Crónica: Monorock Fest II (Corvera 7/2/2025)

Segunda edición del Monorock la que vino a celebrarse en el Llar de Corvera con la habitual charla coloquio, el novedoso Ciclo Xoven, y las descargas de Humo y Monasthyr, por no olvidar una exposición fotográfica que reunió a Sergio Blanco, Nacho GS, Felipe Suárez Mera y un tal José Ángel Muñiz. Tocó pues hacer de tripas corazón frente al gripazo que servidor arrastraba desde mediados de semana, abrigarse bien y dejarse caer por Corvera con el mejor de los ánimos posibles.

De la expo se puede argüir el cómo cada disparo presente servía como perfecto resumen de la idiosincrasia de cada fotógrafo. Propios y extraños disfrutando de historia viva de la música en vivo. A un lado y al otro del objetivo.

La charla posterior, que reunió a Lago & Txenry (Piratas de Libertalia) en torno a Jorge Sanz (voz de Thörment y Monasthyr), Sergio Blanco (This Is Rock), la incombustible Rheme Peláez (Raposu Rock) y José Mora (voz y teclas en Humo, batería en Mad Rovers y Totengott, colaborador en esta casa…) sirvió para tomar el pulso a un mundo, el del rock/metal, que se dirige hacia el precipicio que supondrá el retiro definitivo de los grandes nombres totémicos del pasado. Quiénes serán esos referentes en un futuro, no tenemos una bola de cristal para saberlo. Que la transición será difícil no se le escapa a nadie. Cada cual tuvo tiempo a explicar sus orígenes. O más bien, sus comienzos en esto de las afinaciones gordas, siendo así privilegiados testigos de lo heterogéneo del grupo elegido para esta segunda edición.

Como colofón a la charla de este año, no obstante, la organización tenía un as guardado en la manga, que no fue otro que el reconocimiento a Sergio Blanco por su larguísima trayectoria detrás de las cámaras. Testigo de excepción de la evolución misma que ha sufrido esta música desde que el ovetense inmortalizara por primera vez a los (entonces pujantes) escoceses Gun. Más que merecido si nos preguntan.

Después llegaría el turno del llamado Ciclu Xoven, que presentó cuatro formas bien distintas de entender esta música que tanto nos gusta, con el leit motiv unificador de contar con miembros jóvenes en cada una de las respectivas agrupaciones. De Rockbots serían los encargados de romper el hielo, mostrando una actitud reivindicativa y punk que no ahorró en un cierto desenfado. Alegatos contra el racismo o el acoso escolar y una agrupación que pareció disfrutar de lo lindo arriba de las tablas.

A White Noise se les notó algo más comedidos. Nada que no cure el paso del tiempo. A lomos ahora de un sonido más alternativo, dejaron tres temas y apenas acerté a reconocer el segundo de ellos, “Californication” de Red Hot Chili Peppers. Disculpen apreciados lectores que no tenga todo Spotify en mi cabeza y sea incapaz de alcanzar a todo. Máxime en ese estado casi comatoso en el que me encontraba.

Invulnerables, por su parte, vinieron para marcarse un fugaz recorrido por lo más granado de nuestro rock urbano. Si mis notas no me engañan: “El Ganador” (Rosendo), “Oveja Negra” (Barricada), una muy celebrada “Pardao” (Los Suaves), la más desenfadada “Todos Mirando” (Barricada) y “Flojos De Pantalón” (Rosendo). Muy a favor de obra, se metieron al público del Monorock en el bolsillo.

Para el final quedaba la actuación más breve y a buen seguro improvisada del Ciclu, la de The Black Walkers con un tal Luismi Rose (Colmena, Leather Boys, Nicotine Bubblegum) en voces y Chema Bretón en guitarras, rodeados por ¿la base rítmica más joven de la jornada?. Atacarían un único tema, “Walk” de Pantera, donde parafraseando a Pepo (Onza, Desakato) sobre el mismo escenario: “algo está metiendo una ruidera que lo voy a asesinar”. Solucionado el percance gracias a una rápida intervención de Pablo Viña, todo recondujo hacia cauces normales. Sorprendió el vocalista en un registro que no es el suyo así como también la parte joven del cuarteto a la hora de engranar el clásico entre clásicos de los norteamericanos.

Al final uno deduce que madera no falta. Está por ver si se quema o no. Aquí ya sabéis que frente al terco fatalismo de algunos, siempre confiamos. Está en nuestra naturaleza y nadie ni nada puede cambiar eso.

Luego de los obligados cambios arriba del escenario llegaba el turno de los siempre espaciales y disfrutones Humo. La formación, enfrascada estos días en la construcción de lo que será su nueva obra de estudio, llegó a Corvera uniformada con camisas negras en las que podíamos ver el reconocible logo de la banda. Y es que parece que no pero diez años han pasado ya desde aquél primer largo homónimo de la banda. Trabajo del cual el quinteto extrae “Exitium” para, una noche más, dejar claro que su sonido tiene pocas rimas entre todas las bandas del Principado. Azure, tal vez, si bien en fondo son propuestas muy diferentes.

De hecho “La Danza de los Ummitas” despliega a unos Humo más vibrantes ahora, engarzando un vasto abanico de influencias sobre su habitual rock instrumental. “Ummo Existe” proclamaría una noche más José Mora. Y tanto que sí. Me agradó esa versión más vivaracha del combo. También la forma en que luego transitó hacia entornos más oníricos y espaciales. Un juego entre registros y efectos, más pedales que en una escapada del Tour, donde la formación supo hacerse fuerte. “Cielos de Aluche”, que arremete con toda la calma posible, puso de relieve el gran sonido del que estaban disfrutando. Cristalino en las partes más mansas, potente en las más vibrantes, toda una lección de elegancia y clase.

Chou Saavedra, compañero de José Mora en Totengott, no perdía ripio de las evoluciones de la banda. A él dedicó el batería de Mad Rovers una “Bendición Cósmica” a la que el espigado músico presta también su voz. Quise intuir ciertos aires floydianos aquí. Ciertamente y sin abandonar su clásica forma de encarar y tejer sus composiciones, denoté un mayor gusto por los gloriosos años setenta en esta nueva obra. Y aunque ya sabéis que no me gusta personalizar más que lo justo en los textos que escribo para este medio, aquí hube de tomar algo de distancia, aposentar en la grada y contemplar desde allí el resto de la descarga. Rigores del gripazo que llevaba arrastrando desde hace días. Desde allí pude ser testigo de una “Iumma” que la banda teje de nuevo desde un entorno muy tranquilo para después sobreponer su habitual composición por capas. Estupenda línea de batería aquí. Agradecimientos finales de José Mora y una banda que sabe dejarnos en ascuas de cara a lo que será su segundo álbum de estudio. Poco más se le podía exigir a la última descarga del quinteto.

Monasthyr, tirando de tópico, son un animal bien diferente. El heavy metal de guiños power de los asturianos llenó el Llar de buen rollo y buenas vibraciones. Porque hay algo que parece saltar a la vista toda vez finiquita la intro y arremeten con “Seis Infiernos”, y es el buen ambiente que parece respirarse en el renovado seno de la banda. Con tres años cumplidos ya desde la edición de aquél “Eterno Linaje”, Jorge Sanz y los suyos vinieron a rubricar el buen momento de forma que atraviesan en una “Check In For Death” con Javi y David (guitarras) y Aurelio (bajo) aportando en gran medida en coros. Asimismo y mientras Jorge carga con las partes vocales que Ramón Lage dispusiera para la versión original, el propio Javi deja un estupendo solo de guitarra y la banda parece estar dando su mejor versión….

… si bien el sonido no llegó a ser del todo redondo en este tramo inicial. Tampoco farragoso, pero desde luego les hemos disfrutado en mejores condiciones. Jorge presentó a los nuevos y sería precisamente el batería Maxi Valdez el que brillaría en “Cómplice De Traición”. En “Eterno LinajeDavid puso la réplica en voces a Sanz primero y emuló a todo un Pablo García (WarCry) después durante otro solo como poco complicado y exigente.

Unos Monasthyr muy cómodos en esa encarnación más vibrante, lindante con el power más casual. Dejaron igualmente un tema que integrará su próxima obra de estudio, “Desierto De Olvido” si no me equivoqué al tomar las notas, y que pese a los pocos ensayos, no sonaría del todo mal. Deslumbrante Jackson negra de Javi aquí, por cierto. Instrumento que ya habíamos visto en manos de White Noise. Pero quien brilla aquí es su compañero David con otro de los solos más desbocados de la jornada.

La sensación en líneas generales era la de estar viendo a una banda mucho más asentada que, sin ir más lejos, aquél show en el Karma Fest del pasado septiembre. Con Javi volviendo a la Jackson blanca, la banda afrontó la siempre pegadiza (que no pegajosa) “Luna Maldita”, donde el vocalista tuvo a bien darse su particular baño de masas, animando al público a que cantara con él. En “Solitario” llegaría después una de las papeletas más complicadas para el frontman asturiano: calzarse los siempre exigentes zapatos de todo un Carlos Sanz, volcánica voz de los de Madrigal de las Altas Torres, Dünedain.

Ángel Vengador”, las tradiciones se respetan desde Monasthyr, vino a poner la última piedra de un set de una hora que, ya digo y a falta de un sonido más redondo, vino a dar una buena versión de los asturianos. El ya clásico “Monasthyr….” cerraría otra buena noche para ellos, a la espera de un nuevo álbum que acentúe las buenas sensaciones que ya dejara “Eterno Linaje” tres años atrás. Somos todo orejas.

Iniciativas como esta siempre deberían ser bien recibidas. El Monorock tomó el pulso al futuro desde el presente. Agradeció la labor de quienes han perdido incontables horas de su valioso tiempo libre en mantener viva esta llama y supo divertir con un ramillete bien amplio de sonidos. Sin complejos ni vergüenza, falta hacen más iniciativas como esta a lo largo y ancho de nuestro territorio. Lo digo como lo siento.

Por nuestra parte nada más. Mandar un saludo a músicos, habituales, contertulios, también a la buena gente de barra y el estoicismo con el que hicieron frente a lo gélido de la jornada y ya saben: nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Reseña: Harakiri For The Sky «Scorched Earth» (AOP Records 2025)

Los austriacos Harakiri For The Sky se encuentran en ese momento de su carrera en el que cada nuevo álbum sacude a la escena post-black con inusitada fuerza. Controvertidos por naturaleza, la suya es una obra que acostumbra a no dejar indiferente a nadie. J.J. en voces y M.S. a cargo de toda la parte instrumental, profundizan en este “Scorched Earth” en toda su gama de registros habitual. Con la ayuda de Kerim “Krimh” Lechner (Dååth, Act of Denial, Septicflesh…) en baterías y de Jorge Cisternas (Humanotone), Tim Yatras (Austere, Autumn’s Dawn, Germ) y Serena Cherry (Noctule) pergeñan ocho cortes a los que adorna el arte de Brvno Gonzalez y que ha de ver la luz el próximo dieciséis de enero vía AOP Records.

Heal Me”, con colaboración de todo un Tim Yatras, entronca con la vertiente más elegante del dúo austríaco. Una tímida y simple línea de piano se abre camino por un cuidado prólogo hasta la irrupción de las primeras estrofas. J.J., siempre roto y desgarrado, traza una línea de voz en la más pura tradición harakiriana. Pero por si algo me gusta este primer corte es por los bellos adornos de las guitarras, así como por esos violentos cambios de ritmo por donde se colará su bien conocido post-black metal. Asegura la nota de prensa que nos han hecho llegar desde el sello que esta es una banda que sigue evolucionando con cada disco y el poso más alternativo de este puente central puede ser un ejemplo de ello. Que me agrada por cómo enlaza y funde esa tradición más vibrante de la banda con alguna línea de guitarra que bien podrían haber firmado unos Anathema del “Judgement”. Un más que prometedor arranque de álbum:

Larga introducción de nuevo con el piano como protagonista. “Keep Me Longing” pone de relieve a los HFTS más elegantes para después, y de forma brusca, dar salida a un arrebatado blast beat por parte de Lechner. Aún en esas partes más violentas, nunca desaparece el marcado carácter atmosférico que circunda su modo de entender el black metal. Así, el corte va desarrollándose sobre una maraña de cambios de ritmo, no tanto de tono, donde brilla el gran trabajo de M.S. en todo lo concerniente a guitarras. Buenos riffs y mejores melodías que enlazan estrofas siempre tristes y desesperanzadas. Para satisfacción de sus fans de siempre, el dúo ni mucho menos arriesga aquí. Me agrada el equilibrio que muestra la mezcla cuando la parte final funde voces, base rítmica, piano y arreglos sin que ninguna línea opaque a las demás. Y siento como una punzada en el corazón que el sello no haya tenido a bien comunicarnos quiénes han sido los responsables de grabación, mezcla y demás. Sea como fuere, cuando el piano sí que adquiere un mayor protagonismo durante el epílogo, no han sido pocas las veces que se me ha puesto la piel de gallina. Un clásico ya en lo que a sus discos se refiere, una fuerza emocional que no ha perdido un ápice de fuerza en estos años.

Sorprende la mayor luz que trasmite ”Without You I’m Just A Sad Song” durante su prólogo. No tanto la forma en que este se funde con la voz de J.J. conforme irrumpen las primeras estrofas. El contraste conseguido, de hecho, resulta en uno de mis momentos favoritos de todo el largo. Después, cual pequeño riachuelo, surge el lado más post-rock de la banda. HFTS van trazando así uno de los cortes con mayor personalidad del álbum. Esa misma personalidad que tanto enfrenta a los fans del género, siendo esta siempre una de esas agrupaciones ante las que parecen no caber medias tintas. Pero incluso su detractor más furibundo podrá reconocer la valía de las buenas melodías que M.S. enfrenta a la (siempre) desgarrada voz de su compañero de fatigas. En los marcados cambios de rumbo, cuando las guitarras adquieren una mayor gravedad, vuelve a ponerse de relieve la equilibrada mezcla que porta el disco. Buenos solos emergen además conforme la se acerca el epílogo. Y de nuevo la forma en que estos se funden con la voz no podría ser más acertada. Nada nuevo en su libro de estilo pero ejecutado con la seguridad y la firmeza que acostumbran. El final no solo es elegante sino que, además, porta alguna guitarra de gancho indudable. Quizá mi favorita de las ocho.

No Graves But The Sea” sorprende con un prólogo que acerca a los austríacos a las fronteras del doom de formaciones como los primeros Katatonia. Apenas un guiño antes de que la banda nos devuelva hacia un post-black lleno de baterías vibrantes y al que M.S. adorna con solos ágiles y eficaces. Un corte que me genera opiniones encontradas. Y es que su composición, ese clásico juego entre tonos, no podría ser más clásico. Por ende, tampoco resultar más eficaz. Tiene momentos de calma, también de furia, pero echo en falta algo más de riesgo. Ambos músicos están más que acertados en sus distintas parcelas y el invitado Lechner pergeña una más que interesante línea de batería. Pero se suceden las escuchas y no puedo evitar pensar que pasa algo inadvertida al lado de otros cortes de este “Scorched Earth”.

With Autumn I’ll Surrender”, que estrenaran allá por octubre de 2024, arremete ahora con una versión más contenida de su consabido black atmosférico. Nada de contorsiones ni experimentos con gaseosa. Desconozco si el tema nació ya con visos a anticipar al álbum pero no cuesta trabajo reconocer dónde traman una oferta más conservadora en comparación al mayor riesgo de, sin ir más lejos, “Without You I’m Just A Sad Song”. Lo que no quita para que coexistan buenos cambios de ritmo con melodías eficaces y todas su desesperanza y agonía habituales. Es la producción quien trata, aún de forma tímida, de sacar a la banda de ese cierto conformismo, de ese pequeño aletargamiento, con varios detalles en lo que al sonido de las guitarras rítmicas se refiere. Particularmente en las partes más calmadas. Esas donde, curiosamente, brilla el buen hacer de Lechner a los parches. Un cierto cúmulo de clichés, en definitiva, que no por ello un corte que sobre en ningún caso.

En “I Was Just Another Promise You Couldn’t Keep” sí que aprecio un mayor riesgo, aún cuando el prólogo no podría ser más leal a los postulados sobre los que se ha desarrollado la carrera del dúo. Hay buenos riffs en estos primeros compases. También unas voces que ganan en detalles con respecto al resto de entregas. Las partes más calmas se arriman más que nunca al precipicio del post-rock y HFTS colisionan hábilmente con su desgarro habitual. Buen juego vocal el que se trama aquí. Especialmente en las partes más violentas. En las más acompasadas M.S. pone todo de su parte para que las guitarras aporten todo el color posible a la composición. Podría decirse incluso que este es el corte más brillante de los ocho en lo que a trabajo de guitarras se refiere. Una banda que se aferra a sus tradiciones sin que ello implique anquilosarse en una única manera de entender el black metal.

Too Late For Goodbyes” con Lechner a puro blast beat en un inicio descosido, que pronto atemperan con la irrupción de las primeras estrofas. Es el último corte en varias de las ediciones del álbum, y lejos de condensar en una única composición muchas de las ideas que porta el álbum, HFTS retornan a sus orígenes con otro de esos cortes bifocales en los que tanto y tan bien se manejan. En una de sus habituales y pequeñas islas de tranquilidad surge la cristalina voz de Serena Cherry, verdadero contrapunto al registro desgarrado y melancólico tan habitual en J.J.. Un más que digno y funcional cierre a un (pienso) muy buen disco de los austríacos…

… salvo en las ediciones cuyo honor corresponde a “Street Spirit (Fade Out)”, versión de las luminarias alternativas británicas Radiohead, que la banda transfiere a su terreno con el tino con el que ya remozaran cortes ajenos en el pasado. “Mad World” de Tears For Fears sin ir más lejos. Voces limpias y un (hasta cierto punto) respeto por el original para alivio de los fans de la banda de Thom Yorke.

“Una instantánea del mundo en que vivimos” proclama la nota de prensa. Harakiri For The Sky amplían sus registros para seguir donde lo dejara el interesante “Mære” de 2021. Un compendio de muchas de las ideas que les han hecho cabeza visible de un género y, como apunté por ahí atrás, les han granjeado tantas filias como fobias. No solo por el tipo de propuesta que realizan como por la manera en que han sido capaces de edificar un sonido al que poder llamar propio partiendo de unas premisas básicas tan marcadas. En un género que a veces puede pecar de cierto anquilosamiento, el dúo emerge como ese faro que nos desvía del desastre. Aunque sea en un mundo en ruinas.

Texto: David Naves

Crónica: Green Desert Water (Oviedo 26/12/2024)

Ni dos meses habían transcurrido desde nuestro anterior encuentro con las huestes de Green Desert Water. Además estas fechas entre navidades y año nuevo siempre son complicadas. Pero la posibilidad de descubrir (de desbloquear) un nuevo escenario pudo más que cualquier otra consideración. Ofrecía la tercera, esperemos que definitiva, ubicación del Kuivi la oferta más afín a este medio desde su inauguración y para allá que nos fuimos. Un evento que no pierde su característica terraza pero gana techo al fin, amén de contar ahora con una enorme sala multiespacio que, deseamos, nos procure unas cuantas alegrías.

Súmenle la pinchada de DJ Leña y qué mejor plan se les ocurre para una tarde noche de jueves. Y es que no fue poca la gente que se arrimó a Almacenes ávida de buen rock and roll. Mucha cara conocida, músicos y fauna diversa de esa que siempre presta ver. Así las cosas, cuando pasan cinco minutos de las nueve y vemos a Kike con aquella guitarra con que debutara en la ubicación original del Kuivi, el trío arremete con el inicio tendido y elegante de “Black Harvest”, sentando los pilares de otra buena noche para ellos. Tremendo el solo con el pie al wah que dibujó Sanchís aquí.

Buen sonido en líneas generales, que era una de mis preocupaciones nada más vi el alto techo del recinto, si bien a ratos la voz de Kike Sanchís se perdía en la mezcla. La banda, apoyada en firme sobre la base rítmica de Juan Arias (bajo) y Dani Bárcena (batería), enlaza entonces las habituales “Sacred Tree” y “Dead Sacred Tree” con un gran manejo de los cambios de ritmo. El público algo frío quizás. De ahí que no falten los “¡Eh!” tan habituales en el guitarra y frontman del trío. “Vamos a tocar una algo suavilla, a ver si os gusta” anunció el propio Bárcena, para proceder con “Kabul” y realizar un pequeño pero cuidado y medido acercamiento a las fronteras del blues…

… que enlazan con “Too Many Wizards” dejando por el camino su cara más ruidosa. Por ahí fueron construyendo un set de lo más ágil. Sin traicionar su sonido y siendo capaces de sorprender aún cuando, ya digo, les teníamos más que frescos. Lo que si estaba en el guión era el descamisado de Bárcena (un clásico ya), las presentaciones a cabo de éste y la cierta sorna con que introdujo el siguiente tema: “vamos a tocar un clásico del último disco. Un ballenato”, que no era otro que, claro, “The Whale”. Green Desert Water en su clave más, valga la redundancia, desértica, casi monolítica, poniendo a prueba las paredes de esta tercera ubicación del Kuivi. Estupendos riffs aquí y más que eficaces coros de Bárcena durante estribillos.

Pero es que “Shelter Of Guru” y aunque en cuanto a puesta en escena me sobrase algo de luz, demostró que si se lo propone este puede ser el trío más heavy del Principado. Vimos además aquí al Sanchís más esforzado en tareas vocales de toda la noche, sacando adelante su interpretación más visceral sin perder un ápice de clase. El cierre llega con el recuerdo al primer disco, “Solar Plexus”, también con los Arias y Bárcena más ruidosos y enfebrecidos de todo el set. Un set que se nos hizo algo corto, poco más de cuarenta y cinco minutos si mis anotaciones no me engañan, pero que sirvió para descubrir un recinto de inmensas posibilidades. Un espacio que la a veces tan aburrida Oviedo venía reclamando desde hace ya mucho tiempo.

Green Desert Water se están convirtiendo (si no lo son ya) en una de nuestras bandas fetiche por méritos propios. Única formación en tocar en las tres ubicaciones que ha tenido el evento hasta ahora (con sus correspondientes crónicas en esta página) y a la que sólo le podemos pedir un tercer trabajo que confirme y amplíe las buenas sensaciones que dejaron “Solar Plexus” y “Black Harvest”.

Por nuestra parte nada más que pedir disculpas por lo raudo de nuestra huida. Era día de colegio que diría aquél, y tocaba recogerse pronto. Mandar eso sí un abrazo a Leña, a la propia banda y a los habituales que nunca fallan. Vayan desde aquí nuestros más que sinceros deseos de que entréis con buen pie en el año de la mala rima y ya sabéis: nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Reseña: Totengott «Beyond The Veil» (Hammerheart Records 2024)

Empecemos con los hechos. La reseña de “The Abyss”, a la sazón segundo disco de estudio del trío asturiano Totengott, fue el primer texto que servidor entregó para HMB. Por eso cualquier cosa que tenga que ver con el trío que forman José Mora (batería y coros), Nacho Bernaldo (bajo y coros) y Chou Saavedra (guitarra y voz) siempre tendrá un significante muy especial para quien escribe.

Los chicos, que como muchos ya sabréis comenzaran su andadura como banda de versiones de Celtic Frost, regresan ahora bajo el paraguas de la histórica Hammerheart Records. Y lo hace con un tercer largo al que han dado en llamar “Beyond The Veil” y que ha sido mezclado por el Balmog Javier Félez (Altarage, Teitanblood, Conjureth, Onirophagus…) en los Moontower Studios. Posteriormente masterizado por Jaime Gómez Arellano (Angel Witch, Ulver, Ghost, Moonspell, Fen…) y adornado por el estupendo artwork de Khaos Diktator Design (Gaerea, Wyrd, Heresiarch, Saor…), verá la luz el próximo 12 de julio.

Es gracias a ese prólogo brumoso y oscuro de “Inner Flame” que uno capta, por las buenas o las malas, el tono alrededor del cual se va a desarrollar esta tercera entrega de los asturianos. Es un corte en la más pura tradición de las entregas más vibrantes de la banda, que viene a resultar todo un canto al thrash metal más sucio y elemental. En comparación a anteriores trabajos, sorprende ese bajo tan alto en la mezcla. En ningún caso predominante pero qué duda cabe dando un mayor empaque a ese trotar tan habitual en ellos. El epílogo sí que destapará una mayor pesadez y la buena labor de Félez en las mezclas dará sus frutos a lo largo de ese tramo final más angosto y oscuro. Notable arranque.

Es “Sons Of The Serpent” la que de pronto destapa un aura más oscura y ominosa a través de un prólogo que rozará incluso lo funerario. Hay un juego de voces aquí capaz de disociar a esta tercera entrega de sus dos anteriores, al tiempo que acerca al trío a Triptykon, la continuación natural de los Celtic Frost más postreros. El registro de Saavedra resulta especialmente roto en estas estrofas y ejerce un poderoso contraste con esas tesituras más cristalinas, también enigmáticas, que emanan de los coros. Contrapuntos que asemejan a un juego de espejos mientras la banda transiciona hacia su cara más aletargada y oscura. La mayor presencia de teclas remata a un epílogo alimentado por su cara más sinfónica y, en cierto modo, grandilocuente.

Marrow Of The Soul” vuelve a territorios similares (que no iguales) a los de la inicial “Inner Flame” para de nuevo entregar encarnación más nerviosa y dibujar de paso alguno de mis riffs favoritos de todo el largo. La guitarra de Saavedra, con esa afinación tan característica, brilla en toda su gloria aquí. Un corte que puede pecar de lineal en un primer tercio que apenas cogerá aire durante esos estribillos más lángidos y pesados. Interesante solo de guitarra el que ocupa su tronco central y retorcido a más no poder un epílogo donde tienen cabida muchas de las caras que representan a una banda como esta. Totengott confrontan brío con pesadez, crudeza con nervio, resultando en un tramo final verdaderamente llamativo. Sobre el papel otra de mis favoritas.

The Architect”, que tuvo su correspondiente traslación a videoclip, me atrapó desde las primeras escuchas. La poderosa y también enigmática voz de Marija Krstevska y el tratamiento que de ella hace la producción durante el prólogo. Ese pulso arrastrado, que tanto y tan bien ha desarrollado la banda en el pasado, esas voces igualmente enigmáticas así como ese avanzar por momentos casi agónico. Un corte que propulsa a la banda hacia el futuro sin que ello implique negar el pasado. Tan atmosférica como enigmática. Composición que apunta a fija en sus setlists durante largo tiempo.

Esta primera “Beyond The Veil Part I: Mirrors Of Doom” entregará una cara casi cinemática de la banda. Un prólogo que parte de lo atmosférico para luego alcanzar una épica a ratos desgastada donde vuelven a brillar esas cuidadas voces de Krstevska. Ejerce como angosto preludio de una segunda parte, “Beyond The Veil Part II: Necromancer”, donde el trío cuenta con la colaboración del E-Force y ex-Voivod Eric Forrest. Un corte que en su primer tercio transita sobre un metal vibrante y descosido. Ese riff de las partes más nerviosas quizá no me resulte el más redondo de todo el álbum. Mora está incansable tras baterías y especialmente fino en los pequeños pero marcados cambios de ritmo. Es cuando las revoluciones bajan y el corte adquiere una mayor pesadez que la banda parece sonar mejor que nunca, con Forrest dejándose el alma en algunas voces realmente agrias. El mayor peso que adquiere el bajo de Bernaldo en este tercer trabajo ayuda a apuntalar esas partes tan nerviosas, también la pesadez del pequeño epílogo. Estupenda.

El final, en la más pura tradición Totengott, corresponde a la composición más extensa del álbum, en este caso “The Golden Crest”, si bien esta queda lejos de los altos minutajes que desarrollaban cortes como aquél “Doppelgänger” que daba nombre al debut. Es precisamente a aquél primer trabajo al que parece hacer referencia este broche final. En especial por la gama de arreglos de la que han echado mano. Diría incluso que por el riff que dibuja Saavedra a lo largo del prólogo. La banda adopta más adelante esos coros prístinos que han ido apareciendo a lo largo del tracklist, dejando finalmente su lugar a un bien acomodado solo de guitarra. Su tronco central, sin embargo, contrapone voces limpias a un trazo pesado, casi arrastrado, preñado de voces que parecen desafiar a cualquier tipo de cordura, dibujando así durante el epílogo un metal tan monolítico como grave y desesperanzado. Un cierre descomunal y arrebatador, en rima con trabajos anteriores, que abrocha a estos al tiempo que responde a los propios pulsos sobre los que se desarrolla buena parte de este “Beyond The Veil”…

… donde creo que la banda ha sabido conjugar su propio legado al tiempo que parece mostrar una mayor intención por encontrar un sonido mucho más propio e identificable. Por supuesto que hay riffs e ideas aquí dentro que en buena medida recuerdan al bueno de Thomas Fischer. Pero mentiría si dijera que cortes como la misma “The Architect” discurren por terrenos hasta ahora y, en cierto modo, desconocidos para ellos. Otro detalle a tener en cuenta es la disposición de los temas, o cómo la banda ha ido abandonando los eternos desarrollos de sus dos primeras obras en pos de creaciones más concretas y concisas. Por lo demás aquí están sus flirteos con el thrash sus descensos hacia el doom más descarnado y ciertos coqueteos con lo atmosférico e incluso lo cinemático. Todo ello dentro de una misma raíz y sin complejo alguno, trazando un tercer trabajo con todos los argumentos para suponer su confirmación definitiva.

Texto: David Naves

Green Desert Water nueva confirmación del Planet Desert Rock Weekend V

Cinco años después Green Desert Water regresará a la icónica ciudad norteamericana de Las Vegas para participar en la quinta edición del festival Planet Desert Rock Weekend.

Del 30 de enero al 1 de febrero tomarán posesión por derecho propio de un escenario por el que desfilarán nombres reconocibles de la escena stoner global como Fireball Ministry, Mos Generator, Sergeant Thunderhoof, Mr. Bison, Jirm, Valley Of The Sun, Samavayo, Fire Down Below, Omega Sun , Sons Of Arrakis o Godzillionaire entre otros.

Los ovetenses que el próximo 20 de julio abrirán el concierto de Phil Campbell And The Bastard Sons en la Sala Helldorado de Vitoria-Gasteiz se encuentran actualmente inmersos en la grabación de su próximo álbum de estudio, continuación del estupendo «Black Harvest» editado en noviembre del 2021 a través de Small Stone Records.