Crónica: XVII Festival Atalaya Rock (14/10/2023)

Decimoséptima edición del festival castellano Atalaya Rock, se dice pronto, que en el polideportivo Samuel Rodríguez de la localidad vallisoletana de Pozal De Gallinas vino a reunir a las bandas Grave Noise, Diabulus In Musica, Delalma, Tierra Santa y Bloodhunter. Cita que desde Heavy Metal Brigade no nos quisimos perder y allí que nos fuimos, carretera y manta junto a nuestro colega y amigo Nacho Asturias (Keep The Flame), para dar buena cuenta de lo que sería una gran tarde noche de heavy metal en sus más diversas variantes.

Evento ya con solera y de entrada gratuita, por lo que esperábamos una buena entrada. Que la hubo, si bien con cuentagotas mientras Grave Noise daban inicio a las hostilidades. El Samuel Rodríguez parece un buen recinto donde celebrar eventos como el del pasado día catorce. El gran escenario que se dispuso en uno de los fondos, puestos de merchandising, barras y toda la pesca habitual. Así pues, una vez acreditados y en perfecto estado de revista, pusimos lo mejor de nosotros para confección de la crónica que os traemos a continuación.

Es la propia Sonia Moraleja quien, a eso de las 20:25 de la tarde introduce a Grave Noise, que se vieron en la siempre difícil tesitura de abrir el evento cuando, ya digo, el público asistente era más bien tirando a escaso. Algo que no arredró a este cuarteto de thrash formado a caballo entre Burgos y Soria y que tiene un segundo álbum, “Roots Of Damnation”, del que dimos buena cuenta allá por 2022. El público puede no fuera muy numeroso pero no tardaron en verse los primeros circle pits de la jornada. El sonido, si bien claro y nítido, otorgaba poca presencia a la guitarra del también frontman Iker Sanz, desluciendo aunque solo en parte su descarga.

Pero la banda tiene cortes con gancho y pegada, véanse “In God We Trash” o “Terror”. También ganas de pasarlo bien, como demuestra el hecho de que Edu Sanz y el propio Iker bajaran a perderse entre la gente durante uno de los temas. Benditos inalámbricos. Arriba del escenario quedó Toño, desgañitándose a gusto mientras la gente abajo se lo pasaba a lo grande. No faltó la estupenda “Perpetual Anxiety” y la forma en que recoge el legado de los franceses Gojira y lo embute dentro del habitual y animoso thrash del cuarteto. “Pura zapatilla castellana” como les gusta decir. Con la banda ya de nuevo reunida sobre las tablas y el reloj caminando inexorable hacia el final del set, mandó Sanz que les iluminasen con los móviles y pocas fueron las luces que no se encendieron en el Samuel Rodríguez. Los disfrutamos como primer plato y esperamos hacerlo más veces en un futuro cercano.

A punto de dar las nueve y media, acudían a la cita los pamplonicas Diabulus In Musica con su bien conocido power de aires sinfónicos. La banda con la muy risueña Zuberoa Aznárez al frente, llegó a tierras vallisoletanas enfrascada todavía en la presentación de un “Euphonic Entropy” editado en los albores del dichoso confinamiento.

No, eso que llaman el timing a la hora de editar su último álbum desde luego no fue el mejor. Tampoco el sonido que desplegaron durante unos primeros temas donde la bola de sonido formada no ayudó precisamente a distinguir con claridad los elementos presentes. Tocó, pues, tirar de carisma y tablas. Que quedó demostrado que los tienen y de sobra, en especial en las dos grandes figuras focales de la banda: la mencionada Zuberoa Aznárez a la voz limpia y Gorka Elso en guturales y teclados.

Es para “In Quest Of Sense” que el sonido empieza a ser redondo y nos permite disfrutar, en buenas condiciones, de una banda con la personalidad suficiente como para destacar en el tan concurrido terreno del power sinfónico. Resultan a un tiempo originales a la hora de construir sus composiciones y al otro muy hábiles a la hora de buscarle el gancho a su peculiar estilo. No abundan las bandas capaces de aunar ambas vertientes.

La pegadiza “The Misfit’s Swing” pondría la nota más circense a su actuación mientras Ioni Kor se dejaba la piel tras su kit de batería. El cambio de tercio que supone “Invisible” o el guiño al euskera de “Otoi” fueron configurando un set sólido por diverso, con un sonido que era al fin redondo, permitiéndonos disfrutar así de la verdadera medida de una banda como esta.

Shadow Of The Throne” recordó a aquél ya lejano “The Wanderer” de 2012 y fue poniendo las últimas muescas en un set que tocaba a su fin. Con un público, cabe decirlo, un tanto diésel, quizá guardándose fuerzas para lo que aún quedaba por delante. Un show muy de menos a más, que hizo temer lo peor en sus primeros pasos pero dio fin, a eso de las 22:25, dejándonos un gran sabor de boca. Fácilmente una de las mejores ofertas que el género tiene para ofrecer dentro de la península.

Quienes sí disfrutaron de un gran sonido ya desde los primeros instantes fueron Delalma. La banda del ex-Mägo de Oz Manuel Seoane, que una década más tarde trae de vuelta a todo un Ramón Lage, convenció y de qué forma en el Samuel Rodríguez. La expectación era máxima. Las crónicas de eventos anteriores hablaban muy bien de anteriores descargas del proyecto y lo cierto es que durante la jornada no eran pocas las camisetas que pudimos entre la audiencia. Así pues, cuando faltan algo más de diez minutos para las once de la noche, Delalma irrumpen por fin sobre el escenario del Atalaya Rock.

Y lo hacen con el corte que inaugura el álbum, una “Acto De Fe” que, en directo, acrecenta y de qué forma a su encarnación de estudio, aún con la presencia de una única guitarra sobre el escenario. Muy enchufado Lage ya desde las primeras estrofas. Y un público que se sabe las letras casi al dedillo. Algo que, pensamos, tiene un mérito terrible. Dada su condición de álbum temático, no es “Delalma” un trabajo que lo ponga fácil en este aspecto. Quien más, quien menos, parecía haber hecho sus deberes a conciencia.

Con el bajista Jesús Cámara (Death&Legacy) como grave contrapunto a Lage en voces, la banda fue desgranando temas del mencionado debut como “Renegar De Ti”. Pero es la pegadiza “Mañana Vuelve A Oscurecer” la que realmente se lleva el gato al agua. El público llevaba en volandas a Seoane y los suyos, formando una comunión raras veces vista en una banda debutante como esta. Con matices, claro.

El propio Lage quiso autodedicarseY Aún Siento Estar Allí”, corte que viene a cambiarle el pie al set, poniendo la nota más nostálgica y sentida, valga la redundancia. Gran ovación la que se llevó el asturiano al término de esta. Diríamos que se le veía emocionado incluso. “Ritual” enganchó casi en la misma medida en que sorprendió “Wicked Game”, versión del californiano Chris Isaak, que a buen seguro pilló con el pie cambiado a más de uno. Tras la muy coreada “El Mirlo”, sorprende cómo Delalma optan entonces por el corte más extenso del álbum, que no es otro que “Luz Ni Tiempo”, que viene un poco a dar la verdadera medida de una banda como esta, con Ramón jugando entre registros y Dave Lande (Celtian) tramando una fantástica línea de batería.

Pero hay que hablar de Manuel Seoane. El madrileño dio en Pozal De Gallinas una lección de buen gusto y clase con la seis cuerdas. Y hay que hacerlo también de un Lage realmente pletórico. Había dudas con respecto al estado de forma que mostraría tras tanto tiempo alejado de los escenarios y la carretera y lo cierto es que lejos de parecer una sombra del frontman que fue, aún parece haber incorporado nuevos trucos y registros a su repertorio. Qué gustazo tenerle de vuelta y a semejante nivel.

Pero todo ha de tener un final, que en este caso fue para el single que anticipó al debut, la fantástica “Cárcel De Cristal” que la banda alargaría en su tramo final para uno de los puntos álgidos de todo el festival. No sabremos qué será de estos Delalma en un futuro a medio / largo plazo pero desde luego que el proyecto no podría haber empezado su andadura con mejor pie. La cita del trece de enero en la gijonesa Sala Acapulco está ya marcada a fuego en nuestro calendario.

Faltaban veinte para la una cuando los riojanos Tierra Santa tomaban el escenario del Atalaya Rock. Y lo harían no sin problemas. En concreto el amplificador de un Dan Díez queriendo erigirse en protagonista y aguando el arranque del set. Sea como fuere, aquí siguen los del guitarra y voz Ángel San Juan dando guerra. También un Roberto Gonzalo ya plenamente recuperado del infarto que sufriera hace poco más de un año durante un show en tierras mañas.

De un tiempo a esta parte parecemos abonados a los problemas. Los mencionados con el ampli de Díez vinieron a aguar la inicial “Pecado De Ángel”, no obstante la banda tiró de galones y, rápido cambio mediante, siguió adelante con el papel de headliner que la organización del evento tuvo a bien en otorgarles. En un set con un público entregado y muy por la causa, se fueron sucediendo clásico tras clásico para gozo y alegría de casi todos. Y es que se quiera o no, Tierra Santa son uno de los paradigmas de nuestro heavy metal: no serán los más técnicos ni tampoco los más rápidos pero ahí llevan un cuarto de siglo dando el callo. Desde luego algo tendrán.

Porque suena “Sangre De Reyes”, del disco homónimo, y la comunión entre público y banda es total. Con Díez aún batallando con y contra el dichoso amplificador, lo cierto es que la banda por fin acierta con el sonido y se dispone a ofrecer un show a la altura de las circunstancias. Al alimón con las clásicas “Apocalipsis” o “Tierras De Leyenda” suena la más reciente “El Dorado”, de aquél “Destino” de 2022 demostrando que la banda quiere (y debe) seguir mirando al futuro ante el riesgo de quedarse atrapados por su pasado como unos Ángeles del Infierno cualquiera.

Pero volviendo a lo que nos ocupa, Tierra Santa encontraron en Pozal De Gallinas a un público afín y muy fiel, que respondió con grandes dosis de calor y otras tantas de cariño a los grandes clásicos de su ya dilatada trayectoria. Véanse “Drácula” o “La Leyenda Del Holandés Errante”. Por todos es sabido, y si no pues lo digo ahora, que nunca he sido el mayor fan de los riojanos. Pero insisto en que algo tendrá el agua cuando la bendicen y lo cierto es que tras su paso por la última edición del Atalaya Rock y en honor a la verdad, solo caben buenas palabras.

Y es que para el cierre quedan cortes que si rondas de la treintena en adelante y has pasado tu vida pegado al heavy metal hecho aquí, es prácticamente imposible que no conozcas, aunque sea de oídas, cortes como “El Laberinto Del Minotauro”, “Alas De Fuego”, “Legendario” y, claro, “La Canción Del Pirata”. Cierto que vimos ya muy justo a Ángel en esta parte final del show. Cierto también que los presentes les dedicaron una ovación de despedida digna de banda legendaria.

El cierre del más reciente Atalaya Rock y como viene siendo cada vez más habitual en este tipo de eventos se le otorgó a la propuesta más extrema de la jornada, que no era otra que la banda de death melódico ahora radicada en Madrid Bloodhunter, a quienes hemos visto en numerosas ocasiones durante la presentación de su último “Knowledge Was The Price” y que volvió a responder a las expectativas como en ellos viene siendo habitual.

Su descarga no obstante se vería retrasada por la indisposición de un asistente al evento, que vino a provocar la entrada de los sanitarios en el recinto y la consiguiente espera e incertidumbre. Sin querer entrar en más detalles, vayan desde aquí nuestros mejores deseos en lo que esperemos sea su pronta recuperación.

Así las cosas, son casi las tres menos diez cuando Bloodhunter, siempre con Diva Satanica al frente y el inagotable carisma de Fabs Tejada al bajo, toman al asalto el escenario del Samuel Rodríguez. Y hay que decir que, cuando el sonido acompaña como vino a ser el caso, son una banda de lo más disfrutable. Guillermo Starless y Dani Arcos son una dupla de lo más fiable en guitarras. Técnicos y con clase, rara vez fallan.

Algo que queda claro a través de cortes vitriólicos como “A Twist Of Gate To Come” o la estupenda “Medea’s Guidance”, con su frontwoman bailando entre registros con una facilidad que asusta. Una que gana una barbaridad en directo es “Nothing Beyond The Realms Of Death”, mientras que en “Never Let It Rest” uno se pregunta si algún día llegará a materializarse en vivo una versión con el propio Tim Owens en comandita con la banda. En cualquier caso Diva Satanica la defendió con la fuerza de siempre, ennegreciendo un par de puntos al original presente en el álbum.

Pero fue llamar la coruñesa al wall of death y quedarnos con lo puesto como cuando salta el automático en casa. Por suerte, quiso la providencia que la cosa no fuera a mayores. Apenas unos instantes. Lo necesario para que el público recuperase fuerzas y brindase a Bloodhunter en particular y al festival en general la despedida que merecían. Esperando ya el nuevo álbum del cazador de sangre y la edición número dieciocho del festival vallisoletano.

Pero antes de que llegue la edición de 2024, cabe destacar lo bien que se dio la de este año. Buena asistencia, un sonido que salvo algunos momentos durante Diabulus in Musica y el díscolo ampli de Díez fue notable durante toda la jornada y una organización que pondría todo de su parte para que tanto nosotros como el resto de medios presentes pudiéramos realizar nuestra tarea sin mayores inconvenientes. Si acaso, la engorrosa presencia de fotógrafos arriba del escenario durante buena parte de los conciertos. En lo personal no me llegan a molestar, tengo que decirlo, pero sí que hubo más de un compañero del gremio al que la decisión le resultó de lo más engorrosa.

A fin de cuentas, si los mencionados fueron los mayores inconvenientes, podréis imaginar lo bien que se dio la jornada. Nosotros nos retiramos nada más terminar Bloodhunter, largo trecho aún hasta nuestro lugar de descanso, barruntando todo aquello que os hemos venido a contar en esta humilde crónica. Ojalá y dentro de doce meses os estemos contando una edición más del Atalaya Rock. De momento nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: Pravia Rock Fest (Agones 13/10/2023)

Primera edición del Pravia Rock Fest en un recinto que en esta casa conocemos de sobra como son las instalaciones deportivas de Agones. Cuestiones de agenda nos imposibilitaron estar presentes las dos jornadas pero no quisimos irnos el sábado a Pozal de Gallinas sin dar buena cuenta de las descargas de Crudo, Fe de Ratas, Dixebra y Def Con Dos el pasado viernes trece. Con la espada de Damocles sobre nosotros en forma de nubes amenazando con el diluvio, la muy otoñal tarde noche vino a darse más o menos como sigue.

Poco más de un mes hacía de nuestro último encuentro con Crudo, aquél en el que acompañaron en su veinticinco aniversario a Mala Reputación allá en su natal Cangas de Onís, y aquí estaba de nuevo en la pelea la banda que forman Víctor Vivar, Luis Melero, Adrián «Petu» Simón y Javier Colero.

Pasaban cinco de las siete cuando el aún escaso público presente recibía de buena gana “La Espiral”, corte que arrancó así la primera edición de un festival que, en aras de la salud y la diversidad de nuestra escena, esperamos tenga continuación en años venideros. La banda celebra estos días su decimoquinto aniversario, el tiempo vuela y no te das cuenta, por lo que tuvieron a bien reunir un set que repasara con cuidado mimo toda su trayectoria.

Buen sonido el que desplegaron a través de cortes como “Sin Pedir Perdón” o “Jugando Sucio” de aquél “Somos Crudo” de 2009, con el más reciente fichaje Javier Colero dando la impresión de llevar toda una vida integrado en el seno de la formación. Será el tiempo que dicte si la suya es una estancia temporal o si, por contra, la banda ha encontrado en él y por fin la tan ansiada y necesaria cuadratura del círculo.

Recordó Vivar los mencionados quince años como banda que cumplían para después presentarnos una “Tras Tus Pasos” dedicada al tristemente desaparecido Boni en particular y a sus muchas influencias en general. Crudo cumplían así el doble propósito de anticiparnos un próximo trabajo y rendir merecido tributo a todas aquellas figuras que les han llevado a dónde están a día de hoy.

Mención aparte merece Luis Melero, quien pese a tener que hacer doblete, le tocaría volver a salir después con Fe de Ratas, no dudó en entregarse en cuerpo y alma al set, vaciándose en la también nueva “Zapatillas De Cuadros” o la rotunda “Otro Ladrillo En La Pared”, el visceral ataque de la banda contra la lacra de la violencia de género. No sería el único de la noche.

Seguía el goteo de gente para cuando suenan “Quiso Escapar”, que como dato que no viene al caso siempre apunto en mis notas como “Corazón Desorientado”, deformación profesional lo llaman, la férrea dupla final con “Recuerdos” y el ya habitual cierre con “El Avestruz”. Vinieron, se subieron a las tablas y se dejaron todo como en ellos viene siendo habitual. Aunque las circunstancias, la plomiza meteorología, la aún escasa presencia de público, les fueran adversas. Siempre en nuestro equipo.

Diríase que el punk de Fe de Ratas está lejos de nuestro acostumbrado área de influencia, pero el caso es que la banda de Maxi Compán, sonó más potente que nunca el pasado viernes trece. Desde luego sensiblemente más que con respecto a nuestro anterior encuentro con ellos, aquél que vino a darse en el Unirock de 2022.

Y es que un poco el entusiasmo y un mucho el empuje de Andrés “Drest” González en baterías suma y de qué manera al ya bien conocido punk rock de los asturianos. Ya dijimos el año pasado que, sin desmerecer a nadie, ésta nos parecía la mejor formación que hayan tenido y un tanto por ahí y otro por cómo les acompañó el sonido, lo cierto y verdad es que se las arreglaron para satisfacer a una audiencia, la asturiana, tan diésel como de costumbre. La habitual frialdad del público astur parece no entender de géneros.

Porque lo cierto es que Fe de Ratas, como digo, exhibieron un gran momento de forma. Rafa Kas, cincuenta y siete palos le contemplan, derrochó carisma y solos a partes iguales. El gijonés parece sentirse muy a gusto en el cuarteto avilesino, al que ha aportado un grano de arena más, convirtiendo al combo punk en una banda que no abandona su compromiso. Suena “El Rebaño” y tras ella Drest tiene un detalle para con la organización en particular y los bares y locales que apoyaban el evento en general. Todo mientras Rafa Kas derrochaba toda su bien conocida clase con las seis cuerdas.

Yo Soy La Ley”, sobre la problemática de Guantánamo, “Solo Era Un Salvaje” con la degradación de nuestros ecosistemas como telón de fondo, la banda sigue con las miras tan afiladas como siempre. “Ammuar” o “Hasta La Victoria” dejan en el ambiente un cierto aroma a aquellas tardes, noches y madrugadas del itinerante Derrame Rock. “Miseria Frente A Miseria” y poco más de una hora de una banda que sigue igual de combativa que siempre y más potente que nunca.

Si Fe de Ratas entran de forma un tanto perpendicular en nuestro radar, otro tanto se podría decir de los igualmente combativos y comprometidos Dixebra. Verdadero emblema del rock n’asturianu pero una banda que ha sabido reciclarse con el paso de los años, acogiendo entre medias un amplio abanico de influencias que abarcan desde el punk más primario hasta al folk e incluso el ska.

Pero como digo están algo lejos de mi área de influencia y por ahí pido sinceras disculpas ante los más que probables gambazos. Incluso ante lo escueto de la misma. El caso es que los del infatigable Xune Elipe arriban al escenario del Pravia Rock Fest cuando faltan dos para las diez y ya desde los primeros cortes pudimos ver en la audiencia, al fin, algo de xaréu, lo que viene siendo algo de movimiento si eres de más allá de Pajares.

En una formación en la que caben guitarra, bajo, gaita, batería, trompetas… cabe destacar el gran sonido del que disfrutaron y no queríamos dejar pasar la oportunidad de mandar un más que merecido “buen trabajo” al grupo de técnicos de sonido de la Sala Óxido encargados de dicha faceta en el festival.

Pero volviendo a Dixebra, huelga decir que aquí destaca sobremanera la figura del incombustible Xune Elipe, sesenta y un años le contemplan, y por el que parece que no corre el tiempo. “Aprendiendo A Respirar” del reciente “Ente La Niebla” o la más clásica “Dime Cómo Ye” fueron configurando un set multiinfluencial, diverso, auténtico abanico de géneros que la banda aborda derrochando clase y profesionalidad a partes iguales pero sin perder tanto por un lado su conexión con la gente como su innegociable espíritu combativo y protestón. También inherentemente asturiano, claro, donde no faltan cánticos a favor de la oficialidá del asturianu.

Mucho baile ya en primeras filas, banda querida y seguida como pocas por estos lares. En especial cuando ya en las postrimerías del set suenan clásicos como “Mañana Fría” junto a “Yo Quiero Ser Gaiteru”, versión de Os Diplomáticos de Monte-Alto si nuestros datos no son inexactos. Despedida con “Esto Ye Asturies” y en general la sensación de haber vivido un buen show del nutrido combo astur.

Acudía a Pravia el combo radicado en la capital Def Con Dos enfrascado en una gira “Mutantes Pal Pueblo” que viene a conmemorar los treinta años, y parece que fue ayer, del film de Álex de la IglesiaAcción Mutante”. Como siempre con César Strawberry al frente, la base rítmica ya clásica de la formación (J. Al Ándalus al bajo, Kiki Tornado en baterías) y la savia nueva que han venido a aportar Alberto Marín en guitarras y la dupla Samuel Barranco & Sagan Ummo como complemento y a la vez contrapunto vocal al propio Strawberry.

Había cierto runrun durante el acostumbrado parón entre bandas. Quien más, quien menos, parecía añorar a miembros ya pasados de la formación de, lo que el propio Strawberry llama “punk metal rap”. Pero fue disparar la intro, atacar con “Condición De Defensa” y toda duda quedó enterrada y olvidada. Esto sigue siendo el Def y aún parece que nada ni nadie les va a detener.

Porque cabe poco espacio a la duda mientras suenan “Acción Mutante” y la banda parece tan bien cohesionada como siempre. Aún cuando J. Al Ándalus tiene un traspiés y da con sus huesos en las tablas. Nada detiene al Def. “Sigo Siendo Heterosexual” pero sobre todo “Ciudadano Terrorista” caldearon los ánimos de una audiencia entregada por y para la causa. Unión frente a la estupidez, que buena falta nos hace.

Decía antes que siempre habrá quien eche en falta a quienes ya no están. De hecho el propio líder de la formación madrileña quiso guardó un momento para recordar a todos los músicos que han pasado por la banda. Que no son pocos. Pero en cualquier caso, lo cierto es que tanto Samuel Barranco como Sagan Ummo saben hacer suyos verdaderos clásicos generacionales como “Duro Y A La Encía” o “Tuno Bueno, El Tuno Muerto”, con un Alberto Marín al que se le veía disfrutar como nadie mientras descerrajaba riff tras riff sin perder ocasión para el headbang ni tampoco para buscar la conexión con la gente. Un músico que parece haber caído de pie en el seno Def, con todo lo que ello supone.

Y es que pocas veces hemos oído “Mineros Locos (Armas Pal Pueblo)” en una clave tan frenética como la del pasado viernes. Sea como digo la savia nueva que ha entrado en la banda, sea el más puro ansia de pasárselo bien del sexteto, lo cierto es que aquí Def Con Dos alcanzan unas cotas de intensidad pocas veces oídas en ellos.

De ahí que llegase no el merecido descanso pero sí cortes más apaciguados como esa curiosa fusión entre “La Culpa De Todo La Tiene Yoko Ono” y “Odio A Los Mártires Del Rock”. Strawberry, como ya viene siendo habitual en él, apenas cejó un instante en el empeño. Saltando, corriendo, rapeando y arengando como de costumbre. Otro que roza ya la sesentena y parece tener pocas ganas de abandonar un barco que, juventud obliga, luce en perfecto estado de revista.

Por supuesto que no faltó “Pánico A Una Muerte Ridícula”, favoritísima de quien escribe, junto a cortes más recientes donde destacan sobremanera “Zombi Franco” y “Mamarrachismo Power”, que vendría a apuntalar la vertiente más hardcore del combo. Su situación en el set tiene, además, cierto aire de auto reivindicación. Máxime si atendemos a que ésta es una gira que opta en gran medida por tirar de nostalgia a base de rescatar grandes clásicos. Para ejemplo un par de botones: “A.M.V. (Agrupación Mujeres Violentas)” y “Ultramemia”. También la fulgurante, y por desgracia todavía vigente “Ellas Denunciaron”, del muy reivindicable álbum de 1998 “De Poca Madre”.

Pero como salvo la estulticia de ciertos personajes todo ha de tener un final, el de Def Con Dos vendría dado por “La Cacería” y el aquelarre que siempre supone “El Día De La Bestia”. Están de moda las giras revival, pienso a bote pronto en Hamlet con su “Revolu-Insomnio” y al Def parece funcionarle la suya propia. En especial porque parecen mucho más cohesionados que en anteriores vistas con la presente formación. Pienso sin ir más lejos en aquella cita junto a Desakato en la plaza de la catedral de Oviedo allá por 2018. El tiempo juntos desde entonces parece haber surtido su efecto. Su amplia legión de seguidores tiene motivos para estar más que satisfecha.

Cuatro propuestas tan parecidas en fondo como distintas en superficie. Un buen sonido durante toda la jornada y una organización a la que no se le pueden hacer grandes reproches. Pero lo cierto es que, al menos en lo que al día trece se refiere, la asistencia estuvo por debajo de la esperada. Sea por una mera diferencia entre oferta y demanda, por tratarse de un evento al aire libre en pleno otoño asturiano o por cualquier otra razón que se nos ocurra, lo cierto es que el aspecto del recinto fue bastante desangelado por momentos. Sea como fuere y viendo que el sábado pareció tener mejor respuesta en cuanto a venta de tickets, esperamos encontrarnos dentro de doce meses con una segunda edición del Pravia Rock Fest.

Como viene siendo habitual, no queríamos cerrar esta crónica sin dar las gracias tanto a Franelrock Producciones como a la asociación Rock Nalón por todas las facilidades así como mandar un saludo a Iván Desván, nuestros queridos llobus Sara y Juanjo, Eneko Ramos, Santiago Alentorn Manuel Hernando, Angie García y aquellos que mi torpe cabeza no acierta a recordar. Nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: Bestia Negra + No One Alive (Oviedo 7/10/2023)

Va avanzando el otoño y con él no la bajada de temperaturas pero sí una vuelta a las salas ya sin retorno. Y es que tocaba volver al Gong Galaxy Club, en este caso para dar cumplida cuenta de la descarga de los vigueses No One Alive y los locales Bestia Negra, presentando al fin en casa un “Animal Domination” del que ya os hablamos allá por el mes de junio. Con una entrada más que aceptable, aunque no era el único bolo interesante del día y echamos en falta a más de un habitual, la cosa se dio más o menos como sigue.

Aquellos primeros tiempos en que esta sala era una ruleta de la fortuna en lo que a horarios respecta parecen hoy cosa del pasado. Y es que faltan dos minutos para las nueve cuando No One Alive arriban a escena prestos a presentar su álbum debut “Don’t Leave Your Child Alone”. Otro tanto se podría decir del sonido. Isaac Prieto una noche más llevando a los músicos en volandas.

Los vigueses por lo pronto nos parecieron una más que acertada compañía para Bestia Negra. Su heavy metal, si bien no igual en superficie, sí que guarda muchos paralelismos en fondo con el de los asturianos. Mucha clase en unos riffs de escuela clásica que hicieron todo por calentar al aún menguado público presente. Ayudó como digo el buen sonido del que disfrutaron. También que el chico nuevo en la oficina, Álex Otero (Lethal Vice, Blast Off) en guitarra rítmica, se mostrase tanto y tan bien integrado en la disciplina del quinteto.

Quien acapara focos, como no podía ser de otra forma, es Valentín Fernández. No One Alive tiene en él a un frontman de hechuras clásicas y con carisma suficiente como para sacar adelante un show ante un público tan “diesel” como el asturiano. Entre temas propios como “The Boogeyman” se sacarían de la manga una inesperada versión del “House Of The Rising Sun” de The Animals para sorpresa de todos o casi todos los presentes.

En la figura de Gonzalo Campanella No One Alive parecen haber encontrado un solista de garantías. Pudimos verlo a través de una “Till Death Do Us Part” que Fernández dedicaría “a todas las que ya no están” y que supuso uno de los puntos fuertes de su paso por tierras asturianas. Y mientras que tras “A Trip To Your Life” dibujan un pequeño guiño al inmortal “Stairway To Heaven” de Led Zeppelin, la voz de Bestia Negra acompaña a la banda arriba del escenario para una efectiva “Come To My Rise”.

A Reason Why?” o el recuerdo a su primer Ep que supuso “Devil’s Right Hand” interpretados con fe y ganas, que era lo mínimo que se les pedía, al final todo fue cuadrando para dejarnos con un gran sabor de boca. Sesenta minutos exactos para dejar claro que con ellos el heavy metal sigue a buen recaudo.

Otro tanto se podría decir de Bestia Negra. Son las diez y veintidós minutos cuando Gil y los suyos irrumpen en el escenario. Y al igual que sus compañeros de velada, lo harían con una novedad en la figura de Carlos Reboredo (Selfaware), batería que viene así a reemplazar en el puesto a Rafa. Introducción mediante, nos dispusimos a disfrutar de un ramillete de temas que, aun leales con la tradición más clásica, no dejan de tener el toque personal e inconfundible del combo ovetense.

En un repertorio que tanto la banda como quienes nos encontrábamos frente al escenario tenemos más que aprendido, bien está ese arranque con “Winds Of War”. Bestia Negra practican un heavy metal terrenal, muy apegado a las raíces, que busca las esencias elementales con sinceridad y orgullo. Intro al margen, no ha lugar a pregrabaciones, coreografías o improbables juegos de luces. Sí en cambio al humo. Cantidades industriales. Por momentos la Gong parecía la Londres de Charles Dickens.

Humo que, evidentemente, magnificó el impacto de “Fear”, quizá el corte más oscuro del que dispone la banda hasta el día de hoy. Gil como siempre erigido en punta de lanza de un quinteto cada vez más seguro y afianzado. La propuesta que plantean podrá tener dobleces, particularmente en lo que a originalidad se refiere. Pero nadie puede negar tanto que disfrutan con lo que hacen como que hacen disfrutar a quien está abajo. Que desde luego es algo que no pueden decir otros.

Así las cosas, le llegó el turno a “Faster Than A Bullet”, primer corte que alumbraron como banda y en el que Gil exuda carisma y gravedad a partes iguales. “The Harbinger”, que con el correr de los meses se ha ido convirtiendo en favorita de quien escribe, mostró por igual lo llamativo de su trazo así como lo lacónico pero efectivo de su estribillo. Servidor la disfrutó de muy buena gana, si bien fue “Angel Of Death” la que por fin logró hacer clic en el siempre difícil público astur.

Gift From Gods” sirvió a su vez como recuerdo al gran Randy Rhoads y también cuña para que Gil presentase a la banda, con especial atención a la figura del nuevo rompeparches. Tras ella llegaría la primera de las colaboraciones de la noche, en este caso en la figura de Michael Arthur Long, a la sazón voz de Secta y Drunken Buddha, para la siempre disfrutona “Hell Over Me”. Ni siquiera importó que el clavo que sujetaba la correa de la Les Paul de José Antonio dijera basta. Rápido recambio por una preciosa Flying V y a seguir.

Como siguió el baile de invitados, siendo esta vez Valentín Fernández de No One Alive quien aparece en las tablas para uno de los cortes más rotundos de Bestia Negra, que no es otro que “Hate”, con la banda en general y Román en particular dando el do de pecho que diría un clásico. El solista de Bestia Negra encaja como un guante aquí. Huye de florituras ególatras y/o masturbatorias, opera a favor de obra y siempre cumple. Y es que como siempre digo: no siempre “más” va a ser sinónimo de “mejor”.

Y digo que no siempre porque la banda tuvo entonces a bien rodearse de un trío de voces digno de verse y oírse. A saber: Txeffy (Kraken A Feira, Actvs Mortis), Jorge (Caballo Moldavo) y Didi Stone (Brutalfly), incluso cierta figura mitológica ocuparía su porción de escenario. Todo para interpretar el inmortal “Killed By Death” de Motörhead, cerrar la noche por todo lo alto y dejar la satisfacción del trabajo bien hecho. Si Lemmy no resucita de esta, yo ya no sé.

Mucha cara conocida entre el público y una banda que se tiene bien ganado el cariño de la gente. Como ya digo ni inventan nada ni lo pretenden tampoco. Pero tienen corazón y derrochan carisma, que es algo que se tiene o no se tiene. Y Bestia Negra lo tienen. Si además se rodean de grandes amigos, como fue el caso, la fiesta está más que asegurada. Les deseamos lo mejor.

Vayan desde aquí saludos a ambas bandas al completo, también al grupo de invitados, al equipo de Diario De Un Metalhead, los hermanos Veloz, Santiago Alentorn, Dolfo, Joel Petersen, Susana Crespo, Isaac Prieto (sonidazo una noche más), Diañu y todos aquellos que mi cabeza ahora no recuerda. Sepan disculparme. Nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: Chabacanos (Gijón 27/9/2023)

Y meses después de nuestra última visita, regresamos a la Ángeles y Demonios, esta vez con motivo de la presentación de “Gruñidos”, primer álbum de la banda de rock Chabacanos. Con una más que buena entrada, pocas veces habremos visto tan concurrida la sala gijonesa y en solitario, echándole morro al asunto, que de eso va también el rock and roll, la joven agrupación asturiana salió a escena dispuesta a buscarse su hueco en la concurrida escena regional.

Faltaban cinco para las diez cuando Ghe (batería, coros), Berti (bajo), Jorge Tello y Edu (guitarras, coros) y Álex Mallada (voces) irrumpen en la coqueta sala gijonesa de cara a brindarnos casi hora y media de auténtico rock urbano.

Porque los efluvios de bandas como Marea, Extremoduro, Sínkope incluso Platero y Tú (estos un tanto menos) son sensibles desde que el quinteto arranca con “Piel de Humo” y se dejan sentir las primeras estrofas. Chabacanos parece ser la típica banda que no engaña en cuanto a pretensiones y por ahí la solidez de sus composiciones termina por salir a la luz.

Además su propuesta parece haber caído de pie. Al menos en la ciudad de Melchor de Jovellanos. Como decimos no era poca la gente que se agolpaba el viernes en la Ángeles, una buena muestra del interés suscitado ya por el joven quinteto de rock and roll. Más allá de las obligadas pausas para afinar, se suceden temas como “A Pleno Pulmón” o “La Ruinera” mientras dejan en todo momento la sensación de estar cómodos en escena. Si había nervios en el seno de la banda, que con toda probabilidad sí, desde luego no se dejaron notar. Los chicos parecieron disfrutar en todo momento del show y así nos lo harían saber.

Suena “Boni” en recuerdo del tristemente desaparecido guitarra de Barricada, referente que parece más que claro en el imaginario de los asturianos. Comprometidos sin llegar a lo panfletario, el papel de Mallada como frontman es sincero. Seguro también. Su registro no engaña y el chico tiene carisma para lidiar con el público. Fácil, claro, cuando tienes a tanto buen amigo delante del escenario. O incluso dentro de él, con la ocasional colaboración de David a la guitarra y coros.

Pero también cuando el mentado vocalista se lía la manta a la cabeza (o en este caso, el pañuelo) y se queda solo para una pequeña intermisión en el set. Nos pareció feo el detalle de que muchos aprovecharan para salir a echar un cigarro. O lo que fuere. Dentro de la sala siguieron el rock y las buenas vibraciones toda vez la banda regresó en completo a escena para encarar ya una segunda mitad del show que arranca “Les Rexes”, donde musican un poema, cuentan, lanzado por un recluso a través de las rejas de la antigua cárcel de Oviedo.

Retornó pues la distorsión y con él la gente que se había ido fuera. Con una buena amiga del quinteto como Sandra (Dr. Nekro) echando un cable en tareas vocales y una audiencia cada vez más enchufada, no las prometíamos muy felices en este tramo final. La banda supo responder al calor recibido. El sonido, si bien a veces costaba seguir la voz de Mallada, no podemos decir que fuera malo. Contaban con un siempre seguro Nefta a los controles. Fue el encargado de grabar “Gruñidos” y desde luego les conoce bien.

Del Cielo al Suelo” fue una de las más celebradas de este tramo final. Y “Que la Tierra…”, original de Mala Reputación, fue sabiamente llevada al terreno algo más callejero del quinteto. No era poco el calor reinante en la Ángeles y Demonios en este tramo final donde la banda aborda los acostumbrados bises y se deja oír el ineludible “otres tres” por parte de una audiencia entregada y muy por la labor. La banda desliza para el cierre “Falsos Profetas” y “Animal Peligroso”, finiquitado casi hora y media de buen rock and roll.

Hay un cierto tipo de sensaciones que solo bandas como esta saben generar y se nota. Un tanto perpendiculares al tipo de música que solemos traeros a estas líneas, intentamos ser flexibles y a pesar de ello los días siguen teniendo solo veinticuatro horas, lo cierto es que como dije más arriba la banda parece haber caído de pie en nuestra escena. No hemos cubierto muchas presentaciones de un primer álbum en donde la audiencia resultase tan amplia en número y tan entregada en causa. La más cercana que se nos ocurre fue la de Aneuma, precisamente en la misma sala hace ahora casi un año.

Chabacanos, en definitiva, no engañan ni tampoco defraudan. Algo muy importante en proyectos de nuevo cuño como es el caso. Ya habrá tiempo de buscar un sonido más personal e identificable. O no, mientras nos sigan dando buenas raciones de rock urbano y sincero como hicieron la noche del viernes.

Como viene siendo habitual, no queríamos despedir esta crónica sin mandar nuestro agradecimiento a Rheme Peláez por todas las facilidades así como un saludo a Nefta, Gin, Turo y Lili. Nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: IX Karma Fest (Laviana 23/9/2023) 2ª Parte

Toda una faena salir entre los dos hipotéticos cabezas de cartel, Sôber y Angelus Apatrida, máxime cuando es la hora de la cena y mucha gente ha aprovechado para arrimarse a los distintos food trucks y reponer fuerzas de cara a la recta final de la noche. Así las cosas, cuando los ciudarealenses Celtibeerian se suben a escena, se topan de bruces con la ya consabiida frialdad del público asturiano en su máximo esplendor.

¿Hizo la banda algún esfuerzo por sacar al mencionado público del letargo? Pensamos que sí. Lo que no tenemos tan claro es que lo lograran. Que si bien por momentos hubo bailes y puños en alto, no fueron pocas las veces que el frontman Gus llamó al orden a la audiencia vista la pasividad de ésta.

Mientas deslizaban temas como la inicial “Spread The Fire” o la más apropiada, a tenor del entorno, “The Harvest Song”, lo cierto es que entre zanfoña, gaitas, flautas y elementos puramente metálicos, los manchegos rara vez alcanzaron a sonar todo lo nítidos que su propuesta requiere. Una pena porque ya digo que el empeño de la banda sobre las tablas a buen seguro merecía algo más de calor por parte del respetable. Pero por más que sonasen “Praise To The Vineyard” o “Fear My Beard” no hubo manera de levantar el vuelo. O la birra.

No fue hasta la dupla final, “The Booze Song” y, sobre todo “Looking For Beer” que la gente pareció salir del letargo, arrimada a un sonido que terminó por ser redondo al final del set y acompañó en volandas, por fin, a los folkies manchegos. Desde luego que no fue la noche más fácil para ellos y que los cambios en su alineación necesiten un mayor rodaje, pero desde luego les honra las ganas que le pusieron al asunto.

Con el público de vuelta y con el buche lleno, los albaceteños Angelus Apatrida salieron a insuflarle nueva vida a un festival que, durante el show de Celtibeerian, parecía abandonado al letargo. José J. Izquierdo al bajo, Víctor Valera en baterías, David G. Álvarez en guitarras y Guillermo Izquierdo en guitarra y voces vinieron a añadir una victoria más en su ya larga lista de visitas a la región para sorpresa de nadie.

Y es que mientras que el tiempo no demuestre lo contrario, Angelus Apatrida llevan tiempo instalados en una balsa de aceite desde la que ofrecen shows incomensurables como si la cosa resultase sencilla. Como si no costasen trabajo toda ese energía. La precisión con que ejecutan ese thrash vigoroso e incendiario. En un mundillo donde nadie regala nada, los manchegos se han labrado con honores un nombre en la escena thrash estatal y a cada verano que pasa, también en la internacional.

No ha lugar al parpadeo. Desde “Bleed The Crown” y con el que seguramente fuera el sonido más redondo de toda la jornada, casi increíble cómo se distinguían todos los elementos presentes en la mezcla en lo que pareció poco menos que un ejercicio de funambulismo sonoro. Todo apoyado por un Víctor Valera que vendría a dar poco menos que una lección magistral sobre como aporrear una batería con clase pero también con contundencia.

Así fueron cayendo temas. Entre ellos un “Indoctrinate”, favorito absoluto de los manchegos, entre otros como “Vomitive” o “Childhood’s End”. El setlist, en realidad, da un poco igual. La gente se lo pasó en grande y montó circle pits y pogos casi a cada tema que sonó por los altavoces. Entregados en cuerpo y alma a la que, hoy por hoy, es de largo una de nuestras bandas de metal más relevantes tanto aquí como fuera. Algo que se han ganado a base de trabajo y que desde luego nadie salvo ellos mismos les podrá arrebatar.

Mediado el show, “We Stand Alone” tiene mucho de declaración de intenciones:

“We Stand/ All Alone/ We Stand/ Forevermore”

… porque ese parece ser el leitmotiv que impulsa al cuarteto desde siempre, por más que el corte pertenezca a su último trabajo de estudio. Penúltimo cuando vea la luz “Aftermath” dentro de poco menos de un mes. Algo que el propio Guillermo se encargó de recordarnos varias veces durante la noche, así como la próxima cita en suelo asturiano, la que habrá de tener lugar en la Sala Acapulco el dos de diciembre. La máquina no se detiene más que para coger impulso.

Give ‘Em War”, “Sharpen The Guillotine” van finiquitando un show que, prácticamente, no ha tenido dobleces. Apenas un guiño de David al próximo álbum de la banda y las inevitables pausas para afinar guitarras. Más allá de eso, la imparable apisonadora a la que nos tienen acostumbrados. “You Are Next” supondría el inevitable final de otra gran noche para ellos. A día de hoy una apuesta segura, un rodillo que te pasa por encima con una fuerza apabullante. Se nos agotan los calificativos. Desde aquí desearles lo mejor cara al gigantesco tour por suelo europeo que tienen por delante.

Si ya de por sí no era empresa fácil salir a escena tras el bolazo de la apisonadora albaceteña, menos cuando la tecnología te da la espalda y no permite llevar a cabo tu descarga con normalidad. Vino a ser el caso, precisamente, con la banda que lidera el propio organizador del evento. El destino, a veces cabrón y desagradecido, quiso de esta manera recompensar las incontables horas de trabajo de Mikel al frente de una nueva edición del Karma Fest.

Casi la una cuando la banda de metalcore irrumpe al fin sobre las tablas. Tales eran los problemas que lo harían inicialmente sin bajista, más tarde haría irrupción en el escenario un infatigable Willy Rodríguez (Where The Waves Are Born, Ariadne) para sorpresa de gran parte de la audiencia. Y es que cuando las cosas se tuercen no hay nada que hacer. Podría deducirse de mis palabras que el bolo resultó decepcionante. Si acaso en duración, apenas veinte minutos, pero desde luego no en fuerza y ganas.

Porque As Life Burns supieron impregnar del debido mal café una “We Are Animals” que, tras la larga espera, nos supo a gloria. Además la banda jugaba en casa y se notó en cuanto a reacción de un público, no vamos a mentir, mermado en número tras la descarga de Angelus Apatrida.

Mikel y los suyos terminarían por reducir el set que tenían previsto como deferencia al par de bandas que restaban por salir. Algo que tratándose de, como decimos, la banda del organizador del sarao, no deja de parecernos un detallazo. En amistosa charla con el bueno de Fran Rubio, ambos vinimos a coincidir en que pocos organizadores habrían tenido el detalle. Vaya por tanto desde aquí nuestro aprecio por el gesto y la mejor de las suerte en futuras citas. Desde luego la merecen.

Así las cosas, había cierto runrún previo a la salida de Bonecarver a escena. Los madrileños, anteriormente conocidos como Cannibal Grandpa, vendrían a poner la nota más extrema de la jornada con su deathcore de guiños sinfónicos. Con dos discos en el mercado, aquél “Evil” de 2021 y el más reciente “Carnage Funeral”, ambos editados por el macrosello estadounidense Unique Leader Records, algo tendrá el agua cuando la bendicen, nadie esperaba ningún tipo de sutilezas por su parte.

Fernando Del Villar, a la sazón voz de un cuarteto que a día de hoy opera sin bajista, y que si nuestros datos son correctos completan Rubén Contreras en baterías junto a Alex Tena y Alberto Bravo en guitarras, vino a mostrar en Pola de Laviana una gama interminable de guturales, chirridos y pig squeals que a buen seguro hicieron las delicias de más de un vecino de la localidad asturiana a las altas horas en que se desarrolló su descarga.

Pero gustos del público al margen, no todo el mundo tiene por qué gustar de las andanadas extremas de los madrileños, lo cierto es que fueron una incesante trituradora de cuellos desde que la inicial “Revolver” se hizo carne y habitó en nuestros ya fatigados cuerpos. Eran más de doce horas las que algunos llevábamos al pie del cañón y desde luego se notó. Si la edición de 2024 sigue por estos derroteros habrá que considerar seriamente la ingesta de bebida energética por vía intravenosa.

Pero hablamos por nosotros, claro. Lo cierto y verdad es que mientras descargaban blast beats incesante y riffs capaces de derribar edificios enteros cual aeroplano en septiembre, no fue poca la gente que se quedó a altas horas decidida a hacer frente al cansancio y disfrutar de los habituales pogos y circle pits. “Overtorture” reza uno de sus cortes. Y tanto que sí.

Como reza el dicho: “no habrán inventado el pan, pero desde luego saben como hacer buenas tostadas”. En lo personal fueron otro de los grandes aciertos de esta edición, si bien entiendo que su propuesta le resultase intragable a más de uno.

Si nada agradable fue doce horas atrás (se dice pronto) la tarea de abrir, menos lo es la de echar el cierre. Papeleta que, por pura agenda, vino a recaer en la banda de Puerto de Vega Aneuma, a quienes habíamos visto apenas cinco días antes dentro del marco del Oviedo Rock.

Como ya sabréis, al quinteto que lidera Laura Alfonso le tenemos declarado aprecio. Su primer álbum pasó por estas líneas e incluso estuvimos presentes en aquella primera descarga en la gijonesa Ángeles y Demonios. Desde entonces que hemos venido siguiendo y relatando cada paso dado por la agrupación melodeath asturiana, su paulatino ascenso y esa sensación de promesa con visos de realidad dentro de la escena regional.

Borja, Abel, Jorge y Pau acompañaron a Laura desde un arranque, ya clásico en ellos como es “Fall Apart”, en el que las guitarras no llegarían a sonar con la claridad que muchos esperábamos. Con la claridad con la que, sin ir más lejos, habían sonado el pasado lunes en la capital. Y dio lo mismo porque a pesar de un día de lo más ajetreado para ellos, de las altas horas que eran (pasadas las 2:30) supieron suplir con ganas cualquier deficiencia en cuanto a mezcla o ecualización.

Con el sonido ganando ciertos enteros y aunque nunca llegase a ser todo lo óptimo que nos hubiera gustado, “Creatures” pondría la nota más oscura mientras Laura se desvivía por animar a una audiencia que bien parecía inasequible al desaliento y al cansancio. Bien es sabido, porque lo conté en la mencionada reseña del álbum, que la segunda mitad del mismo se me hace un tanto cuesta arriba. Y sin embargo, no niego que disfruté de la encarnación en vivo de una “Stand Tall” con Abel acompañando a Laura en tareas vocales.

Creatures” sí que pienso funciona tanto en su versión del álbum como en una traslación al directo que sabe sacar no poco jugo de su ágil cambio de ritmo, con Jorge haciéndose grande tras su batería y Angelus Apatrida sin perder detalle de la descarga de la banda. “Ashes Of Your Fears” y ese pulso más melódico es otra que nunca falla.

Pero el Karma había que despedirlo a lo grande y qué mejor que dos rendiciones de un par de bandas seminales para el metal extremo: Carcass y Death, un “Evil Dead” con el que pondrían fin a la, hasta ahora, edición más ambiciosa del evento. En manos de los organizadores está el mejorar lo de este año. Tarea harto difícil si nos preguntan.

Sarna con gusto no pica, dicen. Lo cierto es que fueron muchas las horas que demandó la más reciente edición del festival lavianés. Más de trece desde que entramos por la puerta hasta que salimos por ella rumbo al merecido descanso. Con un montón de nuevas experiencias bajo el brazo, amén del habitual repaso fotográfico y esta crónica por capítulos que, esperamos hayáis leído, compartido y disfrutado.

Igualmente, no nos gustaría cerrar sin agradecer a la organización del evento todas las facilidades, ni tampoco mandar un saludo a los muchos músicos, amigos y fotógrafos con los que departimos en algún momento a lo largo de la jornada. Sois muchos para mencionaros a todos y ya sabéis lo que opinamos de las listas interminables. Nuestros mejores deseos para la edición del año próximo y el deseo, como siempre, de que nos volvamos a ver pronto.

Texto: David Naves

fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: Rage + Dark Embrace + Tri State Corner (Gijón 22/9/2023)

En una semana atareada como pocas en el seno de Heavy Metal Brigade, tocaba recoger los bártulos y dirigirnos a tierras gijonesas con motivo de la enésima venida a Asturias del combo de heavy metal radicado en Herne, Rage, acompañados para la ocasión por la banda de su batería Vassilios “Lucky” Maniatopoulos, Tri State Corner amén de los gallegos Dark Embrace.

Era temprano cuando el curioso combo griego se subía a las tablas de la Sala Acapulco y quizás fruto de ello, la entrada no fuera del todo buena. Con Maniatopoulos en voces y el antiguo batería de Rage Chris Efthimiadis junto al guitarra Christoph Tkocz y el bouzouki Ioannis «Janni« Maniatopoulos, plasmaron su curioso hard rock con un sonido algo enmarañado pero deslizando buenos temas y mejores sensaciones.

Lucky” se nos reveló como un frontman ágil, que no adivinarías antes o después de verle defender los parches de la emblemática y mutante banda alemana. Desde el arranque con “Faster” su sonido resulta novedoso si bien su hard rock no podría por más que resultar eminentemente clásico. Por ahí cabe destacar que el público presente pareció recibir de buen grado la llamativa propuesta. Aún sin un bajista sobre las tablas, caso idéntico se daría después con sus compañeros de cartel, “Nothing At All” o “Free Prison” resultaron un tanto convencionales.

Sería sin embargo “Schemer” la que sacaría verdadero partido a las habilidades de Janni. Con un sonido ya un tanto más limpio, lo cierto es que a lo largo de la noche y donde nos encontrábamos nosotros jamás fue óptimo, el corte realmente supo capturar esa esencia más oriental y disponerla en pos de una de las piezas más importantes de su descarga.

Efthimiadis, de hecho, comentaría que fue esa y no otra la canción que les abrió las puertas, llevándoles hasta día de hoy a dar más de quinientos conciertos a lo largo y ancho del globo. Que se dice pronto. Llegarían los habituales agradecimientos tras “Hypocrisia” y tras “Daydreamer” se irían dejándonos sin uno de los temas que anunciaba el setlist. La tiranía con respecto a los horarios de las salas sigue haciéndo de las suyas.

Los gallegos Dark Embrace, a fuerza de dejarse caer por la comunidad vecina, han ido poco a poco, pico y pala, labrándose un nombre en nuestra región. Da fe de ello la acogida que ya tuvieron la última vez que les vimos, aquella en la que acompañaron a Argion y Battle Beast en la misma Sala Acapulco. Y aunque sigan rodando sin la figura de un bajista, dos de dos en la noche del viernes, siguen a la suya con su particular Dark Heavy Metal.

La banda la conocéis de sobra: Julio G. Valladares en baterías, Markos Villar y Mou Trashno en guitarras y Oscar Rilo al micro. Faltan diez para las nueve cuando atraviesan la puerta que conduce al escenario de la Acapulco, adornado para la ocasión con sendos paneles en los laterales del mismo, con un foso ya más concurrido y que supo brindar su calor y cariño al combo radicado en A Coruña.

Time Will Tell”, “Never Seen The Sun”, no podemos decir que tengan malos temas. De hecho su set pasa de aires más death melódicos a pulsos más góticos con una agilidad que nunca deja de ser llamativa. Lejos de sonar desnortados o incongruentes, lo cierto es que los gallegos demuestran un nivel tanto técnico como compositivo digno de mención.

Ahí es fundamental el carisma como frontman de un Oscar Rilo impecable en cuanto a ímpetu y ganas. No tanto a la voz y no por falta de la misma sino porque, como decía antes, el sonido no llegó a ser redondo a lo largo de la jornada y quiso, en el caso de los gallegos, cebarse con la figura de su enorme vocalista.

El deje más gótico que antes comentaba vendrían a manifestarse a través de la interesante “Life And Legacy”, un pequeño impás antes de que el tramo final del set destape a los Dark Embrace más decididamente metálicos. En lo personal fue la parte que más disfruté de su descarga. También el público presente en la Acapulco toda vez Markos y Mou abandonan el escenario e, inalámbricos mediante, irrumpen entre el público y propician un nutrido circle pit. Lo dicho, cada vez más queridos en esta tierra y bien ganado se lo tienen.

Al igual que sus compañeros de ruta, el cabeza de cartel de la jornada se tiene bien ganado el nombre en esta tierra. No pocas son las veces que las huestes de Peavy Wagner se han dejado caer por la región, así como tampoco es escaso el cariño que siempre se les brinda. Acompañado esta vez como decía de Vassilios “Lucky” Maniatopoulos en baterías y Jean Bormann en guitarra y coros, el trío acometió otra buena ración de ese peculiar heavy / power al que nos tienen acostumbrados.

Resurrection Day” marcaría el inicio de las hostilidades, si es que se puede hablar de hostilidad cuando uno ve aprecia el gesto siempre risueño del esforzado líder de la banda germana. Difícil montar un setlist que agrade a todo el público cuando uno tiene tantísimos discos y por ende, tantísimos temas, con los que jugar. En lo personal aprecié enormemente ese “Great Old Ones” de mi querído “Soundchaser”, del que el mes que viene se cumplen veinte años. Qué son veinte años…

… cuando la siguiente en sonar es “Solitary Man” del maravilloso “Trapped!” de nuestro año olímpico. Ni siquiera los problemas de Bormann con el inalámbrico aguaron la fiesta. Si un poco el sonido, una bola a ratos indescifrable, que acabaría por empañar algunos de los temas. Ya digo, al menos en la parte más próxima al escenario en la que nos encontrábamos tanto nosotros como el resto de fotógrafos y medios.

Son cincuenta y ocho los años de un Peavy Wagner que, problemas de sonido al margen, mostró un gran estado de forma en lo que a voz se refiere. En especial porque el de Renania del Norte-Westfalia parece ser en todo momento consciente tanto de sus fortalezas, ese registro cada vez más bronco, como de sus limitaciones, aquellos tonos más agudos de su juventud. El tiempo pasa para todos y conviene ser consciente de ello.

Y mientras que Maniatopoulos se revela como un batería potente y seguro imaginativo incluso, la juventud de Bormann ha venido a aportar un mayor punto de gravedad al trío. Sus coros rasgados aportan una dimensión diferente a la banda. Algo que quedó patente en cortes ya más graves de por sí como ese “Let Them Rest In Peace” de su último largo de estudio.

Puede que el sonido no mejorase del todo pero el público recibió de buena gana, no era para menos, viejos clásicos del combo alemán como “Refuge”. En mitad del aroma a revival que inundaba esta parte del set, quiso Wagner invitar al antiguo batería de la banda al escenario Chris Efthimiadis, quien no solo se llevaría una calurosa ovación sino que tuvo además la ocasión de ocupar su puesto tras los parches durante un par de cortes. Guiño que, podemos asegurar, la audiencia recibió de buen grado.

Al igual que, ya de nuevo con “Lucky” a los mandos, encararían un final que muchos se saben al dedillo, acorde por acorde, y que conforman clásicos absolutos como “Don’t Fear The Winter” y “Higher Than The Sky”, piezas finales de otra buena noche de heavy metal, emborronada por un sonido que nunca alcanzó las cotas óptimas a las que estamos tan (mal)acostumbrados. Y sin más nos fuimos a casa que había que coger fuerzas para la que se nos venía encima la jornada siguiente. Pero esa es otra historia que será contada a a su debido tiempo.

Como siempre, no queríamos cerrar esta crónica, más de urgencia que nunca, sin mandar saludos a Sara Suárez (Noche De Lobos), Sergio Blanco y Jorge López Novales, así como a la pandilla de habituales que acostumbran a no fallar nunca. Nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: Electric Mary (Avilés 21/9/2023)

Arrancó un ciclo otoñal más del Factoría Sound con la llegada a tierras avilesinas del quinteto de las antípodas Electric Mary, la banda formada por Spyda en baterías, Alex Raunjak en bajo y harmónica, Pete Robinson y Brett Wood en guitarras y Rusty Brown al micro. Con el cartel de «sold out» colgado en la puerta, nos consta de hecho que hubo gente que se quedó fuera, y conformando la que sería segunda parada de su tourné 20º aniversario por la península con paradas en Madrid, Vitoria-Gasteiz y Barcelona.

El lleno que presentaba la Factoría recibió de muy buena gana a los australianos, desterrando por una noche la bien conocida y sufrida frialdad del público astur por un recibimiento pleno de calor y cariño por el quinteto. Con una puesta en escena reducida a lo más elemental, los del país de Andrew Bogut vinieron a demostrar que veinte años en la carretera no son nada.

Abrazados al buen sonido del que acostumbra a disponer la Factoría Cultural avilesina y desde que arrancan con la algo distraída, pero de acertado título “Let Me Out”, con la fuerza de un león enjaulado, público y músicos somos uno. La siempre procelosa búsqueda de los grandes significados del rock and roll más primario vino a dar sus frutos el pasado jueves. Embutidos de lleno en una era de pregrabaciones, pistas disparadas y shows cada vez más mecánicos, los de la isla continente vinieron a reivindicar el hard en su estado más primario y elemental. Todo fe y corazón.

Y grandes canciones, claro. Porque “Gasoline And Guns” haría honor a su título, una verdadera muestra de rock de alto octanaje en la que Brett Wood, que más tarde sería de nuevo protagonista, dibujaría uno de los grandes solos de la noche.

Pero quien acapara en gran medida los focos es Rusty Brown. Su voz puede no tener el rango ni las posibilidades de muchos de sus homólogos en el cargo. Lo que sí tiene el líder de la banda australiana es una mochila cargada de tablas y un carisma arrollador. Desde el escenario de la Factoría no dudó en hacernos partícipes del show. Tanto echando el micro al público para acompañarle en tareas vocales como incluso fundiéndose en sendos abrazos con aguerridos y entregados fans de las primeras filas.

Electric Mary vinieron a sonar todo lo sólidos que se les pedía. Firmes y bien conjuntados, aupados por el ímpetu y la fuerza de un Spyda que se desvivió tras su batería. Sin grandes alardes pero con la seguridad que da la experiencia, comandó a los suyos en solidaridad a un Raunjak cuya llamativa y curiosa chaqueta propició algún que otro comentario en el foso.

Sorry Baby” le cambiaría un tanto el pie al show, demostrando que Electric Mary saben cómo manejarse en las densas aguas del blues rock. Con Raunjak echando mano de la armónica se dibujaría otro de los puntos álgidos del set. Y mientras que Rusty aprovecha para recordar su anterior parada en la ciudad, arrancando una gran ovación de la gente, con “It’s All Right” vuelven a poner los pies en su sitio. Era grande el pulso que mantenía Wood con su guitarra, al punto de que una de las seis cuerdas se quebró y falto de un instrumento de reemplazo, hubo el de las antípodas de cambiarla sobre la marcha. Algo que no amilanó a Rusty y los suyos, que aún en formato cuarteto, demostraron que saben apañárselas de sobra.

Ya con las seis cuerdas de Wood restituidas y afinadas, grandes aplausos toda vez su preciosa guitarra regresó a la vida, la banda encaró un tramo final del set en el que terminarían por echar el resto. En especial un Rusty Brown al micro que, a pesar de las adversidades, pareció dar su mejor versión en este tramo final. Ayudó, claro, el pequeño respiro dado por el solo de batería de Spyda, que si bien cortó en cierta medida el buen desarrollo del set, fue bien empleado por sus compañeros para atacar un final en el que se sucederían las debidas presentaciones primero y una pequeña serie de jams después que habría de culminar en la final “O.I.C.” para una de las noches de hard rock más épicas de todas cuantas hemos cubierto desde este medio.

Y es que cualquier fan del género que se precie debería tener a la Factoría en sus pensamientos a la hora de ordenar su agenda. Rara vez falla el recinto avilesino y es de agradecer. El hecho de que hubiera quien se quedó fuera creemos habla muy bien de la salud del proyecto. Esperemos que dure muchos años más.

Por último no queríamos cerrar esta crónica sin agradecer a Omar Fernández por las facilidades, así como también a Sergio Blanco por el apoyo logístico. De igual forma, mandar saludos a Carlos Suárez y Javier de Coupaud (Mad Rovers), Luismi Rose (Leather Boys) y José Antonio FD. Nos vemos en el siguiente.

Texto / Fotos Móvil: David Naves

Crónica: Primera jornada del 26º Concurso Rock Ciudad de Oviedo (18/9/2023)

Nueva edición del Concurso de Rock Ciudad de Oviedo Alejandro Blanco “Espina”, que en su recorrido itinerante por las calles de Oviedo ha vuelto a decantarse por la Plaza de Feijoo como centro neurálgico. Reunía el certamen en su primera jornada a al colectivo de hip hop A1 Invazion, el cuarteto de hardcore Oklahoma y los death metaleros melódicos Aneuma, amén de Gigatron como banda invitada.

No era grande el ambiente que se vivía en la plaza cuando A1 Invazion irrumpieron en el gran escenario del que goza esta edición del concurso. Y aunque por género no sean nuestro negociado, cabe decir que los chicos contaron con buenos amigos frente a las tablas, que siempre es de agradecer. Tampoco es que los veinte minutos de los que dispone cada banda den para mucho más.

Más cercanos a nuestros intereses resulta la joven agrupación de hardcore Oklahoma. Con un sonido que, cuentan, se inspira en grandes nombres como Madball, Agnostic Front o Comeback Kid, el cuarteto supo ponerle la dosis de fuerza y entrega que se le presupone al género. Temas sin grandes complicaciones, de buen enganche con la audiencia y desarrollados con fuerza y convicción. No se les podía pedir mucho más.

Aneuma, recordemos, subcampeones de la última edición de la Wacken Metal Battle, venían de pasar el día antes por una nueva edición del Festiamas para apenas veinticuatro horas después preparar otra buena, aunque corta, descarga de death melódico y multinfluencial. Y para nosotros, que prácticamente vimos nacer a la banda aquella noche en la sala Ángeles y Demonios de Gijón, fue toda una experiencia comprobar el salto tan enorme que ha dado la banda desde entonces.

La formación la conocéis de sobra: Jorge Rodríguez en baterías, Pau al bajo, Borja y Abel Suárez en guitarras y una cada vez más rotunda Laura Alfonso al micro. “Fall Apart”, claro, sería su punto de partida. Gozando del mejor sonido de cuantas veces les hemos visto, todo pareció ir sobre ruedas para ellos. Como ya digo, veinte minutos siempre van a saber a poco. En cualquier caso, la pegada de Jorge en “Castaway Of Chance”, el estupendo solo de Borja en “Break Out From Hell” y el gran carisma de Laura no harían por más que ponérselo difícil al jurado.

Pero si hay un corte que parece haber caído de pie dentro de su repertorio es “Ashes Of Your Fears” y ese pulso tan pegadizo que arrastra. Momento cumbre de su reducido set y un corte que apunta a fijo en sus descargas por muchos años. Son una de nuestras apuestas dentro de la edición de este año y les deseamos lo mejor.

Con una plaza ya más concurrida, aunque nos parece que menos de lo esperado, salían a escena Charlie Glamour y sus huestes de Gigatron, enfrascados en la gira conmemorativa de sus 25 años en la carretera, que se dice pronto. En Heavy Metal Brigade últimamente vamos de bodas de plata en bodas de plata, parece ser.

Huelga decir que la gente lo pasó en grande con ellos. Al menos el rato en que estuvimos presentes. Porque es una banda que quizá no ha terminado de entrar por nuestros ojos en este cuarto de siglo pero también porque la semana que se nos viene encima es de aúpa, culminada el sábado con una maratoniana nueva edición del Karma Fest. Nos vemos frente a los escenarios.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: Fuck Mateo ’23 (Oviedo 16/9/2023)

Comenzaron las fiestas de San Mateo en la capital asturiana con una cita que no nos podíamos perder. Y no, no nos referimos a la de cierta defraudadora fiscal que congregó a miles de personas en el centro, colapsando calles y dejando constancia una vez más de que la caspa siempre tiene un principio pero nunca un final. Nacía el Fuck Mateo con ánimo de contrarrestar a tanto muermo, congregando en la presente edición en el Chigre Cultural Lata de Zinc a las bandas Beast Inside, Absalem y Soldier. Allí que nos fuimos con las baterías bien cargadas. Literal y metafóricamente hablando.

Los de Pravia siguen dándole vueltas a su debut de 2022 “Under Control”. Su formación, a estas alturas, es bien conocida por todos: Jandro en voces, Pedro Pravia y Chema Bretón en guitarras, Dani Casado al bajo y Poyo en baterías como más reciente fichaje.

Faces Of Death” abriría así la noche, ante poco público, cierto es, pero sonando tan bien como nos tienen acostumbrados. La Lata, de hecho, parece ir paso a paso mejorando en aspectos relativos al sonido, si bien quedan otros un tanto en el alero, particularmente en lo que a luces se refiere, que viene a entorpecer el poder extraer mejores fotos del evento. Pero volviendo a lo que nos ocupa, ya decimos que el quinteto volvió a mostrarse tan sólido como acostumbra.

El repaso extensivo a su debut, los años que llevan dándole vueltas a estas canciones, redunda en una falta de sorpresas que Jandro, que se desvivió por calentar al personal, supo contrarrestar. Y es que la bien conocida frialdad del público astur se dejó notar una noche más. “¿Cuatro días de Melendi?”. Sí, nosotros también nos preguntamos cómo puede ser posible. Al infumable cantautor ovetense le dedicarían una “Fuck em All” que nos supo a gloria.

Pero no detendrían ahí las hostilidades. Con Bretón erigido en particular guitar hero de la agrupación thrash, doblando con Pravia en “Unpunished”, uno de sus temas con mejor enganche con la audiencia. Aunque ya decimos que ésta se mostró un tanto fría con los thrashers del centro-occidente. Al punto de que el propio Jandro nos preguntaría, no con poca razón, si estábamos en “modo ahorro”.

En cualquier caso y como era de prever, nada amilanó a la Bestia. Porque sea cual sea la reacción que provoquen, siempre cumplen y es de agradecer. “Ni un solo niño soldado más” clamaba Jandro tras el micro mientras Poyo continuaba percutiendo con la seguridad que en él viene siendo norma. “War”, tímido wall of death mediante, es de nuevo el final para ellos. Como digo siguen dándole vueltas a los temas de su debut pero queda en el aire la sensación de que su set-list empieza a necesitar de una renovación si bien no urgente, desde luego sí paulatina.

Los salmantinos eran la oferta más diferente del Fuck Mateo ’23. Cuarteto de metal contemporáneo con trazas progresivas y alternativas que acudía a la capital del Principado con motivo de seguir promocionando su más reciente trabajo, un Ep “Anima” del que dimos buena cuenta allá el pasado mes de agosto. La banda, recordemos, la forman Gin Barbería en voces, Miguel Ángel Gómez en guitarras, Carolina García al bajo y Víctor Villar en baterías.

Suena la intro que da nombre a su última oferta discográfica y el cuarteto prorrumpe con su habitual batidora de géneros, sonando realmente sólidos, si bien el registro más roto de Gin tardaría en encontrar su punto óptimo. Sea como fuere, Villar condujo a los suyos sin escatimar un esfuerzo ni tampoco abandonar por un momento su rictus risueño. Porque Absalem dejan en todo momento la sensación de no solo creer en lo que hacen sino de disfrutar haciéndolo.

La banda nacida en Salamanca, debutó en esto del metal con un “Chaosvolution” del que se cumplen ahora seis años, que se dice pronto. Por ahí sonó el corte que le daba nombre, con mucho una de las favoritas de quien escribe y donde Gin comenzó a sentirse más cómoda, más en su elemento, aupando finalmente a los suyos a cotas a la altura de lo esperado.

No nos cansamos de decir que las pistas pregrabadas siempre generan (y generarán) debate. A lo largo de la descarga de Absalem, si bien sí que se dejaron sentir, en ningún caso opacaron a los elementos puramente orgánicos de los castellanoleoneses. Algo que, sin querer posicionarnos aún de un lado u otro del espectro, pensamos contribuyó a aumentar en cierto modo la credibilidad de aquello que entraba por nuestras orejas.

No faltaría “Fear My Wrath” pero sería una versión, que en voz de Gin llevaban “muchos años sin tocar” y que no fue otra que “My Curse” de los pioneros Killswitch Engage, que en cierto modo vino a sustituir al “Silvera” de Gojira que nos regalaron en el Rock Nalón de 2022. Durante todo el set se nos revela fundamental la tarea de Carolina García. Puede no ser la presencia más activa del cuarteto. Pero su firmeza al bajo y los buenos coros que desarrolla a lo largo del set suman y de qué manera.

Para el cierre quedaron su primera composición como banda, “The Forest”, así como esa “Haunted” que cierra su más reciente Ep. Principio y fin unidos en un final de set que nos dejó con ganas de más. Resulta tópico decirlo pero parece ésta una banda en pleno crecimiento, y su paso por esta nueva edición del Fuck Mateo da buena fe de ello. Muy atentos a sus futuras evoluciones.

Puede que el hecho de tener reciente aún la última descarga del combo ovetense de thrash metal Soldier, aquella del pasado mes de mayo acompañando a Burnt To Death y Legacy Of Brutality restase cierto aliciente a esta nueva cita en su casa. Pero la promesa de un set list diferente al de aquella noche en la gijonesa Sala Acapulco nos parecía sobrado aliciente como para dar cumplida cuenta de un nuevo show de Phil González (voz), Dmitry Stalingrado y Dani Villamil (guitarras), Pei García (bajo) y Lucas Díaz (batería).

Pasaban pocos minutos de las once cuando el ahora quinteto irrumpía en el coqueto escenario de la Lata. Un show en el que se decantarían por su faceta más trotona y vibrante para alegría de sus parroquianos. Que eran pocos, que puede tardaran en entrar en calor, pero que difícilmente creemos salieran decepcionados de esta nueva edición del Fuck Mateo.

Si acaso, la queja podría venir por lo reducido del set. Conciertos en sala obligan a veces a estas cosas, aún cuando los habituales cambios entre bandas fueron ágiles y a lo largo de la jornada no llegó a haber percances de mayor consideración. Sea como fuere, a bordo de un sonido quizá no del todo redondo pero desde luego sí potente, con todos los cilindros en funcionamiento, Soldier salieron a confirmarse una vez más como la institución del thrash asturiano que llevan camino de ser.

Quizá haga falta nuevo material para otorgarles tan distinguida etiqueta. Entre tanto cortes ágiles y rotundos como “Between Two Masters” o “Corrupted (Sex in Prison)» bien merecen por sí solos el pago de los nueve cochinos euros que costaban las anticipadas. El inicio es fulgurante, realmente a degüello que diría un clásico, pero es en “The Great Western Oligarchy” donde la banda termina por poner toda la carne en el asador. Y es que por más veces que uno presencie un show de los ovetenses, no deja de sorprender la finura con la que hibridan thrash de alto octanaje con precisos ramalazos del más puro y rocoso metal sureño.

Y la noche seguía, en boca de Phil, mientras repasaban su “lista de grandes fracasos”. Sentimos discrepar, Phil. De hecho, la propia “Axis Of Evil”, con el inquieto frontman dejándose la piel y la garganta, se encarga de ello. Gran nivel técnico a la par que gran conjunción la que demostró la pareja Stalingrado / Villamil. Pareja de altos vuelos. Diferentes a la hora de atacar las cuerdas y sin embargo complementarios. Solidarios incluso. Sensacional dúo y no, no vamos a cejar en el empeño de reivindicar el gran nivel musical que tenemos en Asturias. Le pese a quien le pese.

Por ahí “Polybius”, del que hasta la fecha es su último álbum, aquél “The Sleeping Of Reason” de 2018, sí que pareció por fin sacar a la gente del letargo mateín. Tal es así que, a término, alguien de entre el público pedía, no sin cierta sorna, “una rápida”, antes de que el soldado arremetiese con “Theory Of Nothing”. Finalmente, lo escaso del tiempo dispuesto para el evento, Phil propondría por votación popular el último corte a desempeñar por la banda, que no sería otro que “Revolt”, para sorpresa de nadie entre los presentes. El circle pit que provocó el gran clásico de la banda se nos antoja el mejor de los cierres para una nueva edición del Fuck Mateo.

Poco público, sí, pero no puede dar uno siempre con la tecla. Porque veníamos de buenas entradas en la primera tourné por salas previa a la llegada del verano y la otoñal no parece haber empezado con igual buen pie. Y da igual porque fuimos testigos de tres buenas descargas por parte de tres buenas bandas, que a fin de cuentas es lo que importa. Ojalá de aquí doce meses os estemos contando lo bien se dio el Fuck Mateo ’24.

Como siempre no queríamos cerrar esta crónica sin agradecer a Factory Rock todas las facilidades, así como mandar saludos a compañeros fotógrafos como Jorge Novales y Fernando Casas, a la familia Moldava y a los integrantes de las tres bandas presentes. Nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz