Crónica: Mala Reputación + Crudo (Cangas de Onís 9/9/2023)

Que “el aceite de oliva está por las nubes” y “veinticinco años no se cumplen todos los días” puede que fueran las dos frases más repetidas el pasado nueve de septiembre en Cangas de Onís. Mala Reputación cumplían sus bodas de plata en casa y lo hacían acompañados por Crudo, por lo que esta era una cita para no perdérsela.

Amenazaba con arreciar la lluvia minutos antes de la salida de Crudo al escenario y quien más, quien menos, no las tenía todas consigo. De hecho era poca la presencia de público en la plaza del ayuntamiento cangués cuando la banda irrumpió sobre las tablas. Una banda que, recordemos, forman ahora Víctor Vivar en guitarra y voces, Petu en baterías, Luis Melero al bajo y voz y Javier Colero en guitarra y coros.

Crudo son un cuarteto desde luego no igual a Mala Reputación pero que a fin de cuentas comparte unas cuantas coordenadas con ellos. Por eso su elección como teloneros para una cita tan especial se nos antoja irreprochable. Máxime cuando salen a escena, apenas unos minutos pasadas las nueve, y el sonido del que disfrutamos no puede ser más claro, nítido y potente.

Si además tienes la suerte de contar con trallazos de rock mal encarado como “Bocazas”, tanto mejor. Como siempre alternando tareas vocales entre Melero y Vivar, con Petu azotando el kit como si le debiese dinero y el fino trabajo de Colero en solos, Crudo parecieron en perfecto estado de revista. Quiso el mencionado bajista pararse a recordar el motivo de su presencia allí, que no era otro que celebrar los veinticinco años de una banda muy querida por ellos.

De la lluvia, por cierto, ni rastro. Hasta en eso hubo suerte. Tras una pequeña pausa, hay que afinar, “Otro Ladrillo En La Pared” y el buen solo de Vivar nos recordaron su último y estupendo álbum de estudio. El cuarteto insertaría aquí su ya conocido guiño a Metallica y Víctor recordaría más adelante los primeros pasos en la trayectoria de los anfitriones de la velada. Y es que el tiempo pasa que no te lo crees.

En definitiva fue una descarga de esas en las que parece no haber un segundo que perder. Desarrollando un set que obvió en gran medida el lado más apaciguado de su música, que bien sabréis que lo tienen y les funciona, para moverse por alguno de los cortes más agrios de su repertorio. Sirva la visceral “A La Cara” como ejemplo. Tanta intensidad terminaría por pasarle factura a la preciosa Explorer de Vivar. Fue apenas el único inconveniente de una noche más que redonda para ellos, finiquitada como viene siendo habitual con aquella “El Avestruz” de su debut de 2010. Son Crudo y hacen rock and roll.

Veinticinco años, parece mentira, y uno recuerda los primeros pasos de la ahora ya legendaria banda asturiana en aquellos primerizos Derrame Rock sitos en la cuenca del Nalón. Mucho ha llovido desde entonces y aquí siguen dando guerra Daviz Rodríguez y Juan Santamaría en guitarra y voces, Kiko Martínez en batería y coros y Michi Candás en bajo y coros. Mala Reputación salen a escena cuando pasan pocos minutos de las once y Cangas de Onís vela armas para una descarga que se prevé histórica.

Se abre el telón y aparece el cuarteto. Y en un primer momento sorprende la quietud del público. Por unos instantes, en la plaza del Ayuntamiento poco menos que se hizo el silencio. La tensión, en aumento, casi se podía palpar. Es ahí donde el cuarteto arremete con “Ansiedad” y se dispone para una noche en la que no quedará estrofa, estribillo y coro que no sea gritado por una audiencia entregada como pocas que hayamos visto desde este medio. Y a día de hoy podemos asegurar que son unas cuantas. Ventajas de jugar en casa, de sabiduría a la hora de facturar himnos y también de elegir, con sumo cuidado, un setlist a la altura de tamaña efeméride.

Dispusieron de buen sonido, si bien es cierto que durante los primeros temas, el más reciente “La Hoguera”, el más clásico “Polvo En El Viento”, el bombo de Kiko distorsionaba más de la cuenta en ciertos momentos. Para suerte de todos, tampoco pasaría a mayores. Por lo general y más allá del apunte, lo cierto es que la banda disfrutó de gran sonido a lo largo de toda la noche. Vaya el merecido reconocimiento al equipo técnico que lo hizo posible.

En cualquier caso siguieron repasando su ya larga trayectoria. Mandando a la gente al suelo, incluso. Huelga decir que para cuando suena un clásico como “Caliza”, público y banda son un único ente indivisible. Si el sonido era mejor o peor, a quién le importa. Mala situarían por aquí una de las favoritas de quien escribe, “Océano y Lluvia” del fantástico Ep “La Belleza” de hace ahora tres años. Se les veía disfrutando de la noche, risueños incluso, sabiéndose profetas en su tierra, que no es algo que puedan decir muchos.

Pero es que “Efecto Causa” pareció poner a todo Cangas a corear su bien conocido estribillo. Ya digo que en las primeras filas la sensación no podría ser de mayor calor y cariño hacia el cuarteto de casa. Llevados en volandas que diría un clásico. De ahí que quisieran agradecer al Ayuntamiento de la que es su casa el haber hecho posible una cita tan especial como esta y a la asociación cultural El Buxu como artífices de la exposición de 9 paneles situados por toda Cangas con fotos que resumen los 25 años de trayectoria de la banda.

El calor iba en aumento en el epicentro de la localidad canguesa. A estas alturas de la velada veríamos incluso los primeros pogos. Fue por entonces cuando Juan y Daviz cambiaron sus eléctricas por un par de acústicas para regalarnos algo que, según contaron, llevaban mucho tiempo sin hacer. Ahí quedaron “Que La Tierra” y “Mi Fusil” como contrapunto calmo y reposado. Sintiendo el calor de la gente, no puede uno por menos que imaginar la riada de sentimientos que atravesó al dúo durante este pequeño impás del set. Una pequeña pausa en el corazón mismo de la velada y la mejor forma de coger aire para lo que estaba por venir.

Recondujeron con “Ceremonia” y la noche iría aún más sobre raíles para ellos, sabiéndose ganadores aunque el concierto no fuese una guerra. Ni siquiera una batalla. De hecho más bien pareció una comunión entre público y el legado de una de las bandas de rock más importantes de nuestra pequeña Asturias. Por aquí se dejarían sentir unos Mala más reivindicativos a través de una “Raigaños” tras la cual Cangas de Onís fue un clamor pola oficialidad de la Llingua. Y es que la banda puede haberse vuelto menos “panfletaria” con el paso de los años pero ni mucho menos piensa olvidar sus orígenes. Porque como bien se encargó Daviz de recordarnos:

“Al fascismo no se le combate, se le gana”.

A la altura del show en la que nos encontrábamos el sentimiento de unión y la fiesta bullían de tal forma que pudimos vimos varios «circle pit» y «wall of death«. Y es que ya digo que son pocos los bolos que nos hayan dejado tal sensación de vínculo entre público y banda.

Claro que para sensaciones, las muchas que genera “Fuego”, aquél corte que abría su “Eternas Promesas” de 2015 y que se alza hoy como una imperdible en su setlist. Si servidor estaba con la piel de gallina de arriba a abajo sin reconocerse el mayor fan de la agrupación canguesa, ni mucho menos, cómo estaríais quienes lleváis a los Mala grabados a fuego en vuestro interior. Sensacional en toda la extensión de la palabra.

Otro «wall of death» daría cumplida cuenta de “Las 2:00” y mientras que Mala Reputación se preparaban para el cierre, allí que se fueron miembros de Desakato a lo alto del escenario para cerrar la fiesta por todo lo alto con “Abriendo Camino”.

Porque ahí siguen. Abriendo camino. Abriendo brecha. Un cuarto de siglo que se dice pronto. Sin querer erigirnos en protagonistas de esta humilde crónica, sí creemos que cabe contar que ésta es una banda que nos ganó para la causa tras el Rockvera de 2022. Porque esa es la cosa con Mala Reputación y el tipo de rock que facturan: siguen a pico y pala, ganando adeptos a cada concierto, en un punto de su trayectoria en que muchos músicos parecen batirse ya en retirada, conformándose con lo que tienen, sin aspirar a nada más. No parece ser el caso de Daviz, Juan, Kiko y Michi. A por las bodas de oro.

La primera vez de Heavy Metal Brigade en Cangas de Onís no pudo entregar mejores resultados. Pero tampoco queríamos despedir esta crónica sin mandar nuestras felicitaciones a los Mala, así como sinceros abrazos a Crudo, Rheme Peláez, Javi (Monasthyr), Dani y Ruth (¡os seguiremos insistiendo!) y Quilino. Ya sabéis, nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: San Metalhead 2023 (Oviedo 7/9/2023)

Kuivi PopUp, esta vez en comandita con la buena gente de Diario de un Metalhead, sigue dando alegrías. Y aunque del cartel inicialmente previsto se cayesen los thrashers madrileños Madsher, subcampeones de la última edición de la Metal Battle Spain, la venida al ecléctico recinto ovetense de Argion y Secta bien merecía nuestro interés.

Toda vez hechas las debidas presentaciones por parte de Larry de Diario de un Metalhead, llegaba el turno de reencontrarse con Secta, el pujante quinteto de rock and roll en lengua de Cervantes y que forman Michael Arthur Long (Drunken Buddha), Ger Gilsanz y Pablo Pravia (Winchester), Juan Pablo Cotera y Pelayo Vázquez.

El “Nada Nos Va A Parar” con el que denominaron a su debut discográfico se nos revela ahora de lo más acertado. Y eso que la banda elige no obstante «C’ mon«, un corte de nueva creación para abrir el show. Con un sonido en primeras filas que difícilmente podría ser mejor, un público tan numeroso como animado y la compañía de no pocos músicos entre el público, la banda se las prometía muy felices.

Porque el caso es que su rock elemental parece haber caído de pie en la escena asturiana. Y temas como “Electroshock” les funcionan como un tiro. Aún con la entrada en falso de Pablo. Gajes del oficio, tampoco la cosa pasó a mayores. “Dame Tu Miel” es puro gancho. Secta son, sobre todo, animales escénicos. Su debut, como ya comentamos en su día, fue grabado en directo, y los chicos disfrutan y hacen disfrutar sobre un escenario. Cerca del escenario no era poca la algarabía.

Ni siquiera faltó el debate Coverdale / Bon Jovi, chascarrillo que lleva camino de convertirse en tan importante para ellos como alguno de los buenos temas que atesoran. Pero si tuviera que quedarme con un corte de esta primera parte del show sería probablemente “Oveja Negra”, en especial por el estupendo solo que Ger extrajo de su Gibson SG.

Guiño a AC/DC mediante, casi obligado en una banda que debe tantísimo a los australianos, “La Sueca” da con Arthur Long sobre el bombo de Pravia. No hubo vuelo sin motor esta vez. Tampoco el coqueto escenario del Kuivi da para muchas acrobacias. Sea como fuere Secta encaran una recta final, a la vista está, sobrada de gancho. Y es que cualquiera que tenga el veneno del rock and roll inyectado dentro del cuerpo disfrutará de buena gana con cortes como “Pura Dinamita” o “No Se Acaba El Show”, con ese estupendo cambio de ritmo y el Ger más desatado de la jornada.

Como ya hiciera en su anterior visita con Drunken Buddha, Michael haría buen uso de los bidones del Kuivi en una despedida a lo grande de la banda asturiana. Se puede argüir en su contra lo poco original de su propuesta. Por contra, son y con mucho una de las más divertidas y seguras del actual panorama astur. Muchas caras sonrientes al final del show. Si era lo que pretendían, misión cumplida. Deseando escuchar ya ese nuevo álbum.

Como ya sabréis, y si no os refrescamos la memoria, una serie de infortunios nos impidió dar cuenta de la anterior descarga de Argion en tierras asturianas, aquella en la que acompañaban a Battle Beast en la parada gijonesa de su último tour por la península. De ahí que la cita con ellos en este San Metalhead 2023 fuese una de las más ineludibles para nosotros de todo el verano.

La de Argion, claro, es una propuesta bien distinta a la de sus compañeros de cartel. Tanto en lo genérico como en lo que a puesta en escena se refiere. Los podios, los carteles a ambos lados del escenario e incluso los leds que iluminan el bombo. Nada es dejado al azar en la remozada formación astur. Con Sergio Bernardo (The Last Titans) como sucesor de Nathan Cifuentes en guitarras, el resto de la formación es bien conocido: Pany Álvarez en voces, Pablo Sacht a la otra guitarra, Iván Canedo al bajo y Miguel Pérez en baterías.

A día de hoy una de las formaciones más currantes del actual ecosistema metalero asturiano, el verano ha sido toda una prueba de fuego para ellos. Con presencia en festivales como Z!Live, Leyendas del Rock, Algarroba, Gineta… como bien se encargó de comentar Larry antes de su descarga de power metal histórico.

Un comienzo que viene dado por la dupla que abre a su vez su segundo disco de estudio, del que mi compañero y amigo José Miguel “Lago” diera buena cuenta allá por el mes de mayo. Enlazando temas y con un buen sonido, uno siempre tiene sus reservas en este aspecto con bandas del género, lo cierto es que Argion vinieron a confirmar en los terrenos del Kuivi toda la experiencia adquirida desde el confinamiento hasta nuestros días. Que no ha sido poca.

… porque la banda no ha dejado de trabajar y se nota. Mucha carretera, muchas tablas y un quinteto que parece más sólido que nunca. Más suelto, mucho más en su elemento que las primeras veces que desde este medio tuvimos la suerte de verles. Una banda que además ha sabido conectar con un público de lo más ecléctico y variopinto. Algo tendrá el agua cuando la bendicen.

Tierra Prometida” guiña a su primer disco, aquél “Tiempo De Héroes” de 2020. Y mientras que “Hijo Del Diablo” desata al mejor Pany de la jornada, alguno que otro tuerce el gesto por aquello de las pistas pregrabadas. “Prisionero Del Tiempo” haría su debut en tierras asturianas, amén de cambiarle el pie a su setlist. Y si bien se echó en falta el doble juego vocal de su versión de estudio, damos fe de que la balada caló entre los asistentes.

Fuera por la bandera que desplegó Pany, fuera por su pegajoso estribillo, lo cierto es que “Anne Bonny” sería otro de los temas mejor recibidos de la noche. El final del show, a estas alturas, es bien conocido por cualquier fan del combo asturiano: “Águila De Sangre” y en especial “Sobre El Mar”, muy coreada, parece van a ser fijas en sus bises durante largo tiempo. Al igual que esa “Fuerza y Honor” con la que cerraron la velada. Puede que cierto público diera la espantá tras la descarga de Secta. Lo cierto es que, quienes nos quedamos, lo disfrutamos de lo lindo. Siguen en clara línea ascendente.

Fue otra buena noche para dos bandas jóvenes de nuestra región. Cabe desde aquí dar las gracias al Kuivi PopUp por pensar en Diario de un Metalhead para la noche del pasado siete de septiembre así como a Larry, Maitane y todo el equipo por hacer realidad una noche como ésta. Del mismo modo, mandar un saludo muy afectuoso a los presentes. Amigos, músicos, compañeros de otros medios etcétera. Sois cada vez más y se convierte en tarea titánica acordarse de todos.

Como bien se encargó Pablo Sacht de recordarnos desde las tablas, Asturias atraviesa ahora mismo un momento dulce en lo que a bandas de metal se refiere, ahí salieron los nombres de Arenia, Last Days Of Eden, Monasthyr, Aneuma (y su reciente segundo puesto en la Metal Battle del Wacken). Lástima que a muchos les cueste verlo aunque lo tengan delante de sus narices. Casi literalmente. Y es que apenas kilómetro y medio separa la redacción del diario de mayor tirada de Asturias del recinto del festival. Pero en prensa generalista hoy ni rastro. Ni están ni se les espera. Es por eso que seguimos y seguiremos aquí. Siempre al pie del cañón para dar fe de una escena en plena ebullición. Es lo que hay.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: Wacken Open Air 2023 (Parte IV)

La última jornada traería consigo el retorno de la lluvia durante la madrugada desechando la idea de abandonar completamente las botas altas con el inevitable retorno del barro. A primera hora Marty Friedman inauguraba nuestro último periplo por el festival. Tras su sorpresiva colaboración con Megadeth, hizo demostración de virtuosismo y feeling a las 6 cuerdas en un show instrumental que hizo las delicias de los más madrugadores.

Más tarde Jinjer tomaba el protagonismo en el espacio destinado a las bandas de referencia del día y Biohazard ofrecía un concierto especial en la nueva ubicación del escenario “Louder”, ahora situado en un extremo del recinto. Así que con las escasas fuerzas que aún quedaban en el zurrón nos dirigimos hacia allá. Que inyección de contagiosa energía nos dieron los de Brooklyn personificada en un Billy Graziadei infatigable e hiperactivo. Muchas caras de satisfacción entre sus acólitos y es que si basas tu set en gran parte de una obra de culto del hardcore como es su segundo disco “Urban Discipline” la victoria está asegurada.

De la actitud agresiva tomamos rumbo a la fiesta que ofrecían los piratas escoceses de Alestorm. Ya sabes lo que te espera cuando ves sobre su escenario un par de patitos de goma gigantes. No los tomes en serio y solo disfruta, solo ellos son capaces de mutar un tema como “Hangover” de Taio Cruz y hacerlo pasar por suyo. Ni siquiera el fango que te atrapaba en el Infield fue capaz de frenar a un público entregado como pocos. Se respiraba una gran complicidad en el ambiente, cualquier demanda era atendida provocando saltos, pogos incluso algún tímido wall of death.

Cita imprescindible para un servidor era el paso por el escenario “Headbangers Stage” de los norirlandeses The Answer. Los de Cormac Neeson sentaron cátedra con un concierto espectacular, al que acompañó un gran sonido, tónica general del festival, y unas ganas propias de banda novel. Para muestra el paseo por el foso del propio Cormac en un baño de masas que a punto estuvo de llevarlo a probar el estado del fango alojado frente al escenario. Dejaron la impresión que merecían más tiempo y mejor horario, afirmación que podríamos extender a la muchas de las bandas alojadas en los escenarios satélite.

La propuesta ochentera de Nestor congregó a un buen número de nostálgicos del hard rock y el aor a los que hizo viajar en el tiempo a través de su buen hacer sobre las tablas. En las antípodas de bandas como Steel Panther o Gigatrón, defendieron con solvencia su primer disco “Kids In A Ghost Town” con un show enérgico y creíble.

Heaven Shall Burn estaban destinados a ser la banda top del día y lo corroboraron totalmente. Una espectacular puesta en escena con pirotecnia y fuego por doquier, unido a una propuesta musical que encandila a las jóvenes generaciones aunando lo mejor del death metal y el metalcore, se mostraron imbatibles no solo en la jornada del sábado si no como uno de los grandes conciertos de esta edición. Nadie logro tal nivel de conexión con la audiencia, circles pit, wall of death, incontable el número de metalheads que llegaban en volandas a pie de foso. Como premonición al anuncio de las primeras bandas confirmadas para el próximo año se despedían con una enérgica revisión del clásico de Blind GuardianValhalla” para poner Wacken patas arriba.

El colofón al festival y nuestras últimas fuerzas se las llevarían los punk celtas Dropkick Murphys. Los de Boston se marcaban un gran detalle con la malograda Sinead O’Connor a través de “Foggy Dew” como sintonía de apertura de su tiempo. Al igual que Wardruna en la jornada anterior serían los encargados de aportar distintos sonidos a los escenarios principales, demostrando que el festival sigue evolucionando para aportar nuevos estímulos a su audiencia. En lo musical se vio un Ken Casey cómodo en su nueva faceta a la voz al dejar de lado el bajo tras el paso a un lado del vocalista Al Barr. A tenor de los resultados estas aportaciones cada vez tendrán más relevancia aunque los grandes reclamos serán de nuevo figuras como Amon Amarth, Scorpions o In Extremo confirmados antes del termino del festival como primeros espadas para el 2024.

Sobrevivimos al Wacken más loco y complicado de la historia. El veneno ha sido inoculado y no podemos más que afirmar que el peregrinaje a la tierra prometida acaba de empezar. Volveremos, rain or shine.

Texto / Foto: José Ángel Muñiz

Crónica: Wacken Open Air 2023 (Parte II)

Chubascos a primera hora nos recibieron mientras dábamos fe que los japoneses Phantom Excaliver se postulaban como futuros ganadores de la Metal Battle gracias a su simpatía y la ejecución pulcra y milimétrica de un power metal de clara influencia anime. Con el mediodía el sol comenzó a brillar y nos daría tregua toda la jornada.

Los escenarios “Faster” y “Harder” serían nuestro hábitat a partir de ese momento, iniciando la tarde de manera inmejorable unas renovadas Vixen. Las incorporaciones de Britt Lightning a la guitarra y la esposa de Richie Kotzen Julia Lage han revitalizado a la banda liderada por Roxy Petrucci hasta el punto que esa energía juvenil ha contagiado a una espectacular tanto vocal como físicamente Lorraine Lewis, que llegaría a mezclarse entre el público y surfear por encima de sus cabezas. Su fantástica puesta en escena hizo caer en el olvido inmediatamente cualquier comparativa con sus predecesoras en el cargo. Despacharon un set plagado de clásicos más «Waiting For The Big One» de Femme Fatale, sorpresa que muchos agradecimos y disfrutamos como guiño a la anterior banda de Lorraine.

Apenas nos desplazamos unos metros y ya tomábamos posición para otro viaje a la nostalgia, esta vez personificado en Uriah Heep. Había muchas ganas de ver de nuevo en acción a los británicos y en esta ocasión, al menos para quien escribe, más tras desgraciada caída de sus fechas en España. Digna de admiración la entereza con la que aún se desenvuelven sobre las tablas Mick Box y un infatigable Bernie Shaw. demostraron que la edad no es una barrera cuando tienes calidad y ganas. Pilares del hard rock en los últimos 50 años recordaron al desaparecido Ken Hensley y ofrecieron un corto viaje sonoro, siempre nos parecerá así, por lo mas granado de sus éxitos. Victoria total la suya gracias a un triunvirato de himnos atemporales como “Lady In Black”, “Gypsy” y “Easy Livin” que cerraron su actuación poniendo Wacken a sus pies.

Siguiente parada, los suecos Hammerfall. No habían creado muchas expectativas y sin embargo fueron de la terna de triunfadores del día. Un setlist muy acertado y una ejecución digna de su mejor etapa colmaron de satisfacción a los escépticos. Paladines del power metal europeo que situaron en las más altas cosas de popularidad con la llegada del cambio de siglo junto a bandas como Stratovarius o Gamma Ray se permitieron el lujo de interpretar “(We Make) Sweden Rock” en tierras alemanas reivindicando el valor de la música realizada en su propio país. El mar de puños al aire que afloró durante su actuación dejaron patente su fantástica conexión lograda con la audiencia.

Con un Infield en el mejor estado de revista desde el inicio del festival la jornada no daba respiro, un ágil cambio de escenario y los primeros compases de “Hate Über Alles” casi nos sorprenden tomando posiciones para la implacable descarga de Kreator. Los de Petrozza no hacen prisioneros y esta vez no iba a ser la excepción. Aferrado a su guitarra e unido por un invisible vínculo al micrófono, Mille y sus huestes no dieron tregua. Contarían con la colaboración de la artista emergente alemana Sofia Portanet en la canción “Midnight Sun” como dato distintivo en un show vertebrado en episodios que no se ató al pasado gracias a una buena representación de obras de nuevo cuño. Quizás por eso presumen de poseer seguidores de tan heterogéneas generaciones.

Helloween como buque insignia del día llamaba a filas para despedir la jornada de manera inmejorable. Su espectáculo “United Forces” ofrece lo que todo cualquier fan de la banda puede esperar, interpretaciones a la altura del legado de la calabaza, canciones que pertenecen al acervo popular de todo metalero y una gran puesta en escena, sobria y eficiente. Con la impresión de ver a un Kai Hansen comedido, la sorpresa llegaría de la mano del Michael Kiske más activo y sonriente. Por su parte Deris sigue cómodo en su papel de maestro de ceremonias. La épica “Keeper Of The Seven Keys”, sin duda una de las canciones más esperadas de su concierto, tuvo un especial brillo en un entorno como es Wacken. Ante una audiencia tan variopinta la reacción no pudo ser más homogénea, y es que hay temas que traspasan fronteras físicas y emocionales. Como colofón los drones volvían a iluminar el cielo dibujando el clásico logo de la formación germana, dejando patente que dicha tecnología había llegado al festival para quedarse y cómo nos alegramos todos los cazadores de instantáneas.

Cerraríamos la jornada en un escenario más coqueto y alejado del ajetreo que envuelve a un cabeza de cartel para ver las evoluciones de Abbath, la formación liberada por el otrora componente de Immortal. Dejábamos atrás la luminosidad de Helloween para caer en la oscuridad literal del recuperado artista noruego que supo como meterse al público en el bolsillo desde el inicio. Arrancar con “The Rise Of Darkness” de su banda madre fue sin duda una apuesta ganadora que allanó en terreno para el resto del set. Descargo un arsenal de temas de su etapa en solitario donde brillo sobremanera la base rítmica que acompañó en esta ocasión a un comunicativo Abbath.

Tocaba retirada y recuperar fuerzas, la jornada había sido larga e intensa y muchas emociones aguardaban en apenas unas horas.

Texto / Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: Wacken Open Air 2023 (Parte 1)

Aunque las predicciones climatológicas avanzaban que este año la lluvia estaría presente y el lema “Rain Or Shine” volvería a cobrar vigencia, nadie podía imaginarse que la nueva edición del Wacken Open Air sería la más convulsa y caótica de su historia. Aunque el grueso del festival arrancara oficialmente el miércoles 2 de agosto había trámites ineludibles que realizar pero las tormentas dinamitaron cualquier plan establecido.

Nuestra bienvenida en la jornada del martes serían kilómetros de retenciones, rutas alternativas que no llegaban a ningún sitio, accesos a camping y aparcamientos impracticables, tractores arrastrando vehículos atrapados en el lodo, controles policiales que amablemente te invitaban a dar media vuelta y el panorama cada vez más oscuro por momentos. Hubo que tirar de la típica picaresca española para conseguir la ansiada acreditación y respirar, si había alguna posibilidad que el festival siguiese adelante, estaríamos presentes.

El miércoles sería otro día pasado por agua, con el aforo reducido un 25%, acotado por la imposibilidad de acceder a las zonas de acampada y la prohibición de estacionamiento en el pueblo adyacente y que da nombre al festival. Aún así 50.000 metalheads llegados de todas partes del globo terráqueo serían los primeros privilegiados en arrastrarse por el barro de la “holy land”, muchos de estos damnificados ahora alojados en los propios jardines de los vecinos de Wacken, granjas y parcelas cercanas al festival. Que gran lección de civismo e implicación nos ofrecieron sus gentes y cuanto nos queda por aprender en estos lares. A nivel organizativo están a años luz, sin duda, en España un festival con todas las dificultades acaecidas aquí no habría salido adelante.

Aunque muchos recordaran ediciones duras como las del 2015 y 2016, pasadas por agua de principio a fin, la del 2023 ha sido bastante peor. Recintos anegados, reordenación de espacios, aparcamientos convertidos en improvisados campings y cambios de horarios que convirtieron las primeras horas del festival en un caos. Los primeros afectados los participantes de la Metal Battle, algunas bandas ni llegaron a tiempo al festival. Abrirían la competición los asturianos Aneuma, que por desgracia nuestra inexperiencia nos privó de disfrutar mientras bailaban de horarios y escenarios bandas como Skindred, Holy Moses o nuestros compatriotas Ankor, de los que fuimos testigos de su buen poder de convocatoria en el escenario “Louder” y la gran acogida que tuvo el anuncio de su próxima gira europea. No terminarían ahí las buenas noticias para ellos en Wacken, confirmados en la última jornada como parte del plantel de la próxima edición del festival.

Con una pequeña mejora en lo climático anteriormente a su actuación Thomas Jensen, fundador del festival, acompañado por Udo Dirkschneider y Joey Belladonna rendían homenaje a Lemmy, del que parte de sus cenizas reposarán para siempre en Wacken.

Plato fuerte de esta jornada, Doro celebró sus 40º años de trayectoria recibiendo a través de las pantallas que adornan el escenario principal las felicitaciones de Rob Halford, Dee Snider o Gene Simmons entre otros. Contó con la colaboración de amigos en el escenario como Michael Robert Rhein de In Extremo y nos puso la piel de gallina al rendir homenaje a su gran amigo Lemmy acompañada de Mikkey Dee y Phil Campbell en una emotiva versión del icónico “Ace Of Space” mientras 400 drones dibujaban en la noche alemana la figura del icónico bajista.

En la otra punta del recinto también era tiempo de celebración, Pentagram leyenda y pioneros del doom metal celebraban su medio siglo de vida. Y es que la banda liderada por el siempre controvertido Bobby Liebling despachó un concierto sobrio bajo una atmósfera oscura y apenas comunicación con la audiencia. Fiel a su propuesta por la provocación, un Bobby al que los excesos pasados no parecieron afectar esa noche ofrecería una performance marca de la casa, enfundado en un luto riguroso desnudaba con su amenazante mirada a la buena legión de seguidores que seguían absortos su homilía.

Sorprendentemente el día se cerró sin más sobresaltos y los augurios para el jueves no podían tener mejor aspecto. La climatología parecía dar tregua, el plantel de bandas se antojaba imbatible así que la tensión sufrida durante el día ya invitaba a descansar.

Texto / Foto: José Ángel Muñiz

Crónica: Azure (Kuivi PopUp 24/8/2023)

Pocas son las balas que le van quedando al Kuivi PopUp en su edición de 2023, por lo que la cita con el trío, ahora cuarteto Azure, era bien obligada. Venían los avilesinos presentando “Oxímoron”, Ep del que ya dimos buena cuenta por estos lares (reseña aquí), amén de a su nuevo integrante, el guitarra y voz Daniel Fernández Barata. El resto, los de siempre: Nacho en baterías, Soto a la guitarra y Rojo al bajo. En una tarde de jueves y bajo un tiempo que se presumía desapacible, la cosa vino a darse más o menos como sigue.

Eran cerca de las 21:30 cuando la banda irrumpe sobre el escenario del Kuivi. Con una reducida puesta en escena y sus ineludibles leds, la poca luz vino a dificultar la parte fotográfica de esta crónica. Pero no es menos cierto que cuando dispones de algo como “Enkrateia” para romper el hielo, es fácil que todo vaya sobre ruedas. Como cuchillo en mantequilla. Ayudó el buen sonido del que gozaron. Y es que con alguien que les conoce tan bien como Dani Sevillano a los controles, no cabía esperar otra cosa.

La banda, huelga decirlo, ha ganado en presencia con dos guitarras sobre el escenario. Ahí donde siguen dando lecciones de como armar primero e interpretar después composiciones de ese rock instrumental que, a ratos y por la insistencia en cierto tipo de motivos, tanto me recuerda a los japoneses Mono. En cualquier caso, los de Avilés son (o parecen) lo suficientemente inteligentes como para buscar su propia personalidad. Da buena fe de ello el segundo de los cortes, “Un Nuevo Amor”, apertura de aquél fantástico “Amor Fati” de hace ahora un par de años.

Poca luz y mucho humo, cambio de guitarras mediante, el cuarteto afronta “Diatermancia” y con Daniel echando mano del micrófono, una “Hielo Sumergido” que viene a abrir nuevos horizontes para ellos. Y hay que decir que la voz de Azure defendió sus líneas vocales con solvencia y clase. Todavía se nos hace raro el verles fuera del terreno de la pura instrumentación pero el corte pareció tener una buena acogida entre el público presente. Un público, como ya viene siendo habitual, tan ecléctico como el propio evento en sí. Orgullosamente diverso y transversal.

Quedó así para el final el corte que a su vez cerraba aquél álbum de 2021, “Constelación VI”, con Azure en su encarnación más poderosa pero sin perder un ápice de elegancia. La sensación que queda ahora es la de que la banda ha subido un peldaño con respecto a su anterior encarnación, convirtiéndose en una de las grandes realidades del post-rock astur. Si es que no lo eran ya.

Se podría decir que se les dio bien una plaza a veces tan impredecible como es el Kuivi PopUp. Más allá de lo referente a las luces, es su propuesta y hay que respetarla, lo cierto es que dieron la impresión de ser una banda perfectamente ensamblada y donde su nuevo integrante parece haber caído de pie que diría un clásico. Queda nada más que mandarle un saludo a la banda, a Dani Sevillano y Ruth Suárez, Fernando Casas, el 60% de los Leather Boys presentes y a buenos amigos que se hicieron durante el camino. Nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: Festival Unirock (Puerto de Vega 19/8/2023)

Agosto va tocando a su fin y con él, uno de los festivales más y mejor arraigados de todo el panorama asturiano, no otro que el Unirock de Puerto de Vega, que vino a reunir en su edición de 2023 a La Tarrancha, Vhäldemar, Saratoga y Escuela de Odio. Estas dos últimas formaciones, cumpliendo nada menos que treinta años de trayectoria. Que no está mal.

Inclemencias del tiempo dieron al traste esta vez con el habitual recorrido por la localidad del llamado «Tributo Al Rock«. Sea como fuere y para cuando alcanzamos el recinto, la climatología no podía ser más adversa para una tarde de verano. Y dio igual porque la carpa del festival presentaba un aspecto a rebosar. Allí que estaba el mencionado tributo animando a la concurrencia mientras las distintas bandas probaban sonido. Metallica, The Cult, Ghost, Pearl Jam…. de todo y para todos dentro de una de las señas de identidad del evento año tras año.

El reloj apenas marca las 20:30 cuando la agrupación de ska-fusión La Tarrancha toma el escenario principal del Unirock. La banda, esta vez en formato septeto, inunda todos los rincones del pueblo de espíritu reivindicativo y ritmos bailables para conseguir una gran acogida por parte de una audiencia del todo receptiva a su propuesta.

Una propuesta que puede resultar poco afín al tipo de géneros que tratamos en estas páginas. Lo cierto es que pese a lo numeroso de su puesta en escena, el sonido que se puede percibir frente al escenario difícilmente podría ser mejor. “Unirock ye sinónimu de ilusión” proclama su líder Delfo. A tenor de lo bien que se dio la jornada, también de profesionalidad.

Ni siquiera el hecho de acudir a la cita con su “batería suplente” tras los parches aguo el buen hacer del combo asturiano. Alegres pero contestatarios, ahí queda su apoyo a las 6 de la Suiza, tan aguerridos como risueños, armados con su habitual espíritu crítico y propiciando los primeros bailes de la jornada. Con la lluvia, además, dando tregua, lo que al llegar nos pareció apuntaba al desastre, empezó a ser visto con mejores ojos.

Son las diez cuando Pedro J. Monge y su banda salen al escenario grande del Unirock. Esta vez en formato cuarteto y con toda la intención de seguir confirmándose como una de las bandas más atractivas del actual panorama heavy metalero estatal. Siempre con el indomable Carlos Escudero al frente y buenos temas como el inicial “Death To The Wizard!”.

Los de Barakaldo le echaron ganas y arrojo a la cita. Tirando de clásicos y fiando gran parte de su actuación a los siempre flamígeros solos de Monge y al carisma de Escudero, quiso el vocalista no obstante acordarse de Manu Monge, el Oso, hermano de su compañero guitarrista, fallecido hace ahora un año. Fue la nota emotiva dentro de un show que, más allá de eso, se condujo por los cauces habituales en la banda baracaldesa.

Esto es: heavy / power metal ardiente y cortes tan efectivos como “Metalizer” o “Fear”, con el bajista Raúl Serrano acompañando a Escudero en tareas vocales. Viene siendo habitual que al inquieto vocalista se le quede pequeño todo escenario que pisa. No fue menos en su visita al Unirock de este año donde, inalámbrico en mano, no dudó en perderse entre la concurrencia, aprovechando para presentar al resto de la banda.

Siempre ingobernable, ni siquiera dudó en arrebatar la guitarra del propio Monge y amagar nada menos que “Kingdom Come” de Manowar. Echao pa’ lante como pocos frontman de nuestro territorio. De hecho el final, cómo no con la ineludible “Energy”, daría con los huesos de Escudero sobre las barras del festival. Nos supo a poco, apenas sesenta y cinco minutos, pero lo disfrutamos como siempre.

Eran las once y media cuando las huestes de Niko del Hierro irrumpían en escena para con “Tras Las Rejas” confirmar que parecen en mejor forma que nunca. La banda, que como ya sabréis completan Jero Ramiro a la guitarra y Tete Novoa al micro, venía con su nuevo batería Arnau Martí, quien a tenor de lo visto el sábado, parece llevar toda una vida en la agrupación con base en la capital.

Y es que Saratoga arremeten con “No Sufriré Jamás Por Ti” o la más clásica “Maldito Corazón” y todo parece ir sobre ruedas para ellos. Siempre ha sido el tipo de banda que se crece en comparación a sus distintas encarnaciones en estudio y la cita de Puerto de Vega no fue una excepción. Puede llevar dieciséis años en el seno de la banda que aun así siempre algún despistado (por no llamarle otra cosa) que grite el nombre de Leo Jiménez. Lo cierto es que su sucesor en el cargo se vació en el escenario del Unirock mientras lidiaba con líneas de voz, en buena parte de los casos, nada amables. Sirva la poderosa “A Sangre Y Fuego” como ejemplo.

Tras ella, había que coger algo de aire, Saratoga dejan una “Lejos De Ti” que conduce, a su vez, al primero de los solos, en este caso de su batería Arnau, con el Noctem o Rebel Souls destapando el tarro de las esencias que diría un clásico. Aunque para clásico, “Las Puertas Del Cielo”, uno de los cortes con mejor acogida de la noche.

La nota íntima de la noche la pondría el propio Novoa invitando a una pareja a subirse al escenario para una “Si Amaneciera” que vino a poner la segunda nota calma del set. Decisión que, al menos donde servidor se encontraba, generó todo tipo de opiniones.

Imprevistos estuvieron a punto de aguar “Vientos De Guerra”, que la banda detuvo para retomar desde el principio, esta vez sin mayores complicaciones. Lo cierto es que la parte final del show no sería fácil para ellos. Diversos problemas con la guitarra de Jero y también el bajo de Niko estuvieron a punto de dar al traste con el set justo en el punto que se suponía culminante.

Casi es una obviedad decir que esta es una banda sobrada de tablas y que tampoco la cosa fue a mayores. Ese final con “Resurreción” donde Tete se da su particular baño de masas da buena fe de ello. Podrán gustar más, podrán gustar menos pero rara es la vez que fallan.

La banda de hardcore originaria de la cuenca del Nalón vino como viene siendo habitual en el evento a cerrar con la propuesta más extrema del mismo. Al menos en lo que al escenario grande se refiere tras su sorprendente paso a media tarde por el tributo al rock para dejarnos una castellanizada interpretación del «Seek & Destroy» de Metallica que hizo las delicias de la parroquia. Son treinta años los que contemplan a Escuela de Odio pero en Puerto de Vega mostraron una vez más un ímpetu y una intensidad digna de bandas mucho más jóvenes.

Y aunque la guitarra del también Blast Open y Sound Of Silence Nefta amenazó con aguarles la fiesta, apenas fue un percance de unos pocos segundos. Para cuando suena la muy clásica “Diferencia”, todo encauza hacia el curso apropiado de las cosas. Huelga decir que fue con mucho la banda que mayores pogos y bailes generó en la audiencia. Se podría decir que cayeron de pie, con un gran sonido y un público, aún a las altas horas que eran, entregado y muy por la labor.

Cortes más recientes como “Gasolina Al Fuego” o “Hardcore Is My Life” conviven con ofertas ya clásicas del quinteto como “Los Antidisturbios Invaden La Cuenca Minera” o la versión de KortatuZu Atrapatu Arte” sin negociar un solo esfuerzo. Como reza el dicho, siempre certeros.

Y tocó recoger ya con el cansancio haciendo mella de manera notoria en nuestros castigados organismos. Sea como fuere nuestras sensaciones, un año más, no pueden ser mejores. En particular porque la meteorología respetó cuando todo hacía indicar lo contrario, porque pese a lo desapacible de la jornada vimos una buena entrada en el recinto del festival y también por el buen sonido que, en líneas generales, desarrollaron las cuatro bandas grandes del cartel.

Y aunque siempre encontremos aspectos a mejorar, o cosas que uno haría de un modo diferente, el engorro de cada festival con el cambio de moneda, una jornada en total camaradería, un ambiente sano y, como detalle al que la Asociación Unirock cuida como pocos: la nutrida presencia de gente muy joven, encargados como son de recoger el testigo de vejestorios como nosotros.

En definitiva y usando la célebre frase del hijo de Kirk y Luann Van Houten: “todo ha salido a pedir de Milhouse”. El año que viene más y mejor.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: Festival Rock Nalón (Agones 12/8/2023)

Casi sin tiempo para recuperarnos de la jornada anterior, en La Mar de Ruido, tocaba hacer de nuevo el petate y encaminar hacia un nuevo destino, Pravia, un nuevo evento, el siempre cercano y familiar Rock Nalón, y dar buena cuenta de las descargas de In-SanityDrunken BuddhaSynlakrossBurning Witches y The Lizards. Respetó la meteorología y fíjate que lluvias poco menos que torrenciales fueron anunciadas durante el trascurso de la semana. Finalmente pudimos disfrutar de una jornada en seco, algo que siempre se agradece y en especial a la hora de realizar crónicas como la que estáis leyendo.

Así pues y justo cuando el reloj marcaba las veinte horas, lo que vienen siendo las ocho de la tarde de toda la vida, los renacidos In-Sanity hacían suyo el amplio escenario del evento. Siempre será ardua la tarea de abrir un festival. Y lo es más si una de tus guitarras tiene el día tonto y sus cuerdas emiten un aullido más cercano al de un mapache degollado que al de una banda de clásico heavy/thrash.

Así pues y cambio de instrumento mediante, todo reconduce hacia cauces normales gracias a una “End Of Way” que demostró la buena técnica y la mejor compenetración con la que el cuarteto acudió al festival. Chus, bajista de la formación, volvió como siempre a dejar destellos del gran músico que es. Conjunta con la siempre firme pegada de Salvador “Pollo” una base rítmica siempre fiable. Y en los ni siquiera cuarenta minutos escasos que dispusieron, trataron de hacernos entrar en calor sin trucos ni florituras. Metal sincero, honesto y real. No abunda.

Son muchas las veces que hemos visto a las huestes del teclas Mario Herrero desde que la banda editara el formidable “II”. La última no hace siquiera un mes. Y sin embargo, qué agradable resulta siempre encontrarse con ellos. “March Of Dementia” suena en Pravia y uno tiene siempre ese cosquilleo sobre qué podrá ofrecer el Buddha en esta ocasión. Algo que no es otra cosa que “Sea Of Madness” con la base rítmica de Kay Fernández y Fran Fidalgo tan bien empastada como siempre.

A quien vimos más mermado que en ocasiones anteriores fue al siempre inquieto y carismático frontman Michael Arthur Long. Algo que se haría patente en la por otro lado vibrante “Hang ‘Em High”. Puede que el vocalista no tuviese su día más holgado. Lo que nunca fallan son sus bromas recurrentes. “Que me tiro, como el Yosi”.

Cierto que para cuando suena la más descarnada “Monster”, el punto focal de los Buddha parece recuperar una mejor versión. Y junto a él y con su Les Paul negra, Diego derrochando una vez más grandes cantidades de la mucha clase que atesora.

No fue un set extenso como en otras ocasiones que hemos tenido la suerte de verles. En sus propias palabras: “pequeño y concentrado, como Ron Jeremy”. Entonces le llegaría el turno la habitualmente catártica “Medicine Man”. Y esta vez, a falta del habitual baño en champán, esta vez inalámbrico en mano, «Aerolíneas» Michael Arthur Long saltó a la hierba de Pravia para perderse entre el público, convertir a los fotógrafos presentes en Usain Bolt e incluso subirse a los contenedores de reciclaje. Todo para después coger algo de aire en “Strangers & Fools” y desembocar, ya sin frenos, en la habitual revisión del “Highway Star” de los Purple. Un show de menos a más que agradó a propios y a buen seguro sorprendió a extraños.

Synlakross, banda valenciana de death melódico y metalcore acudió a tierras pravianas con la certeza de ser la propuesta más perpendicular de todo el cartel. En formato cuarteto tras la ausencia de Iván Muñoz a la guitarra rítmica y con la magnética Patricia Pons al frente, vinieron a pelear por lo que era suyo. Mentiríamos si dijéramos que la respuesta del público fue calurosa. Por momentos, de hecho, resultó casi gélida.

Y dio igual porque temas como “Pitch Black” convencen al más pintado. Bien es cierto que los valencianos no son ajenos al uso, a ratos ingente, de incontables bases pregrabadas. Pero no es menos verdad que arriba del escenario se dejaron la piel como pocas bandas que hayamos podido ver a lo largo de este año. Algo a lo que ayudó en gran medida el buen sonido del que disfrutaron. Me atrevería a decir que el mejor de la jornada junto al trío catalán The Lizards.

Los esfuerzos de Pons por sacar del letargo al público fueron constantes a lo largo del set. También las múltiples bombas de sonido que acentuaron muchos de los breakdowns. Finalmente y gracias a cortes como “Fatal Frame” o “Last [Tour] Requiem”, supieron como ganarse su hueco en el subconsciente del tantas veces impasible y frío público astur.

Comparado con la anterior edición del evento, el aspecto del recinto era algo desolador cuando las cabezas de cartel, las suizas Burning Witches, se subieron al escenario pasadas las once y media de la noche. Acudían a la cita con dos presentaciones bajo el brazo: una la de su nuevo trabajo “The Dark Tower”, del que ya dimos cumplida cuenta hace escasas fechas, y otra su flamante nueva guitarrista, la filadelfiana Courtney Cox (The Iron Maidens).

Así pues y tras casi cuarenta minutos de espera, con la puesta en escena más pintona de la jornada con ese gran telón con la portada del nuevo álbum e intenciones claras de salir victoriosas, intro y “Unleash The Beast” para dar buena cuenta del momento que atraviesan. Laura Guldemond defendió sus líneas de voz con corrección y sin alardes, tratando (a veces en vano) de meterse a la audiencia en el bolsillo. No siempre lo consiguió.

Lo cierto es que la banda al completo se mostró tan conjuntada y firme como se les exigía. Lo que está en cuestión sin embargo es un cancionero que, a ratos, acusó de una marcada linealidad. Por ahí “World On Fire” se elevaría sobremanera con respecto a su versión de estudio, mientras que otras ofertas como “Evil Witch” y pese a su hipotético gancho, pasarían sin pena ni gloria por el festival praviano. Al final del set nos sobrevoló una sensación de fría, mecánica y desangelada corrección. Las comparaciones con otras bandas foráneas de heavy metal que han visitado la región en los últimos meses son ahora odiosas.

En cualquier caso y tras la habitual espantá posterior al show del cabeza de cartel, el trío catalán The Lizards (Edgar Beltri a la batería, Judith Jordan en bajo y coros, Carla Santacreu en voz y guitarras) saldrían a demostrar que nada como una buena ración de rock and roll adrenalítico y punzante para mantener despierto y alerta a todo personal presente.

Y no lo tendrían para nada fácil. Primero porque como comentó la propia Santacreu, venían de tocar ese mismo día en Aranda de Duero. Solo para que conste, más de cuatrocientos kilómetros separan ambas localidades. A veces parece que el rock todo lo puede.

Pero para mayor desgracia, una de las seis cuerdas de la preciosa SG blanca de Carla apenas aguantó el envite unos pocos segundos, aguando en parte el inicio de un show que, entre unas cosas y otras, apuntaba al desastre. Es aquí donde cabe destacar la manera en que ninguno de los inconvenientes arredró al trío. Contra viento, marea e incluso algún que otro improperio, qué sería de un festival sin alguien jodiendo la marrana a altas horas, la banda radicada en Barcelona sacó adelante el show no sin antes dedicar “Dead City”, de su “Fake Reality” de 2022, a esos pequeños locales “que hacen escena” tan necesarios resultan para toda banda que se precie. Hoy más que nunca.

The Lizards serían finalmente, hagan el favor de perdonarme el anglicismo, el verdadero underdog del Rock Nalón en su edición de 2023.

Fiasco es una palabra muy fea. No nos gusta emplearla y menos cuando pudimos ver shows entre buenos y muy buenos. Pero el bajón de público con respecto a la anterior edición del evento fue más que evidente. Una pena porque nos consta lo mucho y bien que la organización trabaja a lo largo del año para sacar adelante el festival. Un trabajo que, por titánico, no podemos alcanzar siquiera a imaginar los quebraderos de cabeza que acarrea. Centrándonos en lo positivo, el buen sonido que desplegaron las cinco bandas participantes. El deje clásico de In-sanity, la pujanza de Drunken Buddha, la potencia de Synlakross, la elegancia de Burning Witches y la adrenalina de The Lizards bien daban para una mayor venta de tickets. Nada más queda desear que éste sea solo un paso atrás para coger impulso y a la edición de 2024 estemos comentando lo mucho que ha crecido el Rock Nalón en doce meses. Sea como sea, tened por seguro que aquí estaremos para contároslo.

Finalmente no queríamos cerrar esta crónica sin mandar un caluroso saludo a todos los fotógrafos, músicos, redactores y buenos amigos con los que nos fuimos cruzando a lo largo de la jornada. Como suele decirse: ya sabéis quienes sois. Nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves

Fotos: José Ángel Muñiz