Reseña: Reino De Hades «Siete Runas» (Maldito Records 2023)

Vía Maldito Records llega el tercer largo de los jienenses de Reino de Hades. O lo que es lo mismo: Fabio Romero (batería), Antonio Pérez (bajo), Javier Ferrón y Francisco J. Roa (guitarras), David López (teclados), Sergio Jiménez (violín), Juan Valderas (flauta) y José Fernández (voces). Un álbum grabado y masterizado en los estudios Bom Track de Úbeda (Jaén) de la mano de David F. Castro al que adorna el diseño gráfico del Daeria Joel Marco (Amadeüs, Sylvania, Dünedain, Argion, Lépoka…)

La Reina Oscura” arranca en pura pompa sinfónica para pronto transigir hacia un hard / heavy de aires contemporáneos, de guitarras muy en primer plano, esgrimiendo hábiles melodías en el proceso, y donde las primeras estrofas no podrían estar más ni mejor cuidadas. Es un corte apertura algo engañoso. Directo, cánones mandan, pero bien cuidado en lo que a escritura se refiere. Reino de Hades hacen uso, que no abuso, de elementos externos y el solo explota en su tronco central con buenas dosis de clase, si bien pienso languidece por un desarrollo un tanto comedido. Todo lo contrario que el ídem de violín que irrumpe más adelante. Por ahí uno percibe un cierto desequilibrio que, no obstante, está lejos de emborronar el empaquetado final. Las guitarras habrán de desquitarse doblándose en su cuidado epílogo. Un buen arranque en cualquier caso.

“A Través De Ti” confronta un riff exageradamente plano en estrofas, que contrasta no obstante con la cuidada línea de bajo que la soporta. Es un corte donde el violín hace suyo casi cada recoveco, aportando un aire más melancólico a una mezcla que, cabe decirlo, es un ejemplo de pegada y equilibrio. Y aunque ya digo que los riffs en que se apoya esta segunda entrega no podrían ser más sencillos, bien está el desempeño de José Fernández al micro o los buenos solos que la banda incorpora aquí. Un corte que guiña al power metal europeo, a Mägo de Oz (nos ha jodido), o al heavy más clásico sin abandonar su tronco común ni salirse de los férreos patrones gramaticales en que la banda acostumbra a manejarse.

Siete Runas”, que fuera uno de los adelantos del álbum, profundiza en la vena más folk y también festiva de la numerosa formación jienense. Y si bien a ratos le pueda pesar su propia condición de single, no es menos cierto que las guitarras exhiben riffs con gancho, ahora sí, y que Fernández vuelve a estar firme y certero al micro. Buenos desarrollos camino del tronco central, con guitarras y violines jugando a encontrarse. Se sumará a continuación Valderas y la banda terminará por sacar músculo en lo que a ejecución se refiere en un meritorio tronco central. Facilona y algo predecible pero con todos los visos de funcionar como un tiro sobre las tablas a nada que el sonido acompañe.

Si hay en este álbum un riff con el que siempre conecto a la primera es el que alimenta una “El Gran Khan” donde, a menudo, asaltan mi subconsciente mis paisanos de Argion. La banda exhibe una mayor épica aquí. También una mayor gravedad mientras Fernández declama, dramático, esa lírica de corte histórico. El trabajo de Sergio Jiménez aquí es encomiable. Por sí mismo y también por cómo armoniza con la flauta de Valderas. La eclosión solista resulta igualmente ágil y vistosa. Usando terminología boxística, libra por libra uno de mis cortes favoritos de todo el tracklist.

Árido Edén”, segundo de los adelantos del trabajo, sorprende con un tono algo alejado de los grandes tropos que acostumbra a manejar el combo andaluz. Hay melodías aquí que podrían recordar a los primeros Masterplan, mientras que las estrofas, desnudas pero elegantes, bien trazadas, me recuerdan a los primeros trabajos de los gallegos Tálesien. A ratos casi el negativo del otro single de este “Siete Runas” pero igualmente hábil y eficaz. Brilla la acostumbrada exhibición solista y el corte termina por convertirse en una de las piezas más memorables del tracklist a base de conjugar buenas ideas con mejores interpretaciones y una cierta pizca de atrevimiento. Así sí.

El propio José Fernández introduce una “No Mires Atrás” que pronto opta por destapar la cara más heavy del septeto sureño. Es una letra abiertamente optimista, en la más pura tradición del heavy estatal en general, que sin ir más lejos podrá hacer las delicias de todo buen fan de WarCry. Y aunque encuentre algo naif alguna de sus partes, no deja de ser un corte con ese “algo” que consigue anidar en tu subconsciente durante días. Apoyado en una cuidada base rítmica, resulta orgullosamente idiosincrático de un disco como este. El solo de guitarra no podría ser más clásico, ni tener más feeling, ni gustarme más.

Mucho gancho también el que tienen las muchas melodías de esta “De Tabernas y Tesoros”. También los coros más pronunciados y orgullosos de todo el álbum. Otro de esos cortes que, aun a pesar de parecer construidos con el directo en mente, se las arregla para exhibir una escritura nada lineal, trufada de ágiles cambios de ritmo e incluso de tono. Al final una amalgama agradable de folk metal despreocupado, buenos desarrollos solistas y una base rítmica de esas a la que conviene prestar toda atención.

La Isla De Los Benditos” se desnuda de toda gravedad para acercarse a las pulsiones más puramente folkies del combo andaluz. Instrumental de tonos leves, agradable, orgullosa, sencilla, un pequeño oasis en el que Valderas y Sergio Jiménez parecen en su salsa y que, no dudo, se le atragantará a más de uno. Que de todo hay.

Contrasta en gran medida con el final que proponen en “Cerbero”. No ya por la mayor duración de esta, de hecho el corte más extenso de los nueve, sino por esos tonos más graves que exhiben aquí y que, salvando las debidas distancias, tanto me recuerdan a un corte como “Astaroth” de Mägo de Oz. Los tonos más oscurecidos en que se maneja José Fernández aquí, los aires medio orientales que la banda dispone a lo largo y ancho del trazo, la desaforada pero certera gama solista, todo carbura cara a construir un corte en cierto modo ambicioso, que se atreve a ampliar el rango de influencias que maneja la banda.

Un álbum que ha ido ganando una barbaridad con las escuchas. Que puede no ser perfecto, hay cortes con los que no llego a conectar del todo. No obstante, rodeados de otros como “Árido Edén” o “El Gran Khan” donde la banda brilla a gran nivel. Por no hablar de ese magnífico cierre que supone “Cerbero”, con Reino de Hades moviéndose en unos tonos más oscuros que les sientan como anillo al dedo. Las ejecuciones que lo atraviesan siento que están dispuestas en favor de las canciones correspondientes y no de egos individuales. El disco me resulta, finalmente, una amplia suma de aciertos frente a pequeños y contados errores. Buen trabajo.

Texto: David Naves

Reseña: Immortal Guardian «Unite And Conquer» (Massacre Records 2023)

Es el tercer largo para los prog/power de Harlingen (Texas) Immortal Guardian. La banda, que concurriera a estas líneas con aquél “Psychosomatic” de 2021, contraataca ahora con un “Unite And Conquer” donde encontramos a Joshua Lopez al bajo, Justin Piedimonte en baterías, Gabriel Guardiola en teclados y guitarra y Carlos Zema al micro, amén de las colaboraciones del Primal Fear Ralf Scheepers y la ex The Agonist Vicky Psarakis. M-Theory Audio edita un álbum de diez cortes producidos por los propios Lopez y Guardiola en los Widowmaker Studios de McAllen, Texas. Precedido por una riada de adelantos, “Unite And Conquer”, contó finalmente con diseño de Jobert Mello y fotografía y arte de Masiha Fattahi (Myria, Stray Tempest, Threshold).

Ozona” ahorra en introducciones artificiosas y banales cara a ofrecer la cara más turbo progresiva de la banda americana ya desde los primeros acordes. Sorprende ahí el trazo ambivalente, a ratos discursivo y nunca lineal de un primer corte ciertamente retorcido y poliédrico. A ratos declaración de intenciones, lo mismo deja por el camino riffs cortados al milímetro que coros grandilocuentes a lo Haken. Guardiola la reviste además de un amplio rango de detalles en forma de vistosas melodías tanto de guitarra como de teclas. La diversidad de registros que muestran sus distintas líneas de voz terminan por redondear la oferta. Una primera entrega tan exuberante como detallista.

Echoes”, que arranca en pura clave europower, vive de enfrentar ese pulso más germano con unas estrofas más retorcidas e incluso pesadas que habrán de llevar hasta uno de los estribillos con más gancho de todo “Unite And Conquer”. Zema defiende con clase los tonos más altos antes de que Guardiola armonice teclas y guitarras con un acabado que, inesperadamente, solo puedo calificar de discreto. Se desquitará no obstante el de Harlingen en el, por otro lado, escueto solo que habrá de anticipar el epílogo. Un corte que pese a todo, presumo, será un fijo en sus directos.

Roots Run Deep” donde los texanos cuentan con la colaboración de todo un Ralf Scheepers, que arranca en calma durante el prólogo para después acoger un power de melodías alegres y algo facilonas. ¿alguien dijo Freedom Call? Firme en el doble bombo un Piedimonte que soporta sin mayores complicaciones un corte con alma de single y que, si bien traiciona los pulsos más progresivos del cuarteto, sale adelante gracias a su buen hacer como músicos. En especial un Guardiola en su encarnación más heroica. Scheepers cumple sin sorprender con su línea vocal y esta tercera entrega termina por llegar a buen puerto.

Perfect Person” parte peras con ese tono más alegre, si bien no del todo con un metal desde luego imbuido de ritmo e intensidad. También de una escritura que, sin llegar a lo laberíntico, hace por recuperar los pulsos más progresivos de los texanos. Aunque sea con cuentagotas. Zema vuelve a trazar una más que potable línea de voz. Y aunque me sorprendan ciertos desequilibrios en lo que a mezcla se refiere, unas guitarras a ratos demasiado preponderantes, como digo me agrada cómo la banda ha sabido encontrar un punto medio entre sus dos almas, pariendo uno de esos cortes que, sin traicionar la personalidad de Immortal Guardian, entra a la primera.

Divided We Fall”, por contra, rebaja esa mayor intensidad del cuarteto para perderse por una suerte de vericuetos a medio camino entre el hard más acomodado y el progresivo más casual. Noto algo incómodo a Zema aquí, particularmente en los puntos más álgidos de las estrofas, aunque no puedo negar que el brasileño ha hecho un trabajo más que notable en estribillos. Es el corte más extenso del álbum, que la banda aprovecha para trazar una segunda mitad donde colisionan un tono más épico, y sus inevitables coros, con otro más melancólico. Todo antes de que Guardiola dibuje un estupendo solo de guitarra. Con el alto número de adelantos que tiene el disco, sorprende aún más si cabe que este no fuera uno de los elegidos para tal fin.

Tampoco lo fue una “Lost In The Darkness”, pese a contar con la inestimable ayuda de Vicky Psarakis en voces. Su duelo con Zema resultará, de hecho, el mayor atractivo de un corte cuyo prólogo recupera un nervio más power para después acoger otro de los habituales medio tiempos de la banda. Hay melodías aquí que me recuerdan a los primeros Masterplan, contrapuestas a unas baterías altamente nerviosas, que le confieren a esta sexta entrega un aire más peculiar. Más personal, magnificado en el curioso puente que anticipa la habitual ristra de solos. Guardiola echa el resto aquí, dibujando uno de los duelos más pletóricos de todo “Unite And Conquer”. Y sé que me quejo mucho de esto pero qué desdibujado ese epílogo. Dichosos fade outs.

Southern Rain” vibra entre la balada y el medio tiempo cara a darle algo más de variedad al tracklist, convirtiéndose en uno de los cortes más reconocibles y consiguiendo todos sus propósitos. Se puede achacar no obstante lo clásico de su trazo, ese crescendo nada novedoso. También reconocerle lo acertado de sus ejecuciones y la acomodada pero sentida línea de voz que Zema ha trazado aquí. Clásica, ya casi la conoces antes de escucharla y de ahí lo bien que funciona. Por contra y dado el trazo más personal que tienen muchos cortes aquí presentes, habrá seguro quien eche en falta algo más de riesgo.

Y tampoco es que el tema título “Unite And Conquer” reinvente la rueda pero me agrada no obstante la forma en que conjuga un power amable, una vena parecida que no igual a la que se desprendía de la anterior “Roots Run Deep”, con esas partes más hard. Todo para alcanzar en estribillos un nombre que me persigue de manera constante en las últimas reseñas del género que he escrito y que no es otro que el de los alemanes Edguy. Y es que gustos individuales al margen, qué duda cabe que la sombra de Tobias Sammet es cada vez más alargada. Estupendos Guardiola y Piedimonte en el generoso y estirado despliegue solista previo al epílogo.

Un Día A La Vez” y quizá vaya a ser demasiado duro, bien merecía algo más que esos poco más de dos minutos y medio que ocupa en el reloj. Balada a piano y voz que crecerá, arreglos mediante, hasta lindar con el sinfónico más casual. Estupenda línea de voz de Zema aquí, pero se suceden las escuchas y, como digo, no puedo evitar pensar en que bien merecía ser algo más que un mero interludio. Sea como fuere y arreglos mediante, engarza con la final “Rise Of The Phoenix”, con Guardiola tomando la iniciativa durante el prólogo. Immortal Guardian recuperan aquí su vena más power, crepita el bajo de Joshua Lopez y la forma en que Zema armoniza sus diferentes registros durante estribillos bien puede recordar al Rob Halford de comienzos de los noventa. Me sorprende el mayor groove que atraviesa su tronco central, al tiempo que me agrada la ristra de solos dibujada por el texano aquí. Un buen final en cualquier caso.

Immortal Guardian parecen seguir donde lo dejaran con el más que interesante “Pyschosomatic” allá por 2021. La colisión internacional que se produce en su seno (Brasil, Estados Unidos, Canadá) vuelve a redundar en un álbum de power metal ágil, diverso y muy entretenido. Puede que algo más irregular que aquél, si bien no es menos verdad que el cuarteto asume algunos riesgos más en esta más reciente obra. Pero cuando brillan, desde luego lo hacen con intensidad. Puede que las colaboraciones tanto de Ralf Scheepers como de Masiha Fattahi pasen un tanto desapercibidas. Por contra, cortes como “Divided We Fall”, “Perfect Person” o la inicial “Ozona” bien merecen la atención de todo buen fan del género. Avisados quedáis.

Texto: David Naves

Reseña: Vhäldemar «Sanctuary Of Death» (MDD Records 2024)

Infatigables. Cuando aún resuenan los ecos de “Straight To Hell”, el anterior álbum de la banda, en parte gracias a lo mucho que se prodigan sobre las tablas, a decir verdad parece mentira que hayan transcurrido casi cuatro años entre la edición de aquél trabajo y la redacción de esta reseña. Reseña que viene a arrojar algo de luz sobre “Sanctuary Of Death”, a la sazón séptimo largo de los barakaldarras. Aquí siguen Jonkol Terra en coros y teclas, Raúl Serrano en bajo y coros, Carlos Escudero en voces, Jandro Tukutake en baterías y Pedro J. Monge en guitarras, coros, producción, grabación, mezcla y masterización. Con invitados como Diego Zapatero (Melodius Deite, Mercury Rex), Pablo Sancha (After Lapse, ex Delyriüm) y Gavin Ledema, Vhäldemar contaron con la ayuda de Aitor Ruiz en la grabación de voces y el arte de Darkgrove Design para adornar la portada. En la calle desde el pasado nueve de mayo.

A “Devil’s Child” le puede pesar el hecho de representar fielmente lo que alguien espera de una banda como esta. Baterías que trotan bajo cuidadas melodías de guitarra, riffs trotones… Perdido pues el favor del factor sorpresa, Vhäldemar arremeten con todos sus cilindros en funcionamiento, accionando cada una de las palancas que han llevado a los baracaldeses a la cima del heavy metal facturado de nuestras fronteras para dentro. Y lo hacen, claro, apoyados en un sonido de diez. La maquinaria no podría estar mejor engrasada, me refiero a los Chromaticity Studios, y por ahí el resultado es todo lo óptimo que cabría esperar. Sonido potente pero discernible, que otorga protagonismo a cada línea presente en la mezcla sin menoscabar en agilidad ni potencia. Un arranque potente e incluso carismático.

Escudero es un voceras de gran carisma. Nadie que haya visto a esta banda en vivo, especialmente en sala, lo podrá negar. Y aunque en estudio acostumbro a notar unas décimas menos de pasión que en sus frugales representaciones en directo, lo cierto es que para “Dreambreaker” el de San Vicente de Baracaldo parece seguir en plena forma. Es un corte rapidísimo, que pasa en apenas un suspiro, alimentado por alguna de mis estrofas favoritas de todo el redondo. Tukutake arremete firme desde el doble bombo y la banda dibuja uno de esos estribillos, marca de la casa, que parecen tener el directo como principio y fin. Arreglos de corte épico anuncian el duelo solista del puente, es esta una formación de sobrada (y testada) valía técnica, que no teme en ningún caso a desarrollos vistosos y de lo más funcionales…

… pero por ahí agradezco la forma en que “Deathwalker” viene a cambiar el paso del álbum. Su elegante y tenue intro al piano, los leves arreglos que acompañan, y ese avanzar más a medio gas, destapando la cara más épica, del quinteto, también el buen sonido de los Chromaticity, y donde apenas echo en falta un riff algo menos recurrente en estrofas. Porque el resto me funciona a gran nivel. Los buenos estribillos, medidos al milímetro. Lo efervescente que resulta Escudero aquí, entregando esa pasión que eché en falta en el corte precedente, y que lleva las gramáticas de la banda un paso más allá, alimentando el rango rítmico del álbum, y otorgándole un aire que, a ratos, me recuerda a los mejores Virgin Steele. Sorprende el solo de Monge, fulgurante y en cierto modo contrapuesto a ese avanzar más tendido y arrastrado. Al menos en mi caso, de las que más han ido ganando con el correr de las escuchas.

Sanctuary Of Death”, con teclas de Pablo Sancha, recupera a esos Vhäldemar ágiles y trotones para otra andanada de heavy / power en la mejor tradición de la banda vasca. El trabajo a nivel melódico de Monge aquí raya de nuevo a gran nivel. Quizá como corte que da nombre al álbum, uno siempre espera algo más. Lo cierto es que aún siendo un tema que me agrada, me engancha incluso, echo en falta algo más de picante. De riesgo se podría decir. Es cierto que Monge descubre su lado más heroico y tanto él como Sancha parecen verdaderamente inspirados. Pero a fin de cuentas encuentro ofertas dentro de este tracklist que me atraen en mayor medida.

Una de ellas bien podría ser “Forevermore”. Arranque en cierta rima con la anterior “Deathwalker”, con Monge destapando el tarro de las esencias ya desde los primeros instantes. Con la voz de Escudero muy en primer plano, la escritura va trazando un crescendo que, a lo lejos, parece transportar ciertos ecos de los Manowar más elegantes. Salvo que los barakaldarras, por suerte, aún no se han convertido en la parodia de sí mismos que la banda del ínclito Joey DeMaio son a día de hoy. Monge acude al solo enfundado en su versión más neoclásica, rompiendo la tónica que arrastraban sus solos dentro del álbum, y dotando a su interpretación de un feeling verdaderamente especial. Y aunque no culpo a quien eche en falta aquí algo más de nervio, me resulta una de las ofertas más conseguidas y mejor trazadas de este santuario de la muerte.

Heavy Metal”, claro, resulta mucho más evidente. Desde los riffs al trazo, pasando por la letra y la misma forma en que Escudero ataca sus estrofas, ha poco lugar a la sorpresa aquí. Por eso me agradan tanto los buenos detalles que Monge se encarga de injertar aquí y allá, así como el solo que despliega camino del epílogo. Pero a la larga, y en comparación a otras canciones del disco, admito que me ha costado llegar a conectar con esta quinta entrega.

Y es que aprecio en mayor medida algo como “Old King’s Visions (Part VII)”, sin que tampoco la banda se haya liado la manta a la cabeza aquí. Poco importa. Sus estrofas están atravesadas por uno de los riffs con más gancho de todo el álbum. Escudero declama los estribillos con la debida dosis de pasión y Tukutake está todo lo firme que se espera de un batería como él. Me agradan además esas melodías con las que Monge engarza estribillos y estrofas, amén de su buen duelo con Terra en el puente central. Vhäldemar a gran nivel.

El fugaz prólogo de “Journey To The Unknown” parece acercar a la banda a los Judas Priest más nervudos, sin por ello perder la identidad ni abandonarse al plagio descarado y el trazo poco inspirado. Nada más lejos. En realidad se trata de un corte tan leal al legado de la banda radicada en Barakaldo como ágil a la hora de entregar los suficientes tics de género que satisfagan las ansias de los fans más casuales. Es verdad que su aspecto lírico puede sonar algo recurrente a estas alturas. Versos tales que “Fighting together with power and might. Standing forever we’ll conquer the night” tiene uno la impresión de haberlos escuchado un millón de veces. Por eso me agrada ese pequeño puente de voces más oscuras que precede al correcto epílogo.

Ahí sorprende el aire más retro de “Brothers”. No quisiera mentar a Randy Rhoads, pero realmente estos son unos Vhäldemar en tonos mucho más clásicos. Ayuda en gran medida que sea Raúl Serrano quien carga ahora con las labores vocales. Es el suyo un registro mucho más limpio que el de su compañero, lo que termina por otorgarle a este noveno corte un aura muy particular. Nombres como los de Dokken o Hitten acuden a mi subconsciente en cada nueva escucha. Los riffs que Monge plantea tienen un inequívoco aire clásico, no obstante es un corte dedicado a la figura de su hermano Manuel “Oso”, integrante de la banda de blues Lomoken Hoboken, y fallecido allá por 2022:

My brother may be gone but his music still lives on and on.

Tras la nota nostálgica, “The Rebel’s Law” nos devuelve a Escudero al frente de otro corte en la más pura tradición vhäldemariana. Firmes y autoreivindicativos mientras pisan las lindes del power que tanto y tan bien conocen. Puede que, al igual que sucediera con “Journey To The Unknown” y no digamos ya “Heavy Metal”, algunos versos pequen de recurrentes. Lo cierto es que el barbado vocalista los desgrana con su fuerza y pasión habituales. El frontman de Vhäldemar es uno de esos raros especímenes que serían capaces de recitar con pasión hasta un listín telefónico. De la misma manera, Monge vuelve a brillar con su habitual ración solista. Al mismo tiempo correcta y funcional.

The Last Flame”, con Diego Zapatero y Gavin Iedema a bordo, es un cierre instrumental revestido de elegantes arreglos, grandes melodías y portentosos solos de guitarra. Un cierre que aúna elegancia y potencia. Nervio y buen gusto, con Monge realizando uno de sus mejores trabajos en cuanto a ejecución de todo el largo. El clásico trazo circular no podría funcionar mejor aquí. Un cierre tan mudo como eficaz.

Vhäldemar no están para experimentos. Puede que la banda picotee fuera de su redil habitual en momentos muy puntuales del disco pero, en lineas generales, este sigue siendo su heavy / power metal de toda la vida. De resultas de ello uno puede toparse con algún que otro lugar común a lo largo del tracklist que sus fans de siempre agradecerán de muy buena gana. El resto, está por ver. A fin de cuentas, y como diría el propio Escudero, ya saben…

Texto: David Naves

Reseña: Corazones Eléctricos «De Amor Y Rabia» (Etiam Records 2023)

Once nuevos latidos para los Corazones Eléctricos, el trío que forman Pau Monteagudo (guitarra y voces), Quique Cuquerella (batería) y Pete Sala (bajo) y que tiene parada el próximo viernes en el Tizón gijonés junto a los chicos de Maverick.

Fue el propio Monteagudo quien se encargó de producir este nuevo “De Amor y Rabia”, asistido en la parcela técnica por Manuel Tomás, Sergio Peiró, Genevieve Bennetts y Carlos Gómez. El álbum se grabó entre los estudios La Casa De Ninguna Parte, Valzhalla St., Milenia y Pentasonic. Las pistas resultantes de esas grabaciones serían posteriormente masterizadas por Enrique Soriano. En la calle desde octubre del pasado año.

Canción Urgente” da pronto la medida de la cara más hard del trío. Rock facilón, con pegada y que arrastra un deje casi grunge en sus estrofas. No descubre nada pero destapa, para despistados, el carisma casi torrencial de Monteagudo al micro. La línea “ahora toca ver en mi todo lo que nunca me atreví” suena realmente a pura declaración de intenciones. Qué hay si no más a “contracorriente” que un álbum de rock and roll a estas alturas del cuento.

Pero ahí está la más templada “Aullar Contigo” para ir ampliando las muchas miras que contiene este “De Amor y Rabia”. Un rock más templado, que no aburrido. Para nada. Hay una estupenda línea de bajo aquí, sensacional Pete Sala, mientras las guitarras adoptan afinaciones más amables. Todo desemboca en otro estribillo de esos que se pegan a la primera. Quizá eche en falta un solo que termine de apuntalar la propuesta, pero esto sigue siendo rock de muchos quilates. Que nadie lo dude.

Cimarrón” regresa a aquél pulso más hard del tema apertura, amén de soterrar un piano bajo el cascarón puramente rockero de la banda. Me llama la atención la forma en que Monteagudo afronta estas estrofas, un poco a la contra de la propia vibración de la base rítmica. Un corte sencillo en su trazo, directo, llamativo por esa extraña conjunción y que destapa la vertiente más flamígera de la banda.

El tenue arranque de “Sueño De Una Noche De Verano”, así como sus primeras estrofas, siempre traen a mi subconsciente a unos The Cult del “Love”. Afinaciones leves en estos primeros compases, solidarias al Monteagudo más susurrante. Cuando la intensidad sube y el corte alcanza estribillos, esta cuarta entrega termina por convertirse en una de mis favoritas de todo el redondo. Algo a lo que contribuye el reverberante solo que antecede al epílogo. Lo dicho, estupenda.

Renglones Torcidos De Dios” le pega otro giro de timón al tracklist. Una balada en formato clásico, muy cuidada en cuanto a producción y con una de las letras más intimistas que le hayamos oído al bueno de Pau Monteagudo. La sencilla pero fundamental línea de piano que acompaña a las estrofas, el propio Pau controlando con sumo cuidado su registro. Sin excesos ni alardes. Cuando todo se atempera en el tronco central, emergen los Corazones Eléctricos más alucinados de todo el redondo. Antesala del desgarro que eclosionará camino del epílogo. Fácilmente una de las baladas más cuidadas y elegantes que servidor haya escuchado en los últimos meses

La Destilería” vuelve por los fueros más rockeros del trío. Quizá de las once la que más me recuerda a aquellos Uzzhuaïa que tantas alegrías nos dieron hasta su deceso en 2014. Rock proverbial, apoyado en una letra menos tonta de lo que parece a simple vista, y que arrastra toda la pinta de funcionar como un tiro en directo.

” ejerce casi de conjunción entre la propia vena rockera del trío y ambientes no tan lejanos de un pop de radio fórmula de quince, veinte años atrás, previo a la eclosión de la música urbana que domina los diales en nuestros días. Monteagudo la interpreta con suficiente pasión para no desaprovechar el tiro. Y aunque haya unas cuantas ofertas dentro de este “De Amor y Rabia” que considero más redondas, qué hábil resulta ese pequeño parón antes de epílogo.

Para “Todo Por El Aire” regresa el Pau más sensual, apoyado de nuevo en otra inteligente línea de bajo de Sala. Llamativa por las afinaciones tan leves de sus estrofas en contraste con eso estribillos más ruidosos y noventeros. Por ambientaciones uno de los cortes más llamativos de todo el tracklist pero con el que, curiosamente, conecto sólo a ratos.

Los Dos Lados De La Misma Cara” amenaza con torcer hacia terrenos más endurecidos. Y sin embargo, ahí está el desvío que toman sus estrofas y que los acerca, de nuevo, al rock alternativo de los noventa. En especial cuando uno oye la forma en que Monteagudo encara sus estribillos. Hay buenos solos aquí. También una cuidada línea de batería por parte de Cuquerella. Al final una de las entregas que más ha ido ganando con el correr de las escuchas.

Es el propio Cuquerella quien lustra el arranque de la desgarrada “Érase Una y Otra Vez”, testimonio de la cara más rockera y vibrante del trío, que atruena ahora con una intensidad pocas veces oída a lo largo del álbum. Ojo a las melodías en que se apoyan los estribillos, con Monteagudo tirando de clase y también de galones. El ruidoso tramo final, y los riffs que la banda desarrolla aquí, no distan tanto de unos Muse del “Origin Of Symmetry”. Otra de mis favoritas.

El cierre es para la “Balada Del Difunto Vivo” y esos ambientes casi desérticos, con Pau en tesituras casi desgarradas. Cuidada y bien construida, rezuma clase y buen gusto. Una despedida distinguida, que abrocha, trompeta mediante, este nuevo trabajo con la cara más melancólica, triste incluso, del trío valenciano.

Un disco que rezuma buenas ideas. El tracklist abraza una amplia gama de influencias y las imbrica con la suficiente clase para que el resultado común nunca deje de mantener un nexo común. Es cierto que aquí y allá echo en falta algún solo que otro. Pero con eso y con todo un disco que resulta de lo más cuidado en cuanto a producción, que nos devuelve a Pau Monteagudo en plenas facultades y deja un ramillete de temas para el recuerdo. Desde la inmediatez de la inicial “Canción Urgente” a la no poca clase de “Renglones Torcidos De Dios” o el desgarro de la efectiva “Érase Una y Otra Vez”, un trabajo que merece la atención de todo buen fan del rock and roll que se precie.

Texto: David Naves

Reseña: Adventus «Lo Que Trajo El Viento» (Maldito Records 2024)

Aguas turbulentas las que ha tenido que navegar el músico, compositor y productor gallego Manuel Ramil. Adventus saltaban por los aires allá por 2022 y de la formación original ya solo persiste el también integrante de los pujantes Delalma. El ex WarCry se rodea ahora del Bloodhunter Dani Arcos en guitarras, el Dream Child Diego Valdez en voces, el Mägo de Oz Fernando Mainer al bajo y el Arwen Nacho Arriaga tras baterías. Todo ello para un “Lo Que Trajo El Viento” compuesto por diez cortes producidos, mezclados y masterizados por el teclista coruñés en sus Tercera Planta Studios y que ha puesto en circulación la gente de Maldito Records.

Tenue y elegante, la pequeña narración que atraviesa “Nordés”, ejerce como introducción al propio tono muchas veces apesadumbrado del disco. Apenas un parpadeo arreglado con mimo que conduce hasta una “Si Nada Es Cierto” donde pronto destacan esas guitarras dobladas de Arcos, los curiosos arreglos de Ramil y ese brusco giro de guión que conduce a las primeras estrofas. Hay un aliento aquí a medio camino entre el progresivo más tenue y el metal más sinfónico que, a ratos, me recuerda a ciertos momentos del debut de Delalma. Buena labor de Valdez en estrofas, elevando su peculiar registro por encima de la mezcla mientras se consolida como un vocalista de no pocos quilates. Quienes ya conocíamos al argentino, estupenda su labor con los muy clásicos Dream Child, no contamos con el beneficio del factor sorpresa. No me resulta para nada un mal arranque, si bien es cierto que al solo de Arcos le habría otorgado algo más de espacio.

Estalla la “Magia” y claro, la producción del disco no podría resultar más redonda. Equilibrio y pegada para la que fuera una de las distintas cartas de presentación de este “Lo Que Trajo El Viento”. Adventus amplifican la faceta más puramente sinfónica de su habitual heavy / power melódico y esta tercera entrega brilla con un pulso más contemporáneo. Lo que no cambian son esas estrofas primero desnudas y después recargadas. Trazadas ahora con unos crescendos más lineales, no tan bruscos. Una cierta melancolía atraviesa no solo la letra sino también la propia interpretación de Valdez, dándole de hecho un cariz muy llamativo en estribillos. Hábil el bonaerense al pasar de sus registros más livianos a los más rugientes. Las comparaciones con Víctor García, claro, serán inevitables. Pocos vocalistas han sido capaces de sobreponerse a su sombra pero qué duda cabe que el también voceras de Adamantia ha volcado aquí todo su empeño. El amplio y estupendo solo de Arcos remata un tercer corte con el que conecto solo a ratos.

Ramil y Valdez construyen en solitario el tenue prólogo del medio tiempo “Aire”. Adventus trazan tras ese prólogo un corte donde la base rítmica gana peso y da mayor fuste al propio avance a medio gas de la composición. A fuerza de buscar parecidos, me recuerda en gran medida a unos Avalanch de sus discos más recientes. Pausada, elegante y bien arreglada pero donde echo en falta algo más de gancho. El solo de Arcos tampoco me resulta de los más lúcidos del tracklist.

Volver a Empezar” nos devuelve a los Adventus de comienzos del álbum. Más heavies, más pesados. Más arriesgados incluso, esas voces filtradas de Valdez en las primeras estrofas. La banda, y el argentino también, parece más cómoda en esta encarnación más musculosa. La mezcla de Ramil vuelve a mostrar una buena labor en cuanto a equilibrio se refiere. La mayor gravedad de las guitarras contrapesa la fuerte presencia de las teclas del gallego. Todo encauza hacia un estribillo con Valdez entregando una línea vocal igualmente tensa y poderosa. Mucho color en su interpretación, músico veterano ya, que brilla con luz propia aquí. El solo, de teclas esta vez, porta un deje más progresivo con el que conecto en buena medida. Es una composición que se me atragantó de primeras pero que ha ido ganando peso con el correr de las escuchas.

Todo se atenúa de nuevo con el tranquilo prólogo de “Abrazando Mi Dolor”. De nuevo Valdez y Ramil en solitario nos conducen por el terreno de la balada más clásica para después reconducir hacia otro medio tiempo marca de la casa. El tema transcurre en un largo crescendo y por ahí surge de nuevo la cuidada labor en cuanto a arreglos que portan estas canciones. Puede que no me termine de conquistar su apartado lírico, lo que no quita para que aprecie la pasión con la que Valdez encara los respectivos versos, así como la correcta labor solista que irrumpe camino del epílogo.

Lo Que Trajo El Viento” recupera a esos Adventus más sinfónicos para dar la bienvenida a uno de los temas grandes del disco. Sin ofrecer grandes sorpresas en cuanto a escritura, goza de un arranque opulento, unas estrofas bien construidas y una línea de voz que transcurre de modo natural, sin grandes artificios ni mayores trucos de salón. En su casi infinita corrección resulta sin embargo sólida, efectiva al tiempo que extrae lo mejor de los distintos músicos implicados. Ramil remata con otro buen solo en su tramo final. Pese al papel tan secundario de Arcos aquí, a buen seguro una de mis favoritas del disco al que da nombre.

De algo llamado “Todavía Sigo En Pie” quizá espera uno un corte guerrero a lo WarCry de sus dos primeros álbumes. Metal aguerrido y combatiente. Lo que surge, sin embargo, son unos Adventus en una clave que linda sin problemas con el A.O.R. más acomodado. Ligera, particularmente en estrofas, con Valdez en esos tonos muy amables, viene a alimentar el rango de influencias del disco, acertando a la hora de encontrar el gancho que echo en falta en otras composiciones. Distinta a la par que efectiva.

Por alguna razón, “Caigo En Este Suelo” trae siempre a mi memoria a “Si Amaneciera”, aquella balada que Jero Ramiro trazara para los Saratoga del infravalorado “El Clan De La Lucha”. Un buen muestrario del registro más delicado de Valdez. También de las habilidades de Mainer al bajo, supone una buena toma de contacto con la cara más cristalina de la banda.

Para el cierre queda una de las entregas más heavies de todo el álbum, esta “Todo Da Igual” que de igual manera recupera esas voces filtradas de Valdez, que traza otra llamativa línea de voz para un corte tan directo como bien adornado. No sorprenden Adventus aquí pero bien es cierto que Arriaga entrega una tan interesante como potente línea de batería al tiempo que el disco echa el cerrojo inmerso en tonos que he echado en falta en ciertos momentos del mismo. Brilla del mismo modo en cuanto a ejecuciones, esos solos doblados del puente, y todo cuadra para devolvernos a los Adventus más encolerizados. Un buen final…

… para un disco con el que conecto solo a ratos. Centrándome en lo positivo, producción y mezcla resultan ágiles. Van de la versión más encorajinada de la banda a la más liviana sin mayores inconvenientes. Otro tanto se podría decir del ya veterano Diego Valdez, que carga con la nada desdeñable labor de suplir a un tal Víctor García concentrándose en unas líneas vocales llenas de pasión y fuerza. Por contra, a ratos echo en falta una mayor diversidad en lo compositivo. Unas escrituras que den aliento a unas estructuras más diversas. Sea como fuere, a buen seguro un álbum interesante para todo buen degustador de metal melódico en nuestro idioma que se precie.

Texto: David Naves

Reseña: Luna De Sangre «Luna De Sangre» (The Fish Factory 2023)

El multinstrumentista valenciano Javier Ruiz es quien se encuentra detrás de esta curiosa opera rock de una banda, Luna De Sangre, que completan Noelia Gala y Jordi Vocal’s (voces), Julio Pérez Oliver (guitarras), Marcos Tarín (bajo) y Pakitolobo (baterías y percusiones). Álbum grabado de forma individual por cada uno de los componentes y posteriormente editado, mezclado y masterizado por el propio Ruiz. Llegaba a nuestras manos gracias a The Fish Factory.

El arranque “Lo Mejor De Esta Noche” inunda de pronto los oídos con un cierto aire de vodevil. La idea que proponen Luna De Sangre aquí, esa historia contada desde dos vértices, masculino y femenino, funciona mientras eso sí la música tiene poco o nada de metal. Diría incluso que es el rock más liviano que haya pasado por esta página desde la crónica de Tarque & La Asociación Del Riff. Lo cual no tiene por qué ser algo malo. Y es que la banda hará por huir de etiquetas a lo largo y ancho de la peculiar ópera rock que proponen. Por ahí añade color y destaca el saxo de Francisco Sanchís. El corte parece no tener cortapisas más allá de lo socarrón de la letra.

Fuego y Pasión”, con las teclas de Jorge Juan Martínez “Chamake” aportando una mayor enjundia a lo que a ratos parece un indisimulado homenaje a los viejos Rainbow. Y es que si Luna De Sangre aparecen finalmente por una web como esta es gracias a cortes como este. Que destila clasicismo por todos sus poros, profundiza en esa curiosa forma de armar las líneas de voz del tema apertura, algo que termina por conferirle un aire más personal a sus composiciones. El riff que soporta los estribillos puede resultar un tanto obvio pero me agrada en gran medida la afinación de las guitarras. Quizá porque me recuerda, sí, a los primerísimos Mägo De Oz. Estupendo epílogo de guitarras que se retan en armonías ágiles y solos ni enfebrecidos ni tampoco casuales.

Luna De Sangre suenan algo más terrenales a través de una “Quiero Probar” que alberga una de las mejores interpretaciones tanto de Jordi como de Noelia. Y aunque siento que al sonido le falte algo de equilibrio, en especial durante alguna de las estrofas, cuenta con uno de esos estribillos positivistas y buen rolleros que tanto y tan bien calan entre los fans de este tipo de propuestas. Estupendo solo de guitarra aquí, apoyado en una mayor gravedad que termina por amplificar el impacto del buen desempeño de Ruiz a las seis cuerdas. Aseada, optimista y muy clásica.

Es la propia Gala quien introduce en el prólogo de “Como Duele El Amor” una mayor dosis de dramatismo. Sigue la banda en esos tonos lindantes con el heavy / hard más clásico, derivado ahora hacia tonos más tristes y melancólicos. Hay pequeñas líneas de piano dando lustre a esas partes más calmas, que desaparecen toda vez el corte alcanza los más pesados estribillos. Se propone así un doble juego de nuevo tan clásico como bien resuelto. Con Gala declamando sin grandes florituras ni mayores errores. Jordi irrumpe como contrapunto en el largo epílogo y hay algo en la interpretación de este que me siempre me recuerda a Ángel Belinchón de los (no poco) infravalorados progresivos castellonenses Dry River. No puede ser mala señal.

El Destino”, pequeña narración del Lyra Mortem Sergio Bermúdez mediante, nos introducirá en una “Esta Vez No” donde la banda cuenta con el inestimable apoyo de Alfonso Samos en guitarras. Con Gala en una interpretación ahora más chulesca, apoyada por una curiosa línea de batería en estrofas y culminando en unos estribillos orgullosamente ochenteros, al final el corte deja traslucir el lado más metálico del proyecto. Siempre sin abandonar sus propias señas de identidad y con buenos detalles en lo que arreglos se refiere aquí y allá. Estupendo el solo de su tronco central y más aún la carga más sinfónica del epílogo, donde Luna De Sangre parecen de pronto imbuidos del espíritu entre teatral y grandilocuente del mejor Meat Loaf.

Un Mal Recuerdo Será” rompe con ese final ampuloso y se imbuye de tonos tranquilos, ritmos pausados y un inequívoco aroma al viejo aunque siempre confiable blues. Es un corte que no ofrece sorpresas en cuanto a trazo. Un pronunciado impás antes del corte más extenso del álbum. La irremediable calma antes de la tormenta.

Buscando La Luz”, dividida en tres actos, parte de un prólogo tranquilo, con un Jordi en tonos casi emotivos, rotos de pronto por un metal a medio tiempo que, a destellos, me recuerda a los Iron Maiden de finales de los ochenta. Hay después buenas armonías entre voz y guitarra, algo de épica y tonos que, ahora, me vuelven a recordar a Mägo De Oz. Igualmente apesadumbrada la irrupción de Noelia aquí, bien remarcada por pequeños arreglos de aires sinfónicos. Puede que la producción pierda aquí cierto equilibrio y las transiciones entre los distintos actos resulten por ahí un tanto deslucidas. No es menos cierto que Luna De Sangre parecen haber cuidado con sumo mimo cada rincón de la composición. Y es que detalles de producción al margen, todo respira con naturalidad. Nada resulta nunca forzado, mecánico, automático si lo quieres así. Estupendo tronco central y el deje más grandilocuente que se desprende de él. También el solo que irrumpe a continuación y la manera en que ambas voces armonizan con él. Tan ambiciosa como bien resuelta.

Y no es que “Siento En Mí” suponga un descalabro en comparación con su inmediata predecesora pero es verdad que siempre me cogen de improviso esos tonos dulces de su prólogo. Balada de armazón clásico, rematada con mimo pero que vuelve a poner en primer plano una producción con cierta falta de equilibrio. Una pena pues Luna De Sangre traman un corte que, en su orgulloso clasicismo, deja pocas dobleces.

Vencerá El Calor” aporta a la mezcla una mayor teatralidad. Luna De Sangre se apoyan aquí en tonos más abiertamente sinfónicos y grandilocuentes, trazando estrofas con gusto clásico donde, de nuevo, el nombre de Meat Loaf vuelve a sobrevolar mi subconsciente. Que tal vez por trazo no me sorprenda pero sí por la apasionada interpretación de Gala en su primera mitad. Irrumpe luego una mayor carga sinfónica con la que la mezcla del álbum lidia lo mejor que puede. Pero si apasionada es la labor de Gala aquí, no lo es menos el solo que precede al epílogo, así como los tonos más poderosos de este último.

Rebelión” resulta en otra pequeña narración que habrá de introducirnos a su vez en una “El Peor Final” donde la banda cuenta con Josechu Sanchís en baterías. Es un corte de tonos amables y alegres, melodías fácilmente digeribles y tonos orgullosamente despreocupados. Acierta ahora la mezcla del propio Ruiz a la hora de amalgamar las distintas líneas que ocupan este rock amable y sencillo.

La Luna Su Sangre Lloró”, de nuevo en tonos lindantes con la balada clásica, de toda la vida, le sirve a Noelia Gala para tramar otra estupenda línea de voz. Cuidadosamente arreglada, me agrada por el crescendo tan clásico como efectivo que propone. Clásica, sencilla, casi te la sabes de antemano lo cual no tiene por qué ser algo malo si está hecho con un mínimo de gusto, que pienso es el caso. El final corresponde a la pequeña narración de “Epílogo”.

Hora y cuarto de música en un disco un tanto a la contra de estos tiempos inmediatos que nos ha tocado vivir. Despreocupado en cuanto a géneros. Luna De Sangre parten desde el rock más primigenio para después abrazar el blues, el hard rock, incluso el sinfónico, en una amalgama de tonos y colores que contribuyen a la fácil digestión del mismo. Es este uno de esos álbumes que requieren unas cuantas escuchas para apreciar todos y cada uno de los detalles que alberga. Y aunque sea precisamente ahí donde a veces la mezcla juegue malas pasadas, perdiendo a ratos algo de equilibrio, lo cierto es que se las arreglan para salir adelante con buenas interpretaciones y distinguidas colaboraciones. Una agradable sorpresa.

Texto: David Naves

Reseña: Totengott «Beyond The Veil» (Hammerheart Records 2024)

Empecemos con los hechos. La reseña de “The Abyss”, a la sazón segundo disco de estudio del trío asturiano Totengott, fue el primer texto que servidor entregó para HMB. Por eso cualquier cosa que tenga que ver con el trío que forman José Mora (batería y coros), Nacho Bernaldo (bajo y coros) y Chou Saavedra (guitarra y voz) siempre tendrá un significante muy especial para quien escribe.

Los chicos, que como muchos ya sabréis comenzaran su andadura como banda de versiones de Celtic Frost, regresan ahora bajo el paraguas de la histórica Hammerheart Records. Y lo hace con un tercer largo al que han dado en llamar “Beyond The Veil” y que ha sido mezclado por el Balmog Javier Félez (Altarage, Teitanblood, Conjureth, Onirophagus…) en los Moontower Studios. Posteriormente masterizado por Jaime Gómez Arellano (Angel Witch, Ulver, Ghost, Moonspell, Fen…) y adornado por el estupendo artwork de Khaos Diktator Design (Gaerea, Wyrd, Heresiarch, Saor…), verá la luz el próximo 12 de julio.

Es gracias a ese prólogo brumoso y oscuro de “Inner Flame” que uno capta, por las buenas o las malas, el tono alrededor del cual se va a desarrollar esta tercera entrega de los asturianos. Es un corte en la más pura tradición de las entregas más vibrantes de la banda, que viene a resultar todo un canto al thrash metal más sucio y elemental. En comparación a anteriores trabajos, sorprende ese bajo tan alto en la mezcla. En ningún caso predominante pero qué duda cabe dando un mayor empaque a ese trotar tan habitual en ellos. El epílogo sí que destapará una mayor pesadez y la buena labor de Félez en las mezclas dará sus frutos a lo largo de ese tramo final más angosto y oscuro. Notable arranque.

Es “Sons Of The Serpent” la que de pronto destapa un aura más oscura y ominosa a través de un prólogo que rozará incluso lo funerario. Hay un juego de voces aquí capaz de disociar a esta tercera entrega de sus dos anteriores, al tiempo que acerca al trío a Triptykon, la continuación natural de los Celtic Frost más postreros. El registro de Saavedra resulta especialmente roto en estas estrofas y ejerce un poderoso contraste con esas tesituras más cristalinas, también enigmáticas, que emanan de los coros. Contrapuntos que asemejan a un juego de espejos mientras la banda transiciona hacia su cara más aletargada y oscura. La mayor presencia de teclas remata a un epílogo alimentado por su cara más sinfónica y, en cierto modo, grandilocuente.

Marrow Of The Soul” vuelve a territorios similares (que no iguales) a los de la inicial “Inner Flame” para de nuevo entregar encarnación más nerviosa y dibujar de paso alguno de mis riffs favoritos de todo el largo. La guitarra de Saavedra, con esa afinación tan característica, brilla en toda su gloria aquí. Un corte que puede pecar de lineal en un primer tercio que apenas cogerá aire durante esos estribillos más lángidos y pesados. Interesante solo de guitarra el que ocupa su tronco central y retorcido a más no poder un epílogo donde tienen cabida muchas de las caras que representan a una banda como esta. Totengott confrontan brío con pesadez, crudeza con nervio, resultando en un tramo final verdaderamente llamativo. Sobre el papel otra de mis favoritas.

The Architect”, que tuvo su correspondiente traslación a videoclip, me atrapó desde las primeras escuchas. La poderosa y también enigmática voz de Marija Krstevska y el tratamiento que de ella hace la producción durante el prólogo. Ese pulso arrastrado, que tanto y tan bien ha desarrollado la banda en el pasado, esas voces igualmente enigmáticas así como ese avanzar por momentos casi agónico. Un corte que propulsa a la banda hacia el futuro sin que ello implique negar el pasado. Tan atmosférica como enigmática. Composición que apunta a fija en sus setlists durante largo tiempo.

Esta primera “Beyond The Veil Part I: Mirrors Of Doom” entregará una cara casi cinemática de la banda. Un prólogo que parte de lo atmosférico para luego alcanzar una épica a ratos desgastada donde vuelven a brillar esas cuidadas voces de Krstevska. Ejerce como angosto preludio de una segunda parte, “Beyond The Veil Part II: Necromancer”, donde el trío cuenta con la colaboración del E-Force y ex-Voivod Eric Forrest. Un corte que en su primer tercio transita sobre un metal vibrante y descosido. Ese riff de las partes más nerviosas quizá no me resulte el más redondo de todo el álbum. Mora está incansable tras baterías y especialmente fino en los pequeños pero marcados cambios de ritmo. Es cuando las revoluciones bajan y el corte adquiere una mayor pesadez que la banda parece sonar mejor que nunca, con Forrest dejándose el alma en algunas voces realmente agrias. El mayor peso que adquiere el bajo de Bernaldo en este tercer trabajo ayuda a apuntalar esas partes tan nerviosas, también la pesadez del pequeño epílogo. Estupenda.

El final, en la más pura tradición Totengott, corresponde a la composición más extensa del álbum, en este caso “The Golden Crest”, si bien esta queda lejos de los altos minutajes que desarrollaban cortes como aquél “Doppelgänger” que daba nombre al debut. Es precisamente a aquél primer trabajo al que parece hacer referencia este broche final. En especial por la gama de arreglos de la que han echado mano. Diría incluso que por el riff que dibuja Saavedra a lo largo del prólogo. La banda adopta más adelante esos coros prístinos que han ido apareciendo a lo largo del tracklist, dejando finalmente su lugar a un bien acomodado solo de guitarra. Su tronco central, sin embargo, contrapone voces limpias a un trazo pesado, casi arrastrado, preñado de voces que parecen desafiar a cualquier tipo de cordura, dibujando así durante el epílogo un metal tan monolítico como grave y desesperanzado. Un cierre descomunal y arrebatador, en rima con trabajos anteriores, que abrocha a estos al tiempo que responde a los propios pulsos sobre los que se desarrolla buena parte de este “Beyond The Veil”…

… donde creo que la banda ha sabido conjugar su propio legado al tiempo que parece mostrar una mayor intención por encontrar un sonido mucho más propio e identificable. Por supuesto que hay riffs e ideas aquí dentro que en buena medida recuerdan al bueno de Thomas Fischer. Pero mentiría si dijera que cortes como la misma “The Architect” discurren por terrenos hasta ahora y, en cierto modo, desconocidos para ellos. Otro detalle a tener en cuenta es la disposición de los temas, o cómo la banda ha ido abandonando los eternos desarrollos de sus dos primeras obras en pos de creaciones más concretas y concisas. Por lo demás aquí están sus flirteos con el thrash sus descensos hacia el doom más descarnado y ciertos coqueteos con lo atmosférico e incluso lo cinemático. Todo ello dentro de una misma raíz y sin complejo alguno, trazando un tercer trabajo con todos los argumentos para suponer su confirmación definitiva.

Texto: David Naves

Crónica: S.O.C.S. + MalaTesta en Infiesto (29/6/2024)

Inmersos como estamos ya en la temporada de festivales, raro es sin embargo el fin de semana en que no hay sarao pertinente dentro de lo que podríamos llamar nuestro radio de acción. La cita en esta ocasión tenía lugar en Infiesto, concretamente en la Cervecería La Traviesa, y tenía a State of Crime & Science (S.O.C.S.) y MalaTesta como protagonistas.

Huelga decir que le debíamos una visita a los segundos. Atropellados por la actualidad como por otro lado viene siendo habitual, su debut de 2022 “El Instante Perfecto” se nos escapó en su día. También sus distintas evoluciones en directo que, por mil razones, nos habían llevado a no coincidir aún con ellos.

Pero pongamos algo de orden en esta crónica. Los encargados de abrir la noche fueron los chicos de S.O.C.S., que estaban aún con las pruebas de sonido cuando el equipo de Heavy Metal Brigade, tan tempranero como siempre, atraviesa las puertas de La Traviesa. Y lo que ven nuestros ojos es un local bien cuidado, con un escenario amplio para lo que acostumbran recintos de este tipo y un equipo lo suficientemente decente como para desarrollar un directo con todas las garantías.

Faltan poco más de veinte para las diez cuando el quinteto, formación inalterada, procede a dar inicio a la velada con el tema que les da nombre, un “S.O.C.S.” donde, ya digo, el sonido era tirando a bastante bueno. Era una fecha complicada, con uno de los mayores festivales de metal de la península en su máximo apogeo, pero mentiría si dijera que no hubo parroquianos pendientes de las evoluciones de la banda.

Una banda a la que prácticamente hemos visto nacer, crecer y evolucionar, que sigue buscando su camino mientras se deja caer por escenarios de todo pelaje a nada que tiene ocasión. Lo hablábamos ayer: son ya muchas las veces que les hemos visto y lo cierto es que siempre dan una buena cara. Osana K., en esta ocasión, tampoco defraudó. Su registro y la manera de afrontar los temas son ya indisociables del peculiar modo en que entienden el rock alternativo.

Lost” se ve muy beneficiada del buen sonido que emana de La Traviesa. Las cosas, cuando se hacen con la suficiente dedicación, terminan por dar buenos réditos. Lo bien hecho bien parece que decía aquél. Al público pareció agradarle su reconocible propuesta. Y decimos reconocible porque muchas de sus composiciones abrazan un léxico común, una manera de componer, que las hace muy identificativas, aún cuando a día de hoy nos suenan más alternativos y menos progresivos que en nuestro primer encontronazo con ellos.

Precisamente mientras pensaba esto, arremeten con un tema nuevo, “Paranoia”, que quizá venga a quitarme algo de razón. Y es que de pronto la banda suena más pesada y angosta, transitando hacia registros hasta ahora un tanto desconocidos para ellos y en los que queda claro que siguen buscando su propio camino. Víctor dejaría aquí uno de los solos más hábiles de la noche, y a servidor con la necesidad, imperiosa ya, de escuchar nuevo material de la banda.

Con la bien conocida “Under The Rain” vuelven a sus fueros habituales, aprovechando para deslizar un tono más melódico, también melancólico, de lo más reconocible. Sorprendieron con una versión del “Come As You Are” de los ya ineludibles Nirvana, convenientemente traducida al lenguaje S.O.C.S., con todo lo que ello implica. Iván se multiplicó tras los parches aquí, dando su mejor versión y aportando seguridad y firmeza en cada golpe. Se habla poco de los baterías en las crónicas, no te digo ya de bajistas y asumo mi correspondiente cuota de culpa.

Tras una muy aplaudida “Through The Mirror” le llegaría el turno a otra de las novedades, cocinada en pandemia como comentaría el propio Víctor, y que retrotrae a lo mejor del rock alternativo de los noventa. La banda tiene cintura y parece sentirse cómoda en el salto entre registros. Da fe de ello el mayor nervio que emana de “The Hole”, que a su vez contrasta con la mayor calma de “Tanto Por Hacer” con esos crescendos tan ágiles. Vimos a la banda cómoda y al público disfrutar con la formación de origen gijonés.

Otra de las novedades, “Vortex”, deja uno de mis riffs favoritos de todo el set, amén de alcanzar unas cotas de intensidad hasta ahora desconocidas para ellos. Doble bombo inclusive. No sería la última sorpresa de la noche. Y es que es aquí donde descubren otra versión, o en este caso reinvención, del “Losing My Religion” de los alternativos de Athens (Georgia, Estados Unidos) R.E.M.. Al menos en lo que a mí respecta, se agradece que no se limiten a calcar las originales, deconstruyendo los temas para trasladarlos a su terreno.

Release” y sobre todo la ya ineludible “Should I?” rubrican un final lo suficientemente bueno como para que la audiencia reclamara un bis final y La Traviesa aplaudiría de buena gana al quinteto. Toca encarar ya una nueva entrega discográfica. Como ya he dejado escrito por ahí atrás, por aquí somos todo orejas.

Son alrededor de las once cuando el trío conformado por Marcos Munguía (bajo y voz), Marco Álvarez (batería y coros) y Guillermo Mariño (guitarra y coros), es decir, MalaTesta hace suya La Traviesa. Y lo hacen a través de un prólogo tranquilo, de aires casi post-rock, que sucumbe toda vez irrumpe un nervio en forma de distorsión que viene a dar la debida medida de la banda.

Escuchado su debut esta semana, lo cierto es que deriva de él un fuerte aroma a los madrileños Sôber. Y en honor a la verdad hay que decir que la encarnación en vivo de MalaTesta difiere en buena medida de esos efluvios. Visto lo visto con S.O.C.S., no sorprende el buen sonido que desplegaron pero sí la forma en que Marco y Guillermo acompañan en tareas vocales a Marcos. Funcionó el trío en voces, alimentando unas canciones con un marcado acento alternativo y que, ya digo, ganan una barbaridad en su traslación al vivo.

El pequeño y tranquilo prólogo de “Elegimos Mal” me recordó incluso a U2. Luego la banda reconduce hacia un rock más reconocible. Y aunque siempre perdure una cierta querencia por la banda de Escobedo y Bernardini, agradecí cómo el directo desdibuja la impresión que me produjo su primer álbum. Hay lugar para cortes melancólicos, ese “Falling”, o para ese interesante “Una Luz” de su debut. Incluso para alguna que otra novedad, véase el caso de “Corazón”, corte que, si todo transcurre por los cauces esperados, integrará su segundo largo.

Un segundo largo que, aseguró Munguía, están cocinando a fuego lento, un poco a la contra de lo que manda la inmediatez de estos tiempos en los que si algo reina por encima de todas las cosas es la inmediatez. Qué me vais a contar. Me agradó lo flexibles que se mostraron a través de la instrumental “A 441”, que parte el set en dos y ofrece una cara más del trío. También “La Peor Versión”, en especial gracias a un epílogo tan árido como desgarrado. Fenomenal aquí Álvarez tras baterías.

Enfundada en una melancolía que, en cierto modo, entroncó con sus compañeros de cartel, “El Instante Perfecto” amplificó su rango sónico. Desde luego ya digo que en directo resultan una banda con un sonido mucho más personal, amén de disponer de una mayor pegada. Todo sin que la guitarra de Mariño pierda brillo en ningún momento. Ayudó el cuidado que La Traviesa ha puesto en su equipo técnico. Ya podían aprender otros.

Munguía nos retaría entonces a adivinar qué clásico del punk de los 90 habían trasladado a nuestro idioma, que resultó ser no otro que el “Infected” de Bad Religion. “Vulnerables”, otra de sus composiciones de nuevo cuño, entregó uno de los riffs más sucios del set, mientras que “El Desastre”, corte que anticipara su álbum debut, configuró un estribillo de innegable gancho. Es cierto que el final con “Monstruos” les vuelve a acercar a las lindes de los mejores Sôber, pero el público pareció agradecer el guiño a la vista de la ovación final. Ya digo que nos sorprendieron. Nos quitamos una espina que teníamos clavada desde hace demasiado tiempo y la banda respondió tanto o mejor de lo esperado. Qué más podemos pedir.

Pues cosas como que el trato con la buena gente de La Traviesa sea bueno, que lo fue. Que ambas bandas nos pusieran al tanto de sus planes a futuro, que lo hicieron. Que disfrutáramos de la compañía, que lo hicimos. Se podría decir que nos fuimos con ganas de volver siempre y cuando las circunstancias nos sean propicias. Ya saben, nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Reseña: TodoMal «A Greater Good» (Ardua Music 2023)

Es el segundo disco para el dúo de doom atmosférico castellanomanchego TodoMal, formado por los multiinstrumentistas Mile (Yskelgroth, ex Nahemmah, ex The Heretic…) y Wildman (Dejadeath, Jade, Harmpit…). Los también integrantes de Nexus 6, que debutaran en 2021 con “Ultracrepidarian”, contraatacan ahora con un “A Greater Good” grabado a caballo entre Montseny Studios y Trinitat Studios bajo la tutela del propio Mile. El disco cuenta con las colaboraciones de Darío Garrido (guitarra española), Teodora Gosheva (voces), Fernando Moya (solo de guitarra en “High Time”) y la asistencia en lo relativo al sonido de todo un Greg Chandler, guitarra y voz de los fundamentales doomies ingleses Esoteric. Con artwork de Paloma Pájaro, el álbum salió a la calle vía Ardua Music en digital, CD y vinilo de 12» allá a finales de noviembre del pasado 2023.

Melancólica y grandilocuente, “Silent Mass” arranca abrazada al libro del estilo del doom más elegante y proverbial. Pero sobresale con una mezcla equilibrada y a la vez potente. Donde el fuerte protagonismo de sus arreglos no opaca el crujir de sus guitarras o la pegada de su apaciguada base rítmica. Con nombres como Krux o Candlemass adjuntados como influencia directa en la nota que nos ha hecho llegar el sello, quizá no sorprendan esas voces igualmente elegantes y la forma en que se elevan toda vez alcanzamos estribillos. Todo adquiere un mayor peso conforme transitamos camino del epílogo, con buenas líneas de guitarra y teclas acompañando ese caminar tan clásico como apesadumbrado. El solo final se me antoja la guinda ideal de un buen arranque al que si le tengo que poner alguna pega sería ese último y engorroso fade out.

High Time” se abre paso tras un halo misterioso, comandado por la cierta extrañeza que provocan sus arreglos en un disco de estas características. Posee de hecho un cierto regusto el rock sinfónico de los setenta, tímidamente impregnado sobre una mixtura entre el doom más acostumbrado del corte precedente y un leve post-punk donde destacan la propia diversidad gramática del corte, estupendas esas líneas de voz, y el buen solo de guitarra que dibuja Fernando Moya. Todo el corte resulta una atrevidísima amalgama de distintas influencias y donde me resulta casi fascinante la forma tan natural en que Mile y Wildman juegan a introducirlas sin que nada suene nunca de forma mecánica o forzada. Todo tiene peso, todo respira, nada sobra. Un corte que ha estado dando vueltas por mi cabeza desde la primera escucha de “A Greater Good” y no parece que vaya a huir pronto de ahí. De lo más redondo que he escuchado este año.

Infero Tristi” y sin romper del todo las costuras del género, sí es cierto que transige hacia territorios de mayor calado e intensidad. Se endurecen sus guitarras y dan la bienvenida a una serie de arreglos que me hacen pensar, casi de inmediato, en los ineludibles Candlemass. El tratamiento de las distintas voces y coros vuelve a resultar fantástico, trazando el que puede ser sin mucho esfuerzo el estribillo más memorable de todo este segundo trabajo. De tan directa y clásica que resulta su estructura, por momentos parece rebelarse contra el corte anterior, elevándose orgullosa como una sólida pieza de doom elegante por clásico.

La pequeña “Ultima Lucerna” apenas trasluce una leve línea de piano sobre la voz de una etérea y por momentos casi espectral Teodora Gosheva para dar paso a una “Dust And Nothingness” que pronto recupera las pulsiones más doom del álbum. Aquí pienso en los My Dying Bride menos tensos abrazando un entramado de arreglos que habrá de recordarme a los primerísimos Ghost, aquellos del “Opus Eponymous” que muchos tanto añoran. Apreciable ese cambio de ritmo que conduce al epílogo y la buena línea de bajo que se deja notar en este cierre. Y es que como viene siendo tónica habitual, el sonido del disco no podría ser más redondo ni gozar de mejor equilibrio. Por ponerle un pero, el solo de esa parte final bien merecía algo más de desarrollo.

Antichrist Of Love” persiste en un doom quizá algo monocromático pero tejido con maestría y suma atención al detalle, revestido de cuidados arreglos y donde sobresale con fuerza la cara más atmosférica del dúo. Una carga que ahonda en la grandilocuencia de su cara más dark metal y en la que sobresale otro estribillo por momentos memorable. La forma en que armonizan todos los elementos camino del epílogo no podría resultar más deliciosa ni estar mejor resuelta. A pesar de todo no mi favorito dentro de “A Greater Good” pero a buen seguro un corte nada desdeñable.

A través de “LossTodoMal se adentran en el terreno de la balada. Huelga decir que si bien por estructura sí pudiera serlo, desde luego por tonalidades o ambientes resulta mucho menos obvia de lo que pudiera intuirse. Confluyen aquí la voz de Teodora Gosheva y la guitarra española de Darío Garrido para un corte que juega de forma inteligente con los sintetizadores sin abandonar una cadencia a ratos casi desértica, rota finalmente por ese piano que habrá de tomar el mando en el epílogo.

A Greater Good” de inicio parece abrazar esa misma quietud. Abraza el latín para su primera estrofa y por ahí vuelvo a pensar en la ahora gigantesca banda de Tobias Forge. Ídem cuando irrumpe ese Hammond deliciosamente clásico y quizá no tanto por las a ratos omnipotentes líneas de voz y coros. Muy cuidada construcción la que conduce hacia la quietud de su tronco central, contrapunto a los TodoMal más orgullosamente grandilocuentes que habrán de irrumpir camino del cierre. Una buena carta de presentación y a la vez una estupenda forma de cerrar este segundo álbum.

Dicen que lo bueno si breve. Apenas treinta y ocho minutos para la riada de ideas que irrumpen a lo largo del disco se me antoja una cifra algo escasa. Por contra, el disco logra brillar de principio a fin, dejando poco lugar al abatimiento y sí muchos asideros de los que echar mano. Empezando por la a ratos exquisita producción de la que dispone. Siguiendo por el trazo atrevido que exhibe alguno de los cortes, pienso especialmente en la fenomenal “High Time”, así como el descarado clasicismo que muestra orgullosa “Infero Tristi”. Al final un trabajo sin grandes dobleces, a la par atrevido y clásico, arreglado con sumo gusto y donde las colaboraciones redundan más allá de la mera anécdota. Agradabilísima sorpresa.

Texto: David Naves