Crónica: La Mar De Ruido (Viernes 11/8/2023)

La temporada de festivales bulle en todo su esplendor y por supuesto que Avilés y su La Mar De Ruido no querían a ser menos. Congregaba la cita en el Parque del Muelle a Wolffather, Ana Curra, Ñu y Winchester en una tarde que se tiró una moneda al aire en lo climático y, afortunadamente, salió cara.

Con todas las reservas que nos puedan producir las bandas tributo, lo cierto es que los chicos de Wolffather supieron cómo desenvolverse ante un público, sospechamos que bien nutrido de buenos amigos, que supo brindar su calor al cuarteto. En su set tuvo especial peso aquél divertido debut homónimo con el que Wolfmother iniciaran sus andaduras allá por 2005.

Con un buen sonido, algo que sería ya una constante durante toda la jornada, y el más que interesante registro de una Paula Lozano un tanto hierática, nos hicieron pasar un buen rato mientras desgranaban cortes tan recordados como “Dimension”, “Woman” o “Joker & The Thief”. Un buen calentamiento.

Ana Curra subía al escenario con su banda a eso de las 22:15 y ya desde un primer momento pudimos ser testigos del cariño que aún se le tiene por estas tierras a la madrileña. El tipo de música que despliega la denominada “reina del punk” puede no encajar del todo con nuestra línea editorial, pero la ex Parálisis Permanente demostró en el Parque del Muelle tener las tablas de veterana, sesenta y cuatro años la contemplan, y el ímpetu de una colegiala, haciéndoselo pasar en grande a propios y extraños.

Beneficiada la banda por la llegada de la noche y frente a una audiencia que no dejaba de corear un estribillo tras otro, quizás con “Quiero Ser Santa” a la cabeza, la de la capital aún se guardaba un as en la manga en forma de Ángel Antonio Berdiales “Berdi”, ex integrante de los rockeros asturianos de culto Kashmir, que se subiría al escenario para un par de temas. El baño de masas con el que la madrileña cerró la velada fue el mejor testamento de una noche que los acólitos de la ex Alaska y Los Pegamoides a buen seguro recordarán con cariño.

Le llegaba el turno entonces al ínclito José Carlos Molina y sus infatigables Ñu. Y es que cincuenta son los años que contemplan a una banda que se ha visto ahora renovada con la entrada de la ex Debler y Last Days Of Eden Sara Ember al violín y que en la localidad asturiana vino a demostrar estar en plena forma… si bien es verdad que el set que desarrollaron se nos antoja algo corto.

Vimos a un Molina, de hecho, más cauto en sus declaraciones que en pasadas giras. ¿Se habrá apaciguado el hombre tras tantos años de derrochar malas pulgas? Lo cierto es que poco importan sus discursos cuando se dispone ante ti un set lleno de clásicos a la altura como “La Granja Del Loco” o “Manicomio”.

Con un excelso Manolo Arias que por sí mismo justifica el pago de una entrada, el evento era gratuito de todos modos, confirmándose una vez más como uno de los mejores guitarras de hard rock y/o heavy metal que tenemos en nuestro país. Dentro de ese nuevo talante mostrado por Molina, agradecería éste la presencia de un público al que, según sus palabras, “simplemente le gusta la música”.

Solos diversos, clásicos como “La Bailarina”, “La Danza De Las Mil Tierras”, con Molina diciendo tras una pequeño circunloquio (tan habitual en él) que en realidad era una excusa para sentarse. Quiso también el de la capital guiñar a su disco en solitario con “El Calor Nublado” que habríamos aceptado de mejor grado dentro de un set más amplio. En cualquier caso, bien está “El Tren” para recordarnos a algunos el gran fervor que aún tiene el público astur por las huestes cornutas del inclasificable genio madrileño. Por muchos años.

Le llegaba el turno entonces a Ger Gilsanz, Kike García y Pablo Pravia, o lo que es lo mismo, el trío de rock clásico y fundacional Winchester, que vinieron a poner el cierre a una jornada animada y concurrida. Temíamos espantá en cuanto a público pero lo cierto es que el Parque del Muelle aún quedaba gente con ganas de rock and roll allá por la 1:28 cuando la banda se subió a las tablas.

Una vez allí demostraron la misma clase que siempre. Nadie va a descubrir a Gilsanz a estas alturas. El carisma que se le escapa a chorro tras las gafas de sol, su voz tiene personalidad y la alta gama de riffs que es capaz de desplegar llama la atención del más pintado. Y lo mejor es que cuenta con una banda a la altura. Banda que, de hecho, comparte con él las tareas vocales a lo largo y ancho de la hora larga de show que nos regalaron. Encajaron como un guante en el festival y fueron un más que interesante cierre.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñíz

Crónica: Festival Rock Imperium (Domingo 25/6/2023)

La tercera y última etapa del festival arrancaba con el anuncio de la caída del cartel de Nestor, que serían sustituidos por los murcianos 91 Suite, estandarte del rock melódico nacional. Cartagena se encontraba engalanada para recibir a la banda más grande del rock y en el ambiente se palpaba que la ciudad viviría una noche para el recuerdo. Tras dos jornadas de completo éxito rondando los 20.000 asistentes por día, el domingo se presentaba con expectativas de superación arrancando con la formación italiana Siska, prácticamente desconocida por estos lares a tenor del poder de convocatoria que demostraron, como encargada de dar inicio a la velada con una apuesta por el hard & heavy de género que no levantó pasiones pero cumplió sobradamente con la función encomendada. Turno a continuación para sus compatriotas Frozen Crown, habituales en los últimos tiempos en nuestros escenarios, despacharon un enérgico power metal ante una audiencia más numerosa. Con la vocalista Jade Etro como punto focal, los cambios en la formación no han mermado su intensidad en escena siendo recompensados con la aprobación y aplauso de los cada vez más asistentes al Parque El Batel.

91 Suite tuvieron que lidiar con un sol abrasador y la difícil papeleta de suplir a Nestor. Los suecos eran uno de los principales alicientes para los amantes de los sonidos ochenteros y la inoportuna sinusitis de su vocalista había colocado a los murcianos en el punto de mira. Sobrados de clase y tablas, al igual que el pasado año ejecutaron un show sobrio, deslucido en algunos momentos por caídas de sonido en el micrófono de Jesús Espín sin llegar a la tragedia. Sorprendieron con una fiel revisión de “Animal” de Def Leppard que sorprendió y agradó a partes iguales. Cuatro años después de su última visita regresaba el prolífico Ronnie Romero a España con su última muesca en el revolver, Elegant Weapons junto a Richie Faulkner. Se notó al chileno encantado del regreso, comunicativo y en un estado vocal superlativo, no así el resto de la banda, más estáticos, parcos en gestos y centrados en realizar una ejecución mecánica y exacta. Desgranaron su ópera prima incluida el “Lights Out” de UFO que contiene para despedirse con “War Pigs” de Black Sabbath metiéndose al público en el bolsillo y con ganas de más.

Los eurovisivos Lordi tomaron posesión de un escenario a su imagen y semejanza. Customizado con su liturgia y parafernalia ofrecieron una buena puesta en escena mermada en varias fases del show por la excesiva cantidad de humo disparada, que llegó a ocultar a parte de la banda. Si Elegant Weapons se nos fue en un suspiro, los fineses dieron la sensación de ofrecer un concierto repetitivo y demasiado extenso que tendría como punto álgido “Hard Rock Hallelujah” coreada por la mayoría de los presentes. De la teatralidad se pasó en apenas unos minutos al virtuosismo más distinguido, el trio Winery Dogs destila tanta técnica y elegancia como estoicismo Richie Kotzen. Sin apenas comunicación con los presentes, para eso ya está Portnoy, avanzaba su tiempo hasta un parón forzoso por problemas técnicos en “Hot Streak” que retomarían justo donde la habían pausado, hasta en eso tienen clase. Se despidieron tras una brillante masterclass de un público que esperaba ansioso a los reyes del festival.

Cuarenta minutos de impaciencia hasta que la megafonía presentó a la banda de rock más grande del planeta dispuesta a ejecutar su último concierto en España, aunque quien sabe si hasta que presenten su próximo tour, que todos sabemos como se las gasta Gene Simmons. La entrada en escena espectacular, con la banda al completo bajando en plataformas aéreas desde la parte superior a la base del escenario mientras pirotecnia y fuego artificiales iluminan la noche cartagenera. Un espectáculo único, ejecutado con la precisión del mejor reloj suizo. Plataformas que elevan a los componentes, guitarras que disparan a dianas colocadas en las alturas, el viaje de ida y vuelta en tirolina de Paul Stanley a la torre de sonido mientras cae un himno tras otro no tiene rival, como confirman las reacciones de una alucinada audiencia que no da crédito a lo que su ojos presencian. “Rock N’ Roll All Night” pone punto final a su concierto y a la guitarra de Paul Stanley, hecha añicos antes del regreso de la banda al olimpo de los dioses bajo una nueva descarga de fuegos de artificio. Llegaron, vieron y vencieron.

Los encargados de cerrar la segunda entrega del Rock Imperium serían los renovados Skid Row ahora con Erik Gronwall a la voz. El ex H.E.A.T. ha tomado la tarea de acabar con las inevitables comparaciones con Sebastian Bach por los cuernos y demostró que es un debate cerrado. Nadie diría que ha superado una forma aguda de leucemia tras la demostración vocal y entrega física que realizó como colofón al festival. Basaron su repertorio en lo que deseaba la nutrida representación de metalheads que mantuvieron tras la huida tras Kiss, sus dos primeros álbumes. Con “Slave To The Gind” ,“Monkey Business” o “18 & Life” como banda sonora, no hubo mejor manera de arrancar el lunes y poner el broche de oro a un Rock Imperium que superó las cifras del pasado año, mejoró muchas de sus carencias y nos emplaza a regresar a Cartago Nova para otra edición que sin duda colmará las expectativas de los amantes del hard rock y heavy metal clásico.

Texto: José Ángel Muñiz
Fotos: José Ángel Muñíz / Rock imperium

Crónica: Festival Rock Imperium (Sábado 24/6/2023)

Tras recuperar fuerzas con una visita a la cofradía de pescadores y degustar la exquisita gastronomía local, tocaba poner rumbo de nuevo al Parque El Batel para afrontar una segunda jornada de marcado acento melódico y hard rockero. El combo serbio The Big Deal era el encargado de abrir fuego, muy apropiada la acepción si tenemos en cuenta el calor reinante en Cartagena ese sábado. Con una merma importante de público en comparación con la jornada anterior a esa misma hora, defendieron con soltura su álbum debut presentando a Ana Nikolic y Nevena Brankovic como punto focal de una formación que contó con la participación del pluriempleado Alessandro Del Vecchio al bajo.

Buen aperitivo antes de disfrutar de uno de los conciertos destacados del día, y es que la británica Chez Kane, con una imagen claramente inspirada en los años 80, se ganó muy pronto a la audiencia con su simpatía, carisma y entrega sobre el escenario. Bajo un sol de justicia una buena legión de fieles disfrutó del espectáculo ofrecido por una artista destinada a ser próxima referencia dentro del estilo melódico. Se despidió con el anuncio de su regreso a los escenarios estatales para principios del 2024.

La decepción de la jornada estaría protagonizada por la formación sueca Metalite. Muchas pistas pregrabadas que no entraban a tiempo, un sonido intermitente por momentos y una más que evidente similitud con bandas como Within Temptation o Amaranthe lastraron su actuación a pesar del empeño de la banda por agradar. Una de las sorpresas de esta entrega del Rock Imperium fueron sin duda The Night Flight Orchestra, proyecto paralelo de Björn Strid y David Andersson de la formación sueca de death metal Soilwork. En las antípodas de la banda madre, se mueven como pez en el agua por el aor, el rock progresivo incluso el pop desfilando durante su actuación por nuestra subconsciente nombres como Abba, Supertramp o Journey. Una gran puesta en escena, tanto en su vestimenta como tripulación de vuelo, la importante aportación de las azafatas a los coros y constante conexión con la audiencia, sorprendieron a un público muy receptivo a su original propuesta. H.E.A.T. salieron a escena dispuestos a no guardarse nada. Liderados por un infatigable Kenny Leckremo aguantaron las embestidas de un sol implacable sin dar tregua un tema tras otro. Arengando a los congregados en un más que correcto castellano fruto estancia en España como parte del espectáculo musical History Of Rock, Leckremo se coronó como uno de los mejores frontman del festival, corriendo, saltando o agitando su melena para disfrute de los cazadores de instantáneas apostados a pie de escenario. Sentaron sus credenciales como futura banda grande y relevo para nombres ilustres del género.

Europe repetía participación en el festival y volvieron a dejar patente la gran clase que atesoran. Una auténtica masterclass la protagonizada por la madurez de un Joey Tempest aferrado a su pie de micrófono blanco. Sabe meterse al público en el bolsillo con píldoras directas al corazón a través de imprescindibles clásicos de su discografía y para los más exigentes, con gestos y guiños hacia su gran amigo David Coverdale, impagable ese pedazo de “Here I Go Again” intercalado en “Superstitious”. Cerrar con “The Final Countdown” volvía un año después a poner a sus pies Cartagena.

Con un recinto al borde de su aforo llegaba el turno de Deep Purple, la formación más esperada del día. La primera banda confirmada en esta segunda entrega del Rock Imperium es por derecho propio referencia de la música universal y pilar sobre el que han crecido y evolucionado estilos desde hace más de 50 años. Si bien su actuación creó controversia al no acercarse a las 2 horas de duración programadas, su desempeño e interpretación convalida cualquier tara. Ian Gillan, Ian Paice, Roger Glover y Don Airey superan los setenta años y es de agradecer su envidiable estado de revista con interpretaciones aún dignas de temas tan exigentes como “Highway Star”, “Space Truckin” o “Black Night”. Maestros de maestros dejaron para el recuerdo un viaje sonoro por la trayectoria de una de las bandas más grandes de la historia.

De nuevo una banda progresiva volvía a cerrar el programa del día, en esta ocasión los suecos Soen, liderados por Martín López, otrora batería de Opeth. Llamados a ser una de las bandas estandarte del estilo, demostraron ser ya una realidad gracias a una ejecución perfecta, melódica y envolvente. Acortaron varios minutos su set cerrando la noche antes de lo que esperaban el buen número de fans que aguantaban de pie en una jornada de nuevo marcada por el calor.

Como puntos destacados en el tercer escenario dos bandas nacionales Bloodhunter y sobre todo Crisix congregaron a una más que respetable cantidad de acólitos dejando sus credenciales como futuros inquilinos de escenarios de mayor calado.

Texto: José Ángel Muñiz

Fotos: José Ángel Muñiz / Rock Imperium

Crónica: Festival Rock Imperium (Viernes 23/6/2023)

La segunda edición del festival Rock Imperium volvía a colocar a Cartagena como referencia dentro de la agenda de eventos veraniegos. Contar en la programación con un triunvirato compuesto por Helloween, Deep Purple y Kiss era a todas luces un imbatible reclamo para una nutrida legión de metalheads tras una notable primera edición. Una jornada más, crecimiento en la venta de abonos además de la ampliación del recinto para ofrecer más zonas de sombra, una nueva distribución de los espacios destinados a recuperar fuerzas más el acercamiento del tercer escenario al Parque El Batel corroboraron que las demandas de los asistentes del pasado año no habían caído en saco roto y eso siempre es de agradecer. Eso si, las escaleras metálicas instaladas para acceder a la zona superior del recinto provocaron más de una pesadilla durante el fin de semana y progresivamente restarían audiencia a las bandas protagonistas de la programación en dicho escenario.

La jornada inaugural arrancaría, bajo un sol de justicia que no abandonaría Cartago Nova durante todo el fin de semana, con la formación local Alma Negra para los más madrugadores y apenas unos minutos después con Jolly Joker en el primero de los escenarios principales. Abanderados del mejor hard rock patrio, los valencianos despacharon un concierto pleno de intensidad para exprimir cada minuto de su tiempo sobre las tablas. Siempre es complicado abrir un evento de estas características y salieron claramente victoriosos del envite. Tras un ágil cambio de escenario sin apenas respiro tomaba posesión del mismo un enérgico Leo Jiménez que inmediatamente dejaba clara la premisa de su show, “vamos a pasarlo muy bien”. No se guardó nada en una actuación que viajó por su extensa trayectoria con recuerdos a Saratoga, Stravaganza y 037, dar la nota de emotividad con una canción dedicada a su hijo o hacer las delicias del buen número de incondicionales presentes a través de un par de duetos con Korpa (Fuck Division, Minos).

La primera actuación internacional del día correría a cargo de Evergrey que sacaron adelante su actuación con mucho mérito. El día anterior Lufthansa había extraviado su equipaje e instrumentos, por lo que la ayuda de varias bandas y sobremanera la cesión de guitarras por parte de Sascha Gerstner (Helloween) se mostró fundamental para evitar su caída del cartel. Acostumbrados a que los sonidos progresivos fuesen hasta ese momento los protagonistas de los cierres diarios del Rock Imperium, se hizo muy raro ver a los suecos a plena luz del día. Como fue extraño ver en un escenario como el Cartagena Stage a una banda como Steve ‘N’ Seagulls. Vestidos de granjeros y armados con banjo, contrabajo y acordeón ejecutaban versiones de clásicos del rock y el metal ante un sorprendente números de fieles tan entregados que se pudieron observar varios pogos “country”. Ofrecieron una auténtica fiesta, aunque muchos reclamaran ese lugar para varias de las bandas confinadas al tercer escenario.

Tocaba regresar al producto patrio con Saratoga actualmente centrados en conmemorar su extensa trayectoria, por lo que basaron su tiempo en repasar grandes éxitos así como presentar a su nuevo batería Arnau Martí. Curiosa la salida a escena de toda la formación con gafas para protegerse de un sol castigador y la colaboración de Leo Jiménez para interpretar junto a Tete NovoaVientos de Guerra” y dibujar uno de los momentos más emotivos del viernes. Nos acercábamos así al tiempo de los cabezas de cartel, el power metal europeo tomaba el protagonismo, Blind Guardian y su espectáculo programado al milímetro no deja lugar a la sorpresa y aún así, siempre satisface a los paladares más exigentes. Los de Hansi Kürsch no necesitan una puesta en escena grandilocuente, apenas intercalaron un tema de su nueva obra de estudio con la interpretación íntegra de “Somewhere Far Beyond” para colocarse en el bando de los triunfadores de la jornada inaugural.

Con el ocaso arrancaba la actuación más esperada del día y es que la actual alineación de Helloween, con las incorporaciones de Kai Hansen y Michael Kiske ha subido enteros el status de una banda que en los últimos tiempos protagoniza los festivales más importantes del planeta. Saben como meterse al público en el bolsillo con llamadas a la nostalgia como el extenso popurrí basado en “Walls Of Jericho” interpretado por Hansen o varios duetos protagonizados por Deris y Kiske. Su magnífica puesta en escena con una producción a la altura de los grandes, pantalla central de vídeo, cañones de confeti y globos hinchables gigantes, unido al extenso repaso a su discografía hicieron volar los 120 minutos que dispusieron reafirmando su estatus de cabeza de cartel.

Cerraban esta primera jornada los fineses Stratovarius, que han reverdecido laureles gracias a un notable nuevo disco de estudio y se notó por la nutrida audiencia que lograron mantener tras la exhibición visual y sonora de Helloween. Sufrieron algún que otro problema con el sonido que solventaron dando al público un buen puñado de clásicos que subieron unos ánimos que flaqueaban inmersos ya en la madrugada. Mientras tanto en el tercer escenario tenían lugar dos de los mejores conciertos del día, Tygers Of Pan Tang daban una lección de clase ante una reducida audiencia que saboreaba con gusto la ración de historia que tenía delante. Los británicos no se aferraron a tiempos pretéritos basando su tiempo en temas de nuevo cuño para dejar patente que merecían mejor horario y ubicación en el festival.

Casi se podría decir lo mismo de los griegos Rotting Christ, encargados de poner el colofón al día. Los sonidos extremos no salieron del tercer escenario, detalle que muchos echaron en falta durante el Rock Imperium, aún así inmejorable arranque para lo que restaba de festival.

Texto / Foto: José Ángel Muñiz

Crónica: Blast Open en Kuivi PopUp (Oviedo 2/8/2023)

De nuevo Heavy Metal Brigade se encaminó hacia el Kuivi PopUp, esta vez para dar buena cuenta de la descarga de los renovados Blast Open, quienes acudían a la cita ovetense enfrascados aún en la presentación del fenomenal “Spitting Blood” de 2022. La cita, un miércoles de agosto, hacía presagiar lo peor en cuanto a público. Lo cierto es que nada más lejos. Un buen recinto, una producción atractiva y la posibilidad de ver a una banda que no se prodiga tanto como nos gustaría, ayudó a reunir a mucha de esa gente que casi nunca falla.

Lo que si falló fue el horario. Aunque media hora de retraso sobre la hora fijada y teniendo en cuenta los precedentes (no precisamente del Kuivi) tampoco es como para llevarse las manos a la cabeza. El caso es que suena la intro de su último álbum y la banda arremete de inmediato con una “Riding On A Dead Horse” donde ya quedan patentes dos detalles importantes: la buena conexión con el público congregado frente al escenario y el aún mejor sonido que mostraron. Con un muy risueño Andrés Álvarez clavando el solo y Nefta muy enchufado. Todo resultó en una buena jornada para ellos.

Muchos cortes de “Spitting Blood”, como era de esperar. “Fallen Angel”, “Pray Without Fear”… los más tempraneros algo deslucidos por la luz diurna y lo raquítico de unos focos en un amarillo estático que confirió cierta sequedad a la puesta en escena. Y dio igual porque Blast Open demostraron el ímpetu de unos colegiales. “Primer bolo sin muletas” exclamaba Nefta tras el micro sin lograr reprimir un gesto de felicidad. No era para menos.

Pool Of Blood” pondría la nota extrema a la velada mientras que “The Roots Of Evil” regresaba del pasado, interpretada en vivo por primera vez por una formación que, como ya sabréis, completan Marco Álvarez en baterías y Ton al bajo. Estreno fue también el de una “Ball Of The World” que la banda desarrolló con altas dosis de intensidad y también de precisión. No faltó tampoco una de las favoritas de quien escribe, “A Light Behind The Darkness” y ese riff infeccioso como el demonio.

Blinded” viraría el rumbo de nuevo hacia su primer álbum de estudio y es cierto que, a estas alturas, alguna de las habituales pausas para afinar instrumentos se alargó más de lo que nos hubiera gustado. Pero como bien está lo que bien acaba, la tremebunda “Immortals” hizo su debut en directo por todo lo alto, con un Nefta poderoso en la voz rota y finísimo en su registro más limpio. Un corte estupendo en disco y portentoso sobre un escenario.

Lo estábamos pasando tan bien que la despedida “Coming For Us” supo a poco. Ahí el público logró arrancarle una bola extra al cuarteto en forma de “Trying To Escape” para, ahora sí, cerrar la velada dibujando rostros de satisfacción entre sus fieles. Imparables.

Es de agradecer el eclecticismo de un evento, para más inri gratuito, como es el Kuivi. Indie, pop, metal, post-rock, todo cabe en los márgenes de un recinto siempre acogedor y familiar. Blast Open lo hicieron suyo el pasado miércoles confirmando que son uno de los secretos mejor guardados del actual ecosistema asturiano. Tal y como reza cierto dicho anglo: “if you know, you know”.

Mandar un cariñoso saludo a la sempiterna recua de habituales que nunca fallan y darle las gracias a Andrés y Azu por el apoyo logístico. Nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: Nacho GS

Crónica: Iron Maiden «The Future Past Tour» (Bilbao 22/7/2023)

Con la fecha grabada a fuego, 22 de julio de 2023, emprendimos camino al BEC de la localidad bilbaína de Barakaldo para acudir a una nueva llamada de las huestes de “Eddie The Head”. Un Eddie que invadió la población vasca en forma de miles de camisetas con todos los múltiples diseños retratados del personaje más icónico dentro del heavy metal, exceptuando, como siempre algún despistado o repunante, que dieron la nota de color y discordante en las calles adyacentes al recinto, que rebosaban festividad local, mezclada por una marea de seguidores de la «doncella de hierro«, preparada para disfrutar de la última cita estatal de la gira «The Future Past Tour«.

Tanta festividad nos hizo perdernos la actuación de The Raven Age, que cuenta en sus filas con el hijo del propio Steve Harris, el cual ya nos tiene acostumbrados a dar una de cal y otra de arena escogiendo teloneros. Ya dentro de un abarrotado BEC, sufriendo un calor infernal, impropio de semejante instalación, con puntualidad inglesa, 20:55, comenzó el ya mítico “Doctor, Doctor” de UFO, encendiendo el recinto, seguido del también mítico tema de Vangelis y banda sonora de la película «BladeRunner«, para dar el pistoletazo de salida con la espectacular “Caught Somewhere In Time”. No sé si por la nostalgia del repertorio, las ganas de ver esta gira, pero más de uno y de dos, incluido un servidor, se le llenaban los ojos de lágrimas ante semejante momento. No fue menos emotivo “Stranger In A Stranger Land”, con la primera aparición de Eddie, haciéndonos viajar en el tiempo y disfrutar de dos temas poco habituales en los conciertos de los Maiden aún siendo imprescindibles dentro de su discografía.

Saludos correspondientes de Mr. Dickinson y momento “Senjutsu” con una muy coreada “The Writing On The Wall”, la dinámica “Days Of Future Past” y la no menos coreada “The Time Machine”, donde pudimos disfrutar de una ejecución sobresaliente, destacando el papel protagonista de Adrian Smith, sin desmerecer la labor de Dave Murray y un siempre exultante Janick Gers. Llega el momento de una de las sorpresas del setlist de esta gira, “The Prisoner”, la cual disfrutamos, pero todavía no acabo de comprender su inclusión y más, dejando fuera un temazo como “Deja Vu”. Cosas del señor Harris.

Breve discurso de Bruce y presentación del nuevo tema, “Death Of The Celts” con un fantástico paisaje de fondo en la pantalla trasera gigante y no menos fantásticas las partes instrumentales, que sirvieron a su vez de reposo para un Dickinson pletórico, el cual, volvería a encender a las masas con “Can I Play With Madness”, donde todos nos dejamos la garganta, al igual con “Heaven Can Wait”. Sonó atronador tanto en el estribillo como con ese “oh,oh,ooooh…” que no pudo ser más épico con el intenso duelo de disparos entre Eddie y Bruce, dejando uno de los momentos más memorables de la noche.

Y si, llegó el momento, 37 años sin ser tocada en directo, pero la espera mereció la pena, “Alexander The Great”. Descomunal, sublime, perfecta, todos los adjetivos que se quieran poner al que es uno de los mejores temas de la historia de Iron Maiden. Sin descanso ni tiempo de saborear lo vivido, “Fear Of The Dark” nos volvía a exprimir las gargantas con otro de esos temas que son imprescindibles. Esta canción es carne de directo, pese a quien le pese, a pesar de tener detractores (tiene que haber de todo), es innegable el tirón que tiene en directo, una apuesta a caballo ganador en toda regla, así quedo reflejado en un BEC totalmente entregado. Se acerca el fin de la noche, y otro indispensable, la homónima, único tema de la época Di’Anno al que se añadió un Eddie samurai batallando con un bromista Janick Gers. Breve descanso y vuelta al escenario para encarrilar el final del show con “Hell On Earth” cuya intro ha sido muy criticada por su duración, pero que sus melodías hacen que sea uno de los mejores cortes del “Senjutsu” y otra de las triunfadoras de la noche.

Traca final con “The Trooper” donde ya lo dimos todo junto a un Bruce desatado desde la pasarela y como colofón, viaje en el tiempo con el «delorean» con un celebradísimo “Wasted Years” que ponía un apoteósico final cerrando el círculo “Somewhere In Time”. Casi dos horas de actuación, donde cada uno individualmente se le quedan grabados distintos momentos, melodías de guitarra, la voz de Bruce, la entrega de Harris, el carisma de Nicko McBrain quedando el último, regalando sus baquetas y muñequeras. Muchos son los momentos que nos regala la legendaria banda inglesa encima del escenario, entremezclando presente y pasado, cuidando el mínimo detalle visual, por algo su sombra es tan alargada y nos hace abandonar el infernal recinto del BEC con la satisfacción de ver un grupo, que pese a su edad, sigue dejando bien alto el pabellón del heavy metal. Por muchos años más, UP THE IRONS!!!

Ya estamos esperando la siguiente…

Texto: José Miguel «LAGO«
Fotos: Lago / Iron Maiden

Crónica: Drunken Buddha (Kuivi PopUp 22/7/2023)

No parecía mal plan el de pasar la jornada de reflexión acudiendo al Kuivi PopUp para disfrutar una vez más de los chicos de Drunken Buddha. Y de camino hemos de decir que no las teníamos todas con nosotros. La venida de Iron Maiden a tierras vascas provocó un éxodo de un público que nos hizo temer lo peor en cuanto a la audiencia que la banda asturiana podría convocar en una cita como esta. Y lo cierto es que nada más lejos. Un recinto bastante concurrido para lo esperado y una banda que respondió como acostumbra.

Que es decir, hard rock y diversión a partes iguales. Tras la habitual intro “March To Dementia”, la banda arrancaba pasadas quince de las nueve con “Sea Of Madness”, con todos los cilindros en funcionamiento y disfrutando ya desde el inicio con un sonido tan nítido como potente. Porque una noche más gran labor de Isaac Prieto a los controles.

Ni a la banda ni al público congregado frente a ella le importó lo desapacible de la jornada ni esas nubes que anunciaban una lluvia que finalmente no haría acto de presencia. Peor para ella. “Devil’s Breath”, con un Michael Arthur Long pletórico y decidido a dejarse la piel y parte del vestuario. “Purple Skin” rebajaría el tremendo ímpetu con el que había comenzado la noche. “Mejor que los Maiden” exclamaba alguien desde detrás nuestro.

Sea como fuere, “Can’t Hold Your Gaze” confirma que estamos ante una de las grandes bandas de rock de este país. Y si no es así, desmiéntemelo que decía el pánfilo aquél. No cansan nunca esos duelos entre Diego (guitarra) y Mario (teclas) por más que los hayamos visto ya unas cuantas veces en la gira del estupendo “II”. Un segundo álbum que pronto tendrá sucesor y del que nos dejarían pequeñas pinceladas a lo largo de la noche, capturadas ya para la posteridad por nuestras herramientas habituales.

Y es que pese a encontrarse en plena creación de lo que será su tercer trabajo, o quizá precisamente por ello, “Hang ‘Em High” suena más frenética y potente que nunca. Que ya es decir. Siento ya que me repito con esto pero tremenda base rítmica la que forman Fran al bajo y Kai en los parches. Claro que tras la adrenalina, la calma que produce su acostumbrada versión del “Mr. Big” de Free. Ya con la noche cayendo sobre nosotros y encarando una parte final del show que se prometía tan épica como siempre.

Por la banda pero también porque vimos a un público muy entregado, ya fueran habituales de la causa o meros curiosos, Drunken Buddha salieron qué duda cabe victoriosos en la noche del sábado. En especial con una “Monster” que destapa y de qué manera el rock más crudo que llevan dentro, y da con los huesos de Arthur Long sobre los barriles del Kuivi PopUp. Apenas una introducción de lo que vendría después.

Dance Of The Serpent Queen” se ha convertido ya en toda una habitual en sus shows, al igual que esa rendición del “Walking In The Shadow Of The Blues” de Whitesnake. Show clásico de Drunken Buddha, rejuvenecido en este tramo final con un tema de su próximo álbum con pequeño solo de Fran al bajo. En rima con lo que habíamos visto la jornada del viernes con las huestes de Dr. Nekro, de los temas nuevos se deduce que la banda mira al frente sin temor a probar cosas nuevas. Síntoma inequívoco del momento dulce que atraviesan.

Michael Arthur Long se daría su habitual baño en champán durante una “Medicine Man” en la que recordaría la figura del Babylon Chat Igor Paskual. “Lady Stardust” y “Highway Star”, con pequeña participación de Jorge Moldavo y Diego dándose un baño de masas durante el solo, si de esta no le convencemos de pasarse al inalámbrico jamás lo haremos, pusieron la rúbrica a una de las mejores noches que les hemos visto. Y a día de hoy ya son unas cuantas.

Podrán empatar pero nunca pierden, por más tópica que sea la frase. Desde la clase que derrocha Mario tras las teclas hasta la pegada de su base rítmica y pasando por el carisma de Diego y Arthur Long, asistir a un concierto de Drunken Buddha es ahora mismo una de las experiencias más divertidas por las que uno puede pasar sin estar desnudo. Esperando ya repetir en el próximo Rock Nalón.

Mandar un abrazo grande a la familia Moldava, Álvaro Cocina (perdón por el empanamiento), Fernando Casas, Txeffy y Melissa, Isaac Prieto y a los propios Drunken Buddha. Nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: Caballo Moldavo + Green Desert Water + The Magus (Oviedo 22/4/2023)

Llevaba uno sin pisar por La Salvaje desde 2016, que ya está bien, por lo que el Spring Rockers ’23 que vino a reunir a las bandas Caballo Moldavo, Green Desert Water y The Magus, estos presentando su próximo álbum, resultó la mejor de las excusas para regresar a la recogida sala ovetense.

La tarde acompañaba y Caballo Moldavo lo sabían. Con mucho una de las bandas asturianas más activas del momento, encararon la cita del sábado con la fiabilidad que da el extenso rodaje que llevan en los dos años y pico desde que “Réprobos” pasara por estas páginas. Fue precisamente el corte homónimo el utilizado para volver a abrir un show que dejaría alguna sorpresa que otra en forma de tema nuevo y que trascurriría por los cauces habituales.

El Blues del Innombrable”, “El Pantano” o “Misa Negra” convertirían La Salvaje en una auténtica “sauna moldava” al tiempo que el público presente, con incluso un par de ilustres de nuestra escena frente al escenario, brindó la mejor de las acogidas a un cuarteto que encara ya la grabación de nuevo material. Aquí somos todo orejas.

Green Desert Water, que ya coincidieran con Caballo Moldavo como teloneros de The Soulbreaker Company, acudieron también a la cita con un nuevo álbum en el punto de mira. Y mientras tanto, nos dejaron su buen hacer habitual. Desde el poderoso arranque con la estupenda “Black Harvest”, el trío se metió a su gente en el bolsillo. Ayudó el gran sonido del que disfrutaron, La Salvaje no quiere ser menos que otras salas de la capital en este aspecto, y buen hacer mediante todo fue sobre ruedas.

Con el drumtech más joven de la región, no otro que el propio vástago del batería Dani Bárcena, con quien Sanchís bromeó acerca de la posibilidad de reemplazar a su progenitor, “que está ya muy cascao”, cuando cumpla la mayoría de edad. Al final y entre unas cosas y otras, nada podía fallar y así fue. Porque “Chaman” deja a las claras que están en plena forma y tienen clase por arrobas. De igual forma cabe añadir que su set sería algo más contenido que en anteriores ocasiones, lo que devino en reducir la duración de uno de sus nuevos temas, “Kabul”, que de este modo haría las veces de introducción para una de las favoritas de quien escribe, una “Too Many Wizards” muy bien recibida por parte de la audiencia. “The Whale” y la gran “Shelter of Guru” pondrían el punto final a otra gran jornada para ellos. Siguen en línea ascendente y parece haber Green Desert Water para rato, algo de lo que nos alegramos.

Pero esta era más que otra cosa la fiesta de The Magus. Presentando un próximo álbum, “Shinin‘” que a tenor de lo escuchado la pasada noche no podría tener mejor pinta. Faltaban quince para las once cuando el quinteto arribaba al escenario de La Salvaje. Y ya prácticamente desde los primeros acordes pudieron disfrutar de una sala muy por su causa. Una causa que no es otra que el rock and roll en casi todas sus forma: un poco de hard rock aquí, algo de sleazy allá, y una voz, la de Ouleia, que junto a la de Osana K. (State of Crime and Science) puede ser uno de los grandes hallazgos vocales de nuestra escena.

Integrada por buenos músicos como está, no quedaba otra que rendirse a los encantos de una banda en disposición de darnos grandes noches. La del sábado lo fue y el público supo responder en consecuencia. Con una Salvaje casi rebosante, muestra de la expectación que ya han creado.

Temas parecen tener de todos los colores. Por ahí les funcionó y de qué forma “Dead Eyes”. Contundentes y con clase, pero también irreverentes. Para muestra un botón en forma de “Rock’s for Pussies”. Toda una paleta de colores y sin embargo un cancionero que no parece distraer nunca el foco, sonando siempre sólida y compacta. Algo que demostraron durante “Weirdo”, desde ya una de mis favoritas de su repertorio. (¿se sigue diciendo repertorio? ¿se está perdiendo?)

Una banda que tuvo tiempo incluso para revisitar a los ineludibles Led Zeppelin. De hecho, que la elegida fuese precisamente “Babe I’m Gonna Leave You” y no ninguna de las mucho más obvias (“Ramble On”, “Immigrant Song”. “Whole Lotta Love”…), pienso les define. Desde ya una de las mejores reinterpretaciones que he visto de la banda de Page, Plant, Bonzo y Jones. El final, sin embargo, correspondería al corte que habrá de dar título a un futuro álbum grabado en los estudios OVNI y al que, ahora mismo, no podríamos tener más ganas.

El rock de factura astur sigue fluyendo. Tres bandas en gran estado de forma y que miran al futuro con todo el optimismo posible. Un gusto, pues, haber sido testigo. Tan solo agradecer a La Salvaje las facilidades y el trato dispensado. También mandar un saludo a los habituales de siempre. Nos vemos en el siguiente.

Texto y Foto: David Naves

Crónica: The Poor «Spain Tour 2023» (Avilés 25/2/2023)

Quedaban pocos escenarios por desbloquear en el Principado y el de la Sala Club del Centro Cultural Internacional Óscar Niemeyer en Avilés era uno de ellos. Así que allá nos fuimos para dar buena cuenta de la venida a tierras asturianas de los rockeros de nuestras antípodas, The Poor. Marco incomparable, que diría un clásico, que alberga en sus entrañas una de las salas mejor acondicionadas de la región y a la que el veterano cuarteto supo dar buen uso.

Cuarteto por cierto que componen a día de hoy Matt Whitby al bajo, Gavin Hansen en baterías, Daniel Cox en guitarra solista y Anthony Skene en segunda guitarra y voces. La banda salió a eso de las 21:06 a no dejarse nada en el tintero. Echando mano de clásicos para arrancar, “Tell Someone Who Cares”, con un Skene demostrando una vitalidad que ya quisieran muchos frontmans con la mitad de años en su DNI. El sonido fue muy claro desde un primer momento. Y aunque bien es cierto que la voz se oía con dificultad en las primeras filas, donde nos encontrábamos de ninguna manera deslució el buen hacer de los australianos.

Una algo más reciente “Trouble” sonó compacta como nunca para luego volver a tirar de nostalgia con “Ride” y hacernos sudar a pesar del frío. Daniel Cox, por ímpetu e incluso su acusado parecido físico, resultó el mejor de los émulos de Angus Young. El guitarra no paró un solo momento. Ni siquiera cuando hubo que repararle con cinta americana la correa que sujetaba su instrumento de trabajo.

Pero fue Skene quien atrajo todas las miradas. Sobre el escenario de la Sala Club se subió a amplis, monitores e incluso a la pequeña barra. Se colgó del techo, se perdió entre el público y ejerció de segundo guitarra a ratos. Incluso tuvo tiempo de (casi) atropellar a quien escribe. Pura adrenalina australiana. Y es cierto que hubo cierta frialdad entre el público. Al punto que el propio vocalista nos lo hizo saber en varias ocasiones.

Sea como fuere, pareció darles igual. “Payback’s A Bitch” o “Love Shot” mediante, The Poor parecían lejos de desfallecer. Porque pocas bandas de hard rock clásico hemos visto derrochar tanta adrenalina como ellos. En una época donde la música, y el metal no es ajeno, es cada día más y más artificial, resulta del todo refrescante reencontrarse con las mismísimas raíces. Más aún cuando vuelven a su emblemático “Who Cares” para la parte final del show y cosechan las mayores ovaciones de la noche. Despedida y bis con la inevitable “Only The Night” para una de las mejores actuaciones que uno ha visto desde que cubre eventos para H.M.B.. Al menos en lo que a hard rock se refiere.

Se hace raro presenciar a una única banda pero no caben pegas cuando ésta se deja la piel hasta las últimas consecuencias. Si además la sala registra una buena entrada, se hablaba de más de cien tickets vendidos, pues ni tan mal. Esperando repetir visita al espectacular recinto avilesino en un futuro y también sensaciones como la del sábado. Que falta nos hacen. Mandar un saludo a Sergio Blanco, Eva y Marco, Héctor Lynott (Caballo Moldavo), Luismi Rose (Leather Boys, Nicotine Bubblegum), Ángel, Angie, Carlos, Gonzalo y un agradecimiento a Tony Ramone por las facilidades. Así da gusto. Nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz