Reseña: Daeria «Alter» (On Fire 2020)

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De las cenizas de los melódicos barceloneses Döria surgen allá por 2018 estos Daeria, quienes ya con un disco en su haber, llamado cómo no, “Fénix” (On Fire Records) editan su segundo largo “Alter” el pasado 14 de febrero. Ellos son Ángel Ortiz a la voz, Víctor Vázquez y Eimel Trejo a las guitarras, Laura Moral al bajo y Joel Marco tras la batería.

Enraizados dentro del power metal se nos presentan en el tema inicial “Miedo”, adelanto del disco, y que avanza repleto de dobles bombos y orquestaciones resaltando influencias muy noreuropeas, beneficiándose de un buen estribillo primero y de un largo solo de guitarra después. El sonido es correcto, con una afinación de guitarras algo chillona, pero sin llegar a deslucir el resultado final. La línea vocal de “El ojo de Aughra” posee un aire a los Saratoga de Leo Jiménez en estrofas, resultando más oscura en estribillos. Otro largo solo corona su parte central. El inicio de “Bailarina” viene marcado a fuego por teclas primero y un riff repetitivo y machacón después. Se revela como un medio tiempo que va del metal gótico al melódico del estribillo. Rompe la tónica general del disco y lo hace para bien.

Parte de ti” es una balada apoyada en bonitas guitarras acústicas y una tranquila base rítmica que avanza a tientas a poco que gana en intensidad. Es atractiva sin resultar ñoña. Cuando irrumpe el solo de guitarra casi te lo sabes antes de que termine. Honesta, de manual. Con “Horus” nos encontramos ante un medio tiempo con cierto aire a Stravaganzza. Idea esta que se ve reforzada, tal vez, por el timbre desarrollado por Ángel aquí. Guitarras dobladas para el solo en el puente y el cierre más oscuro de todo el disco. Más animosa resulta “Siete Mares”, que me recuerda a los pujantes asturianos de Arenia. Power facilón, de buen estribillo y mejores guitarras.

Instinto” resulta machacona por momentos. Casi marcial. Luego irrumpe el estribillo y se eleva con efluvios de power nórdico muy al uso. Culmina, claro, con otro buen solo de guitarra y da paso a la final “Hielo”, que exhibe un riff deudor del thrash de los noventa primero y circula hacia terrenos más clásicos después. Nada mejor que un buen estribillo para cerrar el disco y este lo tiene.

Discos cortos, reseñas cortas. Un pasito más para Daeria, una muesca más para el heavy / power melódico nacional de parte de una banda que sigue buscando su hueco dentro de una escena cada vez más poblada.

Texto: David Pérez Naves

Reseña: River Crow «Remains Of A New Life» (Lady Stone Records 2020)

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Segundo disco largo para esta joven formación ciudarrealeña tras su Ep de dos temas “Two Stories from Hell” (2017) y el debut en largo “No More Redemption” (2018). Ellos son Chema Fernández y Dani “Zapa” a las guitarras, Dani Ruiz al bajo, Sergio Jiménez tras la batería y David López al micro. “Remains of a New Life” fue grabado en los estudios JFT Producciones de Ciudad Real y concebido durante una gira que les llevó por más de 60 escenarios diferentes.

Hay una introducción, de cuervos graznantes como no podía ser de otra forma, tras la cual arremete directa y pesada “Little Bastard”, adelanto del disco y que camina a pachas entre el groove y de las estrofas y los aires sureños del estribillo. Sonido equilibrado en general, con unas guitarras muy al frente pero dejando hueco a que base rítmica y voces se explayen a gusto. “Hell Down” va del doble bombo y la velocidad iniciales a un puente tranquilo, con el bajo de Dani dejando bonitos destellos, y de ahí se encarama a un final que cimbrea entre voces limpias y cazalleras. “Isolation” arranca melódica para hundirse después en profundidades abisales, beneficiada por esos riffs machachones que abrazan sin pudor al groove metal más descarnado.

Breaking Cowards” se maneja por debajo de los cuatro minutos y resulta directa, pesada y gozosa, con esa batería de Jiménez marcando siempre el paso en el que es uno de mis temas favoritos del disco. A destacar el solo de guitarra que corona su parte final. Tras él van de la mano los dos temas más cortos del álbum (a excepción hecha de la intro, claro). El primero es “Inside Me”, que te engaña con ese inicio tranquilo, explota súbitamente en una andanada deudora de High on Fire y de ahí se conduce a un estribillo de aires alternativos. La instrumental “The Fall” procede con un largo pasaje calmado que irá adquiriendo pesadez con el transcurrir de los segundos. Sus dos minutos largos dejan con ganas de más.

Madness and Road” inicia comandada por la base rítmica y estalla en un riff maquinal donde la voz de López entrega tanto su registro más pedregoso como el más melódico. Tiene otro largo solo de guitarra y en general la disfruto con gusto. Cierra con aires groovies para dar paso a la penúltima “City and Sorrow”, que es lo más cercano a una balada que contiene este “Remains of a New Life”. De inicio nuevamente calmado, va ganando enteros a medida que avanza con ese ligero aroma al grunge de Seattle al tiempo que deja por el camino una buena colección de riffs y, probablemente, la mejor interpretación vocal de David López en todo el disco. La final “Fly Away” es otro compendio de metal alternativo, voces grungeras y buenos coros que cumple con creces la misión de poner broche final al álbum.

Finalmente esta segundo largo de los castellanomanchegos son treinta y seis minutos de metal aguerrido y cambiante, preñado de múltiples influencias y muy directo. Muchas ideas, casi todas bien dispuestas y una buena producción. Aunque quizá eche en falta algún corte más, o un par de minutos más en la instrumental “The Fall”, puedo decir que “Remains of a New Life” ha resultado una notable sorpresa.

Texto: David Pérez Naves

Reseña: Raven’s Gate «Everlord» (Vampire Productions 2020)

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Everlord” es el segundo EP en la carrera de los power metaleros valencianos de Raven’s Gate tras los largos “Defying Gravity” en 2013 y “Blackstar Machinery” en 2016. Marca el debut de Lord Raven a las voces, mientras que Jose Manuel Blasco (guitarra), Joe A. Arca (bajo), Daniel Castillo (teclados) y Rodrigo Puche (batería) completan la formación. La grabación se llevó a cabo en el Luxe Sound y tanto como mezcla y masterizado en The Mixtery. El arte del disco corrió a cargo de Arca Design. La banda viene de sendas giras con los griegos Firewind y los nuremburgueses de Freedom Call.

Quizá el inicio de “Incubus Wrath” anticipe unos niveles de agresividad que llegadas las estrofas no terminan de materializarse, pero se revela como un buen arranque, notable tanto en composición como en sonido, aun a pesar de que las guitarras queden un tanto hundidas ante la irrupción furibunda del doble bombo en los estribillos. A destacar ese final tranquilo y el solo de guitarra que lo acompaña. Efluvios de los americanos Kamelot resuenan por los cuatro costados en el arranque de “Queen of Chaos”, medio tiempo beneficiado por la irrupción de voces femeninas en su primer tercio y por un duelo teclas / guitarra en su parte final. Bastante pintón.

Turno para “Lady and the Raven”, única balada del EP en la que apenas hay hueco para unas teclas preciosistas y la ahora acaramelada voz del debutante Lord Raven. “Chimera” nos devuelve a la banda ahondando en su formato más melódico en un corte cuya primera mitad merodea el hard rock a tiempo que incluye algunas de las voces más agresivas de todo “Everlord”. Sorprende el cambio de ritmo en el puente central recordando a los Sonata Arctica del “Ecliptica” con ese veloz intercambio de notas entre guitarra y teclas.

Per Aspera” son dos minutos largos a modo de introducción sinfónica al tema final “Ad Astra”, el cual con sus casi ocho minutos de duración es el más extenso en la última obra de los valencianos. Medio tiempo de bonitas guitarras primero, con el bajo más presente de todo el tracklist, teclas muy Symphony X en su parte central, seguido de un pasaje brumoso y reposado previo al marcado medio tiempo con que finaliza.

Claro, uno ve las fotos promocionales y, aún sabiendo dentro de qué parámetros se mueven estos Raven’s Gate, espera quizá algo más de mala baba. De hecho os primeros pasos de “Incubus Wrath” parecen dar pie a esa idea preconcebida. Luego los temas van pasando y tras las primeras impresiones aparece un Ep que le sirve a este Lord Raven de piedra de toque con sus nuevos compañeros de cara a futuros “full-length” con él a las voces.

Texto: David Pérez Naves

Reseña: Ty Morn «Istor» (Doc Gator Records 2019)

Ty Morn

Ty Morn es una nueva ‘one man band‘ procedente de Londres, Reino Unido. Aron Biale (guitarras, bajo y programación) montó este proyecto a comienzos de 2018 tras descubrir este a Raphael Gazal, quien finalmente ha sido el encargado de poner voz a estos nueve temas de heavy metal épico y resonante. El disco cuenta con el artwork de Piotr «Kenshin» Bednarczuk.

Reign of the Hunter” resulta de lo más convencional. También clásico y rápido, firmemente apoyado en una batería galopante e incansable. Trufado de solos y buenas melodías, sirve también para que Gazal exhiba su registro más alto. De tanto en cuanto el sello no ha tenido a bien facilitar a los medios dónde se llevaron a cabo las correspondientes labores de grabación, mezcla, masterizacion, etcétera, decir que el sonido es de simple aprobado, sin resultar nada espectacular. Potente sin apabullar, proclive a dar protagonismo a la pléyade de guitarristas invitados. “Hey Poseidon” resulta mucho más pesada en las estrofas y sorprende con ese estribillo melódico que tanto recuerda a bandas como Angra. El puente tiene un ligero toque oriental, algo desaprovechado quizá, que da pie a un solo rotundo e inapelable. “Die Where We Stand” viene comandada por un inicio sinfónico pero va perdiéndose por recovecos más agrestes hasta renacer en un estribillo con Gazal en su registro más rabioso. Es un tema con dos personalidades muy marcadas, que deja cierto regusto a oportunidad desaprovechada en el transcurrir de los minutos.

Fall on Your Sword” es un sensual medio tiempo potenciado por la fantástica cadencia del riff principal y ese Gazal susurrante y casi misterioso. Y todo en un tema que habla del coraje de los héroes, de oráculos y emperadores. Ironías de la música contemporánea. Renace y/resurge el registro más heavy de estos (¿este?) Ty Morn en “The Language of Beasts”, uno de los temás mas épicos, también más Manowar, de todo el álbum, donde convive la grandiosidad del metal épico con el Gazal más poderoso. “King of Dishonour” nos trae al frente un riff notablemente más oscuro que terminará por convertirse en una extensa balada en una onda muy Axel Rudi Pell. Con su largo solo de guitarra y el timbre del brasilero Raphael Gaza sonando no demasiado lejano al de Gioeli.

En contraste con toda la algarabía sinfónica estalla “Bring Forth the Night” devolviendo a los Ty Morn del primer corte en tres minutos largos de metal cabalgante donde la batería de Per Mikkelsen apenas da descanso. Sencillo, veloz, eficaz. Lo que viene después son dos cortes por encima de seis minutos que finiquitan el álbum. El primero de ellos es “Harvest of Souls”, el cual lo mismo recuerda a Orphaned Land que a los Kamelot más oscuros. El solo de guitarra anterior al puente final resulta en uno de mis favoritos de todo “Istor”. Los primeros compases del tema final “Hunt Leviathan” tiran la casa por la ventana con esos coros grandilocuentes para mutar en balada primero e ir ganando en cadencia después. A destacar el órgano de Eugene Moiseienko. Puede que no sea el tema final que me esperaba  mientras escuchaba el disco pero tampoco me parece del todo desdeñable.

En resumidas cuentas, este “Istor” viene como más síes que noes. En lo positivo: la variedad de registros de Raphael Gaza, ofreciendo siempre aquello que le exigen los temas sin dar lugar a florituras fuera de lugar.  Elegante y potente a la vez. Chapeau! Algunos solos de guitarra me han dejado muy buen sabor de boca, así como algunas líneas de batería de Mikkelsen. En lo negativo: algún tema un tanto insulso, ciertos clichés en lo concerniente a la lírica del álbum y carencias en cuanto a sonido del conjunto (¡los bajistas existen!), propio de proyectos de este tipo.

Aron Biale avisa de que ya hay segundo álbum en marcha. Aquí lo esperamos con los brazos abiertos.

Texto: David Pérez Naves

Reseña: Warped Cross «Rumbling Chapel» (Black Sunset 2020)

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Trío de doom psicodélico de la localidad alemana de Zschopau. Warped Cross lo forman Oliver Müller (bajo), Michael Schaarschmidt y Lennart Hans (guitarras) y Mike Mehner a la voz. Este segundo largo de la banda vino al mundo en el Larox Studio y fue posteriormente masterizado en el Tonmeisterei Oldenburg de Bleicherstraße. Cincuenta y cinco minutos que procedo a desgranar a continuación. Y, cosas de la diversificación, la portada corrió a cargo del tatuador “The Sepp«.

La primera toma de contacto, “Heart of Stone”, es un medio tiempo machacón primero y más ligero después a medio camino entre los High On Fire menos coléricos y las últimas entregas de los oregonianos Yob. Siempre con voz y guitarras muy arriba y la base rítmica un tanto enterrada en una producción que casa perfectamente con el tipo de doom que propone el cuarteto germano. Muy Black Sabbath arranca “Iron Fix”, con ese riff principal repetido de forma incesante sobre el cual la cazallera voz de Mehner va arrastrando verso tras verso hasta alcanzar al solo final. Más doom que psicodelia en la balanza para uno de los temas más largos de la cara A del disco. También “Cold Rain Shiver” tiene ese regusto a Tony Iommi en su inicio, pero evoluciona hasta acercarse a unos Crowbar ligeramente más ácidos. El riff final es tan simple y elemental como pegajoso y efectivo.

Bite the Wire” confronta la melancolía de sus estrofas con la cara más áspera del estribillo. Del puente al final emergerá la faceta más doom para rebajar el tempo y destilar “setenterismo” por todas sus esquinas.

Terminate Hate” trae al frente riffs cabalgantes y baterías rápidas para mostrarnos la cara más heavy de los alemanes. La irrupción de la línea vocal de Mehner nos devolverá al acostumbrado doom mestizo que domina todo el álbum, pero el mentado inicio, retomado fugazmente al final, queda como interesante contraste. “The Lawfulness of the Administration” resulta monocorde, cansina y repetitiva. Cabría destacar el alucinado solo de guitarra que dará pie al tercio final del corte, pero poco más. Quizá porque estos días he estado re-escuchando los primeros discos en solitario del ex-Misfits Glenn Danzig, el inicio de “Infinite Fuss” me ha recordado mucho a él. Alineación planetaria o simple casualidad. Vaya usted a saber. Es el tema más largo del álbum y de él destacaría sobre todo ese puente central a la vez tranquilo y amenazador, malsano y cautivador. De largo uno de mis momentos favoritos de todo el álbum. “Thickets” termina por exudar todo rastro de Black Sabbath que pudiera quedar en las mentes Schaarschmidt & Hans. Poca sorpresa y menor efectividad.

Ride into Fall” es el primero de los dos temas de seis minutos de este último tercio de disco y se divide en dos partes muy marcadas: la primera, machacona y serpenteante, no muy lejos de unos Down con resaca, y la segunda más hundida en ácido y psicodelia. “Over the Sea” pasa por ser uno de los temas más distintos de todo el disco. De primeras es un tema de hard rock clásico, de toda la vida. En su tramo final en cambio se embrutece, engorda y se torna casi amenazante con un riff que cabalga a marchas forzadas hasta el fade out final. El cierre es para “Mourn Everest” que transcurrirá a buen ritmo hasta el puente con voz reverberada y buenas melodías.

Al término me deja el buen sabor de algunas canciones conjugado con el nifunifá de otras tantas. Echo en falta más momentos como el puente en “Infinite Fuss”, pero entonces, claro, este sería otro disco. “Rumbling Chapel”, que vio la luz el pasado día siete vía Black Sunset hará bonito en las estanterías de los muy cafeteros… y poco más.

Texto: David Pérez Naves

 

Reseña: Moloken «Unveilance Of Dark Matter» (The Sign Records 2020)

Moloken

Sludge metal incandescente y mestizo de parte de estos oriundos de la ciudad portuaria de Holmsund, en Suecia. Ellos son Nicklas Bäckström (bajo y voz), Kristoffer Bäckström (guitarra y voz), Patrik Ylmefors (guitarra) y Jakob Burstedt (batería). “Unveilance of Dark Matter” es su cuarto disco largo y, sintiéndolo por quienes quieren saber hasta el nombre de la persona que se encarga del catering, del suministro de café y/o bebidas espirituosas, por no hablar de otras sustancias, hasta aquí llega la información aportada por el sello (The Sign Records) sobre la grabación del disco.

This Love Is a Curse” para empezar. Apenas dos minutos donde ya salen a relucir unas guitarras muy preponderantes en la mezcla final. Con aparición tardía de voces y coros, funciona más como introducción al álbum que como tema completo en sí mismo. “Surcease” aumenta en duración y también en intensidad. Testiculina que decía aquél. Se mueve dentro de los parámetros del sludge, pero más cerca de las atmósferas de sus paisanos de Cult of Luna, que de la mala baba teñida de desesperanza de los norteamericanos Eyehategod. El arranque de “Shadowcastle (pt. 1)” suaviza esa rabia y la tamiza con un bajo muy presente ante unas voces algo más enterradas. Es más rebuscada y goza de bonitas guitarras limpias en varios pasajes, subyugadas y enterradas por una miríada de cambios de ritmo. Atmosférica a un tiempo, brutal a otro. Fenomenal. En contraposición, el escueto interludio “No Ease, No Rest”, apenas un piano repitiendo las mismas notas de forma incesante que sirve únicamente para dar paso a “Hollow Caress”, con la dupla vocal en los registros más cavernosos de todo el trabajo. Dos voces que desaparecerán pronto para dar paso a un largo desarrollo instrumental donde aparecerá la faceta más decididamente progresiva del álbum.

Arranca “Venom Love” y en mi cabeza resuena un nombre: The Ocean. Muchas reminiscencias al “Precambrian” de los alemanes. Nuevamente un largo injerto instrumental como corazón y un final engañoso que deja intuir un “crescendo” que no llegará. Vuelta a los temas cortos/interludios con “Repressed”. Es extraño cómo donde sus primeros trabajos había cortes muy por encima de los diez minutos ahora aparecen despieces, introducciones y cierta dispersión en los tracklists. Sea como fuere, aparece el tema más largo de todo el disco, “Lingering Demise”, que arranca abrupta y entrecortada para transitar más tarde por parajes repletos de guitarras tibias y voces cristalinas. El corte irá transitando de la calma a la rabia con tino pero sin sorpresa. Ora voces y guitarras chirriantes, ora pasajes instrumentales relajados y tranquilos. Te lo sabes. Lo has escuchado un montón de veces ya. Por eso “Unbearable”, más tranquila pero también más caótica en su estructura, resulta tan satisfactoria a estas alturas de disco. Calor y color. Un bajo otra vez muy arriba y voces entre el susurro primero y la rabia más profunda. El tramo instrumental del tema traerá de cabeza a quienes busquen única y exclusivamente sludge a palo seco, pero servidor la degusta satisfecho.

One Last Breath” es el último de los temas cortos de este “Unveilance of Dark Matter”. Corto, también tranquilo. Tanto, que intuyo no desentonaría en un álbum de post-rock al uso. El final de idéntico nombre al disco es en principio profuso en gritos, en doble bombo y en riffs directos sin más complicaciones. La cosa, claro, se complica y se calma en su parte final en un descenso que culminará un cierre perdido entre tinieblas.

Está bien. Es un disco mestizo como dije al principio. Cabalga ente dos tierras como podéis ver. A los fans del prog más académico les sonará quizá demasiado rebuscado y los que lleguen a él buscando sludge cafre y desesperanzado se perderán en los largos pasajes instrumentales que posee. Pero yo, al menos, lo he disfrutado aun a pesar de sus pequeños bajones.

Texto: David Pérez Naves

Reseña: Daemoniac «Dwellers of Apocalypse» (Xtreem Music 2019)

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Desde Milán nos llega el segundo disco largo para Daemoniac, banda formada por los ex Horrid Matt y Max, a quienes se suman Albe y Johan Sigfridsson, que parece ser el único portador de apellido en la escueta información aportada por la banda a esta página. Como añadidura comentar que el disco, editado a finales del año pasado vía Xtreem Music, fue grabado en los Sunlight Studios suecos con Tomas Skogsberg a los controles (Katatonia, Amorphis, At The Gates, y un larguísimo etcétera) y la portada corrió a cargo del incansable Christophe Moyen, quien ha trabajado para una interminable ristra de nombres entre los que se encuentran Absu, Vital Remains, Sinister, Beherit, Incantation…

Viendo los nombres implicados en la creación del disco sorprende poco echar a rodar este “Dwellers of Apocalypse” y encontrarse con un death metal que sigue punto por punto los preceptos básicos de la escena sueca, la de los Grave, primeros Entombed, Dismember y compañía. Guitarras crispadas, voz cavernosa y ritmos que hemos oído una y otra vez. Al final, no seguir modas consiste indefectiblemente en seguir modas. “The March of Apocalypse” es la silenciosa y enigmática introducción que precede a los cinco minutos de “Rebellion”, alternantes entre ritmos “d-beateros” y blast beats que preceden a un puente central más marcado y machacón. Guitarras muy arriba en la mezcla para un disco cuyo sonido parece sacado de 1995. “Council of Evil” es algo más iracunda, poseyendo mayor cantidad de pasajes rápidos y dejando en general mejor sabor de boca que el corte anterior. En la misma onda va el tema título “Dwellers of Apocalypse”, interrumpida de tanto en cuanto por partes más lentas que aportan algo de color. El quinto corte es “Human Relic”, versión cómo no de una banda sueca (Gorement) y que sirve para que la banda despliegue ritmos más pesados en contraposición a las canciones de la primera parte del álbum.

The Beginning of Chaos” es el primero de los tres temas largos que se suceden en la parte final. Inicia a medio gas pero se desenvuelve a buen ritmo durante el primer tercio, desembocando en un escueto puente más abotargado y culminando a toda velocidad. “Disciples of the Black Arts” es seguramente el tema más conseguido de todo el álbum, alberga en su interior multitud de tonos y es de lo poco que permanece en mi cabeza después de varias escuchas. Y todo sin salirse un ápice de los estrictos patrones del género. “The Last Call” es el corte más extenso de todos, lastrado quizá por una introducción un poco tontorrona que no conduce a ninguna parte. Superada la intro es un tema donde predominan los riffs pesados. “Legions of Death” culmina el álbum de los italianos descendiendo a las brumas del doom primero y entregándose a la más gozosa velocidad después en casi cuatro minutos de furia desatada.

Hombre, es verdad que tratándose de una banda italiana ya es un triunfo que estos Daemoniac no incorporen la habitual algarabía sinfónica que tantos compatriotas llevan tan a gala, pero hay muy poco a donde agarrarse en este “Dwellers of Apocalypse”. La siempre fina línea entre el mero homenaje y el plagio descarado aquí resulta casi casi imperceptible. La copia de la copia. Lejos de no ya de los discos clásicos del género sino que también de otros álbumes homenaje al death sueco que he podido escuchar en el último año, hace falta algo más que tener a Skogsberg a los controles y grabar en los Sunlight para parir discos capaces de perdurar en el incosnciente colectivo. Para bien o para mal.

Texto: David Pérez Naves

Reseña: Skid Row (Atlantic Records 1989)

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01 Big Guns
02 Sweet Little Sister
03 Can’t Stand The Heartache
04 Piece Of Me
05 18 And Life
06 Rattlesnake Shake
07 Youth Gone Wild
08 Here I Am
09 Makin’ A Mess
10 I Remember You
11 Midnight / Tornado

El día 24 de enero de 1989 salía a la venta el primer álbum homónimo de Skid Row a través del sello discográfico Atlantic Records. Producidos por un auténtico Rey Midas de la época como era Michael Wagener, la grabación se llevaría a cabo los estudios Royal Recorders en la tranquila localidad de Lake Geneva (Wisconsin). Aunque a la banda estéticamente se la podría calificar como hair metal o glam metal, su sonido más duro claramente demostraba lo alejados que estaban de esa calificación.

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El cambio de vocalista un año antes provocaba la salida de Matt Fallon y por consiguiente la llegada del enérgico Sebastian Bach, eso unido al apoyo de Jon Bon Jovi, serían piezas fundamentales en el éxito del disco, solamente en los Estados Unidos llegarían a vender más de 5 millones de copias y más de 20 a nivel mundial. Tal sería la expectación por ver a la banda en acción que serían contratados para abrir las giras mundiales de Bon Jovi y Aerosmith durante los años 1989 y 1990. Habituales en la programacion de la MTV, lanzarían 4 sencillos en forma de videoclip: «Youth Gone Wild«, «18 And Life«, «I Remember You» y «Piece Of Me«.

 

Reseña: Sophist «Dissolution» (Nifhel Records 2020)

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Primer largo para estos grind-black-nihilistas canadienses de Sophist, la más reciente adquisición del joven sello Niflhel Records. El trío lo conforman Mike Sparks (bajo y guitarras), Davis Hay (voz y programación de baterías) y Helge Lipphardt (guitarra). La portada del álbum ha corrido a cargo del propio Hay y la banda misma ha sido la encargada de todo el proceso de grabación, producción y masterización de las diez canciones que ofrece este “Dissolution”, dos de las cuales ya pueden oírse en el bandcamp de la banda. Se espera se edite el próximo siete de febrero.

El disco arranca con “Solve Et Coagula”. Black acelerado,y caótico, donde las voces destacan de forma prominente en la mezcla final por encima del resto de instrumentos, moviéndose estas en un registro cercano al Attila Csihar de Mayhem. Si bien la propuesta de los canadienses dista en fondo y forma de la de los noruegos y tiene más apego a otras bandas del país norteamericano como Revenge o los tristemente desaparecidos Axis of Advance. El tema coge algo de resuello en el puente central pero por lo demás es un incansable ataque frontal de casi cinco minutos. “It Will All Vanish in an Instant” baja levemente el tempo pero sigue resultando abrupta, violenta y ceñuda, siempre con las voces muy arriba y unas guitarras rayanas en la más pura ininteligibilidad.

El tercer corte “Tearing Doves in Two” es algo más lento y tiene la curiosa facultad de acabar siendo repetitiva hasta la nausea. Después de esa anécdota de apenas ocho segundos que es “We Are Each Our Own Devil” aparece “Unholy Dissolver” en una onda más black-thrash que parece invocar a otros compatriotas suyos como son Blasphemy. Tres minutos largos con una buena ración de gritos inhumanos y mucho “tupa tupa”. Más machacona aún es “In Nihilum Redactus”, que pasa por ser el tema más arrastrado y ochentero del disco, también el que incorpora los riffs más cercanos al death de todo el álbum. En respuesta, “Prima Clavis” trae de vuelta la velocidad ancestral de las primera hornada de black metal noruego. El puente central casi parece un homenaje más bien poco disimulado a “Under a Funeral Moon” de los seminales Darkthrone.

En esa misma onda noruega va la muy escueta “Watching from Below”, predecesora del tema más largo del disco, los seis minutos de “When Hyperventilation Turns to Aspiration” donde colisionan los Celtic Frost más thrash con black metal a la Bathory y los Napalm Death más cerriles. Todo muy a favor de obra. El cierre es para la black rockera “Crowning Achievement”, que lo mismo suena a Motörhead que a Nifelheim, que logra culminar el disco con una pequeña migaja de originalidad.

Dissolution” es media hora de ruido. Bajo él uno distingue sus múltiples influencias y pese a lo que pueda parecer no resulta un disco repetitivo o cansino, pero es verdad una vez escuchado varias veces son pocas las ideas que se te quedan en la cabeza. Y las que lo hacen, es muy probable que ya las hubieras escuchado antes. No obstante, si andas buscando algún nuevo disco con el que soltar adrenalina yo de ti no les perdería la pista.

Texto: David Pérez Naves