Reseña: Marasme «Fel» (Discos Macarras / Eternal Juggernaut / Nafra / Quebranta – 2025)

Fel” es el cuarto disco para los post-metaleros baleares Marasme, la banda que integran David Álvarez “Dubi” (batería), Timothy Llompart (bajo), Tomeu Canyelles y Jordi Carrasco (guitarras) y Joan Rigo (voces). El disco, que vio la luz el pasado julio de manera conjunta entre los sellos Discos Macarras, Eternal Juggernaut Records, Nafra Records y Quebranta Records, fue producido por Toni Salvà (Diorama Sound) y posteriormente masterizado en Suecia por el Cult Of Luna Magnus Lindberg (Dvne, Wode, Obsidian Kingdom, Tribulation…). Los seis cortes que componen el disco vienen acompañados por el diseño de los propios Llompart y Rigo, así como por las fotos del batería Dubi. El trabajo en su conjunto está dedicado a la memoria de Pere-James Llompart Collins.

Hay cierta tensión en el prólogo de “Espurna”. Una tensión que Marasme rompen poco después, abrazando así la cólera y el desgarro. Joan Rigo se desgañita a placer durante estas primeras estrofas. Incluso cuando la batería de Dubi atempera las revoluciones y la composición divaga entre el post-metal más incendiario y un black metal cercano (que no limítrofe) al shoegaze. Buena mezcla la que ofrece este primer corte, equilibrada pero con pegada, discerniendo entre líneas y ofreciendo la debida importancia a cada elemento presente en las misma. Es algo palpable conforme nos encaminamos al epílogo y surge la cara más atmosférica de los baleares. Un buen arranque.

Urpa” funciona a base de confrontar a los Marasme más enrabietados con pequeñas islas de metal sosegado y paciente. De ese contrapunto surge inevitablemente una composición híbrida, que se arrastra entre el nervio y la pesadez. Subyace ahí una cierta desesperanza, una rabia heredada del sludge más cerril, en especial si uno atiende al modo en que Rigo “declama” muchos de sus versos. Aún cuando el puente se permite una cierta calma, “Urpa” sigue sonando tensa y desafiante. El de los durangueses Ikarass, banda que nos sorprendiera gratamente en el último StoneFest (crónica) es un nombre que me viene al subconsciente tras varias escuchas.

Metzina” proporciona algo de resuello con ese prólogo calmo y sosegado. El propio corte transita hacia postulados más cercanos al doom en sus primeras estrofas. Amplifica el discurso de este disco, mostrando a los Marasme más atmosféricos, pertrechados ahora sobre posiciones más tranquilas, menos perturbadoras, aunque igualmente tensas. Esa calma, personificada en un puente cuidado y tranquilo, salta de pronto por los aires y el quinteto ofrece ahí su vena más feroz. Atruena la batería de Dubi mientras Marasme aluden a postulados propios de bandas como Ghost Bath, An Autumn o unos Sólstafir en sus momentos más crudos. Elegancia pero también nervio y contundencia para uno de los cortes, en mi opinión, más redondos del disco. Por lo amplio del discurso pero también por lo interesante de sus riffs. En la rabia pero también en la calma. Estupenda.

Quimera”, a la sazón corte más rácano de este “Fel”, desciende entonces de nuevo hacia las procelosas aguas del sludge, echa mano de una vena muy Cult Of Luna y la confronta con violentas arrancadas de metal rotundo y lacerante. Trazas de Isis o incluso Pelican en las partes más relajadas un trazo cargado de atmósfera después, y que (pienso) saca a relucir la mejor cara de la banda, cosido a otro cierre con el tacómetro en zona roja. Aun cuando lo disfruto, quizá un corte que bien merecía algo más de desarrollo.

Boira” es en principio un medio tiempo rotundo y compacto, de riffs a caballo entre un post-metal al uso y el black más leve. Por ahí la desesperanza parece ganarle terreno a la pura rabia. Más adelante, la banda arrima sus contornos a un black desesperado, casi agónico, mientras posa su mirada, aunque sea en lejanía, en los Xasthur, Harakiri For The Sky, Karg… Otra composición atractiva por lo híbrido de la misma, haciendo fuerte el amplio discurso que manejan los baleares a base de buenos riffs, una base rítmica compacta y una voz cuya rabia parece no cesar nunca.

Larva” coge el testigo de ese post-black metal a lo H.F.T.S. mientras Marasme producen el corte más extenso de todo el álbum. Arrimado a ese metal más vibrante, surge ahora la cara más grandilocuente (no quisiera decir “pomposa”) para amplificar aún más el rango de acción del disco. Por ahí surge otro de los cortes que más captan mi atención en lo que a riffs se refiere. Incluso cuando la composición se apacigua y emergen los Marasme más atrevidos y enigmáticos, Tomeu Canyelles y Jordi Carrasco no pierden oportunidad de plasmar su buen gusto sobre este último corte. Y aunque no me desagrade ese descenso hacia el vacío que propician en su parte final, sí siento que se le podría haber sacado algo más de jugo a este epílogo.

Sea como fuere, el post-metal estatal sigue entregando buenas obras. Una de las escenas que goza de mejor salud ahora mismo, y a la que Marasme vienen a añadir un cuarto álbum corto en duración, no llega a treinta y cinco minutos, pero donde composiciones muy personales se dan la mano con buenos riffs para crear una serie de atmósferas de lo más diversas. Sobre ellas, Joan Rigo despliega por igual rabia y desesperanza. El resultado es un álbum que, aún cuando adherido de forma orgullosa a una corriente puramente post-metal, sabe buscarse las cosquillas para labrarse una personalidad a la que poder llamar propia. Algo que no abunda en estos tiempos que corren y que, pienso una vez más, debería cuanto menos celebrarse.

Texto: David Naves

Reseña: Onirophagus «Revelations From The Void» (Personal Records 2025)

Tercer largo para los doomies de L’Hospitalet de Llobregat, Onirophagus. Una banda que forman Sir Vellum (guitarra, bajo), Uretra (batería), Moregod y Obzen (guitarras) y Paingrinder (voz). Con ayuda de Kari Kankaanpää (Sepulchral Curse) en voces y Lady Nott (God’s Funeral) en violines, entregan vía Personal Records un “Revelations From The Void” grabado y mezclado por el Balmog Javi Félez (Altarage, Totengott, Graveyard, Teitanblood…). Los cinco temas que lo componen serían posteriormente masterizados por Jaime Gómez Arellano (Oranssi Pazuzu, Angel Witch, Ulver, Skepticism, Cathedral…) y debidamente adornados por el arte de Paolo Girardi (Grima, The Black Dahlia Murder, Officium Triste, Power Trip…), “Revelations From The Void” vio la luz el pasado diecisiete de enero.

Un muro de diez minutos desafía al oyente nada más darle al play. Desde que desata su imponente prólogo, “Revelations From The Hollow Valley” muestra a la banda en su versión más descarnada e hiriente. Puro desgarro emana de la garganta de Paingrinder. Me gusta cómo han trazado estas primeras estrofas, el doble juego vocal y esa cierta épica que de ellas se desprende. No faltan buenas melodías como soporte de esas voces. Y aunque los riffs en este comienzo no alcancen el brillo que veremos más adelante, lo cierto es que Onirophagus saben de sobra ya como trazar grandes piezas de doom death a rezumar de melancolía y también de atmósfera. El cambio de ritmo llega sin sutilezas, entregando ahí un riff no falto de gancho. La banda se arrima al death aquí. Aumenta esa carga atmosférica mediante arreglos, acelera los pulsos y va tramando así un corte apertura atractivo por diverso. El puente tranquilo que anticipa al vibrante epílogo te podrá recordar a según qué momentos de My Dying Bride. Fantástico juego entre canales de una mezcla que exige el uso de unos buenos auriculares para un disfrute óptimo. Un gran arranque.

Desde una perspectiva puramente temporal, pudiera parecer que “Landsickness” no alcanza a las aspiraciones del tema apertura. Sea como fuere la banda cuenta aquí con la ayuda de Kari Kankaanpää para un corte cuyo reposado arranque podría llevar a engaño. Uretra compone aquí una cuidada línea de batería. Tan hábil en las partes más arrastradas como firme en las más vibrantes. Por su carga arreglística, el nombre de mis paisanos de Totengott acude a mi subconsciente tras cada escucha. El puente bordea el death metal sin más miramientos, entregando la cara más trotona de la formación catalana.

The Tome” pone de relieve a los Onirophagus más abiertamente doom para un prólogo tan elegante como pragmático. Paingrinder lo rompe y lo enfanga con las que podrían ser las voces más rotas y oscuras de todo el álbum. Hay un cuidado trabajo de guitarras aquí, especialmente en la faceta melódica, que vendrá a funcionar como perfecto contrapunto a lo negruzco del aspecto vocal. De nuevo me agrada el cambio de ritmo que proponen. Cómo transforman el doom death más iniciático en un metal más vibrante, sin por ello abandonar la oscuridad y el desasosiego propios del género. La sombra de Celtic Frost es alargada en los momentos más trepidantes del puente. Sin embargo el pulso se detiene y las guitarras se adornan en ese final casi aletargado. Pero lo cierto es que se suceden las escuchas y no puedo evitar pensar que esta parte final bien merecía algo más de desarrollo. Otro corte interesante en cualquier caso.

Black Brew” opta ahora por un inicio clásico y bien arreglado. Aquí vuelve a destacar Uretra tras los parches. Un corte que pronto rompe esa calma del comienzo para, doble bombo mediante, adoptar un metal más vibrante y conciso. La composición va a así mostrando su naturaleza híbrida, enraizada en las fuentes mismas del género y donde destaca, una vez más, un gran trabajo en lo que a melodías se refiere. Lo extenso de su metraje, que habrá de superar los ocho minutos, contribuye a que todo fluya con total naturalidad. Sin bruscos cambios de ritmo ni tampoco adornos cara a la galería. La banda incluso se permite el lujo de atravesar un puente, entre lo agónico y lo alucinado, que supone uno de los momentos más atrevidos de todo el largo y que funciona como punto de inflexión de cara a la parte final. Un epílogo que abrazará un metal de nuevo vibrante y de lo más eficaz para uno de los cortes más llamativos del álbum.

Para el final quedan los quince minutos de “Stargazing Into The Void”. Un prólogo tranquilo, donde Lady Nott vendrá a poner la nota de distinción desde el violín, construyendo un arranque que podría contarse como el más elegante de todo “Revelations From The Void”. La voz acude ahora en tonos limpios, alimentando a esos Onirophagus más distinguidos. Se enfangará después, mostrando un doom de fácil rima con el resto del álbum y construcción ágil. Los catalanes toman aquí el camino de la diversidad tonal, amalgamando muchas de sus influencias con total naturalidad. Porque si algo me agrada de este corte final es la forma en que todo parece fluir sin mayores esfuerzos, de manera acomodada incluso, pero que resulta finalmente atractiva por la visión tan amplia de los propios músicos. Hay cierta distinción durante las partes más tranquilas. También auténtico nervio en las más descosidas. Un riff de un gancho tremendo alrededor del minuto siete y un caminar hacia el corazón mismo de la composición donde, de nuevo, todo parece fluir sin imposturas de ningún tipo. La sola construcción del epílogo justifica por sí misma al álbum que la contiene. Todo un ejercicio de finura y buen gusto a la hora de trazar y ejecutar un metal diverso y atractivo sin que ello implique abandonar las líneas maestras sobre las que se ha desarrollado el trabajo. Más bien al contrario: abrazándolas sin medida y exprimiéndolas hasta las últimas consecuencias. Así es como se cierra un disco.

Revelations From The Void” muestra a unos Onirophagus en plena forma. No solo abrazando su habitual doom death sino que atreviéndose además a retorcer las costuras del género cara a construir un sonido al que poder calificar como propio. Hay momentos de una cierta épica, acompañados de su habitual desgarro, y escaladas furibundas hasta el death metal más iniciático. Incluso se permiten el lujo de introducir aquél pasaje alucinado de “Black Brew”. Un compendio de buena escritura y mejor ejecución para el álbum que debería confirmar a los de L’Hospitalet de Llobregat como una realidad del género.

Texto: David Naves

Reseña: Belzebitch «Serpent Moon» (Quebranta Records 2025)

Ep debut para los occult stoner doom de El Bierzo Belzebitch, el dúo que forman Migui Albatross en voces y Pablo Mouzo en guitarras, a quienes hay que sumar las colaboraciones de Isidro Femenía al bajo y Lior Izhaki en baterías. Voces y guitarras de este “Serpent Moon” se grabaron a caballo entre Ponferrada y Santiago de Compostela. De mezcla y master se se encargaría Hans Horn en Tartu (Estonia), mientras que el diseño gráfico recaería en Beatriz Álvarez. En circulación vía Quebranta Records desde el pasado 27 de junio.

Ruidos e imprecaciones de toda naturaleza dan la bienvenida en “My Dear Lucifer”. Mouzo los rompe con un riff directo y sin miramientos. A él añade buenas melodías de guitarra y para cuando llega la voz de Migui Albatross, Electric Wizard es un nombre que se repite, una y otra vez, en mi subconsciente. Lo que me agrada es la producción tan equilibrada que tiene el Ep: sucia y grasienta pero siempre dentro de lo discernible, sin mayores aditamentos más allá del fuzz de las guitarras o el reverb en la voz de Migui. Es el corte más rácano en cuanto a duración del álbum, lo que viene a redundar en un solo algo comprimido durante el puente. En cualquier caso un buen arranque de doom alucinado y rasposo.

Satanic Vision” propone ideas similares, si bien las guitarras de Mouzo adquieren ahora una mayor gravedad ahora. Crepita el bajo de Femenía durante estrofas y la banda persiste en un doom de aires stoner muy marcados. El riff de las estrofas puede no ser el más lúcido de todo el Ep. Pero cuando la composición alcanza estribillos y Migui Albatross sube hasta tonos razonablemente altos, uno tiene la sensación de estar ante los mejores Belzebitch. Crece en duración esta segunda entrega y, en consecuencia, también el solo que antecede al epílogo. En él oigo ecos de la tan alargada como ineludible figura de Tony Iommi. Un deje que se magnifica toda vez irrumpe un riff durante el epílogo que parece escapado del “Masters Of Reality”. Quizá mi favorita de las cuatro.

No se despega de ese aroma tan Sabbath una “The Serpent Whisper” donde Mouzo parece haber echado el resto. El riff que implementa aquí tiene un gancho de mil demonios. Pero lo que más me agrada es una composición que aporta una dimensión mayor a la música de los bercianos. Con un estupendo solo de guitarra durante el puente y donde la banda, siempre a caballo entre el doom y el stoner, parece explorar texturas algo más cercanas a la psicodelia. De resultas puede ser este el corte de mayor personalidad de este “Serpent Moon”.

Se percibe una mayor oscuridad conforme arranca “Black Magic And Weed Bongs”, tema final de este primer Ep del dúo. Es la versión más clásica y seminal de su conocido doom metal, con Mouzo volviendo a rimar con el insigne fundador de Black Sabbath. Ruge Femenía bajo esas guitarras, mientras que Migui Albatross deja buenas líneas de voz, siempre acordes al género. El dúo no especula. Tampoco ofrece nada nuevo. Pero el corte resulta igualmente disfrutable en su parte final. Ahí donde abrazan entornos más alucinados y vuelven a converger, aunque sea de forma tímida, hacia territorios más psych. Un buen cierre.

De una rotundidad innegable, a “Serpent Moon” en particular y Belzebitch en general se les puede achacar la ingente cantidad de formaciones que, a día de hoy, practican un sonido parecido o similar al suyo. Pero en términos absolutos, y entendiendo el orgulloso trabajo de género que es, lo cierto es que he pasado buenos ratos con estos poco más de veinte minutos de doom rocoso y alucinado. El Ep, al final, no deja de ser un debut. Ya habrá tiempo de cargar las tintas más adelante. De momento lo que toca es darle al play y dejarse llevar por el particular ritual sónico de los bercianos.

Texto: David Naves

Reseña: Volbeat «God Of Angels Trust» (Vertigo Records 2025)

La maquinaria danesa no se detiene. Instalados desde hace años en el continuo gira-disco-gira, Volbeat vuelven ahora con un “God Of Angels Trust” que hace el número nueve en su trayectoria desde que debutaran hace ahora veinte años con “The Strength / The Sound / The Songs”. Aquí siguen el batería Jon Larsen junto al carismático guitarra y voz Michael Poulsen y el (ya no tan) nuevo bajista Kaspar Boye Larsen, a bordo de la formación nórdica desde 2016. Pero el trío no está sólo en este nuevo envite. Flemming C. Lund (The Arcane Order) ha tomado parte como guitarra solista en un puñado de temas, Mia Maja vuelve para colaborar en coros y Martin Pagaard Wolff realiza pequeños aportes también en guitarras. Con el propio Poulsen ejerciendo como productor junto al Pyramaze Jacob Hansen (Amorphis, Xandria, Temperance, Arch Enemy…), quien de nuevo tomó las riendas de la grabación, mezcla y master de esta nueva entrega. Editado en formatos físico y digital por la gente de Vertigo Records el pasado seis de junio.

Devils Are Awake” va directa al grano. Ni intros ni zarandajas más allá del propio prólogo tan orgánico como fugaz. Michael Poulsen pronto entrega sus primeras estrofas, disponiendo ese timbre tan carismático y reconocible. Con mucho una de las voces de mayor personalidad del actual panorama europeo. Hay buenos riffs, sencillos pero con gancho. Una producción, sí, que coloca la voz del propio Poulsen muy en primer plano. La banda y su productor Jacob Hansen saben bien de las debilidades y también las fortalezas del sonido Volbeat. Por eso me gustan esos riffs más oscuros en que se apoyan los estribillos. También la cierta melancolía que se desprende de ellos. A modo de broche, Flemming C. Lund dispone un buen solo en el tramo final. Un arranque a puro Volbeat. Conciso y con los adornos justos.

By A Monster’s Hand” trae al frente un riff que siempre me recuerda a los Metallica post «St. Anger«. El propio modo en que Poulsen ataca las primeras estrofas tiene algo del mejor James Hetfield. Aún así, Volbeat son lo suficientemente inteligentes para impregnar su aura particular aquí y allá, procurando que, influencias al margen (y la de los cuatro jinetes es alargada a lo largo y ancho de su trayectoria) sea su personalidad y no otra la que termine por configurar sus composiciones. Aquí además hay un buen cambio de ritmo, que C. Lund reviste con solos más funcionales que vistosos.

El bajo al comienzo de “Acid Rain” parece rimar con el de Lemmy Kilmister. Pero este es otro de esos cortes encuadrados en la larga tradición de temas hard rockeros (y algo melosos) del trío nórdico. Poulsen, claro, está fantástico en estas tesituras más amables y el corte se pega que da gusto. Es su fórmula de siempre, ya has escuchado esta canción otras veces. Y, sin embargo, toda vez penetra en tus oídos, no hay vuelta atrás. Toda una trayectoria cimentada en base a cortes como este. Tan sencillo y predecible como irresistible.

Demonic Depression” viene a contrarrestar la cierta pomposidad de “Acid Rain” trayendo de vuelta a los Volbeat más nervudos. Y aunque en cortes así eche en falta a un Poulsen en tesituras algo más graves, bien está el modo en que la producción de Hansen acentúa el registro del de Ringsted. Otro gran estribillo, verdadera especialidad de la casa, pero sobre todo un Jon Larsen firme tanto con el doble bombo como con las baquetas. Manías de oyente, puede ser esta la versión del trío con la que más empatizo, si bien habría dispuesto algo más de espacio al solo de Flemming C. Lund.

Tras “In The Barn Of The Goat Giving Birth To Satan’s Spawn In A Dying World Of Doom”, que casi parece más el título de un tema de Nile, irrumpen ahora unos Volbeat en una onda completamente distinta al resto del álbum. Guitarras acústicas y un marcado aire western inunda prólogo y primeras estrofas. Luego la composición reconduce hacia la versión más rotunda (y habitual) de los daneses, con Poulsen en tonos bastante altos para lo que nos tiene acostumbrados. Hay momentos que me pueden recordar (vagamente) a los Monster Magnet post “Dopes To Infinity” y una cierta sensación de se lo han pasado en grande componiendo y grabando este quinto corte.

Time Will Heal”, que hace semanas fue el primer corte que escuché de este “God Of Angels Trust” nos devuelve a esos Volbeat más melancólicos y apaciguados de “Acid Rain”, rivalizando con aquella por el título de entrega más amable del disco. Siempre sin perder esas guitarras marca de la casa pero, siento, dejando algunos riffs un tanto planos. A veces de hecho, poco más que serviciales. Y da igual porque el carisma de Poulsen arrampla con todo.

Y, de nuevo, el disco vuelve a virar el timón. “Better Be Fueled Than Tamed” aporta altas dosis de nervio, de intensidad incluso. Está en los setlists más recientes del combo danés, algo que puede sonar a pura declaración de intenciones, aunque pienso que le hace falta una duración algo más ambiciosa para terminar de ser del todo redonda. Posee varios de los riffs más llamativos de este nuevo trabajo, de nuevo un cierto aroma a Metallica impregnando el puente. Pero el solo, de nuevo, vuelve a quedarse a medio cocer por el poco espacio del que dispone. Incluso diría que todo el epílogo me resulta algo atropellado. Sin que me desagrade, siento que podría haber sido uno de los cortes más redondos del largo y termina quedando en tierra de nadie.

Esa sensación de tema a medio cocer de “Better Be Fueled Than Tamed” se afianza toda vez el tracklist alcanza “At The End Of The Sirens”, de hecho el corte más extenso de los diez, que entrega alguno de los riffs más redondos de esta nueva entrega. Hay una cierta oscuridad en ellos y quizá por eso que me llamen tanto la atención. El conocido y comentado carisma de Poulsen impregna de clase las estrofas. Pero es el estribillo aquí lo que realmente me funciona. Su construcción tan intuitiva. También esos riffs más pesados que irrumpen después. Caben incluso concisos detalles de Kaspar Boye Larsen al bajo. A día de juntar estas líneas no forma parte de los setlists más recientes que he visto por ahí y me parece fatal.

Lonely Fields” vive de confrontar a esos Volbeat más amables con una serie de riffs casi monolíticos para, por ahí, construir un corte mestizo, lleno de contrastes y donde la producción de Hansen & Poulsen habrá de cobrar un mayor protagonismo. No recuerdo ya en qué red social leí comentarios acerca del parecido de esta penúltima entrega con los irlandeses U2. No lo termino de ver (o escuchar). Lo que sí veo (o escucho) es un indisimulado guiño al tema principal de la banda sonora de “Halloween” que el neoyorquino John Carpenter compusiera para su (seminal) película del mismo nombre. Un corte llamativo por diferente.

El cierre corresponde a “Enlighten The Disorder (By A Monster’s Hand Part 2)”, con Volbeat ahora en su encarnación más heavy, cimentada por riffs de nuevo más funcionales que vistosos, pero una producción inteligente a la hora de jugar con las afinaciones y un trazo más diverso de lo que intuí en primeras escuchas. Sin abandonar el sonido clásico de la banda, ni tampoco forzar los límites como la anterior “Lonely Fields”, lo cierto es que es un corte que me sorprendió en una primera pasada y me enganchó en las sucesivas.

Volbeat cargan con el sambenito de que todas (o buena parte) de sus composiciones se parecen. Un prejuicio contra el que “God Of Angels Trust” parece luchar de forma denodada. El registro de Poulsen impone mucho carácter a Volbeat. Pero la banda, ahora más que nunca, deja un tanto de lado a Metallica para ofrecer un álbum, seguramente no el más redondo de su trayectoria, pero donde parece vislumbrarse el camino que el trío puede tomar de cara a futuras entregas. Mientras ese viraje se confirma (o no), el carisma de “Acid Rain”, el nervio de “Better Be Fueled Than Tamed”, incluso la personalidad de “In The Barn Of The Goat Giving Birth To Satan’s Spawn In A Dying World Of Doom” o el cierto riesgo de “Lonely Fields” bien vendrán para mantener el actual estatus de privilegio del trío. Al tiempo.

Texto: David Naves

Reseña: Salduie «Dvatir» (Theocide Records 2025)

Dvatir” de los zaragozanos Salduie recopila en formato Ep varios singles que la banda ha venido editando desde su último largo “Ambaxtos”, editado allá por 2021 y que ya pasara por esta página. Ellos son David Serrano (gaitas, flauta, dulzaina…), Daniel Galbán (bajo), Diego Bernia y Nehemías Sebastián (voces), Sergio Serrano (batería) y Victor Felipe (guitarras, bouzouki irlandés, mandolina). Los temas fueron producidos, grabados, mezclados y masterizados en los Theocide Studios de su ciudad natal con Teocida a los mandos. En la calle vía Theocide Records desde el 3 de abril.

Desde un prólogo muy apegado a la tierra, al bosque, a la naturaleza, en “Una Plegaria A Trebaruna” construyen una intro que transita hacia lo cinemático entre cierto regusto épico y coros elegantes. “Dvatir” donde los chicos cuentan con la colaboración de Xana Lavey (Celtian), acrecienta ese nervio épico de la intro, se arma de guitarras potentes y construye estrofas marca de la casa: alternas en voces, pródigas en arreglos y de lo más efectivas. Aquí y allá hay alguna rima que quizá me chirríe más de la cuenta. Pero disquisiciones personales al margen, esto es Salduie mostrando (a ratos) su vertiente más heavy, alternada con el registro más leve de Nehemías Sebastián. Diversa, agradable, junto con la intro una más que interesante puerta de entrada al Ep en particular y al peculiar universo de la banda en general.

El Canto De Las Madres”, con la Against Myself Elizabeth Amoedo ayudando en voces, reincide en la gravedad de esas guitarras, construyendo de nuevo unas estrofas llenas de contrapuntos en lo lírico. Voces rasgadas, agudos y dejes más folkies colisionan aquí. Y lo hacen sin que la producción se resienta lo más mínimo. Teocida, varios trabajos ya registrando a los maños, sabe muy bien de las fortalezas de los chicos. Por ahí me agrada el modo en que power metal, folk e influencias más oscuras se conjugan en completo equilibrio. Ahí cobra especial importancia la labor de Sergio Serrano, tejiendo una línea de batería a la vez firme y diversa, perfecto cimiento del corte al que da sustento. Los juegos entre voces e instrumentos de viento, los arreglos orquestales, incluso esa mayor crudeza previa al puente… todo parece estar donde debe. Una de esas composiciones que bien merece más de una escucha (y de dos y tres) para vislumbrar cada pequeño detalle como se merece. De lo mejor de este pequeño Ep.

Lugnasad” donde encontramos a Estefanía Aledo (Mind Driller), plantea unas primeras estrofas donde las distintas voces limpias se van contraponiendo a la pesadez, la gravedad incluso, que emana de la guitarra de Víctor Felipe. Éstas se enfangarán más adelante mientras acogen un juego de voces aún más amplio si cabe. De nuevo un folk metal que atrae por la libertad que la banda se ha dado a la hora de componer los temas. Hay detalles más contemporáneos, ese breakdown tan marcado, que quizá repelan a los más puristas. Salduie se ponen pocos límites y, por ahí, emergen con una propuesta que acaba por resultar cada vez más personal. El puente previo al epílogo, consagrado a su vertiente más folkie, es estupendo.

El Agua Del Tejo” parte de un prólogo elegante, de una cierta melancolía incluso, para que luego Diego Bernia deje alguna de las voces más graves de todo el Ep. Aquí irrumpe un estribillo, a coro, de esos que amarran a la primera. Los Salduie más rotundos acompañando a los más épicos en un corte profuso tanto en doble bombo, como en voces y arreglos. Verdaderas señas de identidad de los zaragozanos, para una canción de esas que invitan al movimiento cervical, sin que falten pequeños puentes (de nuevo) con un cierto toque cinemático, otro afilado breakdown y un epílogo que vuelve sobre estribillos. Quizá la más memorable, literalmente hablando, de entre las seis.

La Profecía De Clunia”, con la mexicana Anna Fiori poniendo de su parte con un registro ciertamente torrencial, reincide en esos Salduie compactos y aguerridos, mostrando su cara más metálica y contundente. Pero aún así, ellos no olvidan otro de esos trazos atractivos por diversos. Sin alcanzar el caos de propuestas más oscuras, pero sin tampoco caer en escrituras predecibles y/o evidentes. A ello suman arreglos sinfónicos que vienen a aportar una mayor grandilocuencia, amén de gaitas, un amplisimo rango vocal y el que puede ser el breakdown más marcado de todo el trabajo. Estupendo cierre.

Dvatir” viene a dar razones a quienes argumentan que Salduie son, a día de hoy, una de las formaciones más sólidas dentro de nuestro folk metal. Tanto el equilibrio como la contundencia de la mezcla deja entrever la buena conexión que hay entre banda y productor. Y los temas respiran no solo gracias a ese equilibrio sino también a unos trazos atrevidos, muy poco lineales, que ponen en ristre su mejor cara como compositores. Sin olvidar estribillos con gancho, con especial atención a los de “El Agua Del Tejo”, conforman un pequeño trabajo en cuanto a duración pero que, sin embargo, tiene muchas cosas que decir. El próximo 27 de septiembre estarán descargando en la Sala Acapulco de Gijón. Avisados quedáis.

Texto: David Naves

Reseña: AkoúΦenom «Connections To The Erebus» (Unorthodox Emanations 2025)

Nuevo Ep para los black death radicados en A Coruña AkoúΦenom. Ellos son Prgich en baterías, Korgüll en bajo y voces, Garmr en guitarra y DraGon en voz y guitarra. En este 2025 se cumplirán diez años de su primera referencia como banda: el Ep “Flesh Sublimation”. Tras él vendrían sendos splits junto a La Hija del Carroñero y Kursk en 2016 y 2020 respectivamente. Ya en 2023 vería la luz “Death·Chaos·Void”, su primer largo. Finalmente, el pasado 4 de julio editan vía Unorthodox Emanations (subsello de Avantgarde Music) “Connections To The Erebus”, Ep de cuatro temas grabados en Cumbre Estudios y posteriormente mezclados y masterizados por el Aversio Humanitatis Simon Da Silva (Cancer, Eternal Storm, Wormed, Iku-Turso, Pestilength…) en el madrileño The Empty Hall Studio. El trabajo cuenta con arte del propio Prgich.

Explota “Absurd Of The Arkhe” y pronto el nombre de Teitanblood acude a mi subconsciente. Ahorran en adornos los gallegos para traer al frente un metal tan frío como osco. Firmes las baterías de Prgich en estos primeros compases, que apenas palidecerán conforme se manifiesten las primeras estrofas. En una composición que se irá más allá de los diez minutos mientras hibrida black & death metal, me agrada el toque melódico que imprimen a las mencionadas estrofas. O la forma en que alternan ritmos aquí y allá, conformando un corte que, lejos de volver sobre sí mismo, avanza a pasos fríos y despiadados. Da fe de ello el puente, con ese deje más marcial, así como el buen solo que implementan después. “Absurd Of The Arkhe” habrá de abrazar finalmente un trazo mucho más pesado y agónico. Bordeando las fronteras del doom más descarnado, ampliando su margen de maniobra y desembocando en ese epílogo nuevamente vicioso y fulgurante. La sola presencia de esta primera entrega justifica al Ep en su totalidad.

Extrema Unción”, donde el cuarteto abandona ahora el inglés para sus líricas, no pone las miras tan altas como su predecesora, lo que no quita para que AkoúΦenom apuesten aquí por unos pulsos algo más atmosféricos. Me agrada la forma en que juegan a hilvanar velocidad y pesadez, precisión y desenfreno (esos solos casi desquiciados), en otra composición con el caos como principio y final. Más oscuras aún si cabe las voces que ofrecen aquí. Cabe destacar el buen sonido que desarrollan estas grabaciones, con el punto justo de suciedad y desgarro. Alcanzados los dos minutos de composición, ésta se vuelve algo más orgánica y tendida. Que no apacible. Las voces, en pura agonía, conducen por un verdadero valle de sombras. Me gusta el solo que implementan después. El de Triumvir Foul puede ser un nombre que me ronde la cabeza toda vez encarama hacia su epílogo, con los gallegos en su versión más nerviosa y lacerante. Lo que sorprende aquí es ese tramo final y la forma en que rima con un black depresivo y angustioso (deudor de gente como Sterbend, Nyktalgia, Abyssic Hate…) y que, como la cabra tira al monte, pienso merecía algo más de desarrollo…

… si bien el arranque de esta “Abismo” parece seguir cerca de donde lo dejase aquella. El corte quizá más libre de todo el trabajo. Instrumental salvo por esas voces que irrumpen durante su tramo central. Más atmosférica que disonante, apenas un pequeño escorzo de cuatro minutos…

… antes de que “Limbo” dibuje una calma apenas inédita a lo largo de todo el Ep. Instrumental al piano y de gran contraste con el trío de temas previos. En cierto modo elegante, pero también tensa y un tanto misteriosa, en una onda que me suele recordar a la última etapa de los polacos Profanum. Curiosísimo cierre.

Es llamativo cómo el Ep transcurre desde el lacerante caos inicial a la calma tensa de “Limbo”. Entre medias cabe un metal extremo en gran medida desprovisto de adornos, también de asideros, en donde la banda parece haber cuidado con sumo cuidado la parcela gramática. Son cortes que me llaman más la atención por su trazo que por la colección de riffs que atesoran. Curiosamente, aprecio en mayor medida el caos que son capaces de desatar algunos de los solos que introducen aquí. Luego el par de cortes finales vienen a amplificar ese rango de acción. La primera con ese cariz más atmosférico, la segunda con su tranquilidad y su calma. Tensa, sí, pero calma en cualquier caso. Un Ep que es casi como un viaje. Un inevitable descenso hasta su particular limbo, pero bien producido y rebosante de buenas ideas. De lo mejor que nuestro metal extremo tiene para ofrecer a día de hoy.

Texto: David Naves

Reseña: Helloween «Giants & Monsters» (Reigning Phoenix Music 2025)

Decimoséptimo largo ya para la calabaza germana, el segundo desde que Helloween debutara esta suerte de formación all star con Michael Kiske (voz) y Kai Hansen (voz y guitarra) retornando a la que fue su casa. Mi compañera Tumay entrevistó a Markus Grosskopf (bajo) hace escasas fechas por lo que era de recibo, ahora, darle un tiento a este flamante “Giants & Monsters”. Michael Weikath y Sascha Gerstner (guitarras), Andi Deris (voz) y Dani Löble (batería) completan la nutrida alineación. Dennis Ward y Charlie Bauerfeind se harían cargo de las distintas tareas de grabación y mezcla, mientras que Sascha Bühren y Emil Pohjalainen harían lo propio con la masterización. Diez cortes para cincuenta minutos de música adornados por el fino arte de Eliran Kantor. En la calle a través del sello Reigning Phoenix Music desde finales de agosto.

Nada de intros cinemáticas ni pompa engolada. “Giants On The Run” ofrece desde el comienzo la mejor cara de esta constelación de músicos. ¿Por qué? Por la construcción de esas estrofas, por cómo después su estribillo reconduce hacia los Helloween más canónicos, con Deris llevando la voz cantante. Sorprende su elección como opener si uno se atiene a lo llamativo de su construcción. Ahí caben desde breakdowns a cierto coqueteo con el metal progresivo, voces graves y una hábil sección solista. El epílogo, tal vez por llevar la voz de Hansen, pero también por el tratamiento de los diferentes coros, no podría recordarme más a Gamma Ray. Por ahí, y sin que la producción me enamore del todo, siento que el álbum no podría empezar con mejor pie.

Savior Of The World” se conduce ahora hacia un power metal mucho más clásico y elemental. Ese donde el siempre cálido timbre de Michael Kiske engarza con total precisión. Es una canción que Helloween han entregado decenas de veces. Quizá por ahí que quepan pocas quejas al respecto, más allá de cierta predecibilidad inherente al género. Además Dani Löble está no solo rápido sino que bastante hábil a la hora de componer su línea de batería y, por ahí, todo deja la impresión de que podría funcionar como un tiro en vivo. La producción juega con los canales durante la primera fase del solo. Justo antes de que éste emprenda el vuelo y deje paso al epílogo. De esas que te las sabes a la primera y no salen de tu cabeza durante días.

Lo mejor que puedo decir de “A Little Is A Little Too Much” es que cumple con creces su papel como single adelanto. Sencilla, valga la redundancia, con una melodía pegadiza y memorable, un buen tratamiento en cuanto a voces se refiere y ese sencillo pero eficaz estribillo, el cual parece construido con el directo como fin último. A día de juntar estas líneas, es el adelanto del álbum con menos reproducciones en Spotify, si bien en lo personal siento que está por encima de “This Is Tokyo”. Más adelante explico por qué.

Me gusta la forma en que “We Can Be Gods” recupera algo más de nervio y mala leche. De clasicismo incluso, con ese inconfundible agudo durante el prólogo. Kiske de nuevo a placer, muy cómodo, en estas estrofas. Y basta escuchar los distintos riffs que la pueblan para darse cuenta de que esta es una composición con el sello personal e intransferible de Kai Hansen. El disco va conformando así el puzzle en el que han de ir encajando las distintas personalidades que integran estos súper poblados Helloween. Quizá el solo me suene algo recurrente a estas alturas de la película. Inequívocamente ágil, especialmente cuando emergen buenos duelos entre ellos, pero que aún con eso me provoca cierto déjà vu.

Into The Sun” echa el freno y pone la calma. Balada / medio tiempo bellamente arreglada, interpretada con todo mimo y que, sin tampoco reinventar la rueda, amplifica el rango sonoro del álbum con cierta finura. Una buena sección solista y un final pomposo pero bien equilibrado en lo que a mezcla se refiere para un corte ni memorable ni fallido.

This Is Tokyo”, lo pensé en las primeras escuchas y me reafirmo ahora, me resulta el más endeble de los tres adelantos. De entrada porque los coros del prólogo, por alguna razón, me suenan torpes. Descuidados incluso. Y si bien pienso que su construcción no es desdeñable, me parece que recoge alguno de los malos vicios que a veces tienen este tipo de cortes pensados para la masa. Pero es que aun con eso, creo que el estribillo adolece de un mayor gancho y trata de buscarlo inundando la mezcla de coros que no van a ningún lado. Si la salvo de la quema es, desde luego, por ese deje tan Accept que acompaña al solo. Y nada más.

Por contra, “Universe (Gravity For Hearts)” y si logro abstraerme del ahogado y extraño sonido de la caja (especialmente en estrofas), me parece uno de los mayores logros de este “Giants & Monsters”. Los Helloween más trotones confrontados a una escritura que me atrapa por diversa y ágil, con un Kiske en su salsa. Sascha Gerstner carga con la composición aquí, pero en muchos de los riffs y melodías uno siente el inequívoco aroma a los Helloween de siempre. Hay cuidados puentes entre estrofas, confrontados a secciones más oscuras, con el bajo de Grosskopf muy en primer plano y, en general, una cualidad de nuevo poco predecible, seguida de buenos desarrollos solistas. Es la banda en su encarnación más coral, produciendo power metal de calidad y con el único pero de la batería que comenté al comienzo1.

Me gusta esa cualidad más atmosférica que emana de “Hand Of God”, no tanto cómo una duración algo rácana opera en contra de las buenas ideas que la integran. De nuevo compuesta por el ex Freedom Call Sascha Gerstner, porta estrofas más que interesantes, amén de un tono algo disociado del resto del disco. Me gustan las melodías que acompañan a estribillos. Tan clásicas, tan funcionales. Por contra, a la sección solista creo que se le podría haber sacado algo más de jugo. Al final es uno de los cortes que me pasa más inadvertido.

Hay que reconocerle a esta calabaza que pocas bandas se manejan tan bien como ellos en cortes de sencillo y directo happy metal. “Under The Moonlight” se adhiere con orgullo a esa larga tradición de hard / heavy maleable y desenfadado, con un Kiske como niño con juguetes nuevos. Muy breve, apenas por encima de los tres minutos, pero de lo más funcional. Habría sido mi elección como single por delante de “This Is Tokyo” sin dudarlo un instante.

De la cabeza de Kai Hansen ha salido el cierre “Majestic”. Composición adherida a la bien conocida tradición de cortes extensos que el Gamma Ray ha entregado durante todos estos años, y donde se dan cita alguno de mis riffs favoritos de todo el álbum. Estupendas esas primeras estrofas, de construcción ágil y diversa, con Michael Kiske enfrentando los distintos versos con una pasión a la altura de su leyenda. Sin llegar a ser una “Heading For Tomorrow”, una “Halloween”, cierra el disco con grandes solos y potentes estribillos, pero también puentes tranquilos y la sensación de que a esta formación le queda aún mucha guerra por dar.

A día de hoy siento que “Helloween” era, en términos absolutos, mejor que este “Giants & Monsters”. Entre buenos momentos de gran power metal, este nuevo largo de la calabza ofrece cortes algo endebles y ejecuciones un pelín predecibles. Pero cuando el disco brilla, véase sin ir más lejos esa final “Majestic”, destierra cualquier duda. Si bien pienso que el disco roza el notable, me queda la sensación de que a semejante constelación de músicos, de leyendas del género, se les debería exigir siempre algo más.

1 y que en un principio achaqué a un mero fallo del formato. Error del que salí toda vez escuché de nuevo la canción en diferentes plataformas de streaming, con el defecto persistiendo en todas ellas. Hay cosas que cuesta comprender y más en una producción como esta.

Texto: David Naves

Reseña: Mass Burial «May Darkness Come» (Dealer Records Gamonal/Ruido Noise Records 2025)

Nuevo trabajo y es el quinto ya para las huestes death metaleras burgalesas de Mass Burial, la banda de los Nasty Surgeons Raúl Weaver (guitarra y voz) y Fabíán Hernández (bajo) junto a Jorge Azofra (batería) y Adrián Ojer (guitarra). “May Darkness Come” se compone de un total de once cortes mezclados y masterizados por el propio Weaver en los Undead Studios. Con portada de Juanjo Castellano (Æolian, Unbounded Terror, Avulsed, Barbarian Swords…), el álbum fue lanzado por Dealer Records Gamonal en colaboración con Ruido Noise Records.

De inicio alberga pocas sorpresas. “May Darkness Come” es puro death metal a la manera clásica. Con la batería de Azofra refulgiendo junto a unos simples pero muy eficaces riffs de guitarra. Me enganchan más los que la banda sitúa bajo las primeras estrofas. Ese groove tan bien medido y el no menos elemental ‘tupa tupa’ d-beatero que introduce más adelante. Un primer aporte que, sin inventar nada, ni pretenderlo tampoco, funciona a las mil maravillas.

Más directa aún es una “Dead Mountain” que constriñe la estructura del tema previo para, en poco más de tres minutos, destapar la versión más descarnada de los burgaleses. Se alterna esta con un death metal que gana en pesadez conforme fluyen las estrofas. Hay cambios de ritmo que me agradan por cómo no comprometen el remate final con florituras de cara a la galería. Todo parece fluir de modo más o menos natural y por ahí me agrada esta segunda entrega y el modo en que la remata el buen solo final.

Pequeños arreglos durante el prólogo hacen por aumentar la oscuridad de una “Dreams Of Blood” que muestra ahora a unos Mass Burial más pesados y melódicos. Luego llegan las estrofas y todo vira hacia un death metal que bien podría recordar a los primeros Entombed. Siempre con el hosco registro de Weaver al frente y trazando un death metal clásico y de nuevo muy eficaz. Vuela Azofra tras los parches camino de un epílogo hábil a la hora de aportar un poso más melódico. Ahí y por pura colisión surge uno de los cortes más interesantes de todo el largo.

The Apostate” retorna entonces a lugares comunes en el ideario de los burgaleses. Esto es: death metal rápido sin caer en lo frenético, dotado de una oscuridad sin imposturas. De riffs sencillos pero pegadizos, con Azofra marcando un ritmo casi marcial. Al solo que ocupa su tronco central quizá le falte algo más de desarrollo. De presencia incluso. La producción del álbum es deliberadamente sucia, de nuevo al modo clásico, y por ahí puede que uno encuentre cierta división de opiniones. En cualquier caso la composición echa el freno en un tramo final pesado y rotundo.

The Shadowless” añade algo más de picante a la mezcla. Puede ser de los once el que más me recuerde a la otra banda de Weaver. Ritmos vivos y buenos detalles de un inquieto Azofra tras los parches no descuidan la inclusión de buenos riffs, así como de un solo en su puente central que, en cierto modo, no podría resultar más elegante. Aún cuando me agrada el mayor nervio que adquiere en su tramo final, no puedo evitar pensar que bien merecía una duración algo más ambiciosa.

La igualmente breve “The Slaughter” cuenta no obstante con otro de mis riffs favoritos de todo el largo. Luego de ese prólogo irrumpen unas estrofas que, línea de voz al margen, me retrotraen a los primeros discos de Avulsed. Death metal sin complicaciones, oscuro pero sin imposturas artificiales. Orgánico y dotado de pequeños cambios de ritmo que lustren la propia composición. Ni siquiera echo en falta un mayor brillo en lo técnico, pues la banda dispone un solo final perfectamente enraizado en el propio espíritu de la composición. Ni tan siquiera tres minutos y medio y, sin embargo, una de mis favoritas de todo el tracklist.

El tranquilo prólogo de “House Of Horrors” viene a romper con todo lo establecido hasta ahora dentro de “May Darkness Come”. Y de hecho sus primeras estrofas amagan con conducir a Mass Burial a sonidos más propios del metal gótico. Guiño que se difumina casi de inmediato con la banda transitando feroz hacia su habitual death metal sobrio y sin manierismos. Weaver prosigue con su registro oscuro, casi enfangado, mientras Azofra y Hernández firman una de las bases rítmicas más vivas de todo el largo. La composición conmuta estrofas nerviosas con otras que vuelven a rozar el d-beat y por ahí los de Burgos parecen dar su mejor versión. El reverberante solo final remata una de las entregas más infecciosas de este nuevo álbum. Ni que decir tiene que la que más ha calado en mi subconsciente hasta ahora.

Let The Dead Be Dead” da otro giro de timón para que la banda recupere su versión más galopante y descarnada. Weaver no varía un ápice su registro pero, por alguna razón, encuentro esta línea de voz algo por debajo de otras tantas del disco. Aún cuando alguno de los riffs en que se apoya van sobrados de gancho. La composición acomoda el solo en su tronco central y éste resulta tan vistoso como ágil. Algo descompensada pero igualmente disfrutona.

Otro corte de arranque reposado es este “Inquisition”. Y de hecho Mass Burial levantan el pie del acelerador aquí para que fluya una versión más melódica del cuarteto. Las primeras estrofas acogen una pesadez casi desconocida a lo largo del disco. Un grosor que irá virando, con toda naturalidad, hacia su habitual death de ritmos vivos y riffs nerviosos hasta llegar a los blast beats que anteceden al epilogo. Este se adorna de un apenas correcto solo de guitarra pero, en conjunto, siento que es otra del vagón de ganadoras.

Tras el sugerente título “Vengeance From The Grave” se esconde otro arranque de death metal taimado y rocoso. Apenas un pequeño inciso toda vez las estrofas acojan el trotar ya clásico del cuarteto. Azofra está más pasional que nunca aquí y la composición, aun cuando del todo clásica, arroja igualmente buenos detalles técnicos (esos breves pero furibundos solos de guitarra) y marcados descensos hacia una pesadez y una gravedad perfectamente integradas. Estupenda.

Siento que a la final “Bound To Obscurity” le pesa lo exiguo de su duración. Propone una serie de ideas (estupendo ese arranque lento) que su cierta falta de ambición lleva a no desarrollar del todo. Y es una pena porque le habrían otorgado otro signo diferente a este cierre. Un broche en el que Mass Burial vendrán a conducirse por alguna de las sendas que el disco ha transitado una y otra vez. Esa cierta repetición de patrones puede llevar a un cierto cansancio por reiteración. Ello no quita para que tanto el solo final como la base en que se apoya aguante la comparación con cualquiera del resto del trabajo sin mayor esfuerzo.

En cualquier caso un disco que, acogido a la cara más primigenia del género y dotándose de una cierta oscuridad, entrega once cortes donde encuentro más aciertos que errores. De hecho, me atrevería a decir que estos últimos obedecen más a manías de quien escribe que no a cualquier déficit que pudieran tener como banda. De ahí que a ratos eche en falta una mayor diversidad. No es menos cierto que entonces esto quizás dejaría de ser un disco de death metal propiamente dicho. En cualquier caso, “Vengeance From The Grave”, “The Slaughter” o “House Of Horrors” me parecen razones más que suficientes para detenerse en el nuevo trabajo de Mass Burial. Estáis tardando.

Texto: David Naves

Reseña: November «The Long Way Home» (Skyfall Records 2025)

Es cierto que el término “superbanda” se usa a la ligera no pocas veces. Lo cierto es que tiempo hacía que el ecosistema rockero asturiano no entregaba un debut respaldado por tanto nombre ilustre. A saber:  Dani G. ( Nörthwind, Eden, Darksun, Last Days Of Eden) en voces,  Fer Espina (The Riders, Fran Juesas, Blister) al bajo, Alex Tilles (Soundwave, El Hombre Más Tonto Del Mundo) y Diego Riesgo (Drunken Buddha, Nymerians)  en guitarras y  Adrian López  (Versión Original, Belo y Los Susodichos)  tras baterías. Entre todos han dado a luz a una docena de temas, producidos por el propio Dani G. y adornados por el arte de Ride The Dragon Films (al mando también de los videoclips), configurando un álbum de puro hard rock al que han dado en llamar “The Long Way Home” y que tendrá su flamante presentación en una nueva edición del Rockvera.

Este es un álbum que te lo pone fácil desde el primer acorde. Ese prólogo tan elegante de “Tear Down The Kings”. La producción tan equilibrada de la que gozan estas canciones, lleva a November en volandas. Aquí encontramos unas voces de Dani G. bien acomodadas sobre el vistoso colchón de riffs. Coros grandilocuentes, que serán una constante de aquí al final del álbum, y un solo que de esos que disfruto como niño con juguetes nuevos. Un arranque que puede recordar desde bandas de los ochenta como Bon Jovi a continuadores de la vieja tradición hard como puedan ser H.E.A.T, Eclipse, Nestor

Never Lose Your Hopes”, con todo un Bumblefoot (ex Sons Of Apollo, ex Guns N’ Roses, Whom Gods Destroy) a bordo, apacigua el vigor inicial para construir un hard rock en el que Dani G. se despacha con alguna de mis líneas de voz favoritas de todo el álbum. Se pega este estribillo como pocos dentro de “The Long Way Home”, siempre con ese tono alegre y optimista, santo y seña del género, y unas composición y ejecución en su punto justo de porte y elegancia. Hay tonos muy altos de la que fuera voz de Darksun. Y un solo, antecediendo al puente, para el que no se me ocurren peros. El epílogo, que funde esa faceta solista con el estribillo (y que bien me podría recordar a Gotthard) es estupendo.

Así las cosas, “Skyfall” pone la calma tras el ímpetu de las dos entregas iniciales. Curiosamente, el corte más extenso de este debut, y que la banda apoya con unos pequeños arreglos de piano sobre una clásica estructura en crescendo hacia estribillos. Dani G., pura elegancia ahora, estira su registro como nos tiene acostumbrados. Me gustan esos engarces entre estrofas. Los buenos guitarrazos que se dejan sentir. Balada de las de siempre. Te la sabes casi sin escucharla, pero aún ahí, la banda parece dar muestras de lo mucho que ha cuidado cada detalle. Desde los mencionados arreglos pasando por los coros y acabando en ese solo previo al epílogo. Estupenda.

One Of A Kind” subvierte esa calma y se entrega al hard más alegre y disfrutón. Tiene uno de esos estribillos fáciles y directos que entran a la primera y luego tarareas durante horas. Y es que ya sabéis lo que dicen: “es solo rock and roll, pero me gusta”. El riff tampoco va sobrado de gancho. De igual forma, me agrada el juego que se produce entre ambas guitarras durante las estrofas. November mostrando su lado más hedonista, más (valga la redundancia) rockero, dejando un poco de lado el hard más elegante del comienzo del álbum en pos de un sonido más cercano a Guns N’ Roses o Mötley Crue pero en el que parecen igualmente cómodos.

When The Door Is Closed” opta ahora por un hard sensiblemente más musculoso. Parte de un prólogo que, inevitablemente, me lleva a pensar en Zakk Wylde, y en donde luego se dan cita alguna de las estrofas más llamativas de todo el álbum. Todo tamizado de manera que el corte se integre de manera natural en el tracklist, es en cualquier caso uno de esos temas que ganan una barbaridad con las escuchas. Por todos los detalles que se esconden bajo los estribillos, por el buen solo de este tramo final, por los destellos desde el bajo de Espina. Atrevida elección para su traslación al formato videoclip:

Don’t Pray For Me” parte desde un riff del todo juguetón y construye, cencerro mediante, otro rock and roll pegadizo, sobrado de gancho y clase. La buena construcción de sus estrofas, la cuidada línea vocal de Dani G. aquí, así como el buen trabajo en cuanto a coros y ese estribillo (que parece) pensado y repensado de cara al directo. De nuevo los buenos detalles melódicos en los engarces entre las distintas estrofas y esa firme base rítmica aupando este ritmo más vivo y directo. Desde luego, “living ain’t easy”, pero con estribillos así, resulta algo más llevadero. No voy a mentir. El solo es lo suficientemente bueno como para encontrarme a mí mismo dándole hacia atrás al reproductor (una, y dos y hasta tres veces) para poder apreciarlo como se merece. De mis favoritas.

El bajo de Fer Espina abre la homónima y rotunda “The Long Way Home”, donde resuenan alguno de los riffs más graves de todo el trabajo. Me gusta el tono hacia el que deriva su registro Dani G. aquí, así como, ya digo, esos riffs más contundentes y pesados. De nuevo, y al igual que sucediera en “When The Door Is Closed”, siempre dentro de las marcadas lindes del género (esos coros…) pero ampliando una vez más el rango de acción del quinteto. Asimismo, me llama la atención esa desnudez que acoge inicialmente al solo de guitarra. Y cómo torna después en puro fuego, solidario a esos November más potentes y descarnados.

Egomaniac” parece más enraizada en el espíritu puramente hard rock del álbum. Lo que no quita para que se trate de otro corte llamativo por construcción y arreglos. Por el cuidado trabajo de guitarras bajo cada estrofa, verdadero santo y seña de este debut, el equilibrio que muestra la mezcla, aún cuando los coros hacen acto de presencia, arrastrando consigo no poca cuota de protagonismo. Elegancia y contundencia se darán cita en su tronco central. Una la pone el solo de guitarra, la otra, la cierta pesadez que emana de los riffs. El corte resulta, finalmente, una intersección entre los November más elegantes de “Never Lose Your Hopes” y los más pesados de “When The Door Is Closed”. De ahí, tal vez, que me agrade en la manera en que lo hace.

Y no es que me disguste “All I Need Is You”, pero sí siento que está algo por debajo de las otras baladas del debut. Y lo digo aún cuando aprecio las buenas voces que el Last Days Of Eden ha vertido aquí, o lo cuidado del trazo y los arreglos. El de Bryan Adams es un nombre que me suele venir a la mente con el paso de las escuchas. Sin que tampoco me resulte fallida, sí siento que merecía un desarrollo algo mayor.

Regresa el cowbell para una “Vegas Queen” que recupera a los November más chulescos y disfrutones. Aquí me agradan esos omnipresentes detalles con el slide sobre el mástil de la guitarra. También el sencillo pero pegadizo estribillo y la forma en que regresan los riffs más graves, otorgando un mayor fuste al solo. Por lo demás un rock directo y sencillo, de los que invitan a bailar, pero que no sacrifica una buena producción. Más bien al contrario.

Última balada del álbum, “Never Said Farewell”, da inicio con Dani G. apenas acompañado de unos arreglos de piano. Clásico crescendo de camino a estribillos y otro de los cortes que más y mejor uso hace de una buena producción. Se siente en cada nota, en cada golpe de Adrián López al kit de batería, en el cuidado bajo de Espina. Clásica y de lo más funcional. Asida con orgullo al libro de estilo del género.

Shot From Your Heart” con Gus G (Firewind, ex Mystic Prophecy, ex Ozzy Osbourne) parece hecha para cerrar el disco allí donde comenzó: en un hard rock enérgico aunque pegadizo, donde quizá no se den cita los riffs más lúcidos del álbum pero que confluye hacia un estribillo triunfal. De nuevo el de los infalibles hard rockeros suecos H.E.A.T es un nombre que sobrevuela mi subconsciente aquí. Eficacísimo cierre.

No voy a mentir si digo que he necesitado de cierta re programación mental para enfrentarme al debut de los asturianos. Tiene uno tan asimilada la voz de Dani G. a Darksun (a Last Days Of Eden incluso, aunque su labor vocal ahí sea más restringida) que al comienzo me costó hacerme a estas canciones. Pero en cuanto el disco hizo ‘clic’ en mi cabeza, ya no hubo vuelta atrás. Son muchas las cosas que me agradan y, aquellas que no, lo hacen más por manías personales que por algún déficit del proyecto. La producción es de auténtico lujo, siento que hay grandes temas y todo el trabajo en cuanto a guitarras apunta a que estas composiciones se han cocinado a fuego muy lento. De resultas de ello, y pese a tratarse ya digo de un debut, no negaré que “The Long Way Home” pueda mirar a cualquier álbum (de aquí o de fuera) sin absolutamente ninguna mueca de inferioridad. Más bien al contrario.

Texto: David Naves