Crónica: Caedis + Chamako Wey (Avilés 14/12/2024)

Cita con el metal más crudo y groovie la que nos ocupó en la noche del sábado con las descargas de los locales Chamako Wey y los madrileños Caedis. Dos bandas de sonidos dispares pero raíces comunes, algo que quedaría patente a lo largo de la velada de manera más o menos explícita. Y, cabe decirlo mal que nos pese, un fiasco en cuanto a público. Fuera el frío, o tal vez la inminencia de las fiestas navideñas, lo cierto es que la sala Paseo Malecón presentaba un aspecto casi desolador.

¿Arredró esto a las bandas? Pues diríamos que nada más lejos. Telón de fondo mediante y cuando pasa un minuto sobre las nueve y media, Chamako Wey hacen suyas las tablas con la firmeza y la solidez que les caracteriza. Una formación a la que tenemos bien cogida la medida y de la que esperamos grandes cosas. Mientras llegan, siempre es agradable encontrarse con su metal fronterizo y cabrón.

Quizá lo haya dicho ya en otras ocasiones pero Dani Larriet parece haber caído de pie en el seno del quinteto. Su registro y la manera de enfrentar los temas, pienso, casa al milímetro con el thrash entre groovie y trotón de los langreanos. Los buenos coros de Jandro en “Sublevación”. Ese final más grave y pesado. Nos metieron en calor y no era fácil. Antes de “Fariseos”, el vocalista recordó las distintas procedencias de cada uno. En eso son si cabe aún más eclécticos que en lo musical.

No faltó ni el saludo a sus compañeros de Caedis ni tampoco la versión más acelerada y nerviosa que la banda entrega en “Terror Sonámbulo”, que terminan conjugando con un trazo más pesado y angosto. Teníamos relativamente reciente a Chamako Wey. Aquél bolo a media tarde en el último Karma Fest, y por ahí puede que echáramos en falta alguna novedad. Tiempo habrá. Porque, de todos modos, “Zombie Caníbal” desplegó uno de sus mejores riffs. También un cuidado solo por parte de Adrián “Mostro” Ojeda. “Indomable” sonó casi marcial, con Miguel Jiménez marcando el paso con su precisión habitual, pero es “Pendejos Fronterizos” en la que parece vislumbrarse una mayor química en el seno del quinteto.

Fue un set más corto que otras veces, que finalizó una vez más con el recuerdo a Brujeria que supone “La Migra”. O tal parecía, porque la banda aún tuvo a bien regalarnos una bola extra en forma de “Take My Scars”, original de Machine Head, cuando Jiménez descalzo una vez más aún a pesar del frío, ya se ponía los calcetines. Tan agradables y efectivos como de costumbre.

Había ganas de encontrarse con la buena gente de Caedis. Su “Opus Calamitas” pasó con nota por nuestras reseñas y el trajín de abalorios con que revistieron el escenario, el telón de fondo, los dos pequeños paneles laterales y muy especialmente el divino Crocotauro, sumaban puntos en lo que a puesta en escena se refiere. Alrededor de veinte minutos para las once cuando suena la intro y la banda trama un arranque pesado y rocoso, desde luego en cierta rima con sus compañeros de cartel.

Y es que a nadie se le escapa que existen lugares comunes entre chamakos y caedistas. Ayudó que el sonido estuviera por encima de lo que esta sala nos tiene acostumbrados, si bien a ratos el bajo de Guillermo González prevalecía por encima de las guitarras. En su forma de conjugar velocidad y pesadez, hubo momentos en que me recordaron a Horn Of The Rhino, estupenda banda vasca a la que perdimos para la causa hace ahora casi diez años.

Pero volviendo a lo que nos ocupa, sensacional el baile entre registros que proponen en “Unleash The Crocotaur”, con un Carlos E. Serrano capaz de pasar de los tonos más oscuros a agudos imposibles con total naturalidad. El propio crocotauro abría la boca, nos bañaba en luz roja y expulsaba humo por su fauce. El nervio de temas como “Critical Hit”, que abre su primer larga duración, no faltó el sábado. Un corte que lució y de qué manera en su traslación al directo, dejando además uno de los solos más llamativos por parte del ex Holycide Miguel Bárez.

No sin cierta sorna, Serrano nos llamó a luchar por los pollaviejas, “esa especie en peligro de extinción”, a modo de introducción de una “Old Fashioned Tough Guy” que se agigantó con respecto a su encarnación de estudio. Y es que puede sonar a tópico pero esta es una de esas bandas que ganan una barbaridad sobre el escenario. Sería aquí cuando el propio vocalista, benditos inalámbricos, se daría un pequeño paseo hasta la barra. Más concretamente hasta una botella de whisky (¿se pueden decir marcas?) para ya de vuelta sobre el escenario darse un buen trago de tan preciado brebaje. Ya fueran los coros de Bárez mientras tanto o el guiño final a Félix Rodríguez de la Fuente, lo cierto es que parecíamos estar ante una más que óptima versión de la banda.

Aquí mandarían un agradecimiento a Chamako Wey por haber montado este Asturian Metal Conquest. Y, Larriet arriba de las tablas mediante, procederían con el “atraco” que supuso revisionar el “Edgecrusher” de Fear Factory, versión habitual chamaka. Vista la mucha concurrencia arriba del escenario, Bárez no dudó en perderse entre la gente. Pero sería en “Demise Of The Lord”, de aquél lejano Ep de 2015 “Rise Of The Crocotaur” donde Serrano dejaría alguna de las voces más gorrinas de la jornada. Y puede ser solo cosa mía pero desde luego que el solo de Bárez en “Retard Society” no pudo haberme recordado más al añorado Dimebag Darrell.

Curioso el speech de ESDLA adaptado a las tierras astures (“¡Hijos de Pelayo!”) y mucha la intensidad que de nuevo despliegan en “Into The Flames”. Puede que el intento de wall of death se quedase en eso, un intento, pero desde luego que los chicos supieron abonar el terreno de cara a futuras visitas. Rubricando un buen final se fueron con la satisfacción del trabajo bien hecho.

Lo dicho, dos bandas de espíritu similar pero sonidos bien diferentes para una muy fría noche de (aún) otoño. Dos mil veinticuatro agoniza. Cuando pisemos enero quizá llegue el momento de hacer balance. Mientras tanto los escenarios nos demostraron, una vez más, que el rock son los amigos que haces en el camino. Vaya un saludo desde aquí para Txeffy, a los mandos de la nave durante la jornada, así como para ambas bandas y por supuesto a los habituales de siempre. Ya saben: nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Reseña: Caedis «Opus Calamitas» (Autoproducción 2024)

Tras debutar allá por 2015 con el Ep «Rise Of The Crocotaur», los groovers madrileños de Caedis regresan a la acción con su primer largo. Tras este nuevo «Opus Calamitas« encontramos a Miguel Murillo al bajo, Chema Cobas en baterías, las guitarras de Miguel Bárez y Mario Sánchez y la voz de Carlos Serrano. Con producción del Arwen José Garrido (Angelus Apatrida, Saor, Ebony Ark, Saratoga…) y de nuevo portada de Aneke M.Y. (habitual tanto de Marvel como de DC) el trabajo vio la luz allá por febrero de este mismo año.

Critical Hit” pone de inmediato las cartas sobre la mesa. La cara más descarnada del quinteto se materializa sin ahorrar en buenos destellos técnicos, para después fluctuar entre el nervio y la pesadez. Se dan cita voces desgarradas, en conjunción, casi diría en confrontación, con otras más agrias y oscuras. La composición mantiene unas vibraciones altas y las acompaña de buenas melodías e interesantes cambios de rumbo. Todo el trabajo de las guitarras de Sánchez y Bárez a lo largo de estos poco más de cuatro minutos de arranque es estupendo, rematando con un solo exigente y ambicioso, ojo a la base rítmica que lo soporta, y que confluye en un epílogo lleno de rabia. Poderoso y llamativo primer corte.

El de Gojira puede ser un nombre recurrente según se suceden las escuchas de “Winds Of Destruction”. Caedis sin embargo aporta ciertos dejes más sureños donde sobrevuelan, aunque sea tímidamente, nombres como Down, Crowbar o ya de manera más lejana Bongzilla o High On Fire. Intensidad en todo caso, riffs arrastrados y un trazo cambiante, laberíntico, en donde sobresale la labor de Cobas tras los parches. Su batería aquí es un cúmulo de virtudes. Caedis parecen sentirse muy a gusto en esta encarnación más angosta y a la vez enrevesada, entregando su mejor cara como compositores, también como intérpretes, para una de sus ofertas más certeras.

La más escueta “Collision Course” ofrece ahora a los Caedis más vibrantes en una composición mucho más directa y lineal, que no desechable. Cobas marca el ritmo y a lomos la banda abraza el thrash panteril sin ningún tipo de compromiso. Me gustan esos adornos en las partes más veloces, así como el ritmo casi marcial que imprimen a las estrofas. El puente, que de nuevo abraza la pesadez del metal sureño, con alguna de las guitarras más oscuras de todo el largo, contrasta con esas voces tan áridas y (de nuevo) desgarradas de Carlos Serrano. Puede que eche en falta algún solo más pronunciado. Por contra, es una de esas que huelen a directo ya desde las primeras escuchas.

A pura base rítmica nos recibe “Unleash The Crocotaur”, que viene de nuevo a destripar ese metal pesado de pulso sureño. Buenos riffs los que traman Bárez y Sánchez aquí para el que es, fácilmente, el corte con el estribillo más abiertamente memorable de todo el trabajo. Gracias a otro buen riff engarzaran las distintas estrofas. Con una base rítmica bien conjuntada y mejor medida y si bien no dispone de un trazo tan retorcido como otros cortes del álbum, me agrada sobremanera el deje un tanto más atmosférico en el que han apoyado el solo. La propia construcción del corte hasta él, de hecho. La banda parece así combinar su lado más elegante con el más rotundo y pesado, pariendo por puro contraste una de mis favoritas de esta “Opus Calamitas”. Mucha atención a las voces limpias que anticipan el epílogo.

Non Compatible” retorna a las raíces más thrash del quinteto para después construir un corte vitriólico y enfebrecido, con Cobas casi siempre alto de revoluciones y un Serrano más gritón que nunca. Cuando esos pulsos más vibrantes bajan, sale de nuevo a la luz el buen nivel que atesora el dúo guitarrero. En especial por el equilibrio que logran y la forma en que operan siempre en favor de la composición y no de cualquier afán masturbatorio. El solo, que llega tras un pequeño guiño del vocalista a influencias más contemporáneas, ese pequeño “pig squeal” a la manera de Caedis, puede ser fácilmente mi favorito de todos cuantos pueblan este debut de los madrileños. Estupenda la manera en que la producción lo funde con la contundente base rítmica y la voz de Serrano en ese rotundo epílogo. Estupenda.

De “Old Fashioned Tough Guy” me gustan más sus intenciones que su empaque final. Quizá porque algunos de los riffs que se dan cita aquí pueden pecar de recurrentes. La banda no se olvida de su habitual querencia por los cambios de ritmo y tono. La segunda estrofa gana en melodía y Serrano está igualmente gritón en un estribillo en el que echo en falta una pizca más de incorrección. De vértigo. Conecto en mejor medida con esa segunda mitad, apoyada sobre otra cuidadísima batería de Cobas y a la que remata un solo de guitarra tendido y de nuevo elegante.

Nombraba antes a Gojira y el de las estrofas de “Falling Forever” puede ser el riff que más me recuerde a la banda de los hermanos Duplantier. Curiosamente, es un corte que en poco o nada recuerda al cuarteto actualmente radicado en New York. Caedis mantienen un ritmo alto aquí pero deslizando ahora un deje más atmosférico, que rima con ciertas ideas del corte anterior y convierte a esta eterna caída en uno de los cortes con más personalidad de todo el largo. La sucesión de solos, con el wah humeando a ratos o el buen trazo que la banda desarrolla durante el epílogo desde luego contribuyen a ahondar en la idea.

Para el final queda “The End Of The Universe”, corte más rácano del álbum y en el que sorprenden las oscuras voces filtradas contra las que Carlos Serrano construye la suya propia. Es un corte donde Caedis juegan más que nunca con la experimentación. Quizá no tanto en el trazo, si bien en ningún caso es esta una composición lineal y predecible, como a la hora de conjugar tonos e ideas hasta ahora (casi) desconocidos en ellos. Hay extraños engarces entre estrofas, así como profusión de unas voces cavernosas que no vienen sino a ampliar la rica paleta del álbum en este aspecto. Un más que curioso cierre.

Buen contenedor de ideas este primer largo de los madrileños. Es de hecho un álbum mucho mas variopinto y atrevido de lo que intuí en primeras escuchas (quizá) algo distraídas. Si bien se adhiere a un ideario muy concreto, esa conjunción de metal pesado que no obstante flirtea con el thrash más vibrante, sin olvidar nunca el gusto por el groove ni tampoco los buenos desarrollos técnicos, lo cierto es que encuentro bastantes asideros a los que agarrarme. Por contra, sí que me deja la sensación de ser (a ratos) un disco muy de género, que tendrá difícil llamar la atención más allá de su público objetivo. Qué mejor para comprobar cuanto hay de cierto (o no) en mis impresiones cuando pisen el escenario del Paseo Malecón el próximo 14 de diciembre junto a la buena gente de Chamako Wey.

Texto: David Naves