El evento estaba, como siempre, marcado a fuego en el calendario. Un año más, el Disneylandia del metal europeo, el abusón de los festivales del viejo continente, el Hellfest Open Air, suponía una cita ineludible para servidor, así como para los miles de “festivaliers” que de nuevo agotaron todos los abonos en solo unos minutos, meses antes de su celebración y sin conocer ni una banda de las que actuarían en el festival. Ni el cambio de fechas de esta edición (una semana más tarde de lo habitual, entendemos que para asegurar la disponibilidad de los cabezas de cartel) nos hicieron dudar ni un minuto acerca de nuestra asistencia. La confianza y fe depositadas en la organización tras su sobresaliente desempeño edición tras edición, hace que no necesitemos ya razones para planteárnoslo: si Hellfest ocurre, allí intentaremos estar para vivirlo en primera persona.
Para muchos, Hellfest es la experiencia de una vida, y no cabe duda de que desde la organización se preocupan de que así sea: un line-up espectacular (de nuevo a nivel top europeo), una logística cuidada para asegurar que un evento de semejante tamaño transcurre sin grandes incidencias, una estética preciosista, sobrecogedora y sorprendente, y sobre todo un innegable interés y voluntad de mejorar y crecer año tras año por parte de la organización. Los que llevamos desde hace más de una década asistiendo a Hellfest, hemos sido testigos de la evolución: cómo se ha transformado de un festival notable, instalado en la zona alta de la oferta europea, a la referencia absoluta a nivel mundial en cuanto a calidad, cantidad y medios.
Como siempre, contamos con un cartel para todos los gustos, un mosaico sonoro que cubre todo el espectro rock – metal – punk y sus derivados en seis escenarios temáticos, cuatro días de música y un total de más de 160 bandas de todos los tamaños y filosofías. Desde el mainstream absoluto de Foo Fighters o Metallica hasta el oscuro culto de bandas como Wormrot o Nakkeknaekker. Desde las melodías irish punk de Dropkick Murphys hasta el ruidismo jazz de los noruegos Shining. Desde la pesadez de High On Fire hasta las virguerías neoclásicas de Yngwie Malmsteen. Muchos géneros encontraron su hueco este año en el line-up: Industrial, black metal, psychobilly, hardcore, heavy metal, pop rock, hip hop, hard rock, grindcore… Echar un vistazo al cartel es inevitablemente encontrar un buen puñado de grupos que todo oyente medianamente abierto de miras pueda disfrutar en mayor o menor medida.
Aparte de la sobresaliente oferta musical, Hellfest ofrece todo la necesario para que la experiencia sea inmejorable: el mayor “metal market” de merchandising del mundo, una extensa y variada oferta gastronómica, bares y hostelería diversa para asegurarse que no falten refrigerios para su público, tiendas de instrumentos musicales, comercios de ropa, stands promocionales de diverso tipo… ¡hasta una barbería o un salón de tatuajes! El concepto “feria rock” en su más amplio sentido cobra vida en Hellfest. Divertimento y felicidad durante cuatro días para todo hijo de vecino que guste mínimamente de la cultura rock y sus derivados.
En la parte menos luminosa de esta edición, hay que comentar que, especialmente en la jornada de sábado (encabezada por Metallica) la sensación de sobreaforo y de “petazo” en ciertas zonas del recinto era más que evidente. Algunas partes de este, como el pequeño acceso al escenario Valley desde la zona “forestal” del festival y que a la postre supondría varios atascos durante el mismo, la acumulación de gente en la zona de catering en el escenario Valley, así como las enormes colas formadas en los “meaderos” y para acceder al merchandising oficial, hacen ver que de cara a 2025 las cabezas pensantes tienen que replantearse la distribución y dimensiones del mapeado en ciertos puntos del mismo. Esperemos que tomen nota.
Sin más dilación, entramos a analizar lo que buenamente dio de sí para servidor la parte musical de Hellfest, que al fin y al cabo es a lo que vinimos. Como imagináis, los solapes de bandas son una constante en este festival y la necesidad de tomar decisiones dolorosas y el posterior “picoteo” de escenarios en función del momento e inspiración es inevitable, por lo que en este texto hemos cubierto lo que buenamente pudimos ver más que lo que realmente hubiéramos querido. Sea como sea… ¡Se abren las puertas del infierno!
Desde los primeros compases del festival, el ambiente era de celebración. El respetable no tenía miedo a las altas temperaturas ya que pocos minutos después de la apertura de puertas el recinto estival ya lucía un aspecto estupendo. Comenzamos la jornada con Asinhell, una gran oportunidad para ver como Michael Poulsen de Volbeat se desenvuelve en su “vuelta a las raíces” con este proyecto de death metal old school junto a Marc Grewe de Morgoth. Un inicio sólido, con un sonido más que aceptable, tal vez con más actitud y ganas que pulcritud, pero que supuso un buen primer mordisco al pastel musical que nos esperaba para los próximos días. Nada mal para empezar.
No quisimos tampoco perder la oportunidad de ver un buen rato a los singapurenses Wormrot, banda de culto del grindcore que dieron buena cuenta de su slot con un set visceral, caótico y salvaje que no dejó indiferente a nadie. Seguimos la jornada con el death metal clásico de los legendarios Immolation, que no decepcionaron a los que teníamos hambre de metal extremo desde el comienzo del festival. A estas alturas ya habíamos pisado tres escenarios distintos y era hora de visitar el Valley para presenciar el show que los británicos Green Lung tenían preparados. Había mucha anticipación y curiosidad por ver como se desenvolvían sobre las tablas, y su show fue una masterclass de heavy metal clásico con espíritu stoner doom (¿o stoner doom con espíritu heavy metal clásico?), con mucho material de su último disco “This Heathen Land” y en el cual pudimos disfrutar una banda en estado de gracia. De lo mejor del festival. Habrá que seguirles de cerca en el futuro.
Mientras que Babymetalponían el main stage a bailar con su fusión de metal con melodías de carácter y color J-Pop, la noruega Sylvaine nos ofrecía en el Temple Stage un delicado show a medio camino entre el shoegaze y el black metal que hizo las delicias de los seguidores de bandas como Alcest. Muchos no sabían qué esperar del concierto y quedaron francamente sorprendidos con lo onírico de su propuesta. Seguidamente, Dave Mustaine y sus Megadeth ofrecieron lo que ya viene a ser un set “estándar” del cuarteto: intachable a nivel musical, pero muy limitado por las capacidades vocales de MegaDave. Buen set, con casi todos los clásicos esperados para un concierto de festival (aunque esta vez no hubo sitio para “Hangar 18”), buena actitud y sonido notable, mermados por un Mustaine que cada día sufre más defendiendo su propio repertorio.
A continuación, uno de los shows imprescindibles de la jornada para un servidor: los noruegos Shining interpretaban su seminal álbum “Blackjazz” al completo en el que suponía probablemente el concierto más avantgarde y experimental de todo el festival. Mientras que los que somos entusiastas de su propuesta disfrutamos cada minuto del repertorio, su cruce de industrial, jazz, noise y metal extremo también agotó mentalmente a unos cuantos curiosos que tuvieron a bien probar suerte con otras propuestas. Su loca versión del “21st Century Schizoid Man” de King Crimson para cerrar su set, probablemente uno de los momentos mas extremos de todo Hellfest 2024.
De vuelta al Valley, All Them Witches tuvieron que capear algunos problemas técnicos en un show en el que empezamos a notar los primeros síntomas de congestión en dicho escenario, que a la larga se quedaría pequeño (especialmente sus accesos) varias veces durante el festival. Centraron su set en su cara más psicodélica y bluesie, y tal vez les faltó algo más de ritmo para lo que requería el escenario y el momento. Ojalá los pillemos en el futuro en otras condiciones. A su vez, los germanos Sodom ponían patas arriba el Altar Stage con su thrash metal cien por cien europeo. Los de Tom AngelRipper hicieron lo suyo: llegar, echar un vistazo, patear culos en base a trallazos metaleros a la cabeza e irse con la satisfacción del trabajo bien hecho. No los veía en directo desde 2016, y no cabe duda de que la maniobra de reconvertirse de trío a cuarteto en 2019 les ayudó a potenciar sus virtudes y minimizar sus carencias. Rejuvenecidos. También a su vez, Avenged Sevenfold ejercían de cabeza de cartel de la jornada presentando el que probablemente sea el álbum más interesante y arriesgado de la banda en muchos años. Otra vez será. Como comentábamos, las benditas e inevitables coincidencias del Hellfest.
Mientras que los himnos de Dropkick Murphys hacían correr la cerveza en cantidades industriales para cerrar el escenario principal, las últimas fuerzas que nos quedaban las dedicamos a ver unos cuantos compases de Cradle of Filth, que estaban sonando francamente bien. Seguro que sus simpatizantes quedaron más que satisfechos. Para nosotros era tiempo de descanso ya que aún nos esperaban tres jornadas más de música en Clisson.
Quince años después de su lanzamiento Crudo regraba su maqueta «Somoscrudo» que verá la luz el próximo viernes 19 de julio.
01 El Avestruz 02 Jugando Duro 03 Sin pedir Perdón 04 31 De Enero 05 La Espiral 06 En El Cuarto 07 Miedo A Caer 08 Ella Es La Ley
La grabación se ha llevado a cabo en el estudio de la Fábrica de Músicos de Avilés con Rubén Álvarez, componente de aquella formación inicial, a los controles para ofrecer un sonido totalmente actualizado sin perder un ápice de la fuerza original.
Repaso gráfico a la jornada del sábado 13 de julio en el festival Luarca Metal Days protagonizada por A Dark Reborn, Aneuma, Valkyria, Vita Imana, Avalanch, Nurcry y Lujuria.
Si estás interesado en alguna de las fotos en alta resolución ponte en contacto con nosotros a través de hmetalbrigade@gmail.com
No hay gran viaje que no comience con un pequeño primer paso y el del Luarca Metal Days, inmune a ciertas críticas malintencionadas vertidas con auténtico veneno en los últimos meses, desde luego ha sido firme y decidido. Dos días, un cartel que picoteó dentro de las lindes del metal con la intención de ofrecer un plantel de lo más heterogéneo, sumado a lo idílico del entorno y la sensación, a lo largo de ambas fechas, de que se hicieron muchas cosas bien. Para nosotros era una cita ineludible, máxime después de que el deceso del Rock Nalón dejase al occidente huérfano de buen metal en vivo.
Una fecha, la del viernes, que finalmente tornó en problemática. Tiempo algo desapacible, que tampoco sería mayor excusa en esta Asturias nuestra, pero desafortunadas coincidencias con eventos grandes en la región (Robe Iniesta) o mayúsculos fuera de ella (la enésima visita de los cuatro jinetes a la capital del reino). La oferta es inasible mientras tiene uno la sensación de que la demanda mengua con cada latido de nuestros esforzados corazones.
H.M.B., como viene siendo costumbre, llegamos pronto a las puertas del Luarca Metal Days. Nos gusta hacer nuestra composición de lugar sin prisas ni apreturas. Recoger nuestras acreditaciones, inspeccionar el recinto, echarle un ojo al foso… todo ese tipo de acciones que poco a poco han tornando casi en ritual. Más allá de lo habitual (+1 en carisma para quien entienda la referencia) esto es, los puestos de merch, las barras o la pequeña terraza, nos gustó la idea del stand para las firmas. A servidor, sea por la timidez o la introversión inherentes a mi carácter, cierto es que me dan un poco igual. Pero ver a críos con una sonrisa de oreja a oreja junto a Laura de Aneuma (por poner un ejemplo) no tiene precio. Al final, todo cuanto se haga para que el rock arraigue en el corazón de los más pequeños será siempre bienvenido en esta casa.
Pero habrá que entrar en harina, digo yo. BudaSam, a la sazón ganadores de la batalla de bandas del festival, serían los encargados de dar inicio a la fiesta. Y lo hicieron en toda la acepción de la palabra. Y lo hicieron gracias a “Aquella Canción” demostrando aquello tan viejo de que algo tendrá el agua cuando la bendicen. Poca gente, al fin y al cabo eran las cinco de la tarde de un día laborable, pero quienes nos animamos disfrutamos de una sonora y entretenida ración de hard rock.
Breve, no ha tiempo a muchos alardes en algo más de media hora, pero los bilbaínos parecen dueños de toneladas de clase. Un hard que lo mismo picotea de la cara más melódica del género que de pequeños influjos de raíz más urbana como en “Perdidos En Septiembre”. Dejaron además buenos detalles en lo técnico, ese duelo de guitarras que precedió a “Gritando En Silencio”. Nos agradaron. Nunca es plato de buen gusto abrir un evento de estas características con el mar de inconvenientes que se derivan pero los chicos supieron agradar al público más tempranero. Deseando ya poder ver un set completo por su parte.
No hace falta ser un experto en la materia para entender que los asturianos Where The Waves Are Born son un animal muy diferente. Su metalcore a dos voces volvió a resultar tan orgánico como siempre, sin tanto apoyo en lo tecnológico como otras bandas afines. Cierto es también que para cuando deja de sonar la intro y el sexteto acomete “Evenchanger”, el sonido es algo desequilibrado y cuesta seguir sus evoluciones.
Con eso y con todo lo cierto es que teníamos ganas de verles en un escenario como este, lejos de las apreturas que imponen las salas a una formación tan nutrida. Y por ahí que cuando los técnicos hacen su trabajo y el sonido reconduce y mejora sus balances, lo que tenemos ante nosotros es la mejor versión de W.T.W.A.B.. Que aunque sea verdad que a los más talludos nos cueste conectar con su forma de entender el metalcore, lo cierto es que son una de esas bandas que están poniendo de su parte para inyectarle el veneno del rock a la gente más joven.
En esas estaba cuando atacan “Colourless” y de pronto esos aires más atmosféricos me resultan de lo más atractivos. La banda no quiso en ningún caso olvidarse de mandar un agradecimiento a la organización del evento. Que aunque la asistencia fuese escasa aún a aquellas horas tan tempranas, a buen seguro el hecho de pisar el escenario de un festival como este sirve como acicate de cara a su futuro como banda.
Brilló una jornada más Victor Barrero, encargado de acentuar la cara más melódica, también la más técnica, mientras Guille Rodríguez con el registro grave y Luigi López con el limpio jugaron a encontrarse durante prácticamente todo el set. Más allá de los gustos de cada cual, una banda que sigue progresando y creciendo. Si estás leyendo esto y andas buscando buen metalcore, quizá Where The Waves Are Born sean tu próxima banda favorita.
Un gran telón de fondo con el logo de la banda da la bienvenida a los zamoranos Death&Legacy. Banda a la que seguimos de cerca desde hace tiempo, sus últimos dos discos ya pasaron por el apartado de reseñas, y una espinita que tenía ganas de quitarme. Porque lo cierto es que es casi tan grande la oferta de bandas con chica al frente como el rechazo que éstas producen en un muy determinado tipo de aficionados al metal. El público es soberano, dicen que reza el viejo dicho, pero hay cosas que nunca terminaré muy bien de entender.
Porque lo cierto es que arrancan y, aun a pleno sol, su metal elegante y diverso confronta a una voz, la de Hynphernia, que apenas dejó de moverse y retar a la audiencia. Mérito tiene de igual manera el desempeño de un Jesús Cámara a la guitarra quien tendría que hacer doblete en la jornada del viernes. Pese a ello, el también bajista de Delalma, y al alimón con el resto del combo, no duda en enlazar un tema detrás de otro y ofrecer, por ahí, una versión más que aceptable de estos Death&Legacy.
Me resultaron agradables, además, por la forma en que montaron un setlist que dio muestras de la propia idiosincrasia de la banda, alternando cortes más ágiles con otros más rotundos y pesados. Y aunque en “Damned” uno echase en falta al bueno de Björn “Speed” Strid (Soilwork, The Night Flight Orchestra), lo cierto es que Hynphernia y los suyos sacaron el set adelante sin mayores inconvenientes, aprovechando además para presentar un tema que formará parte de su próximo álbum de estudio. Contando los días hasta escucharlo.
Qué duda cabe, la de Argion no era una cita cualquiera. Pany, vocalista de toda la vida de la banda, anunciaba en el transcurso de la semana su abandono del barco que él mismo había ayudado a construir. Así las cosas, no fueron pocas las camisetas de ellos que vimos el viernes. Decenas de las distintas remeras de la banda asturiana tiñeron Luarca de un color muy especial. Desde luego Pany no iba a estar solo en este adiós.
Más por contextualizar que por echarnos flores, quiso la curiosidad que este medio haya estado presente en la primera cita del vocalista y también en la última. Lo que son las cosas. Es lo que tiene estar siempre por ahí. Desde luego se dejaba palpar el ambiente no enrarecido pero sí especial de la cita. Ellos arrancan con “El Juicio Final” con el confeti a modo de pistoletazo de salida y de pronto los versos:
“Redoblan campanas, las tañen con furia. El tiempo ha dictado que llega el final. Aguarda con fe, nada has de temer”
… adquieren un mayor significado. Sin que ello redundase en interpretaciones distraídas o poco sólidas, lo cierto es que algunas de las caras de los chicos sí que eran más largas y serias de lo habitual. En inversa proporción, su público pareció disfrutar de cortes ya ineludibles para la idiosincrasia Argion como “La Ciudad Eterna”, siempre con ese particular toque épico-histórico soldado a sus acordes. Pany quiso acordarse de la organización del L.M.D., para la que pidió un sonoro aplauso, y anticipó que era el momento de hablar de tiempos oscuros. Tiempo, claro, para “El Hijo Del Diablo” de ese “Lux Umbra” del que ya diéramos buena cuenta por aquí. Buenos solos doblados de Pablo y Sergio aquí, mucho humo y la sensación de estar viendo una muy buena versión del quinteto asturiano.
Pero como no todo iba a ser un lecho de rosas, “La Orden” desencadena un infortunio que quiso cebarse, precisamente, con el gran protagonista de la jornada. Y es que el micro inalámbrico de Pany comenzaría a dar problemas al punto de terminar por echar mano del que Pablo empleaba en sus coros. Pero en cierta rima con el propio espíritu de la formación, nada pareció arredrar a los chicos, que, por otro lado, estaban sonando como se esperaba de una banda con su proyección.
Tras el casi obligado recuerdo al resto de bandas que integraban el cartel, turno para la primera de las sorpresas. Mer, actual voz de los resucitados Santa, acudía a escena para hacer las veces de Patricia Tapia en la animosa “Anne Bonny”. El dúo vocal se las vio y deseó de nuevo con los micrófonos, los duendes del directo son así de puñeteros, pero aún por ahí supieron navegar las adversidades hasta llegar a buen puerto. Disfrutando pese a los inconvenientes y ya no tan tensos como a comienzos del set. O al menos esa fue nuestra sensación frente al escenario.
Con “Corazón De León” la cosa pareció reconducir hacia cauces más adecuados. Aquí se produciría un hecho realmente inédito. El baile de miembros en las bandas es algo bastante habitual en estos tiempos que corren. Al fin y al cabo, el rock está sujeto a una incontable serie de inconvenientes al punto de que Pany se ve obligado, como decimos, a abandonar el barco. Pero que fuera él mismo quien anunciara su relevo al frente de Argion, amén de compartir con él los últimos trazos del set, nos pareció un detalle de inmensa clase. Porque qué mejor lugar que el Metal Days para presentar a un luarqués de pura cepa como Richard De La Uz como nuevo frontman de la banda.
La banda encadena “Águila De Sangre” con “Sobre El Mar” y uno no puede sino elucubrar qué les deparará el destino tras el cambio en voces. El propio De La Uz manda los debidos agradecimientos y los ya remozados Argion se despiden, claro, con “Fuerza y Honor”. También con confeti. Como entre mis pocas virtudes no entra la de futurólogo, no sé qué depara el futuro para la joven banda asturiana. Si tengo en cambio la certeza de que os lo contaremos con todo detalle desde Heavy Metal Brigade.
Novedades traían también los chicos de Sound Of Silence, que venían con nuevos bajista y guitarra en las figuras de Viti Redondo y Nague González. Cambios que han venido a apuntalar a una de las bandas más en forma de la región. No mentimos cuando afirmamos que S.O.S. pasaron por Luarca con la intención de seguir agrandando su particular leyenda…
… aunque me engañaran de primeras. Las viejas costumbres, me esperaba “Tensa Calma” tras la intro y, sin embargo, el quinteto sorprende al afrontar la más vetusta “Viendo Al Cielo Llorar” para poner el recinto patas arriba. O no. Lo cierto es que Sound Of Silence se toparon de bruces con un público poco receptivo, al punto de que Nefta dejó uno de sus habituales chascarrillos en forma de “venga, todos para delante, que es la última, nos vamos” cuando el corte iba tocando a su fin. Más tablas que el almacén de Ikea.
Sí que llegó entonces el turno para “Primvs Capite” en forma de todo un “Océano De Traición” que confirmó a esta nueva versión de la banda como una auténtica bola de demolición. Con un tremendo Jorge Rodríguez en baterías, no se cansa de crecer este chico semana tras semana, lo cierto es que poco a poco, desgarro a desgarro, la gente fue alcanzando las coordenadas de la banda. Enorme solo de Rubo aquí, por cierto.
El festival lo inauguraron BudaSam pero el primer «wall of death» tuvo sabor asturiano. Después de la salvajada atroz del Resurrection (no me tiren de la lengua con respecto a cierto vocalista) el del Luarca Metal Days fue mucho más modesto. Qué duda cabe. Aquí al menos conocías a la persona con la que te estabas chocando. Quieras que no. “Más Allá De Mí” y muy especialmente “Felices Bajo Tierra”, con Nefta comentando que el videoclip estaba rodado “aquí al lao, en la finca del que organiza esto”, entregaron un nivel altísimo del combo.
“Hostia vaya delay más guapo que me metiste Gus”. Porque hay que hablar de Gus Bocanegra, técnico al mando del sonido durante todo el fin de semana y que, salvo pequeños detalles muy puntuales, le brindó a las bandas presentes un sonido a la altura de las circunstancias. Aprovechamos para mandarle un saludo tanto a a él como al resto de técnicos del Luarca Metal Days.
“Densa Niebla” desata una petición por parte de Nefta: “quiero veros mataros a hosties ahora mismo” y, quien más quien menos, le tomó la palabra. Están en un momento de forma envidiable y, hoy por hoy, son una auténtica apisonadora. Si usted tiene algún problema y se los encuentra bien haría en dejarse llevar por el sonido del silencio.
Despedimos a Sound Of Silence y mientras los técnicos realizan sus esforzadas labores sobre el escenario, vuelve a sonar el “Tierra y Fe” de Mart, detalle que viene repitiendo Hamlet en sus últimas visitas a la región. Que nos encanta y que siempre me pone “gallina de piel” que diría el astro neerlandés Johan Cruyff.
Toda vez el escenario está debidamente acondicionado, llega el turno del “Misirlou” de Dick Dale, clásico anticipo a su descarga y que ha terminado en convertirse en lo que el “The Ecstasy Of Gold” de Ennio Morricone para Metallica. Durante el set de la banda hay dos certezas ineludibles, siendo la primera que estoy lejos de ser el mayor fan de la banda y que los chicos se vacían a conciencia en cada bolo, que no sería noticia de no ser por las edades que cuentan ya Molly (59) o el propio Tárraga (56) si Google no miente. Ya digo que más allá de gustos individuales, cuesta creer estas cifras cuando uno ve sobre el escenario la intensidad que son capaces de desplegar…
… y que salta a la vista ya desde la inicial “El Mejor Amigo De Nadie”. Y como todo suma, que la noche fuera cayendo sobre Luarca amplificó la vistosidad del set, que aunque dificulte la esforzada tarea de los distintos fotógrafos, de cara a quienes estamos más allá del foso siempre va a ser un plus. La eterna disputa. El caso es que en “Denuncio A Dios” suenan rocosos y áridos, con alguno de los riffs mejor cortados de todo el viernes.
En lo que a fotos refiere, nos gusta que despejen de monitores el escenario. También el podio sobre el que Tárraga y Molly brincan, bailan o se apoyan. Aunque no es menos verdad que le daría un buen susto al infatigable frontman de la capital. Al final nada que no solucionase un poco de cinta americana. El set siguió entre los habituales rugidos del vocalista en cortes como “Tortura-Visión” o “Dementes Cobardes”, con Tárraga haciéndole la réplica a su compañero de toda la vida.
Más discreta es la labor de Álvaro Tenorio al bajo. A bordo de la banda desde 2005, el tiempo se nos escurre entre los dedos, conforma junto con Paco Sánchez una base rítmica tan sólida como discreta, con pocos alardes y muchos menos errores. El pegamento necesario junto a la fiable labor de Ken HC a la otra guitarra para que esta banda funcione del modo en que lo hace.
Sobra decir que la gente, que acudió en buena cifra al recinto, recibió de muy buena gana la descarga de los madrileños. La banda le tiene cogida la medida al público asturiano a juzgar por cómo se recibieron (diría que) todos y cada uno de los temas. Coreando, alzando puños, bailando y divirtiéndose en definitiva. Ya en el tramo final destaca el hábil crescendo de “El Color De Los Pañuelos”, perfectamente situada en el set, también una por momentos enfebrecida rendición de “Habitación 106”, que nos conduciría hasta la habitual “Egoísmo” con unos Hamlet realmente desatados.
Bises y turno para “Antes y Después”, “Tu Medicina” y muy especialmente, claro, “J.F.”, o “Jodido Facha”, eso ya a gusto del lector. El calendario sigue corriendo y esta banda sigue en plena forma. Contentando a sus fieles y, muy probablemente, sumando a algún que otro nuevo correligionario antes de que disparen el “While My Guitar Gently Weeps” de los Beatles a modo de despedida. Siguen a un nivel tal que muchas formaciones de su misma quinta no son capaces ni siquiera de intuir.
La responsabilidad de cerrar la jornada del viernes del primer Luarca Metal Days de la historia iba a recaer en los pujantes Delalma. Iba a ser nuestro tercer encuentro con ellos en su gira de presentación, Atalaya Rock en octubre de 2023 y Gijón en enero de este mismo año, por lo que el factor sorpresa se había esfumado. Lo cierto es que el escenario del festival dio para que la banda dispusiera la acogedora puesta en escena que arrastran a lo largo del tour. El telón de fondo, también los pequeños faroles, los leds del bombo…
A lo largo del día no terminaba de tenerlas todas conmigo con respecto de la gente que se quedaría para verles. El tirón que siguen teniendo Hamlet y el trecho que separa Luarca de los grandes núcleos de población asturianos. Al final, nada más lejos. Porque pasan veinticinco de las doce y el recinto, nutrido y expectante, aguarda por su particular “Acto De Fe”. A juzgar por lo bien que sonaron ya desde el primer momento, con un Lage de vuelta en su tierra, nos prometíamos un final por todo lo alto.
Ayudó y de qué forma Jesús Cámara a lustrar una “Renegar De Ti” con su habitual registro roto y oscuro. Si iba ya con las fuerzas justas, después de todo era su segundo concierto de la jornada, desde luego no se notó. Seoane dibujó un solazo lleno de clase y Ramón cerró tirando de asturianía: “Buenas noches, guajes, cómo se nota que estamos en casa”. Desde luego que sí. Como es obvio, no sabe uno qué aguarda el futuro para una banda como esta. Lo que sí tengo es la sensación, quizá también la certeza, de que “Mañana Vuelve A Oscurecer” se va a quedar en sus setlists durante bastante tiempo. Un corte con pegada, gancho y clase, que extrae al Lage más Lage de toda la jornada. Un lujo. Jamás agradeceremos lo suficiente a Manuel Seoane el haber sacado del retiro al de la cuenca.
El que fuera voz de Human se auto-dedicó la más calmada “Y Aún Siento Estar Allí”, que apacigua los ánimos y nos conduce por un set que, ya digo, nos reservaba tan pocas sorpresas como dobleces. Me agradó sobremanera “Ritual”, de nuevo con un Seoane estelar, siempre apoyado por las teclas de su tocayo Manuel Ramil. El del gallego es desempeño tan callado como fundamental para una banda como esta. Siempre elegante, alejado de florituras innecesarias o trucos de salón, el de Ares tiene bien ganada su fama.
Pero qué duda cabe, son Lage y Seoane quienes atraen gran parte de las miradas. Y es que al desempeño de ambos a través de “¿Y Ahora Qué?” desde luego no le faltan quilates. Extraordinario el primero al micro, finísimo el segundo en el solo de guitarra. Una gran versión de unos Delalma a los que se le puede achacar una parte central del set demasiado reposada. Sensación que se ve acrecentada cuando la banda introduce una “La Última Noche”, de nuevo dedicada a Julia. El crescendo que la banda dibuja aquí volvió a ser uno de mis momentos favoritos del show.
No faltó su habitual revisión del “Wicked Game” de Chris Isaak. Tampoco una “El Mirlo” con un Lage que bailó entre registros al punto que me recordó sus años en Avalanch, especialmente la gira del fenomenal “El Hijo Pródigo”. Espero sepan disculpar el arranque de nostalgia. Prometo que en la crónica del sábado volverá a ocurrir.
Pero volviendo al pasado viernes, de nuevo me gustó que “Luz Ni tiempo” permaneciera en el set. Y es que hay bandas que trazan temas largos para después obviarlos en vivo u ofrecer una versión mutilada de los mismos. No es el caso con Delalma. De hecho diría que el quinteto brilla más que nunca aquí. Perfectamente armados y cohesionados. “A pesar del miedo. A pesar de la incertidumbre”, este proyecto parece haber venido para quedarse. Como se va a quedar durante mucho tiempo en mis retinas una “Cárcel De Cristal” con el público, ávido aún de fiesta, coreando su ya inolvidable estribillo para un buen final.
Fue el cierre a un gran viernes de metal en muy diversas formas. Con un gran sonido en líneas generales y un cumplimiento a rajatabla de los horarios. Nada mal en definitiva el bautismo de fuego del Luarca Metal Days. Si lo que bien empieza, bien acaba, al festival le queda mucha guerra por dar en años venideros. Pero antes de que todo eso llegue, queda dar cumplida cuenta de la jornada sabatina…
Aún no ha terminado la primera entrega del festival Luarca Metal Days y la organización nos sorprende con el anuncio de las fechas de su edición para el 2025 y la primera banda confirmada.
Los días 11 y 12 de julio del próximo año tendrá lugar la nueva entrega de un festival que contará con los locales Legacy Of Brutality como primer gran aliciente. Larga vida al Luarca Metal Days.
Dentro de los conciertos que ofrecerá la semana grande de Gijón destaca el regreso a la ciudad de Ilegales, la icónica formación liderada por Jorge Martínez actuará en la explanada de Poniente el sábado 10 de agosto a partir de las 23 horas.
La cita de carácter gratuito servirá de presentación en Gijón del último trabajo discográfico de la formación, «La Lucha Por La Vida» publicado en el 2022 conmemorando los 40 años de historia de la banda.
El vocalista y fundador de la formación junto a Pablo Suárez y Pitxu Estrada allá por el año 2013 bajo el nombre originalmente de Darkage, da un paso a un lado y se despedirá definitivamente del la banda este fin de semana en el festival Luarca Metal Days donde dará el relevo a la nueva voz de la formación. Han sido numerosas las ocasiones en que H.M.B. y Argion han cruzado sus caminos y les tenemos muchísimo cariño.
Estuvimos presentes en su primer concierto y por supuesto en este último con Pany al frente, para desear a ambas partes lo mejor en esta nueva etapa que se presenta.
Empecemos con los hechos. La reseña de “The Abyss”, a la sazón segundo disco de estudio del trío asturiano Totengott, fue el primer texto que servidor entregó para HMB. Por eso cualquier cosa que tenga que ver con el trío que forman José Mora (batería y coros), Nacho Bernaldo (bajo y coros) y Chou Saavedra (guitarra y voz) siempre tendrá un significante muy especial para quien escribe.
Los chicos, que como muchos ya sabréis comenzaran su andadura como banda de versiones de Celtic Frost, regresan ahora bajo el paraguas de la histórica Hammerheart Records. Y lo hace con un tercer largo al que han dado en llamar “Beyond The Veil” y que ha sido mezclado por el BalmogJavier Félez (Altarage, Teitanblood, Conjureth, Onirophagus…) en los Moontower Studios. Posteriormente masterizado por Jaime Gómez Arellano (Angel Witch, Ulver, Ghost, Moonspell, Fen…) y adornado por el estupendo artwork de Khaos Diktator Design (Gaerea, Wyrd, Heresiarch, Saor…), verá la luz el próximo 12 de julio.
Es gracias a ese prólogo brumoso y oscuro de “Inner Flame” que uno capta, por las buenas o las malas, el tono alrededor del cual se va a desarrollar esta tercera entrega de los asturianos. Es un corte en la más pura tradición de las entregas más vibrantes de la banda, que viene a resultar todo un canto al thrash metal más sucio y elemental. En comparación a anteriores trabajos, sorprende ese bajo tan alto en la mezcla. En ningún caso predominante pero qué duda cabe dando un mayor empaque a ese trotar tan habitual en ellos. El epílogo sí que destapará una mayor pesadez y la buena labor de Félez en las mezclas dará sus frutos a lo largo de ese tramo final más angosto y oscuro. Notable arranque.
Es “Sons Of The Serpent” la que de pronto destapa un aura más oscura y ominosa a través de un prólogo que rozará incluso lo funerario. Hay un juego de voces aquí capaz de disociar a esta tercera entrega de sus dos anteriores, al tiempo que acerca al trío a Triptykon, la continuación natural de los Celtic Frost más postreros. El registro de Saavedra resulta especialmente roto en estas estrofas y ejerce un poderoso contraste con esas tesituras más cristalinas, también enigmáticas, que emanan de los coros. Contrapuntos que asemejan a un juego de espejos mientras la banda transiciona hacia su cara más aletargada y oscura. La mayor presencia de teclas remata a un epílogo alimentado por su cara más sinfónica y, en cierto modo, grandilocuente.
“Marrow Of The Soul” vuelve a territorios similares (que no iguales) a los de la inicial “Inner Flame” para de nuevo entregar encarnación más nerviosa y dibujar de paso alguno de mis riffs favoritos de todo el largo. La guitarra de Saavedra, con esa afinación tan característica, brilla en toda su gloria aquí. Un corte que puede pecar de lineal en un primer tercio que apenas cogerá aire durante esos estribillos más lángidos y pesados. Interesante solo de guitarra el que ocupa su tronco central y retorcido a más no poder un epílogo donde tienen cabida muchas de las caras que representan a una banda como esta. Totengott confrontan brío con pesadez, crudeza con nervio, resultando en un tramo final verdaderamente llamativo. Sobre el papel otra de mis favoritas.
“The Architect”, que tuvo su correspondiente traslación a videoclip, me atrapó desde las primeras escuchas. La poderosa y también enigmática voz de Marija Krstevska y el tratamiento que de ella hace la producción durante el prólogo. Ese pulso arrastrado, que tanto y tan bien ha desarrollado la banda en el pasado, esas voces igualmente enigmáticas así como ese avanzar por momentos casi agónico. Un corte que propulsa a la banda hacia el futuro sin que ello implique negar el pasado. Tan atmosférica como enigmática. Composición que apunta a fija en sus setlists durante largo tiempo.
Esta primera “Beyond The Veil Part I: Mirrors Of Doom” entregará una cara casi cinemática de la banda. Un prólogo que parte de lo atmosférico para luego alcanzar una épica a ratos desgastada donde vuelven a brillar esas cuidadas voces de Krstevska. Ejerce como angosto preludio de una segunda parte, “Beyond The Veil Part II: Necromancer”, donde el trío cuenta con la colaboración del E-Force y ex-VoivodEric Forrest. Un corte que en su primer tercio transita sobre un metal vibrante y descosido. Ese riff de las partes más nerviosas quizá no me resulte el más redondo de todo el álbum. Mora está incansable tras baterías y especialmente fino en los pequeños pero marcados cambios de ritmo. Es cuando las revoluciones bajan y el corte adquiere una mayor pesadez que la banda parece sonar mejor que nunca, con Forrest dejándose el alma en algunas voces realmente agrias. El mayor peso que adquiere el bajo de Bernaldo en este tercer trabajo ayuda a apuntalar esas partes tan nerviosas, también la pesadez del pequeño epílogo. Estupenda.
El final, en la más pura tradición Totengott, corresponde a la composición más extensa del álbum, en este caso “The Golden Crest”, si bien esta queda lejos de los altos minutajes que desarrollaban cortes como aquél “Doppelgänger” que daba nombre al debut. Es precisamente a aquél primer trabajo al que parece hacer referencia este broche final. En especial por la gama de arreglos de la que han echado mano. Diría incluso que por el riff que dibuja Saavedra a lo largo del prólogo. La banda adopta más adelante esos coros prístinos que han ido apareciendo a lo largo del tracklist, dejando finalmente su lugar a un bien acomodado solo de guitarra. Su tronco central, sin embargo, contrapone voces limpias a un trazo pesado, casi arrastrado, preñado de voces que parecen desafiar a cualquier tipo de cordura, dibujando así durante el epílogo un metal tan monolítico como grave y desesperanzado. Un cierre descomunal y arrebatador, en rima con trabajos anteriores, que abrocha a estos al tiempo que responde a los propios pulsos sobre los que se desarrolla buena parte de este “Beyond The Veil”…
… donde creo que la banda ha sabido conjugar su propio legado al tiempo que parece mostrar una mayor intención por encontrar un sonido mucho más propio e identificable. Por supuesto que hay riffs e ideas aquí dentro que en buena medida recuerdan al bueno de Thomas Fischer. Pero mentiría si dijera que cortes como la misma “The Architect” discurren por terrenos hasta ahora y, en cierto modo, desconocidos para ellos. Otro detalle a tener en cuenta es la disposición de los temas, o cómo la banda ha ido abandonando los eternos desarrollos de sus dos primeras obras en pos de creaciones más concretas y concisas. Por lo demás aquí están sus flirteos con el thrash sus descensos hacia el doom más descarnado y ciertos coqueteos con lo atmosférico e incluso lo cinemático. Todo ello dentro de una misma raíz y sin complejo alguno, trazando un tercer trabajo con todos los argumentos para suponer su confirmación definitiva.