La presentación en vivo en Asturias de «Aftermath» el nuevo disco de Angelus Apatrida contará con las bandas locales Sydius y Burnt To Death como bandas invitadas. La cita en la gijonesa Sala Acapulco tendrá lugar el sábado 2 de diciembre.
El 8º disco de estudio de los manchegos se colaba directamente en el 4º puesto de la lista de éxitos nacionales en el momento de su publicación, recibiendo excelentes críticas de los medios especializados. Las formaciones locales Sydius y Burnt To Death también llegarán a Gijón con nuevos trabajos bajo el brazo, «Aporía» y «Doomed By Reality» respectivamente, de los que hemos dado buena cuenta en esta web. Entrada anticipada 20€ disponible a través del siguiente enlace a Wegow: https://www.wegow.com/es/conciertos/angelus-apatrida-en-gijon
Activos sin interrupción desde su formación en 1994 el trio extremo cántabro Karonte afronta su 30ª aniversario con una gira que tendrá parada en Asturias en febrero del próximo año. La cita será en la ovetense Lata De Zincel sábado 17 acompañados por los thrashers bilbaínos Frakture, recién confirmados para la próxima entrega del Karma Fest y los gijoneses Nuevecondiez actualmente inmersos en la creación de su próxima obra de estudio.
Presentarán su nuevo álbum «Nacer – Sufrir – Morir» editado el pasado 28 de octubre a través de Dead Sheep Prods. Grabado, mezclado y masterizado en K-215 Studios cuenta con el diseño de Hard As Iron Studio. El lanzamiento más inspirado y elaborado del trío cántabro cuenta con 9 temas y lo el sonido personal acuñado durante su trayectoria. Una apuesta por señas de identidad propias, un sonido basado en potentes riffs a medio tempo, notable uso de la melodía y la inclusión de solos más propios del heavy metal tradicional, además de ser una de las pocas bandas que apuestan por el death metal en español. Letras que narran la parte más oscura y miserable de una existencia llena de desgracias desde que nacemos hasta el final de nuestros días, pudiendo encontrar algunos de los temas más brutales y violentos que la banda ha compuesto hasta la fecha, sin olvidar la parte más melancólica del metal extremo, acercándose por momentos al doom metal. Con apertura de puertas a las 20:30 horas, el precio único en taquilla es de 10€.
Desde Castellón los folk metaleros Lépoka presentan los primeros detalles de su nueva obra de estudio «Dios Está Borracho» que verá la luz el 23 de febrero del próximo 2024.
01 Dios Está Borracho 02 Brindo Por Verte 03 ¿Dónde Vas? 04 Antes Del Amanecer 05 A Las Calles 06 La Nit És Nostra 07 Contando Al Andar 08 Un Año Más 09 El Dorado 10 La Misma Habitación
Con portada de Joel Marco, el primer sencillo promocional en forma de videoclip es la canción «Brindo Por Verte«, una producción llevada a cabo por Cocowork Filmsque sintetiza la nostalgia y la energía que transmite el tema. El reencuentro con un ser querido, el siempre evocador mar y unos guiños a la cultura mexicana dan como resultado una canción más que idónea para estos meses otoñales. La presentación en vivo del nuevo álbum tendrá lugar en el festival Viña Rock 2024.
Muchas veces la música en general y el metal en particular no son más que un juego de expectativas. Las que había con el debut de KK’s Priest eran bastante altas y, debates individuales al margen, podemos concluir que el álbum nunca llegó a cumplirlas del todo. Sesenta y cuatro sobre cien tiene de nota media “Sermons Of The Sinner” en la llamada “Encyclopaedia Metallum” sin ir más lejos. Sea como fuere y ya con el veterano Les Binks fuera de la disciplina de la banda, cuyo puesto tras los parches ocupa ahora el Cage y ex-Ross The BossSean Elg, aquí siguen Tony Newton al bajo, A.J. Mills en guitarras, Tim “Ripper” Owens en voces y sobra decirlo K.K. Downing también en guitarras.
Con producción del propio ex-Judas Priest, “The Sinner Rides Again” ha vuelto a grabarse bajo el mismo equipo que hiciera lo propio en el anterior trabajo. A saber: el bajista Tony Newton y Anthony Wall, con la diferencia de que esta vez ha sido el PyramazeJacob Hansen (Anubis Gate, Xandria, Avantasia, Volbeat, Doro, Evergrey…) quien se ha encargado de mezclar primero y masterizar después las nueve pistas que contiene este segundo esfuerzo de los británicos. En la portada, más fea que el precio de los alquileres si me preguntan, repite Andy Pilkington (Flotsam and Jetsam, Tygers of Pan Tang, Fifth Angel…) para un trabajo que vio la luz a finales de septiembre a través del sello austríaco Napalm Records.
“Sons Of The Sentinel”, que irrumpe solemne y poderosa, transige pronto hacia un metal vigoroso y rotundo. De revoluciones altas y donde Owens percute con sus agudos marca de la casa. El de Akron puede no epatar del modo en que lo hiciera en aquél ya lejano “Jugulator”, el tiempo pasa para todos, pero parece seguir guardando unos cuantos trucos en su particular chistera. Aún cuando suena algo forzado, que es el caso. Sorprende en cualquier caso lo frontal del estribillo y el riff tan simple, pero tan efectivo, sobre el que se apoya. El puente, que recupera para el fondo aquél deje solemne del prólogo, da obligado paso a la inevitable ración solista. Duelo éste que parece un cruce entre los ídem de “The Sentinel” y “Hellrider”. Un inicio sin grandes sorpresas ni tampoco mayores dobleces. Digno y bien dirigido. Poderoso incluso.
“Strike Of The Viper”, hasta el día de hoy el corte más escueto que haya entregado la banda, deja escapar muchas buenas ideas precisamente por lo raquítico de su propia duración. Owens parece más cómodo en estos tonos más rabiosos, disfrutando como un enano mientras acomete una de las líneas de voz más perpendiculares de todo “The Sinner Rides Again”. La otra vendrá más adelante en el tema título. Hay buenas armonías aquí y allá, y entiendo que la intención era entregar la cara más rotunda de estos KK’s Priest. Pero se suceden las escuchas y siempre termina por saberme a poco.
“Reap The Whirlwind” tiende un riff casi motörheadiano, permítaseme el vulgarismo, para lo que no deja de ser una pieza de metal sencilla, vivaracha, directa y al pie. Con la firme pegada del californiano Sean Elg durante estrofas y una construcción más hábil durante el reluciente despliegue solista del puente. Que no sorprenderá a quienes lleven toda una vida siguiendo los pasos del rubio guitarrista de Birmingham pero tampoco puedo decir que desagrade. Pero otro corte que palidece, aunque solo en parte, por una duración algo escueta. Son setenta y uno los años que tiene el, a día de escribirse estas líneas, todavía ex-Judas Priest, y la consigna, al menos en lo que vendría a ser la cara A del hipotético vinilo, parece clara, Al menos si uno recuerda la duración media de los cortes que integraban aquél primer álbum de 2021.
“One More Shot At Glory” calma por fin las altas revoluciones por las que venía transitando “The Sinner Rides Again”. Y lo hace redirigiendo hacia un medio tiempo al que beneficia un riff pegadizo, con clase y un gancho de mil demonios, así como una producción encargada, a ratos, de otorgarle una mayor épica al conjunto. Un corte que acelera el pulso en su tronco central, acogiendo ahí unas vibraciones más asemejables al resto de cortes aquí presentes. El solo, que perderá en velocidad para ganar en melodía, reluce como pocos dentro de este tracklist. Y es que “más”, en este caso velocidad, no ha de ser siempre sinónimo de “mejor”. Owens por su parte parece más en sintonía aquí, desde luego más natural que en aquella “Sons Of The Sentinel”, lo que contribuye finalmente a componer una línea de voz a la que no le faltan ni gancho ni tampoco punch. A día de hoy una de mis favoritas de esta segunda venida de KK’s Priest.
“Hymn 66” aún hará más por rebajar esas altas pulsaciones, descendiendo a territorios lindantes (que no tocantes) con el doom más primigenio y elemental. En especial durante las primeras estrofas del mismo, moviéndose así hacia un terreno apenas explorado por el guitarra de los West Midlands. El corte va y viene, propiciando buenos cambios de ritmo, bien aprovechados por Elg para tramar una línea de batería ágil hasta casi la contorsión. Y no obstante el resultado final no ha llegado a engancharme del todo. Puede que el problema resida precisamente en lo brusco de sus distintos cambios de rumbo. Cambios que alcanzan a sonar algo aleatorios. Impostados incluso. Tampoco ayuda un estribillo que, esfuerzos de Owens al margen, desbarra a la hora de buscar una mayor épica, destapando finalmente una acuciante falta de gancho. Que fuera una de las elegidas para la promoción del álbum entra para mí en lo enigmático. Lo arcano si me apuran.
Sin llegar al deslenguado descaro de Burning Witches con su “World On Fire”, cierto es que las primeras estrofas del tema título “The Sinner Rides Again” siempre me recuerdan a “Judas Rising” del sacerdote. Un corte clásico del señor Downing: buena construcción, hábil juego tonal incluso y una producción hábilmente situada entre los formalismos que exige el presente y la lealtad a la que obliga el pasado. Hay algo en la línea de voz de este sexto corte que habrá de desligarlo del resto, mostrando a un Owens en tesituras más formales, si por formales entiende uno más convencionales. Todo contribuye a hacer de este otro de los cortes más distintos del tracklist, jugando en este caso a favor. Acierta, pienso, allí donde falló la anterior “Hymn 66”. Aunque como siempre digo, estoy abierto a debate.
Larguísimo prólogo el de “Keeper Of The Graves”, muy en sintonía con lo que Judas Priest vinieron a proponer en un álbum tan denostado y a la vez incomprendido como fue “Nostradamus”. Owens, otras veces tan exuberante, sobreactuado incluso, reserva para esta introducción una de las interpretaciones más subyugantes que se le recuerdan. Y todo para que luego el corte vire de forma dramática hacia un metal tan poderoso y firme como convencional y un tanto predecible. Que acierta, al menos en lo que a intenciones se refiere, porque los coros que se suceden a lo largo y ancho del corte no podrían sonar más desangelados. El epílogo, sí, recupera los sonidos del inicio y propicia la habitual construcción circular. Tan clásica. Tan efectiva. Pero siempre pienso que podría haber sido uno de los emblemas de esta segunda entrega y entre unas cosas y otras termina quedándose en tierra de nadie.
Funciona mucho mejor “Pledge Your Souls”. Quizá porque lejos de exigirse más de la cuenta, abraza un convencionalismo que a estas alturas del disco resulta, por irónico que parezca, de lo más refrescante. Todo funciona en esta receta tan sencilla como elemental, amén de que la banda parece especialmente lúcida en lo que a ejecución se refiere. Estrofas, solos, estribillos, puente. Todo está donde debe de estar y si tengo que ponerle un pero, es ese engorroso fade out final. Un corte que habría de agradar a los fans más irredentos así como entregar buenos réditos sobre las tablas.
En un universo paralelo, fue Ronnie James Dio y no Tim “Ripper” Owens quien entró en Judas Priest tras la salida de Rob Halford. En algo así pienso cada vez que alcanzo el corte final “Wash Away Your Sins”. Que el propio vocalista estadounidense integrara una banda tributo al pequeño elfo no hace sino acrecentar la idea en mi subconsciente, amén claro del propio riff que Downing propone aquí y que parece huido de algún postrero álbum del frontman nacido en Portsmouth. En definitiva un corte llamativo por lo anecdótico de su propuesta y no tanto por lo redondo de su factura, convencional y anodina pero sin las buenas hechuras de, sin ir más lejos, “Pledge Your Souls”.
La cuestión es si esto mejora no ya a “Firepower”, quizá el definitivo canto de cisne del sacerdote, sino a aquél “Sermons Of The Sinner” de 2021. Y lo cierto es que pienso que sí. Este pierde diez minutos de metraje con respecto a aquél al que sucede y KK’s Priest dan la impresión de estar ahora más concentrados, de ser más sabios. Cortes como “One More Shot At Glory” o el tema título me parecen entregas que superan tanto en escritura como en ejecución, incluso en feeling, a cualquier corte del debut. No diría lo mismo de otras como “Strike Of The Viper” o en especial “Hymn 66” pero es que nadie dijo que sacarse de la manga una obra maestra pasados los setenta fuese sencillo. En ningún caso. De todas formas quienes busquen aromas clásicos, cortes bien producidos (salvo los pequeños detalles apuntados) y un vocalista de esos que ya no quedan, bien harían en dejarse caer por esta segunda venida de la banda.
Los ovetenses The Magus estrenan «Rock’s For Pussies» como presentación de su ópera prima «Shinin’» de próxima publicación.
El quinteto ha cocinado a fuego lento este debut en Ovni Estudio con Dani Sevillano a los controles. El artwork es obra de Paulo Fernández. Así suena «Rock’s For Pussies«:
Litostvienen de Valencia y en la info que nos adjuntan desde el sello catalán Blood Fire Death dicen practicar una mezcla de black, death y crust. Credenciales que uno tal vez no adivinaría viendo según qué fotos promocionales del cuarteto formado por Daniel (batería), Pedro (bajo y voz), Joaquín (guitarra y voz) y Manri (guitarra y voz). Este “Pathos”, que viene a suceder al debut “Ethos” de 2019, contó con Luis Varó para la grabación de baterías en BlackStage Studio mientras que el resto de voces e instrumentos vinieron al mundo de la mano de Manri, a la sazón fundador de la formación mediterránea. Las pistas resultantes serían convenientemente mezcladas y masterizadas por el BalmogJavi Félez (Altarage, Spectrum Mortis, Blazemth,Ouija, Foscor…) en los Moontower Studios. Con artwork de Pablo Ruiz Valls, el álbum se encuentra en la calle desde el 17 de marzo.
Literalmente tormentoso el prólogo de una “Tromba” que pronto transige hacia un metal extremo de fortísimo poso melódico. A través de un cuidado trabajo de guitarras y mientras Daniel descerraja la caja de su batería como si ésta le debiese dinero, la banda construye un arranque de álbum destinado a enganchar lo antes posible al oyente. Pero es toda vez alcanzamos las primeras estrofas que la composición muestra el verdadero músculo que se esconde tras este nuevo álbum. El equilibrio que logran entre ese fuerte influjo melódico y lo agónico de sus líneas de voz puede no resultar novedoso a estas alturas pero tampoco puedo decir que le falte pericia. Al contrario.
“Espectro” recrudece las esencias de Litost mientras prosiguen los blast beats incesantes y las voces agónicas. Todo rodeado de cuidados engarces entre estrofas, la banda saca músculo y de qué forma, para después perderse por toda una serie de cambios de ritmo que van desde lo más espacial y atmosférico hasta incluso la introspección semiacústica. Litost amalgama toda su maraña gramática con la solvencia que da una mezcla que distingue, sin mezclar, cada una de las líneas. Cada uno de los instrumentos. Irreprochable “Pathos” en este sentido. Agónico y tremebundo epílogo. Estupenda.
Sorprende la instrumental “Vigilante Del abismo”. Orquestal cinemática, de una épica desgastada, quizá no del todo acorde al leitmotiv del álbum, y que en cualquier caso nos transporta hasta una “Emboscada” que rezuma urgencia desde el primer acorde. Black, crust y viceversa fusionados para dar origen al corte más desquiciado de los ocho. Guitarras que dibujan melodías casi psicóticas, voces que más que gritar, aúllan, y una más que enrevesada línea de batería para dar forma a un corte que a falta de una duración mayor, condensa en ni tan siquiera cuatro minutos lo más demente de Manri y los suyos.
“Simún”, “temporal fuerte, cálido y seco de viento y arena, que sopla en el Sahara, Palestina, Jordania, Siria y los desiertos de Arabia. Su temperatura puede sobrepasar los 54 °C, con una humedad por debajo del 10%” en palabras de doña wikipedia, bien podría asemejarse a la tricefalia de una hidra. El paso más acompasado de su primer tercio, el más descosido que domina su tronco central y, finalmente, el más atmosférico que emergerá cerca del epílogo. Trazo poderoso, lleno de recovecos, que la banda resuelve sin sacrificar un ápice de intensidad. Otra de las grandes ofertas de este segundo trabajo.
“Barján De Céfiro”, también instrumental, se conduce esta vez hacia tonos más orientales, dejando entre medias un fuerte regusto que, tal vez por mi estrechez de miras en estos casos, me recuerda a los trabajos en solitario del NileKarl Sanders. A término irrumpe “Vendaval”, de nuevo instrumental y en la que Litost dan rienda suelta a su faceta más melódica mientras allana el camino para la ensalada de solos que se desatará más adelante. Todo bajo una firme y por momentos casi marcial batería de Daniel, que apenas pierde ripio a lo largo de estos cuatro minutos de técnica fulgurante. Curiosa cuanto menos.
Para el cierre queda el corte más extenso de este nuevo álbum, los cinco minutos largos de una “Galerna” que, para sorpresa de casi nadie, aglutina muchos de los grandes rasgos que identifican la particular forma de componer de los valencianos. Que de todos modos no resultará nada reiterativa o redundante pues está dispuesta a través de tonos, hasta cierto punto divergentes conforme a los dispuestos con anterioridad dentro de “Pathos”. Un gran cierre.
Litost “término acuñado por el filósofo checo Milan Kundera y relacionado con la introspección y la miseria humana” les viene que ni pintado. El disco puede tener como lastre lo exiguo de su duración. Ocho cortes, varios de ellos instrumentales, para treinta minutos de música, puede pensarse son poca munición en unos tiempos donde los álbumes de cincuenta, sesenta o incluso setenta minutos están a la orden del día. La otra cara de la moneda es que, por ahí, “Pathos” apenas ofrece fisuras. Bien pensado desde el papel y mejor ejecutado, la banda da la sensación en todo momento de estar muy segura de lo que ha hecho. Y se nota.
«Invincible Shield« el que será 19º álbum de estudio de Judas Priest verá la luz el 8 de marzo del próximo 2024. Tras la presentación de la portada llega el turno del primer adelanto bajo el título «Panic Attack«.
El nuevo disco, primer lanzamiento de la banda en 6 años, llega tras las celebraciones por el 50ª aniversario de la formación británica y constará de 11 canciones, 3 más en la versión deluxe y verá la luz en formato digital, CD, vinilo y cassette.
Y meses después de nuestra última visita, regresamos a la Ángeles y Demonios, esta vez con motivo de la presentación de “Gruñidos”, primer álbum de la banda de rock Chabacanos. Con una más que buena entrada, pocas veces habremos visto tan concurrida la sala gijonesa y en solitario, echándole morro al asunto, que de eso va también el rock and roll, la joven agrupación asturiana salió a escena dispuesta a buscarse su hueco en la concurrida escena regional.
Faltaban cinco para las diez cuando Ghe (batería, coros), Berti (bajo), Jorge Tello y Edu (guitarras, coros) y Álex Mallada (voces) irrumpen en la coqueta sala gijonesa de cara a brindarnos casi hora y media de auténtico rock urbano.
Porque los efluvios de bandas como Marea, Extremoduro, Sínkope incluso Platero y Tú (estos un tanto menos) son sensibles desde que el quinteto arranca con “Piel de Humo” y se dejan sentir las primeras estrofas. Chabacanos parece ser la típica banda que no engaña en cuanto a pretensiones y por ahí la solidez de sus composiciones termina por salir a la luz.
Además su propuesta parece haber caído de pie. Al menos en la ciudad de Melchor de Jovellanos. Como decimos no era poca la gente que se agolpaba el viernes en la Ángeles, una buena muestra del interés suscitado ya por el joven quinteto de rock and roll. Más allá de las obligadas pausas para afinar, se suceden temas como “A Pleno Pulmón” o “La Ruinera” mientras dejan en todo momento la sensación de estar cómodos en escena. Si había nervios en el seno de la banda, que con toda probabilidad sí, desde luego no se dejaron notar. Los chicos parecieron disfrutar en todo momento del show y así nos lo harían saber.
Suena “Boni” en recuerdo del tristemente desaparecido guitarra de Barricada, referente que parece más que claro en el imaginario de los asturianos. Comprometidos sin llegar a lo panfletario, el papel de Mallada como frontman es sincero. Seguro también. Su registro no engaña y el chico tiene carisma para lidiar con el público. Fácil, claro, cuando tienes a tanto buen amigo delante del escenario. O incluso dentro de él, con la ocasional colaboración de David a la guitarra y coros.
Pero también cuando el mentado vocalista se lía la manta a la cabeza (o en este caso, el pañuelo) y se queda solo para una pequeña intermisión en el set. Nos pareció feo el detalle de que muchos aprovecharan para salir a echar un cigarro. O lo que fuere. Dentro de la sala siguieron el rock y las buenas vibraciones toda vez la banda regresó en completo a escena para encarar ya una segunda mitad del show que arranca “Les Rexes”, donde musican un poema, cuentan, lanzado por un recluso a través de las rejas de la antigua cárcel de Oviedo.
Retornó pues la distorsión y con él la gente que se había ido fuera. Con una buena amiga del quinteto como Sandra (Dr. Nekro) echando un cable en tareas vocales y una audiencia cada vez más enchufada, no las prometíamos muy felices en este tramo final. La banda supo responder al calor recibido. El sonido, si bien a veces costaba seguir la voz de Mallada, no podemos decir que fuera malo. Contaban con un siempre seguro Nefta a los controles. Fue el encargado de grabar “Gruñidos” y desde luego les conoce bien.
“Del Cielo al Suelo” fue una de las más celebradas de este tramo final. Y “Que la Tierra…”, original de Mala Reputación, fue sabiamente llevada al terreno algo más callejero del quinteto. No era poco el calor reinante en la Ángeles y Demonios en este tramo final donde la banda aborda los acostumbrados bises y se deja oír el ineludible “otres tres” por parte de una audiencia entregada y muy por la labor. La banda desliza para el cierre “Falsos Profetas” y “Animal Peligroso”, finiquitado casi hora y media de buen rock and roll.
Hay un cierto tipo de sensaciones que solo bandas como esta saben generar y se nota. Un tanto perpendiculares al tipo de música que solemos traeros a estas líneas, intentamos ser flexibles y a pesar de ello los días siguen teniendo solo veinticuatro horas, lo cierto es que como dije más arriba la banda parece haber caído de pie en nuestra escena. No hemos cubierto muchas presentaciones de un primer álbum en donde la audiencia resultase tan amplia en número y tan entregada en causa. La más cercana que se nos ocurre fue la de Aneuma, precisamente en la misma sala hace ahora casi un año.
Chabacanos, en definitiva, no engañan ni tampoco defraudan. Algo muy importante en proyectos de nuevo cuño como es el caso. Ya habrá tiempo de buscar un sonido más personal e identificable. O no, mientras nos sigan dando buenas raciones de rock urbano y sincero como hicieron la noche del viernes.
Como viene siendo habitual, no queríamos despedir esta crónica sin mandar nuestro agradecimiento a Rheme Peláez por todas las facilidades así como un saludo a Nefta, Gin, Turo y Lili. Nos vemos en el siguiente.