Reseña: Alarum «Circle’s End» (Dinner For Wolves 2020)

3Sphere of Influence

Cuarto disco largo para estos fusionistas progresivos australianos de Alarum, radicados en Melbourne, capital del estado de Victoria. Surgidos allá por 1992, editarían un par de demos antes de debutar con el primer largo “Fluid Motion” (Prey Music, 1998), al que seguiría “Eventuality” (Quadrum Records, 2004) y “Natural Causes” (Willowtip Records, 2011). La banda está formada a día de hoy por Mark Palfreyman (bajo y voces), Scott Young (guitarras) y John Sanders (guitarras) a quienes se les ha unido el batería de sesión Ben Hocking (The Levitation Hex, ex Aeon of Horus). “Circle’s End” ha sido editado por el sello Dinner For Wolves el pasado 19 de junio, producido y mezclado  por todo un clásico de la escena como Neil Kernon (3 Inches of Blood, Nevermore, Flotsam and Jetsam, Cannibal Corpse, Queensrÿche…) y cuenta con artwork de John Hocking. Ha visto la luz en formato digital así como en vinilo de 12″ y también en CD.

Lejos de entregarse al clásico y manido inicio tranquilo de infinidad de propuestas progresivas recientes, “Sphere Of Influence” nos introduce desde el primer acorde en un metal acelerado en confrontación directa con otro mucho más técnico y jazzero. Arranque notable pero escueto, donde tanto el tono como las estructuras están en constante movimiento, intercambiando ritmos y aglutinando, en menos de tres minutos, muchas de las influencias que conforman el disco. La producción goza de gran equilibrio tanto en las partes calmadas como en las más aceleradas. No cabía menos de alguien como Neil Kernon a estas alturas. “Syzygy” profundiza en ese metal diversificado, aumentando en duración y también en tecnicismo. No le falta de nada, desde preciosistas despliegues técnicos en una onda que recuerda a mis admirados Cynic, a otras donde la batería de Hocking acompaña a riffs thrash de toda la vida. Un tema complejo, lleno de detalles, que necesitan un par o tres de atentas escuchas para extraerles todo el jugo. Uno de los puntales del disco sin ningún género de dudas. “Delta”, que tiene uno de mis riffs favoritos de todo el disco, contrasta con las anteriores de tanto en cuanto resuena más atmosférica y apenas linda con el thrash en un par de detalles. Aporta frescura a un disco ya de por sí diverso y es de agradecer.

El exiguo a la par que extraño impás que supone la pequeña “Crystals” nos conduce hacia “Sand”, de inicio tranquilo, fronterizo con el jazz, que pasados sus primeros sesenta segundos recupera el thrash de los primeros cortes del disco para las estrofas, quedando su faceta más atmosférica para uno de los mejores estribillos del álbum. El solo de la parte central, así como el riff sobre el que se acomoda y la forma en que ambos nos conducen hasta el último tercio de este quinto corte me trae e la memoria a los tristemente inactivos Liquid Tension Experiment de Petrucci y compañía. Otro de mis predilectos dentro de “Circle’s End”. La siguiente “War Of Nerves”, se muestra más veloz a un tiempo, y más marcial al otro, resultando en su primer tercio considerablemente más lineal que sus compañeras de track-list. No es hasta su tronco central que opta por retorcerse a placer para profundizar en sonoridades más prog donde la rugosa voz de Palfreyman alterna con alguno de los solos más diversos de todo el trabajo. “In Spiral” nos trae las baterías más veloces de todo el disco. Virará de forma brusca hacia pasajes tranquilos primero y toda vez alcance el puente nos devolverá al tono general de esta cuarta obra de los melburnianos. Muy técnico, a veces hasta abrasivo en términos de sonido, pero en ningún caso por encima de cortes previos similares.

Thoughts To Measure” posee un inequívoco aroma Voivod y lo cierto es que engancha. Consigue, de un plumazo, quitarme el mal sabor de boca del corte anterior y reengancharme cara a la tripleta de temas que restan. Es verdad que la parte tranquila da la impresión de estar metida un poco con calzador, no alcanza a casar con el resto, pero no empaña de todas formas otro de los temas grandes del disco. “Circle’s End” parte de un inicio reposado y semiacústico, se electrifica para incorporar un bonito medio tiempo y parte después hacia un thrash técnico heredero de los fundamentales Mekong Delta y alcanza su tronco central con el Palfreyman más gritón de todo el álbum. Se acelera en su tramo final para añadir otro de mis solos de guitarra favoritos de esta decena de temas. La final “Sojourn”, que marca ocho minutos y medio en el reloj, arranca atmosférica a la par que tranquila, se energiza hacia un prog metal contemporáneo, cuyo tono bien puede recordar a bandas como Haken. salvo por el tratamiento de las voces, prolijo en solos, profundamente diverso, emperrado en mantener tu atención en todo momento. La línea de batería de Ben Hocking es con mucho la más rica de todo el disco. Notas que aquí la banda ha echado el resto, tanto en escritura como en ejecución, y se nota. Al final y a poco que aprecies el tipo de metal que hacen Alarum, terminarás el disco con una sonrisa. O la mandíbula colgante, eso ya depende de cada uno.

Fíjate que no conocía, para mi desgracia, a estos australianos y me he llevado una grata sorpresa. Y no es la primera  de este 2020 proveniente de nuestras antípodas (“Costly Signals” de sus paisanos Dyssidia, que reseñara allá por el mes de abril). Este “Circle’s End” es un verdadero núcleo irradiador (que diría aquél) rebosante de buen hacer tanto en lo técnico como en lo compositivo, producido con mimo y que, salvo por un par de detalles (el interruptus inicial, la planicie de “In Spiral”)  vuela a gran altura. A recomendar a quienes disfrutan de las bandas mencionadas en particular y el metal de corte más técnico en general.

Texto: David Pérez Naves