó a Intriago con sus ganas de siempre. También con un rodaje que, día a día, va propulsando a esta joven formación hasta cotas que a algunos nos parecían impensables.
Pasan quince de la una cuando “Your Doom”, del aún reciente “Venom”, desata su particular fuerza en el Maizu. De primeras cuesta alcanzar a oír los necesarios coros de Abel. Esos primeros desajustes tan típicos del directo. Peccata minuta, diría un clásico, pues toda vez fueron cayendo temas, el sonido alcanzó niveles más que óptimos. Laura, a quien prácticamente hemos visto nacer en esta casa desde aquella primera vez en la Ángeles y Demonios, ha adquirido una presencia y unas tablas sobre el escenario que, gustos al margen, dudo alguien sea capaz de negar.
Es palpable a través de esa “Fall Apart” que abría su debut de 2022. Lo rápido que pasa el tiempo y lo mucho que han crecido los de Puertu Veiga. Borja deja aquí uno de sus primeros grandes solos de la noche y, ya con un sonido más equilibrado, la banda arrolla en Intriago. Puede parecer que exagero. Tal vez quienes no les hayan visto piensen que barremos para casa. Nada más lejos. Conectaron y engancharon con un público en principio poco afín y, como reza el dicho, algo tendrá el agua cuando la bendicen.
Como bendecido parece el infatigable Jorge Rodríguez tras baterías. El también Sound Of Silence ha cimentado su reputación concierto a concierto con cada golpe, cada cambio de ritmo. Incluso cada mueca. De lo mejor en su puesto que tiene para ofrecer esta vieja y cascada Asturies nuestra.
Y si bien puede ser que “Guide Them to the Light” pase algo inadvertida. Lo cierto es que “Never Again” tiene el antídoto no solo contra el dolor, como proclama su propia letra, sino aparentemente también contra el sueño. Cafeína de alta graduación en forma de pildorazos de ese particular metal de raíz clásica y voz rota que les ha convertido en una de nuestras propuestas más prometedoras. El bajo de Pau se dejó sentir y de qué manera a lo largo de una “Creatures” que enlazarían con “Break Out From Hell” mientras la gente del Maizu se atreve con algún que otro circle pit. Punks & heavies en pura hermandad. Cómo ha cambiado el cuento desde los tan grandiosos como fatídicos años ochenta.
Si el debut “Climax” acusaba una cierta falta de gancho, dos cortes de nuevo cuño que Aneuma enlazan ahora vienen a negar la mayor. Se trata, claro, de “Chain Reaction”, gran solo de Borja, y “Circles Of Fire”, esta última atravesada por ese riff tan pegadizo (no quisiera decir pegajoso) y con el también integrante de Legacy Of Brutality echando un cable a Abel en coros. El final, con nosotros tienen perdido el factos sorpresa, nos lo conocemos casi de memoria. Nos aboca a “Ashes Of Your Fears” donde los dos Suárez dibujan alguna de las mejores melodías de guitarra de toda la jornada, y desemboca en sus habituales versiones de Carcass y Death, con una “Stand Tall” intercalada entre ambas y que más que nunca suena a pura auto reivindicación. Tanto o más que el cierre con una “Yell To The Sky”, grande Jorge al doble bombo aquí, que ya apunta a que se quedará como fija en sus despedidas durante largo tiempo.
Rindieron como se esperaba de ellos aún cuando las circunstancias del cartel pudieran no ser las más propicias. Al final el público les acogió como la banda prometedora que son y quien más, quien menos, disfrutó de sus evoluciones sobre el escenario del Maizu para mayor desgracia de las vallas de (in)seguridad.
Pero al Maizu aún le quedaba cera por dar, puesto que el cierre correspondería a la buena gente de Varillas, banda punk oriunda de Camponaraya (León) a quien correspondió el honor de cerrar esta nueva edición de nuestro festival reivindicativo por antonomasia. Nosotros, escasas las fuerzas ya y con hora y pico de carretera aguardando, optamos por recoger el campamento. Que el destino aún nos aguardaba alguna sorpresa desagradable en el camino de vuelta. Sorpresas que serán contadas a su debido tiempo el día que alguien tenga a bien financiarnos un anecdotario en tapa dura. Yo desde aquí lo dejo caer.
El caso es que otro fin de semana para el recuerdo. Un montón de fotos, otras tantas anotaciones, chascarrillos, confidencias, palique y muy moderado consumo de alcohol. Porque somos gente responsable. Y porque el rock al final son los amigos que haces en el camino y la música su banda sonora. La fraternidad entre rivales y sin embargo amigos que vimos el viernes, el espíritu reivindicativo del día siguiente, son verdadera gasolina para seguir en esto hasta que el cuerpo aguante. En resumidas cuentas y como decía el maravilloso personaje de Guillermo Francella en esa obra maestra del cine argentino que es “El Secreto De Sus Ojos”: nosotros podemos “cambiar de todo: de cara, de casa, de familia, de novia, de religión… pero hay una cosa que no puede cambiar, no puede cambiar de pasión”. Nos vemos en Luarca.
Un año más y van tres tocaba acudir a la llamada a filas del festival cartaginés Rock Imperium. Huyendo de la cruel climatología que azota Asturias en los últimos días llegamos a la milenaria Cartago Nova para disfrutar del gran regreso de los Judas Priest liderados por un Rob «Metal God» Halford en un envidiable estado de forma. Auténtico plato fuerte de una jornada en la que se posicionaron en el lado ganador junto a los rejuvenecidos Uriah Heep y unos Extreme, comandados por el infatigable Gary Cherone y el carisma de Nuno Bettencout.
Encargados de inaugurar esta nueva entrega del festival sería el combo sinfónico holandés Blackbriar, que si bien no disfrutaron de una audiencia muy numerosa, algo normal a las tres de la tarde de un miércoles laborable, debutaron en un escenario estatal plenos de energía y ganas de agradar. Con su vocalista Zora Cock como punto focal, descalza y ataviada con un elegante vestido de motivos florales dejaron la sensación de estar algo más que influenciados por sus compatriotas Whitin Temptation. Cumplieron la tarea encomendada llevándose el aplauso de un público aún escaso pero muy por la labor.
En las antípodas de la propuesta sonora de sus predecesores Turmion Kätilöt arribaron a Cartagena para ofrecer un enérgico show que aglutina a partes iguales sonidos electrónicos con estética black metal. Propuesta convergente con tendencias que abanderan bandas como Electric Callboy o Babymetal. La dupla vocal formada por MC Raaka Pee y Shag-U no quejó centímetro de escenario sin recorrer haciendo las delicias de la audiencia más joven.
Superado un problema en el monitor de José Rubio daba inicio el tiempo para Ronnie Romero. Segundo paso para el chileno por el Rock Imperium tras su actuación con Elegant Weapons el pasado año. Centrado en la presentación de su nuevo disco como solista, destiló carisma y volvió a demostrar por que leyendas del rock como Ritchie Blackmore o Michael Schenker han contado con su gran voz en Rainbow y M.S.G. Reveló que el show será editado en un futuro DVD mientras sorprendía a propios y extraños recuperando un tema del álbum debut de The Ferrymen, un pequeño guiño a Whitesnake con un extracto de «Love Ain`t No Stranger» y cerrar su tiempo rindiendo homenaje a su gran influencia, el siempre añorado Ronnie James Dio a través de «Rainbow In The Dark«.
Paso a paso los suecos Eclipse se van colando en festivales de mayor envergadura. Su trayectoria ha sido hasta el momento una clara línea ascendente para la banda liderada por Erik Martensson. Gozaron de buen sonido, en eso no falla el Rock Imperium, mientras un inesperado goteo hacía saltar todas las alarmas ante un posible diluvio que nunca llegó a producirse. Curioso «outfit» de Erik calzado con playeras de distinto color, rojo y negro, en lo que sospechamos un guiño a la portada de su último disco «Megalomanium«.
Los veteranos Uriah Heep ofrecieron un set pleno de intensidad y energía. No se celebra un 50º aniversario todos los días y dejaron patente que hay cuerda para rato. No dosificaron esfuerzos ni ante la presencia por fin de un sol que había pasado la jornada tímidamente escondido tras la bruma marítima que invadía Cartagena. Se encuentran en estado de dulce y se nota, tanto arriba del escenario como en la reacción de una parroquia encantada con el buen hacer de los británicos. Impagable cerrar su tiempo con una «Easy Livin’» en la que se hicieron acompañar por Ronnie Romero y Richie Faulkner compañeros del bajista zurdo Dave Rimmer en Elegant Weapons.
Uno de los grandes atractivos del festival junto al «sacerdote» más famoso del metal eran sin duda Extreme. Los de Boston no se prodigan habitualmente por nuestros escenarios y con nuevo disco en el zurrón la oportunidad ofrecía doble satisfacción. Intercalando hábilmente clásicos y novedades en el set ofrecieron un show a la altura de las expectativas. Si bien la mayor conexión con el público llega con temas como «Decade Dance» o «Monster» también habría tiempo para disfrutar de sus nueva composiciones. Huelga decir que el tramo acústico iniciado con «Hole Hearted» es una apuesta claramente ganadora en su repertorio pero la revisión de un himno como «We Will Rock You» trasladó a muchos a su paso por el estadio de Wembley allá por 1992 para rendir homenaje a la figura de Freddie Mercury. Banda de directo como pocas, con Gary Chenore infatigable recorriendo de punta a punta el escenario y un Nuno Bettercourt defendiendo su origen portugués mientras realiza una masterclass a la guitarra, es de recibo mentar la gran aportación de Pat Badger en coros y la gran pegada de Kevin Figuereido a los parches. La inevitable «To Be With You» con la dupla Cherone / Bettencourt sola sobre las tablas puso patas arriba Cartagena pero cerrar su tiempo con «Get The Funk Out» fue sin duda todo un acierto. Que vuelvan pronto.
Cae la noche en la vetusta Cartago Nova para recibir a Judas Priest. Con una producción más austera que las anteriores paradas de su actual gira estatal, tocaba adaptarse a las características del escenario del festival, la circunstancia no evitó la demostración de poderío y carisma del «metal god» y sus huestes. La más que probable «ayuda» a Rob Halford a través de «delays» y «reverbs» no hace más que refrendar el gran valor del estado vocal del interprete a sus 72 años. Siguen conectados con un público que corea un himno tras otro y disfruta de cada detalle aunque sea esperado. No falta la moto sobre el escenario en «Hell Bent For Leather» o su característico tridente coronando el escenario balanceandose sobre las cabezas de los de Birmingham. Scott Travis nos da la bienvenida, agradece nuestra presencia y se arranca con la intro de «Painkiller» El parque del Batel es un clamor y más cuando la figura de Glenn Tipton aparece en las pantallas de televisión gigantes colocadas en los laterales del escenario. Cada miembro defiende su papel sobradamente, el más activo junto a Halford es un Richie Faulkner plenamente recuperado de sus problemas de salud, para dejar la impresión que a estos Judas les quedan muchos escenarios aún por conquistar.
La propuesta musical más periférica del plantel de bandas en esta primera jornada era la ofrecida por el combo folk metal teutón In Extremo. Nunca defraudan, buenas canciones, actitud y visualmente agradecidos adornados por ropajes de inspiración vikinga y sus clásicas gaitas y zanfonas, instrumentos alejados del metal tradicional. Lograron retener a una importante porción de «metalheads» que en buen número iniciaron la estampida tras la descarga de Judas Priest, pues hay que recordar que nos encontrábamos pasada la media noche de un miércoles para muchos laborable.
Tocaba recoger, recuperar fuerzas y regresar en pocas horas. Cartagena, veni vidi, vici aunque Halford lo describió mucho mejor: Judas, puta madre, Priest.
Ya tenemos el verano a la vuelta de la esquina. Y con él, una de esas citas a las que hemos ido cogiendo mucho cariño con el correr de las estaciones: Perversiones, el festival irreverente y rockero por antonomasia dentro de nuestra Asturias del alma. Como todo ha de empezarse por el principio, lo cierto es que el tiempo no podía ser más desapacible cuando emprendimos ruta desde la capital hacia Puerto de Vega. Se sabía de antemano que habría carpa y tendríamos techo, pero el aguacero era tal que a buen seguro más de uno se pensó lo de poner rumbo al occidente. Eso y el dichoso fútbol, claro.
A nosotros, de lo contrario no estaríais leyendo esto, no nos arredraron cuatro gotas. Llegamos con tiempo. Nos gusta tomar la temperatura y cambiar cuatro palabras con toda esa gente que no falla nunca. Y a la que aprovecho ya de paso para saludar. El caso es que, pese al temor, había un buen ambiente ya en la mencionada carpa. Grandes recuerdos del par de ediciones anteriores se apelotonan en la mente junto a la certeza la estupenda jornada que nos disponíamos a disfrutar.
Es un evento con poca o ninguna rima dentro del Principado. Lo ejemplifica el estupendo cartel de este año, ese Halford atravesado por el rostro de la (por fin) emancipada Britney Spears, y lo arrancan los chicos de Pripyat, debidamente mexicanizados para la ocasión, y que acertaron a la hora de llevarse a su terreno “En El Ultimo Trago”, del actor y cantautor mexicano José Alfredo Jiménez Sandoval. Me agradaron. Supieron entender cuál es el espíritu del evento amén de cargar con la siempre engorrosa misión de abrir la jornada sin por ello perder la sonrisa.
Goat Inside Sküld, formación híbrida entre Beast Inside y Sküld, con PelayoKabbrath al micro, reventó a puro doble bombo el “Happy Children” de P. Lion. Resultaron más serios que sus predecesores. También más contundentes. Los también híbridos Chabalemika (gente de Chabacanos y Polemika) acertaron en la elección de tema, no otro que el “Qué Tien Esa Sidrina” de Vicente Díaz. Más cercanos al espíritu de una cita como esta. O al menos a la idea que servidor tiene en la cabeza cuando recuerda aquél segundo puesto de Caballo Moldavo en 2022 con “Así, Me Gusta A Mí” de Chimo Bayo o la victoria de Criminal Kids From Outher Space con “Baila El Chiki Chiki”. Aunque esto, desde luego, va en los gustos de cada uno.
Pero volviendo a la edición de este año, Perversos Pervertidos, con Abel (Murt) en voces, nacieron para esta edición del Perversiones, en la que dejaron una, digamos, distintiva versión de “La Puerta Del Amor” del gran Nino Bravo. Def-Ensivos, en cierto modo una escisión de los siempre peculiares Ofensivos, acertaron al hibridar a Def Con Dos y Emilio Aragón, también a la hora de disfrazarse para la ocasión y buscar en todo momento la interacción con el público. La coletilla “La Culpa De Todo, La Tiene Milikito” lleva repitiéndose en mi cabeza desde anoche. Una de las (per)versiones que más disfruté a lo largo de la jornada y mis favoritos desde entonces a la victoria final.
En una onda diametralmente distinta, mucho más clásicos y también serios, nacieron para la ocasión Los Repuntos, que homenajearan a Las Telayas a través del popular “Mi Madre Fue Una Mulata”. Dejaron tanta seriedad como buenas interpretaciones, en voces especialmente, y supieron dejar la nota de color no ya con sus vestimenta, que también, sino con lo clásico de su sonido. A ese marcado clasicismo se antepusieron World Of Decay, quienes llevan camino de convertirse en clásicos del concurso, y que supieron llevarse a su terreno de afinaciones graves y voces descosidas “La Gozadera” de Gente De Zona. Puro espíritu «Perversiones» si me preguntan.
No quisiera yo olvidarme de Carmen Omar, encargada un año más de introducir y presentar a cada banda, hablarnos de la próxima edición del Unirock, los 30 +10 que cumple la organización o arrancarse a capela con su característico vozarrón. Resulta imposible entender el Perversiones sin ella.
Así las cosas, reconozco que Ovejas Negras, que tuvieron a bien revisitar el “La Noche No Es Para Mí” de Video, me pasaron algo inadvertidos. Quizá también porque después vinieron los Metalversión de Axel y Julio (ex Monasthyr) y pusieron Puerto de Vega patas arriba al metalizar convenientemente “La Del Estudiante” de Los Berrones. Con un poco de trampa, es cierto. LosBerrones pueden entenderse como una banda que colinda con el rock en cierto modo. En cualquier caso lo pasaron en grande el rato que estuvieron sobre las tablas y se notó.
Tarzán, que nacieron para la ocasión y que integraban varios de los músicos de Aneuma (Jorge, Pol y Borja) despiezaron con buen tino “She Bop” de Cindy Lauper, acompañados de un chiquitín en percusiones y con Borja aprovechando para dibujar otro de los grandes solos de la jornada. El trío Plasma fue otro de los que acertó a la hora de elegir canción, que en su caso sería el “Hola Mi Amor” del eterno bigotudo Junco, que en su aproximación tan punk no dejaba de recordarme a la buena gente de Me Fritos And The Gimme Cheetos.
Por sonido, Expropiazión no andaban demasiado lejos. Cambió, eso sí, el espíritu de su elección, “Tubthumping” de Chumbawamba, y un cierto acercamiento a posiciones más propias del hardcore punk. Y me gustaron Sküld, con esa “The Winner Takes It All” de ABBA, que extrajo lo mejor de Lorena como vocalista. Todo a pesar del arranque en falso, hubo de pasarle a la gente de casa. Los duendes del directo, siempre tan puñeteros.
Regresarían entonces Metalversión, esta vez para heavymetalizar “El Sol No Regresa” de La Quinta Estación, y dejar claro que si algún día cambian su nombre por el de MetalDiversión no seré yo quien se lo eche en cara. Realmente disfrutan con lo que hacen y se nota.
Si mención merece Carmen Omar como maestra de ceremonias, también todos los técnicos que cargaron con el sonido durante toda la jornada. Inmensurable labor la que realizan y de diez prácticamente la forma en que sonaron las muy distintas bandas que desfilaron por Puerto de Vega el pasado sábado. Vaya nuestro pequeño aplauso y agradecimiento para ellos.
Volverían entonces los chicos de Plasma, esta vez para dar cumplida cuenta de ese clásico de la subcultura popular que es “Los Coches Chocones”, original de Los Desgraciaus, y de nuevo muy en la onda de lo que, pienso yo, significa un evento como el que nos ocupa. En mi modesta opinión, otros de los “ganadores morales” de esta última edición. Volvieron también Expropiazión, esta vez para destrozar a conciencia el “Sarà Perché Ti Amo” de Ricchi e Poveri, con guiño incluido al que fuera primer astronauta español. Y no, no me estoy refiriendo a Michael López-Alegría.
Hablaba antes de Metalversión y cómo la elección de “La Del Estudiante” bordea las lindes del concurso. Algo parecido vengo a pensar de DonNadie y su revisión, en este caso, del “Mi Agüita Amarilla” de LosToreros Muertos. Ello no quita para que nos divirtiera su particular revisión, tan encabronada como divertida. Divertidos también otro de los grupos nacidos para el evento, en este caso ZZ Astur, que nos dejaron un simpático “Gimme! Gimme! Gimme! (A Man After Midnight)” de ABBA tras el cual su vocalista Rebeca se sinceró diciendo que “para ser la primera vez que canto en directo, ni tan mal”. Y es que esa es otro de los puntos fuertes de una cita como esta: la virtud atreverse por encima de cualquier otra consideración.
Llegaba entonces el turno de unos viejos conocidos de este medio, no otros que los ferrolanos Host, a quienes habíamos visto acompañar a Mortal Coil allá por el mes de marzo, y que arribaron a Puerto de Vega con una versión (o aversión más bien) del “Bad Romance” de esa auténtica titánide de la música popular que es Lady Gaga. Y digo lo de aversión porque consiguieron llevarla del todo a su terreno, despiezando casi cada estrofa y dejando en el camino un cadáver casi irreconocible. Pura idiosincrasia Host, desde luego.
Retornaron entonces Sküld para enfrentar a otra grande de la canción pop moderna, la tristemente desaparecida vocalista británica Amy Winehouse, de la cual revisaron nada menos que “Back To Black”. Y aunque su interpretación no llevara los resultados tan lejos a como lo hicieran As Life Burns en su último Ep, desde luego supieron cómo readaptarla a su propio modo de entender el metal. Nunca Amy sonó tan heavy, desde luego.
Tío Phill Is Dead, grupo creado en claro recuerdo a la figura del gran James Avery, cuántas buenas sobremesas nos diste, adaptó a su manera la que fuera sintonía de la popular sitcom y supieron despedir con sorna (y un gran Carmelo al bajo) esta nueva edición del Perversiones. Llegaba entonces el turno para las votaciones. Y qué mejor para ello que comprobar de primera mano cómo se desenvuelven en directo los ferrolanos Montaraz, a la sazón ganadores de la pasada edición del concurso.
Pasan veinticinco de las doce cuando los gallegos hacen suyas las tablas del Perversiones y pronto salta a la vista que ha habido cierta espantá en lo que a público se refiere. Algo que, como bien me apuntaba mi compañero Lago (Piratas de Libertalia), ya sucediera en la edición del pasado año con Zenobia. Huelga decir que ello no arredra al quinteto, que recibe de espaldas a la audiencia mientras suena la intro. Destacan los ropajes negros que lucen, uno de esos pequeños detalles en cuanto a puesta en escena que siempre suman.
Desde que, bañados en luz verde, arrancan con “Vuelve” de su nuevo álbum, pronto queda claro que van a disfrutar de un sonido tanto o mejor que las muchas bandas que fueron desfilando a lo largo de la jornada. José Santos, que llevaba una pequeña tablet para (intuyo) las letras, mostró una voz potente ya desde las primeras estrofas. Es el suyo un registro lleno de personalidad, también de fuerza, que a ratos me recuerda al bueno de Víctor García (WarCry). También a Sergio Márquez de los desaparecidos power metaleros catalanes Dragonslayer. Juan Muiños y Ger García dejaron ya buenos solos doblados en este primer corte. Nos las prometíamos muy felices.
“Quiero Vivir” tiene cierto aire de reivindicación de su propia idea como banda. Me atrevería además a decir que su encarnación en directo supera a la que pude oír de ellos cuando reseñé el álbum que venían presentando. Reseña, sí, que llevaba algunas semanas escrita pero aún no habíamos compartido cuando arribamos a Puerto de Vega. La actualidad nos atropella pero seguimos teniendo solo dos manos. Qué se le va a hacer.
Quien no olvidó su cometido fue el propio Santos, encargado de recordar su paso por la anterior edición del evento a través de un pequeño speech. Lo suficiente para coger algo de aire, acertar con las afinaciones y ofrecer una cara algo más oscura para, adaptándose al espíritu de la velada, dejarnos un más que curioso “Desátame” de la figuerense Mónica Naranjo, enlazado, creo recordar, con “Piedad”, original de los barceloneses Elefantes.
Aquí me agradó “Mi Guitarra” por la forma en que añadió algo más de melancolía a su bien conocido heavy metal. La banda fue así fraguando un set ágil y diverso. Santos puede no ser el líder más móvil que hayamos visto en tiempos recientes. Veníamos además de ver a Drunken Buddha en la jornada anterior, con un Michael Arthur Long de nuevo pletórico y que nos tiene muy mal acostumbrados. Pero en honor a la verdad hay que decir que el de Mugardos ofreció una serie de interpretaciones a las que se les pueden poner muy pocos peros.
“Vamos con el tema que da nombre a la banda”, que pertenece a ese “Defendiendo Tu Voz” que Demons Records editara el pasado mes de marzo, y que dejó una estupenda línea de bajo durante el remansado puente central. “Viaje Al Fin Del Tiempo” recordó a su debut de 2016, amén de desplegar uno de los riffs más interesantes y llamativos del set, con la banda sonando potente, redonda y muy entera.
Ya digo que el sonido fue en general muy bueno durante toda la jornada. Así las cosas, llegaba el turno para presentarnos “un tema muy especial con el que ganamos el año pasado”, y amén de las presentaciones de rigor, era el momento para recuperar “Loca” y “Tal Para Cual” de su paisana Luz Casal. Buenos recuerdos de la edición 2022 del concurso y en el subconsciente la sensación de que el cariño que profesan por la cantante de Boimorto no puede ser más sincero.
Volviendo al repertorio propio, nos dejaron una potente interpretación de “Fuera Del Rebaño”, firme tras los parches Simón Pereira, y el que fuera videoclip de su segundo trabajo, “Al Fin”, con Santos reconociendo que tuvo éste un recibimiento que jamás habrían imaginado. Algo estarán haciendo bien. Nos arrimamos al escenario para una última versión, “Voy A Mil”, de aquellos pretéritos Olé Olé con Vicky Larraz al frente, anda que no ha llovido, para dejar claro que son una banda que crece exponencialmente con respecto a su versión de estudio.
Quedaba dar con los ganadores de la presente edición. Emoción, intriga, ya saben. Diversos era los premios. El del público fue repartido entre DonNadie (“Mi Agüita Amarilla”) y los ferrolanos Host (“Bad Romance”), el del grupo creado para la ocasión recayó en Los Repuntos ( “Mi Madre Fue Una Mulata”) y, finalmente, el premio gordo fue para Def-Ensivos (“Cuidado Con Paloma”), que tendrán además la recompensa de tocar en la próxima edición del concurso. Quede constancia pues de una de las muy contadas ocasiones en que he acertado con alguna clase de pronóstico. Mañana habrá que aprovechar el viento de cola y echar la primitiva o algo.
Aquí llegaría el turno para los premiados de reinterpretar los distintos temas que les concedieron los distintos premios. Ya con algún músico caído en combate (Host acuden de hecho sin bajista) pero con las ganas de pasárselo bien todavía intactas. Y es que lo pasamos en grande. Son unas cuantas horas, es verdad. Máxime si se suman los más de cien kilómetros ida y otros tantos de vuelta que nos separan de Puerto de Vega, pero sarna con gusto, ya saben. Salvo causas de fuerza mayor mediante, volveremos. Rain Or Shine que diría aquél.
Por nuestra parte nada más que agradecer una vez más a la organización no ya por el inmenso curro que conlleva sacar adelante una cita como esta sino también por el exquisito trato que nos dispensan cada vez que tenemos a bien acercarnos por el occidente. Mandar del mismo modo un saludo a los muchos habituales, músicos y fans, con los que nos cruzamos a lo largo de la jornada, imposible nombraros y/o recordaros a todos, y ya como cierre el deseo de vernos allí en la próxima edición del Unirock. Aneuma, Blister, Dixebra, Last Days Of Eden y The Wizards ya esperan. Nos vemos allí.
Hacía apenas un mes que habíamos visto por última vez a la buena gente de Drunken Buddha, fue en la última edición del Vidiago Rock, pero como somos unos enfermos de esto, qué se le va a hacer, tocó echarse otra vez a la carretera. Esta vez rumbo a Lanio donde unos enamorados del rock como los hermanos Jorge y Fer retomaban la actividad en directo en su coqueto y recogido local. Con apenas un escueto plano como ubicación del concierto y nuestro recuerdo del paso de Beast Inside hace algo más de un año por allí arrancamos hacia la localidad salense para dar buena cuenta de un bolo más de Diego Riesgo, Michael Arthur Long, Kay Fernández, Mario Herrero y Fran Fidalgo.
Tirando de tópicos, “Sea Of Madness” desata pronto la locura en Lanio. Tanto, que una cuerda de la preciosa Les Paul de Diego no aguanta semejante envite. Y dio igual porque uno de los parroquianos se ofreció amablemente a cambiarla allí mismo. Anécdota inicial para un show en el que nos las prometíamos muy felices.
Y es que esta gente parece que siempre funciona. Da igual que estemos en un festival (el tristemente desaparecido Rock Nalón) que en un recinto reducido, cortes como “Devil’s Breath” siempre sacan lo mejor del hard / heavy y lo embuten en unas interpretaciones siempre a la altura. Drunken Buddha dan siempre la impresión de ser la típica banda que se lo pasa en grande haciendo lo que hacen. La química que se observa entre ellos es contagiosa, desde luego.
Para “Purple Skin”, ya con la Les Paul negra de vuelta, Arthur Long pone a prueba los bancos del local, improvisada pasarela, y solo sonrisas pueblan nuestros rostros. Que además el sonido, sin ser el de los grandes recintos, solo faltaba, alcanzó para disfrutar de los asturianos sin mayores contrariedades. “Can’t Hold Your Gaze” sonó tan fulgurante como acostumbra. Aquí aprovecharían para deslizar algún tema nuevo, “Sweet Huntress”, y comentar que “está todo en manos de Juan Martínez” según palabras del propio frontman del Buddha.
Las bromas, el buen rollo, la camaradería fueron la norma una vez más. Sirva como ejemplo, los pequeños destellos de “Carolina” (M-Clan) o “Soldadito Marinero” (Fito y Fitipaldis) con que nos distrajo Diego desde su Gibson. Todo como anticipo de uno de los cortes más intensos de la noche, no otro que “Hang ‘Em High”, con Arthur Long ya descamisado y paseando el micro sobre nuestras cabezas.
Su habitual “Mr Big”, original de unos tales Free, calmó un poco los ánimos, exaltados y enfebrecidos ya, justo antes de que “Monster” pusiera de relieve, una noche más, el lado más musculoso y grave del quinteto. Y si en la primera fue Diego quien se destapó con un gran solo, en esta sería Mario quien dejaría destellos de su gran clase tras las teclas. Y es que, más allá de los gustos de cada cual, y con la actual base rítmica de Kay y Fran ejerciendo de perfecto parapeto, son una banda de muchos quilates.
Y tienen cintura. Porque tras la crudeza monstruosa, llega el turno de uno de sus cortes más pegadizos e incluso radio friendly. Al menos de un tiempo en que la radio no era coto cerrado y casi exclusivo del atúnconpan. Estoy hablando, claro, del “Dance Of The Serpent Queen” que ya apunta a fijo en su setlist durante largo tiempo. Llegó no sin que antes Arthur Long quisiera tener un pequeño recuerdo para con “la prensa”. Lo decía al principio: somos unos enfermos. Es lo que hay.
Encarando ya la parte final del set, no falló “Walking In The Shadow Of The Blues” a la hora de extraer la cara más sensual de la banda. Y no solo por el pecho descubierto de su vocalista. “Hay que hacer aquí un festival de tonada”. Aunque si hubo un corte que realmente me enganchó a estas alturas fue “Lady Stardust”, en especial con ese crescendo final que traman entre Fran y Kay, al alimón con otro solazo de Diego.
Puede que fuera una plaza pequeña y ni así quiso el vocalista olvidarse del habitual baño en champán de “Medicine Man”. Tampoco de guardar lo mejor de su garganta para la más atemperada “Strangers & Fools”, o dedicarnos un par de versiones que no estaban en mi guión particular. A saber: “Smoke On The Water” de Deep Purple y “Paranoid” de Black Sabbath. El final, una noche más, vino a corresponder a su habitual revisión del “Highway Star”, es cierto que ya con el sonido algo enmarañado pero sin perder un ápice de fuerza ni ganas. Muy grandes. Esperando ese tercer álbum como agua de mayo.
Atraviesan un momento dulce y se nota. Sea en festivales, sea en salas, parece que siempre cumplen. Nos preguntaba el propio Michael Arthur Long por las veces que les hemos visto y yo, francamente, creo haber perdido la cuenta ya. Solo sé que la del pasado viernes, a buen seguro, no fue la última. Así me parta un rayo. Vaya un abrazo para ellos, también para la buena compañía y ya saben: nos vemos en el siguiente.