
Acudo ocasionalmente a la escena extrema indonesia en busca de death metal y acostumbro a llevarme más alegrías que disgustos. Quizá por eso me sorprendí al ver que nos llegaba el disco de estos Vallendusk, radicados en el país asiático, sí, pero que se desempeñan en un espectro diametralmente opuesto. La banda de Jakarta que hoy os traigo practica black metal atmosférico y su line-up, inalterado desde 2011, se compone de Derick Prawira (batería), Danang Sugianto y Valendino Mithos (guitarras), Rizky (voz) e Indra como bajista en directo. En “Heralds Of Strife” la banda ha contado con la ayuda del singapurense Serberuz Hammerfrost (Blood Division, Draconis Infernum) a las teclas. El disco, cuarto ya para los yakarteses, ilustrado por el propio Rizky sobre un trabajo del pintor alemán Theodore Alexander Weber, fue grabado en el Noise Lab Studio por Auliya A. y mezclado y masterizado en ToneBetter Soundlab por Rsharsh. En la calle en CD, cassette y digital desde el 14 de mayo a través del sello germano Northern Silence Productions.
“The Last Soar As The Feathers Fall” no tarda en entrar en harina. Nada de introducciones pomposas o cinemáticas dignas de algún telefilm de serie B. Black atmosférico a la par que veloz y bien construido desde el mismo arranque. A destacar por el trabajo de la dupla Sugianto & Mithos y la forma en que sustentan este larguísimo primer corte (9:27) donde dejan ya negro sobre blanco tanto las intenciones como el tono que dominan este cuarto de los indonesios. Aprecio positivamente, además, cómo construyen la faceta más sinfónica de su música desde las mismas guitarras, en lugar de empachar al oyente con arreglos artificiosos y poco naturales. La banda acometerá, eso sí, un final más luminoso y melódico, a modo de guinda. Un primer corte estupendo en todo caso.
Gana en presencia la base rítmica del cuarteto durante el primer tercio de una “Towards The Shimmering Dawn” que ampliará el espectro gramático para acometer una mayor pesadez primero y una mayor diversidad después, alternando sabiamente pasajes tranquilos con violentas arrancadas en la más pura tradición del género. No cuesta encontrar rimas aquí con bandas como Winterfylleth o, claro, sus paisanos Pure Wrath. Arremeterán con todo durante un tronco central que vibra entre lo descarnado y lo grandilocuente, poniendo en solfa tanto sus habilidades técnicas (las melodías de guitarra aquí son de lo mejor de todo el trabajo) como la producción, que derrochará por igual nitidez y potencia.
Voces limpias y cadencias más propias del viking para los primeros pasos de una “Ethereal Echoes Of Devotion” que habrán de recordarme a bandas como Falkenbach, Windir, Thyrfing, etcétera. Incrustado entre ese tono divergente con la dupla de cortes precedentes emergerá, de nuevo, su faceta más enérgica y celérica. También tímidos injertos corales y, aquí sí, riffs mucho más canónicos, cuando no un tanto insípidos. Y aunque no desdeñe su buen final, no dejará de ser un corte que llame mi atención en términos gramáticos y no tanto en cuanto a ejecución.
“Solivagant Heart” afianza los riffs de cadencias nórdicas que exhibiera su predecesora. Y aunque pierda en duración con respecto a aquella, dará cumplida cuenta de la cuidada escritura de los jakarteses. Buenos interludios acústicos frente al habitual black enardecido de la banda y la sensación de estar ante un punto de inflexión dentro del álbum.
“Marching Ballad Of The Unsung Ones”, que arrastrará en su prólogo uno de los más luminosos de todo el trabajo, resulta no obstante más plano en cuanto a composición. Curiosamente, no tanto en ejecución, siendo uno de los temas del disco que más llama mi atención en este aspecto. No faltan los interludios calmos, ni el rasposo registro de Rizky. Tampoco los violentos cambios de ritmo, pero como digo y desde luego sin parecerme un corte fallido, mentiría si dijera que me llama la atención de la misma forma en que lo hacen sus compañeras de comienzo del álbum.
“Immemorials In Eternal Slumber”, donde Prawira despliega mi línea de batería predilecta de todo el álbum, resulta a un tiempo agradablemente variada y diversa, y de resultas de ello, quizá un poco dispersa. A mí me engancha, pero entiendo que tanta ida y venida se le pueda atragantar a más de uno. Guiños al viking en rima con “Ethereal Echoes…”, el habitual desgarro de Rizky al micro, los agradables pasajes tranquilos y la bien medida melancolía que desprende el epílogo terminan por confirmar una entrega redonda.
El cierre es para “The Sovereign”, entrega más extensa del trabajo y donde pese a detectar algún que otro error de bulto en lo ejecutivo, está presente lo mejor de Vallendusk como compositores. Todo tiene su lugar y está bien desarrollado. Las partes a medio gas, que me recuerdan a bandas como Saor o Sojourner, son estupendas. También aquellas en las que el tacógrafo pisa zona roja. Hay algún riff algo atropellado, sí, pero la sensación en líneas generales es la de estar ante la gran catedral del álbum.
Un disco grandioso en muchos aspectos. Desde las reverberantes guitarras hasta la propia duración de muchos de los temas, canciones como éstas siempre corren el riesgo de atraganatar al oyente con tanta pompa y boato. Nunca llueve a gusto de todos y será por discos/grupos. Para quien no les conozca, como era mi caso, es la gran piedra de toque para descubrir toda su obra precedente. Y para quienes sí, una razón más que suficiente para seguir enganchado a su particular visión del género en particular y del black en general.
Texto: David Naves







