Iron Maiden: 20º Aniversario De «Brave New World»

El 29 de mayo del año 2000 Iron Maiden publicaba «Brave New World«, su duodécimo álbum de estudio. Este trabajo marca el retorno a la banda del vocalista Bruce Dickinson y el guitarra Adrian Smith tras casi 10 años de ausencia.

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01 The Wicker Man
02 Ghost Of The Navigator
03 Brave New World
04 Blood Brothers
05 The Mercenary
06 Dream Of Mirrors
07 The Fallen Angel
08 The Nomad
09 Out Of The Silent Planet
10 The Thin Line Between Love & Hate

Por primera vez la formación tenía tres guitarristas, Dave Murray, Janick Gers y el retornado Adrian Smith. El álbum sería distribuido internacionalmente a través del sello discográfico EMI y para los Estados Unidos el encargado fue Columbia Records. La producción fue de nuevo obra del bajista y líder de la banda Steve Harris, quien contó con la inestimable ayuda del ingeniero de sonido Kevin Shirley.

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Para la grabación la banda se desplazaba a París, concretamente a los Guillaume Tell Studios, logrando realizar un disco a la altura de las expectativas de su legión de fans, muy ilusionados con el regreso del cantante más carismatico de la doncella de hierro. La gran portada del disco fue realizada por su ilustrador habitual Derek Riggs, quien se inspiró en la novela «Brave New World» del escritor britanico Aldous Huxley.

El disco como cabría esperar fue un rotundo éxito, tanto a nivel de critica como de ventas, logrando vender más de 100.000 copias en el Reino Unido y alcanzar el séptimo puesto en la lista de éxitos británica. Gracias a este álbum y el regreso de dos miembros fundamentales en la historia de la formación, Iron Maiden volvía a situarse en lo más alto de la escena musical mundial.

Las canciones «The Wicker Man«, publicada un mes antes de ver la luz el álbum y «Out Of The Silent Planet» serían los únicos sencillos extraídos del disco.

Reseña: Ignea «The Realms of Fire and Death» (Kadabra Music 2020)

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Ignea es la segunda reencarnación de una jovencísima banda ucraniana de nombre Parallax que operó entre los años 2011 y 2015, llegando a editar el EP de cinco temas “Sputnik”. Ellos son Ivan Kholmohorov (batería), Xander Kamyshin (bajo), Evgeny Zhytnyuk (teclados), Dmitry Vinnichenko, sustituto del miembro original Maxim Khmelevsky, (guitarras), y finalmente Helle Bogdanova (voz). Previamente al disco que nos ocupa autoeditaron “The Sign Of Faith” en 2017 y la versión instrumental del mismo, así como el single “Queen Dies”, en 2018. El disco, autoeditado al igual que sus predecesores y que ya puede ser escuchado en el bandcamp de Kadabra Music aparecerá en un cuidado digipack de cuatro paneles vía Plastic Head en Reino Unido y Europa, Season of Mist en Francia y Rock Inc. en Bélgica, Países Bajos y Luxemburgo. “The Realms Of Fire And Death” es un álbum conceptual, dividido en tres partes troncales, cada una de las cuales consta a su vez de tres temas. Cada una de ellas nos trae una historia independiente pero con temas comunes entre ellas como el fuego y la muerte. O al menos eso es lo que dice la info que nos ha llegado a la página. Hechas todas las presentaciones, procedamos.

Queen Dies” huye del tan habitual inicio fulgurante para entregar un medio tiempo en principio tranquilo que va ganando fuerza con el transcurrir de los minutos. Preñada de melodías orientales,  que para algo se autoproclamaron como la primera banda de su país en adoptar dichas sonoridades, deja buen sabor de boca en esa extraña calma, rota únicamente durante el escueto estribillo. El sonido es correcto, sin más. Cuida quizá en exceso el aspecto vocal superponiéndolo al resto de elementos, pero siempre dentro de unos límites aceptables. “Чорне полум’я” sigue con esa querencia por los arreglos del medio oeste, pero se embulle de ritmos más marciales así como de ciertos coqueteos con la electrónica. Sorprende en su parte final con una serie de riffs que les acercan a los franceses Gojira. Un tema variopinto y cambiante, el más largo de todo el tracklist y que cuenta con su propia versión en inglés a modo de bonus. La última de esta primera triada de temas es “Out Of My Head”, que se cuenta entre las más modernas del disco y se beneficia de invertir el orden de las voces de otros cortes para dejar uno de los temas con más personalidad de todo el elepé. ¿Se sigue diciendo elepé?

La segunda parte de este “The Realms Of Fire And Death” se inicia con la versión de la cantautora feroesa Eivør Pálsdóttir “Í Tokuni”, que inunda de guitarras el pop oscuro y ancestral del original añadiéndole “punch” pero restándole ese halo tan personal que posee el original de Eivør. De nuevo añadidos electrónicos para el arranque de la, por otra parte feroz “Too Late To Be Born”, que entrega los primeros blast beats así como el registro más visceral de Bogdanova, cuya voz desciende a lugares desconocidos en el resto de cortes del álbum para completar un tema que no desentonaría en un disco de death melódico al uso. Quizá un tanto lineal, pero desde luego una apuesta diferente dentro de  “The Realms Of Fire and Death”. La segunda tripleta de temas se cierra con la tranquila, oriental y casi festiva “What For”. Guitarras acústicas, arreglos lejanos y la melodiosa voz de  Helle Bogdanova que se desgañitaba con furor hace apenas segundos para el oasis de calma del disco.

Entramos en el final del álbum con “Gods Of Fire” recuperando estructuras de los primeros temas con esas estrofas llenas de voces rasgadas, el riff machacón y el final a calzón quitado. En el cénit final aparece un velocísimo solo de Maxim Khmelevsky al que personalmente habría dado algo más de espacio. “Jinnslammer” resuena tan grandilocuente en cuanto a arreglos como abrupta en lo que se refiere al prominente riff y al registro de Bogdanova durante las estrofas. El parón de la parte central, con esos sonidos quasi industriales, así como alguno de los solos que incorpora en su tercio final la convierten en uno de mis temas favoritos de todo el disco. La final “Disenchantment”, que viene con algunas de las mejores melodías de Bogdanova, así como algunos de sus gritos más descarnados, resulta lineal al principio y más diversa al final, pero en ningún caso aburrida y deja al disco en buen lugar.

The Realms Of Fire and Death” es un buen disco de metal sinfónico y moderno. Y creedme que últimamente no son pocos los discos del género que, por una cosa o por otra, han pasado por mis orejas. Este ralla a buena altura sustentado en gran medida por el buen hacer de una Helle Bogdanova que maneja los dos registros con facilidad pasmosa. La mayor pega la encuentro en lo referente al timing, que se queda en escasos treinta y seis minutos si eliminas el bonus “Black Flame”, versión en la lengua de Shakespeare de “Чорне полум’я” como dije más arriba. Se me antoja algo escaso.

Texto: David Pérez Naves

Reseña: Trallery «Isolation» (Rocket Music 2019)

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Tres años les llevó a Trallery (Sebas Barceló batería, Biel Gayà guitarras, Humberto Pol bajo y voz) componer, grabar y editar su tercer disco “Isolation” (Rocket Music). Trabajo que sucede a ”Spiritless” de 2016 y “Catalepsy” de 2013, alumbrados ambos bajo los auspicios de Xtreem Music. El álbum que nos ocupa vio la luz antes de confinamientos y pandemias, allá por noviembre de 2019, y el trío mallorquín ha decidido darle otro empujón ante la escasa repercusión que, por parte de la prensa, tuvo en su día. Las once canciones de este “Isolation” de premonitorio nombre están basadas en el libro “Mallorca Mágica” (editorial José J. de Olañeta) de Carlos Garrido, el cual recoge diversas leyendas de la isla mediterránea. El disco ha sido producido y grabado por Miguel A. Riutort en Psychosomatic Recording Studio y masterizado por Hay Zeelen y el propio Riutort en Hay Zeelen Mastering. Añadir por último que la portada ha corrido a cargo de Andreu Beltrán.

No se encuentran muchos discos de thrash basados en leyendas locales (¡si sabéis de alguno hacédmelo saber en comentarios!). Este en concreto arranca con “Isolated” en una amalgama furiosa de metal candente y acelerado con buenas melodías por parte Biel Gayà y, cosa que agradezco ampliamante, mucha presencia del bajo en la mezcla final. La producción en general está a buena altura, sin estridencias, sacando el debido jugo a todos los elementos presentes y con las predominancias muy bien medidas. El tema vira su dirección en su tercio final, incorpora algún detallito a lo Voivod y marca el paso a un disco que pretende ser algo más que mero revival más del género. En “Crystallizing”, que fuera single del álbum, conviven dos almas. Una en esas estrofas llenas de groove y otra en esos estribillos repletos de melodía. No obstante mi momento favorito de todo el corte es el solo de Biel Gayà en la parte final. “From Nowhere” rezuma melancolía en su acompasado transitar por una estructura poco habitual en bandas del género. A medida que se encamina hacia su parte central incorpora un solo casi Floydiano y de ahí al final Pol se desgañita a gusto en un cierre intenso y emocional. Desde luego no es lo que esperarías en un disco de estas características, pero Trallery han venido a jugar.

Ghost Rumour” nos devuelve a terrenos más canónicos, lo cual no quiere decir que sea un tema exento de complejidad. Arranca y termina apoyado en un mismo riff, clásico y muy thrash, y entre medias incorpora partes con algo de groove, un buen estribillo y notables detalles técnicos. Es así como construyes buenas canciones aun cuando te muevas en ideas mil veces vistas: con una buena composición. “Eternal” es otro de los temas distintivos de “Isolation”. En su primera mitad predominan los medios tiempos y los gritos desgarrados de Pol, en su parte central bordea el metalcore y en la final nuevamente aparece Gayà con otro buen aporte solista. Buen cóctel. “The Plague” y como suele suceder con los temas cortos, apuesta por la velocidad en contraposición a cualquier otro propósito. Metal raudo en un corte que pese a escabullirse hacia el groove en un par de ocasiones, mantiene firme el pedal en tabla. Resulta más lineal, claro. Nos ha jodido.

Voice of the Dead” invierte los factores del tema anterior aprovechando sus escasos tres minutos tres minutos y medio para entregar un corte pesado cual yunque. También algo lineal y sin muchas sorpresas. Por alguna razón disfruto más de sus temas largos, sean rápidos o no. “One Last Deadline” devuelve algo de brío desenvolviéndose rápida y primaria en un arranque con cierto regustillo al melodeath sueco. Se torna más enrevesada justo antes de llegar al puente central e incorporar un solo de Gavà lleno de atmósfera. Estas partes lentas se irán sucediendo hasta el final y el tema da buena cuenta de sus cinco minutos largos para revelarse como uno de los más completos de todo el álbum. «Witchcraft” resuma thrash en esas estrofas veloces pero también en un estribillo con cierto aire a mis queridos Testament (¡ánimo Chuck!) y aún sin ser uno de los temas más complicados del disco me hace disfrutar de tanto en cuanto me resulta un tanto despreocupado y entregando sin reservas buenas dosis de metal rabioso y eficaz.

Me gusta el enrevesado riff inicial de “The Art of Contradiction”. Diría que es el máximo valor de otro de esos temas pesados y amenazantes marca de la casa, con Pol poniendo todas las cuerdas a funcionar, las vocales y las del bajo, se entiende, y Barceló dejando una buena línea de batería. Se me hace algo corto pero para eso está la final “Ashes” con sus siete minutos y medio. El inicio es calmado páramo de dos minutos largos y tras él un medio tiempo que me trae a la memoria algunos temas lentos de Megadeth o incluso Pantera, siempre con el registro rasposo de Pol predominando sobre el resto de elementos. La guitarra acústica del pequeño impás central son una sorpresa que se queda un tanto a medias mientras que el consiguiente solo de Gavà culmina un final un tanto extraño.

Es un buen disco, qué duda cabe. Reconozco que no había escuchado de Trallery (ese nombre ¿por qué?) más que cosas sueltas de los álbumes previos y esta nueva (o no tan nueva) obra me ha cogido un poco por sorpresa. En general me parece un disco notable, lo suficiente como para interesarme por sus dos discos anteriores, lo cual ya es más de lo que consiguen muchos de los discos que pasan por mis orejas en estos tiempos. “Isolation” parte del thrash hasta hibridar diversas ramas del metal con algunas composiciones de altura pero también algún que otro bajoncillo. No obstante siempre con los brazos abiertos a bandas del género que no se limiten a seguir dándole vuelta tras vuelta a “Creeping Death” y “Angel of Death”.

Texto: David Naves

Reseña: Song Of Anhubis «Reversed/Reflection» (Autoproducción 2020)

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 Song Of Anhubis son un joven combo procedente de Mungia, Vizcaya, practicantes de un un rock / metal sinfónico y contemporáneo. Formados en 2012, cuentan en su haber con el álbum autoeditado “Revenge As Redemption” de 2016. Ellos son Txato The Bastard (batería), Polvareda Johnson (guitarra y teclados), Mario Martín (bajo y teclados) y Rei Reych (voz). Este “Reversed Reflection” se graba durante el pasado 2019 con  Jagoba Ormaetxea a los mandos en los Estudios TAOM y vuelve a contar con Paco Plazas para el diseño gráfico.

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Tras la escueta introducción “Lonely Echoes From A Distant Place” arranca “Misantropia” y nos metemos de lleno en un metal sinfónico donde la omnipresente voz de Rei se explaya a gusto a través de un corte inicial tan sencillo como directo. En conjunto suena bien, con una base rítmica bien presente y unas guitarras bien nítidas. Después aparece “Persephone’s Call” incorporando sonoridades de corte más industrial e introduciendo voces masculinas para terminar entregando uno de los temas más diversos de todo el disco. “Suicide Nation” parte de territorios más pop hacia un rock de fuerte presencia sinfónica donde el bajo de Mario Martín se erige en protagonista y Rei Reych desarrolla una de las mejores líneas vocales de todo el álbum. Tiene un bonito puente que evoca melodías medio orientales y eclosiona en su último tercio para alzarse como uno de los puntos fuertes de “Reversed Reflection”.

Vestiges Of A Life” en cierta forma resuena mucho más moderna, el dúo vocal tiende a emparentarse con bandas como Evanescence y similares casi punto por punto y transita de forma algo plana obedeciendo, quiero pensar, a la intención de convertirla en el single del disco. Rei Reych vira al castellano en la inicialmente tranquila “Hypersomnia”, balada / medio tiempo reposado que ejerce como buen contrapunto al resto de propuestas del álbum. Es diversa en cuanto a arreglos y no resulta ni empalagosa ni tampoco lineal, lo cual agradezco. “Progressive Spiral” retorna al idioma de Shakespeare para ofrecer el tema más largo y por momentos más furioso de todo el disco. Parte de un riff maquinal, incorpora buenas dosis de doble bombo y se torna más acompasada y entrecortada en su puente central, así como más sinfónica al final.

Para cerrar queda el outro “Sands Of Time” y la sensación de que es un trabajo tan bien hecho, como escueto. La ni siquiera media hora de este “Reversed Reflection” transcurre agradable, sorprende por lo diverso en cuanto a ritmos y arreglos y deja un sabor de boca agradable. Sin ser ninguna panacea ni inventar la rueda, sin resultar clónicos en exceso (a excepción hecha de “Vestiges Of A Life”) y en definitiva debería complacer a los cada vez más notorios fans del sinfónico moderno que se acerquen al segundo disco de los mungiarras.

Texto: David Pérez Naves

Reseña: Self Disgrace «Fetus In Fetu» (Malevolence Records 2020)

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Thrash metal milanés para animar la primavera. A este “Fetus in Fetu”, editado por el sello californiano Malevolence Records le preceden dos obras autoeditadas: “Ugly On The Inside” de 2017 y “Partner In Crime” de 2018. La banda, creada en 2007, disuelta tres años más tarde y reunificada en 2017, está conformada actualmente por Dielle Green (voz y letras), Isa Brutal Fronzoni (guitarra, coros y composición), Overteo Businaro (bajo y coros) y Remo Monforte (batería). El disco fue grabado, mezclado y masterizado en los Mixaglia Studios (Lecco, Italia) por Bratt Sinclaire, productor en un par de discos de Bulldozer, así como también de varios éxitos de italo-disco y eurobeat (!!)

El breve disco que nos ocupa arranca con “Deliverance” combinando el registro rasgado de Dielle Green con voces operísticas para un corte de aire marcial que se desenvuelve a medio gas, con una base rítmica bien presente y un buen solo de guitarra en su parte central. La cortísima “Never Born” pisa el acelerador, obvia las voces limpias del tema anterior y transcurre entre pasajes velocísimos y otros mucho más pesados. Otro solo corona su parte central y, pese a las diferencias evidentes de ritmo, la estructura no difiere en demasía del tema inicial.

El bajo de Overteo Businaro se divierte mientras emula alguna de las introducciones que Cliff Burton grabara para unos tales Metallica allá por inicios de la década de los ochenta en los primeros compases de “The Mansion”. Luego el tema adquiere otro cariz, lejos está de la banda de Ulrich y cia. Se trata de un medio tiempo serpenteante y pesado, adornado nuevamente con otro buen solo de Isabella Fronzoni / Isa Brutal. “In The Name Of Lies” es seguramente el corte más eminentemente thrash de todo el álbum. Tanto en riffs como en estructura y estrofas. Sin inventar la rueda ni ofrecer nada que no hayamos oído ya una miríada de veces, resulta de lo más notable de todo el disco. Dielle Green alterna entre registros en la algo caótica “War” donde la banda termina por entregar el tema más pesado de todo el álbum.

In Chains” recupera el brio de “Never Born”, incorpora varios blast beats y los combina con andanadas más retorcidas con cierto aroma a los siempre imprescindibles y nunca bien ponderados Voivod. Uno de los temas más cortos del disco, también uno de mis favoritos. La final “Cruel Tribulation” es otro corte machacón y pesado, quizá un tanto plano en su primer tercio, sobre el que Dielle Green entrega las notas más altas de todo el disco e Isa Brutal un solo que evoca al tristemente desaparecido Dimebag Darrel. Un cierre que gana peso en su tercio final.

Mientras que la portada parece anticipar un no parar de blast beats sin descanso, lo cierto es que este “Fetus in Fetu” transita más tiempo a medio gas que con el pie derecho en la tabla. Desde Malevolence insisten en etiquetarles como thrash death, pero lo cierto es que hay mucho de lo primero y apenas de lo segundo en estas canciones. Es un disco que arriesga más en cuanto a ritmos (“The Mansion”), incluso en cuanto a voces (“Deliverance”) y a riffs (“War”) que en cuanto a estructuras, resultando algo repetitivo en ciertas fases. Y como tal debe ser escuchado. Apto para todos los púbicos excepto aquellos que anden buscando la enésima carnicería a base de gruñidos, riffs monocordes y baterías no humanas.

Texto: David Pérez Naves

Reseña: Nawabs of Destruction «Rising Vengeance» (Pathologically Explicit Recordings 2020)

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Bangladesh puede quedar muy lejos en el mapamundi pero en este mundo globalizado que nos ha tocado vivir los ocho mil quinientos kilómetros que nos separan del país asiático no son más que una anécdota. Nawabs Of Destruction, dúo de death melódico de la capital Daca nos presentan su debut largo “Rising Vengeance”, precedido de un EP de idéntico nombre editado de forma independiente en 2019. Ellos son Saad Anwar, encargado de la lírica de los temas (salvo en “Rising Vengeance” y “The Merciless”) y Taawkir Tajammul, a quien debemos todo el aparataje instrumental del disco. Se grabó, mezcló y masterizó en Studio Chanachur y la portada corrió a cargo de Jorge Vimendy (Sick Graphics Production). Ha sido editado por el sello Pathologically Explicit Recordings.

Beginning of the End” es la primera toma de contacto. Es un “opener” que cual montaña rusa va de pasajes tranquilos y voz limpia a feroces andanadas de death metal pesado y voces rasgadas. A destacar la nitidez de una producción bien equilibrada y con cabida para todos los elementos presentes. Mundo globalizado también para lo de sonar bien. El primer tercio del tema título “Rising Vengeance” adquiere más peso en cuanto arreglos y gana ostensiblemente en velocidad. Hay un impás en su parte central, pero por lo general es un tema que se maneja sin excesivos alardes. Su tercio final, lo más destacable. “Reincarnation”, corte más largo de todo el álbum, trasciende barreras para situar su furioso inicio más cerca del death metal de bandas como Hour of Penance y similares. De ahí transita hacia terrenos más melódicos primero y mucho más reposados después. Las melodías vocales y los solos de guitarra de esta parte tranquila bien podrían haberlos firmado los Dream Theater pre “Train of Thought”. Aún así resulta un tema de lo más distintivo, cargado de personalidad, que se eleva fácilmente como uno de los puntales del disco.

Sleep Paralysis» sorprende con el aire marcial que desprende un riff que podría firmar la primera banda de metal industrial que te venga a la cabeza. Dan ganas de invadir Polonia. El bajo resuena altísimo en la mezcla mientras acompaña al dúo de voces rasgadas que configura algunos de los parajes más encolerizados del debut de los bangladesís. La intensidad baja un par de puntos al final para acomodar un largo solo de guitarra de Tajammul. “Rise of the Warlords” regresa a patrones más estándar dentro del melodeath. Mucha melodía, un buen riff, doble bombo por doquier, etcétera. Cinco minutos para uno de los temas más planos de todo el álbum. “The Evil Within”, y que me aspen si el inicio no recuerda a “Wherever I May Roam” del álbum homónimo de Metallica, es un trallazo que serpentea entre el thrash veloz y calmados pasajes donde Anwar acomoda su registro más alto.

Los apenas tres minutos de “In the Verge of the Death” recuperan el aire machacón del tema de inicio en otro tema un tanto lineal que apenas varía su propuesta aumentando la intensidad en el tercio final. “The Merciless” tiene quizá el inicio más diferente de todo el disco. Alterna parajes de atmósfera grandilocuente, casi bordeando el power metal, con otros donde todo vuela. Gran cierre para el disco, con ese solo de guitarra final como punto álgido, a modo de orgasmo final.

En líneas generales es un debut que se maneja bien. Bastante bien, de hecho, si tenemos en cuenta su escasa experiencia previa en otros proyectos y que apenas llevan juntos desde finales de 2018. Si bien pienso que hay aún cosas que pulir, o temas que no me terminan de parecer del todo redondos, “Rising Vengeance” me resulta todo un logro.

Texto: David Pérez Naves

Reseña: Insidious War «Dawn of the Fallen» (Ruido Noise Records / Semen de Orco Muerto Producciones 2020)

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Banda joven aunque de miembros curtidos en mil batallas, Insidious War es un quinteto de metal extremo y sinfónico a caballo entre Madrid y Bilbao. El quinteto está formado por el bajista de Adamantia, Jose M. Pérez (ex Muro, ex Silver Fist, ex Crienium), Daviti a la batería, miembro de Moñigo (ex Omission, ex Sepulcration, ex Dismorph), Evilead con la guitarra, (Bizarre, Elderdawn, Moribundo, ex Nangilima), Manuel Ávila a las teclas (Elderdawn, Morior Ergo Sum) y Rapha Decline a la voz (Bicephalous, Decline, Sönambula). Los cuatro temas que conforman este EP debut fueron grabados y mezclados por la propia banda y masterizados por Javi Félez en los Moontower Studios (Avulsed, Graveyard, Balmog, Nominon). Finalmente añadir que el arte del EP corrió a cargo de Abigor Mugerza (Gravespawn, Aposento, Sönambula entre muchos otros). Ha sido editado por Ruido Noise Records en colaboración con Semen de Orco Muerto Producciones.

El tímido arranque de “Canto I – Breathless Horror (An Ode to Agoraphobia)” nos conduce a su término a una suerte de metal extremo con amplitud de arreglos sinfónicos y una voz muy arriba en la mezcla, que engulle en ocasiones al resto de elementos presentes. Se conduce bien, abunda en cambios de ritmo y en general cumple como tema apertura. Los arreglos orquestales de “Canto II – Offering to the Gods” derivan hacia sonoridades más épicas que bien pueden recordar a los griegos Septicflesh. Todo el tema es un build-up que va creciendo paso a paso hacia un final acelerado y catártico. Por el camino quedan breves interludios a piano que contrastan con algún blast beat que otro. Un tema cuyo constante ascenso hacia la eclosión final se beneficia de una estructura nada lineal.

Canto III – Servants of Darkness” coge esa rabia final del corte anterior y la mantiene a flote durante buena parte de su desarrollo. Sin descuidar el obligado colchón sinfónico, recuerda en gran medida a los Fleshgod Apocalypse más iracundos para conducirse, nuevamente, hacia un final veloz y desatado. “Canto IV – The Call of Shadows” arranca entre la bruma para ascender hacia una suerte de ritmos marciales rotos de tanto en cuanto por breves pero furiosas andanadas donde vuela la batería de Daviti. No literalmente, claro. En general es un buen final.

Hay cosas por pulir en cuanto a composición en “Dawn of the Fallen” y es normal. También en cuanto a sonido y producción. Por mucho que detrás de Insidious War haya gente con sobrada experiencia en el mundillo, que la hay, al final no deja de ser una banda que apenas llevan juntos desde 2017. Dos años se me antojan escasos en cuanto a adquirir los debidos automatismos y la necesaria química. Es un proceso complicado que en ocasiones lleva su tiempo. Ellos de momento han dado un primer paso y está por ver cómo serán los siguientes si es que llegan. Esperemos que sí.

Texto: David Pérez Naves

Reseña: Dyssidia «Costly Signals» (Autoproducción 2020)

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En pleno fragor de mi incansable, no siempre fructífera y normalmente abnegada búsqueda de nuevas y jóvenes bandas que llevarme a las orejas, hete aquí que cae en mis manos lo que es el primer largo de los australianos DyssidiaCostly Signals”, que ve la luz de forma independiente al tiempo que servidor pergeña este, espero, interesante comentario al respecto del mismo. Pero vayamos por partes. Ellos son Mitch Brackman (voz), Corey Davis (guitarra), Neil Palmer (bajo), Dimitri Ioannou (teclas) y Liam Weedall (batería). Añadir que el disco ha sido mezclado y masterizado en los  Woodshed Studios por V. Santura, alma máter de los black-melódicos Dark Fortress, guitarrista de Tryptikon y responsable del sonido de un aluvión de álbumes, desde nuestros Centinela (“Pánico”) a los death progresivos Obscura o Pestilence (“Doctrine”). La portada ha corrido a cargo del estadounidense Adam Burke.

Son sesenta y tantos minutos de metal progresivo, así que procederé con cautela. El que fuera single adelanto allá por primeros de marzo inaugura el disco. “Thrive” arranca entre riffs retorcidos y arreglos de corte épico para configurar un primer paso en constante baile de ritmos y estructuras. El sonido es lo suficientemente cristalino como para apreciar cada instrumento presente en la mezcla durante las partes calmadas y, al mismo tiempo, lo bastante osco en las partes más enfurecidas para no dejar caer en saco roto las ideas más agresivas. Los épicos arreglos del inicio desaparecen en favor un Hammond primero y un piano después. Mitch Brackman varía de registro en incontables ocasiones, hay algún que otro blast beat, un tranquilo pasaje para acomodar el solo de Corey Davis y tantos y tantos cambios de ritmo en este primer tema que necesitarás más de un par o tres de escuchas para apreciarlo en su totalidad. “The Gutted Stag” se apoya en un riff casi monocorde sobre el que las voces van bailando entre registros al tiempo que las elegantes teclas de Ioannou adornan/rellenan cada hueco. Alcanzado el ecuador aparece la inevitable demostración técnica de rigor para luego conducirnos hacia un final tranquilo y meloso. El desquiciado primer instante de “Infinitesimal” amenaza con un tema de corte más arriesgado de lo que luego acaba siendo en realidad. Posee buenos momentos, con el contraste entre voces a la cabeza, pero en general no resulta tan redondo como el par que la preceden.

Bloodrush” parece construida ex-profeso para que Dimitri Ioannou demuestre su dominio de las teclas durante seis minutos largos. Su piano convive omnipresente practicamente de principio a fin. En las partes tranquilas y en las más descarnadas. Sobre el resto de elementos o bajo ellos, pero presente en todo momento. Por lo demás es un corte que me recuerda a los británicos Haken en ciertas partes y pese a los cambios de tono se desarrolla sin excesivos sobresaltos. “Arrival” destaca por ser más tranquila. Sin llegar a ser una balada al uso, sí que adopta muchos recursos tranquilos para fusionarlos con explosiones de rabia tan breves como furibundas. La voz de Brackman va de la declamación más melosa al grito desgarrador sin mayores problemas, pero si hay algo que me gustaría resaltar es el riff con el que han construido la parte final. Tan sencillo como efectivo. Tan elemental como disfrutable. “An Obvious Antidote” es una breve introducción que sirve de anticipo de la cara b del álbum. Piano y voces tranquilas. Apenas un remanso de paz previo a los cuatro minutos largos de la extraña “Metamorphosis”, que recupera, aunque de forma vaga, la esquizofrenia de “Infinitesimal”, y la funde con parajes en los que las voces tranquilas contrastan con esas guitarras pesadas y embrutecidas.

Good Grief” supera los diez minutos alzándose como el tema más largo de “Costly Signals”. Arranca con Neil Palmer demostrando su valía con el bajo y se mantendrá bien arriba en la mezcla casi de principio a fin. En su primer tercio, “Good Grief” lo mismo recuerda a los suecos Meshuggah en las partes más pesadas que a Soen, y por extensión, a Tool, en las más calmadas. En su parte central vira hacia terrenos aún más despejados, incorpora arreglos de viento y parece querer bordear el jazz. Sea como fuere, se trata y con mucho uno de los momentos más distintivos y personales de todo el álbum. En el tercio final hay momentos que lo mismo me recuerdan a los Dream Theater de Derek Sherinian que a los Cynic más recientes. Fabuloso. “Hope’s Remorseful Retreat” ahonda en esa semblanza de la banda de Paul Masvidal moviéndose entre parajes tranquilos y arranques de fuerza pero sin llegar a la furia esquizoide de cortes anteriores. Se maneja siempre con cierto aire melancólico y vuelve a dejar hueco para que Palmer con el bajo primero y  Ioannou con las teclas después den buena muestra de sus habilidades. En el cierre, eso sí, es la guitarra de Corey Davis la que se multiplica y roba todo protagonismo. La final “If Truth Be Told” arranca con una bonita línea de piano que no desentonaría como pieza central de tu melodrama favorito. Ahonda en ese aire tristón que ya tenía el corte anterior al tiempo que va creciendo a pequeños pasos hacia sonoridades propias del rock alternativo (véase Coheed And Cambria). Durante su parte central incorporará pasajes más pesados, pero sin abandonar esa melancolía que parece adueñarse de todo el epílogo. El final, para mí el verdadero punto fuerte de todo el tema, resulta extrañamente bonito.

No conocía para nada a estos Dyssidia y he de decir que ha sido toda una sorpresa echar el disco a andar hace unos días y encontrarme de pronto a una banda con una personalidad tan marcada, que sabe beber de multitud de influencias y, lo que es más complicado, que es capaz de conjugarlas de tal forma que suenen absolutamente propias. Exceptuando el bajoncillo que supone “Infinitesimal”, mentiría si dijese que no he disfrutado tanto de las escuchas de “Costly Signals” como de la concepción de esta reseña. Por mucho que tu cuñao, el mismo que te ha enviado por Whatsapp el último bulo sobre el coronavirus, jure y perjure que todo murió en el 89.

Texto: David Naves

Reseña: Predicador «In Tenebris» (A New Label 2020)

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Segundo largo para estos heavy metaleros teatrales de Predicador. “In Tenebris” contiene siete cortes para media hora de música y su salida en formato físico, inicialmente prevista para el 21 de marzo, se ha visto retrasada por no sé qué historia de un virus que tiene a la gente confinada en sus hogares ¿habéis oído algo? Ellos son Jaime García (voz), Arturo Rodriguez (bajo), José Andrés Rodríguez (batería), Víctor Torregrosa (guitarras) y Alberto Cea “Yayo” (director de escena y performancer). El álbum fue grabado en los Cronosound en San Sebastián de los Reyes (Madrid) entre Diciembre del 2019 y Febrero del 2020. La portada y el diseño interior corren a cargo de José Antonio Vives y las fotos del grupo son obra de Andrés Horrillo. Ha sido editado a pachas entre Metal Crusaders y Lullaby Records.

Lo que nos encontramos tras superar la introducción que da nombre al disco es una suerte de metal clásico, deudor en parte de la consabida y sempiterna dupla Iron Maiden y Judas Priest, tamizado con brotes de Mercyful Fate y con ciertos guiños al metal patrio, a lo que ayuda, claro, el hecho de que la lírica esté en el idioma de Cervantes. Así pues, “Noche de difuntos” empieza a desgranar el contenido de “In Tenebris” con uno de esos riffs añejos y una voz que muestra su lado más melódico durante el primer tercio. A destacar el calmado puente central donde la voz de Jaime García se embarra para conducirnos hasta un solo de guitarra de Torregrosa que recuerda, y no poco, al bueno de Andy LaRocque. Es verdad que el estribillo es un poco atropellado pero en general cumple como tema fuerte del álbum. Jaime García dobla y armoniza voces en “Círculo de Brujas” en un escueto, gozoso y despreocupado corte de metal clásico que se inunda de riffs maidenescos primero y se oscurece después.

La Mansión” tiene esa cadencia tan reconocible de los viejos clásicos de King Diamond, un buen impás lento en su tronco central y otro gran solo de Torregrosa para culminar otro de los temas con gancho del disco y que configura el mejor de los acercamientos a eso que algunos han tenido a bien llamar “shock metal”. Aunque ambientada en la Saga de Geralt de Rivia “El Brujo (El Carnicero de Blaviken)” lo mismo recuerda a WarCry que a Tierra Santa. Muy castiza. Quizá lo más flojo de “In Tenebris”, salvada no obstante por el buen hacer de Víctor Torregrosa.

Haunted House” no es sino “La Mansión” pero en idioma de Shakespeare y con la colaboración del vocalista de Them y Coldsteel Troy Norr. “Imperio del Metal” rompe con la tónica general del disco para ofrecernos uno de esos clásicos temas de reafirmación en la fe metálica que hemos oído tantas veces (y que algunos no se cansan de escuchar, parece ser). Simple en estrofas, poco original en el estribillo y en general bastante deslucida en comparación con sus precedentes.

In Tenebris” más parece un EP previo a la edición de un largo que un largo en sí mismo. Apenas siete temas, de los cuales uno es la intro y otro aparece por duplicado. Poco bagaje, pienso yo, aún cuando he disfrutado con los solos fulgurantes de Torregrosa y algunas de las ideas planteadas en los primeros compases del disco. Pero tanto desde la modestia como de la ecuanimidad creo que queda trabajo por hacer.

Texto: David Pérez Naves