Crónica: Mägo De Oz (Exconxuraos Llanera 4/7/2025)

Y nos echamos a la carretera una jornada más. Mägo De Oz hacían acto de presencia en los Exconxuraos de Llanera, a la vuelta de la esquina como quien dice, y qué mejor antídoto contra la rutina. Lo cierto es que el público asturiano tenía aún reciente a la banda de Txus Di Fellatio (crónica), lo que ni mucho menos fue obstáculo para que reunieran a un gran número de fieles frente al escenario.

Lo primero que llama la atención (o no, según se mire) es precisamente lo ecléctico del público que, a eso de las doce y media, aguarda a la numerosa formación madrileña. El tipo de banda que son pero muy especialmente que fuese una cita que no requería pasar por caja, influye sobremanera. El caso es que sí, la banda fue puntual y es de agradecer. El electrónico de fondo hace las presentaciones. Vídeo introductorio a una “Alicia En El Metalverso” donde ya la banda suena de lo más redonda. En especial un Rafa Blas muy activo en lo gestual, bastante entero en lo vocal. El ex Nocturnia fue recibido con gran calor por los suyos. Xana Lavey (Celtian) haría las veces de Diva Satanica aquí, aportando su registro más grave a un buen arranque de show…

… que de pronto vira hacia uno de sus grandes clásicos, no otro que “Molinos De Viento”, fácilmente la más coreada de esta parte aún incipiente del set. El escenario se teñiría luego de rojo para recibir a la “Luna De Sangre”. Pero si hubo un corte que me agrado aquí fue “Diabulus In Música”, de aquella secuela del “Gaia” que la banda editara dos décadas atrás. El modo en que Rafa Blas la llevó a su propio terreno, el gran solo de un inspirado Salán o las voces, limpias ahora, que aportó Lavey. Mägo De Oz en su mejor versión. Blas nos habló entonces de la importancia de cuidar nuestro planeta. Era el turno de “La Venganza De Gaia”, uno de los cortes más extensos de la noche, y en el que la banda da lo mejor de sí en lo que a interpretación se refiere. El frontman de origen albaceteño pareció en su salsa aquí. Tanto a la hora de afrontar su línea de voz como en sus intentos de implicar a la gente. Y si bien las comparaciones con sus predecesores, en una y otra dirección, siempre serán algo odiosas, de justos es reconocer que parece haber caído de pie en el seno de la banda.

“Te traeré el horizonte”, que llegó precedida de una pequeña (e improvisada) felicitación cumpleañera, trajo al frente a los Mägo más radiofriendly. El público, en especial el más joven, disfrutó de lo lindo aquí. Para mí representó un cierto bajón. Ya sabéis aquello de que nunca llueve a gusto de todos. Ellos abrazan entonces el formato acústico para la más íntima “Por Si Un Día Te Pierdes”, escritura de Txus para su hija pequeña, y que vino a poner la nota más sentimental al set. Brilló Salán a la guitarra aquí. Nadie va a descubrir sus capacidades a estas alturas. Solo faltaba.

Vuelta entonces al formato eléctrico y a “Gaia II: La Voz Dormida” para recuperar “La Posada De Los Muertos” y, a la vez, reconducir al set hacia lo que uno espera de una banda como esta. Otro de sus temas más gancheros y que Llanera bailó y gritó hasta desgañitarse. Todo parecía ya a favor de obra. Pero la banda vuelve a tomarse un pequeño descanso aquí. El ex Zenobia Víctor De Andrés dejaría entonces un pequeño speech, un tanto tribunero si me preguntan, y que pienso aún hoy se alargó más de la cuenta. Pero me gustó que recuperaran “Hasta Que El Cuerpo Aguante”, probablemente una de las composiciones que mejor resume la particular idiosincrasia de la banda, si bien eché en falta que Lavey interpretara los versos que Pacho Brea dibujara en el original de 2000.

Llegó entonces el turno de que el ex Avalanch Jorge Salán demostrase sus muchas habilidades con la guitarra. Momento de pasmo y gozo para algunos, un cierto bajón para otros. Tras la demostración llegó el turno de las presentaciones, que como quiera que esta banda no es precisamente pequeña, llevaron un buen rato. Además Rafa optó por llevar a cabo un pequeño juego con la gente al final. Así pues, entre unas cosas y otras, el show se ralentizó de lo lindo en este tramo final. Quedaban dos, muy obligadas de hecho en el contexto de esta banda. La primera, “La Costa Del Silencio”, provocó que el público se dejase las gargantas hasta sus últimas consecuencias. Curiosamente, el turno de la llamada foto finish llegó aquí. Mohamed había felicitado antes a su técnico de monitores por su cumpleaños.

Pero quedaba el final, que como no hay dos sin tres, no podía ser otro que “Fiesta Pagana”, la canción que les catapultara al mainstream y a la que la banda estará atada hasta el final de sus días. Explosión de confeti y Víctor De Andrés haciéndose cargo del clásico solo de guitarra, coreado por la gente, para un final conforme manda el libro de estilo del género.

La gente que tenía alrededor se lo pasó en grande. En lo personal he de reconocer que disfruté más la primera mitad del set que la segunda. En líneas generales y aunque es un directo y siempre habrá ciertos desajustes, nos gustó cómo sonaron. Lejos quedan aquellos tiempos en que ver a esta banda en vivo era casi como jugar a la lotería. Si hasta fueron puntuales ¡quién te ha visto y quien te ve! Queridos y odiados a partes iguales, se fueron de los Exconxuraos con la satisfacción del deber cumplido. Volverán y llenarán. Siempre lo hacen.

Por nuestra parte nada más. Mandar un saludo a la buena compañía de la que disfrutamos tanto antes como durante y después del concierto y ya saben: nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: Leather Boys (Gijón 31/5/2025)

Cita en la Albéniz con los Leather Boys, que vinieron a revolver la sala y darle vuelta como un calcetín con su “attitude”. Con motivo del 25º Aniversario del Xixón Rock Bar Las Cortes y coincidiendo con el 20º Aniversario de la banda, que finaliza aquí su mini tour asturiano “Escape From The Studio”. Las siempre inevitables coincidencias unieron en la jornada el paso de The Baboom Show por Oviedo y la noche de infarto para los avilesinos con el histórico ascenso del Real Avilés a Primera RFEF. Mi sincera enhorabuena.

La Albéniz es una sala cuyo angosto recibidor deja paso a una amplia estancia circular de varios niveles, diáfana y bien estructurada, con una semicircular barra a la entrada confrontada a un nivel inferior con la pista y escenario al fondo; un segundo piso lateral en forma de balcón corrido, suma espacio sin restar transparencia al conjunto. El escenario, visible desde cualquier punto de la sala, espera paciente el inicio del evento con todo el equipo preparado y unas ¿enigmáticas? letras colgadas de los micrófonos: B D S M.

La banda presentaba su habitual formación, a excepción del accidentado Leather Latin Lover, en su lugar, armado con el bajo: Iván Moncada (Ojo De Loca) aka Mr. Leather Thunder Cock, arrancando fuego de un elegante y salvaje Ibanez negro de cinco cuerdas. Sacando con nota el siempre difícil papel de las sustituciones de “last minute”.

Plan de ruta jugoso: La fiesta se iniciaría con la presentación del vídeoclip «Haircut & Attitude«, realizado por Titi Muñoz y grabado durante el concierto que la banda ofreció en mayo en el ovetense Gong Galaxy Club, actuación de los “fuckin” Leathers y cerrar la folixa con sesiones rock de varios Dj’s: Adolfo, Sputnik, Ivanejo, Astursito…

Humberto Llaneza daría paso al visionado del videoclip ejerciendo de maestro de ceremonias cuando el reloj se acerca a las 22 horas. La velada sirvió de estreno en vivo para cuatro de los temas de formarán su próxima obra de estudio, que verá la luz en octubre a través de The Fish Factory. Actualmente ultiman la grabación en los Tutu Estudios de Los Campos (Corvera).

A tenor del ya de por sí siempre festivo y libertario eclecticismo del combo, también en lo que a indumentaria se refiere; la nota más glam la aporta el frontman, combinación imposible que Rose sabe lucir: chupa de cuero blanca, camiseta sin mangas del combo sueco H.E.A.T., y los habituales pañuelo en la frente y gafas de sol, resaltando del outfit el absoluto protagonista, un sobrio y totalmente glam pantalón de lentejuelas gris-marengo, cuyos brillos atrapaban la mirada como hipnótico balanceo de relojito de cadena ante los ojos.

Pero volvamos a las enigmáticas letras «B D S M» (Bondage, Disciplina, Dominación, Sumisión, Sadismo y Masoquismo)…pues con ese grito de guerra iniciático y, a modo de declaración de principios, arranca toda la agrupación al unísono el tema inaugural «B D S M«, animando a corear a una asistencia más que entregada a gritar las celebradas letras, siguiendo al maestro de ceremonias Rose, cual salmodia oculista. Inicio más que activador de una noche que prometía.

«Don’t Cheat On Me», con el inicio del bajo y su presencia continua, generalmente oculta, aquí más manifiesta; “lo que nos hace movernos sin saberlo”. Personalmente, me gusta sentir su ronco bramido retumbando en mi pecho, ondas de baja frecuencia cuyos armónicos penetran capaces de despegar la carne del hueso.

«Fairy Tales From The Underground…» que igualmente arranca con las profundas vibraciones del bajo, es el título también de la biografía de la banda (reseña), por Fernando “Tanxencias” Sampedro, en su segunda edición ya, (que una servidora tiene en sus manos), con el añadido de un capítulo extra alusivo a la historia más reciente de la banda.

Pausa para preguntar si lo estamos pasando bien, pegar un par de tragos y presentar otro tema nuevo: «Midlife Crisis«, dedicado jocosamente por Sex a la cadera del vocalista. Otra novedad «Haircut & Attitude«, tema del videoclip presentación, que trata sobre cómo mantener la actitud intacta tras 20 años de trayectoria y que dedicaran a Secta señalando entre el público a Michael Arthur Long, frontman de los mentados y Drunken Buddha, «va por ti tío, porque siempre estás en todos los putos bolos, cagüendios gente como tú es la que hace falta aquí en la puta escena».

«Fly Free» despliega un arranque melódico para la más melancólica y emotiva del set, en su matiz más íntimo, dedicada por Leather Sex a su padre. Con «Saint Mary’s Dance» pone a la sala a bailar acompañada de las celebradas aportaciones de Sex. Dilatados speech donde aprovecha para compartir ocurrencias variopintas, no dejar cabeza con títere, pedir un aplausos por doquier, reírse de sí mismo y saludar a amigos del faranduleo de entre el público.

Diecisiete temas que pasaron como un suspiro dejando ganas de más cuero; afortunadamente seguiría la fiesta con la pinchada que venía a continuación. Tras las recogidas y pertinentes despedidas hasta la siguiente, Resta agradecer a la organización por su buen hacer, a Nefta Vázquez por el gran sonido de la velada, a Javi Fernández “Tail” encargado de la iluminación, al personal de la sala por facilitarnos la labor, a la banda por hacernos disfrutar con ellos y la grata compañía de los amigos allí reunidos. Un placer, como siempre.

Texto: Susana Alberich
Fotos: Miguel Rubio

Crónica: Xixón FeMusic (Gijón 27/6/2025)

El pasado viernes 27 de junio tenía lugar la clausura del primer proyecto Xixón FeMusic, nacido con el siempre necesario objetivo de visibilizar la brecha de género existente en el ámbito de la música. Un semillero de bandas enfocado en la formación de nuevos grupos constituidos en exclusiva por mujeres. La experiencia piloto llegaba a su fin con las actuaciones de las 3 bandas resultantes, Cubo De Kubrick que contaron durante el curso con la tutorización de Sil Fernández (Silvidos y Gemidos, Delagua), Incidencias con la de la teclista Cristina Montull (Pauline En La Playa, Girls To The Front) y Six On con la de Mar Álvarez (Petit Pop, Pauline En La Playa,  Undershakers…).

Abrieron los actos Cubo De Kubrick, con las que habíamos coincidido allá por el mes de abril en las Perversiones del Unirock. En el tiempo que dispusieron, poco más de media hora por formación, dejaron la sensación de tener más poso sobre el escenario que sus compañeras. El sexteto despachó un repertorio para nada cerrado a un solo estilo. De Christina Rosenvinge a Extremoduro, pasando por la versión rockerizada del «Aserejé» que tan buenos réditos les dio en Puerto de Vega o atreverse con el inglés para rendir homenaje a los Blondie de Debbie Harry. Incluso presentaron un par de temas de cosecha propia, uno de ellos compuesto, adaptado al castellano e interpretado por su guitarra Alanis García.

Turno para Six On, sexteto a dos veces, Conchi que no dudó en arrancarse a la armónica en uno de los temas y Andrea. Se manejaron con suficiencia en inglés y en español en la interpretación de himnos atemporales como «Chain Of Fools» de Aretha Franklin o «Loca » de la Luz Casal más rockera. Arrastraron algún problema técnico con la guitarra que felizmente no deslució su paso por el escenario. Presentaron también material propio, creo recordar que bajo el título de «Superstar«. Canción ambientada en el verano mallorquín que dio pie a presentaciones, agradecimientos y resaltar la camaradería entre las protagonistas del proyecto.

El tripartito se completaba con Incidencias, al igual que sus antecesoras, sexteto a dos voces. En el apartado lírico apuestan principalmente por el inglés, muy disfrutable su revisión del «Tainted Love» de Soft Cell y como la cabra tira la monte para un servidor la del «Cherry Bomb» de The Runaways. Formación de amplio espectro generacional en la que Rosa al bajo ejerció de nexo, pendiente en todo momento de la buena marcha de la actuación. Arrancaron un buen número de aplausos al recordar la gran cantidad de gente que lo está pasado mal en la actualidad.

El colofón de la velada estaba reservado para las tutoras. Bajo el nombre de Las Tichers, Sil Fernández al bajo, la teclista Cristina MontullMar Álvarez a la guitarra contaron con la inestimable ayuda de Eva D. Toca a la batería para interpretar un repertorio exclusivamente femenino. Temas de Carole King, Suzanne Vega, la malograda Sinead O’Connor, Adele o la siempre reivindicable Tracy Champman en los que las «tichers» se turnaban a la voz solista. Más clase que una universidad. Impagable colofón de fiesta el que nos ofrecieron a través de un «Walk Like An Egyptian» de The Bangles que puso a bailar a la audiencia. Si las sonrisas son moneda de pago, tod@s nos fuimos millonarios del  CMI Pumarín Gijón Sur.

Para el último trimestre del año está prevista la convocatoria de la segunda edición del semillero, una continuación del proyecto al que deseamos el mayor de los éxitos. El camino ahora continúa para las pioneras, que nos volvamos a cruzar pronto.

Texto y Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: Soziedad Alkoholika + Blast Open + Me Fritos And The Gimme Cheetos (Mieres 20/6/2025)

El sueño de una noche de verano que por poco no acaba en pesadilla. Buen chaparrón el que empapó a Mieres la tarde del pasado viernes. El equipo de Heavy Metal Brigade se encontraba allí y suerte que encontramos resguardo. También que aquello no fuera más que una pasajera tormenta de verano. Un entorno tan indicado como el pozo Barredo acogía las descargas de Me Fritos And the Gimme Cheetos, Blast Open y Soziedad Alkoholika y tocaba enfrentar a los elementos.

Pero como digo y, por suerte, la lluvia (o mejor dicho, la falta de ella) permitió que el evento se desarrollara con total normalidad. Los siempre divertidos Me Fritos And The Gimme Cheetos, qué raro se me hace ver a esta gente a plena luz del día, serían los encargados de romper el hielo. Su alegre punk de versiones imposibles cayó de pie en la localidad minera. Mucha gente joven que bailó y se divirtió con un ramillete de fugaces covers a puro skate punk.

Y es que desde que disparan el “Ecuador” de Sash! y se arrancan luego con el “Yo Quiero Bailar” de Sonia y Selena, todo apunta al baile y el goce. Si además el sonido acompaña, qué mejor para ir entrando en calor. Los más estrictos, que los habrá, achacarán la falta absoluta de seriedad. Sea como fuere, ya digo que la gente lo pasó en grande ya desde los primeros compases. La ristra de temas es casi inabordable. “Johnny Techno Ska” de Paco Pil, “Se Me Enamora El Alma” de Isabel Pantoja, “Tenía Tanto Que Darte” de Nena Daconte, nadie escapa a la lupa escrutadora de los Cheetos.

Tiby, voz del cuarteto, no perdería ocasión de bajar a reunirse con los suyos. Ofreció su inalámbrico a la audiencia y siguió con el torrente de revisiones: “¡Chas! Y Aparezco A Tu Lado” de Álex & Christina, “Un Beso y Una Flor” de Nino Bravo o “Duro De Pelar”, de Rebeca. Tras esta tuvo tiempo de mandar los debidos agradecimientos y encauzar un tramo final que les confirmó como el combo alegre y dicharachero que son. Un apacible y divertido arranque de fiesta después de habernos temido lo peor.

Blast Open, a nadie se le escapa, son un animal bien diferente. Paladines del thrash metal más lacerante, tendrían en Mieres una buena reválida a la gira que les llevó a compartir tablas con las leyendas Vio-lence por media España. Los rescoldos de aquél tour les trajeron a la cuenca del Caudal para alegría de un buen puñado de fans.

El pozo Barredo recibía al cuarteto con formación inalterada desde nuestro anterior encuentro con ellos: Andrés Álvarez en guitarras, Nefta Vázquez en guitarra y voz, Marco Álvarez en baterías y Ton Jerez al bajo. Y desde que cercenan “Riding On A Dead Horse” queda claro que la banda se encuentra en un buen momento. Puede que el sonido no fuera del todo redondo. Iba y venía como sujeto a merced del viento. “Fallen Angel” extrae después a los B.O. más marciales. Y aunque el sonido se aclaró en parte, me quedó la sensación de que nunca llegó a ser redondo del todo (si bien cambiaba según cual fuera tu ubicación frente al escenario). Y da igual porque los rayos y truenos que nos asolaron a media tarde fueron un juego de niños al lado de la furia que entregan en “Invisible Lines”, corte que integrará su próximo álbum de estudio.

Vuela Marco tras los parches en “Pool Of Blood”, que se cuenta entre los cortes más violentos de aquél álbum de 2022. Nefta recordaría aquí la mencionada gira junto a Vio-lence, al tiempo que bromearía sobre el alivio que supone regresar a Asturias y poder volver a usar el “ye”. Las bromas de la también voz de Sound Of Silence, no obstante, no restan un ápice de gravedad a la descarga. Otro corte de nueva creación, “Resurrected” pienso gana en su traslación al vivo, mientras que “Cross Hate”, con los Blast Open más reivindicativos y violentos de la tarde / noche mierense.

Hay un buen solo de Andrés en “Pray Without Fear”. Ton Jerez, siempre discreto, se amoldó a las distintas intensidades manejadas por la banda. Y junto con Marco Álvarez dio lo mejor de sí para una “A Light Behind The Darkness” en la que se desataría un circle pit frente al escenario. Un riff que es puro fuego solidario a un breakdown directo a nuestros cuellos. “Venga, a matarse de hostias” nos arengó Nefta antes de la final “Trying To Escape”. Y eso hizo un importante número de asistentes. En lo personal habría preferido un cierre con “Immortals”, pero ante el vicio de pedir, ya se sabe. Fue bueno volver a verles y esperando su nuevo trabajo como agua de mayo.

La expectación era máxima para la venida de una leyenda como Soziedad Alkoholika. El tiempo que llevaban sin pisar esta tierra y el ajustado precio de las entradas (18 €) hacían presagiar lo mejor. La organización encantada con una convocatoria que corroboró ampliamente las expectativas. Al final, y por aquello del tirón de última hora, el recinto junto al pozo Barredo presentó un aspecto digno de noche para el recuerdo.

La banda correspondió a ese calor entregando un set a degüello. Su fama les precede. Atrás, en comando de la batería y tras la polémica salida de Alfred Berengena, encontrábamos a Mikel Gómez (Childrain, Lampr3a), quien demostró ir más que sobrado de facultades para el puesto. Con eso y con todo, lo primero que llama nuestra atención es la propia puesta en escena. Las paredes de amplis, luces que cegaban, fuego que quemaba. El propio kit de Gómez. Todo confluye en el “Ace Of Spades” de Motörhead disparado por PA y que ya puso a más de uno a gritar y agitar melena.

La inicial “Alienado” nos retrotrajo al “Sistema Antisocial” de 2017 para un curioso arranque. Después de todo, este era el tour de su último álbum “Confrontación”. De él extraen “Falsos Dioses” y Juan (voz), más de tres décadas en esto, parece como si aún tuviera veinte años. “Control De Masas”, que acentuó su cara más groove, destapó a un gran Mikel Gómez a las baquetas. Daba mucho juego el electrónico del fondo. Pero no tanto como encontrarse ya en esta ronda inicial del set un clásico como “Polvo En Los Ojos” y ese aire a los Sepultura post “Chaos A.D.”. El primero de los muchos pogos que desataron los vascos se dejó ver aquí. En las cercanías de la mesa de sonido, Soziedad Alkoholika sonaban como la banda grande que son. Pocas o ninguna pega que poner a este respecto.

La banda atacó “Infiltrado”, sobre cómo llevamos un espía en nuestros bolsillo, y que me pilló cogiendo apuntes en el móvil de cara a esta crónica. La vida y sus ironías. Pero anécdotas al margen, mucha la cera que reparten en cortes más vivarachos como este. Y buenos los solos que, aquí y allá, dispone Jimmy, guitarra de toda la vida de la banda. El que deja en “Política Del Miedo” puede ser fácilmente mi favorito de todos. Luego hay cortes como “Colapso Final” que en su versión de estudio no me dicen gran cosa, pero en su traslación al directo adquiere un peso y una presencia difícilmente rebatibles. Volaba Mikel Gómez aquí y Mieres con él. La paz era una paloma. Y, al lado… el público se dejó la voz en “Palomas y Buitres”. No era para menos. Y es que, mal que nos pese, hay letras que nunca perderán ni una pizca de relevancia.

La Aventura Del Saber” nos retrotrajo treinta años en el tiempo y, de paso, dejó cierta sensación de que, de aquí, ha mamado todo Dios. El juego con la gente, esa vena más abiertamente punk. S.A. disfrutando y haciendo disfrutar. A gran nivel. Y mientras que “Enemigo A Las Puertas” retorna al thrash más flamígero, Juan echa mano de una armónica (que acabaría regalando al público) para entonar el célebre “Alcohol, Alcohol, Alcohol…” Soziedad Alkoholika enfrentan (y no es un decir) entonces “Ciencia Asesina”, con mucho uno de los cortes más violentos y despiadados del set. Inmersos ya en el tramo final, cabrían pocas sorpresas. “Ratas”, “S.H.A.K.T.A.L.E.” (y tanto que sí), “Piedra Contra Tijera” (de las más celebradas), la más tranquila “Traición” o “Peces Mutantes” y su inequívoco sabor al metal de los noventa o una “No Kiero Participar” con la que quedaría cerrado el set…

… antes de unos bises, muy a favor de obra y en los que comenzó a caer un tímido orbayu sobre el pozo Barredo. “Mientras no granice, vamos bien” exclamó irónico al respecto Juan. “Cuando Nada Vale Nada” exaltó aún más los ánimos de la gente, que gritó y se desgañitó hasta las últimas consecuencias. Feliz visita al foniatra. También al fisio (que diría Alex Bace de Morphium). Sarna con gusto, ya saben. “Pauso Bat” supuso la única concesión al euskera de la jornada, “Motxalo” arremetió una vez más contra la tauromaquia y la final “Nos Vimos En Berlín” ejerció de recordatorio al terrorífico genocidio del pueblo palestino. El corte aparecía ya en su demo de 1990 “Intoxikazión Etílika” y la situación no solo no ha cambiado un ápice si no que parece haberse agravado en los últimos tiempos. Qué mundo este.

Fue una gran noche. No las teníamos todas con nosotros en lo que a climatología respecta pero, al final, todo se dio mejor que bien. S.A. cumplieron con su papel de verdaderas leyendas de esto. Blast Open dieron una lección de cómo enfrentar las circunstancias con thrash metal conciso e hiriente y Me Fritos And The Gimme Cheetos dejaron unas cuantas píldoras de su lúdico y festivo punk rock. Vaya un saludo para todos ellos. También un agradecimiento a la organización por haberlo hecho posible y por las muchas facilidades dispuestas en favor de esta crónica. Y, como siempre, un saludo a las muchas caras conocidas con las que departimos antes, durante y después. Así da gusto sentarse frente a un teclado y redactar crónicas como esta. Por lo demás, ya saben: Stop genocidio y nos vemos en el siguiente sarao.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: State Of Crime & Science (FNAC Asturias 19/6/2025)

Presentaban disco State Of Crime & Science, o S.O.C.S. para quienes prefieran la forma abreviada, y no íbamos a ser nosotros quienes dejáramos pasar tan indicada cita. ¿Lugar? Las instalaciones de FNAC del centro comercial poleso Parque Principado. Allí pues que nos dirigimos, pues qué mejor plan para un jueves tarde que un poco de buena música.

Somos gente de costumbres y la de llegar con tiempo a los sitios siempre nos ahorra quebraderos de cabeza. Para cuando alcanzamos la cafetería de FNAC, nos llama la atención la batería electrónica que domina el escenario. Al fin y al cabo, el espacio es reducido (aunque en peores plazas nos hemos visto) y tampoco era cuestión de atronar a medio centro comercial.

A modo de romper el hielo, Osana K. manda una serie de agradecimientos: el primero, a Diego Teksuo, encargado de producir las canciones que integran el álbum, conjunción de los Ep’s “Through The Mirror” (2023) y “State Of Crime & Science” (2025). Del mismo modo, tampoco se quiso olvidar de los fotógrafos responsables de las fotos del libreto ni de Tunguska Media Factory, discográfica de la banda.

En cuanto al pequeño show que nos regalaron, todo comienza con la siempre sólida “The Hole”. Buen solo de Marc Segond con el pie en el wah aquí. La propia Osana está fantástica en “Vortex”. Y mientras que la banda le insufla un aire más melancólico a “Cursed Gift”, “Last Days” nos devuelve a esos State Of Crime & Science siempre ambivalentes. “Through The Mirror”, que daba nombre a su Ep de 2023, me sigue pareciendo una de sus composiciones más redondas.

El sonido, pese al entorno, fue más que óptimo. Algún que otro curioso se asomó a ver cuál era el origen de tanto decibelio. Todo concluyó con la propia S.O.C.S., que viene a dar nombre al disco y que, ojalá, les brinde buenos réditos en el futuro. De carisma y clase van sobrados.

Disco debidamente presentado y con el equipo de Heavy Metal Brigade presente. También nuestro compañero Jorge López Novales, a quien mandamos un saludo. Otros van con destino a la propia banda, a Dann Margo y Jesús Rebor (Automatic Kafka). Ya saben: nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: Z! Live Rock Fest (Sábado 14/6/2025)

Tercera y definitiva jornada del décimo Z!Live Rock Fest con la participación de Opensight, Ankhara, Dynazty, Rhapsody Of Fire, Gotthard, Lita Ford, Sepultura, Dark Funeral y Nanowar Of Steel. Un último envite con un leve descenso de la temperatura y en este sentido, el más apacible de todo el festival.

Opensight iban a ser los encargados de iniciar los fastos de la jornada sabatina. Se definen como “cinematic metal”, vienen del Reino Unido y representaron una de las ofertas más curiosas del día. Porque de entrada llaman la atención los atuendos que visten. También lo tendido, a veces elegante, de su propuesta. Un rock / metal alternativo a veces tranquilo, que llamó la atención de un buen puñado de zlivers. Algunos incluso venidos desde allende los mares para verles. Curiosos.

Pero qué duda cabe que los gallegos Ankhara parecieron suscitar un mayor interés entre el público. Si además echan mano de un repertorio eminentemente clásico, como fue el caso, todo parece indicar que supieron entender su lugar dentro del cartel. Vimos muy animado a Pacho Brea, incombustible voz del quinteto. También a un Alberto Marín cuya frugalidad gestual contrastó con la mayor quietud de Cecilio. Entre ambos traman buenos riffs y solos ya desde la inicial “3:40” pero bajo un sonido no del todo óptimo en el Copper Stage.

Un sonido que se iría aclarando casi a la vez que la propia garganta de Pacho Brea. Un set por tanto de menos a más, donde no olvidaron clásicos como “Demasiado Tarde” o “Un Paso Más”. Siempre dentro de su habitual heavy metal de corte clásico y recibiendo no poco calor por parte del público. De manera más que notoria, de hecho, cuando llegó el turno de uno de sus cortes insignia, ese “No Mires Atrás” que les ayudó a establecerse como nombre a tener en cuenta a finales del pasado siglo. Pese a pequeños problemas, Alberto Marín rompería una cuerda de su guitarra, buen arreón de nostalgia a plena tarde.

Le llegaba el turno entonces al combo sueco Dynazty. La banda, liderada en voces por el Amaranthe Nils Molin, acudía a Zamora en defensa de su último largo “Game Of Faces” y las expectativas estaban por las nubes. Ellos se adhieren a esa nueva onda de metal pegadizo y facilón que tantos y tan buenos réditos otorga a bandas como Battle Beast o su derivada Beast In Black.

El sonido que consiguieron fue bueno y el estado de forma de Molin aún mejor. La inicial “Game Of Faces”, del mencionado nuevo álbum, ya deja a las claras que estamos ante una banda muy segura de sí misma. También que esta es otra de esas formaciones que no parece dejar nada al azar. Todo cuanto acontece sobre las tablas resulta pensado al milímetro y, por tanto, un tanto mecánico a ratos, lo que no quita para que el público del Z!Live se divirtiera con ellos. Sea como fuere, “Natural Born Killer” parece añadir algo más de enjundia al quinteto.

Amén de un amplio repaso por toda su discografía, hubo espacio para un pequeño solo de batería. También para descargar la no poco pegadiza (pegajosa incluso) “Heartless Madness”. Es cierto que el juego con el público que Molin llevó a cabo al final del set se nos hizo más largo de la cuenta. Pero con eso y con todo Dynazty parecen una banda destinada a dar muchas alegrías. Ver veremos que decía aquél.

Unos que tocaron la gloria ya desde el inicio de su carrera fueron Rhapsody Of Fire, justo antes de que la formación clásica saltara por los aires al punto de que el teclista Alex Staropoli sea ya el único remanente de esa época dorada.

Los italianos irrumpieron por Zamora con el aura de aquellos primeros álbumes merodeando por el Copper Stage. Sensación que se consolida toda vez arremeten con “Unholy Warcry” para gozo de sus más acérrimos. Que los había y en buen número. El set, no obstante, iba a obedecer en mayor medida a cortes más cercanos en el tiempo. Véase un “Rain Of Fury” de aquél “The Eighth Mountain” de 2019. Giacomo Voli, siempre risueño, ejerció como perfecto maestro de ceremonias. La sombra de Fabio Lione es alargada, pero el de Correggio mostró un registro que le viene como anillo al dedo a la formación transalpina.

Servidor, qué sorpresa, les disfrutó más en los momentos más trotones. También cuando el público se animó con ellos en cortes como “I’ll Be Your Hero” o Voli nos puso a saltar en la más veterana “The March Of The Swordmaster”. Es cierto que las voces pregrabadas en “Challenge The Wind” restan cierta organicidad al set. Nunca ha sido esta la banda más natural del panorama europeo de todas formas. Pero cuando atruena todo un Christopher Lee para “The Magic Of The Wizard’s Dream” no queda otra que transigir. Y mientras que en “Chains Of Destiny” demuestran que aún pueden ser una de las mejores bandas de power metal si se lo proponen, quien más quien menos se preparaba para una (no por esperada menos divertida) dupla final compuesta por, cómo no, “Dawn Of Victory” y “Emeral Sword”. Buques insignia de los italianos y también vehículo para el lucimiento de un muy seguro Roberto De Micheli a las seis cuerdas.

El inevitable “gloria, gloria perpetua” que gritamos en la primera, el modo en que Zamora coreó la segunda, incluso el pequeño wall of death que Voli propuso aquí, quedarán para siempre en nuestro subconsciente. Aún cuando me divertí con ellos, sí que es verdad que eché en falta algún corte más de sus primeros álbumes. Nunca llueve a gusto de todos.

Turno entonces para el siempre elegante hard rock de los suizos de Lugano, Gotthard. Otros que venían defendiendo nuevo álbum, un notable “Stereo Crush” con el que, de hecho, da inicio la descarga.

AI & I” es un buen arranque para ellos. Nic Maeder, la sombra de todo un Steve Lee nunca será pequeña, parece cada vez más mimetizado con la banda. Son casi tres lustros los que lleva al comando de la banda y en Zamora mostró un estado de voz realmente envidiable. “Thunder & Lightning”, que puede ser una de las composiciones más redondas del mencionado nuevo álbum, no faltó en el set. Tampoco el recuerdo al fenomenal “LipService” de la mano de “All We Are”. Ni siquiera su habitual versión del “Hush” de Joe South e inmortalizada por Deep Purple. Un arranque de set que puso nuestras expectativas por las nubes.

Y no quiero decir que aburrieran de ahí al final. No fue el caso. Pero sí tuve la impresión de que el set pasó por ciertas lagunas en las que el público del Z!Live pareció reaccionar solo a ratos. Sea como fuere, la clase y el inmenso carisma que derrochan, puede con todo. Nadie va a descubrir al gran Leo Leoni (guitarra) a estas alturas del cuento y mucho menos yo. “Mountain Mama”, café para los muy cafeteros, nos retrotrae treinta años en el tiempo. Pura nostalgia en forma de hard rock.

No desfallecía Maeder en el tramo final mientras el sonido en el Silver Stage era el de las grandes ocasiones. Para cuando llega el ineludible final con “Lift U Up” hemos visto una muy buena versión de Gotthard en cuanto a técnica y feeling. En su línea siempre elegante y distinguida, que no es poco.

De vuelta al Copper Stage, la legendaria Lita Ford no lo iba a tener tan fácil. De entrada porque el sonido al comienzo del set está muy lejos de ser el óptimo. Tal es así que, por un instante, llegué a pensar que habría paradinha y reinicio. No fue el caso y, finalmente, la nacida en Londres tiró para adelante al tiempo que los técnicos se afanaban en reconducir la situación.

Toda vez el sonido alcanza un cierto equilibrio, lo cierto es que vemos a una gran Ford. Sesenta y seis años contemplan a la nacionalizada estadounidense, que mostró en Zamora un rock orgánico y lleno de actitud. Con todo un Bobby Rock en baterías (como se encargó de recordarnos más de una vez), la versión de Elton JohnThe Bitch Is Back” llegó precedida por la pregunta de Lita sobre cuantas “bitches” había en el recinto. Fue uno de los puntos álgidos pero mentiría si dijera que no fue un setlist algo extraño. Alguna balada que fue recibida con una cierta frialdad en Zamora. Los solos, como el que arrancó el propio Rock, y al que siguieron los propios de Patrick Kennison (guitarra) y Marten Andersson (bajo), quizá se alargaron más de lo que me gustaría. Máxime teniendo en cuenta cómo de ajustado es el tema de los horarios en los festivales.

Pero cuando ella reconduce con nada menos que “Cherry Bomb” (The Runaways), los zlivers vibran en consecuencia. Se descubre entonces a la mejor Lita Ford. Diría que también el tramo más sólido del set con esa revisión del “Black Leather” de los Sex Pistols. Lita, con una llamativa guitarra de doble mástil ahora, pidió que alumbráramos con nuestros móviles e introdujo entonces “Close My Eyes Forever”, aquél dueto de 1988 con un tal Ozzy Osbourne, para finalmente echar el cierre con “Kiss Me Deadly”. Aquí y entre ella y Kennison dejaron uno de los duelos solistas más llamativos de todo este Z!Live. Una descarga con ciertos problemas de inicio, a ratos falta de ritmo pero cerrada con una gran dosis de clase.

El cabeza de cartel de la última jornada, los brasileños Sepultura, no padecerían los mismos problemas de vuelta en el Silver Stage. No solo eso sino que aparecerían por Zamora en un estado de forma tal que cuesta creer que este vaya a ser, de verdad, su último baile.

El arranque con “Beneath The Remains”, desde luego, despeja cualquier posible duda. Atrás, el jovencísimo Greyson Nekrutman (que había cumplido los justo 23 el día antes) comandó con mano firme al cuarteto. Delante, Derrick Green emergía pletórico tanto vocal como físicamente. No habíamos alcanzado el segundo tema del setlist (“Inner Self”) y la gente ya coreaba al combo brasileño. Tal es el cariño que esta tierra les profesa y la furia con la que irrumpieron en el Silver Stage. Pero quedaba aún mucha cera que repartir. Ellos procuraron un repaso lo más extenso posible a su discografía y un Andreas Kisser, por el que parecen no pasar los años, cercenó riffs y solos con precisión de veterano pero ímpetu de colegial. Brilla Nekrutman a las baquetas en la clásica “Desperate Cry” mientras todo Z!Live corea tan lacónico estribillo.

Pero como digo este set iba a hacer un exhaustivo repaso por (casi) toda su trayectoria. Da fe de ello esa “Phantom Self” que vino a destapar su cara más groove y pesada. Algo que afianza una “Attitude” que pone a dar palmas al festival. En este punto, “Means To An End”, del interesante “Quadra” de 2020, quizá pase algo inadvertida. Todo lo contrario que “Kairos”, del álbum homónimo, con un más que esforzado Derrick Green. A su lado, siempre discreto, el bajista Paulo Xisto cimentaba su leyenda de tipo tranquilo y afable. A estas alturas del show, casi me atrevería a decir que el suyo fue el mejor sonido de todas cuantas bandas pasaron por Zamora a lo largo de las tres jornadas. “Propaganda”, por desgracia, sigue tan vigente o más que cuando apareciera en el polémico “Chaos A.D.” allá por 1993.

Kisser tomó entonces el micro para, en perfecto castellano, mandar los debidos agradecimientos primero, enfrentar la clásica, añeja y furibunda “Escape To The Void” después. Dar cera, pulir cera. Sin hacer prisioneros y con Nekrutman volando a los parches. Es increíble tal grado de vitalidad pero sobre todo de entrega en una banda que está como digo a fechas de rubricar su epitafio. Como también lo es el gordor que emana del escenario en los cortes más graves y pesados. “Choke”, con un Green que mantenía alto el pistón, puede ser el mejor de los ejemplos. Así las cosas, “Kaiowas” mediante, la banda se tomaría un pequeño respiro. Y se rodearía de varios invitados. En lejanía pudimos distinguir entre otros a Alberto Marín y Redd Reddington de Opensight aporreando baquetas arriba del escenario.

En lo personal y con “Dead Embryonic Cells” iba a llegar otro de mis momentos favoritos del set en particular y del festival en general. Su breakdown se magnificó en la traslación al directo. Ver a centenares de cabezas agitarse al son que marcaba Kisser con su guitarra fue realmente toda una experiencia. A ellos aún les quedaba cera por dar. Incluso cupo el recuerdo a Lemmy Kilmister que procuró su conocida revisión del “Orgasmatron”. El clásico de Motörhead fue la primera piedra de un tramo final realmente avasallador: “Troops Of Doom”, “Territory”, “Refuse / Resist” (con todo el Z!Live brincando) y nada menos que la brutal “Arise”. Que Nekrutman aquí aún tuviera tiempo de un pequeño solo de batería creo habla y bien de cómo de cargadas tenía las pilas a su paso por Zamora. Un solo que precedió a “Ratamahatta” y esta, a su vez, al obligado final con “Roots Bloody Roots”, donde más de uno se desgañitó hasta las últimas consecuencias. Imparables. De largo uno de los shows más sólidos y potentes de todo el fin de semana. Sepultura do Brasil, porra!

Del thrash mestizo de Sepultura al black metal de Dark Funeral, el cartel iba a dar un giro poco menos que dramático. Como dramática es esa puesta en escena entre fondos y telones. Ellos emergen enfundados en sus habituales armaduras y corpse paint, en un horario mucho más propicio que en mi anterior encuentro con ellos (¡hace veinte años!) en el que algún desalmado decidió colocarles a plena tarde y bajo un sol de justicia. Con una quietud muy llamativa, aparecen en escena y pronto desenfundan su libro de estilo “Unchain My Soul”. Y sin que la cosa deviniese en catastrófica, sí que noté una cierta falta de pegada en su sonido.

Sepultura y el Silver Stage nos malacostumbraron durante cien minutos y al Copper le costó aguantar el ritmo. Especialmente sensible fue toda vez la banda redujo hacia ritmos más a medio gas en “My Funeral”. A Heljarmadr, que desde 2014 pone voz a los suecos, se mostró como un frontman activo y sin mayor tacha. Incluso se atrevió a lanzar un “amigos y amigas” a los muchos zlivers que aún aguantaban el tirón. Después de la pequeña interacción llegó “Nosferatu” y, con ella, la versión más nerviosa y furibunda del combo nórdico.

Tras el cansancio acumulado de los tres días, este fue un show no apto para pusilánimes. Una espinita que tenía ganas de sacarme después de tanto tiempo y una banda que confirmó su estatus ya casi legendario pese a los problemas. Que no pasen otras dos décadas hasta la siguiente.

Qué mejor cierre para un festival como este que los siempre afables y dicharacheros Nanowar Of Steel. Otra de esas formaciones que generan tantas filias como fobias pero que despidió el décimo Z!Live como mejor sabe: montando la madre de todas las bacanales (sonoras).

Nosotros nos retiramos. No teníamos cuerpo para más pero sí una buena tirada por carretera hasta nuestro lugar de descanso. Con eso y con todo fueron tres grandes jornadas con el hard rock y el metal como protagonistas. Un montón de nuevos recuerdos en la memoria, nuevas amistades, mejores momentos y todo bajo una climatología que, al fin, supo y quiso respetar al Z!Live.

Y fue grande porque la organización puso de su parte para que así fuera. La puntualidad de los horarios. El buen sonido del que, en líneas generales y salvo pequeñas excepciones, disfrutaron las bandas presentes. El festival crece pero parece hacerlo con los pies en el suelo. Por ahí que no quiera olvidarme de agradecer a Iuri Carlos, contacto entre organización y medios, su infatigable labor durante los tres días. Trato exquisito y cercano. Así da gusto trabajar, si es que a lo que hacemos desde Heavy Metal Brigade se le puede llamar trabajo.

Del mismo modo, sería torpe por mi parte dejarme a Lago (Piratas De Liberalia). La compañía y las confidencias también hacen festival. Finalmente, enviar un saludo también a las muchas caras conocidas con las que nos cruzamos del jueves al sábado y tocar madera para que, si todo acontece como esperamos, estar ocupado dentro de un año con la crónica de 2026. Nos vemos en Zamora.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: Z! Live Rock Fest (Viernes 13/6/2025)

Segunda jornada del Z! Live Rock Fest donde nos las prometíamos muy felices gracias a un cartel con Salduie, Morphium, Noctem, Angelus Apatrida, Alestorm, Accept, Saurom y Lujuria. De nuevo con una meteorología que respetó a los zlivers y muchas ganas de pasar un gran día.

Pero empecemos por el principio. La jornada arrancaba al mediodía con los acústicos Kinnia Débler Eternia, en la Plaza de Viriato a los que lamentablemente no pudimos acudir, cosas de tener nuestra base de operaciones a casi 100 kilómetros del festival. La velada anterior había sido larga con el desplazamiento desde Asturias y tocaba cargar baterías para lo que se avecinaba.

Ya en la tarde azotaba el sol en Zamora cuando los maños Salduie irrumpen en el Silver Stage y la gente tarda nada y menos en subirse a su particular folk metal. Muchos y variados los instrumentos que desplegaron sobre las tablas pero potente y nítido el sonido que emanaba del escenario. Las performances, arriba y abajo del mismo, sumaron a su propuesta. Y entre cortes bien construidos y altas dosis de diversión, resultaron el mejor antídoto al calor reinante.

Del folk metal de Salduie saltaríamos al thrash fulgurante de los cartageneros Injector. Y podríamos decir que el cuarteto fue una de las grandes sorpresas del viernes. No porque inventaran nada sino por la firmeza y a ratos también el feeling que entregó su propuesta. Con el guitarra Dani MVN llevando la voz cantante y Mafy ayudando en coros, enfrentaron a la audiencia del Z! Live sin ningún tipo de miramientos y, a fe mía, sumaron un puñado de nuevos afines a su causa.

Desataron incluso algún circle pit y en general hubo bastante movimiento durante el set. Ellos no se olvidaron de derrochar buenos detalles técnicos, siempre encapsulados en cortes rápidos, a veces violentos, pero siempre con un toque de cierta clase. Puro thrash old school para el día más estatal del Z! Live.

Con Morphium llegaría el tercer giro de tuerca de la jornada. Metal contemporáneo con elementos que iban desde el groove hasta el gothic, todo embalado en composiciones hábiles con Alex Bace al micro como inquieto maestro de ceremonias. Aunque contundentes, curiosamente, me agradaron en sus momentos más melancólicos. El público del Z! Live pareció disfrutar de sus breakdowns más marcados y violentos. Que me agradaran aún practicando un tipo de metal que no acostumbro a consumir, me parece el mejor de los halagos.

Hubo como digo bastante movimiento al frente del Silver Stage. El propio Bace no quiso perder la oportunidad de mezclarse con los suyos y bajó varias veces hasta las vallas, para ya casi al final, ser llevado en volandas por decenas de zlivers. Venían de girar por medio mundo y desde luego se les notaron las tablas y el rodaje. Una banda con un sonido propio y que, a buen seguro, no dejó a nadie indiferente a su paso por Zamora.

Siempre se hace raro un concierto de black metal a pleno sol. De ahí que los valencianos Noctem no lo fueran a tener nada fácil. Apretaba el astro rey cuando la banda, la imagen es lo primero, tomó el Copper Stage. Violentos y rabiosos, como mandan los cánones. Dispuestos a dar una buena ración de metal extremo a los más valientes. Servidor aprovechó entonces para echar un vistazo en los puestos de merchandising. También para estrechar lazos, que es algo para lo que también sirven eventos como este. Para cuando volví frente al escenario, la banda se deshacía en agradecimientos a quienes aún apoyan la escena extrema en nuestro país. Prometo mayor atención la próxima ocasión.

Y de Valencia a Albacete. El cuarteto thrash Angelus Apatrida no necesita de muchas presentaciones. La banda llegaba a Zamora en un gran momento de forma, empañado si acaso por la polémica surgida hace escasas fechas en torno al fondo de inversión KKR. En lo musical se mostraron tan sólidos como siempre. Si, además, el sonido acompaña, como fue el caso, la banda da con la tecla y bien pronto confirma su estatus. Para cuando suena “Indoctrinate”, hay liada una tremenda en Zamora. Guillermo derrochó voz y carisma, como en él viene siendo habitual, y Angelus Apatrida rubricaron otro gran set.

Cold” nos recordó al mencionado “Aftermath”. El sonido era realmente atronador. Me atrevería a decir que uno de los mejores de la jornada. Ellos sin embargo no perdieron la ocasión de revisitar cortes más antiguos, como ese ya lejano “Give ‘Em War” o la más reciente “Sharpen The Guillotine”, con el mejor Guillermo de la jornada. En mi sincera opinión uno de los mejores estribillos de todo su repertorio y un cuarteto que sonaba todo lo sólido y potente que de él se esperaba. Como diría un clásico, no han inventado el pan pero saben hacer buenas tostadas. Ajenos a polémicas, reivindicaron su posición como punta de lanza del thrash estatal. Atravesando su mejor momento.

Del thrash punzante de Angelus Apatrida al metal pirata y fiestero de Alestorm. La banda llegaba a Zamora a escasas fechas de la edición de “The Thunderfist Chronicles”, su nueva obra de estudio. Y ya de entrada llama la atención su puesta en escena. El fondo verdinegro y los enormes patos inflabes. En definitiva se preveía fiesta y fiesta fue lo que ofrecieron.

No fue poca la gente que se acercó a verles. Pero me sorprendió la buena acogida que tuvo un corte de reciente creación como “Killed To Death By Piracy”. Pegadizos y disfuncionales, todo sea por la fiesta, se percibió tanto movimiento arriba como abajo del escenario. Ellos siguieron desgranando temas sin un segundo que perder. El set, de hecho, había comenzado con cinco minutos de adelanto con respecto al horario marcado. No serían ellos quienes se ahogaran justo en la orilla. “The Sunk’n Norwegian” fue quizá mi favorita de esta primera parte del set…

… pero es verdad que su propuesta corre a veces el riesgo de volverse un tanto repetitiva. No pareció ser el caso de una audiencia, muy joven por cierto, que disfrutó a lo grande de cortes como “Mexico” o “Zombies Ate My Pirate Ship”. Yo por mi parte agradecí alguno de los temas más lentos, por aquello del cambio de dinámica, pero en líneas generales diría que me agradaron. Son la cara más lúdica del género y como tal hay que entenderles.

El choque generacional entre el público de Alestorm y el de Accept fue, de largo, una de las notas más curiosas del viernes. Los más talluditos se plantaron frente al Silver Stage prestos a recibir a la legendaria formación alemana, ya con el espigado Wolf Hoffmann como único superviviente de sus años de gloria. ¿Pero qué importa cuando la banda, Mark Tornillo mediante, parece estar en mejor forma que nunca?

Al show de Accept se le puede achacar lo estudiado / premeditado que resulta todo. Dispusieron una cuidada puesta en escena, correspondiente a la gira de su último álbum “Humanoid”, pero el suyo sin embargo sería un set con la nostalgia como bandera. Con tres guitarras arriba del escenario, son “The Reckoning” y la propia “Humanoid” las que inauguran el set. Tornillo se mostró tan seguro, tan potente, como de él se esperaba. Parco en movimientos, es verdad, pero sin mácula en cuanto a despliegue vocal. Siempre en ese tono raspado que le caracteriza, comandando con mano firme a la bien engrasada maquinaria teutona.

Pero es cuando suenan “Restless And Wild” y “London Leatherboys” que el Z! Live es uno con la banda de Hoffmann. Reconozco que no me esperaba algo como “Straight Up Jack”, corte de su último álbum, pero dueño de un riff de los de toda la vida. La audiencia, claro, recibió de mucha mejor gana el pequeño medley (“Demon’s Night”, “Starlight”, “Losers And Winners” y “Flash Rockin’ Man”) que introdujeron. Mucha clase en riffs, un sonido nítido y potente, quizá eché en falta el sacar un mayor jugo al electrónico de fondo. Pero ya digo que en lo musical apenas cupieron pegas.

Porque eran el cabeza de cartel del viernes y ejercieron como tal. En particular cuando encararon la recta final desgranando un clásico detrás de otro. Todo sin que Tornillo perdiera la voz ni Hoffmann la sonrisa. “Princess Of The Dawn” sería de hecho uno de los cortes más coreados no ya de la jornada en concreto sino que del festival en general. Otro tanto se podría decir de “Metal Heart”. Estribillos que son verdadera historia de esto. La tripleta final, no por esperada, resultó menos gozosa: “Fast As A Shark” representó la nota más trotona del set, mientras que “Balls To The Wall” puso a prueba nuestras gargantas y ya finalmente “I’m A Rebel” cerró con su cara más lúdica y festiva. Un set ágil y diverso, desarrollado apenas sin mácula y en el que Accept, sobre todo, dejaron la sensación de tener cuerda para rato. Pocas bandas de su quinta estarán, a día de hoy a nivel semejante.

Pero al cartel del viernes aún le quedaba mucha guerra que dar. Y es que todos unos Saurom vendrían entonces a tomar posiciones en el Cooper Stage. Acudían los de San Fernando en defensa del aún caliente “El Principito” y no fueron pocos los que se posicionaron prestos a disfrutar de su conocido folk metal.

Y la cosa empieza siguiendo los mandatos del libro de estilo. Esto es, recurriendo al comienzo de su último álbum de estudio. Miguel A. Franco pareció mostrar un buen estado de voz y la banda sonó todo lo redonda que los suyos esperaban. Al menos en las inmediaciones de la mesa de sonido donde me encontraba. Lúdicos sin llegar al desparrame de Alestorm. Heavies sin llegar a la hondura (y en cierto modo) la crudeza de Accept, pero una banda que ha ido forjando su leyenda a base de esfuerzo y buenas canciones.

Y aunque reconozco que nunca me han llegado a enganchar, es encomiable el modo en que conectan con la gente. Una banda con el directo como fin, y no al revés, como tantas veces ocurre con formaciones del género. Sonaron muy redondos y es de agradecer. En el camino de ser verdaderos referentes toda vez los grandes nombres vayan cayendo en el inevitable retiro.

Para el cierre quedaba el particular heavy metal de los segovianos Lujuria. Óscar Sancho, luciendo un abrigo de cuero y tachas que ni Rob Halford, fue una vez más maestro de ceremonias. Nosotros, como quiera que les veremos en la próxima edición del Luarca Metal Days, y teníamos no menos de cincuenta minutos de coche hasta nuestro centro de operaciones, optamos por una pronta retirada. Somos fuego por dentro, corazón de heavy metal, sí, pero de vez en cuando también nos merecemos un descanso. Quedaba aún la jornada del sábado y había que reponer fuerzas. Nos vemos sin falta en Luarca.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: Z! Live Rock Fest (Jueves 12/6/2025)

Una década cumplía el Z! Live Rock Fest en este 2025 y no era esta una cita que Heavy Metal Brigade fuera a dejar pasar. Con un cartel dividido en tres jornadas y un puñado de bandas de lo más diverso, el IFEZA y la ciudad de Zamora volvían a acoger un año más a gentes llegadas de todos los puntos de la península y fuera de ella. A grandes rasgos, nombres ya legendarios como Dream Theater, Accept o Sepultura junto a propuestas emergentes como Dynazty, Kissin’ Dynamite o Alestorm sin olvidar el metal extremo de Nile y Dark Funeral o la cosecha local con Angelus Apatrida, Injector o Ankhara eran aliciente suficiente.

El arranque de un evento de estas características siempre conlleva una pequeña incertidumbre. Un moderado nerviosismo. Pero toda vez recogemos las acreditaciones y accedemos al recinto, gran idea por cierto la de permitir a los medios el uso del parking anexo, hacemos nuestra habitual composición de lugar y accedemos a la que sería nuestra casa por los próximos tres días. Lo primero que uno ve son los habituales puestos de merchandising. El de las bandas, tanto como el oficial del festival, se encontraba sin embargo dentro del recinto cubierto del IFEZA. Fuera de él y bajo los rigores que el cielo zamorano gustara de imponer, se erigían uno junto a otro, ambos escenarios: Copper Stage a la izquierda, Silver Stage a su lado. Frente a ellos un buen número de bancos y mesas donde descansar y recargar fuerzas. Y, al fondo, los habituales food trucks, la zona de emergencias y los aseos. Una disposición muy diáfana, el recinto es lo suficientemente grande como para acoger a unas cuantas más de las diez mil personas diarias que, dijo la organización, llegaron a ocupar su sitio frente a las tablas.

Todo tiene su comienzo y su final. After Lapse, los prog metaleros de origen madrileño, iban a ser los encargados de inaugurar esta décima edición. Ni pronto ni tarde. El cumplimiento de los horarios rozaría lo estricto a lo largo de las tres jornadas. Ellos demostraron tener buen tino a la hora de armar buenos riffs y con ellos canciones entre lo elegante y lo vistoso. Con un voceras de circunstancias, Erik Rayne apenas llevaba dos semanas con ellos, sacaron adelante el set con toda solvencia. Nos agradaron.

Había ganas de ver a los daneses Vola. “Friend Of A Phantom” me parece uno de los discos más frescos de 2024 y su paso por el Copper Stage lo refrendó pero con matices. “We Will Not Disband” enseña ya la mejor cara del guitarra y voz Asger Mygind. Llama la atención la presencia de hasta tres teclados sobre el escenario. La banda haría buen uso de ellos para desarrollar ese prog que a veces roza con el djent. Ahí, en la cara más rota de la banda, Vola dan su verdadera medida. Hicieron un cuidado repaso por toda su discografía, pero me sorprendió que “Break My Lying Tongue”, single de su último largo, no constara entre las elegidas. Confiando en tener mejor suerte la próxima vez que me los encuentre.

Vuelta entonces al Silver Stage para disfrutar de los alemanes Kissin’ Dynamite. Es cierto que el mal sonido desluce “Back With A Bang”. Pero cuando los técnicos llevan a cabo su tarea y todo reconduce hacia posiciones de mejor equilibrio sonoro, los de Burladingen están rayando a gran nivel. En una encrucijada entre hard rok y heavy metal, representan la cara más lúdica del género sin perder fuerza ni eficacia. El pegadizo estribillo de “Monster”, sus a veces cuidadas coreografías, incluso la capa que Hannes Braun lució en uno de los temas. Todo sumó para que el público del Z! Live terminara por entregarse a ellos. Puede que sonaran no tan orgánicos como me esperaba. En cualquier caso, tremenda fiesta la que montaron.

El cartel del viernes iba a dar un giro aún más dramático con la llegada de los norteamericanos Nile. Los de Greenville (Carolina del Sur) no necesitan muchas presentaciones. Leyendas absolutas del death más técnico y brutal, llegaban al Copper Stage dispuestos a no dejar títere con cabeza. Su fama les precede y “Stelae Of Vultures” ya da muestras de su conocida brutalidad. Pero el sonido no llegó nunca a ser del todo redondo y, por ahí, su paso por Zamora resultaría un tanto agridulce. En cualquier caso, George Kollias está dando una masterclass de cómo enfrentar su kit de batería. Siempre tan seguro en la velocidad, por momentos inhumana, que es capaz de desplegar cada noche (tarde en este caso).

Ellos seguirían alternando temas de nuevo cuño, como ese “To Strike With Secret Fang” de su nuevo álbum, con piezas remotas como “Sacrifice Unto Sebek” o la muy coreada “Kafir”. Las voces rotas del también Morbid Angel Dan Vadim Von y el Olkoth Zach Jeter contrastan con la mayor oscuridad de un seguro e incluso tranquilo Karl Sanders, verdadero alma mater del proyecto. “In The Name Of Amun” puede pasar algo inadvertida, de nuevo pequeños problemas técnicos aguaban las evoluciones del cuarteto. Pero cuando cierran con “Black Seeds Of Vengeance” y todos coreamos con ellos, Nile parecen confirmar su estatus pese a los inconvenientes.

Steve “Zetro” Souza abandonaba de nuevo Exodus a principios de este año por lo que el Z! Live iba a ser un buen termómetro de cómo ha caído en el seno de la banda la vuelta de Rob Dukes. El neoyorquino, cincuenta y siete años le contemplan, irrumpió en plena forma en el Silver Stage. El thrash metal más hiriente se haría carne en Zamora gracias a “Bonded By Blood”, que anda cumpliendo cuarenta años en este 2025, y donde ya Gary Holt y Lee Altus dejan claro que la suya sería una de las duplas guitarreras más y mejor compenetradas del evento.

Sorprende la vitalidad de una banda como esta. Porque Tom Hunting esta aporreando el kit de batería con un ímpetu casi adolescente. Y poco importa que “Zetro” ya no esté porque Dukes está dando su mejor nivel en “War Is My Shepherd”. Muy activo, siempre desafiante de lado a lado del escenario y dueño de una voz rotunda y lacerante como pocas. El duelo solista de “Brain Dead” me reafirma el nivel de la dupla Holt & Altus. Era jueves pero no fue poca la gente que se arrimó a disfrutar del mejor thrash metal, algo que habla y no precisamente mal de la salud del festival. Y es que nadie querría perderse a los americanos y acabar en la “Blacklist” de Dukes y los suyos. Aquí se repitió el juego del frontman con la guitarra de Holt mientras Altus soleaba al otro lado. Clásico gimmick ya de los estadounidenses.

Tras las habituales presentaciones llegaría el turno de volver al legendario “Bonded By Blood” para recibir una “A Lesson In Violence” que vino a confirmar su estatus de leyendas absolutas del género. Anthrax, Metallica, Megadeth y Slayer (a donde ha vuelto precisamente Holt) podrán ser el denominado Big Four del thrash, pero Exodus pasaron por Zamora a un nivel que ya quisiera cualquiera de las bandas mencionadas. Lo pensaba mientras caía un pequeño giño al “Raining Blood” de los propios Slayer antes de una brutal “The Toxic Waltz”. El wall of death que detonó “Strike Of The Beast” fue el broche perfecto a una descarga en la que Exodus no hicieron prisioneros. Con la vitalidad de unos adolescentes pero las tablas y la confianza que les otorga su ya dilatada trayectoria. Uno de los grandes shows del jueves.

A nadie se le escapa que la de Meshuggah iba a ser una historia bien distinta. La banda más sui generis del jueves. De todo el cartel, me atrevería a decir, padres putativos de lo que algunos dieron en llamar djent y que en Zamora establecieron, una vez más, su curioso estatus de banda de culto con reconocimiento masivo. Su propuesta a la vez monolítica e intrincada, su llamativa puesta en escena, los poderosos juegos de luces que desplegaron

… pero sobre todo la forma y el modo en que sonaron. Cerca, o en las inmediaciones mismas de la mesa de sonido, pocas veces he visto a una banda de este calibre sonar del modo en que lo hicieron los suecos. Pocos ajustes hicieron falta. Desde que desatan a la bestia con “Broken Cog”, de aquél “Immutable” de 2022, no queda otra que rendirse a la gran paradoja nórdica. Los solos de guitarra resultan extraños. Casi contraintuitivos. Pero cuando el ya poco menos que legendario Tomas Haake enfrenta ritmos más vivos, pocas cosas en este mundo rozan siquiera los niveles de furia e intensidad que desatan Jens Kidman y compañía.

Caía la noche en Zamora y de forma exponencial se magnificaba su puesta en escena. El humo, las llamativas, casi cegadoras luces. Y al frente, por muchos momentos inmóvil, Jens Kidman, cincuenta y nueve años recién cumplidos, comandaba a los suyos sin que su garganta pareciera acusar el esfuerzo. En contra suya se puede argüir su quietud arriba de las tablas. Que a ratos todo parezca en exceso premeditado y medido. Poco importa cuando redirigen a ese clásico ya ineludible que es “ObZen” y entregan una “Combustion” llevada a unas cotas de intensidad y precisión por momentos inmensurable. Una experiencia, y aquí cobra especial importancia el cómo, envuelta en un cierto halo trascendental. Casi místico.

Por ahí, claro, uno entiende que su propuesta no resulte del gusto de una amplia mayoría. Pero “if you know, you know” que diría aquél. Porque “Born In Dissonance”, ya caída la noche en Zamora, aún parece añadir unas cuantas décimas en lo que a magnitud se refiere. Serio, impertérrito Haake tras el kit, con la seguridad que da ser una de los baterías más influyentes y respetados a nivel mundial. Maestro indiscutible en una jornada en la que el Z! Live había conseguido reunir a tres de los bateristas más icónicos del metal mundial. El doble cierre, que no por habitual pierde un grado de eficacia, correspondió una noche más a la dupla “Bleed” más “Demiurge”. La primera, dueña con uno de los riffs más emblemáticos y celebrados del género, eleva el grado de trascendencia de la descarga para después desembocar en uno de esos cierres que quedarán para siempre en nuestras retinas. Colosales.

La cabeza de cartel del jueves correspondía a la vuelta de Mike Portnoy al seno de Dream Theater. Banda clave en el desarrollo y posterior establecimiento del metal progresivo como fenómeno de masas, el teatro de los sueños acudía a Zamora inmerso en los fastos de celebración de su cuarenta aniversario. Se dice pronto.

Banda fetiche del abajo firmante, acudí a la cita con sentimientos encontrados: feliz por la vuelta del hijo pródigo a las baquetas, inseguro con respecto a qué cara iba a ofrecer esta vez un James LaBrie quien, a su paso por Avilés en 2023 (crónica), había sembrado un mar de dudas. Suena la pieza que el gigante Bernard Herrmann compuso para la banda sonora de “Psicosis” y la sola irrupción de la banda provoca una de las mayores ovaciones del jueves. Ellos atacan con la reciente “Night Terror” y Portnoy no tarda en deshacerse en gestos y saludos al público. Petrucci dejaría ya aquí muestras de la inmensa clase y maestría que acumula en sus dedos.

En estos primeros compases LaBrie, si bien lejos ya de sus mejores años, pareció ser consciente tanto de sus virtudes como de sus debilidades. Su timbre nunca ha sido del agrado de muchos, pero me da la sensación de que supo defenderse mejor que en anteriores ocasiones. Con eso y con todo, no seré yo quien niegue que ciertos momentos de la dupla “Act I: Scene Two: II. Strange Déjà Vu” & “Act I: Scene Three: II. Fatal Tragedy” le vengan un tanto grandes al canadiense. De la sobria puesta en escena llaman mi atención los leds que adornan el (a veces inclinado) teclado de Jordan Rudess. El impasible teclista dio su mejor versión en la no poco icónica “Under A Glass Moon”, del legendario ya “Images And Words”. Ni cerca de lo vivido con Meshuggah, este es un animal bien diferente, pero sí que la tensión aumentó gracias a “Panic Attack”, con John Myung de repente altísimo en la mezcla (y ya es raro).

Portnoy se iría entonces al lado derecho del (inmenso) kit de batería para, desde allí, enfrentar una “The Enemy Inside” con LaBrie muy seguro en estrofas y no tanto en estribillos. El de Penetanguishene sigue con su recién adquirido hábito de irse al backstage durante los solos y, por ahí, la banda pierde uno de su mayores activos durante no pocas fases del show. Sea como fuere, Mike volvería al lado natural para una “A Rite Of Passage” de la que me sorprendió el caluroso recibimiento que tuvo por parte del público. Como celebrado fue también el solo de Petrucci en “The Dark Eternal Night”, uno de los cortes más contundentes del set, acompañado por ese doble juego vocal entre LaBrie & Portnoy y rematado por la buena outro de Rudess.

Portnoy volvería a cambiar su posición tras el kit para “Peruvian Skies” donde, una vez más insertarían dos pequeños escorzos de Pink Floyd y Metallica (Wish You Were Here y Wherever I May Roam respectivamente). Rudess echó mano entonces de su teclado portátil y añadió algo de color al set. En “As I Am” y, curiosamente cuando mejor estaba sonando, el micro le jugó una mala pasada a LaBrie. A perro flaco. Fue otro de los picos de intensidad de la jornada, tremendo una vez más Petrucci, y el broche soldado a fuego que supone la siempre exigente “Pull Me Under”. Ni cerca del nivel que me gustaría pero mucho mejor que en mi anterior encuentro con ellos.

La descarga de Rotting Christ era poco más que una incógnita para servidor. Banda que, pese a su dilatada trayectoria, nunca me ha llegado a enganchar, pero que congregó a un nutrido número de fans frente al Copper Stage. “35 years of evil existence” rezaba el electrónico de fondo. Su puesta en escena, sobria y oscura, casó con el dark metal que vinieron a desarrollar.

Dark metal, sí, porque si bien hay momentos en que la velocidad se dispara y las revoluciones aumentan, pienso esta banda poco tiene que ver con nombres como Noctem o Dark Funeral. Sea como fuere, los griegos se empecinaron desde el primer momento en buscar el enganche con su público mediante esos coros marca de la casa. El sonido acompañó. Y si bien sobre las tablas la quietud durante muchos momentos era casi total, abajo no dejó de haber movimiento. No era aún muy tarde y en el Z! Live aún quedaban ganas de pasarlo bien.

Like Father, Like Son” acrecenta ese enganche con la audiencia. Sakis Tolis, guitarra y voz de los atenienses, demostró tanta seguridad como carisma. “Non Serviam” nos retrotrajo al disco homónimo de 1994 y la versión de Thou Art LordSocietas Satanas” incluso desencadenó un wall of death frente al Copper Stage. El cierre, no obstante, fue para “The Raven”, que acrecentó la épica más oscura de los griegos. Sólidos, serios y sin mayor mácula. No me enganchan pero pocas pegas caben sobre su desempeño.

Si complicada es la tarea de abrir un festival, tanto o más lo es la de cerrarlo. El nutrido combo madrileño Vita Imana acudía a Zamora tres años después de entregar su último álbum de estudio, aquél “VI” de 2022, presta y más que dispuesta a no dejar títere con cabeza. Banda con poca rima dentro del cartel (Sepultura al margen), vino a poner la nota groove al cierre del jueves.

Intensos como demonios pero con el color que dan siempre las percusiones de Miriam Baz. El Cuernos De Chivo Mero Mero no ceja en su empeño de mantener bien despierta a la audiencia. Y entre riffs contundentes y mucho mal café, cerraron la primera jornada como de ellos se esperaba. Vibrantes y concisos. Un martillo pilón que sabe perfectamente cuál es su lugar y obra en consecuencia. Un buen final de jornada.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: Alto Volto (Oviedo 6/6/2025)

Presentación en solitario de “Luna Negra”, el nuevo trabajo del trío asturiano Alto Volto, que recibiría la calurosa acogida de un entregado Gong Galaxy Club. Allí se plantó el equipo de Heavy Metal Brigade dispuesto a no perder comba del evento. El álbum pasó hace escasas fechas por la web (reseña) y tocaba comprobar qué tal sonaban sus nuevas obras en vivo.

De entrada en la sala ya nos llaman la atención un par de detalles: los teclados a un lado del escenario, anticipando invitado, y la pequeña silla al frente del mismo. Cuando pasan diez de las nueve, salimos de dudas: Borja García irrumpe en solitario sobre las tablas, echa mano de la acústica y comienza el show por el cierre de su último trabajo, esto es, la acústica “India”. Ya con la banda al completo (Diego Motta al bajo, Juan Villamil a la batería) arrancan el set en eléctrico con una pequeña intro de puro rock and roll.

De ahí saltan a “Baila” y el sonido en la Gong parece el de las grandes ocasiones. La notable presencia del bajo de Motta, la pegada de Villamil atrás y ese acelerón que le imprimen al final. Parecía que todo iba ir sobre ruedas. Motta y no es novedad, de nuevo se iba a revelar fundamental no ya con su cuatro cuerdas si no que también con sus coros. En “Atontado” añaden color a la cara más ruidosa del trío. Es solo rock and roll pero Alto Volto demostrarían tener un discurso musical lo suficientemente amplio como para desplegar canciones de personalidades bien diferenciadas. Siempre con clase y carisma. Villamil brilla igualmente en “Veneno” mientras Borja deja alguno de mis riffs favoritos de la jornada.

El propio vocalista y guitarra sería quien nos anunciara que tocaba irse “veinte años atrás” a aquél primer álbum homónimo para recuperar “Before You Came”. García exprimió a placer su Gibson negra y dio la impresión de que no ha pasado el tiempo por ese riff. La sala comenzó a animarse aquí, aunque ya digo que todos estábamos muy por la labor el pasado viernes. Siguiendo con el recuerdo a aquella primera obra, Borja echa mano del slide en “One”, deshaciéndose de él, curiosamente, justo antes del solo. “Xuan Villamil a la batería, un puto crack” exclamaría el rizado frontman a término.

Es entonces que, “Insomnio” mediante, volvemos a “Luna Negra”, con Borja García echando mano de aquella Fender rojiblanca que inmortalizamos el año pasado en Vidiago. “El insomnio si te pilla en casa estás jodido, pero si te pilla fuera de puta madre” había dejado dicho el vocalista. Sea como fuere, son estos Alto Volto más vibrantes quienes propician que la temperatura en la sala empiece a bullir. En “Ojo Chaval” sería Motta quien cambiaría de bajo. Un corte en el que deja un pequeño escorzo en solitario antes del solo de guitarra. Que Alto Volto sea una de esas bandas que no para de derrochar clase y buen hacer no quita para que, sobre las tablas, se sucedan todo tipo de bromas entre canciones. Como cuando Borja reconoce haberse dejado la toalla en el backstage. “Somos Babylon Chat” se oyó entonces. Ya convenientemente aseados, el trío daría un giro al set con la tranquila “Maldita Mi Suerte”. Igualmente cómodos en esta cierta calma, Borja García dejaría aquí su mejor cara como vocalista.

Llegaría entonces el momento de que el The Electric Buffalo Sam Rodríguez irrumpiese sobre el escenario y, así, el eventual cuarteto enfrentaría “Wake Up”, a buen seguro uno de sus grandes himnos. La presencia de Sam amplifica el rango sonoro altovoltiano y la sala se entregaría en consecuencia aquí. En especial cuando se alargan según qué solos y uno siente gritos y vítores entre el público. Para “On The Road” iban a sonar más norteamericanos que nunca. Muy efusivo en solos aquí Borja. Y es que como apostilló al final: “Gracias amigos, el blues nunca falla”. No será Heavy Metal Brigade quien ponga en contradicho sus palabras. Borja volvería a la Les Paul para “Hey, Hey!!”, donde por aquello del título, no faltaron bromas con Julio Iglesias (“julio se acerca, vigilad vuestros culos”). Brillaba el trío y Sam Rodríguez con ellos. Quizá una de las nuevas composiciones que más enteros ganó con respecto a su encarnación de estudio.

La banda encarrilaría entonces el repaso final a “Luna Negra” como cierre del set. Aquí puede que “La Celebración” pasara un tanto inadvertida. Todo lo contrario que “Habitaciones Frías”, con un Borja muy fino en el uso del wah. Las bromas en las presentaciones no opacaron “Ella”, la mayor aproximación al funk (con matices) de todo el set. Se irían al backstage entonces, no sin que antes Borja bromeara diciendo “ahora es cuando cantáis lo de otres tres y todo eso”.

Y precisamente tres serían los cortes con que cerrarían el set, siendo “Ramblin’ Rose”, original de MC5 el primero de ellos. Auténtica banda fetiche de Borja. De vuelta a la producción propia, “Now You Know” confirma nuevamente su estatus de clásico ineludible. Y con Sam de vuelta arriba del escenario, todo culmina en “Border Song”, que cerraría el set rezumando clase y feeling a raudales. Hora y tres cuartos de puro y auténtico rock and roll.

Luna Negra” quedó pues debidamente presentado, augurando buenos tiempos para el trío asturiano. La gente respondió, acompañó y vitoreó finalmente a la banda y nosotros estamos hoy felices por haber sido testigos. Mandar nuestro agradecimiento a la banda por haberlo hecho posible, a ti por leer esta crónica y a la gente con la que charlamos antes, durante y después del concierto. Salvo catástrofe, nos vemos en Zamora.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz