Mosh Crew Producciones nos presenta la primera edición del Mosh Fest, festival orientado a la música extrema que nace con la firme convicción de convertirse en un referente en el norte de España.
Aprovechando las sinergias creadas por otros festivales de rock y metal nacidos recientemente tanto en Asturias como en España y la pujante posición de Gijón como destino turístico, el evento busca colocar a Asturias como parada atractiva en las giras de bandas de renombre nacional e internacional dentro del hardcore, thrash y death metal, además de ayudar al desarrollo de la escena de dichos géneros en la región.
Oferta de lanzamiento 20€, bono más consumición en la cervecería MoshPit en la afterparty del sábado. Entrada anticipada por días y bonos disponibles a través del siguiente enlace a Wegow: https://www.wegow.com/es/festivales/moshfest-2025
El próximo sábado 18 de enero tendrá lugar en la Sala Acapulco de Gijón un concierto solidario en favor de la investigación del Síndrome de Angelman organizado por la asociación cultural motera Magaya Astur.
La cita contará con la participación de El Trio Calavera, MBolas y A3Live, proyectos musicales paralelos de reconocidos músicos de la región como Borja García, Diego Motta, Wilón De Calle, Andrés López, Roberto Castro, Ángel Miguel, Antón Ceballos y Alejandro Blanco además de las colaboraciones de Rafa Kas y Pablo García.
El precio en taquilla es de 12€ y se ha habilitado una fila 0 en la que se puede colaborar a través del siguiente número de cuenta: ES75 3059 0103 25 2354487726 Los beneficios irán destinados íntegramente a la fundación Cureangelman, dedicada a la investigación de una cura para el síndrome de Angelman.
La jornada del pasado sábado 4 de enero tocaba redoblar esfuerzos en Heavy Metal Brigade. Vieja costumbre por estos lares que repetimos con gusto el primer fin de semana del nuevo año y es que el compañero David Naves se iba a Langreo para comprobar de primera mano la presentación en vivo del primer disco de los progresivos ovetenses Honara (crónica) y un servidor ponía rumbo a Gijón para nada menos que la celebración por todo lo alto del 20º aniversario de los eclécticos locales Mystereo.
Confieso que tenía una cuenta pendiente con Adrián Muñiz, Alejandro Camargo, Alejandro Fernández, Bruno Suárez y Sixto Santamaría. Nuestros caminos nos se habían vuelto a cruzar desde su participación allá por 2018 en el avilesino Terror Fest y eso que han sido varias las fechas promocionales cercanas de ese estupendo «Panic» editado a finales del 2022. Esta vez la agenda fue benevolente y pudimos disfrutar de un evento histórico para la banda. Ofrecieron todo lo apuntado en los días previos, es decir, un gran repaso por sus cuatro álbumes de estudio, varios invitados sorpresa y algunas versiones, en un viaje sonoro de 2 horas libres del corsé de los hasta ahora implacables horarios de la Sala Acapulco. Muchísimas gracias Pachi & Cia por desterrar aquel odioso toque de queda.
Tras una intro instrumental arrancaron su tiempo con «Helicopter Blues«, tema que abría su ópera prima «Above The Clouds«. El bajo de Sixto Santamaría taladra la atmósfera festiva de la sala mientras el micro de Adrián Muñiz sobrevuela su cabeza. Inevitable trasladar la imaginación a los malabares de nuestro querido Michael Arthur Long (Drunken Buddha). Un repoker de canciones que completaron «Happy Citizen» , «Your Head’s Not Upon Your Shoulders» y «Panic Attack» para ofrecer una buena pincelada de una discografía que lejos de corsés estilísticos siempre ha navegado por los distintos matices del rock.
Centrados en recordarnos ese primer larga duración a través de temas como la composición homónima, «U» y «Monday Call» llegaba la primera colaboración. Michel Ardura, voz y guitarra en los mierenses Black Beans, se une a la fiesta para interpretar «Rock N’ Roll» y la primera cover de la noche, una «Blue Suede Shoes» que inmortalizara Elvis Presley y que puso a bailar a gran parte de la audiencia congregada en la Acapulco.
Cambio de tercio para adentrarnos en el repaso a su segunda obra de estudio «Space Cake«, gestada en el verano del 2008 en el Estudio Acme de Miguel Herrero, fruto de su victoria en el concurso organizado por los «40 Principales Asturias«. Los temas elegidos para recordar esta obra serían «Step Beyond«, «Pure Energy» y la extensa «Polaris«, esta última en colaboración con Sara Muñiz al violín. La hermana de Adrián aportó un nuevo color a una composición de por si rica en matices. Cerraron esta etapa con la canción que más royalties ha dado a la formación, comentaría con sorna el guitarrista Bruno Suárez, la versión del himno motero «Born To Be Wild» de Steppenwolf.
La noche no podía ir por mejores derroteros, gran sonido, público entregado al buen hacer de la banda y sonrisas encima del escenario. Abajo varios peques disfrutaban absortos del show, detalle que este medio siempre celebra, deseando que la llama de la música germine en ellos, destinados a ser el necesario relevo generacional. La tercera etapa del aniversario seguía el inalterable orden cronológico con el repaso a su disco homónimo, quizás el menos convencional y más influenciado por la psicodelia británica de los años 60. La tripleta elegida para la ocasión serían «Uncertainty Principle«, «Suck You Dry» y «Play First» coronada como no con otra versión. En esta ocasión el clásico de Nancy Sinatra «The Boots Are Made For Walkin’» acompañados por la energía del difusor musical Silver, reconocido por su trabajo en la emisora Radio Kras.
La velada afrontaba su recta final con el apartado destinado a su última obra «Panic«. Un trabajo que trajo de vuelta a la banda tras 10 años de silencio discográfico y que nos ofrece la cara más cruda y orgánica del quinteto. «Fight In Vain«, «Puppeteers«, «Numbers» y «Digital Holocaust» serían las canciones que representarían esta última etapa del combo y aunque no contó con invitado ni colaboración si que pudimos distinguir a pie de escenario a Juan Bertrand, compañero de Adrián Muñiz en los alternativos Söax, disfrutando de lo lindo con el espectáculo. No era para menos.
Agradecimientos mediante repetían la fórmula inicial para poner boche de oro a un 20º aniversario que por la calidad demostrada sin duda merecía una mayor audiencia. Un tema de cada álbum, empezando por su himno «Yesterday Is Not Today«, el coqueteo con el pop rock de «It Was Only A Kiss«, «Times Are Changing» y «The Sentenced Is Death» conformaron los bises. Bajada de telón y sin prisas, que gran sensación al fin, llegaron las charlas cómplices con familiares, amigos y fans, recibir los merecidos halagos y más de una petición para seguir 20 años más en la brecha. Que así sea y tod@s estemos allí para disfrutarlo.
La presentación en vivo de «Vol.2» el segundo trabajo en solitario de Carlos Tarque tendrá de nuevo parada en Asturias. Tras iniciar la gira promocional allá por noviembre del 2023 en la Sala Acapulco (crónica), el vocalista de M-Clan repite visita al escenario gijonés.
Acompañado por Carlos Raya a la guitarra, Iván González «Chapo» al bajo y Eduardo Giménez «Coki» a la batería ofrecerán su habitual descarga de puro y auténtico rock and roll en una de las últimas fechas del tour.
Veinte años de trayectoria musical llevan los gijoneses Mystereo, siempre con la misma formación, es decir, Alex Camargo (guitarra), Sixto Santamaría (bajo), Alex Fernández (batería), Adrián Muñiz (voz) y Bruno Suárez (guitarra) y abrazando el rock alternativo como propuesta musical. El próximo sábado 4 de enero toca celebrarlo como se merece en la Sala Acapulco de Gijón, en una velada que promete un viaje psicodélico y lleno de rock con invitados sorpresa, temas inéditos, versiones y un repaso completo por sus cuatro álbumes de estudio.
Su última obra de estudio «Panic» veía la luz en diciembre del 2022 tras una década de silencio discográfico.
Aeternal Queen es el nombre de la potente agrupación que congregó a un nutrido público de todas las edades el pasado 13 de diciembre en la Sala Acapulco de Gijón tras su exitoso paso por Oviedo el pasado mes de mayo.
La componen cinco músicos de reconocido talento y trayectoria como son los “The Travellers” Alejandro Blanco (batería), Antón F. Ceballos (bajo y coros), Sam Rodríguez (teclados, coros y efectos) y Ángel Miguel (guitarra y voces) liderados por un pletórico Richard de la Uz (voz principal) y que han unido fuerzas en un proyecto, tan apasionante como arriesgado, en el que rinden un sentido homenaje a una de las bandas más grandes, si no la más, de la historia del rock, los añorados Queen, más concretamente, centrado en la etapa en que la banda británica afrontaba la que a la postre sería su última gira mundial, “The Magic Tour” de 1986.
El repertorio, plagado de clásicos, se centró, con alguna sorpresa, en el mismo que Queen realizaba en el mencionado “TheMagic Tour”, aunque con los temas algo recortados respecto a aquel. La puesta en escena, sobre todo por los frecuentes cambios de vestuario de Richard, también tenía claras influencias de esa gira. Todo ello hizo que los asistentes conectáramos con la banda desde que la introducción de “One Vision” comenzó a sonar.
Richard apareció corriendo desde el backstage ataviado con una casaca blanca, muy del estilo del tristemente fallecido Freddie Mercury, provocando la primera gran ovación de la noche. Siguieron con “Tie Your Mother Down” dando las gracias a los asistentes y preguntar si estábamos preparados para viajar hasta 1986. Ante la respuesta atronadora y afirmativa continuaron con “In The Lap Of The Gods” y “Seven Seas Of Rhye”.
El aporte en los coros de Sam Rodríguez fue notable en estos primeros temas y se mantuvo durante toda la actuación, también disparando las partes pregrabadas, siempre oportunas y llenando de colores y matices el repertorio. Llegaría a continuación uno de mis temas favoritos y, a tenor de la respuesta, también de gran parte de la audiencia, no otra que “A Kind Of Magic”. Tras mencionar que el siguiente tema sería un homenaje al grandioso David Bowie comienza a sonar la icónica línea de bajo de “Under Pressure” , que Ceballos realizó de forma magistral.
Acto seguido una nueva interacción con el público del hiperactivo Richard para dar paso a “Another One Bites The Dust”, con el bajo nuevamente destacando por encima del resto, una tarea complicada pero bien solventada, pues la labor de todos los músicos fue impecable. Llega el turno para el tema que popularizara la película “Los Inmortales”, la emotiva “Who Wants To Live Forever”, con una maravillosa y muy sentida labor de ÁngelMiguel.
Cambio de vestuario por parte del frontman, que apareció ataviado con la mítica casaca amarilla, como si fuera poca la fidelidad con la que entona los temas, realiza movimientos al más puro estilo Mercury, para interpretar la grandiosa “I Want To Break Free”, muy coreada por todos los asistentes. Llegó a continuación un momento de lucimiento especial de Ángel, tras la retirada del resto de músicos del escenario, interpretando un solo magistral. Un auténtico placer para los sentidos disfrutar de la calidad de sonido que tuvimos tanto en este tema como en toda la actuación.
Vuelta de todo el grupo al escenario para interpretar “Now I’m Here” y ponerse románticos con la emotiva “Love Of My Life” que Richard dedicaría a uno de los presentes como favor personal a la esposa del anónimo protagonista y que interpretaron De La Uz y Miguel, guitarra acústica en mano sobre el escenario. Antes el propio ÁngelMiguel ofrecía un emotivo speech en el que agradeció a sus compañeros la implicación con el proyecto, diciéndoles que gracias a ellos era el tipo que siempre había querido ser. Es patente la pasión y alegría que todos han puesto y su habilidad para transmitirlas al público, que no dudamos en unirnos a ellos en esta celebración.
En este momento Richard, visiblemente conmovido, mostró su lado más humano y solidario pidiendo la paralización de todas las guerras que nos inundan, en especial esas en las que matan niños como el genocidio que se está produciendo en Gaza y, alzando la mirada, empezar a interpretar, también acompañado de Ángel con su acústica «¿Is This The World We Created…?”
Con la banda al completo y tras una breve presentación comienzan con el que quizás sea su tema más icónico, el impresionante “Bohemian Rhapsody”, en el que todos, músicos y público, cantábamos al unísono los inmortales estribillos hasta llegar a la parte operística del tema, que resolvieron mediante pistas pregrabadas con el grupo en pie en el centro del escenario y mirada al cielo. No pude evitar que imágenes de Freddie, Brian y compañía inundaran mi mente y llegaran incluso a emocionarme. La parte final del tema recobró la fuerza inicial con todos los presentes coreando a todo pulmón.
Le seguirían “Hammer To Fall”, “Crazy Little Thing Called Love” y “Radio Ga Ga”, con el respetable pletórico, lo que animó a Richard a implicarnos en los clásicos “Eooo” que servirían de introducción a “We Will Rock You” incitándonos a seguir con las palmas su inolvidable ritmo, que Alejandro vestía de manera impecable, mientras De La Uz presentaba a los músicos que le acompañaban.
Primera salida del guion, con respecto al setlist que Queen realizaba en 1986, con la imprescindible “I Want It All”, tras la cual los músicos se despidieron abandonando el escenario para volver poco después, no sin antes ser ovacionados y animados por el respetable, para interpretar la emotiva “The Show Must Go On”. La recta final del concierto no tuvo sorpresas y enlazaron “Friends Will Be Friends” y “We Are The Champions” para terminar con Richard ataviado con corona y capa al igual que Freddie hacía al final de sus shows.
Un tributo, o mejor un homenaje, al legado de una banda imprescindible, realizado con respeto y maestría (cerrando los ojos era fácil transportarse a 1986 y estar viviendo un concierto de los mismísimos Queen), en el que músicos y público disfrutamos de una experiencia inolvidable. Es la segunda vez que veo el espectáculo y por lo leído en sus redes parece que el proyecto tiene continuidad. Espero que así sea.
Muchas gracias al grupo y la organización por las facilidades y un saludo a los amigos y conocidos que allí nos congregamos, en especial a los miembros de Argion que quisieron apoyar a su frontman en esta aventura. Nos vemos en la siguiente, hasta entonces, salud y rock and roll.
Casi veinte años para este par de servidores sin ver al matrimonio Cartwright eran muchos años. Por eso cuando se supo de una nueva venida del «Coño de Nashville» a nuestros dominios, la cita pasó de inmediato a contar como ineludible. Acompañados por la buena gente de Leather Boys, con la Sala Acapulco como marco y a pesar del desplazamiento que nos aguardaba para la jornada siguiente, allí que plantamos nuestras herramientas cara a confeccionar la crónica que hoy os brindamos.
Y que abren con puntualidad británica una de las bandas más activas de la región, Leather Boys, a quienes este año hemos cubierto ya en no pocas citas. Siempre es un gusto que diría aquél. Abren con “Rebirth” ya en buena forma. Haciendo buen uso de la ineludible tarima de Acapulco y dejando un muy buen sonido. Pocas comodidades sobre el escenario. Su backline colocado delante del correspondiente al cabeza de cartel restaba algo de movilidad a los chicos.
Que da igual porque enseguida enlazan tres temas y la audiencia, muy a favor de obra, les recibe con los brazos abiertos y muchas ganas de pasarlo bien. No es hasta “Fairy Tales From The Underground” que se permiten una pequeña pausa, cogen algo de aire y Leather Sex la emprende con su habitual ristra de comentarios jocosos. “Esta es la juventud del papa”, grita Acapulco. Fue un set de gran comunión con la gente. Un público al que han sabido macerar a fuerza de encadenar buenos shows y que ahora responde a su desempeño con el cada vez más habitual “Leather Boys, qué hijo puta sois”.
Crujen algunas rodillas cuando Leather Rose nos manda al suelo en “St Mary’s Dance”. Leather Latin Lover aprovechó entonces las virtudes del inalámbrico y se perdió entre la gente. Mientras tanto, Leather Sex confeccionaba uno de los solos más certeros del set. Es el propio bajista de la formación asturiana quien carga con alguna de las estrofas de “To The Curb”, uno de sus cortes más rotundos y potentes. Tras una pequeña ristra de agradecimientos llegaría el turno de “Born In the 70’s”, un corte que ya apunta a clásico para la banda y que recibimos de buen grado. Su despedida, furibunda interpretación del “Ace Of Spades” mediante, provoca su habitual catarsis final con Leather Latin Lover haciendo crowd surfing y Sex & Rose perdiéndose entre la gente. Siempre divertidos.
Con su propio backline emergiendo de la parte de atrás del escenario, unos amplis Marshall con pinta de haber conocido tiempos mejores, llegaba el turno de los indómitos Nashville Pussy. La banda radicada en Atlanta volvió a dar una lección de rock and roll efervescente, repleto de actitud y potencia, en una encarnación que de tan orgánica nos puso los pelos de punta a más de uno.
Ningún aditamento más allá del parche que recubre el bombo de la batería y el telón de fondo. Pero toneladas de energía. El año que viene se cumplirán veinte años de mi primer encuentro con ellos pero parece que por Blaine y Ruyter no haya pasado el tiempo. Sus caras pueden mostrar más arrugas a día de hoy. Su rock and roll sigue igual de sórdido y ardiente.
La inicial “Pussy’s Not A Dirty Word” ya nos pone sobre aviso de la que se nos viene encima. Blaine Cartwright, el sombrero y las gafas azules, enfrenta las estrofas con su actitud de toda la vida. La sala vibra casi con cada acorde y, haciendo memoria, puede ser que desde Sex Museum nadie sonara a semejante volumen en la sala gijonesa. No es hasta el tercer tema del set, “She’s Got The Drugs”, que el cuarteto se toma un respiro. Emerge aquí una siempre inquieta Ruyter Suys, que extrajo un estupendo solo de una de las SG más desvencijadas que hemos visto en bastante tiempo.
La facilona “Come On Come On” sería a la larga una de las más coreadas de esta parte inicial del set. “Rock in the old fashioned way” había dejado dicho Cartwright. Y tanto que sí. La bajista Bonnie Buitrago parece haber caído de pie en el seno de la banda. Sus buenos coros en “Speed Machine” en particular y a lo largo del set en general así lo atestiguan. El matrimonio es el lógico punto focal de Nashville Pussy pero, como es lógico y evidente, sin su aportación ni la del renombrado Dusty Watson a los parches la banda no funcionaría en la medida en que lo hace. El de “High As Hell” podría ser fácilmente mi riff favorito del set. Cuando se dan al rock sin medida, a la pura adrenalina, como es el caso en “Ain’t Your Business”, pocas bandas del género le podrán hacer sombra a los de Atlanta.
Que si sabemos qué son las drogas, pregunta Blaine, a lo que la audiencia responde con chascarrillos diversos y la banda con una “You Give Drugs A Bad Name” a la que Suys imprime un cierto aire a ZZ Top que no pasaría inadvertido. Menos el rock enfebrecido de “Going Down”, con Watson aporreando los parches con desmedida saña para uno de lo pildorazos más furibundos de la noche. Y fíjate que no fue un show sin inconvenientes. La guitarra de Suys había dado algún problema a la salida de la banda. Pero para cuando echa mano de su wah color rosa en “Testify”, el cuarteto da cumplido testimonio de su gran momento de forma. Blaine, que para este tema en particular abandonó su igualmente gastada Explorer, entregó aquí alguna de las mejores voces de la noche. De nuevo a dos guitarras la banda ofrecería entonces uno de los cortes más grasientos a través de “Everybody’s Fault But Mine”, con Cartwright extrayendo lo mejor de cuanto quedaba en su maltratada garganta. A “Strutting Cock” la precede un pequeño pero esforzado solo de batería. Suys agitaba la toalla en dirección a Watson y no era para menos.
Suys paseó la botella de Jack Daniels por el mástil de su SG en “Hate And Whiskey” y la banda se tomó un pequeño respiro. Más que merecido a estas alturas, desde luego. Y es que después “Philbilly Blues” sonó tan por encima de la versión de estudio que aquello parecía casi absurdo. Como toda buena banda de rock and roll son un animal de directo y “Till The Meat Falls Off The Bone”, de nuevo con Cartwright abandonando su Explorer y aprovechando para jugar con el pie de micro, no hace sino atestiguarlo. Volvería a calzarse su leal Gibson para apoyar el solo de Suys y cerrar un set que ya entonces cotizaba entre los mejores de cuantos hemos visto este año. Blaine lo culminó quitándose el sombrero, arrojando un par de cervezas sobre él y bebiendo de ellas después, rubricando así la fiesta que habíamos vivido.
Pero a la que aún le quedaban sus bises de rigor. A saber: la intensidad de la cachonda “Rub It To Death”, la tremenda efectividad de la más vacilona “Why Why Why” y el cierre con la cierta sordidez de “Go Motherfucker Go” pondrían el broche a otra gran noche de rock and roll. Ruyter la cerraría rompiendo las cuerdas de su vieja SG. No paró hasta que no le tiró las seis a la gente. Que nunca nos falten.
Qué gran noche. Disculpen que nos fuéramos con más premura que en ocasiones anteriores, aún teníamos una buena ruta por delante, por lo que me gustaría aprovechar para mandar un saludo a toda la buena gente con que nos cruzamos en la noche del viernes y también dar las gracias a la organización por todas las facilidades. Ya saben: nos vemos en el siguiente.