Crónica: The Ominous Circle + Burnt To Death (Oviedo 24/10/2026)

Un halo ominoso envolvió la capital. La Lata de Zinc propuso una de sus noches más negras al juntar a los locales Burnt To Death con los lusos The Ominous Circle. Decenas de almas procesionaron hacia el subsuelo en búsqueda de la tan ansiada luz negra. Y es que pocos conciertos de metal extremo he presenciado allí con tan buena entrada como la del sábado.

Era de prever la buena acogida para con los locales Burnt To Death. El trío, acompañado por sendos paneles a ambos lados del escenario, acometió su death rabioso con la firmeza con la que nos tienen acostumbrados. Eso sí, hubo de ser a la segunda intentona, arruinada la primera por los malditos duendes del directo. Siempre se las arreglan para seguir haciendo de las suyas. Fue, tras el interruptus, un arranque pesado como martillo pilón, alternado con el puro vértigo que alcanzaron después, concitando su habitual colisión entre black, thrash, death y lo que se les ponga por delante.

Javi Pity percutía tras baterías cual alma que lleva el diablo para afianzar una “The Devil’s Blood” donde Solarfall está dejando uno de sus solos más vibrantes. En voces, siempre dentro de una gravedad innata, jugaba a alternar tonos oscuros con otros más chillones, dotando de una mayor versatilidad a las distintas composiciones. Hay trazos retorcidos, intrincados, contrapuestos a su habitual despliegue veloz y fulgurante. Ahí la distorsión que emanaba del bajo de Kai inundaba la sala, al tiempo que las baterías percutían sin descanso. Aún en ese despliegue de metal extremo iracundo, rabioso, amenazante, caben riffs con cierto gancho. Que aunque uno esperaba algo más de movimiento por parte de la gente, lo cierto es que la banda pareció acudir a la cita a muy buen nivel.

Cortes frenéticos, descerrajados con ímpetu. Kai introduce al bajo y Solarfall inicia arrodillado el ritual de sangre y desolación, despidiendo con un vistoso tapping sobre el mástil de su inconfundible Jackson blanca. El público, al fin, pareció animarse de cara al final. Ahí donde esa central nuclear que es Javi Pity propulsó el tono más bronco de “Black Dragon” y el más nórdico en “Dust”, con el Solarfall más grave en voces y la banda transitando hacia una mayor pesadez en el tramo último. Black death violento, sin ningún compromiso, y que nos preparó para lo que estaba por llegar.

Los lusos The Ominous Circle prepararon el ritual. Todo se dispuso para que su poderosa puesta en escena, los ropajes, los rostros ocultos, tomase el escenario. Tras la apropiada intro “Thus Beckons The Abyss”, cuernos al cielo de S.L., “Lowest Immanations” desata el apocalipsis. Pero lo hace desde un tercio inicial pesado, casi ceremonial, angustioso. Quietud arriba de las tablas, cediendo todo protagonismo a su oscuro death / black. De esas voces más cavernosas en las partes más broncas a las más agudas en las más violentas, siempre desde esas guitarras de ocho cuerdas, ese bajo de cinco, propiciando una muralla sónica que no dejaba traslucir nada más que pura desolación.

El arranque de “Through Tunnels Ablaze” es puro vértigo, que luego contrasta con su cara más machacona y oscura. Si cabe. Hay una gran labor tras baterías aquí, blast beats lacerantes, dementes, solidarios a un solo retorcido, asfixiante, preludio de ese metal más despiadado primero, de un tramo último algo más aquilatado y atmosférico. S.L. alza el puño al cielo de la sala. La pequeña “Ateh Gibor Le Olam Adonai” acentuó el tono casi ceremonial de su descarga, con su tensa calma conduciendo hasta un metal casi marcial, seguido de blast beats hirientes, velocísimos, en una orgía de fiebre y oscuridad. Voces abisales, lovecraftianas, de negrura insondable, soldadas a otro solo vitriólico. Trazos retorcidos, contra natura, mientras concitaban el metal extremo más enigmático, arrastrándonos a su bacanal de azufre y muerte. El grito de un S.L. desesperado, casi agonizante, dibujó la sensación de que no quedaba redención posible, condenadas nuestras almas a vagar por la senda de un universo en pura descomposición.

En esas estábamos cuando dispararon la outro y se fueron a backstage, quien más quien menos aún esperaba por una segunda venida de la banda radicada en Oporto, pero las luces se encendieron y ellos, ya sin sus característicos ropajes, salieron a saludar al público asistente. Al final apenas treinta y cinco minutos de show. Tan ominoso, ritualista, oscuro y desesperanzado como nos esperábamos, qué duda cabe, pero que dejó con ganas de más.

Pero una noche que colmó las ansias de los fans del metal más extremo, que otorgaron una buena entrada a la dupla de bandas presente y confirmaron que el género más brutal sigue gozando de buena salud en la región. Esperemos que siga así. Por nuestra parte nada más que mandar un agradecimiento a todos cuantos pusieron de su parte para que esta crónica saliese adelante, saludar a la concurrencia de antes, durante y después y ya saben: nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz