Crónica: Maizu Rock (Intriago 6/7/2024)

No era nuestro plan. Heavy Metal Brigade teníamos acreditaciones para cubrir el bolo de Sôber, Savia y Skizoo pero el mal tiempo, tan puñetero como impropio de estas fechas, mandó el equipo técnico al desguace, dando al traste con la cita. Así las cosas, y ante la inesperada tesitura de pasar un sábado de julio vegetando en nuestros respectivos hogares, se miraron alternativas, surgió la opción de acercarse hasta Intriago y aprovechamos para conocer de primera mano qué ofrece un evento como el Maizu Rock.

De primeras, un entorno idílico pese al clima desapacible. Un pequeño pueblo próximo a Cangues d’ Onís ubicado entre nubladas montañas. De hecho el mal tiempo amenazaría durante toda la jornada, quedándose al final en apenas un tímido orbayu típicamente astur. Por lo demás, un escenario algo parco en luces pero un equipo humano solvente y aplicado en lo técnico así como amabilísimo en el trato. Y un cartel, Aneuma al margen, que queda lejos de las lindes de la música que acostumbramos a tratar por aquí.

Lo repentino de nuestra visita, como imaginaréis, redunda en que servidor no tuvo tiempo material de preparar nada, como hubiera sido deseable. Llegamos eso sí con tiempo, es costumbre como sabrán, pero ya vimos a alguna que otra cara conocida. El bajista de Karank, sin ir más lejos, a quien habíamos conocido semanas atrás en aquél show de S.O.C.S. y MalaTesta en La Traviesa (L’Infiestu). Y es que serían precisamente Karank los encargados de dar el pistoletazo de salida a la jornada. Poca gente aún. La noche del viernes, nos contaron algunos de los supervivientes, había sido larga.

Karank a fin de cuentas resultaron en una agrupación de un hardcore quasi demencial que nos recordó al auge que el género tuvo en Asturies allá por la década de 1990. Primeros Escuela de Odio, primeros Soziedad Alkoholika podrían ser rimas a tener en cuenta si bien, como bien sabréis, disto en gran medida de ser un entendido en la materia.

Y no es que los vallisoletanos Debakle o punkzelanos, como rezaba el telón de fondo) nos cogieran por sorpresa. Quizá tiraban más hacia el punk que sus predecesores, pero desde luego tampoco quisieron dejarse nada dentro. El género combativo por excelencia inundó Intriago y, quien más quien menos, no quiso perder ripio de sus evoluciones. La preciosa Jackson negra que llevaba uno de los chicos, su pantalón corto con el logo de los infalibles Kreator, lo cierto es que alguno de los riffs que dejaron otorgaba un peso a las composiciones que elevaba la propuesta de estos punkzelanos. Por ahí que sin que hagan el tipo de música que acostumbro a escuchar cuando estoy en casa, me gustaran.

Los cántabros Karne Cruda resultan divertidos por alguna razón. Y enérgicos como verdaderos demonios. Además y dentro de las bandas afines al espíritu del evento, dejaron alguno de los solos más llamativos de la tarde-noche. Cómo son las Les Paul y lo bien que funcionan bajo cualquier circunstancia. Lo cierto es que durante el set se vaciaron de lo lindo, al tiempo que dio la sensación de que estaban como en casa. Después de todo, su localidad natal tampoco dista demasiado de la propia Intriago. De lo más recomendables para cualquier fan del género que aún no les conozca.

No negaré que para estas alturas de la tarde ya estaba uno algo saturado de punk vibrante y tenaz. De la misma forma, tampoco que la gente se lo pasó en grande con ellos. Público de un amplio rango de edad pero mucha gente joven, algo que habla bien de la buena salud del género por estas latitudes.

Con La Inquisición sí que me llevé alguna sorpresa. No es que su música viniera a diferir en gran medida de las bandas que fueron descargado antes que ellos, pero lo cierto es que la forma en que afrontan sus composiciones llamó mi atención por algún motivo. Quizá porque sus letras resultaran algo menos panfletarias, dicho sea sin la más mínima acritud, en un espíritu que me recordó en cierto modo a nuestros paisanos de Mala Reputación, si bien entre una banda y otra median océanos en cuanto a estilo.

O quizá fue el tentempié que nos tomamos mientras descargaban su particular manera de entender el punk rock. O incluso la cegadora bengala de un rojo intenso que alguien del público encendió en un momento dado del set. El caso es que todo fraguó de cara a que se llevaran por delante todos mis prejuicios. Un pajarillo llamado Instagram me ha chivado que estarán presentando en Oviedo su nuevo disco allá por febrero del próximo 2025. Voy avisando por si acaso.

Las veces que hemos visto a Aneuma sobre las tablas tienden ya a incontables. De hecho y si nada lo impide, la próxima semana caerá una más, esta vez dentro del marco de la primera edición de un Luarca Metal Days al que deseamos la mayor de las suertes. Pero qué duda cabe que dentro del marco del Maizu resultaron todo un rara avis.

La única banda, además, con presencia femenina dentro del nutrido cartel del sábado. Aneuma, que venían de dar uno de sus shows más especiales en todo un Resurrection Fest, arribó a Intriago con sus ganas de siempre. También con un rodaje que, día a día, va propulsando a esta joven formación hasta cotas que a algunos nos parecían impensables.

Pasan quince de la una cuando “Your Doom”, del aún reciente “Venom”, desata su particular fuerza en el Maizu. De primeras cuesta alcanzar a oír los necesarios coros de Abel. Esos primeros desajustes tan típicos del directo. Peccata minuta, diría un clásico, pues toda vez fueron cayendo temas, el sonido alcanzó niveles más que óptimos. Laura, a quien prácticamente hemos visto nacer en esta casa desde aquella primera vez en la Ángeles y Demonios, ha adquirido una presencia y unas tablas sobre el escenario que, gustos al margen, dudo alguien sea capaz de negar.

Es palpable a través de esa “Fall Apart” que abría su debut de 2022. Lo rápido que pasa el tiempo y lo mucho que han crecido los de Puertu Veiga. Borja deja aquí uno de sus primeros grandes solos de la noche y, ya con un sonido más equilibrado, la banda arrolla en Intriago. Puede parecer que exagero. Tal vez quienes no les hayan visto piensen que barremos para casa. Nada más lejos. Conectaron y engancharon con un público en principio poco afín y, como reza el dicho, algo tendrá el agua cuando la bendicen.

Como bendecido parece el infatigable Jorge Rodríguez tras baterías. El también Sound Of Silence ha cimentado su reputación concierto a concierto con cada golpe, cada cambio de ritmo. Incluso cada mueca. De lo mejor en su puesto que tiene para ofrecer esta vieja y cascada Asturies nuestra.

Y si bien puede ser que “Guide Them to the Light” pase algo inadvertida. Lo cierto es que “Never Again” tiene el antídoto no solo contra el dolor, como proclama su propia letra, sino aparentemente también contra el sueño. Cafeína de alta graduación en forma de pildorazos de ese particular metal de raíz clásica y voz rota que les ha convertido en una de nuestras propuestas más prometedoras. El bajo de Pau se dejó sentir y de qué manera a lo largo de una “Creatures” que enlazarían con “Break Out From Hell” mientras la gente del Maizu se atreve con algún que otro circle pit. Punks & heavies en pura hermandad. Cómo ha cambiado el cuento desde los tan grandiosos como fatídicos años ochenta.

Si el debut “Climax” acusaba una cierta falta de gancho, dos cortes de nuevo cuño que Aneuma enlazan ahora vienen a negar la mayor. Se trata, claro, de “Chain Reaction”, gran solo de Borja, y “Circles Of Fire”, esta última atravesada por ese riff tan pegadizo (no quisiera decir pegajoso) y con el también integrante de Legacy Of Brutality echando un cable a Abel en coros. El final, con nosotros tienen perdido el factos sorpresa, nos lo conocemos casi de memoria. Nos aboca a “Ashes Of Your Fears” donde los dos Suárez dibujan alguna de las mejores melodías de guitarra de toda la jornada, y desemboca en sus habituales versiones de Carcass y Death, con una “Stand Tall” intercalada entre ambas y que más que nunca suena a pura auto reivindicación. Tanto o más que el cierre con una “Yell To The Sky”, grande Jorge al doble bombo aquí, que ya apunta a que se quedará como fija en sus despedidas durante largo tiempo.

Rindieron como se esperaba de ellos aún cuando las circunstancias del cartel pudieran no ser las más propicias. Al final el público les acogió como la banda prometedora que son y quien más, quien menos, disfrutó de sus evoluciones sobre el escenario del Maizu para mayor desgracia de las vallas de (in)seguridad.

Pero al Maizu aún le quedaba cera por dar, puesto que el cierre correspondería a la buena gente de Varillas, banda punk oriunda de Camponaraya (León) a quien correspondió el honor de cerrar esta nueva edición de nuestro festival reivindicativo por antonomasia. Nosotros, escasas las fuerzas ya y con hora y pico de carretera aguardando, optamos por recoger el campamento. Que el destino aún nos aguardaba alguna sorpresa desagradable en el camino de vuelta. Sorpresas que serán contadas a su debido tiempo el día que alguien tenga a bien financiarnos un anecdotario en tapa dura. Yo desde aquí lo dejo caer.

El caso es que otro fin de semana para el recuerdo. Un montón de fotos, otras tantas anotaciones, chascarrillos, confidencias, palique y muy moderado consumo de alcohol. Porque somos gente responsable. Y porque el rock al final son los amigos que haces en el camino y la música su banda sonora. La fraternidad entre rivales y sin embargo amigos que vimos el viernes, el espíritu reivindicativo del día siguiente, son verdadera gasolina para seguir en esto hasta que el cuerpo aguante. En resumidas cuentas y como decía el maravilloso personaje de Guillermo Francella en esa obra maestra del cine argentino que es “El Secreto De Sus Ojos”: nosotros podemos “cambiar de todo: de cara, de casa, de familia, de novia, de religión… pero hay una cosa que no puede cambiar, no puede cambiar de pasión”. Nos vemos en Luarca.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: Mala Reputación + Crudo (Cangas de Onís 9/9/2023)

Que “el aceite de oliva está por las nubes” y “veinticinco años no se cumplen todos los días” puede que fueran las dos frases más repetidas el pasado nueve de septiembre en Cangas de Onís. Mala Reputación cumplían sus bodas de plata en casa y lo hacían acompañados por Crudo, por lo que esta era una cita para no perdérsela.

Amenazaba con arreciar la lluvia minutos antes de la salida de Crudo al escenario y quien más, quien menos, no las tenía todas consigo. De hecho era poca la presencia de público en la plaza del ayuntamiento cangués cuando la banda irrumpió sobre las tablas. Una banda que, recordemos, forman ahora Víctor Vivar en guitarra y voces, Petu en baterías, Luis Melero al bajo y voz y Javier Colero en guitarra y coros.

Crudo son un cuarteto desde luego no igual a Mala Reputación pero que a fin de cuentas comparte unas cuantas coordenadas con ellos. Por eso su elección como teloneros para una cita tan especial se nos antoja irreprochable. Máxime cuando salen a escena, apenas unos minutos pasadas las nueve, y el sonido del que disfrutamos no puede ser más claro, nítido y potente.

Si además tienes la suerte de contar con trallazos de rock mal encarado como “Bocazas”, tanto mejor. Como siempre alternando tareas vocales entre Melero y Vivar, con Petu azotando el kit como si le debiese dinero y el fino trabajo de Colero en solos, Crudo parecieron en perfecto estado de revista. Quiso el mencionado bajista pararse a recordar el motivo de su presencia allí, que no era otro que celebrar los veinticinco años de una banda muy querida por ellos.

De la lluvia, por cierto, ni rastro. Hasta en eso hubo suerte. Tras una pequeña pausa, hay que afinar, “Otro Ladrillo En La Pared” y el buen solo de Vivar nos recordaron su último y estupendo álbum de estudio. El cuarteto insertaría aquí su ya conocido guiño a Metallica y Víctor recordaría más adelante los primeros pasos en la trayectoria de los anfitriones de la velada. Y es que el tiempo pasa que no te lo crees.

En definitiva fue una descarga de esas en las que parece no haber un segundo que perder. Desarrollando un set que obvió en gran medida el lado más apaciguado de su música, que bien sabréis que lo tienen y les funciona, para moverse por alguno de los cortes más agrios de su repertorio. Sirva la visceral “A La Cara” como ejemplo. Tanta intensidad terminaría por pasarle factura a la preciosa Explorer de Vivar. Fue apenas el único inconveniente de una noche más que redonda para ellos, finiquitada como viene siendo habitual con aquella “El Avestruz” de su debut de 2010. Son Crudo y hacen rock and roll.

Veinticinco años, parece mentira, y uno recuerda los primeros pasos de la ahora ya legendaria banda asturiana en aquellos primerizos Derrame Rock sitos en la cuenca del Nalón. Mucho ha llovido desde entonces y aquí siguen dando guerra Daviz Rodríguez y Juan Santamaría en guitarra y voces, Kiko Martínez en batería y coros y Michi Candás en bajo y coros. Mala Reputación salen a escena cuando pasan pocos minutos de las once y Cangas de Onís vela armas para una descarga que se prevé histórica.

Se abre el telón y aparece el cuarteto. Y en un primer momento sorprende la quietud del público. Por unos instantes, en la plaza del Ayuntamiento poco menos que se hizo el silencio. La tensión, en aumento, casi se podía palpar. Es ahí donde el cuarteto arremete con “Ansiedad” y se dispone para una noche en la que no quedará estrofa, estribillo y coro que no sea gritado por una audiencia entregada como pocas que hayamos visto desde este medio. Y a día de hoy podemos asegurar que son unas cuantas. Ventajas de jugar en casa, de sabiduría a la hora de facturar himnos y también de elegir, con sumo cuidado, un setlist a la altura de tamaña efeméride.

Dispusieron de buen sonido, si bien es cierto que durante los primeros temas, el más reciente “La Hoguera”, el más clásico “Polvo En El Viento”, el bombo de Kiko distorsionaba más de la cuenta en ciertos momentos. Para suerte de todos, tampoco pasaría a mayores. Por lo general y más allá del apunte, lo cierto es que la banda disfrutó de gran sonido a lo largo de toda la noche. Vaya el merecido reconocimiento al equipo técnico que lo hizo posible.

En cualquier caso siguieron repasando su ya larga trayectoria. Mandando a la gente al suelo, incluso. Huelga decir que para cuando suena un clásico como “Caliza”, público y banda son un único ente indivisible. Si el sonido era mejor o peor, a quién le importa. Mala situarían por aquí una de las favoritas de quien escribe, “Océano y Lluvia” del fantástico Ep “La Belleza” de hace ahora tres años. Se les veía disfrutando de la noche, risueños incluso, sabiéndose profetas en su tierra, que no es algo que puedan decir muchos.

Pero es que “Efecto Causa” pareció poner a todo Cangas a corear su bien conocido estribillo. Ya digo que en las primeras filas la sensación no podría ser de mayor calor y cariño hacia el cuarteto de casa. Llevados en volandas que diría un clásico. De ahí que quisieran agradecer al Ayuntamiento de la que es su casa el haber hecho posible una cita tan especial como esta y a la asociación cultural El Buxu como artífices de la exposición de 9 paneles situados por toda Cangas con fotos que resumen los 25 años de trayectoria de la banda.

El calor iba en aumento en el epicentro de la localidad canguesa. A estas alturas de la velada veríamos incluso los primeros pogos. Fue por entonces cuando Juan y Daviz cambiaron sus eléctricas por un par de acústicas para regalarnos algo que, según contaron, llevaban mucho tiempo sin hacer. Ahí quedaron “Que La Tierra” y “Mi Fusil” como contrapunto calmo y reposado. Sintiendo el calor de la gente, no puede uno por menos que imaginar la riada de sentimientos que atravesó al dúo durante este pequeño impás del set. Una pequeña pausa en el corazón mismo de la velada y la mejor forma de coger aire para lo que estaba por venir.

Recondujeron con “Ceremonia” y la noche iría aún más sobre raíles para ellos, sabiéndose ganadores aunque el concierto no fuese una guerra. Ni siquiera una batalla. De hecho más bien pareció una comunión entre público y el legado de una de las bandas de rock más importantes de nuestra pequeña Asturias. Por aquí se dejarían sentir unos Mala más reivindicativos a través de una “Raigaños” tras la cual Cangas de Onís fue un clamor pola oficialidad de la Llingua. Y es que la banda puede haberse vuelto menos “panfletaria” con el paso de los años pero ni mucho menos piensa olvidar sus orígenes. Porque como bien se encargó Daviz de recordarnos:

“Al fascismo no se le combate, se le gana”.

A la altura del show en la que nos encontrábamos el sentimiento de unión y la fiesta bullían de tal forma que pudimos vimos varios «circle pit» y «wall of death«. Y es que ya digo que son pocos los bolos que nos hayan dejado tal sensación de vínculo entre público y banda.

Claro que para sensaciones, las muchas que genera “Fuego”, aquél corte que abría su “Eternas Promesas” de 2015 y que se alza hoy como una imperdible en su setlist. Si servidor estaba con la piel de gallina de arriba a abajo sin reconocerse el mayor fan de la agrupación canguesa, ni mucho menos, cómo estaríais quienes lleváis a los Mala grabados a fuego en vuestro interior. Sensacional en toda la extensión de la palabra.

Otro «wall of death» daría cumplida cuenta de “Las 2:00” y mientras que Mala Reputación se preparaban para el cierre, allí que se fueron miembros de Desakato a lo alto del escenario para cerrar la fiesta por todo lo alto con “Abriendo Camino”.

Porque ahí siguen. Abriendo camino. Abriendo brecha. Un cuarto de siglo que se dice pronto. Sin querer erigirnos en protagonistas de esta humilde crónica, sí creemos que cabe contar que ésta es una banda que nos ganó para la causa tras el Rockvera de 2022. Porque esa es la cosa con Mala Reputación y el tipo de rock que facturan: siguen a pico y pala, ganando adeptos a cada concierto, en un punto de su trayectoria en que muchos músicos parecen batirse ya en retirada, conformándose con lo que tienen, sin aspirar a nada más. No parece ser el caso de Daviz, Juan, Kiko y Michi. A por las bodas de oro.

La primera vez de Heavy Metal Brigade en Cangas de Onís no pudo entregar mejores resultados. Pero tampoco queríamos despedir esta crónica sin mandar nuestras felicitaciones a los Mala, así como sinceros abrazos a Crudo, Rheme Peláez, Javi (Monasthyr), Dani y Ruth (¡os seguiremos insistiendo!) y Quilino. Ya sabéis, nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz