Reseña: Krypticy «The Non-Return» (Violence In The Veins 2024)

Es el segundo largo para los chicos de Krypticy tras debutar en 2014 con el Ep “Necronomicon” al que siguió un primer álbum de nombre “Hideous Being” en 2020. Thomas Schenk (bajo y coros), Pancho (batería), Sergio Álvarez (guitarra) y Álex Warrior (guitarra y voz) componen una formación que entrega ahora un “The Non-Return” grabado y masterizado por José María Tornay (Metalize, Rebel Souls) en los Wave Nation Studios. Adornado por el arte de Cardaver Art (Ancestral, Intolerance, Slaughtercult, Dismortus…) vio la luz el 22 de julio del pasado 2024 vía Violence In The Veins.

Ni introducciones ni pompas de ningún tipo. “Infected Pharaoh” demuestra pronto las buenas hechuras que posee el disco en cuanto a producción, destilando un sonido claro y equilibrado, con fuerte presencia de un bajo que crepita solidario a las punzantes guitarras de Álex y Sergio. Me gusta el riff que acompaña a las estrofas. También la tensa y cuidada línea de batería de Pancho, velocísima tras los primeros versos, y que marca el ritmo de unas partes rápidas que me recuerdan, a ratos, a mis paisanos de Legacy Of Brutality. Death metal descosido pero no exento de técnica, que conjuga velocidad y pesadez y al que remata un llamativo solo de guitarra en su tramo central para un más que interesante arranque.

Hypatia’s Heresy” no se desliga en gran medida de las mismas directrices pero vendrá a apoyar su arranque en uno de los riffs más redondos, también más memorables, de todo el largo. Contribuye crear un corte que, aún dentro de lo aguerrido de la propuesta, muestra un gancho innegable. En esa encarnación a medio gas pueden surgir ciertos patrones que me recuerdan a los polacos Vader. Por ahí me gusta el doble juego vocal que proponen aquí los malagueños. Y aunque el solo que irrumpe en su parte central no llame excesivamente mi atención, sí que lo hará esa vertiente más rota y pesada que irrumpe tras él.

Ha querido la casualidad que hace apenas unas semanas saldaba por fin mi cuenta pendiente con uno de los slashers más celebrados, no otro que “Texas Chainsaw Massacre”, que sirve de telón de fondo para que Krypticy entreguen su cara más frenética, adoptando aquí y allá un vértigo casi más propio del death grind al que adornan ciertos audios extraídos directamente del film de Tobe Hooper. Hay otro buen solo camino de un epílogo donde el cuarteto conjuga su metal más veloz con ritmos más marciales. Un corte que acierta a la hora de conjugar sus distintas influencias sin perder el nexo común que la une al resto de “The Non-Return”.

The Void” puede llevar al engaño con una gama riffera a la que encuentro algo por debajo del resto del álbum. Por contra, ofrece una serie de cambios de ritmo, también de detalles técnicos, que demuestran el buen nivel que poseen los chicos en cuanto a ejecución. Pancho está tremendamente ágil (y hábil) a la hora de amalgamar las muchas capas de las que consta esta cuarta entrega. El contrapunto que precede al solo, que bordea (sin rozar) el slam deja paso a otro buen detalle solista. Al final otro corte con personalidad dentro del disco.

Como personalidad tiene ese arranque al bajo de “The Water Street Butcher”. Schenk se escabulle después bajo la mezcla y junto con Pancho vuelve a trazar otra más que interesante base rítmica. Hay riffs que, en las partes más veloces, me recuerdan a Suffocation, y que la banda conjuga con alguno de los momentos más atmosféricos de todo el disco. Pienso que las partes más pesadas, que irrumpen a cuentagotas en la composición, y que bien me podrían recordar a unos Cannibal Corpse, merecían algo más de espacio. Sorprende finalmente el pequeño solo de bajo que Schenk dibuja durante el epílogo. Un corte que, sin desagradarme, si que tengo la sensación de que merecía una duración algo mayor.

Todo mientras que “UGH!” pasa por ser la entrega más escueta del disco. Tres minutos y medio con la banda mostrando virulencia y agilidad a partes iguales. Vuela Pancho en baterías sobre una gama riffera que me ahora me agrada en gran medida. Y aunque sea un corte descosido, feroz incluso, tampoco se puede decir que la banda lo construya de un modo lineal. Ni mucho menos. De hecho su prólogo podría ser fácilmente uno de los más llamativos de todo el largo. Álex Warrior declama con suma fuerza estas estofas. Sin embargo no resulta en exceso complicado seguir los distintos versos que componen la letra. Tan fugaz como entretenida.

En “Krypticy” la banda resulta todo lo leal al género que corresponde a un tema homónimo. Pero hay algo en la forma de afrontar las distintas estrofas por parte de Álex que acerca esta penúltima entrega a las fronteras del brutal death. Curioso por otra parte, pues no deja esto de ser una propuesta más afín al death más clásico. Salta a la vista en esas partes más atemperadas y oscuras, que tanto me recuerdan a unos Morbid Angel del “Covenant”. Estupendo el solo que colocan a continuación, con la producción de Tornay entendiendo al dedillo el tono buscado por la banda. Estupenda.

El cierre “Virgins Recently Fucked Sacrifice” es puro Krypticy. Parte además de uno de los prólogos más descosidos y violentos de todo el largo para desde ahí transigir hacia un death metal feroz y efervescente, con Pancho dejándose la piel en una línea de batería que apenas dará descanso. Me gustan esas melodías que acompañan a la voz de Álex. También cómo el bajo de Schenk acentúa esos contornos más melódicos. Tan delicada como calmar un fuego con gasolina. Honesto y brutal cierre.

Pocas sorpresas en el segundo largo de los malagueños. También y como dije por ahí atrás, muy pocas dobleces. Los chicos tienen claros sus propósitos y este “The Non-Return” bien debería hacerles subir algún que otro escalón dentro de nuestra cada vez más fértil escena extrema. Un álbum bien producido y que cuando brilla, pienso en cortes como el que da nombre a la banda u otros como “The Void” o la final “Virgins Recently Fucked Sacrifice”, lo hace a muy alto nivel. Mi más sincera enhorabuena.

Texto: David Naves

Reseña: Vidres A La Sang «Virtut Del Desencís» (2024)

Virtut Del Desencís” constituye el sexto disco para los catalanes de Vidres A La Sang. La banda radicada en Tarrasa, que ya pasara por estas líneas con aquél “Fragments De L’Esdevenir” de 2022 y que forman Cristian V.B. (bajo), Jordi Farré (batería) más los integrantes originales Albert (guitarra) y Eloi Boucherie (guitarra y voz), vuelve ahora con un álbum grabado, mezclado y masterizado por el propio Boucherie en su Farm Of Sounds al que adorna el arte del Suspiral Álex Tedín (Balmog, Teitanblood, The Spirit, Imperium Dekadenz…) y que ha visto la luz a través de los sellos Abstract Emotions, Nafra Records, Negra Nit, Discos Macarras y Eternal Juggernaut Records.

Tímido y muy atmosférico el arranque que proponen a través de “Màrtirs”, un prólogo que fácilmente podrían haber firmado An Autumn For Crippled Children (actuales An Autumn). Vidres quiebran con brusquedad hacia su versión más intensa y feroz, con un Farré muy firme en ese blast beat inicial. Las primeras estrofas descubren, sin embargo, la versión más atemperada del proyecto. O, si acaso, la más lindante con el progresivo más casual. Siempre con su inequívoco registro roto, Boucherie declama estas primeras líneas de voz con su hosquedad habitual. El trazado de estas mismas estrofas es laberíntico, plagado de cambios de ritmo. De ciertas disonancias incluso. La producción enfrenta (más que equilibra) las distintas líneas y para cuando llega el estribillo a pura voz limpia, no me puedo sacar de la cabeza el nombre de Borknagar. Y mientras que el largo solo del puente central descubre la cara más técnica de los egarenses, el retorcido tramo final encapsula por sí solo cuan de grande ha sido la evolución desde aquél trabajo homónimo de 2004. Tremendo arranque.

Podría esperarse un mayor nervio de “Sempre És Incert” tras el avanzar tan retorcido de “Màrtirs”. Pero tanto el prólogo como las primeras y enigmáticas estrofas sirven para que Boucherie muestre su registro más susurrante, confrontado por la voz prístina de un fantástico Arnau Tordera i Prat. Vidres A La Sang en su registro más tranquilo durante un primer tercio que exasperará a quienes busquen aquí el puro nervio del magnífico “Endins” de 2006. Me agrada la forma en que Farré impulsa ese crescendo de la segunda mitad, también el modo en que la mezcla del propio Boucherie acomoda este mayor impulso con el mejor de los equilibrios. Es cierto que el cuerpo me pedía un solo algo más ambicioso aquí, pero con eso y con todo uno de los cortes con mayor personalidad de este sexto trabajo.

Subyace un cierto atrevimiento en el hecho de que “L’Elegia Dels Innocents” fuera elegida como una de las cartas de presentación del disco. Nada resulta obvio aquí. Ni el curioso y tranquilo prólogo ni tampoco la cierta tosquedad de las primeras estrofas. La estupenda línea de batería de Farré amalgama las distintas capas con precisión quirúrgica. En las líneas de guitarra surgen (inesperados) ecos de los Gojira más atmosféricos, mientras que en lo tocante a riffs este puede ser el corte más atrayente de los seis. El trazo, siempre intrincado y nunca previsible, alcanza a un tronco central que bordea, sin tocar, el black depresivo de bandas como Forgotten Tomb, Nyktalgia, Austere para una de las pocas salidas del tiesto del tracklist. Un tema ágil en lo gramático y a ratos brillante en lo técnico que amplía en buena medida el ya de por sí amplio rango de influencias que la banda maneja en esta sexta obra. Estupenda.

Capricis De L’Atzar” redirige ahora hacia una calma por momentos casi espacial, que la banda rompe de manera brusca para, desde ahí, construir otro de esos cortes laberínticos y nada previsibles en los que ahora tanto se prodigan y tan bien se manejan. Hay una cierta tensión en esas primeras estrofas, con Eloi en un registro realmente agrio y rotundo. Hábil el contraste que esas voces tan oscas procuran con lo tendido de la instrumentación. Un primer tercio cosido a base de contrapuntos, con Cristian dibujando ágiles líneas desde el bajo. Camino del cierre llega un brusco cambio de ritmo pero el corte nunca llega a lindar con la gravedad que sí tienen otros temas del álbum, circulando siempre cerca de esa vena ya digo casi espacial y disruptiva. Es el corte menos extenso del álbum y sí creo que ese epílogo bien merecía algo más de desarrollo.

De las seis puede ser “Records A L’Oblit” la que más recuerde a los Vidres A La Sang más iniciáticos. Con matices, cabe decir. Furibundos y extremos en el prólogo, con Farré volando como en pocos momentos del álbum, las guitarras no obstante juegan en una liga completamente distinta a la que inundara sus primeros trabajos, optando ahora por una serie de pequeñas disonancias de mejor rima con el disco que las contiene. Me agradan esos estribillos a voz limpia, que a su manera me recuerdan a aquella estupenda “Els Vents Bufen A Favor” que abría su “Set De Sang” de 2018. Brilla el solo de guitarra aquí y la forma en que abre paso a los Vidres más descosidos del epílogo, que salvando las inmensas distancias, me recuerda a los Enslaved más recientes. Menos laberíntica y más directa, equilibrada amalgama de la banda que en su día fueron y la que son dos décadas después.

Sin abandonar su propia personalidad como banda, hay tímidos ecos floydianos en la final “Llàgrimes De Sang”. Principalmente en ese arranque tenue, casi tímido que proponen. Aquí vuelve ese entonar más desesperado y angustioso de Boucherie y nuevamente nombres como Nyktalgia o Forgotten Tomb retornan a mi subconsciente con cada escucha. Para cuando han transcurrido más de cuatro minutos e irrumpen las guitarras más graves, la banda deriva hacia su vena más progresiva en detrimento de la más violenta. Surgen riffs interesantes ahí. También buenos dibujos de Cristian a las cuatro cuerdas. El estribillo, una vez más intercalado de voces limpias, destila una épica cargada de melancolía que supone, en opinión del abajo firmante, otro de los momentos álgidos de este sexto trabajo. El amplio solo de guitarra que surge a continuación me resulta el broche perfecto a esta última entrega de los catalanes, si acaso empañado por ese fade out final.

Una banda siempre en el filo, que no se conforma con seguir el camino marcado y que parece disfrutar con el reto que supone cada nuevo álbum. Del nervio descosido de sus primeros trabajos poco queda. Vidres A La Sang transcurren por estos años veinte con la seguridad que da el saberse dueños de su negro destino. “Virtut Del Desencís” supone una marcada deriva hacia su vena más progresiva, revestida aquí y allá de influencias que lo mismo guiñan al black que al death, componiendo un álbum de innegable personalidad. Al alimón con otras bandas estatales dadas a procurarse su propia senda, pienso en gente como Balmog, Moonloop o Foscor (la otra banda de Albert Martí), consolidan la que, pienso, es una de las propuestas más llamativas e interesantes del pasado 2024. Que no es poco.

Texto: David Naves

Reseña: Crudo «mEtAnOIA» (El Subko Producciones / Ataque! 2025)

Nuevo largo para los rockeros asturianos Crudo. La formación que grabó este “mEtAnOIA” fue la compuesta por Víctor Vivar (guitarra y voz), Luis Melero (bajo y voz), Adrián Simón “Petu” (batería) y un Javier Colero (guitarra) que dejaría la banda poco tiempo después. Esta nueva colección de canciones fue grabada, mezclada y producida por Rubén Álvarez al alimón con el cuarteto en avilesina La Fábrica de Músicos. Finalmente, Dani Sevillano sería el encargado de masterizar los nueve cortes en el OVNI Estudio y el conjunto sería puesto en circulación por el combo El Subko Producciones / Ataque! el pasado 20 de junio.

Pablo Senator (Desakato) se sumó a “El nAUfrAgIO” pero pese al elemento externo, el corte inicial de este “mEtAnOIA” presenta a unos Crudo de lo más reconocibles. La melodía que acompaña al prólogo pronto nos introduce en el tono del álbum. La mezcla, en un cuidado ejercicio de equilibrio otorga el debido peso a cada línea. Y las primeras estrofas pueden ser alguna de las más redondas que hayan compuesto. Senator suma su garganta a las de Melero y Vivar, dejando al final la sensación de que el álbum no podría empezar con mejor pie.

Un pequeño corte del tristemente desaparecido Boni, histórico fundador, guitarra y voz de Barricada introduciendo “Pasión Por El Ruido” en vivo, ocupa el prólogo de “trAs tUs pAsOs”. Crudo conjugan aquí su habitual rock and roll de corte urbano con un aire más arrastrado y melancólico. Una cierta levedad sobre la cual rinden fervoroso tributo a sus héroes. Trabajada a nivel melódico, llena de coros bien equilibrados, guiños en la letra y, de nuevo, dueña de una producción por poco irreprochable. Estupenda y muy sentida.

frÁgil” recupera a los Crudo más rotundos. Lo cierto es que el cuarteto parece muy cómodo aquí, atravesando riffs más graves y construyendo, de paso, uno de los cortes más llamativos y acerados de todo “mEtAnOIA”. Y puede que no lleguen a la rotundidad de aquella “A La Cara” del anterior “Negociando El Equilibrio” (2021). A cambio esta deja una línea vocal con un mayor gancho, buenos detalles de Petu tras baterías y un estupendo solo de guitarra. Ni tan mal.

En comandita con la buena gente de Mala Reputación y sin abandonar su rock de siempre, “EscEnArIO dE gUErra” parece tender de manera muy marcada hacia tonos más alternativos. Estrofas desnudas de guitarras, con la base rítmica tomando el mando en la mezcla, para otro corte que recupera a esos Crudo más tendidos y melódicos. Luego de estribillos hay estrofas donde las guitarras vendrán a aportar un mayor peso melódico a la composición. Lo que me agrada es cómo engranan unas voces y otras. Se percibe una química aquí que uno casi puede palpar a través (en mi caso) de los auriculares. Rematan con un buen solo durante el puente y un epílogo clásico y bien armado. Estupenda.

¿Quién no ha tenido unas “zApAtIllAs dE cUAdrOs” en su casa? Estos Crudo suenan más reconocibles. Vivar enfrenta estas primeras estrofas con su particular carisma mientras la letra enfrenta a influencers de nuevo cuño y diversos seres circundantes. Una de esas canciones que dejan preguntas. También coros facilones a los que, intuyo, será sencillo sumarse en directo. Corte más extenso del álbum, algo que se percibe toda vez el corte alcanza su parte central. Aquí me agrada la construcción del puente, también el solo que lo ocupa, y el modo en que transita hacia el epílogo. Canción de añoranza pero también de una cierta auto-reivindicación. De lo más redondo del álbum.

nO crEO En dIOs”, con la colaboración de Juankar de los igualmente combativos Boikot, ofrece de entrada uno de los riffs más sucios que les recuerdo. Ciertamente son estos unos Crudo haciendo honor a su nombre. Melero declama con su inequívoca voz las primeras estrofas. Juankar se suma luego y todo confluye en otro estribillo marca de la casa. Quizá el corte no llega a desarrollar del todo esa incipiente mala baba del comienzo. Camino del cierre me agrada el buen solo de guitarra, también lo frontales que suenan esos coros del epílogo. La producción y el sonido del álbum, insisto, son excelentes.

Sorprende la levedad de “El tIEmpO pErdIdO”. Un prólogo tranquilo, reposado y melancólico, un apartado lírico original de David García Tolibia, y que se adhiere a esa larga tradición de nuestro mejor rock urbano. Muy melódica, a ratos me recuerda a ciertos momentos de Extremoduro. Por ahí y aunque menos, también a La Fuga. Unos Crudo más tendidos y apaciguados, sin temor a derivar hacia terrenos algo ajenos, configurando un corte con una sensibilidad muy marcada y que quizá merecía algo más que esos casi cuatro minutos que marca en el reloj.

No sé si es que la cabra tira al monte, pero los riffs del prólogo en “mOvIdAs” tienen algo que me recuerda a unos Megadeth del “Countdown To Extinction”. Y el caso es que nada más lejos. Estos son los Crudos más canónicos. Con Vivar llevando la voz cantante mientras traza la que puede ser la línea de voz más ganchera de todo “mEtAnOIA”. Petu está especialmente implicado aquí, dejando licks hábiles, especialmente en estrofas. En su segunda mitad, pues este es otro de los cortes más extensos de entre los nueve, me agrada el modo tan clásico en que conjugan voces y solos. Firmemente agarrados al libro de estilo y operando como tal. Con toda la pinta de que será de las que funcionen como un tiro en directo.

Melero llevará la voz cantante en la final “cObArdE”. Una buena muestra de los Crudo más directos en lo lírico y más flamígeros en lo musical. Ahí, casi a modo de desahogo, surgen pequeños escorzos melódicos a través de los cuales el corte respira y coge algo de resuello, transitando así sobre una escritura curiosa por su ambivalencia. Un cierre con más chicha de la que intuí en primeras escuchas.

Puede que el rock haya muerto pero de entre los rescoldos regresa una banda asturiana dispuesta a plantar batalla y darle en el hocico a los descreídos. Son los Crudo de siempre pero el disco, y esta es una sensación que se va acrecentando tras cada nueva pasada, resulta de lo más diverso y heterogéneo. Ayuda, claro, la buena nómina de amigos que colaboran. También un rango musical que va desde su rock de siempre a escarceos con tonos más urbanos o transgresivos e incluso llega a lindar con el metal en un par de momentos puntuales. Todo sin dejar de lado su personalidad de toda la vida, ni tampoco esas letras tan combativas, que no panfletarias, tan habituales. Unos Crudo en plena forma.

Texto: David Naves

Reseña: Grapeshot «Oblivion» (Autoproducción 2024)

Los thrashers madrileños de Grapeshot están de vuelta. La banda, que ya pasara por estas páginas con su último largo “Suckcess”, vuelve ahora con el Ep de cinco temas “Oblivion”. A la hora de juntar estas líneas integran la banda el nuevo bajista Miguel García-Monge, un Borja Cabello que ahora se pasa a la guitarra junto con Jose A. Poveda, Marcos De La Calle en baterías y Esteban Muñoz en voces. Grabado y mezclado en los Estudios 51 de Toledo, los cinco temas serían finalmente masterizados por Andy VanDette (Devin Townsend Project, Rush, Savatage, Bruce Dickinson…) y se puede encontrar en su perfil de bandcamp.

Anuncia el kit de prensa que la banda se ha deslizado ahora hacia terrenos “más suaves y rockeros” pero lo cierto es que “Lost My Way” parece no hacer caso. Grapeshot pisan el acelerador desde el primer momento y la composición resultante acierta a fusionar el doble bombo con esos riffs cortados al milímetro. La firme voz de Muñoz en estrofas contrasta con ese deje más sureño (más alternativo incluso) durante estribillos. Echo en falta unos engarces más trabajados entre las distintas estrofas. Por contra, la banda apenas deja descender la intensidad. Pero cuando lo hace, con ese puente más apaciguado y de corte casi grunge, surge un solo de guitarra directo y funcional, juguetenado entre canales durante el epílogo. Un arranque potente y descarado en la más pura tradición del género.

El prólogo de “Toxic Love” trae consigo alguno de los riffs más pegadizos y resultones de todo “Oblivion”. Me agrada la forma en que Grapeshot construyen sobre ellos un corte donde se pueden intuir efluvios de bandas como Down, sus hermanos de Crowbar o del metal alternativo más casual. El constante martilleo de riffs durante estrofas parece muy pensado de cara al directo. Buenas melodías de guitarra surgen tras la voz de Muñoz y es aquí donde se puede apreciar el giro hacia terrenos más calmos que anunciaba la nota de prensa. Son unos Grapeshot en una clave ahora más melancólica, que si bien no olvidan las partes más trotonas y metálicas, desde luego confluyen hacia influencias un tanto más livianas. Y no para mal.

Hay algo de los Pantera más tranquilos en el prólogo de “I Am Rock ‘N’ Roll”. Muñoz tiñe ese reposado prólogo de voces limpias que, sin ir más lejos, me podrían recordar al bueno de Danzig. Es un contraste que les funciona a los madrileños. El juego entre calma e intensidad que proponen aquí no podría resultar más clásico. A camino entre la balada pura y el medio tiempo, brilla la base rítmica de García-Monge y De La Calle con dibujos hábiles y cuidados. El quinteto se desquita en una segunda parte que se conducirá por terrenos más próximos al thrash más groovie en los que parece más que cómodos. Estupendos solos bajo las voces de Muñoz y una mezcla que acierta a la hora de equilibrar cada instrumento. Fácilmente la que más terreno ha ganado con el correr de las escuchas.

Vortex” sorprende con ese paso casi marcial del prólogo, que no con las buenas guitarras que lo adornan. Muñoz suena más desgarrado ahora. Más desesperado incluso, acorde con la propia letra que interpreta aquí (“Looking for some light in an abyssal pit. Water’s invading my breath”). Por ahí esta cuarta entrega puede ser la más diferente de todo el Ep, si bien no es menos cierto que este es un trabajo donde no abundan los lugares comunes. En solitario primero y acompañando a las voces después, para su parte final queda el solo más ambicioso de todos cuantos atraviesan “Oblivion”. Y un riff que me recuerda (aunque sea de manera vaga) al de “Keine Lust” de unos tales Rammstein.

Vuelven las altas revoluciones para el tema título “Oblivion”. La banda se descuelga en su primera mitad con una andanada de puro thrash noventero y efervescente. Entre ese vigor y sus inevitables influencias sureñas, Grapeshot trazan un monstruo de dos cabezas que entra a la primera y acaba resultando de lo más disfrutable. Estupendo de igual forma ese puente central más reposado y el buen solo que lo adorna. Y si bien al epílogo no le falta atrevimiento, sí que echo en falta algo más de nervio. Un buen final en todo caso.

El problema muchas veces con este tipo de Ep’s es que terminen sabiendo a poco. Grapeshot han luchado contra ello tramando cinco temas de personalidad bien marcada y definida. La raíz es común, ese metal a medio camino entre el southern, el groove y el thrash, pero los chicos se las arreglan para que, entre medias, quepan influencias cercanas al grunge o al alternativo. De resultas de ello, también de un cierto descenso en su bien conocida intensidad, surge ahora una banda que puede haber perdido en contundencia aquello que ha ganado en sonido propio. Agradable entrega para quien escribe, está por ver si también para quienes nos leen.

Texto: David Naves

Reseña: Helevorn «Espectres» (Meuse Music Records 2024)

Espectres” supone el quinto trabajo en la trayectoria de los doomies baleares Helevorn, la banda que forman Pedro S. Bonnín (piano, teclados), J.M. Rubio (bajo), Álex Correa y Sandro Vizcaíno (guitarras) y Josep Brunet (voz). Con Sebastià Barceló como batería de sesión, el álbum fue producido, grabado y mezclado en los mallorquines Psychosomatic Studios por Miquel Àngel Riutort “Mega” (Golgotha, Perpetual Night, Æolian, Angelus Apatrida) y posteriormente masterizado por Jens Bogren (Aathma, Amorphis, Swallow the Sun, Septicflesh, Enslaved…).

El disco cuenta además con las colaboraciones de Thomas A.G. Jensen (Saturnus), Inés González, Biel Gayà (Trallery) y Jovan Milosevski. Con foto de Tuco Martin y artwork de Irene Serrano Espejo, el disco vio la luz en septiembre del pasado 2024 vía Meuse Music Records.

La entrada al álbum que entrega el prólogo de “Inherit The Stars” no podría haber resultado más elegante. Piano sobre un fino colchón de teclados que acabará transigiendo frente a la pegada de las primeras guitarras. Helevorn entregan buenas melodías previas a la entrada de un registro, el de Josep Brunet, que a ratos recuerda a los mejores del género. Roto pero discernible. Melancólico y triste pero aún en pie. El corte avanza fusionando esas estrofas más rotas con voces más limpias y acomodadas. Les funciona a los baleares este doble juego. La mezcla equilibra y refuerza sus intenciones. Cada línea tiene una presencia justa en la misma. Y cobra especial relevancia durante un tronco central de cariz más grandilocuente. De una tensión más acentuada y profunda. Ahí donde emerge un tan tranquilo como efectivo solo de guitarra. Muy a tono con el resto de la composición. Uno de los cortes más equilibrados de este nuevo trabajo y con razón la carta de presentación del mismo:

A lomos de un riff ciertamente desafiante, “The Defiant God” da un pequeño giro al álbum al ofrecer ahora a unos Helevorn más rotos y descarnados. Las buenas voces de Brunet vienen ahora apoyadas por unas cuidadas melodías de guitarra. Lo quebradizo de sus estrofas contrastará con la mayor luminosidad de sus estribillos. La banda se mantiene firme igualmente camino de un tronco central eminentemente atmosférico. Un pequeño remanso de paz donde vuelven a dejarse notar las teclas de Bonnín, anticipando una voz narrada que me recuerda sobremanera a bandas como Mourning Beloveth. No la que más me sorprenda por escritura de las ocho. Por contra, una de las que más gancho arrastra en su transitar tembloroso y oscuro.

Signals” ofrece ahora la cara más vivaracha de los baleares. Un doom que, de primeras, siempre me recuerda al clásico corte no tan agrio que Saturnus acostumbran a incluir en sus álbumes. “A Father’s Providence” podría ser una buena rima. Helevorn proponen así un pequeño asidero en forma de un prólogo de ritmos vivos que habrá de contrastar con la habitual melancolía que se adueñará de la composición más adelante. Destaca aquí la fina línea de batería del Trallery Sebastià Barceló soldando a la perfección ambos registros. Me agrada la forma en que todo va transitando desde esos tonos más ligeros a los más descarnados y espesos, con la banda regresando después a esa cierta ligereza que alimentaba el prólogo. Por ahí uno de los cortes más ágiles de todo el largo, rematado por el estupendo solo de Biel Gayà que antecede al epílogo.

When Nothing Shudders” viene para confirmarse como la gran balada del álbum. Quizá como la gran balada de Helevorn. Brunet pone su registro más prístino al servicio de un prólogo elegante, por momentos casi distinguido, y la banda va tramando un juego de intensidades en el que parece realmente cómoda. Ayuda una vez más la equilibrada mezcla que ofrecen las canciones. También los cuidados arreglos. De especial gusto me resultan los que acompañan a la segunda estrofa. Delicada sin siquiera rozar lo ñoño, transita hacia un tronco central de inusitada fuerza, sin por ello abandonar los (a veces) férreos márgenes del género. Fantástica, siente uno en todo momento el cariño con que la banda ha trazado una canción que excede en gran medida las expectativas que me generó una primera escucha (algo distraída) de este “Espectres”.

Unbreakable Silence”, corte más ambicioso del álbum, al menos en cuanto a duración se refiere, arranca de nuevo desde el piano. Deja ahí un cierto aire a los italianos Novembre. También quizá a unos Anathema de discos como “A Fine Day To Exit” o incluso “A Natural Disaster”. Extenso prólogo de guitarras graves y casi monocordes. Brunet en su encarnación más liviana declama con no poca clase estas primeras estrofas. Es un trazo de pulsos lentos, la banda se ha tomado sus buenas pausas aquí, lo que viene a amplificar el impacto de alguna de las voces más rotas de todo “Espectres”. A ellas se contraponen las teclas de Bonnín, solidarias a unos arreglos entre lo elegante y lo onírico. El largo epílogo, que desata a los Helevorn más rotundos, es sensacional en toda la extensión de la palabra. Si el doom death es ante todo sentimiento, desde luego que los mallorquines salen victoriosos aquí. Por trazo, arreglos, ejecución y feeling.

L’endemà”, con Inés González colaborando en voces, abraza ahora el catalán mientras ofrece un riff que, de primeras, puede parecer algo fuera de lugar en un disco como este. No importa porque Helevorn aprovechan para volver a aquél doom intenso de comienzos del álbum, Inés brilla y de qué forma al micro y su propuesta se magnifica camino de un tronco central entre lo desgarrado y lo ostentoso. Y aunque siento que el pequeño y remansado puente que antecede al epílogo bien merecía algo más de espacio y desarrollo, al final un corte de fuerte personalidad dentro del tracklist y que da un poco la medida de la banda que podrían ser con el doble juego vocal siempre a bordo.

Por ahí tal vez que “The Lost Futures” entregue ahora a unos Helevorn más reconocibles. No es que a esta penúltima entrega le falten argumentos pero acusa, aunque sea a ratos, una cierta repetición de patrones. Nace desde las tímidas guitarras de su prólogo, transita por estrofas realmente rotas y culmina en un tronco central que abrocha aquellos acordes del comienzo y nos conduce a un más que curioso cierre. Nada que me aburra aquí, tampoco que me sorprenda. En cierto modo uno de los cortes más regulares (o menos excepcionales) de este nuevo trabajo.

Children Of The Sunrise”, con todo un Thomas A.G. Jensen de Saturnus como invitado de excepción, ofrece el prólogo más tendido de todo el álbum. Un remanso de paz y melancolía donde lo cristalino de las voces acompaña a unos arreglos tímidos y muy bien medidos. Son los Helevorn más sinfónicos, abrazando una desnudez que sorprende y acongoja. Jovan Milosevski pone la guitarra clásica, también la luz, a un tema que parece abrazar sin medida la desesperanza. Cuando Jensen descompone una vez más su garganta y Helevorn irrumpe al unísono, todo cuaja para ofrecer la mejor cara de los baleares. Puede que ese epílogo pidiera un desarrollo algo más ambicioso, pero con eso y con todo un fantástico broche a este gran “Espectres”.

A los habituales de bandas como Evadne, October Tide, Daylight Dies o los propios Saturnus pocas cosas habrá dentro de este “Espectres” que les vayan a pillar de nuevas. Si acaso ciertos momentos de “L’endemà”. Lo que no quita para que estemos ante un álbum de doom death metal que tiene poco o nada que envidiarle a cualquier otro de cuantos han visto la luz a lo largo del año. A ratos grandiosos, Helevorn son más que conscientes del terreno que pisan, obrando en favor de unas canciones, inspiradas según la nota de prensa por el libro “Ghosts Of My Life” del escritor, filósofo, profesor y crítico Mark Fisher, que lo tienen todo para satisfacer a los fans más exigentes de las bandas antes nombradas. Grandes composiciones, una estupenda producción y la percepción de que sin duda cotizó alto en los habituales tops del pasado 2024.

Texto: David Naves

Reseña: Jolly Joker «Jolly Joker» (On Fire Records 2025)

Entrega homónima para los hard rockeros valencianos de Jolly Joker, de seguro una de las grandes realidades del género en nuestro territorio. Ellos son Daniele Panucci en baterías, Andreas Siegl “Andy” al bajo, Yannick Bonora en guitarras y Lazy Lane en voces. Compuesto por una decena de temas, adornado por el arte de Kako Navarro y puesto en circulación por la gente de On Fire Records.

La pequeña, vivaracha y pegadiza “World Collapse” se encarga de inaugurar las hostilidades. Siempre bajo el reconocible timbre de Lane, la banda pone todos sus cilindros a funcionar en un corte con todos los visos de funcionar como un tiro en sus directos. La producción se las compone para discernir entre todas las líneas presentes, atención especial al bajo de Andy y su buen hacer a lo largo de todo el álbum, y todo alcanza a un estribillo clásico, de los de puño en alto, con Lane en su versión más explosiva. Con él rivaliza, es un decir, el buen solo dispuesto por Bonora. Más que eficaz opener al homónimo de los Joker.

Me gusta la chulería que desprende “Shotgun” ya desde su mismo arranque. Un prólogo apoyado en un riff cuyo gancho parece residir en su propia sencillez. Aquello de “es solo rock and roll pero me gusta” que habré escrito en decenas de reseñas. El corte, claro, adquiere una mayor pegada toda vez alcanza las primeras estrofas e irrumpen alguno de los guitarrazos más contundentes de todo el álbum. Buenos detalles, adornos si lo prefierís, los que dibuja aquí y allá el propio Bonora y un estribillo que, a ratos, me recuerda a mis paisanos de Leather Boys. Formaciones ambas más que afines. Hay un estupendo duelo solista aquí. También cierta sensación de que la banda está más a gusto que nunca.

I Just Wanna (Kiss You)” abandona ese mayor nervio para virar hacia territorios más ligeros y acomodados. Un tema bien cargado de feeling, algo a lo que contribuyen las buenas líneas de guitarra que ha dibujado Bonora. También esa interpretación un tanto más leve por parte de Lane. Uno del trío de temas por encima de los cuatro minutos dentro de este “Jolly Joker”, porta un buen solo de guitarra como anticipo del mayor nervio final. Un epílogo que vendrá a añadir algo más de picante a la mezcla, conformando un cierre tan clásico como eficaz.

Jolly Joker sorprenden no obstante con la más pesada “What The Hell”, un corte donde los valencianos se permiten el lujo de arrastrar su habitual hard rock, amplificando así el rango sónico del tracklist. Y sin que, a estas alturas, me parezca el corte más redondo del álbum, Lane parece más que cómodo a lo largo de su particular línea de voz. El solo de Bonora, nada comedido, casa a la perfección con ese aura más oscuro de la composición. Otro tanto podría decir de una producción que desde luego entiende la clase de tema que tiene entre las manos. Sin desagradar, ni mucho menos, lo cierto es que hay días en que me cuesta llegar a conectar del todo.

Caso contrario de la más tranquila y muy sentida “Broken Glass”. Jolly Joker en su faceta más tierna, sin caer en lo meloso o autocomplaciente, componiendo un corte en el que todo me funciona: la construcción de las estrofas, que van desde una cierta desnudez hacia el mayor nervio de los estribillos de la forma más cuidada y natural posible. Es el corte más extenso de la decena y, por ahí, se vislumbra el cariño con el que el cuarteto ha cuidado cada detalle. El solo de Bonora se adhiere con sumo cuidado al propio espíritu de la composición y fluye sin traicionar ni faltar ese alma tan marcada. Nada de manifestaciones egocéntricas o fuera de lugar. Estupendo desempeño de toda la banda aquí. Allá donde estén, Rob Turner y John Coleman, a cuya memoria dedican esta quinta entrega, tienen motivos de sobra para sentirse más que orgullosos.

Demons Dance”, que puede tal vez engañar con un prólogo un tanto disociado del resto del álbum, hace por regresar hacia la cara más chulesca, hedonista incluso, de los hard rockeros valencianos. La banda recupera un mayor nervio aquí. Y lo hace sin excesos, tramando buenas estrofas primero y procurando una mayor pegada en estribillos después. Después hay llamativos coros, también un tono algo disociado de la propia composición. Un brevísimo puente y un Bonora que aprovecha para trazar uno de mis solos favoritos del álbum. Aún siendo como es uno de los temas más extensos de este “Jolly Joker”, pienso a veces que el epílogo bien merecía algo más de desarrollo. Otra de mis preferidas en cualquier caso.

Ruge la guitarra de Bonora en “Enough”. También Lane, que vendrá a situar aquí su registro más árido y gritón. Todo ello contribuye a que asome la cabeza la cara más metálica del cuarteto. En estribillos y aunque sea de forma tímida, hay detalles que les acercan incluso al rock alternativo más casual. Por ahí una de las composiciones con más personalidad de este “Jolly Joker” y una muestra más de la propia versatilidad de la banda.

My Little Cadillac” ahonda en esa misma idea. El disco pega otro volantazo y la banda profundiza en sonidos cercanos ahora al rockabilly más seminal. Aquí no obstante lo que me sorprende es el cambio de ritmo que se produce en el puente central y el llamativo solo que Bonora dispone sobre él. Tan curiosa como escueta.

Otro corte que sucede en poco más que un suspiro es “Sweet Pleasure Pie”, donde la banda recupera un tono más habitual para entregar un rock nunca carente de feeling. Particularmente en estribillos. El tono por el que Lane opta ahí, así como los hábiles riffs de Bonora vendrán a contrastar con el mayor nervio hacia el que se conducen más adelante… y a una pequeña sección solista que, siento con cada escucha, me deja con ganas de más. Con mucho el corte del álbum que más acusa lo escueto de su duración.

En cualquier caso “Sweet Addiction” supone un corte final en el que los valencianos parecen dar su mejor versión. Lane está fantástico tras el micro, la producción acierta con esos coros que revisten los estribillos y Bonora parece habérselo pasado en grande componiendo y a falta de un solo más protagonista, bien está ese mayor nervio que el corte acoge en su tramo final. Trazo clásico y por ahí de lo más eficaz.

No diré que me decepciona la que vendría a ser la cara B del álbum pero cierto es que, al menos a día de hoy, cortes de comienzo del disco me agradan (o me enganchan) en mayor medida. “World Collapse” es un gran tema apertura y “What The Hell” sorprende con ese tono árido y contundente. “Broken Glass” es uno de los grandes hallazgos de este nuevo trabajo, reluce todo el cariño que parecen haber puesto en esa composición, y “Demons Dance”, aunque se me quede algo coja al final, me parece otra de las más redondas. Luego hay cosas como “Enough” o “My Little Cadillac” , que me gustan más por lo que tienen de refractario al resto del álbum pero algo menos en cuanto a composición. “Sweet Pleasure Pie” de hecho creo que daba para un desarrollo algo mayor (al fin y al cabo, el disco apenas supera la media hora) y “Sweet Addiction” cierra abrazando orgullosa el libro de estilo del género. Y todo esto, al final, da un poco igual pues estamos ante un animal de directo como habrá pocos en nuestro país. Así nos lo han hecho saber en alguna ocasión y del mismo modo esperamos ser testigos en la próxima edición del Luarca Metal Days. Os citamos a todos allí.

Texto: David Naves

Reseña: Ethiva «Beaten Track» (Clostridium Records 2025)

Se hacen llamar Ethiva, vienen de Asturias y son Javi Lorenzo en guitarras, Camil Cinnamon en voces, Ramón Fernández en baterías e Iván Muñoz al bajo. La música de este “Beaten Track” que hoy nos presentan vino al mundo los OVNI Estudio con Sergio Díaz (Firu) a los mandos, mientras que las voces serían registradas por Sergio Rodríguez, quien se encargó igualmente de mezcla y master, en los Tutu Estudios. El arte de la portada recayó en el Ossobüko Studio y todo el conjunto sería editado por Clostridium Records el pasado 13 de mayo.

El prólogo de “Rolling Freeze” pone de relieve a los Ethiva más entusiastas. Y, desde ahí, construye un ida y vuelta entre ese mayor vigor y una tensión más apaciguada y psicodélica. El trabajo en cuanto a mezcla y producción es excelente, algo que se deja notar aún con auriculares y cuando esta reseña se está realizando a través del propio bandcamp de la banda y no sobre una copia física del álbum. Todo llegará. Camil traza estrofas precisas, bien apoyadas en su registro hábil y juguetón. Luego hay ecos floydianos en los solos de guitarra y siempre un bajo en constante movimiento, trazando siempre líneas interesantes y pegadizas. Un corte extenso, por apenas un segundo el que más de entre los seis, y que ya da muestras de por dónde van los tiros en esta nueva obra de los asturianos.

Camil Cinnamon comanda tras el micrófono una “Cut The Top” que sirvió como anticipo de este “Beaten Track”. Aquí las guitarras recorren contornos más ligeros, envueltos siempre en esa bruma casi onírica que propician las afinaciones por un lado, la propia producción por el otro. Me agrada cómo se conducen a lo largo de las estrofas. Cómo todo desemboca en inteligentes escorzos técnicos. Estos van medidos con suma precisión. Engrasados con el propio tono de la composición, dispuestos en favor de ésta y no del ego de cada cual. Me gusta la pesadez más alucinada del puente central, así como el solo que desarrolla Javi Lorenzo. A caballo siempre entre el prog y la psicodelia, Camil Cinnamon mediante, la banda deriva entonces hacia su vertiente más amable y soñadora. Ecos de la Grace Slick de Jefferson Airplane antes del epílogo. Algo que considero es siempre buena señal. Para el cierre queda esa encarnación más ruidosa y directa. Con un gancho de mil demonios, por cierto. Estupenda, y fíjate que en primeras escuchas me parecía algo enrevesada de más. Ahora y en cambio, no puedo dejar de escucharla. Cuestión de darle a las cosas la importancia y el tiempo que realmente merecen.

Run Far Away” parece acogerse a esa vertiente más ruidosa y vivaracha. Ramón Fernández está trazando una cuidadísima línea de batería en estos primeros compases. Para cuando irrumpen las primeras estrofas y regresa la calma, Kayo Dot (y alguno que otro de los proyectos de Toby Driver) no tardan en acudir a mi subconsciente. Es un corte más comprimido en cuanto a tiempo. Algo que se deja notar en una construcción que, aún con sus idas y venidas, resulta un tanto menos ambiciosa en comparación con sus compañeras de disco. Pero Camil Cinnamon está fantástica al micro. Derrochando por igual rango y carisma. Pese al mordisco en cuanto a duración no pienso que caiga en saco roto. Al contrario.

De una belleza profunda y arrebatada, el tranquilo prólogo de “Mountain Claim” es todo lo que está bien. Ethiva lo rompen en bloque para que, un poco a trompicones, Camil Cinnamon vuelva a ejercer de maestra de ceremonias. Su registro se dobla con la guitarra de Javi Lorenzo y, por pura colisión, surge uno de mis momentos favoritos de todo el largo. De guitarras reverberantes en el solo primero, y de tonos más misteriosos después, la composición va atravesando recodos y contornos siempre llamativos y atractivos. Y es que Ethiva vuelven a otra de esas escrituras diversas por retorcidas, que confluyen ahora en un tronco central descosido y ruidoso. Y no quisiera decir que todo el largo epílogo podría caber bajo el paraguas del rock experimental, pero ciertamente se deja sentir un leve aire a jam improvisada que le sienta como anillo al dedo. El juego entre Cinnamon y Lorenzo aquí es, sin pensarlo mucho, otro de mis (varios) momentos favoritos de este “Beaten Track”.

Red Lights” propone ya de entrada un prólogo atrevido y lleno de personalidad. En él, Cinnamon está desarrollando notas realmente altas. Los riffs que entrega después Lorenzo pueden no resultar tan atrevidos, pero vienen apoyados por una base rítmica tan desatada como concisa, por contradictorio que ésto pueda sonar. Brilla Iván Muñoz al bajo en el brío pero también en la calma. Que la hay. Otra escritura en montaña rusa, plagada de cambios de ritmo y donde el juego entre las distintas intensidades que proponen nunca suena artificial o deslabazado. Muchas líneas confluyen aquí. Y, sin embargo, la mezcla no se resiente ni lo más mínimo. Prueba una vez más del cuidado con el que la banda y técnicos han tratado a estas canciones. Estupendo ese epílogo y los tonos, de nuevo altísimos, que Cinnamon imprime en ese tramo final. Estupenda.

Libre y de nuevo entusiasta Lorenzo durante el prólogo de esta “Summertime”. Aquí surgen unos Ethiva un tanto más bailables y pegadizos. Siempre sin perder la conexión con su habitual rock psicodélico pero aportando una pizca más de personalidad a este corte final. Hay cambios de ritmo que me recuerdan a ciertos momentos de King Crimson. También a los ahora desaparecidos Acid Mess, quizá la banda de la región con la que más puntos tengan en común. Largos solos de guitarra primero y una Cinnamon erigida en total protagonista después. La mezcla introduce luego un curioso juego entre canales, desplazando la voz a izquierda y la guitarra a derecha, integrando la base rítmica con toda precisión y procurando todo el espacio posible al buen desarrollo técnico de los asturianos. Oníricos y elegantes. Un cierre de disco de una marcada espacialidad, a caballo entre lo alucinatorio y lo improvisado, para un curioso y personal abroche final.

No es el tipo de música que más acostumbramos a tratar por aquí y, sin embargo, qué agradable sorpresa la vuelta de Ethiva. Rock psicodélico de primero orden, acompañado de una voz llena de fuerza y carisma, unos trazos cuidados con todo cariño y unas producción y mezcla a la altura de cualquier banda foránea. Que es lo que tiene fundir dos de los mejores estudios de la región en un solo álbum. El resultado salta al oído. Un disco más que adecuado para sobrellevar los rigores del verano en ciernes. De esos que, reza el tópico, ganan una barbaridad con las escuchas, cocinado en el punto justo entre la ambición y la elegancia. Sin sobresalir del género ni romper fronteras pero mimado cada detalle hasta las últimas consecuencias. Agradable y estupenda sorpresa.

Texto: David Naves

Reseña: Alto Volto «Luna Negra» (Discos Furia/Ataque! 2025)

Decía Bob Dylan que los tiempos están cambiando y desde luego lo han hecho para el trío asturiano Alto Volto. Toni Tamargo (batería), Sergio Tutu (bajo) y Borja García (guitarra y voz), trasladaron en el estudio la propuesta lírica de la banda al idioma de Cervantes. “Luna Negra” vino al mundo en los Tutu Estudios con Sergio Tutu (Deltonos, The Electric Buffalo) como productor. Los once cortes que ahora nos presentan cuentan además con las inestimables colaboraciones de Sandra Álvarez en coros y Sam Rodríguez en teclas. Alineación de lujo que completan Dani Sevillano, encargado de la masterización en Ovni Estudio, y el arte del Ossobüko Studio para la portada.

Habitaciones Frías” supuso el adelanto de este “Luna Nueva” y, más allá del cambio en cuanto a letras, resume y afianza la idea que un tiene de una banda como esta. Rock conciso y sin artificios. Elegante más que amable y producido con un mimo y cuidado exquisitos. Unas estrofas que a ratos me recuerdan a Corazones Eléctricos, aquella escisión de Uzzhuaïa con Pau Monteagudo al frente. El uso del wah al comienzo, la firme batería de Tamargo, el pegadizo estribillo de García y su buena ristra de solos. Un arranque eficaz y disfrutón.

En “Baila” el trío suena algo más sucio y arrastrado. Me gusta esa construcción alterna de las estrofas. Tan clásica. Tan funcional. También la forma en que las guitarras acompañan al fino estribillo de Borja. Como digo es rock sin estridencias, sin desmanes, pero rebosante de buen gusto en la confección de solos. En los finos engarces entre estrofas brilla igualmente la base rítmica de Tutu y Tamargo. La mezcla acierta a otorgar a cada línea su debida cuota de protagonismo y por ahí caben pocas pegas. Hay un solo rebosante de carácter en su tronco central y Borja García no podría parecer más cómodo con su línea de voz. Más clase que una universidad.

Hey, Hey!!” son los Alto Volto más libres y dinámicos. Un rock de nuevo más vibrante, siempre dentro de su habitual rango de acción, pero revestido ahora por el piano de Sam Rodríguez. Acompaña en estrofas y estribillos, otorgando una dimensión mayor a la acendrada propuesta del trío. En consonancia con ese ritmo más vivo, Borja dibujará solos más efusivos aquí. La banda acomete después un puente calmo y elegante, cortado por ese clásico crescendo final. Uno de los cortes de más pronta digestión de todo “Luna Nueva”, de esos que entran a la primera y que, pienso, no debería faltar en sus directos.

Se percibe una mayor gravedad en “Veneno”. En efecto las guitarras se envenenan en el prólogo, pero la banda reconduce hacia una mayor desnudez en las primeras estrofas. Así las cosas, estos son los Alto Volto más sucios y compactos. Construyendo de nuevo buenos estribillos pero también una de las secciones solistas más llamativas de todo el tracklist. Si bien pienso que su epílogo tal vez merecía una pizca más de desarrollo, que no de picante, otra de las que entran como cuchillo en mantequilla.

Maldita Mi Suerte” supone entonces un marcado cambio de tercio. Composición a caballo entre la balada y el medio tiempo, sobresale aquí la buena producción de Sergio Tutu. En especial durante los tonos más amables de esas primeras estrofas. También en el tratamiento que le otorga a la propia voz de Borja. El trabajo en cuanto a guitarras es de una clase y una finura incontestables. Todo se enfanga y endurece en un tronco central que sorprende por lo abrupto de sus guitarras. Me gusta el solo que irrumpe a continuación. También el modo en que el epílogo retorna de nuevo hacia aguas tranquilas. En opinión del abajo firmante una de las propuestas más llamativas ya la vez sólidas de todo “Luna Nueva”.

La Celebración” nos devuelve entonces a los Alto Volto más vivarachos. Hay un gran riff aquí, bien secundado por el bajo de Tutu. Puro y añejo rock and roll en un corte hedonista y alegre. Las distintas secciones solistas, que adquieren una mayor suciedad ahora, me recuerdan a los también asturianos Amon Ra. Supone uno por que, al final, las influencias de unos y otros no son tan distantes. Sin disgustarme, cierto es que no me engancha en la medida en que lo hacen otros cortes del estilo dentro del álbum.

En una onda aún más vivaracha, “Atontado” ofrece a unos Alto Volto de nuevo vibrantes y alegres. De tan elemental, el riff tiene un gancho de mil demonios. La letra, ataque frontal al universo de las redes sociales, viene acompañada de alguno de los tonos más altos de Borja. Y si bien su duración (3:25) pueda saber a poco, bien está el solo de guitarra con el que rematan en su tramo final, así como el modo en que acompaña la firme base rítmica. Agradable.

El disco sigue cogiendo altura gracias a cortes como este “Insomnio”. Ritmos vivos, buenos riffs y un bajo que ruge ahora como si le fuera la vida en el empeño. Me gusta especialmente esta línea de voz para otra de esas canciones que huelen a directo ya desde sus primeros compases. Su estribillo, sencillo pero eficaz y los buenos solos de su tramo final conforman otra de las grandes ofertas, pienso yo, de este “Luna Nueva”.

Ojo Chaval” vuelve a la senda de los Alto Volto más sucios. Una rotundidad más acusada que no va en menoscabo de sus buenas estrofas, sus riffs pegajosos y los buenos detalles de Tamargo a los parches. Cabe casi de todo aquí. Incluso pequeño solo de bajo por parte de Tutu. Muchas son las ideas que el trío introduce en estos tres minutos largos. Que aún con ello, la composición no suene descompensada o mecánica creo que habla muy bien del cuidado con el que han tratado a esta novena entrega.

Hablando de Tutu, vuelve a brillar el bajista a lo largo de “Ella”. Al alimón con Tamargo compondrá una cuidada base rítmica para un corte que me agrada primero por construcción y después por cómo juega entre muchas de las influencias que dominan la propuesta del trío. Y si bien no encuentro un estribillo del todo redondo, todo el aspecto puramente instrumental de esta penúltima entrega brilla con inusitada fuerza. También la producción de Tutu, el juego entre canales que propone a ratos, o la forma en que juega con las voces de Borja. Estupenda.

La instrumental “India”, a la sazón corte más extenso de los once, cerrará este “Luna Nueva” desde una óptica radicalmente distinta al resto del álbum. Entrega semiacústica entre lo tenue y lo desértico. Llamativa seguro y una insospechada sorpresa durante la primera escucha de este nuevo trabajo.

Un trabajo en el que Alto Volto parecen haber echado el resto. Caben muchas influencias, ritmos y colores a lo largo de estos once cortes. Todos elegantemente producidos y, los más, llenos de buenas ideas. También de manos hábiles a la hora de trazar buenos riffs y solos. El cambio de idioma supone un giro brusco. Pero Borja García, salvo momentos muy puntuales, ha sabido trazar unas líneas de voz ajustadas y con gancho. La base rítmica de Tutu y Tamargo no se limita a acompañar a la guitarra y de resultas de todo ello encuentro uno de esos discos que terminan enganchando por su propia diversidad. Hay calma, suciedad, brío y elegancia. Y aunque alguno de estos temas ya los hayamos oído en vivo, bien estará el reencontrarse con el trío el próximo viernes 6 de junio en el Gong Galaxy Club. Salvo catástrofe, allí estaremos.

Texto: David Naves

Reseña: Mano De Piedra «Tales From The Burnt House» (Coproducción 2025)

Tales From The Burnt House” se trata del segundo largo de los vigueses Mano De Piedra, banda conformada por Fran Álvarez al bajo, David Durán en baterías y voz principal, Nano Galez en guitarra y voces y Adrián P. Blunier en guitarra y coros. Iago Lorenzo se encargó de producir, grabar y mezclar el álbum, contando con la asistencia de Pancho Suárez De Lis para la grabación de las baterías. Las pistas resultantes serían debidamente masterizadas por Robin Schmidt de 24-96 Mastering para que el trabajo viera finalmente la luz a finales del mes de abril a través de los sellos Hombre Montaña, Quebranta Records, Muerte Matar Records, Noizeland Records y DoomAwaitS.

Me gusta la naturalidad con que da inicio “At The End Of The Hole”. Ese crescendo tan firme y a la vez orgánico. Por ahí incluso se deja notar el fuerte pulso atmosférico que esconden estas composiciones, que se agrandará aún más conforme irrumpan las primeras estrofas. Se produce en ellas el clásico contrapunto melódico y que tan fácilmente puede recordar a los omnipresentes Cult Of Luna como a mis paisanos de Honara. Hay una producción y mezcla muy equilibradas, que otorga el debido peso a cada línea sin desequilibrios ni errores de bulto. En los momentos de mayor entrega técnica, la banda obvia cualquier tipo de floritura fuera de guión y, por ahí, este primer corte hace gala de una solidez tonal muy funcional a la hora de abrir el álbum.

Young Prometheus”, entrega más corta de las siete, ofrece ahora a unos Mano de Piedra más tensos y vibrantes en un avanzar que, muy especialmente en las primeras estrofas, me suele recordar a los Mastodon más nerviosos. Un corte breve en el que los vigueses no olvidan buenos detalles en cuanto a riffs o melodías y aún mejores cambios de ritmo. Muy firme Durán comandando este metal más acelerado. Mano De Piedra, no obstante, no olvidan luego ese tono más atmosférico que ya entregaba el tema inicial. Pero si algo me agrada sobremanera aquí es el epílogo. Lo diversa que se torna aquí la línea de batería. El desgarro que ofrecen las voces sobre esa mayor pesadez final. Más pequeña, que no por ello peor.

Con “The Beast Inside A Man” irrumpe la más pura calma. Voces prístinas sobre levísimos rasgueos de guitarra para un prólogo tendido y elegante en donde la producción de este “Tales From The Burnt House” brillará en consecuencia. Mano De Piedra sorprenden luego al ofrecer su cara más rota y agresiva. Las voces se tensan y desgarran, las guitarras ofrecen riffs retorcidos y rotundos. Durán cabalga primero y engarza después siempre con buena mano. El de Isis es un nombre que me sobrevuela siempre que la composición alcanza esta mitad más cabrona. Camino del epílogo surge un hábil contrapunto entre voces y melodías de guitarra, previos ambos al buen solo doblado del epílogo. Fácilmente una de las entregas más significativas y a la vez personales de todo el largo.

The Burnt House” ahorra de nuevo en florituras para desempeñarse sobre la cara más intensa de los gallegos. El trazo quizá algo predecible de esas primeras estrofas contrasta con el pulso atmosférico que habrá de suceder a continuación. Por ahí me agrada el juego entre intensidades que ofrecen. En parte porque la mezcla sigue rayando a gran altura, pero también porque las voces que se cuentan entre las más interesantes de todo el largo. En su tronco central, “The Burnt House” acoge una mayor gravedad, acompañada a su vez de gritos rotundos, casi desesperados. Todo culmina en un pequeño puente al piano. Oasis de calma para el oyente, que esconde para el largo epílogo a los Mano De Piedra más rabiosos y descosidos. Estupenda resolución, llena de guitarras graves, voces tensas y un bajo que ruge como si en ello le fuera la vida. Estupenda.

Soul Dancing” surge entonces para traer de vuelta a los Mano De Piedra más directos. Sin olvidar el fuerte pulso atmosférico que domina al resto de composiciones pero amarrado a otra estupenda línea de batería por parte de David Durán. La composición va divagando entre la tensión y la calma con total naturalidad. Es algo en lo que la banda parece haber puesto no poco empeño y un terreno en el que parecen moverse más que cómodos. Alguna de estas pequeñas islas de calma despliegan un aire algo alucinado, apenas desconocido dentro del álbum. Cierto que el puente central de esta quinta entrega no me atrapa tal y como lo hacen otros tantos dentro del disco. Ello no quita para que después surjan estupendas líneas de voz y su bien conocido post-metal se magnifique hasta las últimas consecuencias. Siempre sin que la producción se resienta lo más mínimo y dejando claro la banda cargada de personalidad que son.

Otro arranque que parece heredar cierto espíritu Mastodon es el de “Against The Ruins”. Pero Mano De Piedra le insuflan un carácter algo más punk y, por ahí, la que fuera carta de presentación del álbum termina ganando en cuanto a personalidad y fuerza. Fluye nuevamente con naturalidad, sin grandes artificios, atravesado por inteligentes cambios de ritmo y acompañado por una más que notable gama riffera. El tronco central tiene algo que siempre me recuerda a los Tool del “Lateralus”. Vuelve a brillar Durán tras los parches, dando acomodo al que puede ser otro de mis momentos favoritos de todo el largo. Luego la composición acoge una mayor pesadez, incluso diría que la producción otorga de pronto un mayor empaque, y todo confluye en un epílogo roto y desesperanzado. Que un corte tan en cierto modo laberíntico fuese el elegido para adelantar al disco resulta toda una declaración de intenciones.

Para el final queda el corte más extenso, una “Blue Demon” con los Mano De Piedra más atmosféricos confrontando a los más rotundos. Hay guitarras muy graves aquí, contrapuestas a unas llamativas voces limpias, en un cuidado ejercicio de equilibrismo. Estos primeros riffs pueden pecar de cierta sencillez. Y no pasa nada porque van sobrados de gancho. La producción los amplifica y, por ahí, parece colarse la versión más grandilcuente de los gallegos. Me agrada la construcción de su tronco central. Los pequeños detalles melódicos que acoge, la (ahora sí) estupenda gama riffera que lo conforma. Camino del epílogo todo vuelve a magnificarse. Surge de nuevo la cara más atmosférica del cuarteto, acompañada ahora por el mayor poso melódico de las guitarras, conformando un último epílogo elegante y conciso.

Fans de bandas como Isis, Pelican, Cult Of Luna, incluso Neurosis o Tool podrían tener en los gallegos Mano De Piedra una compañía más que agradable. En unas escenas donde las etiquetas resultan cada vez más líquidas, los gallegos emergen como firme y orgullosa banda de género. Por ahí el álbum puede resultar algo predecible a ratos, lo que no quita para que buena parte de estas composiciones resulten de lo más atractivas. Den la impresión, de hecho, de haber sido pensadas y repensadas. Con treinta y ocho minutos de reloj no es desde luego un trabajo extenso, y sin embargo son muchas las influencias que se dejan notar a lo largo del tracklist, dispuestas eso sí lejos de la barrera del plagio o la copia descarada. Un disco que me funciona, en el que encuentro muchas y muy buenas ideas, con una producción a la altura y en donde se vislumbra a un cuarteto con un futuro prometedor. Una agradable sorpresa.

Texto: David Naves