Crónica: Tarque & La Asociación Del Riff (Gijón 24/11/2023)

Cartel de no hay billetes en la puerta y máxima expectación para el comienzo del tour en apoyo de “Vol. 2”, segundo álbum de Tarque como solista, que llegaba a Gijón acompañado por Eduardo Giménez “Coki” (batería), Iván González “Chapo” (bajo) y Carlos Raya (guitarra) bajo la denominación de La Asociación Del Riff. Cita en nuestra querida Sala Acapulco ante una audiencia ávida de puro y auténtico rock and roll. Con una sobria escenografía, apenas unos rayos iluminando la escena desde el fondo y la sospecha de que estaba por venir uno de los grandes shows del otoño en Asturias.

Y así pareció de inicio, si bien a Carlos Tarque apenas se le oía durante las primeras estrofas de una muy pertinente “Bombas En Son De Paz”. Hace falta nada más que ver un informativo y darse cuenta de todas sus certezas. Superados ciertos desequilibrios propios del inicio del set, lo cierto es que vimos a una banda perfectamente engrasada. Dado que era como digo la primera cita de este nuevo tour, la sensación que queda es la de haber trabajado a conciencia en el local de ensayo.

Eso y que son unos musicazos, evidentemente. Sobresale, claro, Carlos Raya. Curtido en mil y un batallas y al pie del cañón con una sapiencia y un buen gusto al encarar sus riffs y melodías que te reconectan con la esencia misma del rock and roll. Maestro absoluto, ovacionado varias veces a lo largo de la noche y no es para menos.

Pero quien acapara todos los focos es Carlos Tarque. Huelga decirlo. El viernes le vimos en muy buena forma. Aguantando el tipo sin mayores percances durante la hora y media de set que nos regalaron, muy sonriente y buscando en cada momento el calor del público. Incluso arrodillándose para rendir pleitesía al maestro Raya. De lo mejor que tiene nuestro rock para dar, desde luego.

Brilla el veterano guitarra en la reciente “Escapa Del Amor” y logra la banda que el público se implique y por completo en “El Diablo Me Acompañará”, tema incluido en su debut. Turno entonces para los obligadas dedicatorias por parte de un agradecido Tarque y sigue la fiesta con “Días Extraños” mientras elucubro si alguna banda ha alcanzado tal nivel de equilibrio en lo que a sonido se refiere dentro de este mismo recinto. No son pocos los conciertos en la Acapulco que he cubierto para este medio y a fe mía que el del viernes está a la cabeza con los mejores.

No solo de puro rock and roll vive el hombre. La banda se arrima al blues con la estupenda “Mar De Whisky” con Tarque y Raya bordando sus distintos papeles. Como contrapunto, y tras cambiar Raya su Les Paul por una preciosa Flying V blanquinegra, sucedió una “Piel De Toro” en clave casi hard rockera, a la que sumaron una Tarqueizada versión del “Helter Skelter” de The Beatles. Era la parte más diversa del set y se cerró con “Flores De Acantilado” y la banda bordeando, sin rozar, la psicodelia más formal. Soberbio Raya aquí, claro.

Tarque desparrama carisma. Se bebe el escenario a tragos y disfruta como un colegial. No pasan los años por el vocalista nacido en tierras chilenas, que acomete ahora un “Evil” original del bluesman Howlin’ Wolf y que popularizarían los Cactus de Carmine Appice y Tim Bogert, que convierten en su último álbum en “Maldigo” y donde sobresale una base rítmica impecable, con el mierense Iván González brillando a las cuatro cuerdas. “Jealous Guy” de un tal John Lennon quizá pase algo de puntillas por el set. Lo cierto es que para cuando continúan con “Calle Sin Luz”, original de M-Clan, la Acapulco es un clamor para con los cuatro músicos arriba del escenario. Detallazo de Carlos, por cierto, acordándose de agradecer su labor a los diferentes técnicos de sonido.

Para los bises quedarían dos buenas piezas de puro rock and roll festivo y directo. A saber: “He Vuelto Para Veros Arder” y “Donde Nace El Rock And Roll”. Uno de esos finales ante los que no puedes hacer otra cosa que rendirte. Con la banda sonando por momentos perfecta, la sala entregada y sonrisas pintadas en los rostros hasta de los seguidores más casuales. Fue una noche por todo lo alto y nadie les puede quitar eso a Raya, Tarque, Chapo y Coki, por mucho que ciertos prejuicios con respecto al pasado obren en contra de un vocalista, Carlos Tarque, que vuelve a destaparse como uno de los grandes frontman de este país. Le pese a quien le pese. Todo a pesar de eso que llaman “prensa generalista” haya vuelto a dar la callada por respuesta, obviando toda mención. Tranquilos, que ya estamos otros para dar cumplida cuenta de todo lo que bulle en nuestros escenarios. Faltaría más.

Sí, como podéis ver, y si se me permite el uso de una de mis habituales coletillas, la noche salió a pedir de Milhouse. Sonido de altura, una banda perfectamente engrasada y una sala llena hasta la bandera y entregada a la causa. Poco más se puede pedir. Por ello vayan saludos a Sergio Blanco, Fernando Casas, Sara Suárez y Luismi Rose como cierre a esta humilde crónica. Nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: Opposer + Strikeback + Tyrant (Gijón 18/11/2023)

Una auténtica hidra del thrash la que se vino a reunir el pasado sábado en el Bola 8 de Gijón bajo el epígrafe «Thrasher Night!» a los cántabros Opposer, los gallegos Strikeback y los locales Tyrant. La sola venida de lo más granado de la escena noroeste resultó excusa suficiente como para coger los bártulos una vez más y encaminarnos de nuevo a la llamada capital de la costa verde. Si en el proceso desbloqueábamos un escenario más, van quedando pocos por bautizar, pues tanto mejor.

Buen ambiente y mucho bullicio minutos antes de la apertura de puertas. El Bola 8 no es el Madison Square Garden pero lo cierto es que no fue poca la gente que se congregó para disfrutar de una institución del thrash cántabro como Opposer. Venían presentando aún aquél estupendo “R3cod3d” de 2022 (reseña aquí) y era palpable el interés que suscitó su visita a tierras asturianas.

Qué mejor que algo como “Wake Up” para sacar al respetable del letargo y ponerle en dirección a una descarga de auténtico thrash de marcados tintes death. Era la primera vez de los chicos en Gijón y a fe nuestra que los de la comunidad vecina supieron tirar de galones para sacar adelante un buen show de thrash técnico y firme. Ahí fue donde les funcionó el nervio de “Recoded Rebirth” pero también “Serpent Eyes” y ese riff para la antología.

Al bajo y también los coros estaba Jesús, que fuera anterior guitarra de la formación thrash del quince al veintiuno, y que defendió el puesto con toda la entrega y profesionalidad que se le presuponían, cumpliendo tanto con el cinco cuerdas como con los coros. Pisaba terreno conocido y se notó, claro.

Holy Lies” recordó a su álbum de 2017 mientras el ambiente en el Bola 8 se caldeaba por momentos. Vimos un público de lo más variopinto. Todos disfrutando de una banda a la que le sobran las tablas. Su thrash puede no tener el nervio de Strikeback ni flirtear con el trazo tan a veces pesado de Tyrant, pero a lomos del que fue quizá el mejor sonido de la jornada, supieron ganarse más de un adepto para su causa.

Funcionó “House Of Pain”, corte apertura de su último disco, pero mentiríamos si dijéramos que no fue “Forbidden”, de aquél “Remember The Past” de hace justo ahora diez años, la que terminó por granjearles el favor del público. No faltaron los agradecimientos a la buena gente de Tyrant y un final de thrash desbocado en forma de “Straight To Hell” que propiciaría el primer circle pit de la jornada. Cierre con “Ashes To Ashes” tras cincuenta minutos de show donde quedó la sensación de que están lejos de arrojar la toalla.

Enfrascados en la presentación del reciente Ep “World In Decay”, del que prometo dar cumplida cuenta por aquí en tanto el tiempo me lo permita, los coruñeses Strikeback llegaban a Gijón con las pilas cargadas y la misión de convertir el pequeño Bola 8 en una auténtica fiesta.

El quinteto, que se amoldó como buenamente pudo al reducido escenario, tiene en la figura de Adrián Beltrán “Liber” a un frontman con carisma y buenas hechuras, que supo conectar con la gente, implicarla en su thrash nervioso y directo, y no desfallecer ni por un instante. Tal es así que ya desde los primeros temas se pudieron ver circle pits en particular y mucho movimiento en general. Su público, muy joven, tenía ganas de fiesta y temas de su más reciente Ep, interpretado en su totalidad, parecieron caer de pie en el pequeño local gijonés.

Over Again”, fácilmente la mejor recibida de su nueva hornada de temas, puso al Bola 8 patas arriba. Y mientras que no negocian un esfuerzo ni a la hora de los agradecimientos, supimos de boca del propio Liber que Alex Mella, bajista de los coruñeses, había sido operado hacía escasas fechas. Y ni por esas quiso el también miembro de Thrashnos perderse la cita. Vaya desde aquí nuestro más sincero reconocimiento.

Mientras “B.H.S. (Boundless Human Stupidity)” inunda Gijón de puro thrash flamígero pero con gancho, “Secrets And Lies” deja a las claras que también saben moverse en el terreno del thrash técnico y pesado. Melancólico incluso. Con el tema que da título a su último Ep y la despiadada “Kill Or Be Killed” se despidieron dejando la sensación de haber crecido una barbaridad desde mi último encuentro con ellos, aquél bolo junto a Totengott y Angelus Apatrida en nuestra muy añorada sala Sir Laurens.

Tercera banda de la noche y tercera propuesta que, sin abandonar del todo la fuerte raíz thrash de la jornada, transgrede hacia su versión más rocosa y por momentos casi monolítica. Hacía poco de nuestro anterior encuentro con los gijoneses Tyrant, aquél en que telonearon a la Kiss Experience en la Sala Acapulco (crónica aquí) y donde vinieron a entregar un set plagado de versiones. De ahí que hubiera ganas de verles con un set más propio e identificable…

… que aún así albergó sorpresas. No de inicio, que la banda apoyó desde una pedregosa “Domination March” para convertir en pesadez el nervio de Strikeback o la oscuridad de Opposer. Con Pantera en el punto de mira, “(Millions Of Corpses…) In The Name Of No One” desarrolla un thrash apoyado en gran medida en los orgullosamente sucios riffs de Nico Suárez.

Y si bien puede que el sonido no alcanzase a ser tan redondo como el de sus compañeros de cartel, quizá en parte por cómo su propuesta se encamina hacia otros derroteros, cierto es que el mayor brío de “Prepare For Attack”, original de los denverianos Havok, volvió a funcionar al igual que lo hiciera en la anterior cita gijonesa.

Jugando en casa una vez más, qué menos que detenerse en “Mosh Pit” y publicitar de nuevo, y bien que hacen, su bar del mismo nombre del que se conmemoraba el tercer aniversario. Es un corte además que parece conectar con su parroquia y es que, diría un clásico, “el amor tiene razones que la razón no entiende”. Siguiendo con cortes propios, fue “From The Depths” la que daría con los huesos de Nico Suárez abajo del pequeño escenario si bien “T.A.” la que de verdad lograría implicar a un público, de todos modos, muy por la labor.

Regresando al terreno de las versiones y con un Heketor Lorenzo desatado al micro, deslizaron de nuevo “Madhouse” de Anthrax para algarabía de una audiencia que tampoco quiso dejarse nada en el tintero. Era mucha la fiesta y no poco el calor que transpiraban ya las paredes del Bola 8. Con el corte que les da nombre parecía que todo llegaba a su fin la banda aún alcanzaría interpretar un “Phobia” original de unos tal Kreator que ni siquiera aparecía en el setlist, dando ahora sí por finiquitado el show. O no, porque faltaba la particular oda del cuarteto al “néctar de dioses” que es “Beer’s Fan Song” para, ahora sí, echar el cierre a una más que calurosa, entretenida y diversa noche de thrash metal a las finas hierbas. Queda pendiente una visita al Mosh Pit. Palabra de Brigadiers.

El thrash bulle y ahí está Heavy Metal Brigade para contarlo. Tres formas muy distintas de entender el género y un público de lo más heterogéneo que se lo pasó en grande. Y si bien el Bola 8 puede ser un local con ciertas limitaciones, en particular en lo que a luces se refiere y dicho sea sin ánimo de leerle la cartilla a nadie, lo cierto es que el sonido del que pudimos gozar en la jornada del sábado jamás alcanzó a ser catastrófico. Ni mucho menos.

Vaya desde aquí y como siempre un abrazo a los buenos amigos con los que nos volvimos a cruzar. Puede que no seáis conscientes pero vosotros también hacéis Heavy Metal Brigade. Nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: Raposu Rock (Gijón 11 /11/2023)

Nueva edición, la séptima ya, del festival solidario Raposu Rock, desde luego una de las citas más especiales del actual ecosistema rockero asturiano. Un año más en Heavy Metal Brigade no quisimos faltar a tan indicada fecha, que reunía esta vez a las bandas regionales Beast Inside y Skuld, los cántabros Cantaebria y los bilbaínos Negra Calavera para toda una avalancha de solidaridad, buen rollo y rock & roll.

El Raposu es una cita donde la música es importante pero nunca tanto como lo es la habitual recogida de alimentos. Con Rheme Peláez al mando, qué energía la suya, me rio yo del conejo aquél de las pilas, la cita ha logrado establecerse con pleno derecho hasta convertirse en una parada obligada dentro del modesto pero orgulloso circuito de festivales asturianos. Con epicentro en la que ya es nuestra segunda casa en tierras gijonesas, o al menos una de ellas, es decir, la Sala Acapulco, la cosa vino a acontecer más o menos como sigue.

Pasan quince de las siete cuando Skuld, la banda de Puerto de Vega cuyo debut homónimo pasara por estas páginas allá por 2021, se suben al las tablas de la Acapulco. Y ante la baja de su batería titular Roberto lo harían con todo un Pablo Viña a los parches. Había curiosidad por tanto, al menos en lo que a nosotros respecta, pues para cuando termina la intro y suenan los primeros acordes de “Odin” no son muchos quienes hacen acto de presencia ante la banda…

… que parece haber crecido varios enteros desde nuestro último encuentro con ellos. Fuese lo indicado de la fecha, el trabajo en el local o el tiempo que hacía que no nos cruzábamos las caras, agenda Brigadier cada vez más apretada, lo cierto es que supusieron un gran inicio de fiesta. Ahí donde funcionan temas propios, “Odin” y el estupendo duelo solista que lleva aparejado, no es menos verdad que acaban por menguar, al menos en cuanto a acogida se refiere, cuando arremeten con todo un “Flight Of Icarus” de unos tales Iron Maiden. Con una Lorena González al micro saliendo airosa del complicado envite y el público coreando a conciencia.

Incluso nos trajeron un tema nuevo. “Blood Eagle”. Brioso, con gancho y hechuras de darles buenos réditos en tiempos futuros. Rédito inmediato dio en cambio un “No Hay Tregua” de Barricada que terminó con José Carlos abajo del escenario y un montón de gente arriba de él para un fin de set festivo y por todo lo alto. Desde luego que esta noche no era para andar por estas calles y sí en la fiesta solidaria de la Sala Acapulco.

Aún practica uno el noble arte de ir a un concierto, o festival en este caso, sin los deberes hechos y presto a ser sorprendido. Que os aseguro fue el caso con los rockeros de nuestra comunidad vecina Cantaebria. Combo que vino al séptimo Raposu Rock a derrochar ingentes dosis de actitud y energía para media hora larga de fiesta y rock & roll.

Se llama Rocanrol” resultó de lo más festiva. Y mientras que a una de las guitarras trató de aguarles la fiesta, al final sirvió para que el frontman Víctor Quevedo sacase pecho frente a otras propuestas: “nosotros no hacemos playback”. A fe nuestra que no. “La Rubia” contribuyó a que la fiesta fuese en aumento. Y mientras que los idus eran de todo menos propicios, rota una cuerda de guitarra en “Shine”, nada pareció detenerles.

Demostraron sobradas tablas para sobreponerse a los distintos inconvenientes que les fueron surgiendo y también ímpetu para ganarse a un público que quizá les era ajeno. Resultaron una propuesta tan desenfadada como ganadora.

Tuvieron incluso el detalle de aupar junto a ellos al dúo Lyla & Javi. Porque una fiesta sin buenos amigos es cualquier cosa menos una fiesta. Javi terminaría calzándose la guitarra incluso. Y claro, tampoco quisieron olvidarse de agradecer a Rheme el haber contado con ellos. “La Locomotora Del Amor” mediante se despidieron dejándonos con ganas de más. Dada la cercanía geográfica, ojalá tenerles de vuelta por estos lares más pronto que tarde. Tremenda fiesta.

La venida de Beast Inside al Raposu Rock supondría otra vuelta de tuerca al cartel. La banda, que sigue presentando aquél “Under Control” de 2022 continúa cercenando cuellos a conciencia con un show cada vez más sólido y redondo. El rodaje, que no ha sido poco dentro y fuera de nuestra región, termina por notarse. No queda otra.

Pasan pocos minutos de las nueve cuando disparan la intro y, tras ella, una más que apropiada “Beast Attack”, con “Poyo” ya plenamente establecido tras los parches y las ganas intactas. En especial en lo que a Jandro se refiere. Un frontman cada vez más metido y centrado, que parece agigantarse a cada show que realiza con Beast Inside y que propulsa al quinteto a cotas hasta ahora desconocidas para ellos.

Como bien reza la sabiduría popular: “no habrán inventado el pan, pero desde luego saben como hacer buenas tostadas”. En cortes como “Fuck Em All” reside un thrash tan clásico y poderoso y en ese “compartir es vivir” que exclama Jandro, gran parte del espíritu del festival. “Unpunished” fue una de las mejor recibidas del set, algo a lo que ayuda ese deje más groove y coreable de su tronco central. Y mientras que para “Faces Of Death” cuentan con la performance de cierta figura de la mitología asturiana y su querido vástago, a continuación nos dejan con un tema de nueva creación, “God Of Flesh”, que sin dejar de sonar a los Beast Inside de siempre, parece buscar nuevos horizontes para la banda.

Con más de tres mil niños y niñas palestinos cruelmente asesinados por el gobierno de Israel en apenas tres semanas y siempre según datos de la ONG Save The Children, hiela la sangre y petrifica a cualquiera el dato, “Warchild” vino a resultar más pertinente que nunca. “No Escape” contribuyó sin embargo a quitarle gravedad al set y reconducir hacia la fiesta y el jolgorio. Porque como diría el propio Jandro, “del reggaetón se sale” pero de un concierto de Beast Inside, hasta que no se han sucedido los pertinentes circle pit y wall of death desde luego no. Siguen en línea ascendente y nos congratulamos por ello.

Antes de la última descarga de la noche, fue el momento del sorteo de un pequeño detalle por parte de las bandas presentes a un afortunado raposu, que se iría a casa con una sonrisa en el rostro y un amplio surtido musical.

Desde Bilbao y con ingentes ganas de patear traseros llegaron al Raposu Rock Negra Calavera, quinteto de puro rock & roll adrenalítico y socarrón que supuso, podemos dar fe, un fin de fiesta por todo lo alto. Un rock sin freno y a pildorazos. Clásico y sin fisuras. Sin mayores sorpresas ni tampoco menores dobleces, vinieron y convencieron.

Y les honra pues lo hicieron a pesar de que no fue el público que desbandó tras las descarga de Beast Inside. Quienes nos quedamos fuimos recompensados por cincuenta minutos sin apenas solución de continuidad y que hicieron las delicias de los fans más clásicos del Raposu Rock.

Espérame En El Coche”, “Navajazos” o “Alcohol” nos hicieron pensar en que por más tópico que resulte decirlo, es el directo y no otro quien de verdad da la medida de una banda. Es ahí donde los vascos se crecen y dan todo lo que llevan dentro. Agradecidos no obstante a la organización del evento en general y a la figura de Rheme Peláez en particular para después deslizar una rotunda “Dios Te Odia”. Dado el clima reinante general, quienes somos nosotros para negar que alguna que otra deidad debe de andar bastante enfadada por ahí arriba.

Estrellas” proporcionó altas dosis de rock volcánico y ardiente. Como juntar a AC/DC con Supersuckers y Gluecifer, agitar la coctelera a conciencia y servir el resultado a una audiencia escasa pero disfrutona y muy por la labor. Ahí es donde emerge la figura de Txemi, frontman de los bilbaínos, incansable tanto a la hora de afrontar los temas como en lo que buscar la complicidad del público se refiere. El cierre, con toda la banda abajo del escenario a excepción del sufrido batería, supondría la mayor de las apoteosis. El final que la séptima edición del Raposu Rock merecía, ya lo creo. Sin querer leerle la cartilla a nadie, desde luego no es la intención, de verdad que lo sentimos mucho por quienes se fueron antes de tiempo.

Sana y cordial séptima edición de nuestro festival solidario por antonomasia. Cuatro bandas de muy distinto pelaje que nos hicieron disfrutar de lo lindo y más de tonelada y media de alimentos recogidos. Se dice pronto. Francamente, ya podían aprender otros, tanto dentro como fuera de la música que tanto amamos. Vaya pues un abrazo gigantesco a Rheme Peláez, no hay palabras que alcancen a hacer justicia a la descomunal e ingente labor que realizas. De verdad que no somos conscientes. Vayan también saludos a los muchos y buenos amigos con que nos cruzamos a lo largo de la jornada. Cada vez sois más y se complica el nombraros a todos. Nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: Fe De Ratas (Oviedo 10/11/2023)

Pestañeas y han pasado veinte años. Fe De Ratas editaron su tercer disco “Miseria Frente A Miseria” allá por 2003 y quisieron celebrar tan indicada efeméride con un show especial en el ovetense Gong Galaxy Club. Cita que Heavy Metal Brigade no se podía perder.

Pasan quince de las nueve de una noche de perros cuando el cuarteto que forman Maxi Compán, Andrés “Drest” González, Rafa Kas y Luis Melero irrumpe en un escenario perfectamente engalanado para la ocasión. Un gran telón de fondo con el logo de la banda, un par de portadas a los lados encargadas de recordar la efeméride en cuestión e incluso una larga bandera a los pies de los músicos.

Por supuesto, fue “No Pierdas El Norte” la que se encargó de romper el hielo, con Rafa Kas, preciosa ¿Explorer? en mano, dejando ya destellos de la infinita clase que atesora. Pero la conocida frialdad del público asturiano parece no entender de estilos. Sí, la recepción fue algo fría, o al menos lo pareció desde las primeras filas. No sería hasta “Aún Me Queda Vida” que el público pareció deshacerse del frío que traían de casa. “¿Que ye la última ya? Preguntaba irónicamente Drest desde la batería.

De ahí en adelante mucha fiesta y reivindicación. “Miseria Frente A Miseria” nos sacó del letargo a muchos, siendo una de las más coreadas de la parte inicial del show. Muy redonda “Esperando”, con un gran solo de Rafa Kas. De hecho, a término, el veterano guitarrista la reconocería como una de su favoritas dentro del repertorio de la banda. A fe nuestra que la forma en que la disfrutó resultó contagiosa.

Banderas cubanas entre la audiencia durante “Miami’s Way Of Life” y “Carbide Union U.S. Limited” recordando el desastre de Bhopal ahora que falta un año para que se cumplan los cuarenta del suceso. Si olvidar es perder, ellos no olvidan y nosotros tampoco.

Querida Clara”, con Maxi abandonando por un momento su inseparable seis cuerdas, puso la nota calma de la jornada sin por ello olvidar el espíritu reivindicativo ni por un instante. Pequeño solo de batería mientras Maxi afinaba de nuevo su instrumento y aluvión de clásicos para encarar la segunda parte del set. “Soy La Ley” o “Chitón” tuvieron una gran acogida por parte del público que me rodeaba, de nuevo con un Kas fulgurante.

Sin embargo serían Drest y Melero quienes acapararían focos durante “Tú Tranquilo Y A Lo Tuyo”. No puede uno escribir una crónica de los actuales Fe De Ratas sin pararse a reconocer el encomiable trabajo que realizan y que eleva a esta banda a estándares a los que creíamos ajenos, fuera por ceguera o puros prejuicios. Sea como fuere no quiso el cuarteto olvidarse de la revisitada versión de “El Hambre Grita”, que junto con “Solo Era Un Salvaje” y la muy celebrada “Ammuar” pondrían punto y final al set…

… antes de unos bises en los que la intro de “Ignorante” ya ponía sobre aviso de la traca final. Con Kas imitando desde su guitarra los arreglos del original y una Gong realmente entregada a la causa. De nuevo el agitar de banderas cubanas durante “Antiimperialista” y final, claro, para “Hasta La Victoria”. O no, porque Maxi pidió volver a “Miseria Frente A Miseria”, que son veinte años cerrando con ella y, quieras que no, se hace raro. Huelga decir que nadie se negó.

Hora y media de Fe De Ratas reivindicativos como siempre y potentes como nunca. Por muchos años. Aprovechamos para mandar un saludo a Isaac Prieto, una noche más a los mandos y sin queja por nuestra parte, así como a Jorge Moldavo, Txeffy, Petu y la propia banda. Nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: Lion Rock Fest (León 4/11/2023)

Nuevos festivales significan nuevas salidas a la carretera para el equipo de Heavy Metal Brigade. León se convirtió esta vez centro neurálgico de la primera y de seguro multitudinaria edición del Lion Rock Fest, evento que vino a congregar a lo más granado del hard rock local, estatal e internacional en las figuras de Crazy LixxEclipseBe For YouGotthard91 Suite y H.E.A.T.

Sito el festival en el Palacio de Exposiciones y Congresos de la egregia capital vecina, recinto que se demostró ideal para la celebración de un festival de estas proporciones, enorme en tamaño y capaz de desplegar dos escenarios, dispuestos uno frente al otro, y de disponer de un sonido siempre dentro de lo mínimamente exigible. Una construcción que resultó incluso cálida pese al frío propio del mes de noviembre que azotaba en el exterior. Zona de fumadores, servicio de guardarropa, barra, puestos de merch, comida etcétera. En definitiva todo lo que una cita como la del pasado sábado requería. Toda vez recogidas las acreditaciones entramos con la sana intención de pasar una gran tarde noche y contárosla lo mejor posible. Claro que para nosotros el festival había arrancado ya unas horas antes…

… pues lo hizo con una de las llamadas actividades complementarias del evento: la descarga de los locales Sunset Blvd en la sala Babylon. Así pues pudimos desbloquear no un escenario sino dos en nuestro interminable periplo peninsular, encontrándonos una sala coqueta pero un público respondón. Incluso varios músicos y sin embargo amigos de este medio entre la audiencia. Y es que como he dejado escrito otras veces, el mundo es un pañuelo y eso que llaman “la escena” más aún.

El rato que pudimos disfrutar de la banda y que os aseguramos nos dejó con ganas de más, tristemente teníamos otra serie de obligaciones durante la jornada, nos pareció que se trataba de una interesante propuesta de hard/heavy, con voz femenina al frente y las cosas bien claras. Mucho amigo de la banda entre la audiencia, solo faltaba y sobradas ganas de pasarlo bien pese a lo pronto de la hora, alrededor de la una y media de la tarde. El rock no conoce horarios. En lo que al quinteto respecta, temas como “Revenge” o la versión del “Maniac” de Michael Sembello nos picaron lo suficiente el gusanillo como para pujar por una futura visita a nuestros escenarios.

Grande el papelón con el que se encontraron los suecos Crazy Lixx, no ya por la siempre desagradable labor de tener que abrir el evento sino por ser, quizás, la propuesta más perpendicular festival con su bien conocido hard de fuertes raíces glam. Pero faltaban minutos para las siete cuando irrumpieron sobre las tablas y de un plumazo borraron todo atisbo de duda. Nervios, si los tenían, a buen seguro no dejaron traslucir ninguna clase de intranquilidad.

No eran pocas las ganas con las que desgranaron su bien cosido repertorio. Pero por si al público, ya numeroso y muy por la labor, le sabía a poco, pronto su frontman Danny Rexon echó mano de una gran bandera en “Anthem For America”, debidamente adaptada para incorporar el logo de la banda. También de una máscara al más puro estilo Jason Voorhees de la saga “Viernes 13” y una especie de puñal-micrófono con el que no dudó en amenazar, es un decir, a sus compañeros de banda.

En lo que a rango se refiere, puede que Rexon no fuera el vocalista más capaz de la jornada. Lo que no quita para que demuestre ser un frontman de garantías, con buena conexión con la gente y que parece disfrutar a lo grande con lo que hace. Algo que queda patente durante “Silent Thunder”, corte que arrancaría la primera gran ovación de la jornada.

Mención aparte merece el inmenso batería Joel Cirera, enfundado en una llamativa camiseta en la que podía leerse “I Fucking Hate Drummers” y que otro tanto podría decirse de la forma en que se aplicaba para con su kit. Mucha saña en sus brazos sobre el sufrido instrumento. Todo pasión y ganas. Tres cuartos de hora de una banda tan poco original como orgullosamente eficaz, que supo abrir la primera edición del Lion Rock Fest con el mejor pie posible.

Pese a los denodados esfuerzos de Rexon y Cirera, mentiríamos si dijéramos que la expectación no fue mayor para sus paisanos de Eclipse. La banda que, preciosa Explorer en mano, lidera Erik Mårtensson, salió y convenció en tierras leonesas ya desde un inicio donde se les vio enchufadísimos, concentrados, disfrutando y haciendo disfrutar.

Que claro, con una dupla como “Roses On Your Grave” y en especial la muy gancheraGot it!” es fácil que todo vaya sobre ruedas desde los albores del show. Y no es que el sonido en líneas generales fuera esquivo a sus predecesores en el cartel, pero sí sentimos que el segundo de los escenarios, aquél que acogía a las bandas grandes del evento, mejoraba en varias décimas a su vecino de en frente.

Vimos muy risueño a Mårtensson y muy participativo al público congregado frente a él. Mientras, Magnus Henriksson destapaba el tarro de las esencias durante una tremenda “Run For Cover”, “The Hardest Part Is Losing You” finalmente logró que banda y público fueran un único ente indivisible. Uno de los múltiples cortes de su último álbum “Megalomanium” y que parece haber caído de pie dentro de su ya bien nutrido repertorio. Con “Anthem” siguió ese idilio de la banda con los suyos para que después Mårtensson abandonase su preciosa seis cuerdas y encarase una muy certera “The Storm”.

El propio frontman tendría su merecido descanso en la figura del bajista Victor Crusner, quien tomaría el mando en tareas vocales para una sentida “High Road”. A pedido de Erik, cientos de móviles iluminarían el Palacio de Exposiciones y Congresos durante una “Battlegrounds” donde, sorpresa, la banda introduce un guiño en forma de una pequeña porción de “Heaven And Hell”, el inmortal clásico de Black Sabbath.

Surgiría entonces “Black Rain” para poner de relieve la cara más heavy del combo nórdico y encarar así un final que culmina, no podía ser de otra forma, con “Viva La Victoria”. Triunfante final y un show que, al menos en lo que a mí respecta, sí que me convenció. Hago hincapié porque me consta que hubo división de opiniones al respecto. Como siempre, estoy abierto a un debate tan vehemente como ordenado.

Los leoneses B4U tenían ante sí una verdadera espada de doble filo. Por un lado la gran oportunidad que suponía tocar en un festival tan afín a su sonido como este. Por otro, que dadas las horas no fuese poco público que decidiese ir a por algo de cena o incluso tomar posiciones en el Stage A cara a la descarga de los suizos Gotthard.

Pero los locales salieron a disfrutar y se notó. Ayudó, y puede resultar hasta tópico decirlo, el gran número de amigos del combo que se encontraban frente al escenario. Ellos y los demás fuimos recompensados con el buen hacer de una banda madura, se formaron allá por 2006, y que tiene en Ángel a un frontman de garantías.

Temas propios como “April Rain” o “One With The World” les funcionaron a los leoneses. Su hard melódico quedó así encuadrado dentro de las propuestas menos festivas de la jornada. Algo de lo que vino a dar de la versión del “Heart Turns To Stone” de Foreigner que deslizaron. Con “Light” fueron finiquitando un set algo escueto, no sin que antes Ángel afirmase que para ellos era un sueño estar allí, a lo que el público leonés respondió vitoreando a sus paisanos.

Como decimos tenían una oportunidad y supieron aprovecharla. He de decir que en lo que a mí respecta no les conocía y me sorprendieron para bien. Algo tendrán. Ojalá una cita por tierras asturianas más pronto que tarde.

Y llegó el turno de uno de los grandes nombres de la jornada, nada menos que los suizos Gotthard, banda de reconocida trayectoria y que a pesar de la terrible pérdida del que fuera su frontman Steve Lee en un desgraciado accidente hace la friolera ya de trece años, cómo corre el reloj, ha sabido seguir adelante con toneladas de buen gusto y grandes canciones.

Suyas y propias. Porque si bien arrancan con su “Every Time I Die”, pronto deslizan un “Hush”, original de Joe South, que también inmortalizaran unos tales Deep Purple. La escenografía no podía ser más sobria con ese telón de fondo que acompañaba a la banda. Puede que el sonido, al menos donde me encontraba frente al escenario y pese a tratarse del Stage A, no fuese todo lo redondo que cabría esperar. No menos cierto es que a la gente congregada frente a los suizos pareció no importarle demasiado. Enchufados banda y público prácticamente desde el minuto uno.

Da fe de ello una “Feel What I Feel”, de aquél “Bang!” de 2014, que puso centenares de brazos en alto y provocó una algarabía tal que, a término, se pudieron oír los primeros vítores de una audiencia rendida y entregada a la causa. Puede que en “Top Of The World” la sombra de Lee sea alargada. Lo cierto es que Nic Maeder ofreció en León una muestra de todo su talento, que no es poco. Puede no tener el especial carisma de aquél a quien reemplaza. Pero calidad como para defender el puesto como punto focal de esta banda lo tiene de sobra.

Es el propio Maeder quien nos avisa de que se viene la parte importante del show. Y lo que viene son pequeños solos que procuraron merecido descanso al de Lausana. Un pequeño set acústico calmó las aguas. Pusieron la nota calma “One Life, One Soul” o “Remember Me” para después reconducir con “Starlight”, convenientemente alargada frente a su versión de estudio. Los coros pegadizos es lo que tienen.

Muy celebrada en este momento de la velada “Mountain Mama” y no tanto el pequeño solo de batería de Hena Habegger. No tanto por el desempeño en sí como por el sitio que vino a ocupar dentro del show. Porque quién quiere solos de batería cuando tienes un corte que funciona en la manera en que lo hace “Lift U Up”. Si es que al final…

Muy grandes Gotthard, con un Freddy Scherer que repartió incontables dosis de clase y saber hacer durante la más de hora y media que duró el set de su banda. Pero en honor a la verdad cabe decir también que se fueron un poco de madre con el horario marcado, provocando que algunos tuviéramos que desplazarnos al Stage B antes incluso del término de su actuación cara a no perder ripio de la buena gente de 91 Suite.

Como mentir se me da tirando a regular y, por ende, me gusta ir con la verdad por delante, debo reconocer que 91 Suite son una de mis grandes asignaturas pendientes en lo que a hard/AOR nacional se refiere. Los murcianos llevan largo tiempo peleando pero siguen sin perder su esencia. Algo que les honra en un panorama donde la técnica del ensayo error hasta que das con la tecla parece ser la tónica dominante.

Porque lo fácil habría sido deslizarse hacia corrientes más en boga dentro de nuestro territorio y, sin embargo, ahí siguen con su estilo de toda la vida. Y en buena forma, además. Enlazando temas a comienzos del show como si les fuera en ello la vida. Y desde luego que el público del Lion Rock Fest supo responder en consecuencia.

No es menos verdad que en ciertos momentos del set, algunas charlas de Jesús Espín entre canciones se hicieron pelín largas. Pero la banda arrastra tal nivel técnico que, toda vez la máquina vuelve a funcionar, todo son sonrisas frente al escenario.

Los regalos, incluso, pues no dudó el propio frontman en bajar al foso CD’s en mano para regalarlos a la audiencia. Para los que nacimos en los años ochenta o más atrás, resulta triste ver la forma en que el digital ha clavado con no poca saña los clavos en el ataúd del formato físico. Gran detalle por parte de la banda en cualquier caso.

PD: ¡Prometo hacer los deberes!

No creo que sean muchas las bandas a las que habremos visto atravesar un momento de forma tan óptimo como en el que parecen instalados los suecos H.E.A.T, que en la segunda estancia de Leckremo en la banda parecen han terminado por convertirse en una de las experiencias en vivo más poderosas que hayamos visto.

A tumba abierta y sin un segundo que perder. La irrupción en tromba de la banda sobre el escenario pilla desprevenidos incluso a los técnicos del festival. Y es que, al menos donde servidor se encontraba dentro del recinto, el sonido distorsionaba que daba gusto durante los primeros acordes. “Demon Eyes” creo, y digo creo, fue la que arrancó el set. Porque lo cierto es que no fue hasta “Hollywood”, qué gancho tienes maldita, que todo recondujo hacia cauces normales.

En realidad la lista de temas que interpretaron viene a dar un poco igual. Quizá haya quien eche en falta el toque más AOR de sus inicios. Aquello que comenté antes de la fidelidad a uno mismo que demuestran 91 Suite. Pero en honor a la verdad cabe decir que el set de H.E.A.T ofrece muy pocas dobleces. Porque Leckremo se come el escenario como si en ello le fuera la vida, sí, pero porque está rodeado de la inmensa clase de Dave Dalone en guitarras y cuenta con el apoyo discreto pero fundamental, por contradictorio que pueda sonar, de Jona Tee en teclas.

Leckremo, incluso, no duda en hacer sus pinitos en nuestro idioma. Frontman que gracias a diversos proyectos anteriores desde luego conoce bien nuestro territorio. Nuestros puntos fuertes y también nuestras debilidades. Porque esa es la cosa durante la segunda etapa de Kenny en la banda. El sueco es ahora un showman en toda la extensión de la palabra. Volcánico e infatigable, no negocia un solo tono alto mientras no duda en entregarse en cuerpo, alma y sudor a su gente. Se habla mucho de las bandas que habrán de tomar el relevo de los grandes nombres del pasado y he aquí un candidato más que firme al puesto.

Porque la fiesta en cortes como “Beg Beg Beg” es como pocas que hayamos visto. Tres mil o más personas botando y gritando al unísono y una banda que apenas da descanso. Por no hablar de una “Back To The Rhythm” con hechuras ya de clásico imborrable. El final con “A Shot At Redemption” les confirmó como uno de los exponentes más incendiarios y efervescentes del hard mundial y puso el punto final a una velada que adornarían, a modo de despedida, con el tema principal y homónimo de la peli “Ghostbusters”. Si llegado el día os surge la posibilidad, no lo penséis e ir a verles.

En líneas generales y pese al retraso acumulado, de hecho H.E.A.T terminarían pasadas ya las dos, fue una gran primera edición del Lion Rock Fest. Multitudinaria y sita en un recinto a la altura de las circunstancias. Gente de todos los rincones del país y, nos consta, no pocos que se pegaron el viaje desde otras latitudes. Estados Unidos incluso. Tal fue el éxito de la convocatoria.

Como apuntes a mejorar podemos hablar de las largas colas que muchos asistentes hubieron de sufrir, los dichosos tokens o el alto precio de la bebida si bien este último parece tener más que ver con el signo de los tiempos que con el propio evento en sí. No lo sé. En cualquier caso y si el año que viene la cosa sigue por los mismos derroteros, repiten ubicación y el cartel iguala en calidad al de esta primera edición, cosa harto difícil si me preguntan, será un auténtico placer volver a dejarse caer por tierras leonesas.

Como siempre, no queríamos cerrar esta crónica sin dedicar nuestro agradecimiento a Artisti-k Producciones por todas las facilidades, ni tampoco sin mandar un gran saludo a los muchos músicos, amigos, fotógrafos y fans con los que nos cruzamos a lo largo de la jornada. Sois multitud y me es imposible nombraros a todos. Ya sabéis: nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: Kiss Experience + Tyrant (Gijón 3/11/2023)

No son muchos los tributos que cubrimos a lo largo del año en Heavy Metal Brigade pero surgió la posibilidad de ver a Kiss Experience y nos pareció una buena manera de entrar en calor para lo que nos esperaba en la jornada sabatina: nada menos que el Lion Rock Fest. Esa, claro, es otra historia.

Venían además acompañados de los locales Tyrant, a quienes por una serie de malditas circunstancias aún no habíamos tenido oportunidad de ver, por lo que al final decidimos poner rumbo a nuestra segunda casa en Gijón, o al menos una de ellas, que no es otra que la Sala Acapulco.

De acuerdo a la propia naturaleza de la noche, prometían los thrashers asturianos un set especial de versiones. Y en honor a la verdad hay que decir que se condujeron por cortes que, a priori, uno no esperaría de velada semejante. Porque arrancar con “Violent Revolution” sonó a poco menos que declaración de intenciones.

Quien más, quien menos echaría en falta una segunda guitarra que diera apoyo y consistencia, especialmente durante la sección solista. No obstante y por ahí, más fidedigna resultó “Fucking Hostile”, de unos tales Pantera, no sin que antes se ocuparan de nombrar al Mosh Pit, su bar en la gijonesa calle Vicaría. Ya que ellos no llegaron a tanto como a dar la dirección, quede aquí el apunte.

Tuvieron buen sonido. Hasta el tema propio que deslizaron les funcionó. También “Madhouse” de Anthrax o la más reciente “Prepare For Attack” de los thrashers de Denver Havok. Los pogos que vimos no fueron los más numerosos, a buen seguro no era el público más por la labor, pero quedamos a la espera de verles ya con un set propio el próximo 18 de noviembre en la Sala Cantora, también en Gijón.

A Kiss Experience, que irrumpen sobre el escenario a eso de las 21:14, hay que agradecerles al menos las molestias de uniformarse de arriba a abajo con maquillaje y atuendos lo más cercanamente posible a los Kiss originales. Que no son pocos los proyectos del estilo que ruedan por el estado y de vez en cuando dan la impresión de casi repudiar a la banda a la que reproducen.

Ya digo no fue el caso. Se ve en la puesta en escena pero también en lo cuidado del setlist propuesto. Un ramillete de temas que, más allá de la inicial e ineludible “Detroit Rock City”, se conduciría en primer término por ofertas menos esenciales dentro del repertorio como puedan ser “Deuce” o “Strutter”, ambas del álbum homónimo de 1974.

No faltan poses calcadas de cada uno de los miembros. En especial claro quienes toman el testigo de Gene Simmons y Paul Stanley respectivamente. Los gestos, la forma de buscar el contacto con el público, desde luego los chicos se tienen bien aprendido el papel. Y más allá de las reservas que a todos nos puedan provocar propuestas de este tipo, en honor a la verdad hay que decir que la gente se lo pasó en grande.

Palmas y coros al unísono durante una muy bien recibida “Do You Love Me” y de ahí en adelante, banda llevada en volandas por un público, cabe decirlo también, bastante diferente del habitual. Es lógico y de cajón que propuestas distintas convocan a públicos distintos. Pero fuera por la cita leonesa del día siguiente o por la propia naturaleza del evento, lo cierto es que apenas vimos ninguna cara que pudiéramos denominar como habitual.

Pero volviendo a lo que nos ocupa, Kiss Experience mantuvieron ese buen nivel a través de “God Of Thunder”, con el émulo de Stanley clavando cada inflexión de voz del neoyorquino. Algo que el público pareció agradecer con una de las grandes ovaciones de la velada. Y de aquí al final, una verdadera balsa de aceite. Porque cuesta resistirse a algo como “I Was Made For Lovin’ You”, máxime si no tienes que tragarte el discursito en tono de disculpa que dio el propio Stanley allá por 2008 en lo más alto del bilbaíno monte Kobetas.

I Love It Loud”, “Crazy Nights” o incluso “Lick It Up” del álbum homónimo de 1983 hicieron cumplida justicia a las originales. Con una banda aguantando el tipo y una sala ya muy entregada a la causa encararon el inevitable final con unas “Love Gun” y en especial “Shout It Out Loud” que servidor y quienes estaban a mi alrededor disfrutamos con los coros de fondo de un tal Michael Arthur Long (Drunken Buddha). Al final una buena noche, como digo con todas las reservas e incluso reparos que nos producen este tipo de propuestas y sin ser el aquí firmante el mayor seguidor de los neoyorquinos. Ni mucho menos.

Como siempre, vayan agradecimientos a la organización del evento por todas las facilidades y saludos al mentado frontman. Nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: El Altar del Holocausto (Gijón 27/10/2023)

Nueva venida del cuarteto instrumental El Altar del Holocausto a tierras asturianas, en concreto a la gijonesa sala Acapulco, en una noche en solitario que tenía algo de salto al vacío pero a la que el público asturiano (y nos consta que foráneo también) supo responder como se merecen.

La puesta en escena es tan sobria como acostumbran, con un gran telón de fondo, un par de máquinas de humo y esa batería a la que siempre remata uno de los parches de bombo más bonitos que recuerdo. Y claro, sus ya bien conocidas vestimentas. Música ambiental nos recibe cuando accedemos a la sala prestos a presenciar una nueva homilía de los salmantinos.

El arranque, pasaban veinte de las nueve, vino a poner a prueba los cimientos del recinto. Puede sonar a tópico pero lo cierto es que pocas veces hemos presenciado un volumen tan alto en nuestra querida sala gijonesa. Pero era un volumen descifrable, inteligible, en el que fácilmente podías distinguir cada elemento presente en la muy bien equilibrada mezcla. Nuestros cuerpos palpitaban con cada pedalada de Reaper Model al mencionado bombo de su batería.

La audiencia, la más numerosa que hemos visto allí desde que Battle Beast pisaran tierras asturianas, se entregó en cuerpo y alma al cuarteto. Bailó y disfrutó con los temas más ardientes, sin ir más lejos la inicial “Resurrection…” y supo callar, hasta el más absoluto de los silencios, en varios de sus ya habituales llamados a la más absoluta quietud. Audiencia de prácticamente todas las edades presenció la fuerza y también la precisión con la que desarrollan unas composiciones técnicas, a ratos complejas, al otro casi místicas.

Y es que la dupla Weasel Joe y Reverb Myles en guitarras más Sky Bite al bajo rara vez ofrece dobleces. Realmente su música y la forma en que la interpretan, la curiosa atmósfera que son capaces de crear, ya tendría su mérito con atuendos más formales. Ataviados con sus habituales túnicas, se nos antoja una tarea tirando a ardua por no decir casi titánica.

Pero este Altar va sobrado de tablas y recursos. Porque lo que en cualquier otra situación podría derivar en poco menos que catástrofe, la rotura de la caja de la batería, ellos la solventan con sus habituales llamadas al silencio, al punto de que muchos que no estaban en primera fila dudamos se dieran cuenta siquiera de lo que estaba sucediendo.

Lucas I, 26-38” provoca la total algarabía con el público presente en la Acapulco dejando en evidencia a más de una “grada de animación”, transitando hacia los estertores de la noche en total comunión con los cuatro músicos sobre el escenario.

Tampoco faltó la habitual bajada de Weasel Joe al foso para un multitudinario wall of death, no sin que antes una distorsionada voz en off agradeciese a los presentes el apoyo a la música en directo. Asturias, Gijón en este caso, volvió a responder a la llamada del cuarteto y éste se entregó en cuerpo y alma a su parroquia. Son varias ya las veces que desde esta página os hemos relatado sus distintas homilías, más algunas que ya arrastrábamos de antes, y lo cierto es que, siempre y cuando los elementos se lo permitan, rara vez fallan.

A fe nuestra una de las bandas más en forma de nuestro territorio. Si además encuentras una muy buena entrada y a un público tan por la labor como el del viernes, el resultado no puede ser otro que uno de los mejores shows de lo que llevamos de año. Que no han sido pocos.

Como viene siendo habitual no queríamos cerrar esta humilde crónica sin agradecer tanto a promotora como a la propia banda todas las facilidades, ni tampoco sin mandar los obligados saludos a Jorge Novales, José Antonio FD, Txeffy, César Veloz, Silvana Cuello, Elma López, Salvador García “Poyo” y al resto de seres humanos con quienes departimos durante la jornada y que mi maltrecho cerebro no acierta ahora a recordar. Nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: Dare + FM (Vitoria-Gasteiz 21/10/2023)

Dare y FM, a día de hoy y si gustas del hard melódico, necesitan pocas presentaciones. Estandartes absolutos del género al punto de que su último tour conjunto por la península, en concreto su parada en tierras gasteiztarras, nos pareció una cita poco menos que ineludible. A nosotros y al resto de público que abarrotó la Urban Rock Concept de Vitoria-Gasteiz en una noche donde la melodía, la clase y el buen hacer de dos bandas en estado de gracia nos hicieron disfrutar de uno de los auténticos bolos del año.

Venían ambas formaciones con nuevos álbumes bajo el brazo, ambos editados el pasado 2022. A saber: “Road To Eden” en el caso de Dare, “Thirteen” en el de FM. Dos buenos trabajos que vienen a apuntalar el gran momento que atraviesan tanto unos como otros.

Claro que no fueron Dare y FM las únicas bandas que vimos el pasado sábado. Sucede casi siempre en Heavy Metal Brigade que nos gusta llegar con tiempo a los sitios. Algo que siempre permite tender lazos con músicos, técnicos, fans, etcétera, y volvió a ser el caso. Y es que en el Bar Glorioso de Vitoria nos topamos nada menos que con Crazy Keys, de cuyo álbum “Mystical” dimos buena cuenta allá por 2021. Lo que son las cosas. El mundo es un pañuelo y eso que llaman la escena aún más. Ojalá poder verles por estas tierras algún día.

Faltaban quince para las nueve cuando las huestes del ex-Thin Lizzy Darren Wharton tomaron el escenario de la Urban Rock. A muchos nos pilló aún haciendo cola y si bien apenas nos perdimos unos pocos acordes del primer corte del set, ese “Born In The Storm” que abre su último álbum, cabe desde luego preguntarse si tal arranque no podía haberse retrasado al menos un par de minutos.

En cualquier caso y toda vez accedemos a la sala, rápidamente somos conscientes tanto del gran sonido que despliega la banda como del calor de un público que parecía saberse al dedillo cada estribillo, casi cada estrofa, y que disfrutó de lo lindo con Wharton y los suyos. Risueño en todo momento y con una voz en un estado que ya quisieran muchos vocalistas de su quinta, sesenta y un años contemplan al voceras de Failsworth, la descarga de Dare tenía visos de corresponder a un estatus que la banda tiene bien merecido.

Dare insistieron con su nuevo álbum a través de “Cradle To The Grave” y el guitarra de Oldham Vinny Burns deja cumplida muestra de su clase. Oculto tras las gafas de sol y sin apenas dejar de sonreír, Wharton pareció pasárselo en grande, procurando en todo momento devolver a la audiencia el calor y el cariño que éste le brindaba. Chocó manos, grabó vídeos con diversos móviles y en definitiva dio unas píldoras del gran frontman que es.

Siguió la noche con un par de cortes de aquél “Sacred Ground” de 2016, “Home” y “Until”, para después regresar una vez más a su último trabajo y dar vida al corte homónimo. Dare parecen tenerle mucha fe a “Road To Eden” y no es para menos. Un set bien construido, a buen seguro más heterogéneo del que después desplegarían FM, pero no adelantemos acontecimientos. Y es que la banda introduce en el corazón mismo del show unas “Wings Of Fire” y “We Don’t Need A Reason” que vienen a poner en valor la cara más endurecida de Dare. Siempre dentro de las lindes del género y con un Greg Morgan intachable tras el kit de batería.

Ya en las postrimerías y como manda el libro de estilo, un buen repaso a sus grandes clásicos como pueden ser “Abandon” & “Into The Fire”, con un Wharton aguantando el tipo pese a la edad y el calor, invitándonos incluso a que siguiéramos a su banda en redes sociales. Es el signo de los tiempos. Quien más, quien menos puede que no se esperase la reciente “Thy Kingdom Come” a estas alturas de la noche. Lo cierto es que “King Of Spades” dedicada a Phil Lynott, y “Black Rose”, original de Thin Lizzy, terminaron por decantar aún más la balanza. Vinieron pero lo más importante: convencieron incluso a un neófito del género como quien escribe. Buena muestra de ello son los vítores futboleros con los que fueron despedidos. Como suele decirse: más clase que una universidad.

Cambio de enseres mediante, son alrededor de las once menos veinte cuando los de Steve Overland aparecen sobre el escenario de la Urban Rock Concept dispuestos a redondear una noche de hard melódico como pocas que recordemos.

Y es que los londinenses parecen en perfecto estado de revista desde que la inicial “Synchronized” ya deja claro que el sonido a disfrutar va a ser tan bueno o más que en el caso de sus compañeros de gira. El set tiró en su largo primer trecho de una homogeneidad que caló y de qué forma en el público vitoriano. De hecho no eran pocas las camisetas de la banda que pudimos ver, tanto del actual tour como de viejos álbumes del pasado. Gran reducto de incondicionales el que la banda tiene en la capital vasca.

Muy expresivo el guitarra Jim Kirkpatrick. El llamado “doble inglés de Joe Bonamassa”, acompañado a las seis cuerdas de manera alterna por el propio Overland, para una noche que siguió con la clásica “Tough It Out” o la más reciente “Killed By Love”, recibidas ambas con igual fervor. Y es que el público pareció recibir en igual grado tanto los cortes más elementales como las producciones más recientes. Algo que, siento insistir, habla mucho y bien del cariño que se le profesa a la banda en aquellas tierras.

La noche siguió con “Someday (You’ll Come Running)” y una banda que daba poco pie al descanso. El set se desarrollaba sin solución de continuidad, con un Overland muy consciente tanto de sus limitaciones como de sus fortalezas, derrochando infinitas cantidades de clase y, si bien un grado más frío que Wharton antes que él, igualmente solvente, carismático y risueño. Va en el libro de estilo y no falló el británico.

The Dream That Died”, “Face To Face”, el fondo de armario de los londinenses quita el hipo. También la finura e incluso la seguridad con la que la banda interpreta cada acorde, cada melodía, cada estribillo. En “American GirlsOverland recuerda la figura de su hermano Chris, recientemente fallecido. Y mientras que “Turn This Car Around” nos devuelve a su más reciente obra de estudio, el muy estimable “Thirteen”, Overland y el teclista Jem Davis se quedan a solas para una muy sentida “Story Of My Life”, que vino por fin a romper esa homogeneidad del set, conduciéndonos hacia uno de esos momentos de tal unión entre público y músicos donde la tensión por poco se puede tocar.

Pasaban las doce cuando la banda arremete la final “Other Side Of Midnight” y cierra una de las grandes noches del año en lo que a hard melódico se refiere. Un recinto rebosante y total comunión entre bandas y público. Poco más se puede pedir. Merecieron la pena las tres horas largas de carretera hasta tierras vitorianas, desde luego que sí.

Claro que no queríamos cerrar esta crónica, habría sido indigno por nuestra parte, sin agradecer a Txema todas las facilidades para realizar esta crónica, a Nacho (Keep The Flame) y Myriam la compañía, la hospitalidad y el buen rollo en general. Esta crónica no existiría de otro modo y vaya de vuelta el mayor de los agradecimientos, así como un saludo a Jony de Crazy Keys. Nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: Saratoga (Teatro El Llar de Corvera 20/10/2023)

Apenas meses habían transcurrido desde la última visita de la iguana a nuestra región y aquí teníamos de nuevo a las huestes de Niko del Hierro dispuestas a dar otra buena ración de heavy metal a la antigua usanza, en solitario y con la gravedad de un salto al vacío. Saratoga citaban esta vez a los suyos en el Llar de Corvera, residencia de anteriores ediciones de nuestro querido Rockvera Fest y que en una fría y aguada noche de octubre ofreció lo mejor de sí para recibir como se merece al cuarteto nacido y afincado en Madrid.

Apenas un minuto pasaba de las diez cuando suena la introducción que viene a anticipar la descarga. Con un gran telón como fondo y otro par de menores dimensiones como mayores detalles de su puesta en escena, el público asturiano, se hablaba de alrededor de unos doscientos tickets vendidos, recibió a la banda como se merece. “A Morir” sería el primero de los cortes que nos dejarían dentro de un set que, entre semana, Niko del Hierro anunció traería sorpresas.

Pero mientras quien más, quien menos aguardaba dichas gemas escondidas, bien están clásicos como “Mi Ciudad” y ese Tete siempre en forma, siempre sin negociar un esfuerzo, siempre al pie del cañón. El de Pinto, si bien un vocalista cuyas evoluciones sobre el escenario provocan todo tipo de reacciones, volvió a dejarnos toda su gama habitual de agudos, así como sus cada vez más presentes voces guturales. Un vocalista que ha ido ganando peso y tablas con el correr de los años y que encaja como un guante en la actual encarnación de la banda.

Una banda que siguió recorriendo su trayectoria. Porque si bien “El Vuelo Del Halcón”, que Novoa nos dedica a todos los presentes, pasa por ser uno de los cortes más recordados del periplo del vocalista en Saratoga, otro tanto se puede decir de “Maldito Corazón”, verdadero estandarte del que fuera su predecesor en el cargo. Más allá del solo que protagonizaría más adelante, cabe hablar también de un Arnau Martí que parece más en su salsa que nunca. Hay cortes como “Ángel De Barro” que han crecido una barbaridad con él tras la batería. El valenciano parece haber caído de pie en el seno de la formación y se nota. Muy suelto, firme en cuanto a pegada e incluso original a la hora de introducir los muchos cambios de ritmo. El valenciano se dejó la piel y de justos es reconocérselo.

De la entre comillas reciente “No Sufriré Jamás Por Ti” pasan a “Rojo Fuego” y el set parece abrazar principio y final mientras vemos a Niko con la fuerza y la intensidad de toda la vida. Puede sonar a tópico pero lo cierto es que por él parece no correr el tiempo. Siempre original a la hora de dar vida a las distintas líneas de bajo y sin escatimar ni un segundo en la búsqueda de la necesaria conexión con la audiencia. Una noche más podemos decir que el carabanchelero se tiene bien merecida su fama.

Con “Lejos De Ti” llega una calma que Novoa pide se ilumine con las luces de nuestros móviles. Qué habrá sido de nuestro amigo el mechero, piensa alguno. Aquí vimos algo fallón a Jero. Nada catastrófico, vaya por delante, pero desde luego sorprendente en alguien de su dilatada trayectoria. Tampoco seremos nosotros quienes nos cebemos con él, ya ves, si como diría aquél no sabemos tocar ni el triángulo, pero no faltamos a la verdad si decimos que le hemos visto en mejores condiciones.

Llegó entonces el momento de brillar para Arnau tras su kit de batería mientras sus compañeros se tomaban un pequeño descanso. Y a término, también para las sorpresas mediante una “Morir En El Bien · Vivir En El Mal” del disco homónimo de 2016 y que sorprendió al más pintado. La anticipada promesa de Niko, como podréis ver, no caía en saco roto. Tocó el turno entonces para la no tan inesperada “Las Puertas Del Cielo”, auténtica favorita de quien escribe y a tenor de lo visto y oído, también de mucho del público presente en el Llar.

Sería Novoa entonces quien se quedaría solo sobre las tablas, interactuando con la gente y sacando de cierto letargo al siempre diesel, frío e incluso acomodaticio público astur. Como ya dije antes, el frontman de Saratoga podrá generar todo tipo de reacciones encontradas pero en él ganas y profesionalidad nunca escasean. “Heavy Metal” sería otra de las piezas rescatadas del olvido, todo lo contrario que la más habitual y siempre poderosa “Resurrección”, con Arnau desatado tras el kit.

En lo personal, la segunda de las baladas de la jornada, la inevitable “Si Amaneciera”, se me hizo algo cuesta arriba. No así a un público que llevaría en volandas a la banda. Muy querida por su parroquia, es innegable. Sería entonces Niko quien se quedaría a solas en las tablas para un siempre llamativo solo de bajo, que la banda enlazaría después con uno de los cortes con más gancho de la era Novoa, que no es otro que “Como El Viento”, que finiquita el show… a falta de los bises.

Vimos algo justo ya a Tete en “Mi Venganza”, que dado el derroche de energía con el que afrontó el set, viene a ser lo normal, no fuéramos a pensar que el chico no es humano. Y en cualquier caso aún tuvo fuerzas para sacar adelante y con solvencia la irresistible dupla final que conforman “Vientos De Guerra” y “Perro Traidor”, a la que quizá le habría cambiado el orden pero que, de todas formas, ya sabéis que bien está lo que bien acaba.

Saratoga cumplieron en el Llar. Hora y tres cuartos de su acostumbrado heavy metal, salpimentado con varias sorpresas a lo largo del set y en donde no faltaron la debida comunión con su gente, sobre todo con la audiencia más joven y hasta el confeti. Treinta años en la carretera pero aún con ganas de divertir y pasárselo bien. Y aunque aquí y allá hubiera pequeños errores, tampoco podemos decir que fueran a mayores o empañaran la jornada. Nada más lejos.

Como siempre, agradecer a FNR Promotora por todas las facilidades y mandar un afectuoso saludo a Eneko Ramos, Melissa Suárez, Iván Canedo y José Miguel “Lago”. Nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz