Los langreanos Cuenta Pendiente nos presentan su nueva alineación tras los cambios sufridos en el último año.
Con la llegada de Miguel «Michi» Fernández (Los Rasca Fondos) a la batería, Pepe y Sergio Amieva (Infernal Blood) a las guitarras, la formación que mantiene a los veteranos Jorge Alonso al bajo y Manu Crespo a la voz prepara sus próximas novedades musicales en los Breakdown Studios.
Aún con los ecos de su concierto junto a Narwhale resonando en el subconsciente (crónica) toca volver sobre aquellas canciones y resumir aquí las sensaciones que nos deja este “Resemblance” con que debutan los asturianos Honara. La banda, formada por Antonio Alcaide, Guillermo Villán, Carmen García, Moisés Fernández, Robert Smith y Raúl Fernández entrega nueve temas grabados entre noviembre de 2022 y diciembre de 2023 con producción del propio Alcaide y Nacho Angulo de Treeline Audio como ingeniero de sonido, encargado igualmente de mezcla y master. Con fotos de Frankie Sánchez y diseño artístico de Raúl Fernández, el álbum vio finalmente la luz el pasado siete de enero.
“Threshold” procura una tranquila entrada al álbum. El bajo, como ya me sucediera el pasado sábado, me recuerda al bueno de Justin Chancellor, a la sazón bajista de las luminarias progresivas estadounidenses Tool, y la composición avanza tranquila entre dejes oníricos y un elegante uso de los distintos arreglos. Para cuando las guitarras ganan terreno e irrumpe la voz de Carmen, el disco hace gala de una estupenda producción. Para nada habitual en no pocos debuts que llegan hasta nuestras manos.
El caso es que “Sonar”, con colaboración de José Mora (Totengott, Mad Rovers, Humo), adopta tesituras tranquilas, arrimadas a un progresivo que sigue teniendo cierta querencia por la banda de Maynard James Keenan. La mezcla, que no podría ser más equilibrada, coloca la voz de García muy en primer término, con los coros más rotos y agrios como brusco contrapunto durante estribillos. Brilla ahí la amplia formación astur, arrimándose hacia terrenos más propios del sludge más atmosférico. La comparación con Cult Of Luna es, a ratos, inevitable. Tras atravesar un puente intenso y desatado, con Honara dando su mejor versión, todo culmina en un epílogo retorcido, más próximo al prog, que ya da muestras de las pocas barreras que el sexteto ha puesto en lo que a composición se refiere.
Da buena cuenta de ello el primero de los temas largos del álbum, este “Earthworm”, y no solo porque su prólogo me recuerde a una banda que podríamos denominar como post-Tool, no otros que los suecos Soen. La composición sin embargo, y toda vez supera ese prólogo, vuelve a enfrentar ambos registros vocales, separando sus caminos de la banda de Joel Ekelöf mientras echa mano de riffs ruidosos pero eficaces. Brilla Villán tras baterías. Tanto en las partes más descosidas como en las más tranquilas y atmosféricas. De hecho este remanso de paz que implementan aquí y los dibujos que hace el propio Villán parecen emparentar de manera más o menos directa con los que Gavin Harrison propone para bandas como Porcupine Tree o The Pineapple Thief. Me agrada ese rápido crescendo que devuelve las guitarras más broncas. También el contraste que ejerce ahí la melodiosa voz de Carmen. Ágil epílogo finalmente, con la banda retorciendo riffs primero y enfrentando ambos registros después. Lo dicho: parecen haberse puesto muy pocas barreras a la hora de construir los temas y se nota.
“The Cage”, entrega más extensa de las nueve, arranca de nuevo sobre la versión más intensa y desgarrada del sexteto. Confrontando una vez más ambos registros sobre un metal de fuerte poso atmosférico y otra llamativa línea de batería de Villán. En las partes más calmas hay voces de Carmen que me recuerdan a Gin Barberia (Absalem). Sea como fuere me agradan los distintos contrapuntos que el combo asturiano propone aquí. Sobre todo, por cómo consiguen alcanzar un sonido al que poder llamar propio, en contraste con dejes más marcados e identificables que encuentro en otras composiciones de este debut. Luego el trazo transita hacia territorios más tranquilos, revestido no obstante de una cierta tensión. Surge ahí una interesante sección solista, amén de un interesante juego entre canales, anticipo de una larga trama instrumental que opera siempre en favor de la composición en sí, con la banda más ocupada en tejer buenos riffs que solos masturbatorios y/o ególatras. Carmen sorprende aquí con alguna de las notas más altas de todo el álbum. Justo para que retorne después la calma y “The Cage” fluctúe hacia un prog rock que me recuerda ahora a los primeros álbumes de Steven Wilson en solitario. Finalmente, el cierre habrá de recuperar la versión más encolerizada del sexteto. Que no obstante se maneja siempre dentro de unos márgenes de calculada agresividad. Sin salidas del tiesto ni sobreesfuerzos de cara a la galería. Buque insignia de “Resemblance” y uno de los temas más diversos y atrevidos que haya entregado la escena asturiana desde el confinamiento para acá.
La banda se toma entonces un pequeño respiro a través de la breve “Samatha”. Pequeña instrumental de parajes tranquilos y guitarras amables, donde de nuevo la producción entrega un cuidado juego entre canales, imprescindible escucha con buenos auriculares, y unas cuidadas teclas ejercen de perfecto colchón.
De nuevo con José Mora a bordo, “Coil”, abraza una cierta extrañeza en su prólogo, derivando casi hacia la psicodelia, vuelve a tomar forma a través del cuidado bajo de Alcaide. Llamativos esos sintes que introducen aquí y que vienen a incidir en ese cariz más psicodélico del arranque. Pero si algo me gusta aquí es el riff que irrumpe de pronto, cargado de gancho, y esas voces tan Tool de las primeras estrofas. En cierto modo uno de los temas más enigmáticos del álbum, que lejos de esconder su amor por la banda estadounidense, parece abrazarse a su legado hasta las últimas consecuencias. No es un corte falto de garra. En especial toda vez alcanza su tramo central. Sí que es un tema que, escuchado (y reescuchado) del sábado para acá, deja una de las líneas de batería más cuidadas de todo el largo. Estupendo Villán a los parches. Hay una mayor rotundidad en su tramo final. Guitarras más graves y rotundas para un epílogo pesado, casi monolítico, que no obstante no olvida un cierto poso atmosférico. La de Gojira podría ser una rima fácil, si bien algo lejana. Sin que me desagrade en absoluto, sí pienso que a ratos ciertas influencias pesan algo de más.
“Vipassana”, corte más rácano de los nueve, entrega a Honara en su versión más reposada y tranquila. Carmen se mueve sobre aguas tranquilas, dejando el lado más amable de su cuidado registro. Funciona y de qué modo esa calma a la hora de contrastar con las voces más agrias. Ambos registros enfrentados, que no fundidos, en violentos cambios tonales pero un corte que bien merecía algo más de desarrollo.
Me atrapa la melancolía que emana de “Wanderer”. Honara profundizan aquí en su registro más onírico, con Carmen García muy cómoda en estas primeras estrofas y la banda tomando la senda del progresivo más atmosférico. Bandas como Klone, los Riverside más recientes, incluso ciertos momentos de Anathema, para un corte que va tejiendo un cuidado crescendo hasta desembocar en esa narración del epílogo. Otro de los cortes más diferentes de este hábil debut.
“Covenant”, que presentó “Resemblance” en sociedad hace escasas fechas, arranca sobre la cara más agria y nervuda de Honara, exhibiendo voces rotas a las que contraponen, pienso que de manera más que eficaz, el habitual registro prístino, calmado incluso, de Carmen García. Un cierre poderoso, rotundo incluso, pero que (como adelanto) puede llevar a engaño a quienes piensen que este es el único registro que la banda despliega a lo largo de “Resemblance”. En cualquier caso bien está el gancho que tienen esos riffs del epílogo y la juguetona voz limpia que se desarrolla durante ese tramo final.
Poderoso debut. Aún cuando uno puede detectar ciertos pecados de juventud algo habituales en bandas noveles como esta, sorprende hasta donde han sido capaces de llevar su propuesta, que brilla y de qué forma en lo que a composición se refiere. Sus influencias, o muchas de ellas, están plasmadas aquí sobre una producción impropia de una banda novel. La mezcla es estupenda. También lo es el uso de arreglos. Y aunque mi impresión con respecto a ciertos temas ha cambiado en el paso del directo al estudio, mi impresión general del álbum no podría ser mejor. Empezar una trayectoria con tales grados de seguridad y confianza de ningún modo puede ser mala señal. Qué depara el futuro para una banda como esta aún no lo sabemos. Pero la primera piedra está puesta y difícilmente podría resultar más satisfactoria.
La jornada del pasado sábado 4 de enero tocaba redoblar esfuerzos en Heavy Metal Brigade. Vieja costumbre por estos lares que repetimos con gusto el primer fin de semana del nuevo año y es que el compañero David Naves se iba a Langreo para comprobar de primera mano la presentación en vivo del primer disco de los progresivos ovetenses Honara (crónica) y un servidor ponía rumbo a Gijón para nada menos que la celebración por todo lo alto del 20º aniversario de los eclécticos locales Mystereo.
Confieso que tenía una cuenta pendiente con Adrián Muñiz, Alejandro Camargo, Alejandro Fernández, Bruno Suárez y Sixto Santamaría. Nuestros caminos nos se habían vuelto a cruzar desde su participación allá por 2018 en el avilesino Terror Fest y eso que han sido varias las fechas promocionales cercanas de ese estupendo «Panic» editado a finales del 2022. Esta vez la agenda fue benevolente y pudimos disfrutar de un evento histórico para la banda. Ofrecieron todo lo apuntado en los días previos, es decir, un gran repaso por sus cuatro álbumes de estudio, varios invitados sorpresa y algunas versiones, en un viaje sonoro de 2 horas libres del corsé de los hasta ahora implacables horarios de la Sala Acapulco. Muchísimas gracias Pachi & Cia por desterrar aquel odioso toque de queda.
Tras una intro instrumental arrancaron su tiempo con «Helicopter Blues«, tema que abría su ópera prima «Above The Clouds«. El bajo de Sixto Santamaría taladra la atmósfera festiva de la sala mientras el micro de Adrián Muñiz sobrevuela su cabeza. Inevitable trasladar la imaginación a los malabares de nuestro querido Michael Arthur Long (Drunken Buddha). Un repoker de canciones que completaron «Happy Citizen» , «Your Head’s Not Upon Your Shoulders» y «Panic Attack» para ofrecer una buena pincelada de una discografía que lejos de corsés estilísticos siempre ha navegado por los distintos matices del rock.
Centrados en recordarnos ese primer larga duración a través de temas como la composición homónima, «U» y «Monday Call» llegaba la primera colaboración. Michel Ardura, voz y guitarra en los mierenses Black Beans, se une a la fiesta para interpretar «Rock N’ Roll» y la primera cover de la noche, una «Blue Suede Shoes» que inmortalizara Elvis Presley y que puso a bailar a gran parte de la audiencia congregada en la Acapulco.
Cambio de tercio para adentrarnos en el repaso a su segunda obra de estudio «Space Cake«, gestada en el verano del 2008 en el Estudio Acme de Miguel Herrero, fruto de su victoria en el concurso organizado por los «40 Principales Asturias«. Los temas elegidos para recordar esta obra serían «Step Beyond«, «Pure Energy» y la extensa «Polaris«, esta última en colaboración con Sara Muñiz al violín. La hermana de Adrián aportó un nuevo color a una composición de por si rica en matices. Cerraron esta etapa con la canción que más royalties ha dado a la formación, comentaría con sorna el guitarrista Bruno Suárez, la versión del himno motero «Born To Be Wild» de Steppenwolf.
La noche no podía ir por mejores derroteros, gran sonido, público entregado al buen hacer de la banda y sonrisas encima del escenario. Abajo varios peques disfrutaban absortos del show, detalle que este medio siempre celebra, deseando que la llama de la música germine en ellos, destinados a ser el necesario relevo generacional. La tercera etapa del aniversario seguía el inalterable orden cronológico con el repaso a su disco homónimo, quizás el menos convencional y más influenciado por la psicodelia británica de los años 60. La tripleta elegida para la ocasión serían «Uncertainty Principle«, «Suck You Dry» y «Play First» coronada como no con otra versión. En esta ocasión el clásico de Nancy Sinatra «The Boots Are Made For Walkin’» acompañados por la energía del difusor musical Silver, reconocido por su trabajo en la emisora Radio Kras.
La velada afrontaba su recta final con el apartado destinado a su última obra «Panic«. Un trabajo que trajo de vuelta a la banda tras 10 años de silencio discográfico y que nos ofrece la cara más cruda y orgánica del quinteto. «Fight In Vain«, «Puppeteers«, «Numbers» y «Digital Holocaust» serían las canciones que representarían esta última etapa del combo y aunque no contó con invitado ni colaboración si que pudimos distinguir a pie de escenario a Juan Bertrand, compañero de Adrián Muñiz en los alternativos Söax, disfrutando de lo lindo con el espectáculo. No era para menos.
Agradecimientos mediante repetían la fórmula inicial para poner boche de oro a un 20º aniversario que por la calidad demostrada sin duda merecía una mayor audiencia. Un tema de cada álbum, empezando por su himno «Yesterday Is Not Today«, el coqueteo con el pop rock de «It Was Only A Kiss«, «Times Are Changing» y «The Sentenced Is Death» conformaron los bises. Bajada de telón y sin prisas, que gran sensación al fin, llegaron las charlas cómplices con familiares, amigos y fans, recibir los merecidos halagos y más de una petición para seguir 20 años más en la brecha. Que así sea y tod@s estemos allí para disfrutarlo.
Allá por el mes de noviembre la formación asturiana November presentaba en sociedad su alineación. Dani Dynamita ( Nörthwind, Eden, Darksun, Last Days Of Eden) a la voz, Fer Espina (The Riders, Fran Juesas, Blister) al bajo,Diego Riesgo (Drunken Buddha, Nymerians), Alex Tilles (Soundwave, El Hombre Más Tonto Del Mundo) a las guitarras y Adri Cheriff (Versión Original, Belo y Los Susodichos) a la batería y el hard rock como bandera, estrenan en forma de videoclip «When The Door Is Closed» el primer sencillo de lo que será su próxima ópera prima.
El documento visual ha sido grabado y producido por Ride The Dragon Films. El audio ha sido grabado en Dynamita Estudios con Dani G. en labores de producción, grabación, mezcla y masterizado.
La tercera entrega del Lion Rock Fest ya tiene fecha y primera banda confirmada. La cita con el hard rock del más alto nivel tendrá lugar el 8 de noviembre de 2025 de nuevo en el Palacio de Congresos y Exposiciones de la capital leonesa.
La primera banda que conformará el cartel son Steelheart, combo liderado por el espectacular vocalista croata-estadounidense Miljenko Matijevic en la que será su primera actuación en España.
Dismal Crux es una one-man band comandada por el músico granadino Óscar R. P. y que hoy nos presenta un segundo largo de nombre “The Hope Of Things To Come”. El proyecto continúa así el paso dado con su debut de 2022 “Wraiths Of The Reaper”. El trabajo vio la luz de forma independiente en agosto del 2023.
Roza los dos minutos “As Above So Below”, páramo instrumental que hará las veces de introducción en este “The Hope Of Things To Come”. Oscura y orgánica, acomodada en ambientes que fácilmente podrían recordar a los Black Sabbath más primigenios, conduce en su elegante crescendo hasta una “Fall Of The Watchers” que no abandonará esa raíz proto-doom para dar forma a un primer corte igualmente oscuro y tenebroso. Óscar lo conduce sobre un clásico juego entre tonos y registros, donde en ocasiones la voz atropella al resto de elementos. Tampoco de forma catastrófica, cabe decir. Un buen solo apoya su tronco central, que vendrá a dar paso a la cara más descarnada de Dismal Crux, donde habrán de colarse paisajes cercanos a los seminales Celtic Frost. Todo configura un arranque interesante, desligado de las habituales cabalgadas tan frenéticas como facilonas.
“Shadow Bringer” no se desliga de ese metal clásico pero rugoso. Al contrario, prosigue en recrear un doom un tanto arcaico, que muy a ratos parece descubrir la fascinación del granadino por bandas como Reverend Bizarre, Witchfinder General, Pentagram… Me gustan los riffs que Óscar plantea aquí. También la forma en que construye un corte no tan lineal como aparenta. El registro más cazallero de las estrofas le sienta como un guante a las distintas rugosidades de este corte, en definitiva, arrastrado y pedregoso. Y si bien pienso que el solo que adorna su tronco central bien merecía algo más de recorrido, bien está lo que bien acaba.
“Revenant” alterna cierto aire a lo viejos Cathedral, la ahora desaparecida pero siempre confiable banda de Lee Dorrian, con un doom más tristón que por momentos parece entroncar con aquél que bandas como Anathema, Paradise Lost o My Dying Bride propugnaran a principios de los noventa. Es un corte breve, apenas tres minutos y medio, ágil a la hora de alternar sus distintas influencias y a la vez interesante en lo que a riffs y melodías se refiere. Estupenda además en su epílogo por la forma en que Óscar armoniza las distintas líneas de guitarra y voz:
Mucha presencia del bajo en una “Scion Of The Lords” que primero amenaza con desviar hacia un heavy metal más vibrante para después adoptar unas oscuridades que, por el registro de Óscar aquí, casi parecen guiñar al tristemente desaparecido Peter Steele. Aquél pulso más vivaracho que se intuía en el prólogo vendrá a manifestarse en un tronco central que el músico granadino remata con un hábil cambio de ritmo que bien podría recordar a unos Iron Maiden de comienzos de los ochenta. El epílogo nos devuelve a Dismal Crux en su encarnación más doom, configurando finalmente uno de los cortes más poliédricos del álbum. Pienso también que uno de los más redondos.
“Bezoar Of Hate”, a la sazón entrega más extensa de este “The Hope Of Things To Come”, acompañada de las voces más agrias de Óscar, hibrida doom con heavy tradicional. Y lo hace con tiento, entregando una construcción ágil y una serie de riffs quizá no espectaculares pero que encajan al milímetro aquí. En particular a la hora de enlazar las distintas estrofas. Precediendo a su epílogo se sitúan una serie de solos que, esta vez sí, disponen del espacio necesario para ser algo más que meras anécdotas. En lo que a mí respecta otro de los cortes ganadores de este segundo trabajo.
“Mark Of The Dark” resulta más sencilla. Podría decirse incluso que menos ambiciosa. Se construye sobre una serie de riffs que bien podrían recordar a Steve Harris y los suyos. Influencia que parece ponerse de manifiesto a través de los diversos cambios de ritmo que el de Granada ha implementado aquí. El mayor elemento disruptor será finalmente un registro vocal hosco y grave, que vendrá a aportar una mayor gravedad al que, por otro lado, no deja de ser un corte algo desangelado en comparación con otras entregas.
“Netzagh” regresa a las pulsiones más doom de Dismal Crux. Pero lo hace apoyándose en un colchón de teclados apenas inédito dentro del álbum. Y es curioso porque Óscar enseña no obstante un registro que parece situarse en un punto indeterminado entre Nocturno Culto (Darkthrone) y Grutle Kjellson (Enslaved). Ha lugar a un cambio de ritmo ágil, diseñado a mayor gloria de un solo de guitarra escueto pero pintón. El trazo que va desde el cierre de este solo hasta el epílogo no podría estar mejor cuidado ni resultar más elegante.
El cierre es para una “Smitin’ th’ Wicked” que vendrá a apoyar sus ritmos más vivos en un riff simple pero con un gancho de mil demonios. El de Celtic Frost podría ser un nombre recurrente en este final ágil en su encrucijada rítmica y vistoso en lo que a solos y melodías se refiere. Un buen broche a este “The Hope Of Things To Come”.
Como decía aquél: si pestañeas te lo pierdes. Es obra de un solo músico y tampoco es plan de ponerse exigentes en lo que a duración se refiere. Es más, porta una producción nada desastrosa vistos los precedentes, amén de una serie de cortes ágiles e inteligentes. Llamativos por la amplia gama tonal que desarrollan y que en algunos casos alcanzan a brillar por encima del resto. Pienso especialmente en “Scion Of The Lords” o “Bezoar Of Hate”. También “Netzagh” y ese registro algo diferente de Óscar o “Smitin’ th’ Wicked” y su indisimulado aire a lo Celtic Frost. Un álbum en definitiva llamativo y que bien merecía nuestra atención.
Al igual que en su presentación Delalma, vuelve a sorprender con el anuncio de un parón indefinido en su actividad a través del siguiente comunicado.
«Delalma anunciamos un parón indefinido por razones personales. Del mismo modo que el primer álbum no vio la luz hasta que supimos que el momento era el adecuado, en estos momentos creemos necesario hace runa parada indefinida en nuestro vuelo. En todo momento nos hemos sentido muy queridos y acompañados por todos vosotros y sin duda hemos creado grandes recuerdos y amistades a vuestro lado. Un fuerte abrazo a todos y GRACIAS«.
El anuncio deja entrever que las fechas confirmadas hasta el momento por la formación como su paso por el festival Z! Live y Rock Imperiumno llegarán a producirse. Desde H.M.B. solamente podemos desear que nuestros caminos vuelvan a cruzarse más pronto que tarde y así volver a disfrutar de una banda que tan buenos momentos nos aportó en su corta trayectoria.
A través de los ojos de Titi Muñoz el Daimon Tour de Warcry por tierras mexicanas nos llega en formato documental. El relato audiovisual está principalmente protagonizado por los fans de la banda y cuenta con la grabación, edición y maquetación del realizador asturiano.
Las grabaciones corresponden a los conciertos de WarCry que tuvieron lugar en las siguientes localizaciones:
9 de Agosto – Escenario GNP Seguros (Monterrey)
10 de Agosto – Metrópoli Music House ( Torreón Coahuila)
11 de Agosto – Salón Pistoleros (Chihuahua)
14 de Agosto – Auditorio Benito Juárez (Ciudad Juárez)
16 de Agosto – C4 Concert House (Guadalajara)
17 de Agosto – Pepsi Center WTC (México DF)
18 de Agosto – Teatro Morelos (Morelia)
21 de Agosto – Cineteca Alameda (San Luís Potosí)
23 de Agosto – Auditorio Francisco Eduardo Tresguerras (Celaya)