No era nuestro plan. Heavy Metal Brigade teníamos acreditaciones para cubrir el bolo de Sôber, Savia y Skizoo pero el mal tiempo, tan puñetero como impropio de estas fechas, mandó el equipo técnico al desguace, dando al traste con la cita. Así las cosas, y ante la inesperada tesitura de pasar un sábado de julio vegetando en nuestros respectivos hogares, se miraron alternativas, surgió la opción de acercarse hasta Intriago y aprovechamos para conocer de primera mano qué ofrece un evento como el Maizu Rock.
De primeras, un entorno idílico pese al clima desapacible. Un pequeño pueblo próximo a Cangues d’ Onís ubicado entre nubladas montañas. De hecho el mal tiempo amenazaría durante toda la jornada, quedándose al final en apenas un tímido orbayu típicamente astur. Por lo demás, un escenario algo parco en luces pero un equipo humano solvente y aplicado en lo técnico así como amabilísimo en el trato. Y un cartel, Aneuma al margen, que queda lejos de las lindes de la música que acostumbramos a tratar por aquí.
Lo repentino de nuestra visita, como imaginaréis, redunda en que servidor no tuvo tiempo material de preparar nada, como hubiera sido deseable. Llegamos eso sí con tiempo, es costumbre como sabrán, pero ya vimos a alguna que otra cara conocida. El bajista de Karank, sin ir más lejos, a quien habíamos conocido semanas atrás en aquél show de S.O.C.S. y MalaTesta en La Traviesa (L’Infiestu). Y es que serían precisamente Karank los encargados de dar el pistoletazo de salida a la jornada. Poca gente aún. La noche del viernes, nos contaron algunos de los supervivientes, había sido larga.

Karank a fin de cuentas resultaron en una agrupación de un hardcore quasi demencial que nos recordó al auge que el género tuvo en Asturies allá por la década de 1990. Primeros Escuela de Odio, primeros Soziedad Alkoholika podrían ser rimas a tener en cuenta si bien, como bien sabréis, disto en gran medida de ser un entendido en la materia.
Y no es que los vallisoletanos Debakle o punkzelanos, como rezaba el telón de fondo) nos cogieran por sorpresa. Quizá tiraban más hacia el punk que sus predecesores, pero desde luego tampoco quisieron dejarse nada dentro. El género combativo por excelencia inundó Intriago y, quien más quien menos, no quiso perder ripio de sus evoluciones. La preciosa Jackson negra que llevaba uno de los chicos, su pantalón corto con el logo de los infalibles Kreator, lo cierto es que alguno de los riffs que dejaron otorgaba un peso a las composiciones que elevaba la propuesta de estos punkzelanos. Por ahí que sin que hagan el tipo de música que acostumbro a escuchar cuando estoy en casa, me gustaran.

Los cántabros Karne Cruda resultan divertidos por alguna razón. Y enérgicos como verdaderos demonios. Además y dentro de las bandas afines al espíritu del evento, dejaron alguno de los solos más llamativos de la tarde-noche. Cómo son las Les Paul y lo bien que funcionan bajo cualquier circunstancia. Lo cierto es que durante el set se vaciaron de lo lindo, al tiempo que dio la sensación de que estaban como en casa. Después de todo, su localidad natal tampoco dista demasiado de la propia Intriago. De lo más recomendables para cualquier fan del género que aún no les conozca.
No negaré que para estas alturas de la tarde ya estaba uno algo saturado de punk vibrante y tenaz. De la misma forma, tampoco que la gente se lo pasó en grande con ellos. Público de un amplio rango de edad pero mucha gente joven, algo que habla bien de la buena salud del género por estas latitudes.

Con La Inquisición sí que me llevé alguna sorpresa. No es que su música viniera a diferir en gran medida de las bandas que fueron descargado antes que ellos, pero lo cierto es que la forma en que afrontan sus composiciones llamó mi atención por algún motivo. Quizá porque sus letras resultaran algo menos panfletarias, dicho sea sin la más mínima acritud, en un espíritu que me recordó en cierto modo a nuestros paisanos de Mala Reputación, si bien entre una banda y otra median océanos en cuanto a estilo.
O quizá fue el tentempié que nos tomamos mientras descargaban su particular manera de entender el punk rock. O incluso la cegadora bengala de un rojo intenso que alguien del público encendió en un momento dado del set. El caso es que todo fraguó de cara a que se llevaran por delante todos mis prejuicios. Un pajarillo llamado Instagram me ha chivado que estarán presentando en Oviedo su nuevo disco allá por febrero del próximo 2025. Voy avisando por si acaso.

Las veces que hemos visto a Aneuma sobre las tablas tienden ya a incontables. De hecho y si nada lo impide, la próxima semana caerá una más, esta vez dentro del marco de la primera edición de un Luarca Metal Days al que deseamos la mayor de las suertes. Pero qué duda cabe que dentro del marco del Maizu resultaron todo un rara avis.
La única banda, además, con presencia femenina dentro del nutrido cartel del sábado. Aneuma, que venían de dar uno de sus shows más especiales en todo un Resurrection Fest, arribó a Intriago con sus ganas de siempre. También con un rodaje que, día a día, va propulsando a esta joven formación hasta cotas que a algunos nos parecían impensables.

Pasan quince de la una cuando “Your Doom”, del aún reciente “Venom”, desata su particular fuerza en el Maizu. De primeras cuesta alcanzar a oír los necesarios coros de Abel. Esos primeros desajustes tan típicos del directo. Peccata minuta, diría un clásico, pues toda vez fueron cayendo temas, el sonido alcanzó niveles más que óptimos. Laura, a quien prácticamente hemos visto nacer en esta casa desde aquella primera vez en la Ángeles y Demonios, ha adquirido una presencia y unas tablas sobre el escenario que, gustos al margen, dudo alguien sea capaz de negar.
Es palpable a través de esa “Fall Apart” que abría su debut de 2022. Lo rápido que pasa el tiempo y lo mucho que han crecido los de Puertu Veiga. Borja deja aquí uno de sus primeros grandes solos de la noche y, ya con un sonido más equilibrado, la banda arrolla en Intriago. Puede parecer que exagero. Tal vez quienes no les hayan visto piensen que barremos para casa. Nada más lejos. Conectaron y engancharon con un público en principio poco afín y, como reza el dicho, algo tendrá el agua cuando la bendicen.

Como bendecido parece el infatigable Jorge Rodríguez tras baterías. El también Sound Of Silence ha cimentado su reputación concierto a concierto con cada golpe, cada cambio de ritmo. Incluso cada mueca. De lo mejor en su puesto que tiene para ofrecer esta vieja y cascada Asturies nuestra.
Y si bien puede ser que “Guide Them to the Light” pase algo inadvertida. Lo cierto es que “Never Again” tiene el antídoto no solo contra el dolor, como proclama su propia letra, sino aparentemente también contra el sueño. Cafeína de alta graduación en forma de pildorazos de ese particular metal de raíz clásica y voz rota que les ha convertido en una de nuestras propuestas más prometedoras. El bajo de Pau se dejó sentir y de qué manera a lo largo de una “Creatures” que enlazarían con “Break Out From Hell” mientras la gente del Maizu se atreve con algún que otro circle pit. Punks & heavies en pura hermandad. Cómo ha cambiado el cuento desde los tan grandiosos como fatídicos años ochenta.

Si el debut “Climax” acusaba una cierta falta de gancho, dos cortes de nuevo cuño que Aneuma enlazan ahora vienen a negar la mayor. Se trata, claro, de “Chain Reaction”, gran solo de Borja, y “Circles Of Fire”, esta última atravesada por ese riff tan pegadizo (no quisiera decir pegajoso) y con el también integrante de Legacy Of Brutality echando un cable a Abel en coros. El final, con nosotros tienen perdido el factos sorpresa, nos lo conocemos casi de memoria. Nos aboca a “Ashes Of Your Fears” donde los dos Suárez dibujan alguna de las mejores melodías de guitarra de toda la jornada, y desemboca en sus habituales versiones de Carcass y Death, con una “Stand Tall” intercalada entre ambas y que más que nunca suena a pura auto reivindicación. Tanto o más que el cierre con una “Yell To The Sky”, grande Jorge al doble bombo aquí, que ya apunta a que se quedará como fija en sus despedidas durante largo tiempo.
Rindieron como se esperaba de ellos aún cuando las circunstancias del cartel pudieran no ser las más propicias. Al final el público les acogió como la banda prometedora que son y quien más, quien menos, disfrutó de sus evoluciones sobre el escenario del Maizu para mayor desgracia de las vallas de (in)seguridad.

Pero al Maizu aún le quedaba cera por dar, puesto que el cierre correspondería a la buena gente de Varillas, banda punk oriunda de Camponaraya (León) a quien correspondió el honor de cerrar esta nueva edición de nuestro festival reivindicativo por antonomasia. Nosotros, escasas las fuerzas ya y con hora y pico de carretera aguardando, optamos por recoger el campamento. Que el destino aún nos aguardaba alguna sorpresa desagradable en el camino de vuelta. Sorpresas que serán contadas a su debido tiempo el día que alguien tenga a bien financiarnos un anecdotario en tapa dura. Yo desde aquí lo dejo caer.

El caso es que otro fin de semana para el recuerdo. Un montón de fotos, otras tantas anotaciones, chascarrillos, confidencias, palique y muy moderado consumo de alcohol. Porque somos gente responsable. Y porque el rock al final son los amigos que haces en el camino y la música su banda sonora. La fraternidad entre rivales y sin embargo amigos que vimos el viernes, el espíritu reivindicativo del día siguiente, son verdadera gasolina para seguir en esto hasta que el cuerpo aguante. En resumidas cuentas y como decía el maravilloso personaje de Guillermo Francella en esa obra maestra del cine argentino que es “El Secreto De Sus Ojos”: nosotros podemos “cambiar de todo: de cara, de casa, de familia, de novia, de religión… pero hay una cosa que no puede cambiar, no puede cambiar de pasión”. Nos vemos en Luarca.
Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz



















