Reseña: Mass Burial «May Darkness Come» (Dealer Records Gamonal/Ruido Noise Records 2025)

Nuevo trabajo y es el quinto ya para las huestes death metaleras burgalesas de Mass Burial, la banda de los Nasty Surgeons Raúl Weaver (guitarra y voz) y Fabíán Hernández (bajo) junto a Jorge Azofra (batería) y Adrián Ojer (guitarra). “May Darkness Come” se compone de un total de once cortes mezclados y masterizados por el propio Weaver en los Undead Studios. Con portada de Juanjo Castellano (Æolian, Unbounded Terror, Avulsed, Barbarian Swords…), el álbum fue lanzado por Dealer Records Gamonal en colaboración con Ruido Noise Records.

De inicio alberga pocas sorpresas. “May Darkness Come” es puro death metal a la manera clásica. Con la batería de Azofra refulgiendo junto a unos simples pero muy eficaces riffs de guitarra. Me enganchan más los que la banda sitúa bajo las primeras estrofas. Ese groove tan bien medido y el no menos elemental ‘tupa tupa’ d-beatero que introduce más adelante. Un primer aporte que, sin inventar nada, ni pretenderlo tampoco, funciona a las mil maravillas.

Más directa aún es una “Dead Mountain” que constriñe la estructura del tema previo para, en poco más de tres minutos, destapar la versión más descarnada de los burgaleses. Se alterna esta con un death metal que gana en pesadez conforme fluyen las estrofas. Hay cambios de ritmo que me agradan por cómo no comprometen el remate final con florituras de cara a la galería. Todo parece fluir de modo más o menos natural y por ahí me agrada esta segunda entrega y el modo en que la remata el buen solo final.

Pequeños arreglos durante el prólogo hacen por aumentar la oscuridad de una “Dreams Of Blood” que muestra ahora a unos Mass Burial más pesados y melódicos. Luego llegan las estrofas y todo vira hacia un death metal que bien podría recordar a los primeros Entombed. Siempre con el hosco registro de Weaver al frente y trazando un death metal clásico y de nuevo muy eficaz. Vuela Azofra tras los parches camino de un epílogo hábil a la hora de aportar un poso más melódico. Ahí y por pura colisión surge uno de los cortes más interesantes de todo el largo.

The Apostate” retorna entonces a lugares comunes en el ideario de los burgaleses. Esto es: death metal rápido sin caer en lo frenético, dotado de una oscuridad sin imposturas. De riffs sencillos pero pegadizos, con Azofra marcando un ritmo casi marcial. Al solo que ocupa su tronco central quizá le falte algo más de desarrollo. De presencia incluso. La producción del álbum es deliberadamente sucia, de nuevo al modo clásico, y por ahí puede que uno encuentre cierta división de opiniones. En cualquier caso la composición echa el freno en un tramo final pesado y rotundo.

The Shadowless” añade algo más de picante a la mezcla. Puede ser de los once el que más me recuerde a la otra banda de Weaver. Ritmos vivos y buenos detalles de un inquieto Azofra tras los parches no descuidan la inclusión de buenos riffs, así como de un solo en su puente central que, en cierto modo, no podría resultar más elegante. Aún cuando me agrada el mayor nervio que adquiere en su tramo final, no puedo evitar pensar que bien merecía una duración algo más ambiciosa.

La igualmente breve “The Slaughter” cuenta no obstante con otro de mis riffs favoritos de todo el largo. Luego de ese prólogo irrumpen unas estrofas que, línea de voz al margen, me retrotraen a los primeros discos de Avulsed. Death metal sin complicaciones, oscuro pero sin imposturas artificiales. Orgánico y dotado de pequeños cambios de ritmo que lustren la propia composición. Ni siquiera echo en falta un mayor brillo en lo técnico, pues la banda dispone un solo final perfectamente enraizado en el propio espíritu de la composición. Ni tan siquiera tres minutos y medio y, sin embargo, una de mis favoritas de todo el tracklist.

El tranquilo prólogo de “House Of Horrors” viene a romper con todo lo establecido hasta ahora dentro de “May Darkness Come”. Y de hecho sus primeras estrofas amagan con conducir a Mass Burial a sonidos más propios del metal gótico. Guiño que se difumina casi de inmediato con la banda transitando feroz hacia su habitual death metal sobrio y sin manierismos. Weaver prosigue con su registro oscuro, casi enfangado, mientras Azofra y Hernández firman una de las bases rítmicas más vivas de todo el largo. La composición conmuta estrofas nerviosas con otras que vuelven a rozar el d-beat y por ahí los de Burgos parecen dar su mejor versión. El reverberante solo final remata una de las entregas más infecciosas de este nuevo álbum. Ni que decir tiene que la que más ha calado en mi subconsciente hasta ahora.

Let The Dead Be Dead” da otro giro de timón para que la banda recupere su versión más galopante y descarnada. Weaver no varía un ápice su registro pero, por alguna razón, encuentro esta línea de voz algo por debajo de otras tantas del disco. Aún cuando alguno de los riffs en que se apoya van sobrados de gancho. La composición acomoda el solo en su tronco central y éste resulta tan vistoso como ágil. Algo descompensada pero igualmente disfrutona.

Otro corte de arranque reposado es este “Inquisition”. Y de hecho Mass Burial levantan el pie del acelerador aquí para que fluya una versión más melódica del cuarteto. Las primeras estrofas acogen una pesadez casi desconocida a lo largo del disco. Un grosor que irá virando, con toda naturalidad, hacia su habitual death de ritmos vivos y riffs nerviosos hasta llegar a los blast beats que anteceden al epilogo. Este se adorna de un apenas correcto solo de guitarra pero, en conjunto, siento que es otra del vagón de ganadoras.

Tras el sugerente título “Vengeance From The Grave” se esconde otro arranque de death metal taimado y rocoso. Apenas un pequeño inciso toda vez las estrofas acojan el trotar ya clásico del cuarteto. Azofra está más pasional que nunca aquí y la composición, aun cuando del todo clásica, arroja igualmente buenos detalles técnicos (esos breves pero furibundos solos de guitarra) y marcados descensos hacia una pesadez y una gravedad perfectamente integradas. Estupenda.

Siento que a la final “Bound To Obscurity” le pesa lo exiguo de su duración. Propone una serie de ideas (estupendo ese arranque lento) que su cierta falta de ambición lleva a no desarrollar del todo. Y es una pena porque le habrían otorgado otro signo diferente a este cierre. Un broche en el que Mass Burial vendrán a conducirse por alguna de las sendas que el disco ha transitado una y otra vez. Esa cierta repetición de patrones puede llevar a un cierto cansancio por reiteración. Ello no quita para que tanto el solo final como la base en que se apoya aguante la comparación con cualquiera del resto del trabajo sin mayor esfuerzo.

En cualquier caso un disco que, acogido a la cara más primigenia del género y dotándose de una cierta oscuridad, entrega once cortes donde encuentro más aciertos que errores. De hecho, me atrevería a decir que estos últimos obedecen más a manías de quien escribe que no a cualquier déficit que pudieran tener como banda. De ahí que a ratos eche en falta una mayor diversidad. No es menos cierto que entonces esto quizás dejaría de ser un disco de death metal propiamente dicho. En cualquier caso, “Vengeance From The Grave”, “The Slaughter” o “House Of Horrors” me parecen razones más que suficientes para detenerse en el nuevo trabajo de Mass Burial. Estáis tardando.

Texto: David Naves

Reseña: Dismal Crux «The Hope Of Things To Come» (Autoproducción 2023)

Dismal Crux es una one-man band comandada por el músico granadino Óscar R. P. y que hoy nos presenta un segundo largo de nombre “The Hope Of Things To Come”. El proyecto continúa así el paso dado con su debut de 2022 “Wraiths Of The Reaper”. El trabajo vio la luz de forma independiente en agosto del 2023.

Roza los dos minutos “As Above So Below”, páramo instrumental que hará las veces de introducción en este “The Hope Of Things To Come”. Oscura y orgánica, acomodada en ambientes que fácilmente podrían recordar a los Black Sabbath más primigenios, conduce en su elegante crescendo hasta una “Fall Of The Watchers” que no abandonará esa raíz proto-doom para dar forma a un primer corte igualmente oscuro y tenebroso. Óscar lo conduce sobre un clásico juego entre tonos y registros, donde en ocasiones la voz atropella al resto de elementos. Tampoco de forma catastrófica, cabe decir. Un buen solo apoya su tronco central, que vendrá a dar paso a la cara más descarnada de Dismal Crux, donde habrán de colarse paisajes cercanos a los seminales Celtic Frost. Todo configura un arranque interesante, desligado de las habituales cabalgadas tan frenéticas como facilonas.

Shadow Bringer” no se desliga de ese metal clásico pero rugoso. Al contrario, prosigue en recrear un doom un tanto arcaico, que muy a ratos parece descubrir la fascinación del granadino por bandas como Reverend Bizarre, Witchfinder General, Pentagram… Me gustan los riffs que Óscar plantea aquí. También la forma en que construye un corte no tan lineal como aparenta. El registro más cazallero de las estrofas le sienta como un guante a las distintas rugosidades de este corte, en definitiva, arrastrado y pedregoso. Y si bien pienso que el solo que adorna su tronco central bien merecía algo más de recorrido, bien está lo que bien acaba.

Revenant” alterna cierto aire a lo viejos Cathedral, la ahora desaparecida pero siempre confiable banda de Lee Dorrian, con un doom más tristón que por momentos parece entroncar con aquél que bandas como Anathema, Paradise Lost o My Dying Bride propugnaran a principios de los noventa. Es un corte breve, apenas tres minutos y medio, ágil a la hora de alternar sus distintas influencias y a la vez interesante en lo que a riffs y melodías se refiere. Estupenda además en su epílogo por la forma en que Óscar armoniza las distintas líneas de guitarra y voz:

Mucha presencia del bajo en una “Scion Of The Lords” que primero amenaza con desviar hacia un heavy metal más vibrante para después adoptar unas oscuridades que, por el registro de Óscar aquí, casi parecen guiñar al tristemente desaparecido Peter Steele. Aquél pulso más vivaracho que se intuía en el prólogo vendrá a manifestarse en un tronco central que el músico granadino remata con un hábil cambio de ritmo que bien podría recordar a unos Iron Maiden de comienzos de los ochenta. El epílogo nos devuelve a Dismal Crux en su encarnación más doom, configurando finalmente uno de los cortes más poliédricos del álbum. Pienso también que uno de los más redondos.

Bezoar Of Hate”, a la sazón entrega más extensa de este “The Hope Of Things To Come”, acompañada de las voces más agrias de Óscar, hibrida doom con heavy tradicional. Y lo hace con tiento, entregando una construcción ágil y una serie de riffs quizá no espectaculares pero que encajan al milímetro aquí. En particular a la hora de enlazar las distintas estrofas. Precediendo a su epílogo se sitúan una serie de solos que, esta vez sí, disponen del espacio necesario para ser algo más que meras anécdotas. En lo que a mí respecta otro de los cortes ganadores de este segundo trabajo.

Mark Of The Dark” resulta más sencilla. Podría decirse incluso que menos ambiciosa. Se construye sobre una serie de riffs que bien podrían recordar a Steve Harris y los suyos. Influencia que parece ponerse de manifiesto a través de los diversos cambios de ritmo que el de Granada ha implementado aquí. El mayor elemento disruptor será finalmente un registro vocal hosco y grave, que vendrá a aportar una mayor gravedad al que, por otro lado, no deja de ser un corte algo desangelado en comparación con otras entregas.

Netzagh” regresa a las pulsiones más doom de Dismal Crux. Pero lo hace apoyándose en un colchón de teclados apenas inédito dentro del álbum. Y es curioso porque Óscar enseña no obstante un registro que parece situarse en un punto indeterminado entre Nocturno Culto (Darkthrone) y Grutle Kjellson (Enslaved). Ha lugar a un cambio de ritmo ágil, diseñado a mayor gloria de un solo de guitarra escueto pero pintón. El trazo que va desde el cierre de este solo hasta el epílogo no podría estar mejor cuidado ni resultar más elegante.

El cierre es para una “Smitin’ th’ Wicked” que vendrá a apoyar sus ritmos más vivos en un riff simple pero con un gancho de mil demonios. El de Celtic Frost podría ser un nombre recurrente en este final ágil en su encrucijada rítmica y vistoso en lo que a solos y melodías se refiere. Un buen broche a este “The Hope Of Things To Come”.

Como decía aquél: si pestañeas te lo pierdes. Es obra de un solo músico y tampoco es plan de ponerse exigentes en lo que a duración se refiere. Es más, porta una producción nada desastrosa vistos los precedentes, amén de una serie de cortes ágiles e inteligentes. Llamativos por la amplia gama tonal que desarrollan y que en algunos casos alcanzan a brillar por encima del resto. Pienso especialmente en “Scion Of The Lords” o “Bezoar Of Hate”. También “Netzagh” y ese registro algo diferente de Óscar o “Smitin’ th’ Wicked” y su indisimulado aire a lo Celtic Frost. Un álbum en definitiva llamativo y que bien merecía nuestra atención.

Texto: David Naves