Quince años después de su lanzamiento Crudo regraba su maqueta «Somoscrudo» que verá la luz el próximo viernes 19 de julio.
01 El Avestruz 02 Jugando Duro 03 Sin pedir Perdón 04 31 De Enero 05 La Espiral 06 En El Cuarto 07 Miedo A Caer 08 Ella Es La Ley
La grabación se ha llevado a cabo en el estudio de la Fábrica de Músicos de Avilés con Rubén Álvarez, componente de aquella formación inicial, a los controles para ofrecer un sonido totalmente actualizado sin perder un ápice de la fuerza original.
Empecemos con los hechos. La reseña de “The Abyss”, a la sazón segundo disco de estudio del trío asturiano Totengott, fue el primer texto que servidor entregó para HMB. Por eso cualquier cosa que tenga que ver con el trío que forman José Mora (batería y coros), Nacho Bernaldo (bajo y coros) y Chou Saavedra (guitarra y voz) siempre tendrá un significante muy especial para quien escribe.
Los chicos, que como muchos ya sabréis comenzaran su andadura como banda de versiones de Celtic Frost, regresan ahora bajo el paraguas de la histórica Hammerheart Records. Y lo hace con un tercer largo al que han dado en llamar “Beyond The Veil” y que ha sido mezclado por el BalmogJavier Félez (Altarage, Teitanblood, Conjureth, Onirophagus…) en los Moontower Studios. Posteriormente masterizado por Jaime Gómez Arellano (Angel Witch, Ulver, Ghost, Moonspell, Fen…) y adornado por el estupendo artwork de Khaos Diktator Design (Gaerea, Wyrd, Heresiarch, Saor…), verá la luz el próximo 12 de julio.
Es gracias a ese prólogo brumoso y oscuro de “Inner Flame” que uno capta, por las buenas o las malas, el tono alrededor del cual se va a desarrollar esta tercera entrega de los asturianos. Es un corte en la más pura tradición de las entregas más vibrantes de la banda, que viene a resultar todo un canto al thrash metal más sucio y elemental. En comparación a anteriores trabajos, sorprende ese bajo tan alto en la mezcla. En ningún caso predominante pero qué duda cabe dando un mayor empaque a ese trotar tan habitual en ellos. El epílogo sí que destapará una mayor pesadez y la buena labor de Félez en las mezclas dará sus frutos a lo largo de ese tramo final más angosto y oscuro. Notable arranque.
Es “Sons Of The Serpent” la que de pronto destapa un aura más oscura y ominosa a través de un prólogo que rozará incluso lo funerario. Hay un juego de voces aquí capaz de disociar a esta tercera entrega de sus dos anteriores, al tiempo que acerca al trío a Triptykon, la continuación natural de los Celtic Frost más postreros. El registro de Saavedra resulta especialmente roto en estas estrofas y ejerce un poderoso contraste con esas tesituras más cristalinas, también enigmáticas, que emanan de los coros. Contrapuntos que asemejan a un juego de espejos mientras la banda transiciona hacia su cara más aletargada y oscura. La mayor presencia de teclas remata a un epílogo alimentado por su cara más sinfónica y, en cierto modo, grandilocuente.
“Marrow Of The Soul” vuelve a territorios similares (que no iguales) a los de la inicial “Inner Flame” para de nuevo entregar encarnación más nerviosa y dibujar de paso alguno de mis riffs favoritos de todo el largo. La guitarra de Saavedra, con esa afinación tan característica, brilla en toda su gloria aquí. Un corte que puede pecar de lineal en un primer tercio que apenas cogerá aire durante esos estribillos más lángidos y pesados. Interesante solo de guitarra el que ocupa su tronco central y retorcido a más no poder un epílogo donde tienen cabida muchas de las caras que representan a una banda como esta. Totengott confrontan brío con pesadez, crudeza con nervio, resultando en un tramo final verdaderamente llamativo. Sobre el papel otra de mis favoritas.
“The Architect”, que tuvo su correspondiente traslación a videoclip, me atrapó desde las primeras escuchas. La poderosa y también enigmática voz de Marija Krstevska y el tratamiento que de ella hace la producción durante el prólogo. Ese pulso arrastrado, que tanto y tan bien ha desarrollado la banda en el pasado, esas voces igualmente enigmáticas así como ese avanzar por momentos casi agónico. Un corte que propulsa a la banda hacia el futuro sin que ello implique negar el pasado. Tan atmosférica como enigmática. Composición que apunta a fija en sus setlists durante largo tiempo.
Esta primera “Beyond The Veil Part I: Mirrors Of Doom” entregará una cara casi cinemática de la banda. Un prólogo que parte de lo atmosférico para luego alcanzar una épica a ratos desgastada donde vuelven a brillar esas cuidadas voces de Krstevska. Ejerce como angosto preludio de una segunda parte, “Beyond The Veil Part II: Necromancer”, donde el trío cuenta con la colaboración del E-Force y ex-VoivodEric Forrest. Un corte que en su primer tercio transita sobre un metal vibrante y descosido. Ese riff de las partes más nerviosas quizá no me resulte el más redondo de todo el álbum. Mora está incansable tras baterías y especialmente fino en los pequeños pero marcados cambios de ritmo. Es cuando las revoluciones bajan y el corte adquiere una mayor pesadez que la banda parece sonar mejor que nunca, con Forrest dejándose el alma en algunas voces realmente agrias. El mayor peso que adquiere el bajo de Bernaldo en este tercer trabajo ayuda a apuntalar esas partes tan nerviosas, también la pesadez del pequeño epílogo. Estupenda.
El final, en la más pura tradición Totengott, corresponde a la composición más extensa del álbum, en este caso “The Golden Crest”, si bien esta queda lejos de los altos minutajes que desarrollaban cortes como aquél “Doppelgänger” que daba nombre al debut. Es precisamente a aquél primer trabajo al que parece hacer referencia este broche final. En especial por la gama de arreglos de la que han echado mano. Diría incluso que por el riff que dibuja Saavedra a lo largo del prólogo. La banda adopta más adelante esos coros prístinos que han ido apareciendo a lo largo del tracklist, dejando finalmente su lugar a un bien acomodado solo de guitarra. Su tronco central, sin embargo, contrapone voces limpias a un trazo pesado, casi arrastrado, preñado de voces que parecen desafiar a cualquier tipo de cordura, dibujando así durante el epílogo un metal tan monolítico como grave y desesperanzado. Un cierre descomunal y arrebatador, en rima con trabajos anteriores, que abrocha a estos al tiempo que responde a los propios pulsos sobre los que se desarrolla buena parte de este “Beyond The Veil”…
… donde creo que la banda ha sabido conjugar su propio legado al tiempo que parece mostrar una mayor intención por encontrar un sonido mucho más propio e identificable. Por supuesto que hay riffs e ideas aquí dentro que en buena medida recuerdan al bueno de Thomas Fischer. Pero mentiría si dijera que cortes como la misma “The Architect” discurren por terrenos hasta ahora y, en cierto modo, desconocidos para ellos. Otro detalle a tener en cuenta es la disposición de los temas, o cómo la banda ha ido abandonando los eternos desarrollos de sus dos primeras obras en pos de creaciones más concretas y concisas. Por lo demás aquí están sus flirteos con el thrash sus descensos hacia el doom más descarnado y ciertos coqueteos con lo atmosférico e incluso lo cinemático. Todo ello dentro de una misma raíz y sin complejo alguno, trazando un tercer trabajo con todos los argumentos para suponer su confirmación definitiva.
“Dimensión V” pero no es el quinto sino el noveno largo ya para la agrupación granadina Azrael, primero tras la espantada de Manuel Arquellada “Maolo”, integrando la banda a día de escribirse estas líneas Tino Torres en batería, Zoraida Vidal a los teclados, J.M. Salas en bajo y coros, Oscar Espín y Enrique Rosales en guitarras y finalmente Marc Riera a la voz. Fue el propio Rosales quien se encargó de grabar, producir y mezclar el álbum en los Z Estudios de Granada, además de prestar su voz para el corte “Noche Infiel”. Con arte de Fernando Nanderas (Ankhara, Opera Magna, Centinela, Dünedain…) el álbum vio la luz el pasado año vía Demons Records.
“Ad Aeternum” se traduce en elegante intro al piano que, sobre una pátina envolvente, evolucionará hasta desembocar en “Vivir-Morir”, corte más rácano del largo y donde el doble bombo de Torres comanda un heavy metal clásico y sin dobleces. Clásica línea de voz, sencillo colchón de teclados, riffs a la alemana y un trazo sencillo y directo. Zoraida dejará aquí y allá pequeños pero hábiles destellos. Pero si por algo destaca esta bocanada de heavy metal vital y añejo, es por el buen solo que habrá de anticipar el epílogo. Aún siendo escueto como es. Un corte que, eso sí, merecía un cierre mejor que ese siempre engorroso fade out final.
“Sueños Rotos” se revela contra su predecesora a base de acoger un medio tiempo que, primero en riffs y después en estrofas me recuerda sobremanera a mis paisanos de WarCry. Hay aquí un trabajo más que interesante en lo que a voces se refiere. Limpios y graves jugando a contraponerse, al tiempo que Espín y Rosales dejan unos cuantos destellos de clase y buen hacer. Es un corte que termina por engancharme gracias a sus múltiples cambios de ritmo, en especial el que se produce durante sus estribillos. Así todo, echo en falta un bajo más alto en la mezcla que termine de dar el debido fuste y empaque a esas partes más enérgicas. La ración solista sí que disfruta ahora del debido espacio, brillando en consecuencia. De mis favoritas dentro del trabajo.
“Trece Rosas”, sin olvidarse del habitual heavy metal de la banda granadina, deja tras de sí un deje más melancólico, temática obliga claro, en el cual siento muy cómodo a Marc Riera al micro. Firme del mismo modo Tino Torres en el doble bombo y un corte que, a ratos, me recuerda sobremanera a los alemanes Helloween. Por ahí se sucede alguna que otra decisión no diré que desacertada en cuanto a planteamiento pero desde luego que sí en cuanto a ejecución, pienso en esa voz semi gutural que sucede a uno de los estribillos. Sí funciona, de nuevo, la buena dupla que forman Espín y Rosales. En cualquier caso una de esas historias que conviene tener siempre presentes.
“Noche Infiel”, con Rosales llevando la voz cantante, habrá de traducirse en el corte más extenso del álbum, que recoge el guante de unos Black Sabbath (“Heaven And Hell”), lo tamiza con arreglos propios del power metal europeo más elegante y termina confluyendo en un estribillo tan solo correcto. Pero me agrada esa escritura en crescendo y los buenos riffs en que Azrael se apoyan aquí. Puede que la letra que disponen aquí no me haga el mismo tilín que otras ofertas dentro del álbum, pero la duración más extensa de esta quinta entrega consigue que la banda brille más alto en lo que a ejecución se refiere. Rosales exhibe alguna carencia en el tramo final, particularmente a la hora de alcanzar los tonos más altos, pero “Noche Infiel”, a ratos también un remedo de los mejores Rata Blanca, termina erigido en uno de los cortes más curiosos y llamativos de este “Dimensión V”.
“Ni Un Paso Atrás” recuperará aquél tono más vivaracho que abría el álbum cara a entregar un heavy metal igualmente clásico, sencillo y directo. Destila de él un marcado aroma a directo, quizá a abrir sus directos, especialmente en lo tocante a estribillos. Ayuda una letra propia a ratos más propia de los Obús más desvergonzadamente ochenteros, sustentada cómo no sobre otra buena ración de doble bombo por parte de Torres. Con la ayuda de Iván Moreno en voces y de Mario Gutiérrez, en la parte final del solo guitarra, terminaría por convertirse en uno de los anticipos del trabajo. Algo tendrá.
“Tormenta” ahondará aún más si cabe en la vena más power de los granadinos. Y lo hará apoyándose en los teclados más prominentes de todo el álbum. Por contra, también con el Riera más desdibujado de todo el álbum. En especial a la hora de alcanzar los tonos más altos durante las primeras estrofas. Se suceden de nuevo buenos contrapuntos en voces, si bien los riffs pueden resultar un tanto planos en según qué parcelas de la composición. Buenos destellos de Zoraida tras las teclas en todo caso. También de la dupla Espín & Rosales, que dibujará aquí una sección solista a la vez exuberante, distinguida y elegante. Se han sucedido las escuchas y no dejo de pensar que el embalaje final resulta un tanto descompensado.
“Renacer” sorprende ahora con una producción más grave, oscurecida incluso, en lo que no deja de ser otra andanada de heavy / power metal germanizado y sencillo, revestido por buenos detalles de seis cuerdas y donde las teclas de Zoraida, aunque igualmente presentes, vuelven a hundirse en la mezcla, quedando como mero soporte de los aspectos más puramente metálicos de la composición. Vuelvo a sentir algo justo a Riera aquí, si bien no al punto en que lo hiciera en “Tormenta”. La sección solista, de un más que agradable clasicismo, debería hacer las delicias de todo buen fan del género. Poco o nada sorprendente por trazo, Azrael no tratan de descubrir la rueda aquí, y por lo tanto un corte de lo más funcional.
“Llorando Por Granada”, versión de la banda almeriense Los Puntos, que alcanzara gran popularidad allá por los setenta del pasado siglo, moderniza y endurece la original cara a finiquitar el álbum con un heavy metal de factura marcadamente clásica.
Buen regreso de la agrupación granadina tras la traumática salida del miembro fundador Maolo Arquellada. “Dimensión V” puede no ofrecer grandes sorpresas en cuanto a la construcción de los temas que lo integran, “Noche Infiel” al margen, lo que se traduce en cortes de construcción sólida que dejan traslucir pocas dobleces. Que las hay, en lo tocante a ciertos desequilibrios en términos de producción y también a alguna que otra ejecución por debajo de la propia media del disco. Pero cuando la banda brilla, pienso en un corte como “Sueños Rotos”, resulta de lo más disfrutable. También “Ni Un Paso Atrás”, dedicada a la figura del músico y mánager mexicano de origen andaluz Adán Moreno, tristemente desaparecido en julio de 2021, y que fuera figura clave para las bandas de nuestro país que buscaban hacerse un hueco en Latinoamérica. Vaya también nuestro recuerdo para él a modo de cierre de esta reseña.
La escena rock astur sigue ampliando sus márgenes. Acid Blizzard son los últimos en sumarse a un género en alza en el Principado, como demuestran el buen momento que atraviesan formaciones como Malverde, Green Desert Water o The Magus entre tantas otras. Ellos son Jim Connelly en voces, Pablo Regueiro a la batería, la dupla Javi Prado y Nacho Arteaga en guitarras y el bajo de Berto González más la ayuda de Victor Münster con los sintes. Este pequeño “Sleepless” que hoy nos traen consta de tres cortes grabados en el gijonés Kathedrale Estudio con producción de Alex Gato y Gonza Whiplash y mezcla y máster de Martín Van Keulen. El sencillo vio la luz el pasado doce de mayo.
“Sugar Cane” pronto convierte la ligereza de su pequeño prólogo en puro fuzz. Pero una distorsión que dará paso a unas estrofas construidas con sumo cuidado, plagadas de detalles y en las que la banda ya deja bien claras sus intenciones. Jim Connelly muestra de hecho un registro que se amolda como un guante a la propuesta del quinteto. Puedo echar en falta algo más de gancho en sus estribillos. Por otro lado, el vértigo de su tramo final y como éste se enfrenta a la algo alucinada línea de voz de Connelly me resultan más que convincentes.
Prólogo puramente ferroviario para la más alegre “Outta My Brain”, donde el nombre de sus paisanos Malverde suele atacar mi subconsciente con cada nuevo paso por ese arranque encendido y vibrante. Los Blizzard reconducen entonces hacia su versión más pantanosa, que alimenta tonos más llamativos por espaciales. Hay ciertos engarces entre estrofas que me recuerdan a unos Alice In Chains en su versión más primaria, mientras que ese trotar camino del cierre bien lo podría haber firmado unos Amon Ra del “Incarnatio”. Estupenda y fácilmente la que más ha crecido con el correr de las distintas escuchas a este “Sleepless”.
El cierre de este pequeño artefacto sonoro es para la propuesta más ambiciosa del mismo, esta “A.I Baba”, donde Acid Blizzard muestran un prólogo tranquilo, que no amanerado, con Connelly en su encarnación más amable, convertida su voz en poco más que un susurro. Clásico, a la par que agradable, el modo en que la banda va adentrándose en páramos que habrán de rozar la psicodelia más leve. Hay un estupendo trabajo de Regueiro tanto en las partes más rabiosas como en las más alucinadas, algo que habla muy bien del cuidado con el que la banda ha trazado (y ejecutado) esta tercera entrega. El epílogo, con el quinteto en su versión más acendrada, tiene algo que me recuerda a Acid Mothers Temple. Un buen remate para este pequeño primer paso de los astures.
Al fin y al cabo no hay gran viaje que no comience con un pequeño primer paso. El de los Acid Blizzard nos descubre a una banda que parece tener las cosas muy claras a la hora de encarar sus temas. Es cierto, tres temas, con una duración total por debajo de los quince minutos no dan como para trazar una composición de lugar sobre sus puntos fuertes así como sus posibles debilidades. En cualquier caso me resulta un trabajo lo suficientemente atractivo como para mantener la vista fija en la última oferta surgida de entre el vasto panorama que propone el actual underground asturiano. Bienvenidos sean.
La formación valenciana de power metal melódico Sylvania presenta de una tacada la extensa gira estatal que les traerá de nuevo a los escenarios asturianos. Tras su paso por el Karma Fest en septiembre del pasado año, en esta ocasión recalarán el viernes 25 de octubre en el ovetense Gong Galaxy Club para continuar con la presentación de su última obra de estudio «Purgatorium» editado vía Art Gates Records en diciembre del 2023.
No acaban ahí las novedades en la banda. Héctor Sierra (Astral Experience, Astral Kids) es su nuevo teclista, puesto que llevaba vacante más de diez años. Su debut en la formación tendrá lugar en agosto durante su paso por el festival Leyendas del Rock.
Su paso por la capital del Principado será compartido con el cuarteto power thrash madrileño In Vain que llegarán también con nuevo disco en el zurrón, «Back To Nowhere» editado este mismo año vía Fighter Records. El álbum representa la culminación del viaje de casi dos décadas de la banda en la escena del metal. Desde sus inicios en 2003, han publicado cinco discos, ganando reconocimiento por su estilo distintivo y sonido en evolución. «Back To Nowhere» ofrece composiciones que evocan al heavy metal clásico, mostrando el sonido, la maestría y la experiencia de la banda. Su poderoso directo les ha llevado a compartir escenario con bandas del calibre de Freedom Call, Astral Doors y Axxis.
Tercera entrega de los bilbaínos Valkyria, esto es, Borja Aguirre en guitarras, Roberto EstradaCastañeda al bajo, Jon Romero en baterías y Yeray Hernández en guitarra y voces. Para este “Indómito” han contado con la colaboración del DünedainNano en “Cenizas De Sangre”. Grabado, mezclado y masterizado en Chromaticity Studios como viene siendo habitual por el VhäldemarPedro J. Monge (Evil Seeds, Rise to Fall, In Thousand Lakes…) y adornado por el arte del Hex Drake (Incursed, Oxido, Tomb…) ha visto la luz a través de Maldito Records en formatos CD y digital.
Curiosamente, “La Cuna Del Silencio” irrumpe del todo menos silenciosa. Un prólogo de fuerza evidente, de esos que casi puedes sentir y hasta palpar, que desoye cualquier introducción mojigata y artificial para entrar pronto en harina y entregarnos un primer riff tan sencillo como pegadizo. No quisiera decir pegajoso. Puede no destapar el tarro de las esencias en lo que a estructuras se refiere. Pero su estribillo, al igual que el riff en que se apoya, se sostiene gracias a su no poco gancho. Y es que Yeray parece muy cómodo en esta línea de voz. No hay esfuerzos fuera de lugar, ni florituras de cara a la galería. Solo metal sincero y directo. Sin abusar en lo que a producción se refiere y lo suficientemente ágil como para abrir el álbum con buen pie.
“Ave Inmortal” vira de inmediato hacia un power más acomodado, que por momentos me recuerda a los propios Vhäldemar (ese cabalgar previo a la irrupción de la primera estrofa es 100 % Monge) y a través de la cual Borja y Yeray dibujan una más que interesante paleta riffera. Buenos cambios de ritmo para una composición que entreteje trazas clásicas, por ahí puede ser Saratoga otro nombre que acuda al subconsciente, y en todo caso la sensación de que el cuarteto está más cómodo y centrado que nunca. El obligado rodaje que trae consigo todo el tiempo transcurrido desde aquél “Principio y Fin” con el que iniciaran su andadura en 2016. Su letra, con la terrible lacra de la violencia de género como trasfondo, si bien puede no ser la más redonda de cuantas han alcanzado estas líneas referidas a dicha temática, no me resulta desdeñable de todos modos.
“Siempre Fuertes” suena a pura auto-reivindicación ya desde la primera estrofa. Algo más adornada, esos omnipresentes colchones de teclado, parece como si Valkyria hubieran tirado la casa por la ventana de cara a la construcción de este tercer corte. Y es que sus cambios de ritmo funcionan, el trabajo en cuanto a guitarras vuelve a brillar y la base rítmica de Estrada y Romero empasta mejor que nunca. Tanto la banda como el propio Monge se conocen de sobra, no obstante es su tercer trabajo juntos, y de alguna manera todo parece fraguar para bien aquí. Aquí y allá oigo ecos de los primeros WarCry que, a buen seguro, serán bien recibidos por los fans del género. Ayuda en ello, claro, el registro áspero de Yeray, pleno de carisma y fuerza aquí.
Más sobria y revestida de un mayor peso sinfónico, “Contracorriente” descubre a unos Valkyria en una clave más europeizada en lo musical, así como un aspecto lírico más asimilabe al metal de factura peninsular. Uno de esos cortes a los que les puede pesar una cierta autoconsciencia, ejemplificado en la sencillez de sus riffs o lo motivador de sus letras pero que la banda defiende con la firmeza de siempre. Borja Aguirre despliega un buen solo antes del epílogo y la preciosa localización donde grabaron el videoclip termina por redondear la oferta:
“Espíritu Indómito” profundizará en las pulsiones más abiertamente power del cuarteto, apoyando ahora la composición en una mayor amalgama de cambios de ritmo, de tono incluso, que dan pie a un estribillo que sorprenderá por su marcada dualidad. Muy firme Jon Romero aquí, desplegando un nervio, también una diversidad, que echo en falta en determinados momentos del disco. El solo, apoyado en esa misma bicefalia, puede ser fácilmente uno de mis favoritos del álbum. Yeray parece muy centrado aquí y, con el correr de las escuchas, acude a mi mente el nombre de Dragonslayer, particularmente el álbum “Sed De Mal” de 2005. Casi veinte años ya, chico, como pasa el tiempo.
“Parte De Ti” arranca en una versión más friendly y alegre del género, esa en la que Freedom Call siempre resulta una rima recurrente, para después virar hacia una balada de entornos tiernos y sosegados. A caballo pues entre la balada clásica y el medio tiempo, se introducirá en un crescendo del mismo modo clásico, aportándole algo más de color al disco y cumpliendo el expediente sin grandes alardes ni tampoco mayores errores.
“Vive Imaginación” rompe la calma previa para derivar hacia un power de ritmos vivos y baterías galopantes que desaparecerá toda vez irrumpan las primeras estrofas y regresará sólo como engarce de estas con los distintos estribillos. En la línea de voz de Yeray encuentro detalles que me recuerdan a Symphony X, no es mala señal esta, y en la composición en su conjunto la sensación de que la banda busca nuevos horizontes a los que llevar su bien conocido heavy de tintes europeos. Muy ágil Jon Romero a los parches, trazando una línea de batería no limitada de manera exclusiva a marcar el ritmo de la banda. Estupenda
“Cenizas De Sangre” es puro power a la europea, de largo allí donde más destaca la producción de Pedro J. Monge. También la colaboración del DünedainNano, mostrando una vez más su ya bien conocida destreza vocal, irrumpiendo aquí tan torrencial como acostumbra. De largo uno de los mejores frontman del género dentro de eso que ya solo los más rancios llaman “la piel de toro”. Suele suceder en cortes con invitado que la banda opta por construir trazos sencillos y predecibles. No es el caso. Si bien Valkyria se mantienen fieles y orgullosos dentro de las (a veces) férreas fronteras y barreras del género, el corte resulta lo suficientemente efervescente en lo gramático, también en lo técnico, como para reducir todos sus méritos a la voz invitada. Baste como ejemplo la estupenda construcción del puente que alberga los distintos solos de guitarra. Más allá de que conecto solo a ratos con su aspecto lírico, me parece otra de las grandes ofertas dentro de este “Indómito”.
“Zyklon B”, como ya sabréis si habéis gozado de una enseñanza escolar básica, fue entre otras cosas el gas utilizado por el régimen nacionalsocialista para asesinar por miles a prisioneros de sus infames campos de concentración durante la Segunda Guerra Mundial, que no última, al paso que van las cosas. En cualquier caso, cierra este “Indómito” dejando la sensación de que se trata de un corte más interesante por lo temático que por la forma en que Valkyria lo han llevado adelante, que a ratos se me antoja algo naif. Un cierre algo descafeinado…
… pero un disco que en la suma de todas sus partes muestra a una banda en gran forma. Pasaron por aquí a comienzos del pasado año junto a Monasthyr y Arenia dejando buenas sensaciones y han vuelto, “Indómito” mediante, a demostrar que se mueven como pez en el agua entre nuestro heavy de toda la vida y el power metal de poso más europeo. Ahí cobra vital importancia la buena labor de Monge a los controles. Realmente sientes que la conexión entre banda y su productor de toda la vida tiene mucho de simbiosis. Peo también hay una buena labor en lo que a composición se refiere y un Yeray Hernández cuyo registro desborda carisma casi en cada nota. Puede que no su confirmación definitiva como banda pero desde luego un paso más en su trayectoria ascendente.
Pues ya tenemos de vuelta a los chicos de Eternal Storm, la banda formada por Daniel Maganto (bajo, guitarras, voces), Daniel R. Flys (bajo, teclados, guitarras, voz principal) y Jaime Torres (bajo, guitarras, teclados, voces). No están solos en este envite pues se han rodeado para la ocasión de gente como Eloi Boucherie (Vidres a la Sang), Gabriel Valcázar (Wormed, Cancer, ex-Aposento), Rober Bustabad (Ovakner, Ruinas…) o un tal Dan Swanö, quien por cierto, carga con las debidas tareas de mezcla y master. Con el Aversio Humanitatis Simón Da Silva y el Terroristars Carlos Santos al mando de las grabaciones, sumado al artwork de Leoncio Harmr (Seth, Ars Moriendi, Lumen ad Mortem…), “A Giant Bound To Fall” fue puesto en circulación por el pujante sello indio Transcending Obscurity Records el pasado dieciséis de febrero.
La primera patada que da el álbum no podría resultar más determinante. “An Abyss Of Unreason”, que emerge de entre las profundidades, con un cierto aura misterioso inundando cada acorde, hasta llegado el momento en que la batería comienza a tomar cartas en el asunto. Es ahí donde nace la cara más melódica de la banda ahora radicada en Edimburgo. Pasan algo más de dos minutos cuando Eternal Storm, por fin, se hacen carne, promulgando su bien conocido melodeath sobre un nítido y potente blast beat. Aquí me agrada cómo la banda plantea las estrofas. La variedad tonal que muestran, la forma en que la producción carga con las distintas líneas incluso. No cuesta nada diferenciar los elementos presentes y equilibrio es la palabra que más acude a mi mente. Los estribillos, más acomodados, exudan melancolía. Y si me agradan las distintas contraposiciones que muestran aquí, no menos esos contornos más técnicos que irrumpen en el corazón mismo de la composición. No le faltará razón a quien piense que el arranque del disco peca de cierta pretenciosidad. Lo cierto es que como reza el tópico, estamos ante un corte de esos que ganan una barbaridad con las distintas escuchas. Repleto de capas, pequeños grandes detalles y decenas de aciertos.
Con todo un Sven de Caluwé (Aborted) colaborando por ahí, “A Dim Illusion”, que fuera una de las cartas de presentación de este nuevo largo, acomete firme un metal a medio gas, discurriendo ahora bajo una fuerte presencia sinfónica, que no hace por más que agigantar el deje más melancólico de este segundo corte. Interesante en cuanto a voces, ese rugir clásico del estilo, pero en las cuales creo adivinar flirteos de trazas más próximas al black más melódico. Aledañas a esas voces más agrias y ásperas surgen, claro, hábiles engarces entre estrofas. También pequeñas islas de calma tensa y que por alguna extraña razón tanto me recuerdan a los germano islandeses Árstíðir Lífsins. Desde luego no nos encontramos ante el clásico corte facilón y “radiable” sino ante una muestra más tanto de su buen nivel técnico como gramático. El fenomenal tronco central que apuntala la composición y el doble juego vocal que preceden al largo epílogo se sueldan al subconsciente con una fuerza y sentimiento inusitados. Estupendo trabajo.
Así las cosas, “There Was A Wall” arranca en tonos calmos y elegantes, dibujando un pequeño oasis antes de que la tormenta desate toda su furia superados los dos minutos de reloj. Y lo hace derivando hacia el lado más pesado y rocoso del trío antes radicado en la capital. También melódico. Hay voces limpias que bien podrían recordar a Alcest y propuestas adyacentes. Es un corte no tan ambicioso en cuanto a duración se refiere, pero eficaz en cualquier caso a la hora de ampliar el rango influencial de este segundo disco.
“Last Refuge”, con el ex-miembro Kheryon echando un cable en voces, contrasta con su inmediata predecesora de tanto en cuanto vuelve a desatar a los Eternal Storm más nerviosos en la que es por lo pronto una de las líneas de batería más decididamente ágiles de todo el largo. Aquí me gustan los contrastes que producen las voces limpias contra los blast beats. Y el negativo de estos, esas voces rocosas y oscuras en contraposición a unas baterías más juguetonas y diversas. Toda la composición parece avanzar a base de contrapuntos, lo que hace por convertir a este en uno de los cortes más peculiares, también interesantes, de este nuevo tracklist. Que abraza el black melódico en mayor medida y lo colisiona con estrofas de un muy marcado tono épico. Todo el trabajo en cuanto a guitarras que los chicos despliegan aquí me resulta más que digno. Tanto en las partes más nervudas como en aquellas donde reina una extraña calma y que por momentos parecen lindar con el post-rock más al uso. El solo que atraviesa el corazón mismo de la composición tiene un gancho de mil demonios. Es cierto que el epílogo se me atraganta a veces, quizá demasiado discursivo, pero en cualquier caso aprecio el juego entre capas que propone cerca ya del final.
La instrumental “Eclipse”, corte más rácano en cuanto a duración de todo el largo, supone otro pequeño oasis entre las largas diatribas que Eternal Storm han propuesto para esta nueva obra. Opera desde unos acomodados sintes a los que se irán sumando guitarras tibias y afinaciones leves que, de nuevo, me llevan a pensar en bandas cercanas al post-rock. La pausa antes de la tormenta, que casi parece invitar a la reflexión sobre el disco mismo. Sobre lo oído antes y lo que resta de aquí al final. Mi mayor pega al respecto es sentir que ese crescendo final bien merecía un mayor desarrollo, si bien teniendo en cuenta que la duración total del álbum supera con creces los sesenta minutos tampoco seré quien eleve a mayores la queja.
Superada la calma, “Lone Tree Domain” vuelve para poner las cosas en su sitio, Eternal Storm retornan aquí a una visión clásica del género, embutida en un medio tiempo que deja traslucir, creo que de forma equilibrada, la fuerte raíz progresiva que emana de algunas de sus composiciones. Con eso y con todo el riff que alimenta alguna de las estrofas aquí no podría ser más simple ni tampoco poseer más gancho. Pero es una vez más en la creación de los distintos contrapuntos donde la banda parece hacerse más fuerte. Se ensanchece* que diría Jebediah Springfield. El calmo tronco central derrocha tanta elegancia como melancolía, estupendos coros de Eloi Boucherie aquí. El viraje hacia una mayor intensidad que propicia el epílogo puede resultar algo brusco, al igual que ese retorno a la calma en el cual creo divisar ecos de los Cynic más recientes. En todo caso otra composición ágil y atrevida, resuelta con pericia desde el plano técnico y que viene a hablar y no precisamente mal del momento creativo en que se encuentran.
“The Sleepers” carga con el prólogo más extraño de todo el tracklist. Esas curiosa línea de batería serpenteando entre entornos tranquilos, a los que da pie posteriormente dibujando un metal paciente, de retazos casi shoegaze, que al virar hacia una mayor gravedad, acercan a Eternal Storm a territorios más propios del post-black más atmosférico. Juega un papel crucial aquí la colaboración de Dan Swanö, que termina por convertir a este en otro de los cortes más diferentes de todo el tracklist, con nombres como Heretoir o Ghost Bath acudiendo a mi subconsciente tras cada escucha. Cierto que sobre el papel y en términos puramente gramáticos no llame mi atención en la medida en que lo hacen otras entregas dentro del disco. Cierto también que aún así, su divergencia con el resto de cortes no hace sino aumentar su valor dentro del mismo.
Es entonces cuando llega “The Void” y desata la versión más descarnada, enfebrecida y casi diría furibunda del trío, que transiciona ahora hacia un death melódico cargado de fuerza y nervio. Baterías que vuelan, riffs que sacrifican complejidad en pos de una mayor pegada y voces maledicentes. Es desde luego un corte mucho más autoconsciente que aquella “A Dim Illusion”, lo que no quita para que en su tronco central anide un más que interesante y cuidado contrapunto entre las líneas de guitarra y voz. También un epílogo donde asoman los Eternal Storm más atmosféricos.
El cierre es para el tema título “A Giant Bound To Fall”, que me agrada por esa textura en crescendo desde lo reposado del prólogo hasta un entorno cercano al doom metal, inédito a lo largo de todo el álbum. Eternal Storm parecen fiarlo todo aquí a su propia pericia, trazando hábiles melodías de guitarra a modo de engarces entre estrofas, más asimilables a los grandes tropos que atraviesan este gigante destinado a caer. La pieza final del engranaje, el final de un viaje de casi setenta minutos, se dice pronto, donde sin embargo la atención apenas se distrae un instante…
… lo cual resulta en cierto modo fascinante. A través de las diversas escuchas a los nueve cortes que conforman este nuevo álbum de la tormenta eterna, pocas o muy pocas son las veces que mi atención se ha podido desviar del mismo. El paso que la banda ha dado desde su primer álbum, siento mientras escribo esto con “Last Refuge” sonando de fondo por enésima vez, es gigantesco. Y lo digo a sabiendas de que “Come The Tide” ya fue uno de los trabajos más apreciados de todo dos mil diecinueve. Pero esta nueva obra tiene casi de todo. Desde lo elegante y preciso de la producción pasando por la titánica labor gramática y terminando por la forma en que es capaz de picotear entre géneros sin perder jamás un único tronco común. Fiereza, gancho y elegancia conjugadas con precisión cirujana. Si buscaban su propia confirmación desde luego han dado en el clavo.
Ciclón estarán el próximo primero de junio en la remozada Sala Estilo de Oviedo junto con Ravenblood y Tatami, lo que me parecía una excusa tan buena como cualquier otra para recuperar su “Magia” del pasado año. Un álbum que congrega a Javi Endara al bajo, Pablo Yagüe en guitarras y Kike en guitarra y voces, amén de las baterías de Matías de Vallejo y la colaboración del HittenDaniMeseguer en “Lágrimas Negras”. Con producción de los ArwenDaniel Melián y José Garrido (Angelus Apatrida, Saratoga, Muro, Obús…), master de Tony Lindgren (Angra, Wolf, Cobra Spell, Blind Guardian, Powerwolf, Paradise Lost…), arte de José Antonio Vives (Ankhara, Saedín, Herética, Omission…) y diseño de Javier Pastor (Frenzy, Iron Curtain, Slowburn…), el álbum vio la luz allá por el mes de octubre.
“Intro” dibuja un arranque entre lo tormentoso y lo ochentero, esos sintes tan marcados del comienzo, para desembocar en una “Ave De Fuego” que pronto se adhiere a muchas de las máximas del hard heavy facturado de nuestras fronteras para dentro. Salta al oído ya desde el riff inicial. También en la construcción de las estrofas. Entiende uno rápidamente las diversas referencias de la portada. Hay un sonido de la caja que no me termina de agradar pero en definitiva no deja de ser un arranque óptimo, servicial, donde me agradan los riffs que trazan a lo largo de las estrofas. El estribillo, por contra, me resulta un tanto atropellado. El buen despliegue solista queda para un epílogo en el que saldrán a relucir unos Ciclón más técnicos a la par que intensos…
… trazando una senda que parece seguir la siguiente “Una Vez Más”. La banda gana enteros aquí, acercándose a unos Judas Priest pre “Turbo”, con Kike moviéndose ahora en registros más sucios, que no rotos. De construcción igualmente clásica, me agradan los detalles con que adornan los estribillos, así como esos pequeños riffs a lo Kai Hansen que preceden al tronco central. En él aprecio un buen solo de guitarra, que desemboca en un tramo final tan predecible como eficaz, con Kike atreviéndose con algún tono alto que otro. En su aparente simpleza, huele a fija en sus directos.
“Ése Es El Juego” se atreve ahora con un riff más juguetón. Sensiblemente más apaciguada, también más chulesca, despliega una línea de voz, también un aspecto lírico, que me recuerda sobremanera al bueno de José Carlos Molina y sus incombustibles Ñu. Aquí, a falta de flautas y violines, lo que hay son buenos guitarrazos de hard rock del de siempre. También un solo de guitarra al que siento un tanto constreñido. Soy consciente de que cada vez me quejo más de esto, también de que voy camino de parecer un abuelo cebolleta al respecto. Ruego comprensión.
El caso es que el disco alcanza esta “Desertor” a la par que recupera su versión más agitada, cercana al heavy/power metal de unos Tierra Santa del “Indomable” para regocijo de los muchos seguidores de los riojanos. A falta de un riff más redondo durante las estrofas, bien está la forma en que Kike encara estas líneas de voz. También la firmeza del AnkharaMatías De Vallejo tras baterías. El solo, a buen seguro uno de los más llamativos de todo el álbum, redonda una buena entrega de puro, auténtico y castizo heavy metal.
Lo mejor que se puede decir de la pequeña “Ciudad Perdida” es la forma en que rompe la tónica que venía desarrollando este “Magia” hasta la irrupción de esta andanada de puro hard rock amable, vivaracho y sencillo. Toda la composición está impregnada de un aire de lo más vitalista. Kike dibuja para ello una estupenda línea de voz y la banda sacrifica una escritura más intrincada en pos de la búsqueda de ese tono más optimista. Lírica inclusive.
El tema título “Magia” no descabalga de esos tonos más amables. Pero a la contra de su predecesora, ofrece un mayor cuidado en el dibujo de riffs. También en la construcción de melodías en apoyo de Kike durante estrofas. Al final constituye una buena andanada de hard rock igualmente luminosa, que gana en pegada sin olvidar el buen solo de su parte central. Tras él surge un puente tranquilo primero, orgánico después, con la producción y mezcla del álbum ofreciendo su mejor cara. Qué duda cabe una de las entregas más redondas del trabajo al que da nombre.
“Vencerás”, amén de un estupendo prólogo, vuelve a dejar un cierto aire a Ñu. También a los primerísimos Mägo de Oz. Kike no es José Andrëa ni falta que le hace. El madrileño traza aquí una estupenda línea de voz. Firme en estrofas y luminoso en esos buenos estribillos. Y ciertamente se desprende de ella una cierta épica, entendida al modo clásico, que bien la podría emparentar con ciertos momentos de los Rainbow con Dio al frente. Otra de las muchas referencias que adornan el propio artwork del álbum, por cierto.
“Lágrimas Negras” ofrece otro de mis riffs favoritos de “Magia”. También unas primeras estrofas confeccionadas con gusto. Esos crescendos tan clásicos. Son unos Ciclón que regresan a esa vena más heavy, más poderosa, pero que no olvidan el tono vitalista que el disco parece querer dibujar a lo largo de esta hipotética cara B. La colaboración del HittenDani Meseguer deja un explosivo solo camino del epílogo y todo fluye de cara a ofrecer otra de las ofertas más interesantes de este nuevo trabajo.
Un trabajo que cierra la calma del “Último Tren”. Balada de inicio clásico y agradable tránsito, en elegantísimo crescendo, hasta su redondo y emotivo estribillo. Soldada con firmeza al libro de estilo y por ahí tan firme como predecible. En su letra y a lo largo de las distintas escuchas, no dejo de recordar la figura del que fuera líder de Los SuavesYosi Domínguez. Esa melancolía inherente a las composiciones del orensano. Dicho sea de paso, salvando todas las distancias.
“Magia” supone una opción más que interesante para todo el que busque un buen disco de heavy / hard en nuestro idioma. Recipiente de influencias que picotean entre lo más granado de nuestra escena y lo más selecto de allende nuestras fronteras. Basta echar un vistazo a la propia portada. Por ahí, y aunque como dije al comienzo el sonido de la caja no me termina de cuajar, el álbum ofrece una mezcla bien equilibrada entre claridad y pegada. En el debe va una duración algo escasa, apenas treinta y cinco minutos, que revierte en algunos temas un tanto escuetos. Con eso y con todo un álbum más que meritorio. Nos vemos en Estilo.
Tras debutar con un álbum homónimo hace ahora casi diez años, proseguir con “Full Moon In Scorpio” dos años más tarde y lanzar “Rise Of The Serpent” en 2018, ya tenemos aquí lo nuevo de los heavy / doom / stoner vascos The Wizards. La base rítmica de Baraka Boy al bajo y Dave O. Spare en baterías, las guitarras de George Dee y Phil The Pain y la voz de Ian Mason se encuentran detrás de los ocho temas de este “The Exit Garden” publicado por High Roller Records allá por el mes de marzo. Mezclado por Mario Gutiérrez y Alberto Macías en Slippery Studio para posteriormente pasar por las manos de Víctor García (Aathma, Toundra, Wormed…) en Ultramarinos Mastering y recibir el fino arte del Smoke Signals Studio para la portada.
“The Exit Garden” cumple con el doble propósito de dar nombre e inaugurar el cuarto de los bilbaínos. Y lo hace sin dejar una sola gota de inspiración en el tintero. Apoyada en un gran riff al que da lustre la fina y equilibrada mezcla de Macías y Gutiérrez, nos traslada inmediatamente a un tiempo donde el rock era la música orgánica por excelencia. No exenta de alardes, las teclas que adornan su prólogo sin ir más lejos, me recuerda a ratos a los mejores Electric Wizard. También a mis queridos Blood Ceremony, aunque sin ese cierto poso tendente a la psicodelia de los canadienses. Un primer corte trufado de largos desarrollos instrumentales, ideales para quienes disfruten del rock and roll en su vertiente más setentera y vibrante. ¿Pero cumple el álbum con las promesas que hace este primer corte?
Porque desde luego parece que la banda ha echado el resto en ese primer corte. Lo que no quita para que “Full Moon In Scorpio” se destape como la versión más negruzca y aguerrida de los vascos. El pesado riff del prólogo impone su ley y la banda acomete ahora un rock más apesadumbrado, que vira hacia el doom sin mayores complejos. El alucinado solo que adorna ese prólogo tiene una pegada innegable. Y mientras que Ian Mason declama ahora en tonos que le asemejan a un Danzig de sus primeros álbumes en solitario, el corte adolece quizá de un estribillo más redondo. De mayor gancho. Pero esta vuelve a ser otra pieza bien calibrada entre composición y puro derroche instrumental. Estupendo el solo que acomodan camino del epílogo. Por tópico que pueda llegar a sonar, la banda demuestra aquí un nivel en cuanto a ejecución que poco o nada tiene que envidiar a cualquier foráneo.
Pero que me aspen si “Oniros” no recuerda a unos Ghost de sus dos primeros álbumes. Es verdad, Mason no canta tan “para dentro” como acostumbraba entonces el bueno de Tobias Forge, pero realmente siente uno cierto influjo, en particular durante el prólogo y las distintas estrofas. En parte porque las influencias son, desde luego, comunes entre uno y otros. The Wizards marcan distancias, y pienso que hacen bien, en unos estribillos más cercanos a su sonido y no tanto a la banda sueca. El corte emerge finalmente para bien con el paso fangoso y marcado de su cuidado epílogo. Ni tan mal para tratarse de un single adelanto.
Lo que son las cosas, ”Holy Mountain Mind” me sigue pareciendo una elección más lógica para tal fin. Atravesada por el estribillo que más ha arraigado en mi subconsciente tras las sucesivas escuchas, representa una vuelta hacia la vertiente más trotona y directa del quinteto radicado en Bilbao. Qué duda cabe, mucho más facilona y previsible que el trío de ases con el que da inicio el disco, lo que no quita para que sea un tema con el que disfruto en buena medida. Con sus buenos cambios de ritmo, su equilibrada producción y algún que otro solo de mérito.
“Equinox Of Fire” no difiere en exceso de su inmediata predecesora, pero en cierto modo da la impresión de ser una oferta mucho más cerebral. Que da rienda suelta ya durante el cuidado prólogo a la cara solista más deslenguada del quinteto. De hecho la banda parece sintonizar ondas más chulescas ahora, plantando sus reales a medio camino entre el hard y el doom rock, con Mason en algunos de los tonos más altos de todo el redondo. Crepita el bajo de Baraka Boy durante las metódicas estrofas. Y aunque la banda da con un estribillo al que quizá eche en falta una pizca más de garra, bien está el solo de guitarra que ocupa el tronco central, así como el cambio de ritmo del epílogo.
“Questions” dará un pequeño respiro con ese prólogo con anclaje en tonos baladeros que viene a calmar los altos biorritmos en que se había movido el disco hasta ahora. Huelga decir, cuidado hasta el más mínimo detalle, con esas guitarras casi prístinas y el registro más liviano de Mason. Superada la barrera de los dos minutos, el corte redirige hacia un rock en franca rima con los momentos más vibrantes de “The Exit Garden” para, por puro contraste, generar alguno de mis momentos favoritos del disco. Por lo disfrutón que está Dave O. Spare en esas partes más intensas. Por el buen nivel técnico que vuelven a mostrar George & Phil. Y, finalmente, porque la banda encuentra, ahora sí, un estribillo redondo y memorable, con un leve deje melancólico nada impostado, que entra a la primera. El duelo solista previo al descosido epílogo viene a redondean otro de los grandes hallazgos de este cuarto disco. Estupenda.
“Crawling Knights” vuelve a poner calma en mitad de la tormenta. Inicio sosegado pero hábil, con esas guitarras en una clave que roza la psicodélica. Es el corte más extenso del álbum y se podría decir que la impresión es la de que la banda echa el resto. La progresión de sus estrofas camino de estribillos no podría estar más cuidada. La nostalgia que emana de su línea vocal, los buenos coros que acompañan a Mason, solidarios a los contrapuntos que emergen de las distintas líneas de guitarra. Y todo para confluir en un tronco central que lleva a The Wizards a ofrecer su cara más ardiente y disfrutona. Quienes se quejan, no sin motivos, de la falta de buenos solos de guitarra en el rock y metal actuales, gozarán del festín acometido aquí por George Dee y Phil The Pain, enfrascados en una serie de duelos de los que ya no se estilan. El epílogo, con vuelta a los sonidos tan tendidos del prólogo, finiquita el particular uróboro de los vascos. Magnífica.
“Dawn Of Another Life” y sus contornos tranquilos, apenas la tenue voz de Mason sobre un marcado colchón de teclas, al que más adelante se sumarán, aunque sea de manera tímida, ambas guitarras, finiquita lo nuevo de The Wizards con una cierta sensación de distinción. Elegante calma después de la tormenta. Después de todo, “It´s time for the dawn of another life” (Es la hora del amanecer de otra vida).
Los chicos tienen razones de sobra para estar satisfechos. Y quienes gusten del hard / heavy con trazas doom de inconfundible aroma clásico, motivos para celebrar. En un tiempo donde el metal camina de la mano del puro artificio, “The Exit Garden” propone una vuelta a los orígenes trazada con sumo cuidado pero ejecutada con la mayor de las libertades. Pocas cortapisas parece haberse puesto la banda a la hora de ejecutar los ocho cortes. Líneas de voz sentidas y con gancho y unos cuantos solos para el recuerdo. Riffs de mérito y una base rítmica que crepita y galopa desde el buen gusto, sin excesos ni manierismos. Un disco que me tiene enganchado desde hace semanas y al que bien haríais en pegar un par de escuchas. No salgáis luego con que nadie os avisó.