Parada en el ovetense Gong Galaxy Club del combo post black metal germano Downfall Of Gaia dentro de su tour estatal junto a los catalanes Syberia. La cita tendrá lugar el próximo sábado 27 de abril.
Los teutones presentarán su nuevo lanzamiento discográfico «Silhouettes Of Disgust» editado en el mes de marzo vía Metal Blade Records. Obra conceptual, su narrativa se centra en las historias de ocho personas diferentes, residentes de una metrópolis ficticia, cada una con sus propias preocupaciones y luchas como la soledad, la adicción, el miedo al mañana, la presión de la sociedad, el trabajo y cosas que muchos conocemos muy bien.
Por su parte Syberia llegarán a Asturias directamente de su reciente tour europeo e inmersos en la promoción de su último disco de estudio «Statement Of Death«, editado el año 2022 también a través del sello norteamericano Metal Blade Records.
“Black Rose”, es el quinto y nuevo trabajo instrumental del guitarrista cordobés José Rubio. Un álbum grabado, mezclado y masterizado por el propio músico en los Meigasound Studios, a excepción hecha de las baterías del ex SaratogaAndy C., que vinieron al mundo en los KV62 de la capital del estado. Junto al mencionado batería completan la nómina de participantes José Rubio Jr. también en baterías, Celso Grande y Zoraida Vidal en teclas y Galilea Rubio al bajo. El álbum vio la luz en noviembre del pasado 2023 vía Demons Records.
La elegante calma que inunda el prólogo de “Black Rose” bien podría funcionar como bienvenida de algún disco de power melódico al uso europeo. Me agrada el crescendo que Rubio plantea aquí. La calma que irrumpe tras el mentado prólogo y ese viraje hacia territorios shred a la vez más potentes y reconocibles. Buenos cambios de ritmo adornan la composición mientras el granadino desarrolla todo su buen hacer a las seis cuerdas. Siempre sin olvidarse de trazar un corte atractivo ya desde el papel. Y es que me agrada la forma en que conjuga las partes más reposadas con las más intensas. Soleando sin abusar y manejándose siempre en el territorio del buen gusto. Los fans del metal más convencional se verán igualmente recompensados como ese pulso más power que emerge en su tercio final. Surge ahí el Rubio más heróico, al tiempo que la producción echa el resto en lo que a pegada se refiere. Un gran arranque.
Pianos para la entrada casi misteriosa de “Ghost In The Shadow”. Rubio acompaña en rasgueos que me recuerdan al Alberto Cereijo más liviano al tiempo que construye un prólogo de nuevo elegante y distinguido. El ex WarCry quiebra después esa calma y reconduce hacia un hard / heavy tan firme como clásico. Por trazo, es verdad, no alcanza a sorprender en la forma en que lo hizo el tema título. No obstante, Rubio está más que inspirado a lo largo de la serie de solos que vendrá a disponer aquí. También en cuanto a riffs. Incluso se reserva pequeñas pausas cuyo leitmotiv no parece ser otro que el directo. Y sí, su faceta más puramente guitar hero inunda un tercio final que haría las delicias de todo buen fan de Vinnie Moore. Echo en falta que aquél tono mistérico del prólogo no regrese a la composición en algún momento pero con eso y con todo un corte que disfruto en buena medida.
“The Crow” presentó al disco en sociedad allá por el 31 de octubre. Es otro corte de arranque misterioso y apaciguado, que más tarde virará hacia un hard algo chulesco y que finalmente desarrolla al Rubio más versátil. Aquí cobrará vital importancia una producción que viene a acentuar la vertiente más abiertamente metálica de este “Black Rose”. O a ofrecer el debido apoyo a ese pulso más groove que va y viene a lo largo de la composición. Acierta Rubio aquí a la hora de conjugar los diversos tonos y colores. Y si bien este sigue siendo el disco de un guitarrista, es apreciable la forma en que ha entregado un corte que, aun en su naturaleza instrumental, resuena a esfuerzo colectivo. En gran parte por vivir de algo más que puros guitarrazos. De hecho hay aquí una estupenda línea de batería y un notable trabajo en cuanto a arreglos y producción. Otra de mis favoritas.
“Tears”, una vez más, arrancará desde la más pura calma. De hecho el prólogo, que irá yendo y viniendo a lo largo del corte, me ha recordado a El Altar Del Holocausto, por extraño que pueda parecer. El caso es que Rubio y al contrario que en cortes precedentes, construye desde esa calma una balada puede que menos sorprendente que otros cortes de este “Black Rose”, en gran parte por una duración, tres minutos y medio, algo escueta.
“Piece Of My Soul” rompe con los prólogos tranquilos y sosegados para ofrecer desde el primer segundo la cara más desenfadada y vibrante de un José Rubio que parece disfrutar como niño con juguetes nuevos al tiempo que evoca a los grandes próceres de las seis cuerdas. El riff que sitúa aquí el granadino puede ser fácilmente el más ganchero de todo el disco. Y si bien por construcción y salvo pequeños insertos del bajo Galilea Rubio, resulta menos laberíntica y algo más predecible que otras ofertas semejantes, lo cierto es que mentiría si dijese que no ha sido este el tema que más vueltas ha estado dando por mi cabeza los últimos días.
“The Jacket Over The Grave” parece imbuida del espíritu del mejor Gary Moore. Algo que ya de por sí sería excusa suficiente como para acercarse a esta penúltima entrega del disco. Y si bien Rubio ni es Moore ni lo pretende tampoco, que los paralelismos están ahí resulta, pienso, innegable. Conecto aquí con ese puente desnudo de toda base rítmica y la forma en que la composición irá reconduciendo hacia ese páramo más intenso y encendido del epílogo. Siempre sin traicionar el propio espíritu melancólico y desgastado que el corte arrastra desde el prólogo y logrando por ahí erigirse como otro de los grandes triunfos de este nuevo trabajo.
“Zero”, corte final de “Black Rose” y a la vez entrega más extensa del álbum, diez minutos de nada, se construye desde un prólogo a ratos laberíntico donde la influencia de un tal John Petrucci resulta más que evidente. Quizá no tanta la de los propios Dream Theater o ni siquiera Liquid Tension Experiment, sino más bien los propios discos en solitario del nacido en Kings Park. Hay una fabulosa línea de batería sobre la cual Rubio desarrollará su vertiente más abiertamente progresiva, sin olvidar ni la intensidad del metal más directo ni los arreglos del más pomposo. Más adelante el corte vendrá a recorrer por terrenos más decididamente heavies, a un tiempo derrochando solos de calidad y al otro dejando espacio para el brillo del resto de músicos implicados en la grabación. Hay algo del Vai más loco en la serie de solos que finiquita al puente, seguida por un Rubio que recupera su faceta más shred, y cerrada por las teclas más teatrales del disco. Y mientras que el epílogo nos devuelve al Rubio más a la Petrucci, no puedo evitar pensar que difícilmente te harás con un corte como este en una primera escucha. Exige, sin imponer, toda nuestra atención. Y la recompensa con un trazo ágil, unas ejecuciones a gran nivel y una factura difícilmente reprochable. Un gran cierre.
Para quienes tenemos el talento musical de un zapato, la tarea de composición de obras como esta vive rodeada de una cierta intangibilidad. De misterio incluso. Rubio ha trazado un álbum hábil a la hora de deslizar sus muchas (y pienso que evidentes) influencias sin que estas alcancen nunca a emborronar unas composiciones donde sigue muy presente la personalidad, a tenor de lo oído más diversa que nunca, del músico granadino. De hecho músicos y fans más avezados en guitarristas de todo pelaje que servidor a buen seguro descifrarán muchos nombres más allá de los recurrentes Vai, Satriani, los dos Moore o Petrucci que han acudido prestos a mi subconsciente a través de las distintas escuchas a este más que interesante “Black Rose”. Como digo diverso y a la vez coherente. Bien adornado, mejor producido y cuya mayor pega, para muchos, será su propia naturaleza instrumental. Al resto, buena caza.
Tener todo un festival internacional de la cerveza artesana a escasos diez minutos de tren ya sería sobrado aliciente para poner rumbo a La Felguera. Si además la jornada cuenta con la participación de gente como The Black Panthys Party, Endernity o Saratoga y además el clima primaveral acompaña, qué menos que dejarse caer por allí.
Mucha, mucha, mucha gente en el FICAL cuando son alrededor de las ocho de la tarde. Una vez hecha la inspección de rigor, la obligada composición de lugar, al evento parece no faltarle de nada. Numerosos bancos y mesas, food trucks, dos escenarios y, claro, multitud de puestos donde degustar cañas, pintas y lo que se terciara.
Centrándonos en lo musical, puede que The Black Panthys Party no entren del todo en el tipo de música que acostumbramos a tratar de este medio. ¿Nos aburrimos con ellos? Desde luego que no. Su forma de entender el punk no podría ser más clásica, pero obedecen a una raíz crítica que rezuma sarcasmo, ironía y finos juegos de palabras. El “buenas noches, Fitur” con que nos recibieron, pienso, les define y les resume.
Había gente de casi todas las edades frente a ellos. Y mientras mantenían a la familia real en el centro de la diana, sin cuidado alguno por lo que puedan pensar fiscalía y demás instituciones del estado y mientras la cerveza seguía abriéndose camino por cientos de gaznates, nos divirtieron con su peculiar modo de interpretar el tiempo que nos ha tocado vivir.
Los madrileños Endernity no lo iban a tener tan fácil. Y fíjate que son una banda que teníamos ganas de ver. Sus dos álbumes de estudio, el debut “Disrupted Innocence” y su continuación del año pasado “Flesh And Bone Of Humanity” pasaron con buena nota por esta web, revelando a una banda con una personalidad muy marcada y las ideas bien claras.
Pero nada más bajar del tren y llegar al recinto, pude ver en la prueba de sonido que acudían a la cita langreana sin Juan Carlos Fernández “Litos”, bajista del cuarteto, por lo que nos las tendríamos que ver con una banda en formato trío y líneas de bajo disparadas.
Como disparada era la intro “Handful Of Dust” a eso de las diez y media, para inmediatamente dar paso a “Goddess Ishtar” y enfrascarse en una auténtica batalla contra los elementos. Primero, un público ajeno que en gran medida no te conoce. Segundo la comentada falta de “Litos”. Y tercero, una infección de garganta que afectó a su guitarra y vocalista Manu. Pero a pesar de todo ello no percibí que el sonido fuera malo del todo. Sin solución de continuidad enlazan con “The Dream Is Over” del debut y, a fin de cuentas, uno vislumbra una versión cuanto menos notable del ocasional trío.
No quiso el propio Manu, claro, olvidarse de la ausencia de su cuatro cuerdas y de hecho comentó que la falta se debía a un hecho luctuoso ocurrido en su entorno más cercano, por lo que no queríamos dejar pasar la oportunidad de mandarle desde aquí todo nuestro afecto acompañado del mayor de los abrazos.
Pero la vida sigue y el metal con ella. Manu aseguró que se dejarían la piel por su compañero y a buen seguro y dentro de lo difícil que a buen seguro era para ellos, supieron sacar adelante buenos temas como ese “Revenge” con un tremendo GoG a los parches. También una “Ignorance Celebration” que, aseguraron, centra sus miras en todos esos charlatanes que surgieron a rebufo de la terrible pandemia del COVID. Malditos sean todos y cada uno de ellos.
Insistió varias veces el frontman con aquello de seguir a la banda en redes. Es el signo de los tiempos, con el formato físico claudicando ante el streaming, nuestro nuevo dios. Rodri cambia su Strato por una Telecaster y el trío se mete de lleno en un repaso por su notable debut. Ahí destacó “Infinite Hell”, con Manu peleando como un titán contra su infección de garganta, y una “You Wont Bring Me Down” que, dadas las circunstancias, sonó a pura reivindicación por su parte.
Apuntada inicialmente en el setlist la balada “I Dream That I Can Fly” terminaría cayéndose del mismo. Los problemas de voz de Manu. Endernity nos dejaron en cambio la más vacilona “Bite Me” primero, un pequeño solo de batería después y finalmente las debidas y obligadas presentaciones. El mayor nervio de “In The Name Of God” despidió una cita llena de contratiempos. Endernity pelearon contra viento y marea, sabiendo hacerse grandes frente a la adversidad. Queda por tanto el deseo de verles al completo y en plenas facultades en el futuro. Que no duden les recibiremos con los brazos abiertos.
Mucha expectación para la enésima venida de los también madrileños Saratoga a tierras asturianas, que pese a lo reciente de su última visita, aquella en el Teatro El Llar de Corvera allá por octubre del pasado año, concitó a un gran número de seguidores frente al escenario grande del FICAL.
Pero lo cierto es que irrumpen con “A Morir”, no sin antes un pequeño paso en falso, y la banda no parece estar del todo cómoda. De hecho el sonido, en líneas generales, fue peor que en anteriores citas. Desde abajo dio la impresión de que el problema estaba en los monitores pero no son más que cábalas. De ello tal vez el que viéramos a Tete en una versión algo más diésel, reservándose en el tramo inicial del set para ya bien entrada la noche ser el frontman de siempre.
En honor a la verdad y aunque ya digo que el sonido era mejorable, la gente se lo pasó en grande. De clásico en clásico y tiro porque me toca. “Mi Ciudad” pero muy especialmente “Maldito Corazón”, con un poderoso Arnau a los parches, fueron encauzando para bien la más reciente (seguro que no última) venida de Saratoga a Asturias. Mención igualmente a Jero. Su último paso por la región había levantado ciertas dudas pero el sábado y aún a pesar de los inconvenientes, pareció volver a su mejor versión.
Preguntó Tete cómo teníamos nuestras gargantas. Si dispuestas para gritar o prestas únicamente para ingerir cerveza. Lo cierto es que enfrascados como están en esa gira treinta aniversario con un set que repasa lo mejor de su discografía, pocos fueron los temas de la época del pinteño que nos dejaron. Precisamente por ahí “No Sufriré Jamás por Ti” parece haber caído de pie entre los suyos.
Del mismo modo muy bien recibida “Ángel De Barro” y sorprendente “Las Puertas Del Cielo” por cómo entregó los coros más rotos y oscuros que le hemos escuchado a Niko Del Hierro en mucho tiempo. Tete, por su parte, no se olvidó de sus habituales juegos con la audiencia. Tampoco de su ya clásica bajada al foso durante “Resurrección”. Y, cosas de haberles visto tres veces en menos de un año, el cambio de pie de micro revela que está por venir la calma de “Si Amaneciera”, con un mar de móviles iluminando FICAL.
“Como El Viento” puso una vez más la nota más power del veterano y curtido cuarteto para finalizar un set donde Saratoga se las vieron y desearon contra no pocas circunstancias adversas. Fue, claro, apenas un pequeño parón antes de los acostumbrados bises. Que sorprenden con la inclusión de “Mi Venganza” del “Morir En El Bien, Vivir En El Mal”, que anticiparía a las más predecibles “Vientos De Guerra” y “Perro Traidor”.
Desde luego no fue una mala versión de la banda pero sí es cierto que les hemos visto con mejor sonido en citas recientes. ¿Nos gustaron? Sí. No deja de ser un set construido a base de canciones que son auténticos himnos para una nutrida base de fans del heavy metal en la lengua de Cervantes. Pero regrabaciones al margen, son seis años ya sin nuevo material de estudio y al set no le faltan himnos pero quizá si algo de frescura.
Así las cosas, cansados pero contentos, aún nos quedó algo de gasolina en el tanque para disfrutar un rato de Me Fritos And The Gimme Cheetos y su punk de versiones improbables, que convertirían FICAL en una auténtica fiesta. Divertidos. Es cierto que toda vez se apaga el efecto sorpresa, el oyente más casual (es mi caso) echa en falta algo más. Aunque no termino muy bien de saber el qué. En cualquier caso ya digo que quienes se quedaron tras el bolo de Saratoga disfrutaron de lo lindo con los asturianos.
Pero a nosotros nos llegó la hora de recoger. Como calentamiento a los festivales que están por venir disfrutamos enormemente de la última edición del FICAL. En buena compañía, como siempre, con una organización que puso de su parte de cara a la redacción de esta crónica y en un marco que, por cercanía, nos trae tantísimos recuerdos del añorado Derrame Rock. Por muchos años.
Apenas 6 meses después de su paso por el TeatroEl Llar de Corvera, Saratoga regresa a los escenarios asturianos como cabeza de cartel de la próxima edición del FICAL, el Festival Internacional de Cerveza Artesano de Llangréu que tendrá lugar del 12 al 14 de abril.
La cita de carácter gratuito con la banda madrileña será en la medianoche del sábado 13 de abril en la habitual ubicación del evento, las instalaciones de la Pinacoteca Eduardo Úrculo situada en la calle La Unión número 31 de Langreo. El resto de la oferta musical estará compuesta por la banda tributo a Black SabbathRat Sabbath, Flashback, La Mørgue, Los Berrones, Misiva, Soulvattore Di Groove, Pablo Valdés, Malvís, Endernity, The Black Panthys Party y Me Fritos And The Gimme Cheetos con el siguiente reparto de horarios:
Viernes 12 de abril 20:00 h. RAT SABBATH (Escenariu Roces) 21:00 h. FLASHBACK (Escenariu Roces) 22:30 h. LA MøRGUE (Escenariu Principal) 00:00 h. LOS BERRONES (Escenariu Principal) 1:30 h. MISIVA (Escenariu Principal) 3:00 h. SOULVATTORE DI GROOVE (Escenariu Principal)
Sábado 13 de Abril 19:00 h. MALVÍS (Escenariu Roces) 20:30 h. THE BLACK PHANTYS PARTY (Escenariu Roces) 22:30 h. ENDERNITY (Escenariu Principal) 00:00 h. SARATOGA (Escenariu Principal) 1:30 h. ME FRITOS AND THE GIMME CHEETOS (Escenariu Principal) 3:00 h. SOULVATTORE DI GROOVE (Escenariu Principal)
Domingo 14 de abril 13:30 h. PABLO VALDÉS TRÍO (Escenariu Roces)
«Fetid» el que será segundo álbum de los catalanes Barbarian Swords grabado con Javi Félez en Moontower Studios verá la luz a través de Base Record Production enLP, CD y cassette el 26 de abril y traerá consigo el retorno a su propuesta inicial típicamente black/doom.
01 Cherokee Firestorm 02 Six Feet Of Justice 03 Tancredus, Smash!! 04 Genocidal Theogony 05 Even Brave Men Fear Death 06 Not Even Light
Con portada obra de Juanjo Castellano (The Black Dahlia Murder, Unleashed, Skeletal Remains, Avulsed…), Uretra (Onirophagus) a la batería, Von Päx (voz), J. Pnzr (guitarra, bajo, teclados) y Steamroller (guitarra) han creado una nueva sinfonía de la enfermedad y los pensamientos malsanos.
Es el séptimo trabajo para los thrashers madrileños desde que editaran aquél “Thrash Metal Is Violence” a mediados de 2009, algo que da cuenta de cuán prolífica es la banda que hoy nos ocupa. Formados allá por 2002 en la capital del estado, Omission han venido sembrando el territorio con su thrash inyectado de black y speed metal para regocijo de una parroquia siempre fiel y entregada. “Disciples Of Ravens Vengeance”, que sucede a un “Worship What You Fear” del que dimos buena cuenta aquí a comienzos de 2001, reúne a Miguel A. Hernanz “Patillas” en guitarra y voces, Pizarro al bajo y Nekrosaint en baterías.
Producido por Choco, de los también madrileños Frenzy, el álbum fue mezclado y posteriormente masterizado con la ayuda de Gonzalo Vivero, cuenta con fotografías de José Machado y artwork de José Antonio Vives (Canker, Saedín, Ankhara, Aggression…). Se encuentra en la calle vía Xtreem Music en CD, vinilo de 12″, cassette y digital.
“Rabid Aggression” es apenas una pequeña intro, muy a tono con el resto del álbum, que de manera concienzuda remarca el aroma malsano que éste habrá de desprender hasta el cierre. Conduce pues hacia una “Hatred Circles” que ya pone de relieve tanto su habitual gusto por el metal vibrante como una producción sucia, desgastada y nada amable que, lejos de restar, suma a la hora de potenciar lo insano de la propuesta. Me agrada también por construcción, si bien hay ciertos riffs, en particular aquellos que soportan las partes más apaciguadas, que me resultan un tanto recurrentes. Sea como fuere Patillas está tan irredento como siempre, declamando (es un decir) sus líneas de voz con la rabia y el mal café de siempre. Solo faltaba. Convincente dupla inicial.
La más breve “Shrouded Alive” viene sin embargo a aportar un par de puntos más en cuanto a desempeño técnico se refiere. Que se traduce en una gama riffera más hábil en las partes más pesadas así como en otra de lo más feroz allí donde aumentan las revoluciones, con el bajo de Pizarro altísimo ahora en la mezcla, otorgando el debido empaque a la poderosa base rítmica. Infecciosa, constante subibaja que apenas se permitirá un pequeño impás camino del epílogo. Dicen que lo bueno si breve, pero este es un corte que esconde más de lo que enseña.
Sorprende este “Roulette”, versión sí de todo un Bruce Springsteen, que Omission cercenan a base de conducirla hacia un metal muy clásico, revestido eso sí del clásico registro roto de Miguel A. Hernanz. Buenos acentos melódicos aquí y allá pero sobrevuela cierta sensación de que se quedará en mera anécdota. No sería la primera vez que fallo en un pronóstico, también os digo.
“Slow And Crooked” envilece el bien conocido thrash de los madrileños, que se conducen con pesadez y cierta épica en un tercio inicial arrastrado y, en cierto modo, casi refractario a los grandes pulsos que dominan este “Disciples Of Ravens Vengeance”. Patillas ha colocado aquí un riff con un gancho de mil demonios, fácilmente el más memorable de todo el tracklist. Muy apreciable esa escritura y la manera tan natural en que conduce hacia el nada complaciente tronco central. Ahí se desatarán los Omission más zapatilleros como hábil contrapunto a un corte que no deja de ser, en gran medida, un gran muestrario de los ritmos más musculosos del trío.
Así las cosas, “Burn The Cross” vuelve a traer al frente ese thrash vigoroso, tan deudor del speed como del black, que tanto y tan bien le funciona a la banda de la capital. No tiene mucha historia más allá de parecer el negativo del corte inmediatamente precedente. Pero Nekrosaint está igual de firme con el doble pedal que a la hora de acentuar los distintos cambios de ritmo. Sin florituras ni tampoco dobleces. Tiene gancho y por ahí uno entiende que fuera una de las encargadas de presentar en sociedad a la nueva criatura de la fatoría Xtreem Music:
“Conspiracy From Murks” ofrecerá unas estrofas con cierto aroma a los Motörhead más cerriles, que la banda hará confluir con su habitual metal cazallero y ardiente. No obstante se suceden las escuchas y sigo sin ser capaz de conectar en la medida en que lo hago con otros cortes del álbum. Y no será porque Nekrosaint o el propio Patillas no pongan de su parte. Pero en suma y escuchada al alimón con el resto de cortes, sigue provocando en mí algo cercano a la indiferencia.
El trío nunca rehuye los temas largos. Sin ir más lejos, aquél “Darkness Itself” de su anterior obra de estudio. “It’s Better To Burn Out” viene a poner una muesca más, yéndose hasta casi los once minutos y medio de lo que, inicialmente, casi parece la introducción de algún viejo western de serie B. Guitarras acústicas que sorprenden y de qué manera en un trabajo como este donde la intensidad y la rabia están a la orden del día, dominando cada recoveco de su bien conocido thrash metal. Pero toda vez sorteamos su peculiar (y extensa) introducción, Omission reclaman nuevamente nuestra atención con una acertadísima gama riffera, gran trabajo de Patillas aquí, y que me lleva inmediatamente a pensar en unos Metallica de finales de los ochenta. Fuera esa su intención o no.
Igualmente sorprendente el thrash más atmosférico que irrumpe tras ese influjo más técnico, que vendrá a dar pie a los Omission más iracundos, con una base rítmica tan bien ensamblada como trotona. Un tan fulgurante como breve solo de Patillas reviste la parte previa al tronco central. Y mientras se dejan oír guitarras que fácilmente podría haber firmado el Nocturno Culto (Darkthrone) de discos como “Hate Them” o “Plaguewielder”, al final el corte se eleva como un manifiesto sincero de la habilidad técnica y también compositiva del ya clásico trío madrileño. Estupenda, quién dijo que las instrumentales eran aburridas.
Tras la tormenta, “…Than to Fade Away” cierra el disco imbuída de toda la calma posible. El descanso del guerrero, pensarán algunos. A mí me queda la duda de si cerrar con un par de instrumentales, por elegante que sea ésta última en concreto, es la mejor de las decisiones.
Son Omission y de nuevo demuestran que no están para bromas. Puede entenderse el doble final como experimental, dicho sea con todas las reservas, pero lo cierto es que ya desde el arranque muestran hasta qué punto han vuelto a poner toda la carne en el asador. Intensidad a raudales, nunca falta en ellos, cortes bien construidos, pienso principalmente en la fuerza de “Hatred Circles”, el gancho de “Burn The Cross” o los mil y un caminos que es capaz de transitar la extensa “It’s Better To Burn Out”. Servidor también piensa que sigue siendo mejor quemarse que desvanecerse. Omission, y pese a que el disco contenga cortes o ideas con las que no he llegado a conectar del todo, desde luego están lejos de dar la batalla por perdida. Avisado está el gremio.