Reseña: Burning Witches «The Dark Tower» (Napalm Records 2023)

Quinto trabajo ya para la banda de Brugg, en Suiza, Burning Witches, que forman a día de hoy Jeanine Grob al bajo, Lala Frischknecht en baterías, Courtney Cox y Larissa Ernst en guitarras y Laura Guldemond en voces. Este “The Dark Tower” que hoy nos presentan contó con producción del Destruction Schmier y V.O. Pulver, colaborador habitual del combo centroeuropeo. Adornado por el arte de Gyula Havancsák (Accept, Wintersun, Annihilator, Grave Digger, Stratovarius…) vio la luz el pasado mayo vía Napalm Records.

Rise Of Darkness” es apenas un minuto de introducción al vasto ideario que las suizas han dispuesto a lo largo y ancho de su última obra de estudio. Es un corte casi eclesial por momentos y que vendrá a derivar en una de las varias cartas de presentación, esta “Unleash The Beast” con todos los cilindros en funcionamiento y un pulso, particularmente en estrofas, que bien podría recordar a los Judas Priest más vibrantes. Que sufre de un estribillo un tanto atropellado, si bien acaba por arreglárselas para trazar un más que digno comienzo de tracklist.

Renegade” no se desliga de esa querencia por la banda de Glenn Tipton, si bien las de Brugg aprovechan ahora para descender aquél pulso más vibrante de la apertura y deslizar un hard/heavy ochentero, deslenguado y chulesco. Guldemond está especialmente certera a la hora de trazar las distintas líneas de voz. Todas ellas situadas sobre unos riffs a ratos un tanto planos, que convergerán, ahora sí, en un estribillo sobrado de gancho. Lo particular del solo, con esa sonoridad más oscura a comienzo, desata una pequeña disonancia con el tono general del corte en sí, que desaparecerá más tarde, quedando apenas como curioso guiño a los momentos más oscuros del álbum. Que los habrá.

Evil Witch” recrudece la propuesta de las Witches. Riffs ágiles, Frischknecht firme con el doble bombo y un pulso casi marcial en una de las estrofas más inteligentes y mejor trazadas de todo “The Dark Tower”. Corte que no niego desprecié en las primeras escuchas al disco y que me ha ido ganando desde entonces. En gran medida gracias a las mencionadas estrofas, también a un estribillo puede que simple y lacónico, pero que se las arregla para amarrar en el subconsciente, y terminando por ese solo en crescendo y las guitarras dobladas en que culmina. Mientras escribo esto una de mis favoritas de las trece y más que merecida su traslación al mundo del videoclip.

World On Fire” parece por momentos la hermana suiza de “Judas Rising”, tema apertura de aquél “Angel Of Retribution” de Judas Priest. Su riff, sus estrofas de versos breves y lacónicos. Burning Witches insertan no obstante un estribillo lo suficientemente disociado del mencionado corte del Sacerdote para marcar las debidas distancias. Pero sea como fuere lo cierto es que el parecido resulta más que obvio. Y de todos modos es apreciable el mayor dramatismo que Guldemond implementa a su registro aquí. También su sección solista por cómo funde épica, técnica y elegancia. En resumen me parece un buen corte al que su excesivo parecido le resta algún punto que otro.

Dará un respiro la distinguida “Tomorrow”. Balada en toda regla, elegante y diáfana, apoyada en guitarras cristalinas y con el poderoso registro de Guldemond aportando las debidas notas de color y también de dramatismo a un trazo no por convencional menos disfrutable.

En clave más cinemática, “House Of Blood” resulta en una pequeña introducción que habrá de llevarnos hasta el corte que da nombre al álbum, ésta “The Dark Tower” en cuyos riffs creo divisar una fuerte influencia de la banda del ahora denostado, no sin razón, Jon Schaffer. Es un corte algo a la contra de los grandes pulsos del álbum. Construido a mayor gloria de su faceta más pesada y arrastrada, si funciona es más por el uso de contrapuntos que por su trazo a ratos algo redundante. En cualquier caso ni mucho menos la más redonda de este quinto trabajo.

Heart Of Ice” recupera a las Burning Witches más vibrantes, si bien lo hará a fuerza de traer al frente una serie de riffs un tanto distraída. Tampoco la voluntariosa línea de voz de Guldemond pasa por extraordinaria. Y es una pena porque toda la sección solista es estupenda, fácilmente entre las más redondas de todo el trabajo. Corte tan desigual como el propio álbum que lo aloja.

Arrow Of Time” irrumpe con un tono más comedido. Es un medio tiempo que deja fluir la buena técnica que alberga el dúo Ernst & Frischknecht, si bien y en líneas generales, noto una composición poco cohesiva. Que no acierta con un tono claro e incorpora, con acierto desigual, todo un abanico de influencias que casan solo a ratos. Desde Riot a Queensrÿche pasando por el hard más apaciguado y a término tintes más metálicos y pesados. Buenos destellos aquí y allá pero echo en falta una mayor cohesión entre todas sus partes.

Qué duda cabe que la banda parece más cómoda en cortes como este “Doomed To Die”. Que recupera aquellos pulsos más oscuros apenas intuidos en la anterior “Renegade” y entrega a las Burning Witches más intensas y vigorosas de todo “The Dark Tower”. Armadas con un estribillo que parece tener el directo como fin único, por ahí se dejan oír voces más graves, buenos riffs, mejores melodías y una tan incendiaria como juguetona sección solista.

Into The Unknown” que vuelve a posiciones más tranquilas, albergará el que es fácilmente mi riff favorito de todo el álbum. De nuevo con algo de Iced Earth insertado en su ADN pero lo suficientemente inteligente como para terminar sonando en gran medida a Burning Witches. Seis minutos largos de metal a ratos machacón, que conforme transita hacia su tronco central me evocará a bandas como Sanctuary, Nevermore, Savatage… a la escuela americana en definitiva. Hay cierta épica, drama incluso, en su tronco central, que culmina enfrascado en una oscuridad casi teatral que, a ratos, evoca al bueno de King Diamond. Corren las escuchas y siento que en su amalgama de influencias acierta allí donde falló “Arrow Of Time”.

The Lost Souls” funde a las Burning Witches más vivarachas de comienzos del álbum con las más oscuras de finales del mismo y el resultado es un corte bifocal y nunca sobresaliente. Con buenos contrapuntos en sus distintas líneas de voz pero un estribillo nada brillante. Buenos riffs en estrofas y más acomodados en estribillos. Una más que decente ración de solos en su tronco central pero un trazo, a estas alturas, ya poco sorprendente.

Para el final en ciertas ediciones del álbum quedan un par de versiones. Del “Shot In The Dark” de Ozzy la primera. Del “I Wanna Be Somebody” de W.A.S.P. la segunda. Todo lo leales que cabría esperar de ellas, si bien pienso que la del príncipe de las tinieblas pedía una línea de voz algo más limpia.

Altos y bajos en el nuevo álbum de las suizas. Que me agrada por el buen nivel técnico que despliega y un ramillete de temas verdaderamente logrados, con “Evil Witch” o “Into The Unknown” a la cabeza. Entre medias hay cosas que me descolocan (“World On Fire”), otras con las que directamente no he llegado a congeniar (“Arrow Of Time”) e incluso alguna que me parece muy por debajo del resto en todos los aspectos (“The Lost Souls”). Mis sensaciones, por tanto, no podrían ser más desiguales. Queda ahora asistir al próximo Rock Nalón y ver de qué son capaces sobre las tablas. Os emplazamos a todos allí.

Texto: David Naves

Reseña: Leather Boys «Fairy Tales From The Underground» (The Fish Factory 2023)

Los dieciocho años como banda de Leather Boys, se dice pronto, bien daban para un disco en directo, un DVD, un recopilatorio… pero ¿una biografía? ¿Estos chicos quienes se han creído que son? Lo cierto es que si algo tiene este “Fairy Tales From The Underground”, amén de que se puede leer en apenas dos sentadas, es una fidelidad casi religiosa al título que la banda y un célebre de la mitología rockera como Fernando “Tanxencias” Sampedro han considerado oportuno darle.

“Hedonismo Ilustrado: Vida crápula en las cloacas” reza el subtítulo de esta obra y desde Heavy Metal Brigade damos fe de que no se trata de un gancho comercial (¿o sí?) sino algo más. Representa el espíritu inabordable de una banda como tenemos pocas, me atrevería a decir que ninguna, dentro de las lindes del Principado. Tirando de tópicos, podría decirse que Leather Rose (voz) y Leather Sex (guitarra y coros) no se muerden la lengua. Disparan contra todo y cada palo que aguante su vela. Relatan el interminable baile de miembros, con especial acento en lo que a baterías se refiere, chico, ni Spinal Tap, al tiempo que desmenuzan y pormenorizan sus particulares tiranteces para con festivales, fans, agentes de la autoridad, dueños de locales de mala nota (que diría Marge Simpson) y, en definitiva, todo lo que rodeó (y rodea) a una banda que a base de pico, pala y juerga ha sabido labrarse su espacio en un siglo al que parecen incluso ajenos.

Leather Sex: “no hay cosa más triste, de eunuco mental, que el obrero de derechas, la estulticia supina” (pag. 229)

Tampoco crean ustedes que el libro, o la banda, cojea de una ideología determinada. Aquí dará fe cualquiera que haya visto a la armada «Leather» en directo. Nadie escapa a su radar, Leather Boys no se casan con nadie porque ahí precisamente reside el verdadero espíritu del género. Y el día que nos lo quiten, habrá llegado la hora de echar el cierre. Fin de fiesta. Fue bonito mientras duró.

Pero en el fondo, el libro es mucho más que un catálogo de dardos envenenados, sexo explícito, drogas de todo signo, afters inmundos y rock and roll. Entre tanto caminar por las mencionadas cloacas, el día menos pensado se encuentran con Villarejo grabadora en mano, el libro también cuenta el origen de muchos de los temas con los que han ido construyendo su casi imposible trayectoria. Supone éste otro de los grandes valores del mencionado artefacto. Para alguien como servidor, con la misma capacidad creativa de un zapato o un mocasín, no dejará nunca de resultar llamativo cómo la más tonta anécdota puede terminar impresa en un disco primero y gritada en un directo después. Y el libro, “Tanxencias“ mediante, al igual que no ahorra un solo detalle escabroso, hace bien al recordar que en el fondo es una obra sobre una banda de rock. Con todas las letras.

Asimismo, digno de mención el recorrido fotográfico que parte el volumen por tres y trae de nuevo a la memoria eventos del pasado de la banda. En alguno de ellos hizo acto de presencia el equipo de Heavy Metal Brigade, porque ya sabéis que parece que lo que no se cuenta, no existe. Tal es el mundo interconectado que nos ha tocado en gracia vivir. Congratulará a sus fans, enfadará a muchos y en definitiva no dejará a nadie indiferente.

Texto: David Naves

Reseña: D.A.D. «Las Reliquias Del Horror» (Base Record Production 2022)

Corría noviembre de 2022 cuando veía la luz “Las Reliquias Del Horror”, Ep de la banda sevillana D.A.D: Ale en voces, Cami a la batería, J.J. al bajo y Oscar en guitarras. Los cinco temas que componen esta nueva entrega, y que suceden a su vez al largo de 2019 “Mil Rostros”, fueron grabados, mezclados y finalmente masterizados por Sergio Carmona en los White Tower Studios. Editado en colaboración con Base Record Production.

El Orden Del Caos” es apenas una intro de poco más de un minuto que, en su anatomía sinfónica y grandilocuente, sirve para dar pie a “El Principio Del Fin”, adelanto a su vez del Ep y primer corte con verdadera enjundia de este tracklist. Que lejos de encadenar con la desmesura de la primera entrega, se elevará desde las tinieblas mientras desarrolla una calma pausada, casi hipnótica. Calma que se quiebra de modo seco y abrupto para llevar a D.A.D. por unas estrofas algo recurrentes en cuanto a forma pero desde luego bien resueltas. Algún pequeño solo vendrá a aportar algo de brillo y sustancia. Pero si por algo me engancha es por esa escritura nada lineal, en permanente diálogo consigo misma, y la forma en que el epílogo rima con aquél riff que irrumpía en el puente. Un buen comienzo.

Intro al margen corte más rácano del Ep en cuanto a duración, “Las Reliquias Del Horror” destapa de nuevo la cara más groovie de los sevillanos y, por ahí, su línea de voz me recuerda, vagamente, a los barceloneses Ktulu. D.A.D. ofrecen aquí un trazo más evidente, menos retorcido. A cambio, puede que éste sea el corte con más gancho de los cinco.

Breve epílogo de corte electrónico para dar el pistoletazo de salida a una “La Voz Dormida” donde vendrá a manifestarse, a ratos, un poso más melódico en guitarras. Engarzan unas estrofas, por momentos algo atropelladas, mientras el trazo mantiene un buen equilibrio entre cierta linealidad del corte previo y aquella escritura más abierta de “El Principio Del Fin”. Un buen solo coronará su tronco central, si bien el epílogo no deja de resultar algo distraído.

La final “Rompiendo Cadenas” enlaza con esas guitarras más melódicas para cerrar el Ep desvelando la cara más thrash de los andaluces. Subyace de igual modo un aire más marcial, ejemplificado en esa línea de voz tan frontal. Principal baza de un corte que, en cuanto a riffs se refiere, no consigue captar del todo mi atención.

En cierto modo siento que el Ep va un poco de más a menos. Quizá “El Principio Del Fin” haga promesas que el resto del tracklist no llegue a cumplir del todo. Resulta más que correcto en cuanto a producción, si bien de tanto en cuanto las voces de Ale se me antojan un tanto lejanas. Nunca de forma grave pero sí lo suficiente como para que según qué estrofas resulten algo confusas. En definitiva un Ep ideal para conocer de lo que es capaz el combo sevillano y una alerta cara a futuras obras en formato largo. Estaremos a la escucha.

Texto: David Naves

Reseña: Sweet Hole «Ubik» (The Fish Factory 2022)

Rock progresivo con trasfondo literario el que hoy nos proponen los andaluces Sweet Hole. En el álbum encontramos a Francisco Roldán (voces, pandereta, teclados, piano), Javier Martínez (batería), Miguel Durán (guitarra, sintetizador), Charlie Durán (bajo), Antonio Rubio (guitarra rítmica y española) y David Alejo (teclas, flauta travesera y piano) junto con la colaboración de ni más ni menos que Tim Bowness (No-Man). La novela de Philip K. Dick “Ubik” inspira y da nombre a un álbum producido por la propia banda, y grabado, mezclado y masterizado por Jacobo Fernández en Sputnik Records. Con arte de Alejandra Lupión, ha visto la luz a través de The Fish Factory.

Sintes de Miguel Durán para dar la bienvenida a la remansada “Moon” y desplegar ese aire a lo Genesis o Marillion que anticipaba la nota de prensa. Que, dicho sea de paso, también me habrá de recordar al tristemente fallecido compositor Angelo Badalamenti. Sea como fuere, me agrada esta primera composición y la naturalidad, quizá también la parsimonia, con que desarrolla y entrelaza sus buenas estrofas. Hay detalles técnicos relucientes por comedidos. Nada ególatras o redundantes. Quizá la producción peque de cierta ligereza cuando la banda acomete un puente central más enérgico, tampoco al punto de deslucir el resultado global de un estupendo primer corte.

Ubik Beer” es el primero de los tres pequeños interludios que atraviesan el nuevo disco de los sevillanos y que, en la voz de Tim Bowness, habrá de conducirnos hasta una “Secret Hideout” de inicio más oscuro, también más desnudo, que seguramente por una sencilla asociación de ideas y personajes, me lleva a pensar en los primeros discos de Steven Wilson en solitario. “Grace For Drowning” especialmente. Buenos contrapuntos los que la banda superpone aquí y que conducen a uno de los estribillos más cuidados, también más agudos, de todo “Ubik”. Todo el corte está atravesado de un aire más melancólico y tristón pero que la banda resuelve sin alardes ni aspavientos. El solo del puente y la desnudez que plantean aquí parece llevarle la contra a propuestas más impostadas que han acudido a estas líneas en tiempos recientes. Es un solo grácil, de nuevo nada forzado o antinatural, bien ligado al tono imperante. Extenso para el oído poco acostumbrado pero, creo yo, de calidad y gusto innegables.

Con la guitarra española de Antonio Rubio arranca una “Carbon Copy Of The Future”, que no me atrapa en la forma en que lo hacen otros cortes dentro del álbum, si bien sigue siendo ésta una composición mimada con todo detalle. En ella encuentro buenos cambios de ritmo, una estupenda, divertida incluso, línea de bajo y una no menos atractiva melodía vocal.

David Alejo a la flauta travesera introduce esta “Uncertainty”. Instrumental de arranque pausado, tranquilo y remansado, roto más adelante en pos de un crescendo tan poco original como bien tejido. Desarrollos técnicos, de nuevo, desprovistos de todo alarde. Con la naturalidad por bandera, de nuevo nada acentuados ni ególatras. Por ponerle un pero, ese fade out final, pero en líneas generales me funciona.

Ubik Breath” con su repentina carga electrónica vendrá a introducir el corte más extenso del álbum, una “Am I Alive?” de inicio nuevamente liviano, que no desnudo. Muchas capas en este primer tercio aún con la tranquilidad que despliega, con Roldán desplegando ahora una línea vocal algo temblorosa que le sienta como un guante a este transcurrir introspectivo que quebrará de pronto para devolvernos a los Sweet Hole menos contemplativos. Ese giro, bien es cierto, no resultará tan natural como otros que se pueden hallar a lo largo y ancho de este “Ubik”. Detalle que de todas formas no empantana otro corte interesante y atractivo, de buenos desarrollos técnicos y poseedor de un más que interesante manejo de las texturas. Su largo epílogo, más grave y rocoso, contrasta con toda la composición, en lo técnico y también lo tonal, llevando a la banda a sonar algo más contemporánea.

Inertial”, al menos de primeras, resulta mucho más prosaica. Y no es que al riff del comienzo le falten galones. Al contrario. Es ese aire más a lo Deep Purple el que vendrá a alimentar cierta disociación con el disco al que pertenece. Y no pasa nada porque Sweet Hole entregan por contra el que fácilmente sea el corte con más enganche de todos. Dicho de otro modo, el que creo más podría agradar a los lectores habituales de este medio. Con un par de indisimulados guiños a King Crimson durante su tronco central y ese epílogo más enérgico, a buen seguro la oferta más vibrante de todo “Ubik”.

Red Light” vendrá en cierto modo a reconducir hacia territorios más concordantes con los grandes tropos del disco. Si bien no exenta de picante, estribillos mediante, lo cierto es que sus marcados cambios de ritmo y el tono general de la composición vienen a amalgamar la serie de ideas y sensaciones por las cuales aquellos primeros cortes del álbum funcionaban tan bien. La perfecta conjugación de su tranquilo puente central es fácilmente uno de mis momentos favoritos de este nuevo trabajo. Atmosférico a un tiempo y melancólico al otro, de trazo inmaculado y gusto innegable. Antecede, además, a un magnífico solo de guitarra durante el epílogo. De mis favoritas. Cierran con la breve narración “I Am Ubik”.

Un álbum la mar de apañado. Bien es verdad que de poca o ninguna rima con el metal, pequeños guiños en “Am I Alive?” al margen, pero de calidad innegable. En la composición, cuidada hasta el más mínimo detalle, y también en ejecución. Nunca impostada, siempre funcionando a favor de las canciones y nunca al revés. Bien producido en líneas generales y donde, si acaso, se le puede achacar cierta falta de riesgo a la hora de desplegar un ideario progresivo mil y una veces transitado. Sea como fuere y teniendo bien en cuenta el disco de género que es, una adición más que interesante para cualquier buen fan del progresivo que se precie.

Texto: David Naves

Reseña: Exessus «Asynapse» (Autoproducción 2022)

Cinco años ha habido que esperar por un nuevo álbum de los thrashers barceloneses Exessus. Aunque a juzgar por lo oído, no parece que la banda haya estado tirada a la bartola todo este tiempo. El cuarteto que forman a día de hoy Víctor García (batería), Gerard Colomer (bajo), Iván Exe (voz, guitarras) y Ferran Montasell (guitarras) y que debutara con el largo “Time In Coma” en 2017, contraataca ahora con un “Asynapse” producido por el Blaze Out Gerard Rigau (Dullboozer, Red Raw, Flames at Sunrise) en el Amplifire Studio. Adornado por el arte de Pau Pujadas “Raven”, el disco se encuentra en la calle desde octubre del pasado 2022.

Bloodshed” entra inmediatamente en harina destapando la cara más groove y pesada de la banda, renegando de arranques pomposos o impostados pero también del habitual corte violento y lineal. Thrash multidisciplinar en definitiva, variado y retorcido, machacón primero y melódico después. Rematan este interesante arranque el estupendo solo de su tronco central así como el buen sonido que Rigau ha extraído de los barceloneses. Buena carta de presentación:

Que no os engañe el vigoroso prólogo de una “Oblivion” que, en gran medida, vuelve a poner sobre la mesa a los Exessus más groovies y pesados. Un corte de nuevo interesante por esa construcción hábil, poco lineal y siempre atractiva. Buenos riffs, en especial durante estrofas, un llamativo puente central, rematado por otra buena labor solista y una cuidada línea de batería.

Claro que si hablamos de baterías, Víctor García pone el acento durante el prólogo de una “No King” que, ahora sí, descubre a los Exessus más enérgicos y poderosos. De resultas de ello emerge un corte que en un primer término vendrá a ganar en presencia aquello que pueda dejar en el tintero en cuanto a originalidad. Por ahí el contraste que produce ese tercio final más angosto, técnico, retorcido e incluso atrevido. Con solos incluso algo exógenos en un disco de estas características y finiquitado por un groove mucho más valiente y audaz. De mis favoritas con el correr de las escuchas.

La versión corta de “Paths” pone de inicio el acento en la cara más melódica de los barceloneses para, a partir de ahí, perderse en un llamativo mar de cambios, rítmicos y tonales, construido con sumo cuidado. O al menos esa impresión es la que deja. Sintes cómodamente apostados en las partes más calmas y una cuidada y sentida sección solista rematarán otro corte ganador de este “Asynapse”, que tiene alma de single pero no por ello entrega una escritura simplona o descuidada.

Strength”, claro, manda al carajo esa calma más acentuada para reconducir hasta el habitual trazo pesado y groovie del que tanto echan mano. A ratos Pantera, a ratos Machine Head, son diversos los nombres que acuden al subconsciente conforme se suceden esas estrofas directas, por momentos casi rapeadas, que Iván Exe dibuja aquí. Por riffs no me atrae en la misma medida que otras compañeras de tracklist, si bien aprecio el brillo de su estupendo y retorcido tronco central.

Inner Parasite” me recuerda en cierto modo a “Oblivion” por la forma en que su prólogo enfatiza un nervio que más adelante sucumbe conforme irrumpen las habituales estrofas pesadas del cuarteto. Ello no quita para que me resulte un corte atractivo, en especial en lo que a voces se refiere, con ese doble juego entre tonos y registros. Corte asido de nuevo a la habitual confección alterna de la banda, que acogerá un solo de lo más hábil, casi incendiario, de hecho muy del gusto de quienes aborrecen los solos pírricos y contraídos tan habituales en el metal más contemporáneo.

Singular” tiene algo de “Paths” en cuanto a sus fuertes y pronunciados acentos melódicos. Acentos que en la brevedad de este séptimo corte conjugan con su pesadez habitual primero y su buen nivel como intérpretes después. Eficacísima línea de voz la que pergeña Iván Exe aquí, yendo de los tonos más raspados del comienzo a las notas altas del elegante epílogo con total naturalidad. Cierto es que su corto desarrollo ayuda a que, por momentos, su trazo me resulte algo atropellado, pero tampoco la contaría entre las entregas perdedoras del álbum.

Reconozco haber tenido mis encontronazos con la balada / medio tiempo “Voyager” en las primeras escuchas de “Asynapse”. Y el caso es que ahora mismo me parece un corte que sí, tiene muchos de los habituales tics de este tipo de entregas, por no decir todos. Pero es también un corte donde Exessus han sabido jugar con los crescendos y la melodía de un modo, cuanto menos, hábil y atractivo. En especial, la cabra tira al monte, durante el despliegue solista que ocupa el largo y pronunciado epílogo.

Lejos de volver al nervio de los cortes más graves, lo que nos encontramos es una pequeña y acústica “Leaving” alargando el acento calmo del tema previo. Delicada, sencilla, en cierto modo un interludio que desembocará en una “Old Chains” que, aunque voluntariosa, pienso palidece frente a otras entregas similares dentro del álbum. El dúo de guitarras que forman Montasell y Exe hace de las suyas en otro lucido puente pero el resultado en su conjunto no logra engancharme del todo.

Como propuesta más ambiciosa del álbum están los doce minutos largos de esta “Notes Of The Soul Pt. 2”. Corte llamativo ya desde un primer momento por la tormenta de riffs que se desata durante el prólogo. Toda vez ésta cesa, tenemos de vuelta a los Exessus más tranquilos y amables, trazando con mimo otro habilidoso pero clásico crescendo, en obvia rima con la anterior “Voyager”, pero donde las miras del combo catalán parecen estar puestas varios escalones por encima. Puede que los momentos más cálidos y tranquilos destapen algunas carencias de Iván Exe al micro. Carencias que desaparecen toda vez la intensidad aumenta y la paz desaparece. Me agrada la estructura sobre la que Exessus han montado este corte entre valiente y audaz. También la forma en que Rigau ha entendido a la perfección la clase de tema profundo y diverso que tenía entre manos. Estupenda.

En primer término “Welcome To The Hole” casi viene a dar respuesta a su inmediata predecesora con ese thrash veloz y nervioso, a ratos deudor de los mejores Anthrax, y donde la banda apuesta por su una construcción más directa, menos discursiva, pensada tal vez de cara al directo. En segundo término, un epílogo entre el industrial y el techno más ligero, que no dudo sorprenda y espante a partes iguales.

Para el cierre queda la versión extendida de “Paths”, que a mi modo de ver agranda los aciertos de ésta y minimiza sus errores, si los hubiere. Aunque, dicho sea de paso, estoy abierto a debate.

Un buen álbum el que han venido a trazar los chicos de Exessus. Atrevido en lo que a composición se refiere, sólidamente apoyado en ese thrash machacón y arenoso pero hábil a la hora de picotear en las diversas ramas del género de cara a producir un tracklist que rara vez hierra el tiro. Ayudan el buen nivel técnico que despliegan a lo largo y ancho de los 12+1 cortes así como la acertada producción de Gerard Rigau. Y aunque haya cosas con las que me cueste conectar dentro de este “Asynapse” o siga sin entender por qué entregar dos versiones distintas de una misma canción, lo cierto es que mi nota al respecto del conjunto rara vez bajará del notable. Mis felicitaciones.

Texto: David Naves

Reseña: Dira Mortis «Ancient Breath Of Forgotten Misanthropy» (Selfmadegod Records 2020)

Formados originalmente a finales del pasado siglo, los polacos de Dira Mortis se desbandarían en 2004 habiendo editado entre medias apenas un par de demos, un split con sus paisanos Valinor y el Ep “Architecture of Mind” en 2003. Desde su vuelta en 2009 han dado a luz el Ep “The Cult of the Dead” (Defense Records, 2011) y los largos “Euphoric Convulsions” (Let It Bleed Records, 2012) y “Psalms of Morbid Existence” (Defense Records, 2015). Finalmente y vía Selfmadegod Records, nos llega ahora este “Ancient Breath of Forgotten Misanthropy”, grabado, mezclado y masterizado por Krzysztof Godycki (Deception, Mord’A’Stigmata, Excidium…) en los Roslyn Studios y adornado con el arte de Bartłomiej Kurzok (Abigail, Decaying, Poisoned, Czort…). En tiendas desde el pasado 25 de diciembre.

Si bien al disco le han dado forma Leszek Makowiecki, guitarrista y miembro original, así como Mścisław en bajo y guitarra solista, Vizun en baterías y Kuba Brewczyński en voces, la banda cuenta desde 2017 con Daniel Rutkowski (batería) y Hubert Banach (voces) como músicos de directo.

La pequeña introducción “Legions Heading For Eternity” rompe el hielo y nos sumerge en el tono que comanda el disco. Oscuro y sin matices, bronco, debidamente difuminado y, eso sí, preciso como un demonio. Los nueve minutos de nada sutil título “Worshipping The Terror Of Madness” irrumpen con el mal café al que obliga el género. Esto es, sin sorpresas, exhibiendo un gusto por el death nada luminoso de los americanos Incantation en una representación que por momentos casi bordea el homenaje. Cuando no la rendición incondicional. Por tono de guitarras, no andan muy lejos de otros discos que han pasado por estas líneas. Véase “Perished in Torment” de Grim Fate. De agradecer, en todo caso, cómo el registro de Brewczyński oscila entre los habituales tonos broncos y graznidos más propios del black. Esa dualidad tonal corona un largo primer tercio dominado por la cara más veloz de Dira Mortis. Prolija en la enseña de riffs de la vieja escuela, donde resalta lo orgánico de su producción. Nada suena forzado ni artificial y de eso se beneficia, especialmente, el pasaje a medio gas que sigue a la algarabía del tercio inicial. Sin embargo, es en estas partes lentas donde el paralelismo con la banda de McEntee resulta más evidente. Buenos adornos en el puente, en cualquier caso, con el incansable doble bombo de Rutkowski marcando el paso, y tercio final bordeando el doom sin reparos.

Sepulchlar Maniac” conecta con esa pesadez anticipada en el final del tema previo para construir, desde ahí, un pasaje a mayor gloria de la habilidad solista de Mścisław. Banach declama, ahora sí, con toda la profundidad a la que el género obliga y todo trasluce un andamiaje donde la diversidad prima sobre la consistencia. Sin inventar la rueda, ni pretender sentar cátedra más allá de las fronteras del género, agradezco no obstante cómo han procurado darle a este tercer tema un andamiaje en continua alternancia, de resultas de lo cual emerge un corte nada sorprendente en lo tonal pero muy funcional y divertido.

El corto prólogo de “Twilight Of Divine Purgatory” vuelve a hacer enseña de la cara más pesada de los polacos. Tras ese arranque hay una apuesta decidida por la velocidad. Death metal trotón, no exento de cambios de ritmo que se podrían calificar de correctos. No alcanza la diversidad gramatical del tema previo, tampoco me parece que sus riffs sean nada del otro mundo, y en líneas generales me cuesta conectar. Mejorará en su tercio final, cierto es, a fuerza de acomodar sabiamente una serie de riffs que recuerdan a los Purtenance más pesados, pero supongo que el daño ya estaba hecho.

Con “The Falling Majesty Of Abomination”, de duración prácticamente idéntica al corte anterior, regresa la escuela Incantation. La guitarra de Mscislaw chilla en tonos apenas audibles por los perros y pronto bulle, de nuevo, la cara más veloz de Dira Mortis. La banda vuelve a brillar, en escritura y ejecución, y solo echo en falta una mayor presencia de las cuatro cuerdas en la base rítmica para terminar de dar la debida solvencia a la composición. Sorprende lo melódico del puente, en clara disonancia con el resto del trabajo, así como ese tercio final entroncando sin reparos con el death americano a lo Immolation, Monstrosity, Vital Remains… Un notable final para uno de mis cortes favoritos del disco.

Intro y outro al margen, “Forward To The Abyss of Misanthropy” es el corte menos extenso del tercero de los polacos. También el más diferente. Ya de primeras exhibe una clarividencia mayor en lo compositivo, adornada incluso con leves toques sinfónicos, y donde emergen una serie de riffs, particularmente justo antes del puente central, con los que empatizo en gran medida. Brewczyński recupera la variedad tonal que mostrara a comienzos del disco y todo transcurre captando mi atención en todo momento. La disimulada y tímida épica que ofrece en el epílogo me parece el broche perfecto. Por contra, no soy capaz de adivinar qué aporta la outro de medio minuto “The Altars Fall”.

Una muesca más para la inagotable nueva ola de death metal clásico que, sin ofrecer nada nuevo, muestra aunque sea de manera puntual unas capacidades compositivas que lo sitúan ligeramente por encima de la media. Enfangado en el tono imperante (y obligado) relucen destellos de calidad que si bien no dan para que el álbum alcance el notable, tampoco yerre a la hora de llamar la atención de los fanáticos del death más rocoso. Un disco de género, en definitiva, para lo bueno y para lo malo.

Texto: David Naves

Reseña: Alarum «Circle’s End» (Dinner For Wolves 2020)

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Cuarto disco largo para estos fusionistas progresivos australianos de Alarum, radicados en Melbourne, capital del estado de Victoria. Surgidos allá por 1992, editarían un par de demos antes de debutar con el primer largo “Fluid Motion” (Prey Music, 1998), al que seguiría “Eventuality” (Quadrum Records, 2004) y “Natural Causes” (Willowtip Records, 2011). La banda está formada a día de hoy por Mark Palfreyman (bajo y voces), Scott Young (guitarras) y John Sanders (guitarras) a quienes se les ha unido el batería de sesión Ben Hocking (The Levitation Hex, ex Aeon of Horus). “Circle’s End” ha sido editado por el sello Dinner For Wolves el pasado 19 de junio, producido y mezclado  por todo un clásico de la escena como Neil Kernon (3 Inches of Blood, Nevermore, Flotsam and Jetsam, Cannibal Corpse, Queensrÿche…) y cuenta con artwork de John Hocking. Ha visto la luz en formato digital así como en vinilo de 12″ y también en CD.

Lejos de entregarse al clásico y manido inicio tranquilo de infinidad de propuestas progresivas recientes, “Sphere Of Influence” nos introduce desde el primer acorde en un metal acelerado en confrontación directa con otro mucho más técnico y jazzero. Arranque notable pero escueto, donde tanto el tono como las estructuras están en constante movimiento, intercambiando ritmos y aglutinando, en menos de tres minutos, muchas de las influencias que conforman el disco. La producción goza de gran equilibrio tanto en las partes calmadas como en las más aceleradas. No cabía menos de alguien como Neil Kernon a estas alturas. “Syzygy” profundiza en ese metal diversificado, aumentando en duración y también en tecnicismo. No le falta de nada, desde preciosistas despliegues técnicos en una onda que recuerda a mis admirados Cynic, a otras donde la batería de Hocking acompaña a riffs thrash de toda la vida. Un tema complejo, lleno de detalles, que necesitan un par o tres de atentas escuchas para extraerles todo el jugo. Uno de los puntales del disco sin ningún género de dudas. “Delta”, que tiene uno de mis riffs favoritos de todo el disco, contrasta con las anteriores de tanto en cuanto resuena más atmosférica y apenas linda con el thrash en un par de detalles. Aporta frescura a un disco ya de por sí diverso y es de agradecer.

El exiguo a la par que extraño impás que supone la pequeña “Crystals” nos conduce hacia “Sand”, de inicio tranquilo, fronterizo con el jazz, que pasados sus primeros sesenta segundos recupera el thrash de los primeros cortes del disco para las estrofas, quedando su faceta más atmosférica para uno de los mejores estribillos del álbum. El solo de la parte central, así como el riff sobre el que se acomoda y la forma en que ambos nos conducen hasta el último tercio de este quinto corte me trae e la memoria a los tristemente inactivos Liquid Tension Experiment de Petrucci y compañía. Otro de mis predilectos dentro de “Circle’s End”. La siguiente “War Of Nerves”, se muestra más veloz a un tiempo, y más marcial al otro, resultando en su primer tercio considerablemente más lineal que sus compañeras de track-list. No es hasta su tronco central que opta por retorcerse a placer para profundizar en sonoridades más prog donde la rugosa voz de Palfreyman alterna con alguno de los solos más diversos de todo el trabajo. “In Spiral” nos trae las baterías más veloces de todo el disco. Virará de forma brusca hacia pasajes tranquilos primero y toda vez alcance el puente nos devolverá al tono general de esta cuarta obra de los melburnianos. Muy técnico, a veces hasta abrasivo en términos de sonido, pero en ningún caso por encima de cortes previos similares.

Thoughts To Measure” posee un inequívoco aroma Voivod y lo cierto es que engancha. Consigue, de un plumazo, quitarme el mal sabor de boca del corte anterior y reengancharme cara a la tripleta de temas que restan. Es verdad que la parte tranquila da la impresión de estar metida un poco con calzador, no alcanza a casar con el resto, pero no empaña de todas formas otro de los temas grandes del disco. “Circle’s End” parte de un inicio reposado y semiacústico, se electrifica para incorporar un bonito medio tiempo y parte después hacia un thrash técnico heredero de los fundamentales Mekong Delta y alcanza su tronco central con el Palfreyman más gritón de todo el álbum. Se acelera en su tramo final para añadir otro de mis solos de guitarra favoritos de esta decena de temas. La final “Sojourn”, que marca ocho minutos y medio en el reloj, arranca atmosférica a la par que tranquila, se energiza hacia un prog metal contemporáneo, cuyo tono bien puede recordar a bandas como Haken. salvo por el tratamiento de las voces, prolijo en solos, profundamente diverso, emperrado en mantener tu atención en todo momento. La línea de batería de Ben Hocking es con mucho la más rica de todo el disco. Notas que aquí la banda ha echado el resto, tanto en escritura como en ejecución, y se nota. Al final y a poco que aprecies el tipo de metal que hacen Alarum, terminarás el disco con una sonrisa. O la mandíbula colgante, eso ya depende de cada uno.

Fíjate que no conocía, para mi desgracia, a estos australianos y me he llevado una grata sorpresa. Y no es la primera  de este 2020 proveniente de nuestras antípodas (“Costly Signals” de sus paisanos Dyssidia, que reseñara allá por el mes de abril). Este “Circle’s End” es un verdadero núcleo irradiador (que diría aquél) rebosante de buen hacer tanto en lo técnico como en lo compositivo, producido con mimo y que, salvo por un par de detalles (el interruptus inicial, la planicie de “In Spiral”)  vuela a gran altura. A recomendar a quienes disfrutan de las bandas mencionadas en particular y el metal de corte más técnico en general.

Texto: David Pérez Naves

Reseña: Heathen Beast «The Revolution Will Not Be Televised But It Will Be Heard» (Autoproducción 2020)

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Diez años les ha llevado a estos blackgrinders de Calcuta entregar su primer largo. Heathen Beast se formaron allá por 2010 envueltos en el mayor de los hermetismos en torno a su figura al tiempo que han ido editando toda una rica serie de Ep’s y varios singles. Ellos son Carvaka (guitarra y voz), Samkhya (bajo) y Mimamsa (batería), si bien es cierto que las líneas de este último fueron grabadas por el músico de sesión Marco Pitruzzella (Bleak Flesh, Six Feet Under o Neurogenic entre otros). “The Revolution Will Not Be Televised But It Will Be Heard”, producido y masterizado por la propia banda, vio la luz de forma independiente el pasado 21 de junio.

Arranca el medio tiempo “Fuck C.A.A.” y pronto acuden nombres recurrentes a la cabeza, siendo el de los canadienses Revenge quizá el más pronunciado de todos, si bien es cierto que la producción no es tan áspera como en la banda de Edmonton (si de la ecuación queda excluido su último disco). “Fuck N.P.R. & N.R.C.” enriquece la básica alternancia que mostraba el tema inicial destapándose como una alegre algarabía de ritmos a menudo cercanos al grind. La línea de batería de Pitruzzella aquí se eleva como una de las mejores de todo el trabajo. “Fuck Modi-Shah” por contra resulta más lineal a la par que más veloz, y no obstante posee cierto toque melódico bien desplegado casi de principio a fin, siempre bajo la rabiosa voz de Carvaka. “Fuck the B.J.P.” son apenas dos minutos de grind veloz, tan rabioso como despreocupado, lineal y sin sorpresas. El cerril, furibundo y merecido ataque a gurús de medio pelo y dioses autoproclamados es el late motiv la frenética “Fuck Your Self Proclaimed Godmen”, donde la banda ofrece uno de los temas más violentos de todo el trabajo, también uno de los mejor construidos, donde la barrera entre grind y black es prácticamente indistinguible.

Fuck Your Police Brutality” no es Bon Jovi, pero sí es verdad que, aún dentro de la rabia predominante dentro del álbum, se muestra más relajada por momentos, con varios riffs más gordos colisionando con los acostumbrados ritmos frenéticos clásicos de la banda. De alguna forma resulta en uno de los temas más contemporáneos del disco. También en uno de los más distinguibles, especialmente su último tercio a rebosar de groove. El añadido final (todos los temas lo tienen) referido a la denominada “Noche de los horrores” en Delhi pone los pelos de punta. (más información con respecto a los hechos en el enlace a Reuters que adjunto al final de la reseña. “Fuck the R.S.S.” es otro de los temas importantes del disco, con uno de mis riffs favoritos del álbum al principio y un grind punkero llevando las riendas hasta un estribillo a coro.

Godi Media, conocido transmisor de bulos en el país indio centra las iras de “Fuck You Godi Media” que abandona el punk del tema previo para virar hacia terrenos más metálicos e incluso  incorporar pequeños pasajes de corte más técnico que sus compañeras de tracklist. En esa línea sigue “Fuck Your Whatsapp University”, construida sobre uno de los riffs más marcados de todo este iracundo ramillete de canciones, tan prólija en cambios de ritmo como escueta en su propuesta con esos escasos dos minutos. “Fuck Your Hindu Rashtra” incorpora tanto al comienzo como al final ligeros detalles étnicos (si me permitís el eurocentrismo) del trabajo conjugados con el riff más pesado del disco. Para gozo de unos y desazón de otros, en su parte central resulta en exceso similar a otras cuantas canciones del disco, quedándose un poco en tierra de nadie. “Fuck The Economy (Modi Already Has)” incorpora las únicas voces limpias del disco, luego un riff que parece sacado del thrash noventero, percusiones… en apenas tres minutos. Me gusta pero me deja con ganas de más. La final “Fuck The Congress” apenas alcanza un minuto de duración sin lograr captar mi atención en ningún momento.

Es verdad que la portada del álbum puede llevar a engaño, así como también es verdad eso de que la revolución no será televisada, pero sí que será escuchada. En  lo musical, estas doce canciones en las que el hermético trío indio arremete contra todo y contra todos resultan mucho más diversas de lo que la nota de prensa que adjuntan hacía pensar. Especialmente en el último tramo del disco. El resto es pura rabia contra la máquina, la misma que oprime seres humanos de aquí a Calcuta y más allá.

Texto: David Pérez Naves

Night Of Horrors‘: Inside the Indian university stormed by police:

https://www.reuters.com/article/us-india-citizenship-protests-university/night-of-horrors-inside-the-indian-university-stormed-by-police-idUSKBN1YL0KH)

Reseña: River Of Souls «Usurper» (Autoproducción 2020)

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Usurper” es el segundo disco largo en la carrera de los death doom neerlandeses River Of Souls tras su debut en 2017 “The Well Of Urd” y el Ep “The Nihilist” al año siguiente. Trabajos todos ellos autoeditados. La actual formación de la banda se compone de Bart de Greef (letras del disco y voz), Paul Beltman y Mathijs van de Sande (guitarras), Benjamin Hoogers (bajo) y Koen Spierings (batería). El propio Beltman se encargó de componer toda la música del álbum, así como también de la mezcla mientras que Manolo Honkoop corrió con el master. Este segundo trabajo salió a la venta el pasado 15 de mayo tanto en plataformas digitales de streaming como en un par de ediciones en CD.

Para entrar de lleno en el meollo del álbum hay que superar la acompasada y lenta introducción “Harbinger”, de apenas minuto y medio, tras la cual nos topamos con una “Of Pit And Snare” llena de melodías en un inicio donde la irrupción de la línea vocal llega tras una notable bajada en el tempo que empieza a enseñorear las influencias oscuras que preñan todo el álbum. El sonido cede buena parte de su protagonismo a las guitarras hundiendo un pelín de más a batería y voces. Al final redunda en un tema más pesado de lo que pudiera parecer en un primer momento y un tanto lineal. “At Rope’s End” profundiza en los planteamientos del corte precedente, imbuidos aquí de cierto aire épico que destila la interpretación vocal de Bart de Greef. Sencillas a la par que efectivas las melodías resultantes de las guitarras dobladas que surgen toda vez cesa la parte lírica y que nos habrán de conducir a un puente central más machacón donde el registro de Greef se envilece para llevar el sonido hacia terrenos más oscuros.

En el tema título “Usurper” la banda opta de primeras por un inicio rápido a la par que melódico, con una pizca de tristeza, que choca frontalmente con el par de temas previos. Con casi diez minutos de duración es uno de los cortes más extensos del álbum y parte desde un notable medio tiempo, nuevamente con de Greef en ese tono épico a lo Quorthon, para virar después hacia el doom de unos Saturnus con esas célebres partes recitadas de la banda danesa. A destacar la construcción del elegante puente central, arrancando con esas guitarras casi susurrantes y que será roto después por uno de los mejores solos del álbum. Para el final resta de Greef de nuevo con su registro más hosco y un riff que no te podrás sacar de la cabeza. Una buena muestra de cómo armar un tema largo sin que resulte ni autocomplaciente ni reiterativo. Que dé nombre al disco no es de extrañar.

A Spirit’s Weight” irrumpe sólida. Y doomie. Bart de Greef en sus tonos más profundos va declamando sobre (o bajo, producción mediante) otro de mis riffs favoritos del disco. Doom de voces agrestes y cadencia elegante para un corte que recupera cierta linealidad de los primeros temas del disco. El puente central es bonito. Diría incluso que me gusta mucho, pero en líneas generales este quinto tema resulta plano en exceso. La sexta “Fateweaver”, segunda de las tres instrumentales de las que se compone el listado de temas de este “Usurper”, inicia abrazada al death metal más elemental para irse luego por una intrincada escritura en la que están presentes incluso guiños al shoegaze más que evidentes. Uno de los temas más atractivos del álbum por su diversidad y que deja con ganas de más.

La extensa “The Tightening” alberga en sus primeros compases más idas y venidas rítmicas y tonales que algunos temas precedentes en su totalidad. Desde el bonito solo de guitarra del inicio, hasta el profundo riff que irrumpirá después y el registro enfurecido (¿y enfurruñado?) de Bart de Greef. Transitando hacia el puente central se encuentra una de las partes rápidas más logradas del disco por lo intrincada que resulta. La banda echa el resto, aprovechando para recorrer una rica variedad tonal que va desde parajes prácticamente acústicos a feroces andanadas circundando el death y que termina motu propio por convertirse en otro de los puntos álgidos de este “Usurper”. La final “Aftermath” es la calma después de la tormenta. Un crescendo clásico e instrumental para cerrar el segundo disco de los neerlandeses que transita entre lo elegante y lo anodino.

Este segundo largo de River Of Souls es un disco como tantos otros atenido a diversos compromisos estilísticos que parece desarrollar todo su potencial compositivo sólo cuando el reloj marca por encima de los nueve minutos. A excepción hecha del curioso y refrescante “Fateweaver”, sus temas cortos resultan en exceso lineales en contraste con aquellos en que el minutaje roza o supera la decena de minutos, los cuales son un delicioso baile tanto tonal como estructural que no sólo elevan la nota final si no se confirman como el mayor atractivo de un ramillete de canciones que en líneas generales me dejan un poco a medias, como pensando en la distancia que hay entre en disco que es y el que podría haber sido.

Texto: David Pérez Naves