Segunda jornada del Z! Live, la más apegada a los sonidos más clásicos, y que contó con nombres tan importantes como Su Ta Gar, Blaze Bayley, Saxon o Coroner.
Nosotros llegamos para cuando los vallisoletanos Xeria están en los últimos compases del set. La banda, a la que habíamos visto hacía apenas una semana como teloneros de Argion (crónica), trajo su metal sinfónico a Zamora y, por lo que pudimos ver, supo conectar con los más madrugadores. Una muy voluntariosa Marina Sweet al micro acertó a despertar al público, allanando el camino a una jornada que se preveía larga e intensa.

Y que continuó con los londinenses Kardinal X. Heavy metal con trazas de Grave Digger, Accept o Iron Maiden y esa voz tan a lo Blaze Bayley del risueño Nick Majluf. Ellos venían presentando su último álbum “Redemption” y parecieron ser del agrado de los más clasicómanos. Divertidos, a ratos me recordaban a mis paisanos de Bestia Negra. El buen oído de Shaun Dunne para los solos atrajo mi atención, pero todo terminó de encajar cuando Majluf soltó unos versos del “Siempre Estás Allí” de nuestros Barón Rojo. Guiño que, huelga decir, encandiló al público. Agradaron.

Burning Witches toman entonces el Silver Stage cara a ofrecernos otra ración de heavy metal. El quinteto de origen suizo venía con el interesante “Inquisition” (2025) bajo el brazo y no perdió la oportunidad de agradar en el Z! Live. Una banda que parece haber encontrado una cierta estabilidad con su actual line-up y que, a tenor de lo visto, enardeció a buena parte del público.

Tuvo gran culpa una muy voluntariosa Laura Guldemond al micro. Y no porque se calzase aquellos cuernos en los primeros estertores del set, aunque también. Al final, todo suma. El registro de la neerlandesa casa y de qué forma con ese heavy metal tan orgánico. Y temas como “Evil Witch” o “Black Widow”, de aquél debut homónimo de 2017, les funcionaron. Reconozco que las disfruté en mayor medida durante sus momentos más trotones. En cualquier caso, creo que dieron buen nivel el pasado día 12.

Luego Su Ta Gar se iban a dar un atracón de nostalgia en el Copper Stage. Los de Éibar trajeron su thrash de tintes heavies (o viceversa) y su compromiso intactos. No son muchas las ocasiones en las que se puede uno cruzar con ellos (recuerdo aquél Derrame Rock de ¡2002!) pero, como diría El Drogas, siempre es “un gusto”. Porque el caso es que siempre atruenan. Una banda no tan reconocida como merecería, dueña de un directo potente, crudo a ratos, y que supo hacerse fuerte frente al calor reinante.

El escenario escupía fuego mientras ellos daban cumplido repaso a su extensa trayectoria, picoteando entre álbumes como “Jainko Hilen Uhartean” (2006) o “Itsasoz Beteriko Mugetan” (2003) o yéndose directamente hasta el debut, cuya portada adornaba el escenario, “Jaiotze Basatia” (1991). Es precisamente ahí, con “Begira”, que Aitor Gorosabel está dejando uno de los mejores solos del set. No faltaron agradecimientos a la organización, algo de fuego pirotécnico y la certeza de que siempre es un gusto encontrárselos. Después de todo, y como reconoció el propio Aitor, resulta de lo más “emocionante” alcanzar “cuarenta años de trayectoria cantando en euskera”. Que sean muchos más y nosotros los veamos.

Llegaba el turno de recibir al bueno de Blaze Bayley, quien para servidor ya casi es uno más de la familia. Después de todo, era esta la tercera vez que cruzábamos nuestros caminos en un lapso de apenas dos años. Con la entrada de Tom Atkinson en guitarras y Luke Appleton pasando ahora al bajo, el de Birmingham dio cumplido repaso a su etapa en Iron Maiden, siguiendo parecido guión al de su paso por Gijón en 2024 (crónica).

Casi parece un sueño que hayan pasado treinta años desde que el bueno de Bayley cantase para la doncella. Todo arranca, de modo sorprendente, guiñando el ojo al “Doctor, Doctor” de UFO, para después reconvenir hacia “Lord Of The Flies”. Armado con su característico micrófono, con el paso del tiempo Blaze Bayley se ha ido confirmando como un verdadero currante del heavy metal. Siempre cumple y en Zamora no iba a ser menos. Todo me funciona, en técnica incluso, pero no es hasta “Sign Of The Cross” que captan mi total atención. Fue de las mejor recibidas del set y desde luego la más coreada. Aunque con “Born As A Stranger” nos recordó que el material propio también le funciona.

“The Clansman” resultó otra de mis favoritas. Y a tenor de cómo gritaba la gente a mi alrededor, también del público. Mucha camiseta de la Doncella se dejó ver el viernes por Zamora. Ellos y los demás gritamos hasta las últimas consecuencias en cortes más facilones como “Man On The Edge” o “Futureal”. Un atracón de nostalgia que cierra el bonachón vocalista tras su habitual mensaje motivacional y el siempre pegadizo “The Angel And The Gambler”. Siempre cumplidor.

H.E.A.T. y no se me enfade nadie, son unos auténticos personajes. Cuando “The Heat Is On” de Glenn Frey suena por PA, uno incluso se pregunta hasta qué punto se toman en serio a sí mismos. Pero a nada que “Disaster” procura esa salida en tromba de los chicos, nuestras retinas están fijas en la hiperactividad de un Kenny Leckremo avasallador.

Cuidada puesta en escena, con batería y teclados sobre una plataforma y ese trasunto de HAL 9000 vigilando cual ojo eléctrico desde el electrónico. “Rock Your Body” puede ser uno de sus temas más idiosincráticos, al tiempo que “Dangerous Ground” ofrece la cara más vibrante de la banda. Pero es “Hollywood” la que amalgama uno de sus mejores estribillos junto a un gran solo de Dave Dalone.

Era mi segundo encuentro con ellos y, mediado el set, ya pensaba en que esta banda lo tiene todo para cubrir el hueco de los grandes nombres del pasado. Presencia escénica, uno de los frontman más infatigables de toda la escena hard rock pero sobre todo composiciones funcionales y muy muy pegadizas. En esas estaba cuando aprovechan para guiñar al “War Pigs” de Black Sabbath y recordar al tristemente desaparecido Ozzy Osbourne. Luego “Back To The Rythm” puede ser otra de mis favoritas. El público disfrutó de lo lindo y a mí me quedó la sensación de que, ahora mismo, tienen el mundo a sus pies.

El tiempo parece haberse detenido cuando Byff Byford y sus Saxon toman el Silver Stage. Una banda que apareció por Zamora en plena forma, como demuestra esa salida en tromba de “Hell, Fire & Damnation”. La formación británica, desde 2023 con todo un Brian Tatler (Diamond Head) a bordo, enardeció a un público entusiasta, que supo llevar en volandas a los de Barnsley. “Power & Glory” deja un riff estupendo. Fue ya aquí que comenzó la lluvia de chalecos desde el público. El primero de todos sería exhibido por el propio Byford. A la vejez, riffazos de puro y añejo heavy metal. El propio Tatler está dejando un gran solo en “Dogs Of War”. Y mientras que los distintos discos de la banda iban pasando por el electrónico, Byford se calzaba el chaleco y luego Tatler sentaba cátedra desde su Flying V. Todo iba sobre ruedas (de acero).

“Sacrifice” es la cara más heavy de los británicos, valga la redundancia y en “Solid Ball Of Rock” Byford salta y agita el cuello como si no fueran 75 los años que cumplió el pasado mes de enero. Al final se calzarían los chalecos que les fueron tirando desde el público. La sintonía entre unos y otros parecía total. Máxime cuando Saxon la emprenden con la inmortal “Heavy Metal Thunder”, historia viva de la banda en particular y del género en su totalidad. Con “Dallas 1PM” recordamos el magnicidio de Dallas (mostrado de forma explícita en el electrónico) y “Strong Arm Of The Law” ofreció la cara más grave del quinteto.

Tras una pequeña deliberación con el público, éste terminó por elegir “Broken Heroes” en detrimento de “The Eagle Has Landed”. Puede que la banda no escape a las garras de la I.A.. Poco importa cuando arremete con “Motorcycle Man” y Tatlet dibuja otro fantástico solo de guitarra. “Never Surrender”, a la vista está, es pura idiosincrasia Saxon. Pero cuando un avión sobrevuela el recinto y atruena “Strangers In The Night”, todo casa para plantar un gesto de honda satisfacción en nuestros rostros. El rus final del set es, no cabía otra, de verdadera antología. Por lo que contiene pero también por el modo de transmitirlo. A saber: “Wheels Of Steel”, la nota épica que deja “Crusader” y una “Denim And Leather” que no podría describir mejor al género. Finalmente “Princess Of The Night” echa el cierre, con el curioso juego meta referencial que supone con respecto a los titanes Metallica, máxime ahora que Brian Tatler se ha sumado a la banda. No pasan los años por esta gente. El heavy metal es el verdadero secreto de la eterna juventud.

Después iba llegar el turno de recibir a las leyendas suizas del thrash metal técnico Coroner. Nombre de verdadero culto en la escena mundial, la banda no hizo prisioneros de ningún tipo a su paso por el Copper Stage. Ya desde esa “Consequence”, que refiere a su primer álbum en más de treinta años “Dissonance Theory”, sorprende la ruidera que son capaces de montar entre los cuatro. También el buen sonido, en líneas generales, pese al volumen altísimo al que se desarrolló su descarga.

Ni de lejos la banda más activa de cuantas pasaron por Zamora, pero a fe mía que una de las que mejor supo hilvanar la técnica que envuelve sus temas con una traslación al directo salvaje y rotunda. “Sacrificial Lamb”, también de aquél trabajo del pasado octubre, dio fe de ello. Pero cuando vuelven a aquél “Mental Vortex” de 1991 y rescatan “Divine Step (Conspectu Mortis)”, dibujan desarrollos de técnica exquisita y los combinan con un nervio más propio de tiernos mozalbetes, estamos ante otra de las grandes descargas del fin de semana. Me consta que lo contra intuitivo que, a ratos, resulta su thrash metal, echó para atrás a más de uno. Pero cuando miran hacia la década de los 80 y rescatan “Masked Jackal” (“nuestro primer videoclip”) sus fans más acérrimos se relamen frente al Copper Stage.

Mucha, muchísima la cera que repartieron. Con un gran despliegue de Diego Rapacchietti tras los parches, Coroner hicieron honor a su leyenda y supieron llenar ese hueco entre el thrash más avant-garde y la técnica más exquisita. Todo sin desperdiciar absolutamente nada en lo que a pegada se refiere. Fantásticos.
Para el cierre quedaba el folk metal de aires celtas que propusieron los madrileños Ekyrian. Propuesta la suya que casaba con la sacrosanta orden de divertir el cierre. A eso vinieron y eso fue lo que hicieron. Gozando además de buen sonido, no era fácil con una alineación tan numerosa. Pero los madrileños, un poco como Dragony en la víspera, fueron todo pundonor y fiesta.

Un cierre animoso y agradable a otra jornada verdaderamente maratoniana. Quedaba la del sábado.
Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz