Factoría Rock Fest VII: Bandas Confirmadas

La séptima edición del Factoría Rock Fest que tendrá lugar el próximo el 22 de noviembre en las instalaciones de la Factoría Cultural avilesina contará con la participación de Involución, Sartenazo Cerebral y Lineslick.

Velada caracterizada por los estrenos y la apuesta del punk rock como banda sonora. A partir de las 20 horas Involución presentarán los temas que formarán su nueva maqueta mientras que Sartenazo Cerebral realizarán la presentación oficial en casa de su sexto disco de estudio “… Y Una Mierda” editado el pasado mes de septiembre. Por su parte Linestick, nacidos de las cenizas de Atomic Zeros, harán su estreno en vivo en el festival.

Entrada anticipada 10€ a la venta en el Bar Route 66 de Avilés, el precio en taquilla será de 12€. Los socios de Valliniello Sound City y la Asociación de vecinos la Xunta de la Carriona tendrán descuento de 3€. El festival cuenta con las colaboraciones del Ayuntamiento de Avilés, La Carriona Rock, la Factoría Cultural y la Caja Rural de Asturias.

Agenda: Adventus En Oviedo

Los renovados Adventus harán su debut en los escenarios asturianos este 2026. La formación liderada por el teclista Manuel Ramil recalará en la Sala Tribeca Live de Oviedo el sábado 25 de abril.

La banda compuesta actualmente por Ramón Lage (Avalanch, Delalma) a la voz, Dani Arcos (Bloodhunter, Debler Eternia) a la guitarra, Fernando Mainer (Mago de Oz , Tako) al bajo y Nacho Arriaga (Arwen) en baterías presentará su nueva obra de estudio «De Mi Corazón Y Otras Miserias» editada el pasado mes de noviembre a través de Maldito Records.

Entradas disponibles muy pronto a través del siguiente enlace:
https://epticket.com/

Entrevista: Manu Roz (Baja California)

Edu Meier continúa con el asalto a desprevenidos componentes de nuestra escena musical. En esta ocasión la inocente víctima es Manu Roz, vocalista de Baja California, quien gentilmente ha respondido a las particulares cuestiones de nuestro infatigable colaborador. Vamos a por ello.

Edu: Bueno, hoy me he venido arriba y voy a hacer una entrevista, o esas cosas que me decís que hago, a un señor, que el pobre tiene varios problemas, como hacerse fotos con el Vieyu Repunante, ¡incluso sacarlo en un vídeo!, y que el mejor cantante de España, Víctor García me debes una entrevista😉😉 le tenga en buena estima. Don Manuel Roz, encantado de poder intercambiar impresiones.

Manu: En serio… ¿El vieyu repunante? 😂😂😂

El Vieyu nos ha visto crecer! Fue de los primeros en escuchar las maquetas, acudió a los primeros bolos (y a todos los que vendrían después). Como padre putativo de esta banda e ilustre miembro de la escena astur no podíamos dejar de contar con él para nuestro elenco de estrellas de videoclips. Que nos siga acompañando muchos años más y a poder ser una vez cumplido su sueño de infancia: jubilarse.

Edu: ¿Cómo empezó la andadura de Baja California y por qué llamasteis así a la banda?

Manu: Pues todo viene de el momento en el que Javi Monge y yo nos conocemos en la facultad. Él estaba buscando miembros para una banda y yo me encontraba haciendo unas prácticas en México. Cuando tiempo después decidimos montar Baja California, aquel lugar vino a la memoria y nos encajaba bien. Sabemos que mucha gente cree que tiene que ver con Uzzhuaïa, lo cual siempre nos gusta porque aunque no sea así, cualquier mención a los valencianos es más que bien recibida!

Edu: A parte de voceras 😉, ¿tienes más responsabilidades dentro de la banda?

Manu: Si, todos tenemos roles y funciones importantes en la banda. Al final hay mucho trabajo más allá del que se ve en el escenario e incluso a pesar de tener un apoyo discográfico detrás tan bueno (El Dromedario Records) y de trabajar con gente del sector que son verdaderos cracks (Dani Sevillano, Titi Muñoz, Alejandro Viña, Álvaro Amieva…) siempre hay muchas cosas por hacer y que llevan muchas horas. En la parte puramente musical sí que me enfoco más en la composición y las letras, aunque he de decir que Javi Monge siempre viene con las palabras perfectas en la línea exacta.

Edu: Si la respuesta anterior es la que imagino… ¿De qué te gusta hablar en las letras?

Manu: La verdad es que hace tiempo entendí que no soy un letrista en tercera persona o de experiencias que no sean mías (admiro mucho a quienes pueden hacerlo). Desde la letra más desenfadada a las más profundas como “Mil Mañanas”, todas parten de una emoción real. Luego la historia puede ser más personal o menos, más fiel a los hechos o con más licencias, pero esa emoción es lo que me posiciona frente al papel y lo que me permite después sentirlo auténtico a la hora de cantarlo.

Edu: ¿Qué crees importante contar y te ayudas de la música para expresar?

Manu: Cualquier cosa que te provoque un sentimiento. Creo que no hay temas mejores ni peores. A todos nos ha pasado que de repente conectas con el mensaje de una canción porque te pilla justo en ese momento en el que necesitabas escuchar eso mismo. Puede que incluso quien la haya escrito esté hablando de otro tema totalmente diferente, pero si la emoción es auténtica se logra esa conexión.

Edu: Normalmente hacéis algo en vuestros conciertos que dejan a la gente con un caray que detalle… ¿Qué os gusta transmitir en vuestras actuaciones?

Manu: Sobre todo queremos que el público se sienta parte importante y esencial del concierto. Desde el primer momento en el que trabajamos las canciones ya lo hacemos con vistas al directo. No hay mejor sensación que la de ver al público enganchado, cantando y viviendo el ahora. Esto se trata de que durante ese rato te olvides de todo lo que traes encima, todo lo que te agobia y formes parte de algo genial desde el primer acorde al último. Para eso trabajamos y damos el 100%.

Edu: Estáis llevando el azul de Asturias a toda España, gracias por no ser el del Real Oviedo solamente 🤣 Siempre que salimos volvemos con la historia de alguien que tenía un primo en Navia… ¿Cuál de esas historias es la que más recuerdas?

Manu: Uff, que se puedan declarar abiertamente pocas…jajajaja. Siempre es un gustazo salir fuera y ver el cariño de la gente hacia nosotros y hacia Asturies. Llevamos a orgullo ser de donde somos. Cuando tocamos “A-66”  siempre hacemos alusión al (infame y antidemocrático) peaje del Huerna, lo cual une bastante porque “en toes partes cuecen fabes” y si hay cualquier parentesco en la sala con Asturies sale a la palestra de inmediato. Destacaré que también llevo el azul del Oviedín de mi alma con orgullo, valor y garra igual que Gus lleva la rojiblanca.

Edu: ¿Cuáles son los planes de Baja California para el futuro próximo?

Manu: Seguimos inmersos en la gira, anunciaremos muchas más fechas próximamente y también continuamos con el trabajo de edición de cosas que veréis muy pronto y que sabemos que os van a volar la cabeza! Vais a tener mucho de Baja California!

Edu: ¿Hay alguna novedad que tengas ganas de compartir?

Manu: Siguiendo con lo anterior, me hace gracia que en la música se ha convertido en meme eso de “se vienen cositas” jajaja. Lo malo es que ahora cuando de verdad tienes muchas cosas en el tintero esperando anunciarse pues ya no sabes como decirlo! Pero de verdad os recomiendo que no perdáis ojo a nuestras redes (@bajacaliforniarock) y a nuestra web (www.bajacaliforniarock.com) para estar al tanto de todo porque va a ser un no parar en los próximos meses.

Edu: Muchas gracias Manu (abrevio con toda la jeta jajajaja), espero sigáis divirtiéndonos y divirtiéndoos en cada concierto que deis. Un abrazu…

Manu: Muchas gracias por hacernos un hueco. ¡Un abrazo! ¡Nos vemos en la próxima!

Reseña: Láudano «Sintopía» (The Fish Factory 2025)

Sexto trabajo ya para los góticos de Láudano, proyecto del multi-instrumentista Alberto Díez, y que gentilmente nos envían desde The Fish Factory. “Sintopía” reúne a Héctor Hernáez en bajo, Mónica Camarero a los teclados, y David Mesa y Jorge Sánchez tras baterías. El álbum cuenta a su vez con una sección de cuerdas y clarinete a cargo de “Cuarteto Clásico”: Diego Fernández al mencionado clarinete, Virginia Peciña con el violín, José María Cabezón con la viola y finalmente Cristina Marín al cello. Sería el propio Díez quien grabase estas canciones en el IraeStudio. Las pistas resultantes serían mezcladas posteriormente por Tim Lewis (Rockfield Studios) en Aeriel y masterizadas por Mario Alberni en Kadifornia. El trabajo viene adornado por el arte de Amaia Antoñanzas y las fotos de Óscar Solorzano.

Hay un pequeño e inusitado “Prólogo” que, en cierto modo, nos introduce con brevedad en los tonos por los cuales transitará el álbum. “Una Poesía Olvidada” tiende sobre el oyente un rock de aires góticos, bellamente arreglado y el que Díez dispone sus tonos limpios más profundos. Ahí me agrada el modo en que su línea de voz va alzando el tono conforme transita por los diferentes versos. Hay hábiles solos de guitarra a modo de engarce entre las estrofas, una producción limpia y equilibrada y cuidado trabajo en lo tocante a arreglos. Esto es algo que salta al oído durante el calmo y reposado puente. La electricidad que emana después, me trae efluvios de unos Anathema de álbumes como “Alternative 4” o “Judgement”. El cuidado prólogo, nada de engorrosos fade outs, habla y no precisamente mal del mimo con que se ha tratado a estas composiciones. Más que interesante dupla inicial.

La acústica mediante la cual se abre paso “Sintopía · Parte 1” tiene algo que me siempre me recuerda a los Opeth más tendidos. Díez, que ni es Åkerfeldt ni lo pretende tampoco, traza un corte liviano, casi onírico, y que por su propia labor al micro, bien podría recordar a ciertos momentos de Enrique Bunbury con Héroes Del Silencio. Luego la composición se introduce en un crescendo hacia posiciones más grandilocuentes, sin que la producción se resienta en exceso, y de un modo tan cuidado y elegante que no queda sino rendirse. Asimismo, el de Lacrimosa puede ser un nombre recurrente a lo largo del epílogo. En especial toda vez irrumpen esas voces femeninas y todo confluye hacia los Láudano más grandilocuentes. El legendario speech del ministro y activista bautista estadounidense Martin Luther King ocupa el cierre. Elegancia a borbotones.

Interludio”, con sus cinco minutos largos, es más que un simple interludio. Parte desde la más absoluta calma para después fundir guitarra y piano en un sencillo escorzo de paz y tranquilidad. El Steven Wilson de un disco como “The Raven That Refused To Sing (And Other Stories)” podría ser una rima fácil cuando entran esos coros de fondo. Las cuerdas que Díez introduce más adelante, añaden un cariz muy especial a esta composición, de nuevo en crescendo, y que divaga entre lo cinemático y un cierto regusto a Anathema prendido en sus guitarras. Camino del prólogo va emergiendo una pulsión más electrónica. Lo que me agrada es el mimo y el cuidado con el que Díez va encadenando cada línea, cada instrumento, cada idea. Todo precisión y elegancia. Y es que tal y como reza la cita final del filósofo italiano Julius Evola: “Cada acto de belleza es una revuelta contra el mundo moderno”.

Así las cosas, la pequeña “Sintopía · Parte 2” puede resultar algo más convencional. Pequeña composición, de nuevo instrumental, con el piano como protagonista, de aires neoclásicos y un tono preciosista, casi naif. Conduce hasta una “Ícaro MMXXV” que trae de vuelta las guitarras eléctricas, las apoya sobre una curiosa base rítmica y, por la propia interpretación de Díez al micro, me vuelve a recordar a aquellos Héroes Del Silencio que tanto escuché de chaval. Delicada y nada estridente, sorprende si acaso por una línea de bajo curiosa por juguetona. Hay un buen solo de guitarra partiendo la composición por la mitad. A término, vuelven las cuerdas y esos Láudano más grandilocuentes y mayestáticos. El trazo en sí mismo puede no resultar revolucionario a estas alturas. Pero el cuidado en cada ejecución, el equilibrio entre sus partes, el modo en que la elegancia desborda casi a cada acorde, hablan muy bien de entregas como esta.

El Vals Invisible” es, efectivamente, un vals. O lo es, al menos, durante su vienés prólogo. Acurrucado en un cello de Cristina Marín de una belleza arrebatada, Díez va pergeñando otra de esas composiciones mimadas hasta el exceso, quizá aquella en la que más y mejor brilla la producción del álbum. Muy liviana y reposada en sus primeras estrofas, con la voz ahora muy en un muy primer plano. La guitarra de Díez en su faceta eléctrica va engarzando las estrofas, al tiempo que la producción arroja una cierta grandilocuencia a la mezcla. Pero en el corazón mismo de este penúltimo corte anida la cara más potente de estos Láudano. Un vigor que se viste de un (leve) acento progresivo. Y que no duda en echar mano de guitarras acústicas e incluso algún pequeño guiño flamenco. Francamente estupenda.

Epílogo” cierra este “Sintopía” echando mano del piano, para conducirse una última vez por aguas tranquilas, rimando con al corte inmediatamente anterior y ofreciendo un manso aunque distinguido broche al disco.

No, no es el cd más potente que haya pasado por estas líneas últimamente. Láudano acostumbran a moverse entre remansos de paz y los guitarrazos, que los hay, suelen sucumbir ante el empuje, también el embrujo, de pianos y cuerdas. Un álbum trazado con mimo, bellamente arreglado e interpretado con mucha clase, seguramente del gusto de los más sibaritas, pero que de igual modo podría satisfacer también a quienes busquen algo de reposo en estos tiempos tan oscuros. Que falta hace.

Texto: David Naves

SonicBlast Fest 2025: Obrigados y Apretados

Con el corazón lleno de polvo, niebla y dolor, aún recuerdo despertarme cada uno de los días que duró esta edición pensando si todo se sucedería de forma tan especial. Y es que este SonicBlast 2025, nos golpeó fuerte pero bonito dejándonos jornadas que llevaremos siempre en la memoria.

Si el cartel ya prometía y el contexto, entorno y emplazamiento nos enamoran cada año, os puedo garantizar que cerramos esta edición superando por mucho las expectativas. La semana en Vila Praia de Âncora nunca se hizo tan corta como esta. Playa de arena blanca, noches frescas y una vecindad del todo acogedora, hacen que este festival deje uno de los mayores bajones postvacacionales que he sentido en mi vida. Estaréis de acuerdo en esto conmigo, pues el domingo cuesta mucho decir adiós.

Desde que se anunció la traca final del cartel, deseábamos que llegase ese miércoles 6 de agosto para reencontrarnos con la arena y la oscuridad propias de tamaño evento. Aunque fuimos previsores y madrugamos para tener los deberes hechos, acudimos al recinto como si necesitásemos hacer cola, víctimas de lo ansioso. Lo primero que nos encontramos fue un mural en honor a Black Sabbath que nos encogió un poco el pecho, a pocos días del fallecimiento de su eterno líder Ozzy Osbourne. Allí se terminaba el peregrinaje, comenzaban las fotos y la recta final hasta pisar de nuevo el suelo desértico y la duna de piedra donde patinarían, surfearían y descansarían (a ojo) casi cinco mil personas, aunque nos parecieron muchas más.

Miércoles 6 de agosto

En la pre-party, como el pasado año, ya notamos demasiada gente y nos temíamos lo peor para los días que venían. Colas interminables para pulserar, las barras abiertas a la mitad, tapones entre la entrada/salida y los baños… ¡Y solo era la previa al festival!

Se nos hizo prácticamente imposible pasar de la zona de foodtrucks para acercarnos al Stage 3. Aún así, vamos a tratar de comentar lo que podamos de este día. Inauguraban la noche los locales Overcrooks con un punk rock muy divertido. Sonaba a principios de los 2000 y eso siempre nos gusta. Si me dicen que alguna canción salía en el Tony Hawk me lo hubiese creído. Un rollito salido de fusionar a Suicidal Tendencies con Millencolin. La banda encargada de recoger el testigo de las once de la noche era Daily Thompson, aunque más bien Yearly Thompson puesto que repetían en día y escenario del pasado año. Un sonido muy Fu Manchu con esos cencerros y esa voz tan característica de banda que articula cada canción en torno a un par de riffs. Funcionar les funciona. Hicieron que toda persona allí agrupada moviese la cabeza y repitiese cada estribillo. La banda alemana cumplió con lo que se le pedía. Con la noche ya cerrada llegó el turno de Nerve Agent, banda de Birmingham que en disco me recordaba a Biohazard o Terror y en directo se me hicieron mucho más thrashers. Me divirtieron mucho aunque quizás la voz estaba algo alta. No sé si les hubiese beneficiado un poco estar en un escenario más grande para sonar con un poquito más de definición. Por último, al menos para este señor mayor que escribe, pude disfrutar de la propuesta de Castle Rat. No estaba familiarizado con la fantasía medieval más allá de los libros, por lo que me llevé una grata sorpresa con la performance de la banda neoyorquina. Un doom a caballo (y esta vez es de verdad) entre un castillo y un aquelarre. No sé si fue la banda que más me gustó de la noche, pero al menos fue la que más cosas divertidas llevaba en la cabeza.

Jueves 7 de agosto

El jueves y primer día oficial del festival, se presentaba como uno de los principales pilares de esta edición. Contar con Amenra y Fu Manchu en dos slots seguidos era algo complicado de gestionar emocionalmente. Por si fuera poco, la niebla quiso sumarse y cubrió Âncora, generando un clima perfecto, tapando el sol y llenando todo de misterio.

Comenzamos el día con Bøw, banda local que dio el salto del Stage 3 el pasado año a un Main en este. Era muy pronto para que descargásemos la energía que íbamos a necesitar hasta el final de la noche, así que optamos por ver a la banda desde una posición discreta pero con buena línea de visión. Un punk por momentos grunge y por momentos hardcore que consiguió despertar a la gente aletargada y hacer sudar a quien ya venía con unos cuantos cafés en el cuerpo. No mentiré y diré que alguno me tomé dentro del recinto. Mientras Hoover III, comenzaban la sobremesa ofreciéndonos una mezcla de psych y prog. Lo poco que sabía de esta banda es que entró como sustituta de Jjuujjuu y después me enteré de que están como support de The Black Angels. Me gustaron lo justo para ver todo el concierto pero no fue lo que más me llenó de la tarde. Tras la banda angelina, pudimos disfrutar de una de las bandas que mejor cartel traen, y no es que lo haya visto en ningún lado, pero por algún motivo, todas las personas con las que hablé, venían con muchísimas ganas de Slomosa. Una propuesta sin salirse del marco jurídico del stoner, con pocas cosas nuevas pero con un sonido bastante notable. Venían de sacar disco a finales del pasado año y de estar en Âncora en 2022, así que entiendo el hype. Un directo bastante sólido donde se nota la experiencia y las influencias de la fría Noruega. Se hicieron con el trofeo de antes del anochecer para el público más conservador.

Pero para mí, si alguien tiene ese trofeo es Ditz. La banda de Brighton y su estilo irreverente y macarra me dieron lo que necesitaba cuando lo necesitaba. Con una actitud de llevar décadas llenando salas, la joven banda que nos sorprendió en 2022 con The Great Regression, se hizo con la parte más ecléctica del recinto y supo agitar conciencias y vasos, derramó fluidos y no fue cuidadosa con nada. Un post-punk de calle, con la puntualidad británica de no llegar tarde nunca pero tampoco temprano, una mezcla de los primeros Shame y los últimos Idles, un cocktail en The Joker y un vestido veraniego fue lo que pudimos presenciar a las puertas del ocaso. Comenzó a caer el sol, y llegó el turno para Earthless, que si ya nos hemos visto por ahí sabréis que me aburren un poco. No es culpa suya, es mía. Pero os voy a contar un secreto: me fui a casa a merendar y a por una chaqueta para la noche, y cuando volví, seguían tocando la misma canción. Y esa es la magia o el problema de la banda de San Diego. Si te gustan en disco te encantarán en directo, porque van a maximizar la experiencia como buenos artistas y virtuosos que son. Ahora bien, como solo hayas escuchado un par de temas, perdiste, porque las probabilidades de que suenen son muy bajas.

Con la chaqueta ya puesta, no quería perderme a King Woman, que es el proyecto que consolidó Kristina Esfandiari tras abandonar Whirr, una de las grandes potencias del shoegaze. King Woman tiene otro tipo de ingredientes pero conserva mucho de la esencia de la vocalista de Sacramento. Se mueve por un camino de stoner oscuro y por momentos melancólico. La voz oscila de la mesura del shoegaze al scream, pero con muchas paradas entre medias. Las armonías son fúnebres como si pusieses un single de los Misfits a 33 rpm y el maquillaje es parecido. Nos quedaba ahora la parte fuerte de la noche y para eso debíamos estar muy en silencio. Como si de una brisa de verano por la noche en la playa se tratara, desde Bélgica llegó el lamento prolongado de una de las bandas más grandes del post-metal.

Amenra volvió a robarnos el corazón y también el alma en una actuación de proporciones dinosáuricas. Pese a no confiar en el entorno y en las condiciones, pues se nos hace siempre mucho más obligatorio un ambiente íntimo con esta banda, lograron hacerse con todo el público desde los primeros delays de guitarra limpia. Por primera vez en el día supimos lo que era que nos vibrase el pecho de verdad. Me quedo con la interesantísima incorporación de Amy Tung al bajo. Lo importante de manejar las dinámicas en estos géneros, de saber explotar y volver a tocar con mesura, unos coros espectaculares que recordaban a un teclado lanzando ambient. Una de las mejores puestas en escena que le he visto a la banda de Cortrique. Ya con las olas tapándonos los pies, el olor a salitre nos invadió como si un big muff estuviese calentándose poco a poco. Era el turno de Fu Manchu. Los del condado de Orange entraron con una prisa sobre rodamiento quemando dos de sus mejores cartuchos en los primeros veinte minutos. Evil Eye y California Crossing nos dejaron sin aire. Los californianos llegaron presentando The Return Of Tomorrow, un disco que sabe a noventas y que deja claro que los grandes siguen siendo grandes manteniendo su esencia. Temas como Loch Ness Wrecking Machine nos teletransportan de forma instantánea a King Of The Road o The Action Is Go. La ola pasó pero pudimos surfearla. Un placer, Fu Manchu.

Y aquí no acababa la cosa, aún nos faltaba la fiesta de la noche, y que teníamos claro quiénes iban a oficiarla. Los MДQUIИД, se subieron al escenario casi de un salto, pues estuvieron disfrutando del festival como público todo el jueves. Comenzó a sonar la pista de efectos y la línea de bajo infinita sobre la que se articularían los 45 minutos siguientes. Lo que consigue esta banda con guitarra, bajo y batería, y casi sin máquinas, es una absoluta barbaridad. Sonar a electrónica a base de paciencia y perseverancia es una tarea sobradamente difícil. Si tocasen una vez al día todos los años, compraría mi abono vitalicio.

Viernes 8 de agosto

El viernes prometía ser mucho más tranquilo por el cartel, pero con ciertos alicientes que nos dejaban una rendija de la puerta abierta. Empezamos la tarde con Gnome, tratando de tomarnos en serio los cincuenta y siete gorros rojos de gnomo que vimos en el bosque de camino al festival. Os juro que es de las cosas más graciosas que he visto en mi vida en un concierto. Debería ser obligatorio a partir de ahora el gorrito y aspirar helio para acceder a cualquier sitio. No los había escuchado demasiado, y bueno, divertidos. Para empezar el día con un café en la mano, me parecieron bastante adecuados. Lo mejor: las setas.

Ahora sí, me atavié, me cogí los pañuelos y traté de poner mi mejor cara para intentar que Emma Ruth Rundle, a punto de salir al escenario, me viese y se enamorase perdidamente de mí. Fallé estrepitosamente porque a los cuarenta segundos yo ya estaba llorando con la cara hinchada y roja, las lentillas queriendo escapar y la voz como la de un fan de One Direction cuando Harry y Louis se miran a los ojos. Emma salió, sola, con su guitarra acústica y se sentó. Un silencio sepulcral solamente roto por la sexta cuerda de su guitarra dando comienzo a Living With The Black Dog. Nunca he visto una sola cuerda de guitarra llenar tanto un recinto. Ojos cerrados, corazones latiendo al ritmo de sus susurros rasgados y su armonioso llanto. Una tarde mágica que terminó de gestarse cuando Emma, se despidió mientras yo trataba de que no se me cayeran más lágrimas en la cerveza. Aún entre aplausos, volvió a salir porque tenía un poco más de tiempo para seguir rompiéndonos el corazón. No creo que pueda recuperarme jamás. No entendí a la gente que pudo quejarse de que esta reina estuviese en el cartel. Seguro que fue el cuñado de algún fan de Orange Goblin.

Y como me gustan los duendes, pero los de Irlanda, no los malos, estaba muy expectante con la siguiente banda en subirse a la tarima. Ellos eran Chalk, y desde Belfast, prometían hacernos bailar y humedecer conciencias con un post-punk que bebía más de la electrónica que de la Guinness. Vamos a partir de la base de que esta banda jovencísima estaba teloneando a Fontaines DC junto a Kneecap en su tierra natal. Creo que esto ya es indicativo de que pueden interesarle a cualquiera. Una vez más, SonicBlast y el post-punk. What A Time To Be Alive. Con la noche encima, parecía que la electrónica iba a entrar increíble, y así fue. Empezó a sonar el beat de Afraid, empezando el show mucho más arriba de lo que me esperaba. Sin tiempo para pensar en qué vendría después, todo el SonicBlast estaba saltando sin darse cuenta. Miradas de perplejidad, quizás por no saber lo que iba a aparecer tras la cortina en muchos casos, y en otros, porque era lo que prometían los de Belfast pero estaba sonando como si fueran las cinco de la mañana. Lo mejor de la tarde para mí fue encontrarme con esta joya en directo. Lo peor, que compartiesen día con Emma y yo ya no tuviese corazón para repartir.

Después de los irlandeses, llegaba el turno de unos viejos conocidos del festival y de la gente amante del post-rock, psych, space y derivados. My Sleeping Karma volvían al festival portugués intentando superar la pérdida de su anterior bajista. Fue un golpe duro para ellos y no había muchas esperanzas de que volviesen pronto a los escenarios. La música cura y la de esta banda alemana, mucho más. Empezaron con uno de sus temas y de sus riffs más icónicos. Brahama fue la encargada de despertar un coro multitudinario que es lo único que puede despertar a nivel vocal un grupo sin vocalista. Cantando la melodía de su entrada al caos durante dos largos minutos, supe que una vez más estaba delante de una de las mejores bandas del género. El concierto se sintió formando parte de un único discurso. La banda conceptual, ya experta en esto, sonó con una cohesión extrema y generando un clima de seguridad y emotividad que pocas veces notas frente a un escenario. Son paz, son cercanía, son familia. Justo todo lo contrario me pasa con Witchcraft, banda que recogía el testigo de los alemanes para regalarnos más de una hora de la nada más absoluta. De verdad, lo digo sin acritud, pero es que no me dijeron nada. Aburrieron y no hicieron sentir a nadie dentro del concierto. Pareció el grupo de la ruleta de la suerte tocando por obligación entre sketches. Los suecos venían con un cartelón de cabezas de cartel que a priori convenció a mucha gente pero que también generaba dudas. No les hizo ningún favor tocar después de My Sleeping Karma, y la gente no terminó de entrar en el mood ni se enganchó a las canciones. Coros tímidos en Chylde Of Fire, y creo que más bien por su parecido con Black Sabbath que por otra cosa.

Menos mal que quedaba algo muy muy potente después y que sí supo conectar con la gente. Repitiendo en el festival, pero esta vez cambiando de escenario, el dúo afincado en Barcelona Dame Area fue el encargado de prender fuego al SonicBlast. Con la chapita de Humo Internacional ya les llega para llamar la atención de toda aquella persona que no supiese de su existencia. La pasión, la locura, la rabia y la diversión se metieron en los cuerpos de quienes allí nos agolpábamos para bailar a ritmo del industrial más salvaje e irreverente. Es de estos grupos que me prohíbo escuchar en casa porque me resultan tan adictivos en directo. Tras la carrera de fondo más larga y divertida del verano, huimos para estar presentables en lo que sería el último día del festival.

Sábado 9 de agosto

El sábado era uno de los días que más nos apetecía, ya no solo por Molchat Doma como cabezas de cartel, sino porque había mucho mix de estilos y todo apuntaba a variado y entretenido. Tuvimos que madrugar bastante para poder ver a una de las bandas que más hype nos había despertado en los últimos años, y más aún después de su último disco. Messa, era la banda encargada de abrir el portón del último día de festival. La formación italiana se mueve por una cordillera donde el doom es la cima, pero tontea con muchos estilos hasta alcanzarla. He de decir que me dejó un poco tibio el directo, quizás por mi poca predisposición con tanto calor a la hora de la sobremessa. El sonido no me convenció mucho. Demasiado solo de guitarra por encima de lo esperado. Quizás el último disco me había dejado un poso más oscurito y en directo no percibí lo mismo. Aún así, es una banda con mucho futuro y a la que no le quitaré el ojo de encima. De Messa a Monolord, se me hacía un poco cuesta arriba, quizás porque eran bandas que ya había visto sin muchas ganas anteriormente y porque ya solo los nombres me invitan a irme a merendar algo.

Turno para The Atomic Bitchwax, que atesoran seguramente las portadas más feas del stoner. Power trío americano con gente de Monster Magnet que es capaz de hacer una canción sobre un solo de guitarra con mucho wah y humo de tubo de escape. Todo el repertorio moviéndose en pentatónicas y mucho dadbending. No fallaron ni una, eso sí. Súper sólidos en el escenario, todo en su sitio y una performance como se espera. Me faltó fuego y dos Ford Ranger haciendo trompos en el pit. Con un sospechoso olor a gasolina en el ambiente, aún teníamos que enfrentarnos a King Buffalo, que dependiendo de la elección de setlist, pueden tocar 4 temas o catorce. En este caso, los de Rochester comenzaron el concierto con un par de temas de su último álbum, que tiran más al space y a mí personalmente se me hacen más divertidos. En Mercury la batería te conduce durante todo el tema a base de arreglos de platos muy trabajados y termina en una especie de evocación a Elder verdaderamente interesante. El resto del concierto ya fue más cercano al stoner más típico pero con unos timbres diferenciales. Me gusta mucho cómo juegan con los efectos tanto en voz como en instrumento y se les nota totalmente en sintonía.

Después de los neoyorquinos, subieron al escenario Dead Ghosts, que por poco necesitan tocar en los dos main para caber, porque parecían los de la tuna por Salamanca. Qué propuesta más chula de los de Canadá. Los había visto hace más de diez años pero la película era distinta. Ahora, siguen bebiendo del garage pero enarbolan una serie de partes que provienen del surf, el western, el lo-fi, o el folk haciendo que cada canción suene a peli de Tarantino. Su secreto está en saber cuándo apretar el botón. Van muy prudentes y no pecan de introducir todos sus elementos a la vez, sino que saben añadir los ingredientes a la receta para gustar sin empalagar.

Después de esta actuación tan satisfactoriamente inesperada, venía una de mis no-puedo-faltar-a-esta-cita. Monolord volvían a cruzarse otra vez en mi camino desde 2021. Uno de los mejores directos que recuerdo ver en sala post-pandemia. Hacía mucho que no les seguía la pista en foto/vídeo y me enteré de que el line-up contaba con un miembro más como guitarra de apoyo. Supongo que será más un tema de directos que algo definitivo. El caso es que me sonó todo igual de bien que siempre. Comenzaron con mi favorita y eso ya me dejó tranquilo. I’ll Be Damned abriendo para toda Âncora, uno de los atardeceres más lentos y bonitos que recuerdo. Una Empress Rising coreada al unísono sirvió como cierre el perfecto de un concierto perfecto, no sin antes regalarnos un bis a la carta, que gritado desde el público, fue The Last Leaf. Monolord se llevaron el aplauso de la tarde y se fueron igual de cercanos que siempre, transmitiendo el 100% de lo que tienen dentro. Estoy convencido de que pronto podremos volver a disfrutar de esta banda en próximas ediciones.

Sin casi poder darnos cuenta, venía otro de los platos fuertes del sábado en el Main Stage 2. La electrónica volvía a apoderarse de nuevo del recinto, esta vez gracias a Patriarchy, la banda que nace de la artista multidisciplinar Actually Huizenga. No es casualidad que este proyecto venga de la mano de alguien que escribe, produce y dirige para cine. Su discurso y performance son puramente cinematográficos, sabiendo caminar por cada canción construyendo inicio, nudo y desenlace, llegando a este de forma muy climática. Lo que propone la banda de Los Angeles, se acerca mucho al dark wave más claro y tranquilito en la onda Boy Harsher o Poliça. Sus canciones podrían ser banda sonora de cualquier película de Winding Refn tranquilamente. Después de dejarnos en un profundo trance, tuvimos que preparar rápidamente el cuerpo para el slot más legendario que íbamos a ver en esta edición. Circle Jerks, la mítica superbanda procedente de Hermosa Beach, California, con Keith Morris de Black Flag, Greg Hetson de Redd Kross y Joey Castillo, el batería que grabó Era Vulgaris y Lullabies To Paralyze para QOTSA venía para entregarnos una hora y media de pura adrenalina que solo pudieron soportar ellos mismos, porque mi cuerpo ya no daba para mucho más. La gente vivió con mucho entusiasmo el circle pit que se desencadenó y se vació hasta más no poder, pues para muchas personas ya era el último grande del día.

Personalmente, yo tuve que aprovisionarme un poco, porque lo bueno bueno, venía justo después. Una de mis bandas favoritas, y desde muy lejos, había llegado para presentar uno de los mejores discos del pasado año. Molchat Doma y su Belaya Polosa, irrumpieron en el escenario para regalarnos un largo repertorio donde no faltó nada. Tocaron sus grandes nuevos y viejos éxitos con una actitud memorable. En la gélida Minsk no se entiende de frío, y todo lo que hicieron fue transmitir calidez y cercanía a través de sus pasos endiabladamente prohibidos. El power trío, ataviado con sus dos puestos de teclados donde lanzan toda la fantasía ochentera, se colgó la guitarra y el bajo para deslizarse por las tablas y convertir el SonicBlast en una pista de baile brutalistamente soviética. Con las caras llenas de purpurina y el rubor típico de no dejar de bailar, sin silencio entre canciones, sabíamos que estábamos cerrando una edición para la historia. Los pies hechos polvo y la espalda pidiendo un relevo, fueron clara consecuencia de lo bien que disfrutamos durante este broche épico.

Tras la banda bielorrusa, aún pudimos disfrutar de otros dos slots golfos ya metidos en puro domingo. Primero fueron Castle Rat, banda que ya habíamos escuchado el miércoles en la pre-party y que les benefició mucho subirse al escenario grande. Aunque solo fuera para que la gente pudiese ver su puesta en escena y lo divertido de su propuesta. Y por último nos acercamos a Dopethrone, por llenar expediente y ver a otra banda mítica de nicho que tanto hemos escuchado en disco. Pude mover el cuello lo justo para que no se desprendiese de mi cuerpo y espero que nadie tenga vídeos míos a esas alturas de la noche. La banda de Montreal hizo lo que se esperaba que hiciera. Sonar muy alto y con mucha distorsión. Un 10. Experimentados en tocar tarde y reventarlo. Estoy seguro de que merecían más atención de la que pude darles de forma consciente pero en mi cabeza ya se había echado el pestillo.

Terminábamos así, como antes decía, una edición para la historia, para el recuerdo. Una edición que demuestra que la diversidad sigue siendo el camino, y que cerrarse en banda, funciona solo un rato. A medida que vamos creciendo nos damos cuenta de todo eso, tanto en privado, como en público. Se gana mucho más de lo que se pierde.

Ahora bien, llega el momento de meter palos, no todo puede ser bueno y siempre hay ejes de mejora. Algo que no me gustó ni este año ni el anterior es que el recinto se queda muy corto. No es normal que haya tanta gente en tan poco espacio. Es casi imposible cenar algo y poder sentarte. No hablo ya de ver algo en el Stage 3, que mejor se podía eliminar y montar ahí otra zona de baños. Casi imposible no entrar al festival sin hacer una hora de cola para recoger la pulsera. Este año había menos baños, más mesas (pocas), pero que hacían el paso a los escenarios más estrecho y se hacía bola en la entrada. Y ya por último, montar una caseta de tokens con una cola en perpendicular con el paso a los escenarios y frente al merchandising, no me pareció la mejor idea, pues todavía se congestionaba todo mucho más.

Es el momento de darse cuenta que un festival de esta envergadura necesita soluciones de envergadura. Quizás el recinto no está preparado para tanta gente, pero comienza a ser incómodo y esto me da mucho miedo por todo el cariño que le tengo a un festival tan perfecto.

Por todo lo demás, las bandas, el ambiente, el trato recibido, el entorno, el pueblo, la niebla, el bosque, la playa… SonicBlast, eres un must. No te vayas nunca.

Texto: Hugo Calleja
Fotos: Jaime Photo Live

Blues & Decker: Primer Adelanto Del EP “II: Return”

Blues & Decker estrenan videoclip para «Never Happened To Me«, tema que forma parte su próximo EP «II: Return«.

La formación compuesta por Gustavo Pérez (voz y guitarra), Guzmán Lanza (guitarra), Kike Cuetos (bajo) y Diego Reyes (batería) da otro paso adelante en una evolución artística marcada por la coherencia y confección de su personal sonido. Por derecho propio son banda de referencia en el blues rock astur y estatal gracias a un potente directo y su inconfundible mezcla de blues, rock y energía, fruto de una dilatada trayectoria sobre los escenarios.

Para la grabación del videoclip han contado con las aportaciones gráficas de Jorge Carbajales, Leire Álvarez y Carlos de las Heras. La edición es obra de Diego Reyes y el paso a formato digital y edición final ha corrido a cargo del multipremiado realizador asturiano Titi Muñoz.

«Never Happened To Me» será el primer y único single de adelanto del próximo lanzamiento del cuarteto, el mentado anteriormente EP en formato digital y un LP en vinilo que verá la luz en 2026.

Crónica: Automatic Kafka + Sex Museum (Oviedo 11/10/2025)

Nueva visita de los rockeros madrileños de culto Sex Museum a nuestros escenarios, en este caso a la sala de Kuivi Almacenes, en compañía de los locales Automatic Kafka. Una dupla que aseguraba varias horas trufadas de actitud y diversión en la capital asturiana. Con el equipo de Heavy Metal Brigade aún con la resaca y el cansancio de la jornada anterior, la cosa vino a darse más o menos como sigue.

Faltan alrededor de veinte para las diez cuando Automatic Kafka, una noche más en formato sexteto, toma el Kuivi. Y lo hace con esa “Audio Garden” de su más reciente obra de estudio “Immortal”. El sonido apuntaba a que iba a ser el de las grandes ocasiones, fino y conciso, casi tanto como ese primer despliegue solista que tramaron Broonko y Jota. Sería el propio Broonko Lee quien recordaría cómo él y Sex Museum cruzaron sus caminos hace unos dieciocho años. El tiempo vuela que ni te lo crees. Y el set también. “Burn”, siempre en recuerdo del gran Jimi Hendrix, parece concitar una mayor atención por parte de la audiencia. Eran unos Kafka mostrando algo más de músculo. Pero éramos “Aliens”, después de todo, y por ahí cupo un recordatorio al debut de 2020. Vimos bien a Dolfo en voces. Su habitual figura con el chaleco vaquero mostró una noche más haber encajado bien en la particular idiosincrasia de la banda asturiana.

Y mientras Broonko bromea con que no compremos CD’s en su puesto de merchan, Leo Duarte comanda con pulso firme desde baterías. Su labor viene a otorgar una mayor dimensión a la nutrida formación asturiana. Dolfo explicaría la conexión entre “Alguien Voló Sobre El Nido Del Cuco”, el clásico del ya desaparecido director checoestadounidense Milos Forman, y “Resistance”. Buenos coros de Rebor y Margo para unos Kafka a buen nivel. “Wanted Fame”, compuesta por Broonko en Las Vegas, no quedó claro si en Corvera o Nevada, confirma el buen estado de salud de la banda, amén de dejar por el camino uno de mis riffs favoritos de todo su catálogo. Aún hubo tiempo de recordar cómo “The Taster”, su particular homenaje a la figura de Bon Scott, les llevará por primera vez a tierras escocesas. Sería el último corte de Dolfo con su característico chaleco, que abandona para una “Doc” donde ellos disponen una de sus mejores secciones solistas.

Sin implicar que no disfrute de la descarga, es cierto que aún me cuesta disociar “Streets Of Universe” del característico registro de Fab Martorano. El reproche, si es que se le puede llamar así, es puramente subjetivo. Porque la banda está redonda en cualquier caso. Sigue siendo uno de sus cortes con más gancho. Y Dolfo sabe llevarla a su terreno de todas formas. El vocalista se pondría entonces la chaqueta amarilla para “Immortal (Kiddo)”, un corte que siempre amplifica el discurso sonoro de la formación astur. Broonko pediría entonces un aplauso para Sex Museum. Y comentaría que, en realidad, todo lo que tocan son “versiones… ¡de Automatic Kafka!”. Turno aquí para volver al tema que daba nombre al debut, “Metamorphosis”, con Dolfo sacando adelante una línea de voz no poco exigente. Jesús Rebor se animó a juntarse con él al frente del escenario y Broonko aprovechó las virtudes del inalámbrico para perderse entre la gente. Quedaba “Crazy Horse”, donde la banda de nuevo contó con las habilidades de Pablo Canalís y, en general, nos pareció ver otro buen set por su parte. A seguir dando pasos en la dirección correcta.

Le llegaba el turno a una de las grandes instituciones de nuestro rock and roll, los madrileños Sex Museum, que vendrían a dejar claro su estatus de banda de culto con otro set rayano en lo memorable. Puede que tengan los pelos más blancos, las frentes más arrugadas, pero la actitud que muestran y la pasión que desbordan siguen siendo las mismas de siempre.

Es algo que queda patente toda vez la introducción da paso a “Breaking The Robot”, con un muy activo Miguel Pardo tras el micrófono. Potentes, bailables, infecciosos y sin dejarse nada dentro. Enlazan con “Two Sisters”, en la que el hermano de Miguel, Fernando, entrega ya uno de sus mejores solos de la jornada. Que Marta tras teclas tiene una importancia capital en el sonido de la banda es algo que nos queda claro en “I’ve Lost My Faith (In You)”. Con Diego Reyes a los mandos sonidazo tremendo el que entregaban, sin trampa ni cartón, y un público que se divertía de lo lindo con los de la capital.

Una audiencia que se vendría aún más arriba con su ya habitual colisión entre el riff de “Smoke On The Water” de Deep Purple y la letra de “Fight For Your Right” de los Beastie Boys. Rock flamígero y festivo aquí. Pegadizo y disfrutón. Con ese inequívoco patrón bombo – caja – bombo de la batería de Loza invitando al movimiento de melenas, caderas y lo que se terciara. “Microdosis”, ahora en nuestro idioma, persiste en esa encarnación tan hedonista, que viene a contrastar con un puente que divaga entre lo elegante y lo alucinado. No faltaron los pequeños speeches de Fernando. Como ese que comenta, a grandes rasgos, los ya lejanos orígenes de la banda. Fue antes de entregar “Lucky Man”, de su más reciente obra de estudio, el de todas formas lejano “Musseexum” de 2018. Marta se magnificó aquí. Mucho el carisma que atesora y aún más la clase que despliega sobre las teclas. Sería la propia Marta quien introdujera la que, a la larga, sería una de las mejor recibidas por el público, no otra que esa “I Enjoy The Forbidden” donde, no creo que fuera el único que lo pensara, nos sobrevoló el espíritu del legendario Phil Lynott. Sea como fuere, el mejor Miguel de toda la noche.

Fernando tuvo tuvo tiempo de mandar un saludo a la buena gente de Automatic Kafka. Y de afirmar que les gustaba la comunidad. Que había que estar unidos. Le había llegado el turno, claro, a su habitual revisión del “Unidos” de una de nuestras grandes bandas de culto, Parálisis Permanente. Muy celebrada y bailada aún más si cabe por un Kuivi rendido a los madrileños. “Menos mal que tenemos una con cencerro”, bromearon. “Junto con el opio, lo mejor para sobrellevar la vida”. “Horizons” son unos Sex Museum tremendamente vacilones. De hecho en “Breakout”, y como ya sucediera en 2024 (crónica) mi cabeza no podía hacer otra cosa que no fuera que recordar el paso por la capital de otros ilustres, los japoneses Acid Mothers Temple, allá por 2016.

Pero volviendo a lo que nos ocupa, el final de set es flamígero. Loza impulsa a los suyos y el Kuivi, sediento de fiesta, responde con manos al viento y la mayor de las algarabías. Llama la atención la vitalidad que muestran en todo momento. Si es verdad aquello de que el rock le mantiene joven a uno, en pocos casos resultará más cierto el tópico que en el de estos Sex Museum. Pero aun entre toda la fiesta y el jolgorio, me gustó que tuvieran un detalle para con el bueno de Jorge Ilegal. Sobra decir que nuestros pensamientos están también con él. El cierre de tamaña fiesta, a modo de pequeño bis, correspondió a “Flying High”, que colmó las ansias de muchos y dejó satisfechos, quiero creer, a todos los presentes. A tenor de lo visto, y espero no gafar a nadie, queda museo del sexo para rato.

Buena dupla para un agradable sábado noche. Unos Automatic Kafka que siguen creciendo primero, unos Sex Museum que confirmaron su estatus de culto después. Todo para redondear otro buen fin de semana en Heavy Metal Brigade junto a la escapada del viernes para el show de Gus G y Ronnie Romero. Por eso quería mandar un sincero agradecimiento desde aquí a todos quienes siguen apostando por la música en directo, especialmente en estos tiempos cada vez más oscuros. Una de las pocas luces que brillan bajo una realidad cada vez más sombría. Mandar también un saludo a los habituales de siempre y ya saben: nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz