Auténtica sorpresa la presentación en sociedad de November, una formación que abraza el hard rock como estilo musical y que está compuesta por rostros super reconocibles de la escena asturiana. Con la calidad por bandera, solo hay que repasar su alineación, en sus filas tenemos a Dani Dynamita ( Nörthwind, Eden, Darksun, Last Days Of Eden) a la voz, Fer Espina (The Riders, Fran Juesas, Blister) al bajo,Diego Riesgo (Drunken Buddha, Nymerians) y Alex Tilles (Soundwave, El Hombre Más Tonto Del Mundo) a las guitarras además de Adri Cheriff (Versión Original, Belo y Los Susodichos) a la batería.
Posiblemente tras el efímero proyecto Lazarus, aquel que allá por el 2019 aglutinaba a Pablo García (Warcry), Luis Melero (Crudo), Dani Sevillano (Darna), Rafa Suárez (Atlas, Kuarentena), Alejandro Blanco (The Riders, Real Straits) y Luis Fer Chacón (Real Straits), la de November sea una de las alineaciones que más expectación puede generar en la actualidad. Estaremos muy atentos a sus evoluciones, mientras tanto les damos la bienvenida, deseando que muy pronto nuestros caminos se crucen con algún escenario por medio.
Es el quinto trabajo de los mallorquines Eveth, la banda que forman David Kamstedt en guitarra y voz, Alberto Barrientos en baterías, Biel Recio al bajo, David Dalmau en voces y RafaSocias en guitarras. “Sellando El Destino” se compone de doce cortes producidos y grabados por Miquel Àngel Riutort “Mega” (Æolian, Angelus Apatrida, Trallery, Perpetual Night…) en el Psychosomatic Recording Studio de Inca y masterizados finalmente por el Pyramaze Jacob Hansen (Anubis Gate, Xandria, Rob Rock, Sinner, Crystal Gates…) en sus propios Hansen Studios de Dinamarca. Adornado por el arte de Fernando Ricciardulli (Chromatic Chaos), se encuentra en la calle desde el tres de abril vía Maldito Records.
“Un Nuevo Mundo” ahorra en introducciones artificiales y nos conduce casi de inmediato hacia un power de ritmos medios al que soportan una serie de riffs recurrentes pero muy eficaces. Por contra, hay algo en la forma en que Dalmau afronta estas estrofas que, a ratos, logra sacarme de la composición. Eveth se elevan, no obstante, en unos estribillos directos y con gancho. También por la buena ración solista que proponen y ejecutan Recio y Kamstedt. Un arranque con altibajos. Con luces y sombras que diría aquél.
“Despiértame” sí que dispone de un riff de garantías para adornar un prólogo de puro power enaltecido y triunfante. Dalmau parece ahora mucho más cómodo y el empaque de la base rítmica, si bien desprovisto de artificios de ningún tipo, parece acertar a la hora de comandar un corte ágil por escritura y también por ejecución. Me agrada de igual forma el solo que acude en el tronco central y ese pulso más tranquilo que subyace. Quizá porque me recuerda a los chicos de Tálesien. Clase y pegada bien conjugadas en segundo corte algo rácano con el reloj.
“Aunque Me Cueste La Piel” sorprende ahora con ese extraño arranque pero más con la oscuridad que muestran ahora sus primeros riffs. El juego que proponen sus estrofas, primero desnudas, luego poderosas, ni es nuevo ni puedo afirmar que esté mal construido o ejecutado. El estribillo acude pronto a la cita para redondear uno de esos cortes que parecen haber nacido con el directo como principio y fin. Ciertas armonías vocales podrán recordar a la forma en que Rob Halford construye sus líneas en estudio para Judas Priest, con Dalmau eso sí moviéndose en tesituras mucho más terrenales que las del británico. Ni tan siquiera cuatro minutos de duración pero unos Eveth que parecen la mar de cómodos aquí.
Más minutaje y también más nervio el que ofrece “Hijos De Las Estrellas”, con los baleares derivando ahora hacia un power metal a ratos poderoso, a ratos elegante, apoyado en una suerte de riffs aquí y allá algo manidos, pero que en su mezcla de músculo y sentimiento logra trazar uno de los cortes más atractivos de este quinto álbum. Hay una idiosincrasia muy cañí en la forma en que la banda traza estos estribillos y los conjuga con esa letra optimista y alentadora. El tipo de canción que el power patrio lleva facturando desde hace décadas, lo que no quita para que la banda gane la batalla gracias a un buen trabajo a nivel técnico y también de producción.
“Mi Verdad” rompe con la tónica imperante en esta primera mitad del álbum al construir una balada / medio tiempo con no pocos guiños a los Iron Maiden más tranquilos y reposados. La banda vira más adelante hacia un metal más nervudo, que me recuerdan sobremanera a la buena gente de Argion. Noto más cómodo a Dalmau conforme el corte adquiere una mayor intensidad mientras transita hacia su tronco central, donde se dan cita unos solos un tanto discretos. Extraña elección como adelanto, desde luego.
Porque quien sabe si “Dueña Del Amanecer”, con esos ritmos más vivos y ese heavy / power más energizado y vibrante, no engancharía en mayor medida con el público más casual del género. Hay un estupendo trabajo de guitarras aquí, en los riffs que soportan las estrofas, las melodías con que las engarzan y finalmente con la obligada explosión solista del tronco central. Por trazo nada que sorprenda pero un corte que cumple con sus objetivos al fin y al cabo.
“Aprendiendo A Partir”, con Marc Riera (Azrael, Dark Elf) a bordo, continúa en esa senda más vibrante, adornada por otra buena labor de Kamstedt y Recio, donde más que a Iron Maiden, a quien encuentro cierto parecido es a los riojanos Tierra Santa. Me agrada el riff más musculoso que anticipa al solo de guitarra, y desde luego le habría otorgado algo más de presencia o desarrollo. Sea como fuere un corte que acabará por sobresalir más por el aire fresco que proporciona la voz invitada que por los propios méritos de la composición en sí.
“Lazos Rotos” calma de nuevo las aguas, arranca en balada desnuda y sin artificios para después trascender hacia un medio tiempo de mayor carga emocional en la mejor tradición del género. Un buen Dalmau y el buen trazo que muestra su solo de guitarra no logran, sin embargo, desposeerla de un cierto aire a déjà vu.
“Espejo De Luna”, con la producción otorgando ahora gran protagonismo al bajo de Biel Recio, funciona a la hora de ofrecer la cara más chulesca y ochentera del combo balear. Hay un deje muy marcado a los mejores Accept en los riffs en que apoyan las distintas estrofas y, desde luego que Dalmau traza sobre ellas alguna de las mejores líneas de voz de todo el trabajo. Bien es cierto que la sección solista palidece, pienso yo, en relación a muchas otras dentro del CD, pero con eso y con todo una de mis favoritas de “Sellando El Destino”.
Y ejerciendo casi como negativo de esa cara más despreocupada, “El Mandato” opta en cambio por ofrecer a Eveth en su encarnación más veloz y poderosa. Power metal del de toda la vida. Del que ahorra en sutilezas y no necesita de producciones rimbombantes ni arreglos recargados para cumplir sus propósitos. Del mismo modo Dalmau traza unas líneas de voz desprovistas de excesos innecesarios ni alardes imposibles. Firmes y vibrantes.
De nuevo muy Maiden el prólogo de “Versos Al Diablo”, con el bajo de Biel Recio convertido en debido émulo de Steve Harris. Y aunque luego el corte acoge una viveza de heavy metal de toda la vida, todo deriva de nuevo hacia una idiosincrasia más castiza. Aquí me agradan sobremanera las armonías vocales del estribillo y la mayor pesadez sobre la que se desarrolla. Clásica en construcción pero eficaz en cualquier caso.
“Viento y Fuego” viene a sellar el álbum desde un prólogo en clave de balada clásica que, más pronto que tarde, deriva hacia el habitual metal vivaracho de los mallorquines. Sita a medio camino entre los primeros Tierra Santa y Avalanch, Vhäldemar… agradará, o más bien debería, que uno nunca sabe, a todo fan del género con su profusión de riffs cabalgantes, sus hábiles cambios de ritmo y la manera en que Dalmau afronta sus diferentes líneas de voz. Un cierre a lo grande.
Casi cincuenta minutos de un heavy metal de guiños power que viene un poco a resumir lo mejor, a veces también lo peor, del metal facturado dentro de nuestras fronteras. Hay muchos riffs aquí que no deberían coger de nuevas al oyente habitual del estilo. La buena noticia es que, de tanto en cuanto, contribuyen a crear buenos temas. Pienso en cosas como “Aunque Me Cueste La Piel” , “Espejo De La Luna”, “Despiértame”, “Hijos De Las Estrellas” o la final y muy resultona “Viento y Fuego”. Orgulloso y a ratos eficaz disco de género.
Argion estrena la regrabación de «El Juicio Final«, tema incluido originalmente en su última obra de estudio «Lux Umbra» para dar la bienvenida y presentar oficialmente a su nueva voz, Richard De La Uz (Exkalibur, Jívaro, Eden).
La canción muestra las facetas en las que se desenvuelve la banda, con la epicidad y lo coral, como grandes protagonistas. Richard de la Uz, se estrena aportando no solo su voz, sino toda una serie de matices para evolucionar la canción y ser carta de presentación de esta nueva etapa. Acompaña al estreno la confirmación de las próximas fechas en vivo del combo asturiano.
Nuevo Ep de cuatro temas para la gente de Absalem y que viene a continuar donde lo dejara su anterior “Anima” de 2023. Aquí sigue la base rítmica de Carolina García (bajo) y Víctor Villar (batería) junto a Miguel Gómez (guitarras) y Gina Barbería (voces). “Mortem” se grabó, mezcló y masterizó en los Breakdown Studios con el Sound Of SilenceNefta Vázquez (Bestia Negra, Beast Inside, Nicotine Bubblegum, Aneuma…) al mando y de nuevo cuenta con arte de David Fdz. de Godlessdesign. Estrenado en su perfil de Spotify el pasado 20 de septiembre.
“Charcoal Heart” abre con el que quizá sea mi riff favorito de todos cuantos se dan cita en esta nueva entrega del cuarteto. Gómez insufla de melodías cada estrofa, que me agradan por construcción y también por ese ya tan característico registro roto de Gin. Lo vistoso de la base rítmica, esa inquieta línea de batería que traza Víctor, viene a rematar una hábil primera entrega. Da la sensación de que la banda al completo ha puesto su granito de arena aquí y se nota. El cuarteto suena cohesivo, en forma, inspirado. Y si bien puede que el breakdwon final mereciese un desarrollo más amplio, un primer corte que me agrada sobremanera.
“Sad Since 1995”, por duración entrega más ambiciosa de las cuatro, ofrece ahora a unos Absalem más atmosféricos. Quizá algo sobreproducidos. Deja por el camino un tranquilo prólogo, que en su tránsito hacia las partes más vibrantes arroja cierto poso al mejor metal alternativo de los noventa. El habitual juego entre registros de Gin se amolda ahora a unos riffs más rotundos. Sea como fuere me agrada la forma en que la banda ha tejido este segundo corte. Los distintos tonos que ofrece y la forma en que estos configuran una canción que viene a dar la verdadera medida de una banda como esta. Hablaba antes del poco desarrollo que ofrecía el breakdown final de “Charcoal Heart” y Absalem parecen desquitarse ahora con un puente de una pesadez y un desgarro casi inéditos en su trayectoria.
“Heads Will Roll” puede sonar menos ambiciosa, mostrando a unos Absalem ahora más accesibles. Con eso y con todo, Gin vuelve a ofrecer su registro más roto aquí, ayudada en las primeras estrofas por el aporte no menos agrio de Carolina García. Otro trazo ambivalente, tan habitual en el cuarteto y, en cierto modo, uno de los cortes más pegadizos que les recuerdo. Y sin embargo aquí sitúa Gómez algunos riffs casi monocordes. Tan pétreos como arrastrados. De las cuatro la que más pinta arroja a ineludible en sus directos.
Amplio prólogo el de una “Loyal To The Bone” que entrega unas primeras estrofas de un poso casi pop. Gin está fantástica en estos tonos limpios y la banda construye otro cuidado crescendo camino de estribillos. Llegados estos, Absalem conjugan tonos más heavies con una cara más rotunda y atmosférica. Acompañan buenos arreglos a esas partes más recargadas. Y me agrada el solo de Gómez aquí. El poso tan atmosférico que lo acompaña. Y finalmente el trazo más retorcido que conduce al epílogo y que me recuerda a muchos momentos de aquél “Chaosvolution” con el que debutaran allá por 2017. Fácilmente la que más peso ha ido ganando con el correr de las escuchas y un final más que notable para este “Mortem”.
Obra conceptual en dos fases y que alcanza su verdadero significado con la llegada de esta segunda entrega. Absalem en forma, tan atrevidos como siempre a la hora de mezclar sus distintas influencias, con una Gin que vuelve a dar muestras de su gran versatilidad, una producción que arregla y acompaña casi cada acorde y la seguridad y confianza que da, imagino, concebir ambos trabajos “en casa”. Siguen con la flechita para arriba.
Nuevos comienzos para las huestes de Eden, que presenta una remozada alineación para este “Alma De Libertad”, sexto largo de la banda asturiana, compuesta por Fernando Argüelles en baterías, Juanjo Díaz al bajo, Fernando González “Dini” en voces, Álvaro Cocina y Javier Díaz guitarras, quedando éste último ya como único superviviente de aquél “Polvo De Diamantes” con el que debutaran en 2005.
Las baterías de este nuevo trabajo se registraron en Estudio ACME (Avilés) a las órdenes de Miguel Herrero y Pedro Luis Álvarez, mientras que voces, bajos y guitarras se materializaron en el también asturiano Fortress Studio. Las pistas resultantes serían finalmente mezcladas y masterizadas por el EverwakeAlfredo Arold. El disco cuenta con teclados de Jesús Pérez y Vicente Fernández (“666”) y viene adornado por el diseño y la foto de Nacho GS, autor además de los tres videoclips promocionales que adornan esta reseña. En la calle vía Thornado Music el cuatro de octubre.
“Cenizas” ejerce de introducción al nuevo álbum de los asturianos. No me engancha, es cierto, pero más por manías personales que no por su propia factura. A través de una pequeña narración da paso a “Ave Fénix”, donde ya va quedando claro el buen sonido y la equilibrada mezcla de los que disfruta este “Alma De Libertad”. Aquí se dan cita los mejores Eden, esos que tejen un heavy metal con cierto regusto al hard de los ochenta y en el que la voz del otrora Decibel RaceDini no podría encajar mejor. Muy cumplidor éste en estrofas y de lo más esforzado en los tonos altos de los estribillos. Me gustan las teclas que vendrán a anticipar al solo. La propia línea de batería que Argüelles traza bajo él. También lo cuidadosamente estructurado que resulta el propio solo en sí. Uno de los temas grandes del disco.
“Nunca más” añadirá algo más de picante a la mezcla. Partiendo de la animosa línea de batería, Eden trazan otro corte con gancho y pegada. Destaca igualmente el buen soporte que entrega el notable colchón de teclas. Adorna a alguna de las mejores estrofas de todo el largo, con un Dini en su clave más elegante. Tanto el mayor vigor que la composición adquiere camino de estribillos como las buenas armonías que ahí se suceden creo que funcionan. El solo de guitarra, virguero en su justa medida, anticipará un buen epílogo.
Esta “Alma De Libertad” que da nombre al disco dispone del arranque más abiertamente épico del mismo. Eden traducen ese prólogo en un metal por el que se colarán ciertos destellos a lo Symphony X en arreglos. Medio tiempo bien macerado y mejor ejecutado, con un Dini en tonos ahora más firmes y rotundos. Sí, a estas alturas del cuento la letra puede pecar de recurrente. Con eso y con todo me gusta la entrega del vocalista aquí, especialmente en estribillos. Acompaña Argüelles con el doble bombo y el solo, de extraño comienzo, se alza finalmente como uno de los más llamativos del disco homónimo.
“Muerte Carmesí” rompe con la tónica vivaracha que arrastraba el álbum para ofrecer unas primeras estrofas más a medio gas, que irán dando paso a otro metal alegre y trotón marca de la casa. Quizá los riffs de esas partes más intensas puedan pecar de recurrentes. No quisiera decir simplones. Pero me gustan las melodías que acompañan a los estribillos. También los coros con los que Dini anticipa el solo de guitarra. Que me agrada por cómo, a pesar de esa confección duelista tan dada al exceso ególatra, opera sin embargo en favor de la composición en sí. Una de las que más peso ha ido ganando tras cada una de las escuchas.
“Ella” transfiere un hard heavy pleno de gancho y buenos arreglos. Sobre un marcado colchón de aires sinfónicos, irrumpen los Eden más elegantes. Todo me funciona. La forma en que Dini enfrenta las estrofas y que me recuerda a los primerísimos Avalanch. El solo de su tronco central. Los cambios de ritmo que conducen hasta estribillos. Y aunque puede que la rima de estos se me atragante más de lo que me gustaría, un corte bien construido, de lo más pegadizo y que a buen seguro no faltará en futuros shows de la banda.
“Puede Ser” parte desde una cuidada introducción al piano para más adelante pisar el terreno de la balada más recurrente y desembocar en un metal que llega a bordear las lindes del power. Por ahí uno de los cortes más diversos del disco pero donde echo en falta la duración que tienen otros cortes del tracklist. “Ella” sin ir más lejos. Vuelve a dejarse notar en todo caso el doble bombo de Argüelles y los (breves) riffs trotones que aparecen por aquí vuelven a confirmarse como la “vieja confiable” del metal de toda la vida. Ojo también al estupendo solo de guitarra que la banda traza aquí.
“666”, esta vez con Vicente Fernández a cargo de las teclas, revela un prólogo que, de nuevo, me recuerda a unos Avalanch de “Llanto De Un Héroe”. Apenas un guiño pues, a pesar de una cierta oscuridad durante estrofas, estos siguen siendo los Eden de toda la vida. De hecho podría decir que este estribillo de Dini, cuidadosamente apoyado por unas buenas melodías de guitarra, pasa por ser mi favorito de todo el álbum.
De “El Fin” me agrada en gran medida ese inicio tan melódico, por mucho que los riffs puedan pecar de planos. Da igual, porque Dini traza unas cuidadas estrofas y la banda inserta buenos cambios de ritmo camino del agudo estribillo. Eden abrazando sin complejos su vena más hard. Puede que el pequeño guiño de teclas que precede al solo mereciera algo más de desarrollo. El propio solo en sí, de hecho. Pero en líneas generales es un corte que me agrada.
La final “Como Un León” vendrá a partir de otro de mis riffs favoritos de todo el largo, quizá porque deja traslucir a los Eden más heavies. Es el corte más extenso del disco y su letra, obra de Javier Díaz, tiene mucho de reivindicación, particularmente en su estribillo:
“Como un león lucho feroz. Sigo adelante no existe el temor”.
La pequeña pausa de su tronco central precede a un efervescente solo de guitarra. El pequeño acelerón final desata a los Eden más veloces y, en líneas generales, pocas pegas se me ocurren para este cierre.
Sabiendo el tipo de disco que uno tiene en frente, pocas pegas que poner a este “Alma De Libertad”. De hecho y como habréis podido leer, estas tienen que ver con ciertas manías de quien escribe que con errores de bulto de la banda. Dini parece haber caído de pie en el seno de los asturianos. No solo arregla y escribe las letras de “Cenizas”, “El Fin”, “Nunca Más”, “Ave Fénix”, “Puede Ser” y “666” sino que su propio registro se amolda como un guante a la clásica propuesta de la banda. Entre medias caben buenos solos, temas bien producidos y con gancho pero sobre todo la sensación de que los chicos ha meditado profundamente este nuevo álbum. Y obrado en consecuencia.
Más de cuarenta años han pasado desde el nacimiento de estos Tokio, fundados allá por 1983 y a la sazón ganadores de del Villa de Madrid y el Villa de Bilbao seis años más tarde. Es en aquél 1989 cuando la banda edita su primero largo “Triangles”, cesando toda actividad un par de años más tarde. Reunidos en 2013 tres de los fundadores, esto es Juan Carlos Martín (guitarra), Alberto Fernández (teclas) y Manu Escudero Cuevas (voz), deciden emprender la composición de nuevos temas. Ya en 2014 auto editan el Ep “Gen Egoísta” y, un par de años más tarde, el largo “Pecados Capitales”, ya con The Fish Factory. Producido por la propia banda junto a Ángel Muñoz, “La Redención Del Caos” fue grabado, mezclado y masterizado a caballo entre AnhellStudios y Estudios Sena. Tanto su diseño gráfico como su maquetación corren a cargo del propio Manuel Escudero.
“Chimaera” es la pequeña intro sintetizada que vendrá a dar pie, no sin asomo de elegancia, al primer tema con verdadera enjundia del álbum, esta “Princesa Del Engaño” que abandona ese aire tan synthwave que la precede para arremeter con un hard rock no exento de chulería, con las teclas de Fernández ejerciendo de modélico colchón a la composición. Funcionan las armonías vocales que dominan sus estribillos. También el bajo de Ricardo Tonett. Cierto que el aspecto lírico no llega nunca a hacerme tilín, también que el solo no podría tener más clase. Rematada por un cuidado epilogo, queda como un arranque con el que conecto sólo a ratos.
El riff y muchas de las melodías que atesora “Realidad Paralela” arrastran un cierto aire de déjà vu, lo que no quiere decir que no funcionen. Al contrario. La mezcla ha otorgado un protagonismo a las líneas vocales que, siento, operan en contra del empaquetado final. Especialmente en estrofas. En estribillos todo transcurre por unos cauces más normales por donde se cuela la mejor versión de la banda. Hard sencillo y amable, que bien podría recordar a los murcianos 91 Suite o bandas como Bonfire o Tyketto. Brilla Juan Carlos Martín en ese solo que habrá de preceder al epílogo. Ni aburrido ni excesivamente virguero. Broche perfecto a un buen tercer corte.
En una onda aún más calma se desarrolla esta “No Hay Mal Que 100 Años Dure” con Tokio en su versión más amable e incluso optimista. Aquí me agrada el crescendo que conduce hacia unos estribillos más vibrantes. Sin excesos de cara a la galería. Rezumando elegancia y con algún que otro detalle de producción jugando a favor. Me agrada el solo que acompaña al epílogo casi en la misma proporción en que me desagrada ese engorroso fade out final. Quien más, quien menos puede echar en falta algo más de mordiente…
… pero sin embargo aquí viene “El Árbol De La Vida” a rebajar aún más los biorritmos del álbum. Balada que le sirve al bueno de Manu Escudero para trazar una de las mejores líneas de voz del LP. Richard Marx resuena en mi subconsciente con cada nueva escucha de este quinto corte. De lo más eficaz el trabajo de Alberto Fernández a las teclas aquí. Sin sorprender, no es esta una composición dada a experimentos, lo cierto es que funciona.
Sin alardes ni estridencias, “La Magia Es Posible” recupera el rock apaciguado y comedido de cortes anteriores. Muy cuidado en cuanto a mezcla y producción, con Fernández aportando la obligada nota de distinción desde las teclas. Me gana por el buen solo que ocupa su tercio central pero, en suma, pasa por ser una de las entregas que más inadvertidas han pasado tras las sucesivas escuchas.
Es el propio Fernández quien introduce una “Ella Es El Poder”, fácilmente el tema más perpendicular de todo el tracklist, un tendido hard rock de aires blueseros, esos certeros guitarrazos de Martín, y un empaquetado final que bien podría recordar a mis paisanos de Mad Rovers. Manu Escudero está más árido ahora, rasgando su registro en la medida justa para amoldarse a esa cadencia tan marcada. Quizá eche en falta una mayor predominancia de ese solo de Ángel Muñoz que irrumpe durante el epílogo. Ya se sabe que ante el vicio de pedir…
“Solo Quiero Olvidar” viene para mandar al cuerno tanta parsimonia. Tokio, sin desasirse de su habitual hard, entregan un corte que rezuma nervio. También elegancia, esas hábiles teclas que acomodan en estrofas, y que confluyen en uno de los estribillos más redondos de todo el largo. Me engancha el riff que Juan Carlos dibuja para esas estrofas y como la voz de Manu se eleva más adelante. Y aunque encuentro algo fuera de lugar esa repentina carga sinfónica que irrumpe a la par que el solo de teclado, tanto éste como el que la guitarra dispone a continuación me funcionan. Una de mis favoritas de entre las diez.
De primeras “Mensajes En El Tiempo” parece un cruce bastardo entre “House Of The Rising Sun” de The Animals y alguna perdida balada de Led Zeppelin. Ahí Manu Escudero entregará su mejor cara al micro. La forma en que todo transige hacia unas estrofas más chulescas y rockeras es agradable. También ese rasposo Hammond que las acompaña y, finalmente, ese estribillo tan redondo. El pequeño guiño entre lo cabaretero y lo circense que introducen en un momento dado pillará a más de un oyente por sorpresa. Estupendo el solo que acompaña al epílogo. A buen seguro mi favorito de entre los temas tranquilos de este “La Redención Del Caos”, la banda echó mano de él para dar a conocer el álbum, pienso que no sin motivos:
En la final “Bullying” vendrán a confrontarse lo terrible del acoso escolar con lo vitalista que, por momentos, llega a ser la lírica que dibuja la canción. Una letra que me atrae más por lo que pretende transmitir que por la forma en que lo hace. Un medio tiempo cuidado y elegante pero algo irregular…
… que podría ser un poco mi resumen del disco en su conjunto. Es verdad que tiene uno el oído acostumbrado a propuestas mucho más becerras. También que una vez dicho eso, temas como mismamente la final “Bullying”, aún con sus buenas intenciones, creo que distan de ser redondos. Otros como “Mensajes En El Tiempo” sí que dan la verdadera medida de los pinteños. Tanto en lo compositivo como en lo ejecutivo, Tokio brillan sobremanera aquí. También en “Realidad Paralela”, “Solo Quiero Olvidar” o “El Árbol De La Vida”. Al resto, ya digo, me cuesta asirme. El público será quien tena la última palabra, lo cierto es que a día de hoy y tras las correspondientes escuchas mis sensaciones no podrían ser más tibias.
La gijonesa Sala Buddha que recientemente ha retomado la programación musical anuncia tres conciertos con el siempre cuestionado denominador común del tributo a bandas reconocibles del acervo popular. En esta ocasión System Of A Down, Iron Maiden y Audioslavepasarán por el tamiz de Armenian, Santuario y Like A Stone.