Compartirán escenario en esta ocasión con Rainover, formación gótica murciana. En la que será su segunda fecha junto a los madrileños presentarán su nuevo disco «Nox» editado el pasado año vía Thornado Music.
Presentación en la ovetense Lata de Zinc de “Beyond Olympus Pt.1”, el Ep que trae de vuelta a los chicos de Soundcrush. Acudían además a la cita acompañados de la buena gente de Narwhale, por lo que nuestra presencia allí era poco menos que ineludible.
El regreso a la actividad de Soundcrush provoca la salida del que fuera hasta hace algunas fechas guitarrista de la formación asturiana, Ales Sánchez, cuyo puesto ocupa ahora y para nuestra sorpresa, Aitor Lucena (ALMS) de cuyo álbum “The Trial” ya dimos igualmente buena cuenta en este medio (reseña). El reemplazo, sobre el papel y nunca mejor dicho, suena bien y estamos ya ansiosos por ver qué nos depara en un futuro próximo.
Pero de momento vemos a unos Narwhale que se adaptan pronto al cambio. Son por muchas razones una banda especial para nosotros. También peculiar, única incluso dentro del actual ecosistema astur, algo que queda patente ya desde la inicial y extensa “Nebulosa Barnard 33”. Desarrollos nada sencillos, mil y un recovecos y Javier Fernández, frontman y líder del cuarteto, luciendo un precioso Rickenbacker de cinco cuerdas.
Puede ser que no les viéramos tan seguros como en citas pasadas a falta del obligado rodaje que siempre demanda un cambio en la formación. Y sin embargo, o tal vez por ello, “Anillos de Saturno” desde luego sonó más rocosa y nervuda que nunca. Tanto o más que “Glaucus”, de su anterior trabajo, que de nuevo muta al idioma de Cervantes y, a su vez, ofrece la cara más cruda de Fernández como vocalista. Para el final quedaría una “Los Rojos Vientos de Marte” que el propio bajista y frontman de la banda tiene a bien dedicar a Manuel Hernando y Angie, grandes seguidores de la agrupación avilesina, y también a este humilde medio. Como no puede ser de otra manera atentísimos ya a sus próximas evoluciones.
Pasan pocos minutos de las diez y media cuando los renacidos Soundcrush irrumpen en las tablas de la Lata de Zinc. Y al igual que sus compañeros de cartel, no sin novedades en su alineación, pues como os contamos hace un par de semanas Dmitry Stalingrado (Soldier, Sound Of Silence) sería quien ocupara finalmente el puesto de bajista en sustitución del titular y lesionado Luis Sánchez.
Pero por supuesto y huelga decirlo que el baile de miembros no merma la intensidad del cuarteto. Ales se muestra feroz desde la inicial “Primal Flame” y el público, cabe decir mucho más joven que en otros eventos que hemos cubierto recientemente, pronto conecta con la abrupta pero al mismo tiempo técnica propuesta del combo astur. “¡Volvemos!” proclama el ya ex Narwhale, y lo hacen con el poderoso recuerdo a su anterior álbum que supone “Unleashed”.
De igual manera, tuvo tiempo un muy activo Sánchez para agradecerle a Stalingrado el haber “salvado el bolo” y aprovechar de paso para presentar al madrileño Iván en baterías. Gran sonido del que disfrutaron, cabe desde aquí agradecer la buena labor de Ovana a los mandos de la nave y una audiencia que se lo pasaba en grande con con buenos cortes de metal a un tiempo afilado y al otro pesado como “Manifest”.
“Cuatro años sin tocar” son muchos, qué duda cabe, si bien a tenor de cómo se lo pasó la gente en “Alpha”, tampoco es que se notase en exceso. Poderosos solos los que intercambian aquí el TeksuoDavid Vega y Ales Sánchez y primeros pogos de la noche en física repuesta por parte del respetable. Iván en baterías se dejaría la piel en la exigente “Vacuity”, revisión al modo Soundcrush del clásico de Gojira, y cierre con el corte que titula a su último Ep. ¿Se nos hizo corto? Qué duda cabe, pero en las circunstancias en las que se dio el evento y con los diversos cambios de formación que han sufrido tanto unos como otros, no quita para que nos diéramos por satisfechos. Queda afianzar ambos line-up, confiar en una óptima recuperación por parte de Luis Sánchez y cruzar de nuevo nuestros caminos más pronto que tarde.
Por nuestra parte nada más. Mandar un cariñoso abrazo tanto a ambas formaciones como a Pei (Soldier), Susana Crespo, Manuel Hernando y Angie, Juanjo (Noche de lobos), Txeffy (ActvsMortis, Kraken a Feira) por la agradable compañía. Y, como siempre, nos vemos en el siguiente.
El festival tendrá lugar en las pistas exteriores del Polideportivo Pedro Llera Losada de la localidad y dispondrá de zona de comida con opciones gastronómicas de todo tipo, puestos de merch donde adquirir camisetas, vinilos y recuerdos además de zona de acampada.Bono para los dos días en oferta de lanzamiento 40€ + gastos a través del siguiente enlace: https://ticketandroll.com/evento/luarca-metal-days/?swcfpc=1
Nueva venida del ex Iron MaidenBlaze Bayley a Asturias, concretamente a la gijonesa sala Acapulco, enfrascado esta vez en una gira aniversario en recuerdo de sus años al abrigo de la Doncella. Venía el de Birmingham acompañado de los heavies de ManchesterAbsolva, quienes a su vez presentaban su álbum de dos mil veintidós “Fire In The Sky”. Con un formidable número de entradas vendidas, anunciaba el veterano vocalista en la víspera del evento que firmaría entradas antes del comienzo del show. Grande el detalle y mayores las colas que se formaron junto a la mesa en la que se apostaba el músico con hercúlea paciencia. Mucha camiseta de Maiden en definitiva, alguna que otra bandera incluso, y el equipo de Heavy Metal Brigade bien apostado en primera fila cara a traeros una crónica a la altura de las circunstancias.
Atruena el “Hells Bells” a modo de anticipo de la descarga de unos Absolva que pronto arremeten con el tema título de su último álbum. Y más pronto que tarde se hace patente que son una de esas bandas que nos devuelven la fiebre de lo real que diría el crítico de cine Luis Martínez. Porque introducción al margen, aquí no ha lugar a pistas pregrabadas ni automatismos artificiales de ninguna clase. Solo puro y añejo y bien destilado heavy metal, con una banda entregada aunque con el freno echado, lo que es normal. Y es que, apunte para despistados, tendrían que volver a salir a escena tras su descarga pues son también la banda de apoyo del cabeza de cartel.
Aún así enlazan temas, casi sin tiempo que perder, disfrutando de buen sonido (al menos en las primeras filas donde nos encontrábamos nosotros) y planteando un cuidado repaso a toda su discografía, quedó claro ya desde el comienzo que poseen un nivel técnico nada desdeñable. Seguros pese a las florituras solistas que despliegan en el guiño a su primer álbum “Never A GoodDay To Die” o sólidos mientras la intensidad sube en “Fistful Of Hate”. Tal y como dijo el propio Chris Appleton: “We Are Absolva And Play Heavy Metal”, que al fin y al cabo era de lo que se trataba. Ni que decir tiene que al público parece que le agradó su propuesta.
Chris Appleton, a quien acompañan en coros su hermano y también guitarrista Luke Y el bajista Karl Schramm, quiso dedicar a la audiencia “Side By Side” y la comunión pareció ser total. Absolva destaparían el tarro de las esencias, que diría un clásico, en un final de show ciertamente fulgurante. Ni siquiera faltó un “Scream For Me Gijón” que de pronto nos retrotrajo a más de uno a aquél show de la doncella en esta misma ciudad allá por el año dos mil tres. Se dice pronto. Los disfrutamos, ya lo creo que sí. Si iban con el freno echado, que sería obvio dadas las circunstancias, tampoco podemos decir que se notara en exceso.
Apenas veinte minutos para que los chicos de Absolva cogieran algo de aire y ya estaban de nuevo sobre las tablas con Bayley al frente. Quién sabe si quizá por ello, quiso el de Birmingham empezar el set enfrentándose, es un decir, al público cara a buscar la complicidad de este. Ni que decir tiene que la gente entendió la gracia y supo conectar con el patilludo vocalista, un tipo que al igual que cierto asturiano que pisara este mismo escenario semanas atrás, ha sabido sobreponerse a años de duras críticas y dardos envenenados a base de esfuerzo y trabajo.
Blaze Bayley, quien hubo de someterse a una operación de cuádruple bypass el mes de abril del pasado año, pareció mostrarse plenamente recuperado ya desde la inicial “Lord Of The Flies”, aupado por una audiencia que correspondía con gritos y vítores a cada gesto del británico. Y aunque en lo personal he de decir que no soy el mayor fan de su etapa en Iron Maiden, ni siquiera de la propia banda en general, en honor a la verdad he de reconocer que disfruté de algo como “Sign Of The Cross”, tema que empasta con el peculiar registro de Blaze como pocos de cuantos grabara al abrigo de Harris y compañía.
No faltaron los agradecimientos del frontman, que nos meterían de lleno en una “Judgement Of Heaven” recibida con una cierta división de opiniones, todo hay que decirlo, al contrario de una “Virus” que Bayley introduce proclamando aquello de “We Are Brothers And Sisters In Music”. Desde luego que sí. Risueño, feliz incluso, con su tan amplia como habitual galería de gestos y expresiones, quiso el vocalista dar un paseo por su última (y bastante meritoria) obra de estudio. Un repaso que comienza con una muy apropiada aunque algo recurrente “Warrior”. Y mientras que “War Within Me” pone de relieve que el inglés aún guarda ases en la manga en lo que a composición se refiere, es Chris Appleton quien sobresale con una epatante ración solista en “Pull Yourself Up”. Un corte que recoge como pocos la peculiar idiosincrasia del ex Maiden.
Si mérito tienen los Appleton, tanto o más el bueno de Martin McNee tras baterías. Aguantar ambos shows con la seguridad y la pegada con la que lo hizo es algo que ninguna crónica del evento debería obviar. Pero así las cosas y tras el recuerdo a “War Within Me”, tocaba retomar a la doncella, algo que se produce a través de “When Two Worlds Collide” y su inequívoco patrón bombo caja durante el solo y al que, sin ir más lejos, tanto deben bandas como Battle Beast y similares. No cejó el frontman en buscar el apoyo de la gente en una “Lightning Strikes Twice” en la que se le pudo ver más risueño que nunca.
Aunque si hubo un tema que de verdad cayó de pie el viernes ese fue, claro, “The Clansman”. Aquí y como reza el tópico, la comunión entre banda y público fue total, con los Appleton dando amplia muestra de la mucha clase que atesoran. Blaze parece haber encontrado la horma de su zapato en estos chicos. La comunión entre ellos, el buen rollo que desprenden y la seguridad con la que afrontan el set convence incluso a fans no tan proclives como el aquí firmante.
En “Como Estáis Amigos”, compuesta a pachas entre Blaze y su entonces compañero en Iron MaidenJanick Gers con la guerra de las Malvinas como trasfondo, el brummie recuerda el caluroso recibimiento que el tema tuvo en su primera visita a tierras argentinas con la Doncella, ejemplificando aquello tantas veces dicho de que el pueblo está por encima de los gobernantes. Tampoco se olvidó el británico de reconocerles a Absolva el esfuerzo que suponía el doblete no ya de esta noche sino de todo el tour. Que de hecho y para “Man On The Edge” aún les quedaran fuerzas para echarse sendas carreras a lo largo del escenario ejemplifica el buen momento en que se encuentran. Que cierto es la Acapulco no sea el Madison Square Garden pero su poco de juego sí que da. El cierre, anticipado por cualquiera de los presentes, correspondió a la siempre disfrutona “Futureal”, broche final y también punto álgido de una agradabilísima velada de auténtico metal a la vieja usanza.
Queda por mi parte escuchar su próximo álbum de estudio, un “Circle Of Stone” que debería ver la luz allá por finales de febrero, y asistir a un show más centrado en su propia discografía y no tanto en el par de álbumes que grabara junto a Steve Harris y los suyos. Habituales de mis crónicas sabrán que no me gusta personalizar en ellas. Que prefiero ceñirme a las cosas que ocurren y no tanto a mis propios gustos personales. Que por supuesto no dejan de ser precisamente eso, personales. Lo digo porque quiero poner énfasis en el hecho de que, aun siendo el suyo con Maiden un periplo que me es un tanto ajeno, disfruté en buena medida la pasada noche de viernes. Algo que viene a hablar para bien de lo vivido. Vaya por tanto el agradecimiento a la organización del evento por hacerlo posible, un abrazo a los habituales de siempre, no faltáis nunca y es de agradecer, y el deseo firme de que sigan los llenazos en la Acapulco (y en Gong, Lata, Tizón, Factoría…). Nos vemos en el siguiente.
En colaboración con Hendrik Röver (guitarra clásica europea, Fender Rhodes y percusión), David Rodd (bajo eléctrico Fender, sintetizador y coros), Mauro Comesaña (batería, percusión y coros) y G. Mckenzie (voz principal, coros, guitarras eléctricas, guitarra de doce cuerdas y guitarra acústica) están detrás de “Space Opera”, el primer largo de la agrupación psicodélica gallega Zålomon Grass. Un compendio de ocho temas grabados en los Guitartown Recording Studios de Muriedas (Cantabria) por el propio Röver y posteriormente mezclados y masterizados por David Rodd sus Rodd Studios de Vigo (Galicia). Lo adorna un arte de María Llauger y Mauro Comesaña sobre la ilustración de Archibald Ingram “El Buque De Su Majestad Real Decapitator En Persecución”. Recordar asimismo que la banda se encuentra actualmente en gira con parada en la avilesina Factoría Cultural el próximo tres de febrero.
“Cosmic Relief” ataca desde el primer instante con un riff principal repleto de gancho y ese groove entendido a la manera clásica que tantos y tan buenos resultados acostumbra a dar. El orgullosamente sonido retro de la banda reverbera en un interesante y cuidado juego entre canales y mientras que la voz destila con gusto y clase los estribillos, la producción pone todo de su parte cara a discernir cada línea. Buenos cambios de ritmo aquí y allá, auténtico subibaja en lo que a trazo se refiere, si bien siento que el pequeño escorzo de calma que irrumpe a modo de puente bien merecía algo más de espacio. En cualquier caso por ahí surgen estupendas líneas de bajo, la desgastada producción y un epílogo que se atreve a bordear el funk, como si el resto del corte no fuese, ya de por sí, una verdadera maraña de sonidos. La manera en que tanta ida y venida cabe en apenas tres minutos y medio sin que nada suene forzado ni artificial no deja de tener su mérito.
Por ahí que “The Drill”, carta de presentación de esta peculiar ópera espacial, resulte mucho más acomodada. Que no fallida. Porque si “Cosmic Relief” brillaba en lo que a riffs se refiere, esta lo hará en lo tocante a solos. Concisa, directa, orgullosamente rockera, sin el pulso tan vitriólico ni aquella escritura casi dislocada de su predecesora. Pero hábil sin embargo a la hora de destapar a los Zålomon Grass más crudos y viscerales.
“I know just how you feel but I know that you know the drill”,
“All Hands On Deck” emerge de la calma y para conducirse por ella mientras destapa ahora a unos Zålomon Grass a medio gas, calmos y elegantes, abandonando toda gravedad, comandados por la fina línea que marca Comesaña tras los parches. Se elevan después mientras deriva hacia un aire más blues rock que parece les viene como anillo al dedo. Y es que si por algo destaca no ya este corte en concreto sino el álbum en su conjunto es por la propia versatilidad de la banda, que siempre en el terreno del más puro clasicismo, sabe acoger ese amplio abanico de influencias y apostarlo en unas canciones que, sin embargo, nunca suenan ajenas ni forzadas. De las ocho que componen este “Space Opera”, puede pasar “All Hands On Deck” por mi favorita. Por ese trazo tan cuidado, por los buenos detalles que surgen de sus guitarras o por lo certero del estribillo.
Inicio igualmente tranquilo el de “Harder To Rise”, que sin embargo transita más adelante hacia una versión un tanto más épica de su habitual vintage rock. Se hace la calma sin embargo toda vez acuden las primeras estrofas. Aquí me agrada la construcción de estas y la forma en que se van elevando de cara a los distintos estribillos. Clásico, funcional, no es la primera vez que has oído algo así pero los Grass se las arreglan para que el recurso suene, de algún modo, fresco y vibrante. Una melancolía casi palpable recorre el cuidado estribillo. Y mientras que al puente acude aquél deje más épico, casi sinfónico incluso, apenas intuido en el prólogo, el solo que irrumpe después se amolda al corte al que adorna con precisión cirujana. En opinión de este humilde juntaletras, otra de las grandes del redondo.
Sin llegar a aquella versión descarnada de la anterior “The Drill”, lo cierto es que “Heard It On The News” hace por recuperar parte del nervio perdido. Se mantiene por ahí en un curioso equilibrio entre el innegable gancho que ofrece su riff principal y una escritura, esta vez, algo más apaciguada, que no plana. De resultas surge un corte más sencillo, que me afecta en mayor medida al corazón que a la cabeza, y con el que conecto solo a veces. El solo final es de mérito, así como esos coros casi mistéricos que lo acompañan. Pero ya digo que, en líneas generales, encuentro otros cortes aquí presentes mucho más interesantes y atractivos.
Me encanta sin embargo “Too Late Now” y el aire a antro a media luz que de él se desprende. Es esta una versión casi desnuda de Zålomon Grass, por ahí diferente al resto del tracklist, que se roza con el blues más formal mientras teje una cuidada, casi delicada línea de voz, para en la mayor tradición del género, desembocar en un solo en fade out. Disculpo ese final algo abrupto si su encarnación en directo, de haberla, nos lleva a al tan mágico como enigmático terreno de la improvisación.
Con un bajo casi predominante en la mezcla se presenta una “Groove To Prove”, que de nuevo vuelve a poner la aguja de la intensidad en zona roja. Estrofas casi desnudas, estupendos guiños de guitarra aquí y allá pero sobre todo un riff capaz de derribar montañas. Me enganchan los gallegos aquí por construcción y, consecuencia segura de lo mucho que les he estado escuchando los últimos meses, el nombre de los californianos Rival Sons sobrevuela casi a cada golpe de caja. Uno de los cortes que más hace por destapar la buena nota de estos Zålomon Grass como músicos…
… pero de todos los que componen este primer largo, “Don’t Let Me Go Down (Space Opera)” es hasta el momento el que más huella ha dejado de todos. Porta ya de entrada un riff tan simple como efectivo. La entrada de la base rítmica y como la mezcla vuelve a jugar con los canales, fundamental a veces el uso de auriculares a fin de apreciar según qué detalles, suben ya la nota con el corte apenas iniciado. Sucede después que las estrofas acampan en el territorio de la balada, con Mckenzie en su encarnación más dulce, que no sacarina, y los gallegos construyen un crescendo que divaga entre la balada clásica y un psych algo alucinado primero y más vibrante después. Es cierto que todo parece anticipar un final más grave que finalmente no llega. No menos verdad es que la alternancia entre guitarra y coros que precede a su epílogo es estupenda. Riada de buen gusto como poderoso broche final.
Psicodelia clásica de la que tanto gusta en la querida y apreciada Factoría Cultural de Avilés. Reconozco tenía fuera de mi radar a estos Zålomon Grass y que he disfrutado como un enano con este primer álbum. También con la escritura de una reseña como esta. El suyo es un género algo ajeno a quien escribe, no creo pase nada por reconocer el hecho, y sin embargo encuentro en él bastantes asideros a los que agarrarme. Empezando por el buen nivel técnico que han demostrado aquí, continuando con el abanico de influencias que aglutinan, amén del buen gusto a la hora de implementarlo a lo largo de los ocho cortes. Cierto que entremedias hay trazos e ideas con las que no he llegado a conectar del todo. Pero en suma siento que son muchos más los aciertos que los errores. Queda por tanto nada más que comprobar qué tal los defienden en vivo el tres de febrero. Si nada ni nadie lo impide por allí estaremos.
Nuevo episodio de la serie de entrevistas obra del infatigable Edu Meier a rostros reconocibles de nuestra escena. En esta ocasión el protagonista es Felipe Suárez Mera, máximo responsable del webzine Keep The Flame y poseedor de una de las trayectorias como fotógrafo musical más longevas en la región. El próximo 2 de febrero expondrá una selección de sus espectaculares disparos en el Teatro El Llar de Corvera como parte de las actividades complementarias del primer festival Monorock.
Edu: Estamos aquí estrenando está nueva sección de Heavy Metal Brigade con los fotógrafos de la, hoy la llamo así, revista que están presentando la exposición que se realizará coincidiendo con el estreno del festival Monorock, así que para empezar. ¿Cómo empezaste a hacer fotografía de conciertos y qué te inspiró a especializarte en este género?
Felipe: ¡Buenas Edu! Lo primero de todo quisiera felicitar a todo el equipo de Heavy Metal Brigade por su trabajo, es un lujo tener compañeros que aman tanto y tan bien la música en general y el metal en particular. Es un placer hablar contigo también, cambiando roles después de tantos años… jejeje
Sobre tu pregunta, yo empecé a hacer fotos de conciertos de manera natural. En mi casa siempre hubo cámaras de fotos, ya fuera analógicas o digitales. Cuando yo tenía unos 14-15 años tenía una pequeña cámara compacta Nikon y literalmente hacía fotos a todo lo que hacía, más o menos como cualquier adolescente hoy en día con su móvil. Así que como los conciertos empezaban a ser parte importante de mi vida, pues fue un paso lógico cuando animado por mis padres comencé a iniciarme en la fotografía.
También te digo que yo no me considero un especialista de fotografía de conciertos, ya que hago y he hecho fotografía de moda, eventos, deportes, viajes, retratos, naturaleza… Pero sí es verdad que unir dos pasiones como son la música y la fotografía, hace que sea el camino a seguir para mí.
Edu: ¿Cuáles son los mayores desafíos que enfrentáis al fotografiar conciertos, quitando los guardias de seguridad, y cómo los superáis?
Felipe: Es una pregunta curiosa esta. Lo cierto es que nunca he tenido ningún tipo de problema con l@s trabajador@s de seguridad, en el 99% de los casos las personas que trabajan en seguridad en festivales y conciertos suelen ser profesionales muy capacitados y curtidos, que te tratan con respeto y con quienes puedes entablar una charla muy interesante si el evento lo permite.
Realmente le mayor desafío para mi es tratar de molestar lo menos posible al público. En los grandes eventos no hay problemas porque hay un foso y 2-3 temas para poder hacer fotos y listo, pero en salas pequeñas te tienes que meter delante de todo el mundo, impedir su visión… si empatizas un poco es difícil no sentirse mal por ello, así que trato de hacer mi labor lo más rápido posible para que todos podamos disfrutar de la música en directo.
Edu: ¿Hay algún concierto o artista en particular que haya dejado una marca en vuestro trabajo?
Felipe: Si hablamos de fotógrafos, yo soy de referentes cercanos. A nivel de conciertos siempre diré que el camino a seguir es Sergio Blanco. Si os fijáis en sus fotos no hay trampa ni cartón, son todas pura actitud, puro rock & roll… tan natural que hace parecer sencilla la técnica fotográfica para alcanzar esos resultados.
En cuanto a fotografía promocional, ahí la maestra para mí es Nat Enemede. Me encantaría ser capaz de dominar la luz y la edición como ella hace, con un ojo increíble y un gusto exquisito para sus proyectos. Si tuviera un grupo de metal, sería mi fotógrafa de cabecera. Y a nivel musical, si hay un artista que ha marcado mi trabajo fotográfico es mi querido Pablo Valdés. Llevo más de quince años haciéndole fotos en directo y para sus discos y a la par que puedes disfrutar de su evolución musical a través de los años, puedes ver la mía fotográficamente hablando.
Edu: Hablando de la exposición. ¿Cómo seleccionaste las fotos para exhibir y cuál es el mensaje que esperáis transmitir a través de ellas?
Felipe: En este caso la verdad es que fue sencillo. Desde la Asociación Monorock me pidieron doce fotos del 2023 en Asturies. Así que lo que hice fue preparar un pequeño resumen de lo vivido durante el año pasado, con especial foco en el Rockvera Fest. Si algo me gustaría transmitir con mis fotografías, es que en Asturies se hacen muchas cosas a lo largo del año y muy buenas. Y hablo tanto de grupos, como de salas, como de festivales… No valoramos lo afortunad@s que somos.
Edu: Finalmente, ¿Qué consejo darías a aquellos que quisieran empezar a llevarse recuerdos en foto de los conciertos?
Felipe: Que se olvide de los “likes” y demás tonterías de las redes sociales, pues a veces nos sorben el cerebro y nos anulan la creatividad. Y sobretodo, que vaya a conciertos que le gusten, no hay nada peor que ver a fotógraf@s poniendo cara de horror porque se han acreditado a un concierto de metal extremo y realmente lo más duro que escuchan es a Carlos Tarque. Hay muchos estilos musicales y todos tienen su toque fotográfico.
Edu: Gracias por compartir tu experiencia y conocimientos. ¡Estoy deseando ver esa exposición!
Felipe: Gracias a todo Heavy Metal Brigade por vuestra tan necesaria labor. ¡Nos vemos en los conciertos!
Nota: Todas las fotos de esta entrevista son obra de Felipe.