Desde Sedetania la formación folk metal Salduie regresa a los escenarios astures inmersa en la gira de presentación de su última obra de estudio, el EP «Dvatir» publicado en el mes de abril víaTheocide Records. Tomarán posesión del escenario de la gijonesa Sala Acapulco el sábado 27 de septiembre.
Desde el mes de abril enfrascados en el «Dvatour» que les ha llevado a plazas como Barcelona, Sevilla y festivales como el Z! Live y el Algorrock llegarán a Gijón previo paso por Vitoria- Gasteiz para ofrecer su personal apuesta musical que une historia, instrumentos tradicionales, la contundencia del metal moderno y ramalazos melodeath incluso djent.
La segunda parte del «Inmortal Tour» de los madrileños Hamlet contará con nueva parada en Asturias. Tras su paso por Oviedo en el mes de marzo, Molly y los suyos recalarán en la Sala Acapulco de Gijón el próximo sábado 17 de enero.
«Inmortal» veía la luz en febrero del pasado 2025 a través de Maldito Records, seis años después de la publicación de su anterior trabajo “Berlín”. Un nuevo álbum grabado en Sadman Studios y Bitterhood Studios con producción de Carlos Santos y la banda.
Uno supone que éste es un premio a la constancia. Aneuma debutaron en 2022 con un “Climax” que presentarían en la pequeña Ángeles y Demonios. Y en cuestión de tres años, con apenas tres discos, han sido capaces de convocar a más de cien almas en la mucho más generosa sala Acapulco de Gijón. Y es que el quinteto no ha parado desde aquél nuestro primer encuentro con ellos, con Abel haciendo las veces de bajista, en el Perversiones de 2022. La presentación era doble en este caso, de tanto en cuanto suponía la puesta de largo de Jane Bass con la formación asturiana.
Siempre es una gran responsabilidad ofrecer al público una nueva obra. Máxime cuando esta es la primera bajo el abrigo de un sello discográfico, en este caso Art Gates Records. La buena noticia para ellos es que no estaban solos ante tal envite. Desde Zamora arribaron Death&Legacy prestos a caldear el ambiente con su conocido melodeath. La banda, que ya pasara por Asturias en la primera edición del Luarca Metal Days (crónica), arrancaba el pasado sábado con verdadera puntualidad británica. Con una puesta en escena con un telón de fondo como mayor reclamo, pronto Hynphernia tomó el mando de las operaciones. Tan inquieta en lo gestual como firme a la hora de desarrollar sus habituales tonos rasgados.
La banda enlaza temas y pronto da señales de estar bien ensamblada. “Dying Life / Dying Lie” de hecho da muestras de su cara más melódica aka melancólica primero para después reunir buenos solos de Manu y un infeccioso doble bombo. Tras los agradecimientos y el saludo a Aneuma por parte de Jesús Cámara, llega la hora de destapar a los Death&Legacy más machacones y groovies. Por ahí fue quedando patente la versatilidad que atesoran. También que Carla Fabregas, al cargo de su sonido en la Acapulco, había hecho sus deberes ya que, aún en las siempre comprometidas primeras filas, era estupendo. Los coros a voz limpia del bajista Hugo Rodríguez aquí. Sus guturales después, a trío con Hynphernia y Cámara. Todos on point que diría aquél.
Una buena versión de la banda, que se magnifica a través de “The Unnamed Shadow”. Que no echáramos en falta la aportación de Tom S. Englund (Evergrey) para el original a buen seguro fue buena señal. Tendrían tiempo aún de presentar un corte que ocupará su próximo álbum de estudio. Un “The Devourer Of Light” que conjugó una mayor oscuridad en estrofas con el poso más melódico de sus estribillos. Incluso se permitieron el detalle de buscar la interacción con la gente en, ya digo, una descarga más que digna de los zamoranos. Para el cierre quedó una “Hellfire” que, amén de tener un gancho de mil demonios, dejó el breakdown más marcado del set. Eficaces, me agradaron.
No diremos que se “trascaba la magedia” con el set de Aneuma pero sí que al bajo de Jane Bass le dio por ponerse pijotero, retrasando el comienzo del show y, supongo, añadiendo una pizca más de nervios al debut de la nueva bajista. Dani G. y Sergio Saavedra mediante, la cosa tampoco fue a mayores. Porque termina la intro, irrumpe “Your Doom” con su fuerza habitual y estos nuevos Aneuma parecen tener la firmeza de siempre. Sin más detalle en puesta en escena que el telón de fondo, el quinteto con base en Puerto de Vega vino a sonar tan orgánico como de costumbre. Y si bien aquello era la presentación de un nuevo álbum, ellos pisan sobre seguro al continuar con “Fall Apart”, de siempre uno de sus cortes con más gancho. A estas alturas dupla inicial de eficacia más que probada. Nos fuimos al suelo a pedido de Abel. El quinteto arremetió con otra de las que apuntan a clásico: “Break Out From Hell”, conjugando una vez más groove, técnica y pesadez.
Laura nos pidió aplausos para su nueva compañera en Aneuma. Una Jane Bass a la que ni siquiera el pequeño incidente previo arredró lo más mínimo. Aquí llegó por fin la primera de las novedades, no otra que la que da título al nuevo disco, esa “Flesh & Bone” que en su traslación al vivo parece sonar más heavy, menos marcial, y que ya demuestra ser puro gancho. “Guide Them To The Light” les procuró entonces un cierto descanso. No a Laura, inquieta como siempre aunque visiblemente incómoda con su corsé. Borja remató con otro buen solo aquí. El pequeño descanso que se tomaron sirve para después encarar con todo el nervio posible “Never Again”, con el infatigable Jorge Rodríguez volando con el doble bombo. Preciosa batería blanca a franjas rojas, por cierto.
Hubo mucho movimiento tanto arriba como abajo del escenario en “Creatures”, máxime cuando el cambio de ritmo del puente detona un circle pit en el mismo corazón de la sala. Los buenos coros de Abel, la pesadez que la banda desarrolla al final. A la larga otra de mis favoritas del set. Hasta aquí había sido una muy buena versión de la banda. Pero cuando Laura se va a camerinos, obvia el dichoso corsé y emerge en esa camiseta con mensaje (“Hating Me Won’t Make You Pretty”), es cuando de verdad dan la medida del pedazo de banda que son. Porque la luarquina, mucho más cómoda y suelta ahora, lo iba a dejar todo en un espectacular tramo final. Así en “Yell To The Sky” y cualquiera de los cortes que descerrajaron en este último tramo.
Abel no quiso olvidarse de los habituales agradecimientos. Y los duendes del directo, siempre tan puñeteros, dejaron a oscuras a la banda durante “Tear Down The Walls”. Otros quizá hubieran parado. Axl Rose habría sido capaz de cancelar todo un tour mundial. Ellos no. Siguieron adelante mientras pedían que ilumináramos con nuestros móviles. Y lo que en principio pareció un problema, en sus manos se convirtió en uno de los momentos más especiales del set. En “Frozen” Laura bajó a la valla buscando la interacción con las primeras filas. El cambio de ritmo aquí fue uno de los más acentuados y a la vez efectivos de toda la noche. Finalmente para “Chain Reaction” se hizo de nuevo la luz, con ambos Suárez dejando buenos coros, mejores riffs y Borja dibujando un solo hábil y a rebosar de clase.
Fue precisamente la guitarra de Borja la que se quedó sin distorsión al comienzo de “Circles Of Fire”. Percance solucionado a la mayor brevedad y uno de esos cortes que rara vez fallan a los de Puerto de Vega. Al menos en nuestra presencia, y mira que desde el estreno de “Venom” en marzo del año pasado no han sido pocas las veces que les hemos visto. Sería entonces Jorge Rodríguez quien llamara nuestra atención, amenazando con no seguir hasta que no hubiese absoluto silencio en la Acapulco. La sala tornó en poco menos que biblioteca y el también batería de Sound Of Silence arremetió así con la final “Light The Torch Of Strength”, fácilmente el corte más veloz jamás grabado por los asturianos. Dice mucho de ellos que dejaran semejante pildorazo para el final. O para lo que ellos y ellas creían que sería el final.
Porque lo cierto es que la gente se puso tan pesada, en el buen sentido entiéndase, que no les quedó más remedio que volver del backstage. Como quiera que no tenían más repertorio del ya dispuesto, optaron por repetir alguno de los temas. Que uno de ellos fuera el siempre intenso “Your Doom” creo que habla bien del buen momento de forma en que llegaron a Gijón. Laura, aún en esta bola extra, estuvo tan generosa en lo gestual como eficaz en su registro roto y abrupto. En la reinterpretación de “Fall Apart” Pelayo, heredero de Kabbrath, subió a escena a hacerle los coros. El propio Borja invitaría a todo el mundo a subirse a las tablas y, así, entregar la definitiva “Break Out From Hell”. Gran final de fiesta, desde luego.
Se puede argüir en contra de la banda la escasa presencia de temas nuevos en lo que no dejaba de ser la presentación de un nuevo álbum. Algo que, intuye uno, obedece a la aún breve estadía de Jane en el seno del quinteto. Conforme se sucedan los ensayos amén de los respectivos directos, el próximo en el Vidiago Rock intentaremos no perdérnoslo, imaginamos que más novedades irán poblando los setlists. En lo personal agradecería “Overcome”, por motivos que ya expliqué en la respectiva reseña del álbum. En cualquier caso una banda que ha dado un pasito más en una trayectoria poco menos que meteórica. Su límite, como suele decirse, solo ellos saben dónde está.
Por nuestra parte nada más. Agradecer una vez más al personal de Acapulco por su trato exquisito, a Aneuma la invitación y a los muchos y buenos amigos la compañía. Es un gusto y lo sabéis. Nos vemos en el siguiente.
Otra cita de estas ineludibles, esta vez en una Sala Acapulco que ha vuelto a tomar forma de sala de conciertos otra vez, algo que nos congratula de verdad y por lo que felicitamos a todo el equipo que trabaja allí al pie del cañón. La ocasión lo merecía, volver a ver a Last Days Of Eden con su última y renovada formación y que mejor manera que acompañados de la guerrera Elisa C. Martin presentando su último disco en solitario «Nothing Without Pain«.
Un cable dando por saco nos ponía en aviso del comienzo de la velada, pero fue solo eso, un aviso, desde el primer momento que Elisa y sus guerreros tomaron contacto con el escenario de la Acapulco el sonido estuvo a la altura, así nos lo demostraron con «No Fear» y «Chosen One«, las elegidas para abrir la descarga de la siempre sonriente y comunicativa Elisa. No podemos dejar de destacar a sus guerreros, Xabi a cargo de la guitarra solista, a un más que conocido José Rubio en labores más discretas a la otra guitarra y custodiados por lo que seguro es la base rítmica más joven de una banda de metal dentro de nuestra escena estatal, los hijos de Rubio, Galilea al bajo con 16 años y Junior atizando de una manera espectacular la batería con tan solo 12 añitos. ¿Quién dice que no hay futuro?
Con todo esto fueron repasando los temas de «Nothing Without Pain«, a la vez de repasar vivencias de la propia Elisa como bien nos introducía en cada canción. Destaca «Dear Daddy«, dedicada a su padre, uno de los cortes más destacables del disco, tanto por la rabia y emotividad de la letra, como por su música, un metal fresco con tintes actuales. Al igual que «The Winner«. Momento de Junior para deleitarnos con su solo de batería, y de seguido dejar a Elisa micro en mano junto a Galilea a los teclados.
Ellas dos solas, nos ofrecieron una emotiva «Songfory«, dedicada a la mujer de Elisa. En los 80/90 sería el momento mechero, hoy en día las linternas de los móviles suplen y dan más luminosidad a momentos como este. «Carry On» y «No More» pusieron el final a una más que digna actuación de una de las mejores voces de nuestro panorama metalero, que nos deja con las ganas de repetir más pronto que tarde.
Llega el turno de nuestros Last Days Of Eden, que si tuviera que resumir su actuación en una sola palabra, seria, exultantes. Desde el principio con «Abracadabra» y «The Garden«, dan fe de ello, con una Lady Ani radiante, custodiada, como no, por un Dani G., cerebro de todas estas melodías que nos entran en la cabeza en forma de flechas auditivas. Repasan «Queen Of The North» y «Bring Me The Night» de su primer disco «Ride The World» del 2015. Y si todavía fuera poco, siempre bien acompañados, esta vez por Fran Álvarez a la flauta y gaitas, que se le vio mucho más cómodo que en el pasado Unirock, brillando por momentos, como en «The Piper´s Call«.
David Castro empujando desde la batería, dando sobriedad al excelente sonido que estábamos disfrutando con temas como «The Roots Of Life» o «Forevermore» de su segundo álbum «Chrysalis» del 2018. Y como no, un ilustre de la música asturiana, Javi De Coupaud a las múltiples cuerdas de su bajo, todos ellos en conjunto nos hicieron pasar una noche fantástica. Ellos mismos pasaron una gran noche encima del escenario de la Acapulco, se pudo palpar, la sonrisa de todos los delataban y supieron transmitirlo a los que allí estábamos, además, incluso de forma lúdica, con cartel incluido, para memorizar el “complicadísimo” estribillo de «The Journey«.
Pequeño parón para encarar el final del show con «The Secret«, la indispensable «Silence» y «Abandon«, como broche de oro a una esplendida actuación de unos pletóricos Last Days Of Eden, que a día de hoy siguen demostrando que son el mejor exponente de metal sinfónico que tenemos a nivel estatal.
El 16 de mayo repiten fórmula. Elisa C.Martin y Last Days of Eden vuelven a unir fuerzas en Vigo. Más que recomendable. Saludos a los compañeros de Heavy Metal Brigade por permitirme juntar estas letras. Aprovecho estas líneas para mandar un abrazo muy fuerte a Julia y Novales.
En Heavy Metal Brigade aún no sabemos qué es eso del descanso dominical. La sala Acapulco acogía la vuelta a nuestros escenarios del dúo alemán The Picturebooks, quienes tan buen sabor de boca nos dejaran en su anterior visita (crónica). Acompañados para la ocasión de unos Nicotine Bubblegum, a quienes seguramente hemos visto menos de lo que nos gustaría, las razones eran más que suficientes para abandonar las rutinas y el asueto.
Como custodios de la verdad que procuramos ser en esta casa, lo cierto es que Acapulco presentaba un aspecto algo desolador cuando Nicotine Bubblegum toman el escenario. Y tuvieron que hacerlo con la batería y el piano de The Picturebooks restando no poco margen de maniobra. Pero les bastó una “The Fire In The Hole” para ejemplificar la gran personalidad que desprenden como banda. Y que, a día de hoy, tienen poca rima con ninguna otra formación de esta cascada y vieja Asturias. Ese comienzo desató la cara más ruidosa del cuarteto. A ratos costaba oír con claridad a Luismi Rose (Leather Boys) de tanto como crujía la guitarra de Grigera. En “Space Eyes”, de aquél Ep homónimo de 2018, sería el batería Marco Valera quien adquiriría un mayor protagonismo.
El sonido se fue afinando y la banda dio una buena versión en cortes como “Youth Leisure”, que desde su arranque calmado y melódico transitó hacia un final con Nicotine derrochando nervio y pegada. Me llamó la atención el solo lleno de efectos en “Palindrome”, quizá porque me recordó a las luminarias progresivas Tool. Si tal y como Luismi dijo que llevaban tiempo sin tocarla, lo cierto es que no se notó. De hecho me atrevería a decir que fue de los cortes con más gancho del set. El propio vocalista introdujo entonces “123” sin olvidar mención a Gin Barberia (Absalem), quien le acompaña al micro en la versión de estudio. “Ella no ha podido venir, trataré de hacerlo lo mejor que pueda pero la voz es la que tengo” exclamó irónico. Estupendo ese aire más atmosférico del puente y un Grigera que brilló a las seis cuerdas. Sus riffs siempre tienen personalidad. Sus solos se llenan de efectos. Y, por ahí, la alternativa propuesta del cuarteto brilla en consecuencia. Tras el pequeño reconocimiento a Sergio Saavedra, infatigable técnico de sonido de la sala, llegó el momento de echar el cierre con “War”. Aquí la banda dio su nota más descarnada. Esta vino a contrastar con la mayor sobriedad del solo. Pero con la base rítmica desbocada al final y Luismi desgarrando el grito antibelicista del epílogo, Nicotine Bubblegum terminaron por cumplir en la siempre ingrata tarea de romper el hielo.
La intro que disparan The Picturebooks y que tiene mucho de música negra, me recordó de pronto a los siempre interesantes Zeal & Ardor. Y tiene sentido pues el dúo enlaza entonces con una “Primate Dancer” cuyas estrofas me recuerdan de hecho a la siempre atrevida banda suiza. O al menos tal era la intención del dúo. Todo hubo de parar pues la batería parecía no estar sonando por PA. Percance que Sergio Saavedra, siempre atento, solucionó a la mayor brevedad. Así pues Fynn Grabke (guitarra , piano y voz) y Philipp Mirtschink (batería y percusión) volverían a empezar y todo transcurriría ya sin mayores problemas. No gozaron de la entrada que nos habría gustado. Máxime si uno recuerda cuán concurrido fue su anterior paso por la región. En cualquier caso se entregaron como si de un sold out se tratase. Mirtschink pone toda su furia en cada golpe y Grabke se va al piano para echar mano del megáfono. El sonido, huelga decirlo, era el de las mejores noches.
Algo que salta a la vista en la revisión de “I Feel You”, (en mi opinión) uno de los cortes definitivos del pop de los noventa, y que el dúo alemán lleva a su propio terreno. El corte se desnuda a veces incluso de guitarras, dejando que Mirtschink llene los vacíos con furibundos golpes al sufrido kit de batería. Grabke canta alguna de las estrofas a través de las cuerdas de su Gibson. Pueden ser solo dos músicos en escena pero conocen mil trucos cara a conseguir sonar potentes y resultar atractivos. “Sabemos que tenéis que trabajar mañana”, comenta en inglés Grabke, “but this is a fucking rock show”. Y tanto que sí. Quiso el vocalista aquí recordar anteriores pasos por la región. También despachar los habituales agradecimientos. Y junto con un Mirtschink que echa mano de las mazas, entregar la cara más cruda y visceral del dúo en “I Need That Oooh”. Medio ocultos bajo el humo, la experiencia adquiría tintes casi trascendentales.
En “PCH Diamond” Mirtschink arranca golpeando el kit con sus manos desnudas. Grabke echaría mano después del slide en su meñique, conjugándose para mostrar la cara más oscura del dúo. Philipp Mirtschink regresaría a las baquetas para uno de los cortes con más gancho, no otro que “Masquerade”, de su último trabajo “Albuquerque”. Al igual que en su anterior paso por el Centro Niemeyer, The Picturebooks no se olvidaron de revisitar el “State Trooper” de Bruce Springsteen, con Grabke reconociendo que “Nebraska” es su álbum favorito de aquél al que apodan el “Boss”. Acapulco se arrancó por palmas y ellos respondieron dejándose la piel en un iracundo final. Y mientras que “Electric Nights” pudo ser otro de sus cortes con más gancho, “Back To L.A.” viene a explicar lo que supone para un dúo como ellos haber llegado desde Gütersloh a la ciudad de los sueños. Aquí Grabke se fue hacia el teclado para disparar el sinte, volvió después al micrófono y entre ambos construyeron otro de los cortes más llamativos del set.
Cambio de guitarra mediante, preciosa Epiphone azul y blanca, “The Rabbit And The Wolf” procura la cara más iracunda del dúo. Acapulco de nuevo dando palmas y Mirtschink azotando la campana del kit con total vehemencia. Grabnek nos explicó entonces que el origen de “Why Mother Why” reside en una pesadilla que sufrió tiempo atrás. Aquí dispararon coros en uno de los pocos alardes artificiales de la noche. Un corte más tendido que procuró un merecido respiro a los chicos. Con el batería volviendo a las mazas, “E.L.I.Z.A.B.E.T.H.” desliza ahora un mayor acercamiento al blues, fragmentado eso sí a través de sus muchas y diversas influencias. “The Hands Of Time” llega no sin que antes Grabke haga sus pinitos en nuestro idioma y, a puro spanglish, anecdotice sobre las cuitas con el español en diversos territorios del país. Incluso amenazó con hacer una versión del “Suavemente” de Elvis Crespo (gran idea para el Perversiones, si me preguntan).
Grabke se desgarra en “Your Kisses Burn Like Fire” que pone Acapulco a coro. Un corte clásico y que parece soldado a perpetuidad en los sets del dúo. Se fueron a camerinos y sería el propio vocalista quien, en solitario y con la acústica en ristre, enfrentara “Running Wild And Free”. Esta, junto con la final (e ineludible) “Zero Fucks Given” funcionan a la vez como cierre y resumen de la propia idiosincrasia del dúo. Fantásticos.
No eran ni las once cuando sonaron las últimas notas en la Sala Acapulco. Domingo al fin y al cabo. Pese al escaso número de entradas vendidas se fueron prometiendo volver. En nuestra mano está que el boca – oreja funcione y posteriores visitas del dúo colmen las expectativas. A nosotros no nos queda ya nada más que agradecer al personal de Acapulco el trato y las facilidades, mandar un saludo a la concurrencia y ya saben: nos vemos en el siguiente.
Los encargados de abrir las hostilidades esta vez fueron los clásicos thrash / death cántabros Opposer, ante quienes me gustaría disculparme pues un percance de ultimísima hora me llevó a perderme el arranque del set. Para cuando aparecí de nuevo por la Acapulco resultó que el habitual cuarteto había mutado en quinteto por una noche. A un lado del escenario, camiseta del “British Steel” mediante, Jesús se desempeñaba en coros tras haber disertado primero de la guitarra y después del bajo en el seno de la formación de Reinosa.
Presentado temas de su (hasta la fecha) último álbum, aquél “R3cod3d” de 2022 (reseña), vimos muy cómodo e incluso risueño a José Herrera, el seguro y eficaz frontman del eventual quinteto. La banda aprovecho también para mirar al pasado y recuperar una “Distorted Reality” cuya propia pesadez fue el rasgo que mejor atestiguó el haber sido compuesta allá por los convulsos años noventa. Herrera tendría tiempo de explicar la presencia en escena de Jesús. También de presentar una “Satanás” en la cual el publico presente respondió como se esperaba.
Respondió también una sala, técnico de sonido Sergio Saavedra mediante, que con toda precisión supo extraer la mejor cara del clásico combo thrash death. Quedó bien claro en la clásica “Forbidden”, uno de sus grandes clásicos. Riff ganchero como pocos y ese “tupa tupa” tan reconocible. La pura zapatilla de “Straight To Hell” incluso desató un circle pit en el corazón mismo de la sala. Opposer siendo fieles a sí mismos y la gente respondiendo en consecuencia. Nos gustaron.
A poco para que el reloj marcase las 20:30 que los responsables del tinglado, los thrash groove gijoneses Tyrant se auparan al escenario de la Acapulco. Cuarteto con el que hemos coincidido menos de lo que nos gustaría pero que supo rodearse de un buen puñado de buenos amigos. Por ahí y a excepción de los propios Bellako, sería el show que desprendió mayor camaradería entre banda y público de todo el fin de semana. Por eso cuando “Hatred” retumba en la sala y el batería Danko Guerra extrae su mejor versión, no queda más que entregarse al tirano.
Quizá me sorprendió más el ritmo vivo que le insuflaron a “Davidian”, original de unos tales Machine Head, que la propia elección de la versión en sí. La banda tuvo tiempo incluso de invitar a Edgar (Sydius) a que se uniera a la fiesta en un tema compuesto para la ocasión y que me agradó por la forma en que conjugó la pesadez inicial con un epílogo más trotón y descosido. Sumado al juego que dio la presencia de dos voces arriba del escenario, sería a la larga uno de los momentos álgidos del set. No faltó el aplauso para el guitarra Nico Suárez, cabeza pensante detrás del evento, que, huelga decirlo, recibiría una de las mayores ovaciones de la jornada.
Claro que Edgar no sería el único invitado de la noche. Por ahí aparecería más tarde Diego Mata (As Life Burns), aportando un mayor peso específico a la banda al sumar dos guitarras sobre el escenario. La que enseñó entonces Nico Suárez, rosa y con el logo de Hello Kitty, se llevaría no pocas miradas. Más aún cuando se lanzó a un largo solo, a puro tapping, en el momento de mayor derroche técnico del set. En general provocaron mucho movimiento, algún circle pit incluso, y se despidieron con la homónima “Tyrant” mientras Heketor Lorenzo mostraba su registro más agudo. Dicharacheros, potentes y muy disfrutones.
Lo comenté cuando escribí la reseña de “Subyugamentes” y me gustaría insistir ahora: teníamos una deuda con la gente de Frakture tras el último Karma Fest. La agrupación bizkaina llegó a tierras gijonesas presta a derribar la Acapulco con su thrash core incendiario y reivindicativo. Qué duda cabe que con una inteligencia artificial cada vez más presente en nuestra cotidianidad, usar el main titlede la banda sonora perteneciente a “Terminator 2”, el clásico de la ciencia ficción de James Cameron, resulta de lo más pertinente. Tras él, Frakture mezclaron un cóctel de furia thrash, pasión hardcore y pura reivindicación servido en composiciones a veces fugaces pero siempre vibrantes. Es mucho el mal café que derrocha Tali al micro, rematando casi cada corte del set con furibundas proclamas seguidas a menudo del inevitable “me cago en dios”.
Sin el frío que pasamos el pasado septiembre ni la cantidad de horas que estuvimos entonces al pie del cañón, lo cierto es que esta vez sí que disfrutamos de estos indómitos y peleones Frakture. Indómitos por lo violentísimos que llegan a resultar a ratos. Y peleones por el arrojo de Imanol, batería de la banda, operado hace escasas fechas. Lo digo siempre: a veces parece que el metal todo lo puede. “Fucking Bastards” esgrimió orgullosa esos dejes tan Sepultura. Pero puede ser el tema título “Subyugamentes” el que dé la mejor medida del quinteto. Imprescindibles esos coros de Serru.
No quiso Tali olvidarse de un buen amigo, Pirri de Escuela De Odio, justo antes de desatar la cara más abiertamente hardcore de la formación. Ésta vino a colisionar con la mas machacona, casi marcial incluso, de “Criminalizados”. Y finalmente la cuadratura del círculo salió en cuanto la banda enfrentó la clásica “Refuse/Resist” de los brasileños Sepultura, una de sus influencias más palpables. Desataron altos niveles de violencia en “Antinazis”, dedicada por Tali a la buena gente de Bellako, y se fueron con el tema título Frakture. A gran nivel pese a las circunstancias.
Para nosotros, el de Bellako era un concierto un tanto a la expectativa. Siempre nos puede la curiosidad y en la jornada del viernes, un saludo a César “Lagarto” de Brutalfly, nos habían hablado solo cosas buenas del quinteto radicado en Mataró. De entrada nos agradó su puesta en escena. El telón de fondo pero sobre todo que el escenario, ahora huérfano de monitores, ofreciera un aspecto lo más diáfano posible. Incluso las banderas que cubrían los amplis daban su toque especial.
Finiquita la (bailonga) introducción y si en algo pone empeño Rober tras el micro es en pedir movimiento en las primeras filas. Que nos acercáramos a la valla. Buscaron la implicación de los suyos desde el primer momento y se notó. Porque se desata su particular hardcore y el público se implica ya en las primeras estrofas. Mucha gente joven en primeras filas, tanto que se debate sobre si hay o no relevo, que bailó, vibró y se lo pasó en grande con ellos. También los propios Bellako. De hecho Xavi, bajista, dejaría una de las imágenes del festival cuando fue llevado en volandas por el público en “Trepanación”. Su primer crowdsurfing de la noche. Que no el último.
Los altos niveles de intensidad que desarrollan no escapan de una técnica algo más marcada (“En Nombre De La Muerte”). Y no obstante resultan incluso divertidos en cuanto a su forma de implicar a la gente o en las propias letras de sus temas (“Planta Madre”) y por ahí, por mucho que no sea el mayor fan del tipo de propuesta que realizan, no quedó otra que rendirse. Invitaron a todo el mundo a subirse al escenario. Y quien lo hizo fue no otro que Pelayo, aprovechando para mandar felicitaciones a su progenitor. Para el final quedaron temas como “Siglo XXI”, pogos, circle pits y un grado de implicación por parte del público que pintó gestos risueños en los rostros bellakos.
Rober aprovechó para agradecer a Nézar el haberles salvado el culo tras baterías, puesto que el titular Arnau no pudo venir a Gijón (tampoco el día antes a Villabona) por motivos laborales. Que aún con un batería de circunstancias ofrecieran tales niveles de fiesta e intensidad creemos habla muy bien de la implicación de toda la banda. El público del Mosh Fest respondería con un multitudinario wall of death (vídeo)y al final quedó claro que el festival no podría haber tenido un mejor final. Nos vemos en la segunda edición.
Un festival que parece haber nacido con buen pie. El propio tamaño de la sala Acapulco puede llevar a engaño pero la entrada, principalmente el viernes, pareció cumplir con las expectativas. Con el único borrón de la caída de Incordian, dichosos percances de última hora, lo cierto es que disfrutamos de lo lindo ambas jornadas. Por ahí no queda más que agradecer al personal de la sala por el trato dispensado una noche más, a Mosh Crew Producciones todas las facilidades dispuestas en favor de esta crónica, mandar un saludo a los muchos habituales con quienes departimos a lo largo del fin de semana y ya saben: nos vemos en el siguiente.
The Picturebooks regresan a los escenarios asturianos apenas un año después de su brillante paso por la Sala Club del avilesino Centro Niemeyer (crónica). La cita con el dúo formado por Fynn Claus Grabke (guitarra y voz) y Philipp Mirtschink (batería) tendrá lugar el próximo domingo 30 de marzo en la Sala Acapulco de Gijón.
Presentarán su nuevo álbum «Albuquerque» publicado en septiembre del pasado año. Con una década de trayectoria a sus espaldas, ya es la tercera actuación en Asturias para ellos, esta vez inmersos en un extenso tour europeo con paradas en Barcelona, Zaragoza, Santander, León, Madrid, Valencia y Mungia.
Como banda invitada en su paso por la capital de la costa verde contarán con unos Nicotine Bubblegummuy activos en directo últimamente tras su paso hace escasas fechas por Los Bancos de Atrás de Unquera y el avilesino Paseo Malecón dentro de la presentación en vivo de su nuevo disco «Twilight Sleep» (reseña).