Los avilesinos In-Sanity nos presentan los primeros detalles de un álbum debut que llevará por título «Searching» y verá la luz a principios del 2025 a través de El Subko Producciones. Recordamos que la formación compuesta los ex- Westhia Chus (bajo) y Diego (guitarra y voz), Víctor Casado (Lycosa Tarantula) a la guitarra y Salvador «El Poyo» García a la batería regresó a la actividad en el 2020 tras un parón de más de 20 años.
01 WOUNDED 02 END OF WAIT 03 SUFFOCATED 04 INSANITY 05 GLOOMY 06 BEFORE 07 SEARCHING & VICTIMIZED 08 THE BALANCE 09 LIVING IN FEVER
Un total de 9 canciones de las que «SUFFOCATED«, «SEARCHING & VICTIMIZED» y «LIVING IN FEVER» formaban parte originalmente de la demo del mismo titulo editada allá por 1994. La grabación del álbum se llevó a acabo en el estudio de la propia banda con Diego, guitarra y voz, a los mandos. La mezcla y posterior masterizado ha sido realizado de Dani Sevillano. En el apartado gráfico tenemos que el artwork y la portada son obra de Tony Nekrosia mientras que las fotos interiores han corrido a cargo de Eva Bustamante. El pasado mes de noviembre el cuarteto estrenaba el vídeo lírico «Wounded» como primer anticipo del disco.
Yermo nace de la necesidad del músico vallisoletano David Muñoz de dar salida una serie de influencias que le venían rondando por la cabeza desde hace un tiempo. Así, el también Arwen o Sun Of The Dying, configura un álbum amalgama una serie de ideas que abarcan un amplísimo espectro dentro del metal extremo. O al menos eso es lo que nos comunican desde el sello. El pasado uno de diciembre y vía Negre PlanY veía la luz un álbum compuesto por seis temas donde cuenta con la ayuda inestimable de Héctor del Villar (ex José Rubio’s Nova Era) y el Crusade Of BardsEduardo Guilló compañero en los propios Sun Of The Dying.
Un piano, no podía ser de otra forma, da inicio al álbum a través del calmado y elegante prólogo de “Cencellada”. Muñoz parece arrimado aquí al tipo de metal que desarrolla en Sun Of The Dying, arrastrando un doom satinado ahora de arreglos tan poderosos como melancólicos. Buenas melodías de guitarra engarzadas entre las distintas estrofas, coros grandilocuentes y un trazo a ratos alterno, muy dado a intercalar pequeñas islas de tono casi intimista con nerviosas arrancadas donde la batería vuela hacia terrenos más propios del death metal más al uso. Me agrada por ese desarrollo ágil, que no retorcido, si bien a ratos me resulta un tanto descompensada en lo que a sonido se refiere. Cuestión esta que he ido asimilando con el correr de las escuchas, de todos modos. Un muy buen arranque.
“Cuando Éramos Esclavos”, con Héctor Del Villar en voces y entrega más rácana en lo que a duración se refiere, opera ahora más cercana a las fronteras del post-black metal. Del black atmosférico incluso, si bien la afinación de sus guitarras no alcanza los habituales tonos crujientes de bandas como An Autumn For Crippled Children, Ghost Bath, Violet Cold… Metal veloz, interesante en su doble juego vocal y donde quizá eche en falta unas baterías con un sonido más nítido y potente. Aquél carácter más sinfónico del tema inicial se da cita aquí como anticipo de su puente central. Acoge este un tímidos solo de guitarra, teñido de la misma tristeza que impregna casi cada rincón del álbum.
En pleno corazón del debut se encuentran los dos cortes más extensos del mismo, siendo el primero de ellos este “Gris” y su tranquilo arranque. Tonos casi oníricos en este prólogo y un cierto recuerdo a aquellos Anathema de álbumes como “Judgement” o “A Fine Day To Exit”. Muñoz se toma su debido tiempo a la hora de llevar la composición hacia terrenos más asimilables. Y lo hace a través de voces lejanas primero, y un cuidado cambio de ritmo después, transitando hacia una suerte de metal que, mientras junto estas líneas, no deja de recordarme a los franceses Alcest, pero también a los momentos más apaciguados de mis queridos Kauan. Muñoz echa mano de su buen hacer a las teclas para adornar con ellas el tranquilo tronco central. Surge precisamente ahí la cara quizá más cinemática de Yermo, seguida por un hábil crescendo, estupenda línea de batería mediante, que culmina con la banda, o digamos mejor el proyecto, echando mano de su lado más preciosista. Las voces más graves, al menos en la copia digital que nos han hecho llegar desde el sello, resultan un tanto lejanas en la mezcla final. Pero Yermo finiquitan esta tercera entrega con firmeza y buen gusto. Todo me resulta ordenado, sin trabas ni tampoco trucos de salón. Cada idea parece tener su espacio, nada resulta forzado ni mecánico. Francamente estupenda.
“El Peso Del Sol” parece echar mano del libro de estilo de los Esoteric, Thergothon o Mournful Congregation para dibujar un prólogo de doom ampuloso y recargado, apesadumbrado y melancólico, donde ahora crepita un bajo que abandonará la mezcla más adelante para que solo y voz piano compongan uno de los entornos más desnudos de todo el debut. Esa calma la quiebra Muñoz a través de un brusco cambio de ritmo que introduce a los Yermo más desgarrados. Desesperados incluso. Fantásticas líneas de voz, apoyadas sobre otra inteligente y bien trazada composición en crescendo. Puedo no comulgar del todo con los coros que Muñoz implementa más adelante. Quizá porque me suenan algo ajenos. Lo cierto es que su largo final parece abrazar un mayor convencionalismo. Al menos en lo que a doom de corte casi funerario se refiere. De ahí que me resulte algo predecible. De ahí también que no le falte ni pizca de elegancia ni tampoco de efectividad.
Encarando la recta final de Yermo surge esta “Un Mar De Polvo” donde Muñoz musica a Miguel de Unamuno sobre una base en cierta rima con la anterior “Cuando Éramos Esclavos”. En su acercamiento a postulados más propios del post-black, el de Valladolid propone un corte en gran medida apaciguado, que tiene un pequeño acento folk antes de que su puente central traiga de vuelta a Yermo en su encarnación más vivaracha, rayana en un post-black de nuevo cuño. Me agrada la forma en que los arreglos sinfónicos ganan terreno camino del epílogo, justo antes de que Muñoz reconduzca reproduciendo aquellas mismas estrofas del arranque.
La final “Vyšehrad”, con su compañero en Sun Of The DyingEduardo Guilló a cargo de las voces, sin sorprenderme en lo que a trazo se refiere, lo cierto es que sabe sacar partido de ese trazo efervescente, del hábil uso de los arreglos y de una producción, ahora sí, potente y equilibrada. El disco se despide en la más pura calma, no sin que antes se contrapongan lo magnánimo de sus arreglos con lo desgarrado de sus voces. Un cierre notable si me preguntan.
Muchas y buenas ideas en el debut de Yermo. A quienes conozcan de las andanzas de Muñoz en Sun Of The Dying no le cogerán por sorpresa los largos desarrollos de “Gris” y el discurrir lento y melancólico que el disco abraza a lo largo y ancho de prácticamente los seis temas que lo componen. Entre ellos hay acercamientos al post-black o incluso tímidos guiños al shoegaze. Pero “Yermo” es principalmente un álbum de doom metal en el que el también teclista de Arwen ha sido lo suficientemente inteligente como para plasmar un abanico de influencias y una diversidad gramática que, combinadas, contribuyen a elevar la nota a un debut que descabalga, si acaso, por una producción, a ratos, un tanto desigual. Bien es cierto que no tanto como para desanimar al oyente más picajoso pero desde luego lejos de otras propuestas similares que he tenido el placer de disfrutar a lo largo de 2023. Trabajo bien hecho, en definitiva, el músico vallisoletano tiene motivos más que de sobra para estar contento.
Primera visita de esta casa a los estudios de Tunguska Media Factory en Lugones con motivo del próximo trabajo de los asturianos Automatic Kafka. Una cita en la que, ya de entrada, nos llamó la atención el poder de convocatoria de la banda. Medios, músicos y algún que otro clásico eminente de nuestra escena que no quisimos perdernos hacia donde apuntan las miras de la banda.
Broonko Lee ejerce de maestro de ceremonias. Un pequeño speech en el cual nos pone al día de la actualidad de la banda, amén de comentar que los cambios producidos en el seno de la banda y particularmente en lo referido al micro, han sido amistosos y de buenas maneras. La cita sirve, claro, para presentar en sociedad a su nuevo vocalista Adolfo Alonso (Half Black, Electric Alligators, Black Coffee…). También un videoclip, el que corresponde al tema “The Taster”, que intercala imágenes de la banda con otras del malogrado Bon Scott y que estará disponible en todas las plataformas el próximo 20 de diciembre.
Precisamente sobre “The Taster” puede decirse que ejerce como ancla entre el sonido que desarrollaron en el debut “Metamorphosis” y el más clásico y setentero hacia el que la banda parece haber virado de cara a su segundo trabajo. “La banda ha cambiado. En el debut éramos más 90 y menos 70 y ahora es al revés” puede ser la frase que mejor resuma y defina su particular evolución. Un matiz para el que han contado con la producción de Barry Sage, ingeniero de sonido reconocido por su trabajo para The Rolling Stones, Madness o Pet Shop Boys.
De igual forma pudimos disfrutar de un pequeño show en directo de estos remozados Automatic Kafka. Antes nos habían repartido folios con las letras correspondientes tanto en su versión original como en castellano, así como una pequeña explicación referida a cada una de ellas. A saber:
— “Crazy Horse”, por el nativo americano (no me gusta eso de “indio”) Tasunka Witko. — “Immortal”, que dará nombre al álbum y versa sobre el personaje de Uma Thurman en el díptico Tarantiniano “Kill Bill”. — “Doc”, por Emmet Brown, el personaje de Christopher Lloyd en la trilogía “Regreso Al Futuro”. — La ya comentada “The Taster” sobre la figura imborrable del legendario Bon Scott.
En esta última hay ramalazos que les acercan al heavy metal más iniciático, pero en fondo y forma esta sigue siendo una banda de rock and roll con todas las letras. Quizá ahora más que nunca. Los cuatro temas que descargaron dieron para verles bien conjuntados y con química pese a los muchos cambios en el line up. Tampoco me puedo olvidar del bueno de Pablo Canalís. Las flautas y los distintos sonidos de corte étnico e indígena que introduce en “Crazy Horse” no podrían ir más en consonancia con el propio espíritu de la composición. Todo un acierto. Aún nos dejarían una bola extra de nombre «Burn«, “una raruna” en palabras del propio Broonko, y que en honor a la verdad vino a sonar un tanto más errática que las anteriores. Nada que no remedien los obligatorios ensayos.
Por la calidad que tenía el debut. Por lo que se intuye que puede ofrecer este nuevo trabajo, esta es una banda que merece mayor repercusión. El viernes se pudo ver que la mediática desde luego la tienen de su lado. Tanto de los que estábamos allí como de quienes no pudieron acudir por temas laborales, y es algo de lo que harán bien en presumir. La pelota está ahora en el tejado de los fans.
A falta de darle unas cuantas vueltas a “Immortal”, sí que todo apunta, tal y como nos dijeron, a que la banda suena ahora mucho más clásica. La propia grabación del álbum ha sido llevada a cabo con la intención de sonar lo más clásica posible, buscando ese “grano” que se difumina en esta época de excesos digitales. Aquella “Analogic Return” del debut (“somehing needs to return to the simple way”) cobra ahora un especial sentido. Ardiendo en deseos pues de escuchar el álbum completo y traeros la correspondiente reseña aquí, en Heavy Metal Brigade.
Como siempre, agradecimiento enorme a la banda por la invitación, un saludo a los habituales de siempre y ya saben: nos vemos en el siguiente.
Sexto trabajo para los baleares Golgotha dentro de una trayectoria que arrancara allá por la década de los noventa con el largo “Melancholy”. Activos hasta 1998, reactivados momentáneamente en 2005 y ya de nuevo en 2014, conforman la banda a día de hoy Vicente J. Paya (guitarra y voz), Tomeu Crespí (baterías), Andrew Espinosa (bajo) Dan García (guitarra) y María J. Lladó (voz). La banda cuenta además con el Nexus 6 y TodoMalJavier Fernández a las teclas, encargado además de producir, mezclar y masterizar las grabaciones de los propios Paya y Crespí. En la calle vía Ardua Music desde el pasado mes de junio.
Predomina la parsimonia y la elegancia propias del género en “For Every Tear”. Doom melódico de cuidados arreglos y buenas melodías de guitarra que, duelo vocal al margen, bien podría recordar a muchos momentos de los americanos Novembers Doom. A su vez, el cierto goticismo que emana de las teclas que adornan esos engarces entre estrofas no deja de tener sus semejanzas con los seminales My Dying Bride. Lladó, a quien ya escucháramos en el anterior álbum de la banda, también al frente de otro de los múltiples proyectos de Paya, los stoner Bis•nte, entrega una interpretación contenida, constreñida incluso, amparada en el contraste que su voz produce con el registro roto del también integrante de los thrashers Holycide. Arranque en la más pura tradición del género, en cierto modo orgánico y desde luego de lo más funcional.
“Gilded Cage”, que fuera una de las cartas de presentación de este sexto largo, entrega unas mayores pulsaciones que de inmediato siempre me recuerdan a los temas menos áridos de Saturnus. Conforme se sucede ese animoso prólogo, Golgotha desnudan su habitual doom para que Lladó sitúe su cadencioso registro sobre apenas una tímida batería y un igualmente timorato piano. Por ahí me agrada la forma en que estas reconducen hacia estribillos, así como el brusco contraste que los gruñidos de Paya provocan aquí. Es un corte agradablemente engañoso, que tira del manual del estilo pero se permite una serie de guiños en cuanto a estructuras que la convierten al mismo tiempo en una entrega con gancho y, a la vez, vistosa y ágil. Acertadísima su traslación al terreno del videoclip, aunque fuera en forma de vídeo lírico.
“A Solitary Soul” ofrece en cambio un inicio mucho más pesado. Rotundo incluso. Ese riff inicial, tan sencillo como machacón, ofrece toda una gama de contrastes con la voz de Lladó. La banda ofrece sin embargo tonos más livianos que acompañan con sus habituales voces rotas. Una dualidad que la banda acierta a alimentar con alguno de los arreglos más llamativos de todo el redondo. Siempre de manera más casual que tímida, alimentando por ahí el rango sonoro del disco, convirtiendo a esta tercera entrega en una de las más personales de la banda. Firme Crespí al doble bombo y elegante Javier Fernández en teclas. Pero si algo me engancha sobremanera aquí es el solo de guitarra que precede al potente epílogo, lleno de clase y feeling. Estupenda.
“Hear Their Cries” nos transfiere de pronto a la cara más nervuda de los baleares. Son estos unos Golgotha que, sin salirse de las a veces estrictas lindes del género, se adentran en un juego de intensidades que viene a construir otro de los cortes más llamativos del tracklist. Pequeña porción de blast beats inclusive. Quizá eche en falta algo más de nervio por parte de Lladó, si bien los tonos más altos que despliega aquí no me desagradan en absoluto. Todo se apacigua camino del epílogo, momento en el que irrumpe uno de esos solos de guitarra que siempre me dejan con ganas de más. Un corte finalmente con altos y bajos, interesante por el juego de contrastes pero a ratos irregular.
“Human Vultures” propone de entrada un doom crudo y orquestado que me recuerda a bandas del ramo como Mourning Beloveth o incluso propuestas más funerarias como pudieran ser Mournful Congregation o Evoken. Apenas un pequeño guiño de la banda pues toda vez Lladó irrumpe en las primeras estrofas, Golgotha reconducen hacia un doom melódico mucho más amable y convencional. Sin abandonar en ningún caso el clasicismo, apostando de nuevo por el doble juego vocal y entregando una gama riffera que me engancha solo a ratos. Todo lo contrario que esas estupendas melodías del tronco central, así como el cuidado solo posterior:
“Closed Heart”, corte más rácano del álbum, engancha desde el primer momento gracias al gran trabajo de Paya y García, especialmente inspirados a la hora de construir un prólogo tan elegante y vistoso como clásico. Ejerce este gran contraste con las estrofas que proponen después. Angostas, acompañadas de un riff seco, casi marcial. Golgotha entregan así la que es, con mucho, la composición más diferente de todo el tracklist. Hábil a la hora de proponer una particular relectura del género sin que ello signifique perder del todo su propia identidad. Todo un ejercicio de equilibrio que la banda aprovecha para reconducir en un epílogo que, de nuevo, vuelve a recordarme a la banda de Paul Kuhr.
Sobre parecida raíz construyen una “Spreading The Wings Of Hope” que de nuevo entrega a unos Golgotha en su faceta más melódica, apostándolo todo a otro ejercicio de contrastes donde destacará Crespí tras baterías. Es la suya una labor de lo más eficiente aquí a la hora de amalgamar las distintas intensidades por las que transita la composición. Paya, por su parte, está particularmente oscuro en su interpretación vocal. Y mientras que Fernández viene a aportar las teclas más cinemáticas de todo el álbum, todo termina encajando cara a construir uno de mis cortes favoritos del trabajo al que da nombre.
Es el propio Fernández quien sugiere desde el piano “Hope As Guide”. El cierre del álbum parece querer reconducir de nuevo hacia un doom mucho más canónico, que ejemplifica la crudeza de sus primeras estrofas. Su contraste con Lladó no va a coger por sorpresa a estas alturas del álbum, lo que no quita para que la mallorquina entregue una gran interpretación. El crescendo que conduce hacia el epílogo funciona por sutil, mientras que las voces filtradas de la propia Lladó aquí me llevan de nuevo a pensar en Bis•nte. Interesante broche final.
El doom metal como principio y final. No obstante la banda, formación asentada mediante, se permite ciertos picoteos fuera del género que llenan de matices lo que, a grandes rasgos, no deja de ser un disco de género hecho y derecho. No negaré que siento el registro de Lladó más apropiado para su otra banda, Bis•nte, lo que no quita para que la mallorquina entregue aquí unas cuantas interpretaciones de nivel. Al final un disco ameno, quién dijo que el doom era algo aburrido, y que muestra a una banda, casi treintañera ya, en gran estado de forma. Ya podían aprender algunos.
Ep de cinco temas para el combo ilerdense de death metal Inversus y que forman Javi García en baterías, David Tudela al bajo y coros, Oriol Cornet en guitarra y Hastur también en guitarra y voces. Este “Evil Seeks Evil” que hoy nos presentan se grabó y mezcló en el Nomad Studio de la mano de Xavier Esterri (Cauldron, Ouija, Blindpoint…) para después ser masterizado en Crossfade Mastering. Con artwork de Garage Caos, el trabajo vio la luz en junio del pasado 2023.
Lejos de adherirse al clásico arranque nervioso y furibundo, Inversus dibujan un prólogo de fuerte carácter melódico. “Evil Seeks Evil” se manifiesta como un pulso entre el agrio registro de Hastur y unas guitarras que expelen riffs un tanto casuales, revestidos aquí y allá de buenas melodías. Nada que sorprenda a estas alturas pero que en cualquier caso engancha con un estribillo muy bien medido. La mayor tensión del puente central, con la batería de Javi García ágil a la hora de alternar ritmos, alimenta el fondo de un primer corte al que remata el elegante solo que anticipará el epílogo. Un arranque algo previsible, que no fallido.
“Nazino”, en alusión a la tragedia del mismo nombre bajo el paraguas de la Unión Soviética, y a la que también Avulsed dedicaran un corte en su disco “Nullo (The Pleasure of Self-Mutilation)” de 2009, echa mano de una mayor pesadez en sus guitarras, lo que en contraste a su mayor variedad en ritmos, deriva en un corte bifocal, de nuevo ágil, con rastros de los Sepultura pre “Chaos A.D.” apareciendo aquí y allá. También los Dark Tranquillity más clásicos y canónicos. Y entre medias espacio para que la banda desarrolle una serie de ideas que funcionan con suerte desigual. Se suceden las escuchas y no puedo evitar pensar que la narración que enmarca tronco central resulta un tanto impostada. Todo lo contrario que la buena ración de solos que despachan después o esos riffs tan machacones como pegadizos.
“Bastard Of Lilith”, que se atreve a bordear el doom en un cuidado prólogo, alterna las habituales pulsiones death del combo catalán con pequeñas derivas hacia territorios más propios de bandas como Paradise Lost, Novembers Doom o Daylight Dies para terminar por trazar uno de los cortes más sólidos de todo el Ep. Muy digno en lo que a despliegue técnico se refiere, apoyado en buenos riffs y muy variado en lo que a ritmos se refiere. Pero al contrario que me sucedía en la anterior “Nazino”, siento que aquí todo empasta con mayor firmeza y solidez. Quizá porque su andamiaje, salvo detalles, rezuma clasicismo por todos sus rincones. También porque la producción del Ep sabe cómo jugar con los distintos tonos que la banda incorpora aquí. Un acierto pleno.
Lejos de reconducir hacia un death más canónico, “Dreams Of Blood” prosigue la deriva del tema anterior al tiempo que tiñe la música del cuarteto de un poso más gótico que sorprende primero y engancha después. Aquí vuelve a sobrevolar el nombre de Novembers Doom. También el de Insomnium o, barriendo para casa, el de los valencianos Evadne. De resultas de ese ambiente más tendente hacia el goth surge un corte interesante en lo tonal, que si bien vuelve a mostrar una estructura eminentemente clásica, deja la impresión de que Inversus, a quienes admito no conocía hasta que “Evil Seeks Evil” cayera en mis manos, se sienten más que cómodos en esta suerte de doom death melódico.
“Sons Of Chaos” sí reconduce hacia el lado más death de su música. Aunque con matices. Y es que el corte final resulta una suerte de híbrido entre el par de cortes previos, especialmente en estribillos, y aquellas pulsiones más nerviosas del tema título o “Nazino”. Hastur vocifera como alma que lleva el diablo justo antes de que el corte derive hacia un puente central quasi atmosférico, que anticipa no obstante un epílogo más rayano en el heavy metal más clásico, lustrado por un solo de guitarra que bien merecía algo más de espacio. Otro corte pluriinfluencial pero sólido. Bien armado y sólido. Acertada carta de presentación del Ep.
Se trata de un Ep mucho más diverso de lo que adiviné en una distraída primera escucha y que viene un poco a hablar de las inquietudes y propósitos de una banda, a tenor de lo escuchado, aún intactas. Bien es verdad que la propuesta no resulta siempre todo lo sólida que debiera. Que fruto de la rica paleta de géneros que manejan, haya cortes un tanto descompensados. Pero en definitiva y cuando la banda acierta el tiro, véase “Bastard Of Lilith”, queda la sensación de que se conocen el libro de estilo al dedillo. A rematar con un hipotético tercer largo que acentúe los aciertos y destierre los errores de este meritorio “Evil Seeks Evil”.
Tenía ganas de ver, tras la escucha del impecable trabajo realizado en el estudio, cómo la renovada banda lo defendía en directo. El grupo cuenta en sus filas con Fernando Argüelles (Northwind, Vendaval, Omenomejodas, Nuevecondiez) en baterías, Juanjo Díaz al bajo, Fernando González “Dini” (Decibel Race, Darkkam) en voces, Álvaro Cocina (Intermezzo, Nuevecondiez) y Javier Díaz (Notredame, Warcry) a las guitarras, siendo este último el único miembro de la formación original, que ya cuenta con más de veinte años de trayectoria y seis discos a sus espaldas.
Pero antes de disfrutar de la descarga de Eden se presentaban, a modo de teloneros El Plan, banda de reciente formación con músicos más que experimentados como Juan Carayol (Marvel, Omenomejodas) en guitarra y voces, Toño García al bajo y voces y Charly (Madera Rock) a la batería en lo que sería su primera descarga en directo.
Como estaba previsto, a las 19:45 salían a escena comenzando con la instrumental “Hey”, dejando claro que lo suyo es hard rock con toques heavy de la vieja escuela. Siguieron con “Mentirosa Compulsiva”, uno de los temas que había podido escuchar, y que muestra otra de sus señas de identidad, sencillos riffs que enseguida se meten en la cabeza con unos estribillos pegadizos y vacilones.
Primeros agradecimientos por parte de Juan para sus compañeros de Eden transmitiéndonos las ganas que tenía de verlos en directo, para pasar a “Lo Importante” y “Amy Jade”, en la que Juan y Toño intercambian el peso vocal. Presentan “Inalcanzable”, un tema dedicado a un coche de lujo pero que podría aplicarse a cualquiera de esos sueños que todos tenemos.
En “Si No Te Puedo Tener”, aprovechando que Toño se volvía a hacer cargo de la voz principal, Juan bajó del escenario a darse un pequeño baño de multitudes para, rápidamente, subir y retomar su labor en los coros. El público, aunque no muy numeroso, ya estaba completamente metido en la actuación con numerosos fans coreando los temas y moviéndose al compás que Charly marcaba en la batería. Con la presentación de su siguiente tema “Un Buen Plan”, nos sugieren que no se le ocurre un plan mejor que lo que se está por venir con la actuación de Eden.
Siguen los riffs cuidados y pegadizos, que en ocasiones recuerdan a AC/DC o a esos primeros grupos de heavy rock español, en su particular oda a la cerveza titulada “Doble Rubia” para despedirse con la socarrona “Un Buen Cachopín”, asegurando que a más de uno nos apetecería al finalizar el concierto.
Pese a su reciente creación y a los nervios que a buen seguro tenían al ser esta su primera actuación, sonaron muy compactos y compenetrados. Si hubo algún error para nada eclipsó el buen hacer de estos grandes músicos, que contaron con un sonido excelente durante todo el concierto. Se les vio disfrutando sobre el escenario de poder presentar sus composiciones. Me parece digno de elogio que salieran al escenario a defender sus propios temas y que lo hicieran con tanta solvencia. Al acabar el concierto el mismo Juan me aseguró que seguirían trabajando en nuevas composiciones para publicar, en breve, al menos diez canciones en plataformas digitales a modo de primer disco. Será un buen plan escucharlo.
Faltando 15 minutos para las 20 horas entraba en acción Eden. Empieza a sonar “Cenizas” que sirve como introducción, al igual que en el álbum que presentan, y arranque del concierto del cabeza de cartel. Continúan con la apropiada, por ese renacer que está viviendo la banda, “Ave Fenix”. Una potente intro de batería nos mete de lleno en “Nunca Más”. Gran pegada en todo el tema en el que Dini, haciendo alarde de su poderío vocal y gran puesta en escena, animó a que fuera muy coreado por el respetable.
Primeras presentaciones para transmitir lo felices que estaban, doy fe de que se les notaba, de presentar su nuevo disco y decir que lo tocarían en su totalidad, aunque tampoco faltarían temas de trabajos anteriores como “Desde El Aire”, perteneciente a “El Despertar De Los Sueños”. Retoman al trabajo que presentan con la más épica, que también da título al disco, “Alma De Libertad” y un público entregado a su estribillo.
Momento de bajar las revoluciones para realizar un alegato en favor de la lucha a la que se enfrentan las personas con discapacidad y dedicar su “Puede Ser” de manera muy especial a Patrizia Terrones, presente en la sala, que fue vitoreada y a cuyo alrededor se formó un círculo para que pudiera bailar en su silla de ruedas. Imposible no emocionarse en ese momento.
Con “El Fin” tenemos de vuelta a los Eden más hard para enlazar con el poderoso riff de “Corazón”, un tema que en la garganta de Dini gana enteros respecto a la versión de estudio que registraran en su anterior trabajo, que dedicó al público más joven allí presente, curiosamente muchos eran alumnos suyos, como al finalizar el concierto me comentaría.
Sobre el escenario presentan una imagen compenetrada, pura energía la de Dini que no deja de moverse de un lado a otro, al igual que Juanjo. Cuando su labor en los coros se lo permite, se acerca a Javi y a Álvaro para acompañarlos en sus interpretaciones. El sonido es impecable durante toda la actuación y la pegada de Nando, con elegantes giros, hace temblar la sala dando muestras del poderío que tienen en directo.
Dini, que cuida en cada detalle a sus compañeros, aprovecha para presentar al nuevo guitarra, el jovencísimo ÁlvaroCocina, que acompaña en la sección rítmica y elabora algunos solos de puro virtuosismo. Turno para “Muerte Carmesí” y justo antes de “Junto a Ti” presentación, según sus palabras, a la mejor persona del mundo, Juanjoel vikingo, al bajo. Como apertura a “666” hace lo propio con Nando, agradeciéndole su implicación en toda la parte organizativa, además de resaltar su labor a la batería.
Encaran la parte final del concierto con el clásico “Sangre De Metal”, pegadizas guitarras y ese estribillo que haría cantar a las piedras, tras la cual amagaron con irse provocando los tradicionales coros de “otres tres”, así que sin tiempo para tomar aire acometen “Perdido estoy” para pasar a presentar al alma mater de la banda, Javi.
Turno después para “Ella”, uno de los singles de adelanto del trabajo que presentan, en la que Dini bromeó acerca del gran número de reproducciones que tiene en Youtube. Sea o no cierto ese dato, la verdad es que la canción contó con gran participación del público.
Tras comprobar si quedaba tiempo para una más y preguntar al público si aún nos quedaban fuerzas, con clara respuesta afirmativa, acometieron el tema más inesperado del repertorio, una versión de “Rebel Yell” de Billy Idol también muy coreada, para retirarse dejando la impresión del trabajo bien hecho, lo que se reflejaba en sus felices rostros.
En definitiva, la nueva alineación de Eden y sus grandiosas nuevas composiciones dejaron muy buen sabor de boca en la audiencia que, a buen seguro, se quedó con ganas de más. Quiero aprovechar la ocasión para desearles la mejor de las suertes en la gira que ahora comienzan, y a ti que me lees pedirte que vayas a verlos si pasan por tu zona, no te arrepentirás. Muchas gracias al grupo por la invitación, a la organización por las facilidades y nos vemos en la siguiente. Hasta entonces, salud y rock and roll.
Giulio Moschini en guitarras, Marco Mastrobuono al bajo, Giacomo Torti en baterías y Paolo Pieri en guitarra y voces forman la efigie italiana del death metal Hour Of Penance. Nombre que alcanza su novena entrega con este “Devotion” que hoy nos ocupa. Las baterías de este nuevo trabajo se grabaron en los Bloom Recording Studios (Guidonia Montecelio, Italia), mientras que bajos, guitarras y voces vinieron al mundo en el romano Kick Recording Studio. Mezclado y posteriormente masterizado en el Hertz Studio de Białystok (Polonia), el álbum vio la luz el pasado cinco de abril vía Agonia Records.
La entrada al álbum no me podría agradar menos. Ese uso descarado de la inteligencia artificial para adornar la portada. Atrás quedan las hábiles manos del húngaro Gyula Havancsák plasmado en diseños tan espectaculares como los de “Sedition” o “Paradogma”. Sea como fuere, “Devotion For Tyranny” pronto entrega a unos Hour Of Penance del todo reconocibles. Uno piensa que incluso demasiado. Pocos riesgos toma la banda aquí. Algunos opinarán que para bien. Desde luego que la fidelidad a su propio legado no podría ser más férrea. La mezcla hace un buen trabajo a la hora de equilibrar todos los elementos y la el resultado son unos Hour Of Penance tan centrados como de costumbre.
Pero quizá falte algo de chispa. Algo que “Parasitic Chain Of Command” parece querer enmendar a base de intensidad y blast beats. Su receta de toda la vida, vaya. Es cierto que Torti, primer disco con la banda, ha tramado una estupenda línea de batería aquí. Se advierte ya desde el mismo prólogo ese mimo en trazar con sumo cuidado cada, quiebro, cada golpe. Por el camino quedan riffs de corte clásico engarzando estrofas, enfrentados a esa vertiente más arrastrada y pesada que habrá de ejercer como (casi) obligado contrapunto. Los pequeños arreglos contribuyen a dibujar la cara más atmosférica del cuarteto. Aquí pienso que esa faceta más elegante bien merecía algo más de desarrollo. Lo mismo con el solo que irrumpe más adelante. Lo que me resulta imperdonable es ese fade out final.
“Birthright Abolished” puede recordar en ciertos momentos a los death metaleros de Carolina del Sur Nile. Son unos H.O.P. en su vertiente más trotona. Valga la redundancia. Pero emerge aquí una mayor atención a lo técnico, que viene a contrastar con lo reducido de un desarrollo que marca poco más de tres minutos en el reloj. De hecho uno de los cortes más rácanos del trabajo, donde destaca un fenomenal Mastrobuono al bajo. Algún solo de mérito, eficaces cambios de ritmo y un Paolo Pieri tan osco y grave como siempre. Echo en falta algo más de valentía en ese tímido breakdown que irrumpe en el epílogo. La banda ha querido mantenerse dentro de sus márgenes y hace bien. Pero se suceden los temas y sigo echando en falta un poco más de picante.
“Retaliate” mejora esa fórmula. Parte de uno de los inicios más oscuros y envilecidos de este “Devotion”, con la banda en su encarnación más grave y rotunda. Por ahí no deja de darle otro aire al disco. La composición vira luego hacia el habitual death descosido e intenso de los italianos y la fórmula parece que les funciona a los romanos. Especialmente al contrastar con un tronco central que introduce de nuevo su cara más adornada y sinfónica. Sin llegar a los excesos de compatriotas suyos como Fleshgod Apocalypse pero a buen seguro otorgándole cierta personalidad a esta cuarta entrega. El fade out del epílogo desdibuja el solo de guitarra y deja, de nuevo, una sensación de lo más agridulce.
“Breathe The Dust Of Their Dead”, que apenas supera la barrera de los tres minutos, me recuerda a ratos a Hate Eternal. Son estos unos H.O.P. agrios y veloces, encaramados a la vertiente más intensa del género. Me agrada que no se olviden de rematar con algún que otro buen solo de guitarra, si bien pienso que entre la maraña de riffs rápidos que pueblan este “Devotion” corre el riesgo de pasar algo inadvertida.
El diminuto prólogo de “The Morality Of Warfare” porta uno de mis riffs favoritos de todo el largo. Enseña un acento más cercano al melodeath y se difumina a continuación para que la banda transalpina proceda a su habitual cercenar de cuellos. Vuelve a brillar Torti aquí. No tanto en velocidad, que también, como a la hora de introducir toda una serie de cambios de ritmo que, en buena medida, recuerdan a los mejores Hour Of Penance. Los de álbumes como “The Vile Conception” o “Sedition”. El puente central acierta a la hora de inundar de arreglos uno de los momentos más furibundos del álbum. Vuelve a sobrevolar ahí la sombra de Fleshgod Apocalypse, quizá también la de SepticFlesh, y la banda trama finalmente uno de los cortes más redondos de esta nueva decena.
Pero no hay descanso. “Severance” prorrumpe ahora con un death metal debidamente enfebrecido, rematado por riffs hábiles y donde echo en falta, eso sí, una producción algo más limpia. Puede sonar chocante tratándose de un álbum de estas características pero percibo cierta sensación de que la banda ha querido enfangarse más por la vía del estudio que la de la composición en sí y es una lástima. Leve, pero lástima en cualquier caso. Hay ciertos riffs que llegan a bordear los mejores Cannibal Corpse y al desempeño de Pieri al micro se le pueden poner muy pocas pegas. El solo del epílogo, desangelado como ningún otro dentro de “Devotion”, se me antoja su mejor resumen.
“The Ravenous Heralds” sale sin embargo triunfadora. Lo hace desde un prólogo donde de nuevo sobrevuela el nombre de Nile. Sombra cada vez más alargada la de los norteamericanos. Pero lo bueno es que la banda entrega aquí alguno de los riffs más originales y con mayor personalidad de todo el largo. Los alimenta de una certera elección de cambios de ritmo y los remata con un (ahora sí) estupendo solo de guitarra. Cuando irrumpe ese medio tiempo del puente central, cuidadosamente adornado por coros de aire eclesial, la sensación es, por fin, la de estar ante los mejores Hour Of Penance.
Así las cosas, “A Desert Called Peace” puede resultar algo más vulgar, lo que no quita para que esta siga siendo una pieza de puro death metal en la mejor tradición del género. Que me agrada en mayor medida, curiosamente, durante las partes más pesadas y rocosas que dominan su segunda mitad. En aquellas donde Torti exhibe su faceta más velocista, todo me resulta demasiado convencional. Mecánico. Conservador incluso.
De irónico título dadas las circunstancias, “Spiralling Into Decline” despide este “Devotion” con la banda enfrascada en su habitual maraña de blast beats incesantes y riffs indolentes. Por ahí agradezco el mayor tiento que le han dado a su faceta más melódica, si bien resulta en un pequeño oasis antes de que la velocidad y la tensión se adueñen de nuevo de la composición. Un cierre que amalgama toda una serie de ideas constreñidas en una duración poco (o nada) ambiciosa.
… que bien podría ser el resumen del propio disco en sí. Que no se me malinterprete, este sigue siendo un disco de death metal con todas las de la ley. Producido con esmero y donde, salvo pequeños detalles, todo suena como debe. Pero echo en falta algo más de riesgo. Echando la vista atrás, esta era una banda que, a finales de la década de los dos mil, comienzos de la siguiente, parecía destinada a coronarse como el relevo europeo de los grandes nombres del género. Sin embargo, el consenso general parece el de que por el camino han perdido aquella chispa que sí tenían trabajos que menciono a lo largo del texto. Idea que “Devotion”, aún con sus aciertos, no logra contrarrestar.
Editada el pasado 19 de julio, la regrabación de la ópera prima de los combativos Crudo tendrá también versión en vinilo de 180 gramos.
Una edición muy limitada que hace mucha ilusión en esta casa, que aporta una instantánea al interior del lanzamiento. Recordamos que la regrabación se llevó a cabo en el estudio de la Fábrica de Músicos de Avilés con Rubén Álvarez, componente de la formación original, a los controles para ofrecer un sonido totalmente actualizado sin perder un ápice de la fuerza original. Disponible a través de la tienda de Ataque 360 y mensaje directo en las redes sociales de la banda.
Presentación por todo lo alto en el Gong Galaxy Club del tercer largo de los asturianos Totengott. Acompañados para la ocasión por los ferrolanos Marthyrium, ambos tríos supieron reunir una más que aceptable entrada en la noche del sábado 19 de octubre.
Armados con la seguridad que da venir con el estupendo “Through The Spheres Of Darkness” bajo el brazo, los gallegos Marthyrium emergen de entre las sombras justo cuando los relojes marcan las 21:00 para pronto arremeter con esa “Sightless” del mencionado segundo trabajo. Tharngrist, voz y guitarra, ejerció de punto focal de la banda. Los largos desarrollos, las disonancias que implementan a su bien conocido black metal, pilló con el pie cambiado a más de uno.
Y es que la recepción que tuvieron fue algo fría. No así su desempeño sobre el escenario. Con Balc (Balmog) ayudando en coros y más aún desde las cuatro cuerdas, no se echó en falta una segunda guitarra salvo en momentos muy puntuales del set. Las modestas pero elegantes pistas pregrabadas acompañaban al trío. Nunca como baza principal pero ocupadas en aportar el grado justo de atmósfera. Inapelable labor de Cannibal en baterías. Después de todo, cortes como “Rebirth In Death” así lo exigen.
Desde luego no la banda más activa arriba de las tablas. Tampoco la que más tiempo pierde en interactuar con la gente, más allá de algún puño en alto en determinados momentos del set. Tampoco es que lo necesiten. El público asturiano terminó por entrar en su particular forma de entender el black metal y la banda dio lo mejor de sí en unos cuarenta minutos de puro nervio e intensidad. Un lujo.
Turno para que Totengott presentaran un “Beyond The Veil” del que dimos cumplida cuenta allá por el mes de julio (reseña). Armados con nueva escenografía, esos dos paneles que adornan sendos laterales del escenario, amén de las distintas osamentas que coronan la parte frontal del escenario, “Chou” Saavedra se enfundó una noche más su capa negra y todo cuajó para ver una estupenda versión de los asturianos.
Una potente luz roja nos da la bienvenida. Firme con el doble bombo, José Mora nos recibe en una “Inner Flame” que da testimonio de la cara más acelerada del trío. Es un arranque atronador. Al menos en las primeras filas, el grosor que deriva de su propuesta, aún en un tema descosido y vibrante como este, ya da visos de la que se nos viene encima. Con el bajo de Nacho ganando en poso y presencia, la banda parece de lo más enchufada. Después de todo, un buen disco como este no se presenta en casa todos los días. De ahí que los chicos no tuvieran un segundo que perder. “Sons Of The Serpent” apuntala así su cara más atmosférica mientras que los coros de José Mora se revelan ahora fundamentales.
Que para la igualmente intensa “Marrow Of The Soul” ya viéramos algún tímido circle pit, pogos y mucho movimiento cervical da un poco la medida de lo bien que estaban sonando. El trío no es ajeno a las pregrabaciones. Nos reciben en una “The Architect” donde Saavedra pondría la voz limpia, Nacho la más rota y juntos dibujarían la cara más alucinada de la banda. Cuatro cortes de su nuevo álbum que hablan a las claras de la propuesta cada vez más personal e identificable que manejan.
Porque se produce cierto contraste cuando la banda recupera la más pretérita “Delusion Of Negation” y surge el mejor Saavedra de toda la noche. Con una entrada más que aceptable, hacía ya cierto calor dentro del Gong, Nacho echa rodillas al suelo y la banda ataca con su vertiente más thrash para de nuevo desatar pogos, circle pits y continuo agitar de puños y cabezas. Las propias paredes de la sala vibran con la extensa “Doppelgänger II: The Abyss” que daba nombre a aquél segundo álbum de 2019. Esta es una banda que nunca le ha temido a los desarrollos largos. Y a riesgo de parecer pesado, reiterativo, lo cierto es que hay cierta penitencia en unos riffs de un grosor como pocas veces hemos contemplado en la curtida sala ovetense.
La vuelta al tercer disco entrega otro uno de los cortes más crujientes de la noche. No otro que “Beyond the Veil Part II: Necromancer”, donde el humo y la propia condensación de la sala envuelven en bruma al flamante fichaje de Hammerheart Records. La extensa “The Golden Crest” vendría finalmente a cerrar el set del trío, entregando otra buena dosis de gordor y conjugándolo con su versión más trotona para otro de esos cortes híbridos en los que tan bien se manejan. Pero sería sin embargo “Ceremony II: The Way Of Sin”, a modo de bis, la que marcaría el final del set. Y tendría que repasar mis muchas crónicas de ellos pero creo que puede ser la primera en que no recurrieron a alguna de sus habituales versiones de Celtic Frost.
La sensación que trasluce una vez editado “Beyond The Veil” es la de que ya no lo necesitan. El trío ha sido capaz de traducirse desde la banda de versiones que era antes de la salida de “Doppelgänger” en una entidad de pleno derecho. Algo que ratifica el buen show que nos dejaron el pasado sábado. Es la linea a seguir, qué duda cabe.
Por nuestra parte nada más. Mandar sendos agradecimientos a ambas bandas por todas las facilidades y la nutrida compañía por el cariño y el buen rollo dispensados. Así da gusto. Ya sabéis: nos vemos en el siguiente.